Vísperas – Martes XXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXII de TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
la noche es tiempo
de salvación.

De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba e exterminio.

La noche es tiempo
de salvación.

Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre,
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.

La noche es tiempo
de salvación.

La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de su resurrección.

La noche es tiempo
de salvación.

De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.

La noche es tiempo
de salvación. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Rm 3, 23-25a

Todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados, gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha.
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Alabemos a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y, poniendo en él nuestra esperanza, digámosle suplicantes:

Protege a tu pueblo, Señor.

Pastor eterno, protege a nuestro obispo (…)
— y a todos los pastores de la Iglesia.

Mira con bondad a los que sufren persecución
— y líbralos de todas sus angustias.

Compadécete de los pobres y necesitados
— y da pan a los hambrientos.

Ilumina a los cuerpos legislativos de las naciones,
— para que en todo legislen con sabiduría y equidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu sangre
— y admítelos en el banquete de las bodas eternas.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas, para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 4,31-37
Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.» Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen.» Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, vamos a ver de cerca dos asuntos: la admiración de la gente por la manera en que Jesús enseña y sana a un hombre poseído por un demonio impuro. No todos los evangelistas cuentas los hechos del mismo modo. Para Lucas, el primer milagro es la calma con que Jesús se libró de la amenaza de muerte de parte de la gente de Nazaret (Lc 4,29-30) y la curación del hombre poseído (Lc 4,33-35). Para Mateo, el primer milagro es la curación de algunos enfermos y endemoniados (Mt 4,23) o, más específicamente, la curación de un leproso (Mt 8,1-4). Para Marcos, fue la expulsión de un demonio (Mc 1,23-26). Para Juan, el primer milagro fue en Caná, donde Jesús transformó el agua en vino (Jn 2,1-11). Así, en la manera de contar las cosas, cada evangelista muestra cuál fue según él, la mayor preocupación de Jesús.
• Lucas 4,31: El cambio de Jesús para Cafarnaún. “Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de la Galilea, y allí enseñaba los sábados”. Mateo dice que Jesús fue a vivir a Cafarnáun (Mt 4,13). Cambió de lugar de residencia. Cafarnáun era una pequeña ciudad junto al cruce de dos vías importantes: una que venía de Asía Menor e iba para Petra en el sur de Transgordania, y otra que venía de la región de los ríos Eufrates y Tigres y bajaba hacia Egipto. El cambio para Cafarnáun facilitaba el contacto con la gente y la divulgación de la Buena Noticia.
• Lucas 4,32: La admiración de la gente por las enseñazas de Jesús. La primera cosa que la gente percibe es la forma diferente que Jesús tiene de enseñar. No es tanto el contenido, sino la forma de presentarlo lo que impresiona: “Jesús hablaba con autoridad”. Marcos añade que por su manera diferente de enseñar, Jesús creaba una conciencia crítica en la gente con relación a las autoridades religiosas de la época. La gente percibía y comparaba: El enseña con autoridad, diferente de los escribas” (Mc 1,22.27). Los escribas de la época enseñaban citando a las autoridades. Jesús no cita a ninguna autoridad, sino que habla desde su propia experiencia de Dios y de la vida.
• Lucas 4,33-35: Jesús combate contra el poder del mal. El primer milagro es la expulsión de un demonio. El poder del mal se apoderaba de la gente y las alienaba. Jesús devuelve las personas a ellas mismas. Les devuelve la conciencia y la libertad. Y lo hace por el poder de su palabra: «¡Cállate y sal de él!» En otra ocasión dice: “Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.” (Lc 11,20). Hoy también, mucha gente vive alienada de si misma por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda del gobierno y del comercio. Vive esclava del consumismo, oprimida por las deudas y amenazada por los cobradores. Piensa que no vive bien si no compra aquello que la propaganda anuncia. ¡No es fácil expulsar este poder que hoy aliena a tanta gente, y devolver las personas a ellas mismas!
• Lucas 1,36-37: La reacción de la gente: manda sobre los espíritus impuros. Además de la forma diferente que Jesús tiene de enseñar las cosas de Dios, el otro aspecto que causaba admiración en la gente es el poder que Jesús tiene sobre los espíritus impuros: «¿Qué palabra es ésta? Manda sobre los espíritus impuros con autoridad y poder, y ellos salen». Jesús abre un nuevo camino a la gente para poder conseguir la pureza mediante el contacto con él. En aquel tiempo, una persona impura no podía comparecer ante Dios para rezar y recibir la bendición prometida por Abrahán. Tenía que purificarse, primero. Había muchas leyes y normas que dificultaban la vida de la gente y marginaban a mucha gente considerándola impura. Pero ahora, purificadas por la fe en Jesús, las personas podían comparecer de nuevo en presencia de Dios y rezarle, sin necesidad de recorrer a aquellas complicadas y a veces dispendiosas normas de pureza.

