Vísperas – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXII TIEMPO ORDINARIO

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Padre: has de oír
este decir que se me abre en los labios como flor.

Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.

Tuyo me sé,
pues me miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

Por cuanto soy
gracias te doy:
por el milagro de vivir.
Y por el ver
la tarde arder,
por el encantamiento de existir.

Y para ir,
Padre, hacia ti,
dame tu mano suave y tu amistad.
Pues te diré:
solo no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
dame, Señor,
hondo soñar.
¡Hogar dentro de ti nos has de hacer! Amén.

SALMODIA

Antífona 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

 

Antífona 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

SALMO 66:QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

 

Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

CÁNTICO Col 1, 12-20:HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3: Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA BREVE

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, para dar su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. (1P 5,5b-7)

RESPONSORIO BREVE

V/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V/. A la sombra de tus alas escóndenos.
R/. Como a las niñas de tus ojos.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

 

Magníficat, ant.: Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

MAGNÍFICAT: ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Magníficat ant.: Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

 

PRECES

Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Multiplica la gracia y la paz, Señor.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
— ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como hierba que florece por la mañana, y por la tarde se seca.

Alimenta a tu pueblo con el maná, para que no perezca de hambre,
— y dale el agua viva, para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen los bienes de arriba y aspiren a ellos,
— y te glorifiquen también con su trabajo y su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
— para que la tierra dé fruto abundante.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACIÓN

Oh Dios, tu nombre es santo, y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 4,38-44
En saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre; y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.» E iba predicando por las sinagogas de Judea. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla de cuatro asuntos distintos: la curación de la suegra de Pedro (Lc 4,38-39), la curación de muchos enfermos, la noche después del sábado (Lc 4, 40-41), la oración de Jesús en un lugar desierto (Lc 4,42) y su insistencia en la misión (Lc 4,43-44). Con pequeñas diferencias Lucas sigue y adapta las informaciones que sacó del evangelio de Marcos.
• Lucas 4,38-39: Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado, en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura su suegra. La curación hace que ella se ponga inmediatamente de pie. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, la suegra de Pedro se pone al servicio de las personas. Jesús no solamente cura, sino que cura para que la persona se ponga al servicio de la vida.
• Lucas 4,40-41: Jesús acoge y cura a los marginados. Al caer de la tarde, en la hora en que la primera estrella aparece en el cielo, terminado el sábado, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente había traído. Enfermos y poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No tenían a quien recurrir. Quedaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión las consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y las excluyera. Jesús las acoge y las cura imponiéndoles las manos. Así aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere hacer en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos y reintegrarlos en la convivencia.
“Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo:”Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo”. En aquel tiempo, el título Hijo de Dios no había adquirido ni la densidad ni la profundidad que el título tiene hoy para nosotros. Significaba que la gente reconocía en Jesús una presencia toda especial de Dios. Jesús no dejaba hablar a los demonios. No quería una propaganda fácil por medio del impacto de expulsiones espectaculares.
• Lucas 4,42a: Permanecer unido al Padre por la oración. “Al hacerse de día salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando hasta él, trataban de retenerle para que no les dejara”. Aquí Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente para rezar. Se levanta de en medio de los otros y se va hacia un lugar desierto, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios nos hablan de Jesús en el silencio (Lc 3,21-22; 4,1-2.3-12; 5,15-16; 6,12; 9,18; 10,21; 5,16; 9,18; 11,1; 9,28;23,34; Mt 14,22-23; 26,38; Jn 11,41-42; 17,1-26; Mc 1,35; Lc 3,21-22). A través de la oración mantiene viva en sí la conciencia de su misión.
• Lucas 4,42b-44: Mantener viva la conciencia de la misión y no quedarse en el resultado. Jesús se vuelve conocido. La gente le va detrás y no quiere que se vaya. Jesús no hace caso a lo que le piden y dice: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.” Jesús tiene muy clara su misión. No se encierra en el resultado ya obtenido, sino que quiere mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre lo que le orienta a la hora de tomar decisiones. ¡Porque a esto he sido enviado! Y aquí en el texto esta conciencia tan viva aparece como fruto de la oración. 