4) Para la reflexión personal

• Jesús suscita admiración entre la gente. La actuación de nuestra comunidad en el barrio ¿produce alguna admiración en la gente? ¿Cuál?
• Jesús expulsaba el poder del mal y devolvía las personas a ellas mismas. Hoy, mucha gente vive alienada de si misma y de todo. ¿Cómo devolverlas a ellas mismas?

5) Oración final

Es Yahvé clemente y compasivo,
tardo a la cólera y grande en amor;
bueno es Yahvé para con todos,
tierno con todas sus creaturas. (Sal 145,8-9)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- VUELVE A CAFARNAÚN. CURACIÓN DE UN PARALÍTICO

Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12; Lc 5, 17-26

San Juan, que nos cuenta el viaje a Jerusalén y lo que sucedió en esta ciudad, no se preocupa esta vez de hablarnos de la vuelta a Galilea. Es san Marcos quien nos dice que al cabo de unos días volvió de nuevo a Cafarnaún. La estancia en Jerusalén debió de ser muy corta. Con toda probabilidad, solo los días de la fiesta.

En cuanto se enteraron de que Jesús había vuelto, acudió gente de todas partes. Se supo que estaba en casa –en la casa de Pedro, se entiende[1]–. Y se juntaron tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio (Mc). San Marcos nos narra un suceso que tuvo lugar ese día en que la casa estaba a rebosar. El episodio está lleno de interés y de animación, como relatado por alguien que ha estado presente. Pedro describiría esta escena muchas veces en su catequesis con detalles y color, y san Marcos, su fiel escribano, así lo recogió.

De modo inesperado, cuatro hombres decididos comenzaron a abrir un agujero en el techo[2], sobre el lugar donde estaba el Señor[3]. Después descendieron lentamente a un paralítico en su camilla, y lo colocaron delante de Jesús[4]. Todos quedaron asombrados… No era para menos.

Lo que causó una honda impresión en los presentes no fue tanto el ingenio y la audacia de llevar a cabo esa empresa, sino la fe tan grande que suponía. Fe que enterneció el corazón del Maestro. Al ver Jesús la fe de ellos (de los amigos), dijo al paralítico: Hijo… Le llama hijo, indicio tal vez de que este hombre era todavía joven. Es una de las pocas veces que el Señor utiliza esta palabra.

La misericordia del Señor fue movida por la firmeza de la fe de aquellos hombres. Hijo, tus pecados te son perdonados. Estas palabras resonaron como un trueno en la casa y dejaron desconcertados a los presentes. Por una parte, el enfermo quizá se sintió al principio defraudado. ¡Tanto confiaban sus amigos en su curación! Y los escribas, gente entendida, que también escuchaban al Maestro, estaban gravemente escandalizados: ¿Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios? ¡No sabían que estaba delante de ellos!

Se tenían noticias de curaciones, incluso de muertos resucitados…, pero en toda la historia de Israel no había la menor señal de que un hombre, ni siquiera el Mesías, pudiera perdonar los pecados, aun el más pequeño de todos.

Jesús conoció enseguida sus pensamientos, que andaban bien descarriados. Por eso, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decir, levántate, toma tu camilla y anda? Y para mostrar que el Hijo del Hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados obrará el milagro.

Los evangelistas sinópticos nos transmiten las mismas palabras. Dijo al paralítico que tomara la camilla y volviera a su casa. Esta vez no tendría necesidad de salir por el techo: la multitud le abriría paso, admirada; sus amigos bajarían enseguida de la terraza y se reunirían con él. Lo celebrarían. ¡El Señor no les había defraudado! Y todos glorificaban a Dios, que ha dado tal poder a los hombres, escribe san Mateo. Podríamos preguntarnos: ¿por qué a los hombres, en plural, si solo se trataba de uno, de Jesús?… Quizá el evangelista se refiera no solo al Señor, sino también a los apóstoles y a sus sucesores, que perdonarían los pecados en el sacramento de la Penitencia. Cuando redacta su evangelio, esto era una práctica habitual en la Iglesia.
No todo, sin embargo, eran alabanzas. Para muchos, el tema de la blasfemia

continuaba en pie, a pesar del milagro. En cierto modo, ellos tenían razón al preguntar: ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?

Jesús no quería declarar su divinidad abiertamente. Sus obras deberían proclamarla a todo hombre de buena voluntad. Mientras tanto, él se autodenominaba Hijo del hombre. Este título desaparece prácticamente después de su muerte. Con la revelación plena de su mesianismo y de su divinidad, se hace innecesario.

Jesús realiza el milagro para mostrar que el Hijo del hombre tenía todo el poder que manifiesta. Como entre velos muestra su divinidad, sin declararla expresamente con palabras.


[1] La casa de Pedro, según el resultado de recientes excavaciones, era de este modo: la entrada da a la calle principal de Cafarnaún, y tiene delante una pequeña explanada, estando esta un poco retranqueada en relación con las fachadas. La puerta daba acceso a un patio bastante amplio en forma de L de 84 m . A él se abrían media docena de habitaciones, algunas con los clásicos ventanales y con la escalera exterior para subir al tejado. Una de estas habitaciones, la mayor, la más independiente y cercana a la entrada general, fue la que, con ciertas ampliaciones y acondicionamientos, se convirtió a los pocos años en iglesia doméstica y más tarde constituyó el centro de una basílica bizantina. Dada la veneración con que ha sido tratada, es casi seguro que sería la habitación destinada a Jesús mientras vivió en la casa. Al sur del patio y de las habitaciones descritas había otro patio con nuevas habitaciones (cfr. J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Arqueología…, p. 85).

[2] La cubierta de las casas era frecuentemente de ramaje con tierra batida y paja, fácil de desmontar.

[3] Las noticias que nos transmiten los evangelios referentes a esta casa, preferentemente Marcos, concuerdan al detalle con lo que la arqueología ha puesto de manifiesto (cfr. J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Arqueología…, p. 85).

[4] Quizá todo apostolado no sea más que eso: situar a las personas delante de Jesús.

Comentario – Martes XXII de Tiempo Ordinario

Muy pronto la enseñanza de Jesús comenzó a provocar asombro por estar revestida de una extraordinaria autoridad. Lucas, quizá sirviéndose como fuente del evangelio de san Marcos (1, 21-28), sitúa esta enseñanza en Cafarnaum y en la sinagoga. Ya hemos señalado que la sinagoga y el sábado fueron los ámbitos escogidos por Jesús para su primera evangelización. Para eso sólo tuvo que servirse de lo que le ofrecía la misma institución judía con sus espacios y tiempos de convocación. El asombro provocado por su enseñanza se hace radicar en la autoridad con la que enseña, una autoridad no necesitada de autorización. Se trata de personas religiosas familiarizadas con la enseñanza de los letrados (o exegetas) del judaísmo.

Pero en su comparación con el discurso de Jesús, el de los letrados no les causa ningún asombro. ¿Qué tenía esta palabra tan asombrosa? ¿En que se diferenciaba de la de los letrados? ¿En qué radicaba la autoridad de esta enseñanza? Quizá en que era una enseñanza con sello de autor, es decir, con la originalidad, la novedad, la veracidad de alguien que habla desde sí mismo, desde la propia experiencia y con una profunda convicción. Jesús hablaba del Padre como si lo conociese en persona, con la familiaridad –que tanto escandalizó a sus contemporáneos- propia de un hijo. También manifestaba tener un profundo conocimiento del alma humana y de sus dolencias y reacciones.