4) Para la reflexión personal

• Jesús sacaba tiempo para poder rezar y estar a solas con el Padre. ¿Yo hago lo mismo para rezar y estar a solas con Dios?
• Jesús mantenía viva la conciencia de su misión. Como cristiano o cristiana que soy, ¿tengo conciencia de alguna misión o vivo sin misión? 

5) Oración final

Esperamos anhelantes a Yahvé,
él es nuestra ayuda y nuestro escudo;
en él nos alegramos de corazón
y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 1-5

«151Y, de inmediato, por la mañana, los sumos sacerdotes, tras hacer reunión con los ancianos, los escribas y el Sanedrín entero y tras atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.

2Y Pilato le preguntó: “¿Tú eres el rey de los judíos?”.

Pero él, respondiendo, le dice: “Tú [lo] dices”.

3Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

4Pero Pilato le preguntaba de nuevo, diciendo: “¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan”. 5Pero Jesúsno contestó nada más, de modo que Pilato quedó asombrado.

El segundo de los dos juicios contra Jesús, su proceso ante el gobernador romano Poncio Pilato, va tras la negación de Pedro (14,66-72) y es increíblemente similar al primero, tenido ante el Sanedrín judío (14,53-65). Para Marcos hay una razón teológica para este paralelismo: el mismo poder hostil que había dirigido la condenación de Jesús por las autoridades judías está ahora llevando a cabo su condenación por los gentiles de una manera sorprendentemente similar. Sin embargo, por encima de esa fuerza maligna planea la voluntad de Dios que todo lo dirige.

El pasaje está dividido en dos partes de desigual amplitud: la breve escena del interrogatorio de Jesús por Pilato (15,1-5) y la escena más amplia de sus negociaciones con la muchedumbre sobre Jesús y Barrabás (15,6-15). La longitud desigual es significativa: el relato se interesa por Pilato solo algunos momentos para concluir que Jesús es inocente, pero el gobernador queda tan impresionado por este breve encuentro que realiza un esfuerzo prolongado para liberarlo. No tiene éxito, sin embargo, y de ello se forma una triste inclusión: en 15,1 el Sanedrín entrega a Jesús a Pilato, y en 15,15 Pilato entrega a Jesús a los soldados para que sea crucificado.

• 15,1-5: El centro de la atención retorna a Jesús, a quien los dirigentes judíos encadenan y entregan a Poncio Pilato, el gobernador romano (15,1). Aunque los judíos hayan cedido técnicamente el control de Jesús, estos dirigentes acechan desde el trasfondo, forman la audiencia en el interrogatorio siguiente y permanecen listos para entrar en acción. La imagen de un Jesús encadenado prepara para el tono sarcástico de la pregunta inicial de Pilato: «¿Eres tú el rey de los judíos?» (15,2a). Aunque los títulos con connotaciones parecidas, como «Cristo» e «Hijo de David», han aparecido ya en todas las secciones de Marcos, «rey de los judíos» no aflora hasta este punto del relato, en el que Jesús se topa con las autoridades romanas; entonces aparece cinco veces (15,2.9.12.18.26) y se convierte en el tema principal de la sección. Sin embargo, en esta primera aparición parece como si surgiera de la nada; hay que presuponer que entre 15,1 y 15,2 los dirigentes judíos han informado a Pilato de la acusación contra Jesús, una laguna narrativa que rellena Lc 23,2.

Sin embargo, a pesar de su aspecto de impotencia, Jesús parece cualquier otra cosa menos impotente, puesto que contesta irónicamente a la pregunta irónica de Pilato sobre su realeza, mostrando la misma suerte de gallardía que tenía ante el sumo sacerdote en 14,62: «Tú lo dices» (15,2b). Jesús no tiene ninguna necesidad de afirmar su realeza, porque Pilato ya lo ha hecho por él.