Jesús no hablaba de memoria ni de oídas, sino con la convicción de los testigos. Jesús no contaba historias ajenas, sino vivencias personales. Era este conjunto de cosas lo que daba autoridad, fuerza de autor, a su enseñanza. Lo que predicaba era esencialmente suyo, tan suyo como de su Padre Dios: Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Pero a esto había que añadir otro elemento: el de la eficacia. Enseñaba con autoridad porque su palabra era sumamente eficaz, esto es, hacía realidad lo que en ella se significaba, ponía inmediatamente en ejercicio lo que imperaba. Cuenta el evangelio que se encontraba en la sinagoga en ese preciso instante un hombre que tenía un espíritu inmundo, es decir, un endemoniado que, en presencia de Jesús, reaccionó gritando a grandes voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Efectivamente, si Jesús había salido para liberar a los oprimidos por el diablo, había venido en cierto modo a acabar con él, o mejor, con su influjo maléfico sobre el hombre. Jesús lo increpó (cállate y sal de él) y el espíritu inmundo, dando un fuerte grito, salió. La gente se preguntaba estupefacta: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.

Luego también aquí, en este mandar que genera obediencia incluso en los espíritus que le son contrarios, ven sus contemporáneos autoridad. La palabra de Jesús tiene tal carga de autoridad que doblega voluntades y somete a los poderes del mal, que hace lo que dice, que provoca la retirada del demonio de los poseídos, que devuelve la salud a los enfermos y concede la salvación a los pecadores.

No hay palabra con más autoridad que la palabra creadora, una palabra con tal eficacia y poder que nada se le puede comparar ni oponer resistencia; pues cómo resistir una palabra con tal poder de creación que ni la nada es obstáculo para su realización, mucho menos la enfermedad, la muerte o el demonio. Su autoridad radica, pues, en su capacidad para generar obediencia. Luego al poder de persuasión que confería a su enseñanza su sello de autor, se unía, potenciando su autoridad, esta extraordinaria eficacia que le acompañaba en sus actuaciones milagrosas. Eso es lo que provocaba el asombro en los testigos de su enseñanza, contribuyendo a que su fama se extendiera enseguida por todas partes hasta alcanzar la comarca entera de Galilea.

A nosotros nos ha llegado el eco de esta enseñanza en los escritos apostólicos, que son recuerdos de la misma; y también advertimos el sello de autor que la califica. No hemos sido testigos directos de la eficacia de esa palabra, pero nos fiamos del testimonio creíble de quienes lo fueron. Tampoco debe asombrarnos si partimos de un supuesto de fe, es decir, si partimos del hecho de que aquel de quien procede esta enseñanza es el mismo Hijo de Dios encarnado. ¿Cómo no iba a hablar con autoridad y eficacia aquel a quien le adornaba esta condición de Verbo o Palabra salida del Padre?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

Dignidad de los laicos. Unidad en la diversidad

32. Por designio divino, la santa Iglesia está organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad. «Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros» (Rm 12,4-5).

Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: «un Señor, una fe, un bautismo» (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois «uno» en Cristo Jesús» (Ga 3,28 gr.; cf. Col 3,11).

Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1,1). Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo. Pues la distinción que el Señor estableció entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los demás fieles están vinculados entre sí por recíproca necesidad. Los Pastores de la Iglesia, siguiendo el ejemplo del Señor, pónganse al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles; éstos, a su vez, asocien gozosamente su trabajo al de los Pastores y doctores. De esta manera, todos rendirán un múltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque «todas… estas cosas son obra del único e idéntico Espíritu» (1 Co 12,11).

Los laicos, del mismo modo que por la benevolencia divina tienen como hermano a Cristo, quien, siendo Señor de todo, no vino a ser servido, sino a servir (cf. Mt 20,28), también tienen por hermanos a los que, constituidos en el sagrado ministerio, enseñando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el nuevo mandamiento de la caridad. A cuyo propósito dice bellamente San Agustín: «Si me asusta lo que soy para vosotros, también me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquél indica un peligro, éste la salvación».

Recursos – Ofertorio Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DEL SIGNO DE LA PAZ

(Hoy podría ser éste el momento adecuado para vivir la paz, como mutuo perdón y haciendo visible el perdón del mismo Dios, su estilo y pedagogía hasta llegar a la corrección fraterna. La oración-motivación lo realiza el Presidente de la asamblea)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Padre bueno y misericordioso que te alegras ante los y las que aman y se perdonan de corazón. Hoy nos presentamos ante Ti con deseos de perdón y queriendo ser signos de ese mismo perdón, incluso realizando -con amor y delicadeza- la CORRECCIÓN FRATERNA. Míranos en este momento y acepta el gesto de PAZ que nos ofrecemos como signo del estilo de vida que Tú quieres que vivamos, corrigiéndonos y ayudándonos unos a otros, unas a otras.