El título «rey de los judíos» ponía a los romanos sumamente nerviosos. No hubo un rey judío en Palestina desde el 4 a.C., cuando murió Herodes el Grande, aunque varios de sus hijos y algunos dirigentes revolucionarios aspiraron a la realeza tras la muerte de aquel. Finalmente el emperador romano Augusto designó al hijo de Herodes, Arquelao, etnarca de Judea y prometió hacerlo rey si se mostraba digno; de hecho, Arquelao resultó ser un gobernante terrible y fue depuesto en 6 d.C., lo que inició un período de gobierno directo de los romanos. Este fue interrumpido solo por el efímero reinado de Agripa I (41-44 d.C.) y por las rebeliones de 66-73 y 132- 135, que parecen haber sido dirigidas por «personajes reales», es decir, mesiánicos. Por tanto, el título «rey de los judíos» tenía un potencial revolucionario antiimperial de largo recorrido, que explica la renuencia romana a permitir que los dirigentes judíos se designaran a sí mismos como reyes (cf. Jn 19,12). En realidad, en el mundo romano en general, la afirmación de ser rey o cualquier desaire al emperador, verdadero o imaginario, incluso en broma, era a veces suficiente para que se crucificara a una persona. El emperador en tiempos de Jesús, Tiberio, era especialmente sensible a tales insultos, que podían costar la vida a la gente por asuntos tan leves como cambiarse de ropa cerca de una estatua de Augusto, o llevar en un retrete o en un burdel un anillo o una moneda con la imagen del emperador, o aceptar un honor el mismo día en el que le habían otorgado uno a él.

La sustancia de la respuesta de Jesús, por tanto, no estaba calculada para provocar sentimientos de comprensión en aquel subordinado del emperador. Jesús no emplea figura alguna de la retórica respetuosa («mi señor», etc.), como podría esperarse de un provinciano de clase baja que está en riesgo de ser condenado a muerte por el supremo funcionario romano en Palestina. Al «replicar» más que responder, Jesús muestra precisamente esa conciencia real acerca de la que está siendo interrogado, ya que nadie se atrevería a contestar de ese modo a un gobernante a no ser que se sintiera superior.

Se esperaría, pues, una respuesta punitiva de un gobernador movido a la venganza, pero de hecho no sucede eso, una indicación quizás de que Pilato ha comenzado ya a sentirse inclinado hacia Jesús. Los sumos sacerdotes, sin embargo, no opinan igual, y la sorprendente renuencia de Pilato a condenarlo los despierta y estimula a acusar a Jesús «de muchas cosas» (15,3). Marcos no especifica estas «cosas» y su silencio puede ser significativo, ya que al parecer serían de naturaleza política, como los cargos detallados en Lc 23,2 («perversión de nuestra nación, prohibición del pago de impuestos al emperador, y haber dicho que él es el mesías, el rey»). Marcos tampoco describe directamente la reacción de Jesús ante estos cargos; sabemos indirectamente, por la pregunta de Pilato (15,4), que su primera respuesta fue el silencio y, por parte del narrador, que su siguiente respuesta a un interrogatorio ulterior de Pilato fue también el silencio (15,5a).

Sin embargo, precisamente esta falta de respuesta, así como la audaz réplica en 15,2, muestra la soberana autoestima de Jesús; no se defiende ni trata de escaparse del destino brutal que pende sobre él, sino que se arriesga a molestar a Pilato por su rechazo repetido a contestar preguntas directas. Sin embargo, en vez de provocar la ira de Pilato, el valiente silencio de Jesús provoca su asombro (15,5b), puesto que nadie suele permanecer silencioso cuando su vida está en juego. Esta reacción es típica de las historias de martirio, en las que las autoridades examinadoras quedan asombradas a menudo ante la firmeza del mártir, que desdeña la posibilidad de salvarse, e incluso a veces se atreve a provocarlos. La reacción de Pilato es semejante al temor respetuoso.