– Hermanos y hermanas: daos, fraternalmente y de corazón, la paz y el perdón.

PRESENTACIÓN DE UN RELOJ

(Puede hacer la ofrenda cualquier miembro adulto de la comunidad; aunque, a ser posible, la debiera hacer un padre de familia)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco este reloj, símbolo del tiempo e instrumento para su medición. Pero hoy te lo traigo como signo del momento en que nos encontramos en nuestra cultura ante el nuevo Curso que ya está llamando a nuestras puertas. Te lo queremos ofrecer, Señor, porque es una nueva oportunidad en nuestro caminar como personas y creyentes. Gracias por tu don y ayúdanos en la tarea.

PRESENTACIÓN DE UN NIÑO O UNA NIÑA

(El niño o la niña se adelanta al presbiterio y se sitúa junto al Presidente con las manos juntas, en actitud de oración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo en vez de traerte una ofrenda o un regalo, me ofrezco yo mismo(a). He venido con las manos juntas, en actitud de oración, porque no he encontrado mejor signo de humildad que éste. Con él yo me quiero ofrecer a Ti, Señor. Haz de mí lo que Tú quieras, pues no puedo estar en mejores manos ni aspirar a mayor dignidad. Soy todo(a) tuyo(a), Señor.

PRESENTACIÓN DE UN LADRILLO

(Hace la ofrenda una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo este ladrillo. Es un elemento fundamental en el mundo de la construcción. Y te lo ofrezco, en mi nombre y en nombre de cuantos y cuantas formamos esta comunidad, como símbolo de que sólo queremos edificarnos desde Ti. En Ti depositamos nuestra fe y nuestra confianza. Y desde Ti queremos comprendernos, comprender cuanto nos rodea, toda la realidad y la historia, y construir ahí tu Reino, como lo hizo tu Hijo amado y Maestro nuestro, Jesucristo.

PRESENTACIÓN DE UN INSTRUMENTO DE BRICOLAJE

(Puede hacer la ofrenda cualquier persona de la comunidad, aunque preferiblemente debiera ser un varón)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira Señor, yo te traigo un instrumento de bricolaje, signo del mundo de los «hobbies», que debieran ser una forma de expresarnos y ser nosotros mismos, nosotras mismas como personas, lo cual -tantas veces- nos impide el mundo laboral; y son más bien una manera de matar el rato, llenar los tiempos libres de los que disponemos hoy y una forma de estar entretenidos o entretenidas para no encontrarnos con nosotros mismos y nosotras mismas y llenar esos tiempos de soledad y silencio, que son los que más nos aterran a los hombres y las mujeres de hoy. A mí me gustaría hoy, al ofrecerte este instrumento de bricolaje, proclamar la grandeza de los «hobbies», como esa oportunidad que tenemos de ser nosotros mismos y nosotras mismas y que no nos lo permite nuestro trabajo habitual.

Oración de los fieles – Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Padre, tu Hijo nos ha dicho que si nos ponemos de acuerdo dos o más para pedirte algo, Tú nos escuchas y nos lo concedes. Con esa seguridad elevamos hacia Ti estas súplicas:

R.- PADRE, ACOGE NUESTRA ORACIÓN.

1. – Padre, ayuda, aconseja, ilumina y guía a nuestro Papa y a nuestros obispos para que su labor por la extensión de tu Reino sea fructífera y alcance a todos. OREMOS

2. – Te pedimos Padre por aquellos pueblos que sufren por culpa del hambre, la guerra las catástrofes naturales para que reciban toda la ayuda posible del resto de países para que sus llantos sean consolados. OREMOS

3. – Por las vocaciones sacerdotales, para que haya jóvenes decididos a llevar la Palabra de Dios a sus hermanos. OREMOS

4. – Por todos los que comienzan un nuevo curso para que sus expectativas se vean cumplidas. OREMOS

5. – Por los estudiantes que se enfrentan a exámenes o aquellos que preparan oposiciones para que el trabajo de estos meses se vea recompensado. OREMOS

6. – Por todos nosotros para que estemos atentos a corregir y ser corregidos por el hermano. OREMOS

Padre atiende con tu infinita bondad estas súplicas, y todas aquellas necesidades de tu pueblo.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Pidamos hermanos a Dios Todopoderoso que mire con bondad a su pueblo penitente y escuche la oración de sus hijos reunidos en nombre del Señor Jesús. Y Respondemos:

R.- DIOS PADRE, ESCUCHANOS.

1.- Por el Papa y por todos los obispos de la Iglesia católica para que apacienten, eduquen y adviertan santamente al rebaño a su cargo. OREMOS.

2.- Por nuestros gobernantes y por los de todas las naciones del mundo para que actúen con justicia y honradez y fomenten la educación y formación del pueblo. OREMOS.

3.- Por los alejados de la cultura, por los analfabetos, por quienes no han podido recibir la educación necesaria; por aquellas personas desviadas, sin saberlo, del camino de Cristo, para que encuentren un apoyo fraterno para salir de su ignorancia. OREMOS.

4.- Por todos los presentes en esta Eucaristía, que sabemos, según la Palabra de Jesús, que El esté entre nosotros, para que comuniquemos a todos esta Buena Noticia y trabajemos con ardor en la tarea de que todos los hombres se salven. OREMOS

5.- Por quienes están de viaje, o alejados de sus casas, o terminan sus vacaciones, para que el ángel del Señor les conduzca en paz y sin daño a su destino. OREMOS.

Dios Padre nuestro escucha nuestra suplica que te hacemos aquí reunidos y concede lo que te pedimos en nombre de tu Hijo Unigénito.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XXII de Tiempo Ordinario

Si hay algo que se usa mal en nuestro mundo, es la autoridad. Por la sencilla razón de que los que la tienen la usan a veces, consciente o inconscientemente, más en su propio beneficio que en beneficio del interés común, de todos. Y, además, cuando dan explicaciones, si es que las dan, siempre revisten sus actos de buenas intenciones, de justificaciones. Son capaces de dar la vuelta a los hechos para justificarse y decir que ellos actúan bien y con buena intención. No vamos a poner ejemplos porque en el campo de las relaciones humanas esto pasa con demasiada frecuencia. Piensen en la empresa, la política, el sindicato, la familia y hasta los grupos de amigos. Seguro que pueden contar muchas historias sobre el tema. 

Aquella gente que veía a Jesús hacer aquellas cosas ya había visto a muchas personas con autoridad. Quizá lo que les sorprendió no fue ver a uno más que tuviese autoridad sino ver a uno que ponía de verdad su autoridad al servicio del bien de todos y en concreto al servicio de aquel pobre hombre dominado por un espíritu inmundo. Ahí estaba la razón de su sorpresa. ¡Jesús no usaba su autoridad para su propio beneficio y bienestar! Eso era lo nuevo. 

Es posible que nosotros no tengamos autoridad para expulsar demonios. Pero seguro que tenemos algún tipo de autoridad en nuestras vidas. Si eres padre o madre de familia porque tienes hijos o hijas. Si tienes una empresa porque tienes empleados. Si eres político de cualquier nivel porque la política es poder. Incluso es posible que dentro del grupo de amigos o amigas tengas poder y tus palabras sean escuchadas por los demás del grupo. 

Hoy el Evangelio nos invita a usar nuestra autoridad, la que sea y al nivel que sea, siempre al servicio del bien común y sobre todo de los más necesitados. De los enfermos, de los que sufren, de los que les ha tocado la peor parte, de los que no tienen ninguna autoridad. Eso es hacer Reino de Dios. Un ejemplo sencillo. En el grupo de amigos siempre está ése o ésa del que todos se ríen, del que todos hacen mofa y se burlan. Alguien tiene que parar una historia en la que se está abusando de una persona. Y quizá eres tú el que lo puedes hacer. Ahora pasa el ejemplo a otros ámbitos. 

Y, por cierto, mira muy bien cómo justificas tus acciones. No vaya a ser que ocultes tu propio interés y beneficio bajo capa de otras razones más “aceptables”.

Fernando Torres, cmf