Así pues, como en anteriores pasajes marcanos (por ejemplo 1,16-20; 2,13-14; 8,14-21), Jesús rechaza dar las explicaciones requeridas por sus acciones y palabras; y el hecho de que, aun careciendo de tales explicaciones, la gente se sintiera todavía atraída y hasta abrumada por él declara que un poder divino está operando en Jesús incluso cuando camina inexorablemente hacia la muerte. Esta impresión queda reforzada por el eco en el relato, aquí y en 15,44, de la famosa profecía bíblica sobre el siervo sufriente del Señor, que guarda silencio ante sus acusadores (Is 53,7), pero ante quien las naciones sienten asombro y los reyes mantienen cerradas sus bocas (Is 52,15 LXX). El eco de Isaías profundiza la imagen marcana de una inversión paradójica de las apariencias: en vez de ser derrotado por las autoridades mundanas que suponen estar juzgándolo, Jesús, encadenado e impotente en apariencia, avanza en realidad hacia la victoria de la guerra santa.

Comentario – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

El pasaje evangélico de Lucas nos sitúa a Jesús en Cafarnaúm, centro de su primera actividad misionera, saliendo de la sinagoga y en compañía de algunos de sus discípulos. A Jesús le vemos frecuentar la sinagoga, lugar de reunión donde se proclama y se comenta la Palabra de Dios ofrecida en la Escritura sagrada. El culto sinagogal era una liturgia de la Palabra. Jesús mostraba, por tanto, interés por la escucha, la interpretación y el cumplimiento de esta Palabra que tanto tenía que ver con él y su misión. Basta recordar lo acaecido en la sinagoga de Nazaret, cuanto Jesús, puesto en pie, lee al profeta Isaías y concluye: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Pero no sólo se interesa por esta liturgia, sino que se hace acompañar de sus discípulos para introducirlos en ella, si es que no lo estaban ya.

También le vemos frecuentar ciertas casas «familiares», como la de Simón y Andrés, donde podía hospedarse provisionalmente, recibir el sustento necesario para reponer fuerzas y continuar la tarea evangelizadora. Los apóstoles llamados a estar con él no han roto del todo los vínculos familiares, pues siguen teniendo contactos, al menos esporádicos, con la familia de origen. La casa de Simón y Andrés era también la casa de la suegra de Simón, y allí se encuentra Jesús con esta mujer que se hallaba en estado de postración: en cama y con fiebre. A Jesús le informan de la situación y él, sin más dilación, se acerca a la enferma, la toma de la mano y la levanta. Y al instante se le pasó la fiebre. Quedó de tal manera restablecida que, levantada de la cama, se puso a servirles.

El servicio de la mesa, aunque formara parte del hospedaje, pasaba a ser el modo agradecido de corresponder a su sanador. Para Jesús y sus discípulos era el momento del reposo y de la confidencia. Pero aquel bienestar no se prolongó mucho tiempo. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos: tantos, que la población entera parecía agolparse a la puerta. Y Jesús, ante semejante aglomeración, responde, como siempre, con prontitud, dejándose mover a compasión por tanta miseria reflejada en tantos rostros dolientes. Curó a muchos enfermos de males diversos.

Entre ellos había también endemoniados que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios. Tanto enfermos como endemoniados eran miserables que reclamaban la misericordia del Compasivo y Misericordioso. Y Jesús no les niega la acción misericordiosa que aporta el remedio (la medicina) a sus enfermedades. Aquí se habla sólo de curaciones, no de predicación; pero este reparto masivo de salud era también una copiosa y eficaz evangelización. Con la curación de tantas enfermedades se estaba anunciando la buena noticia de la llegada del Reino que se iba abriendo camino en un mundo donde imperaba el mal en todas sus formas, entre las cuales se contaba la enfermedad corporal o psíquica y la posesión diabólica. Tanto es así que hasta los demonios percibían esta presencia benéfica y lo delataban, o querían delatarlo, pero él no les permitía hablar. Y tenía sus razones. No quería que obstaculizasen su misión.

Y llegó la noche, y con ella el cese de la actividad diurna. Y Jesús, que también tenía necesidad de descansar, se retiró como los demás a sus aposentos o al lugar que le habían preparado para el efecto. Pero no había amanecido aún, cuando Jesús se levantó de madrugada y salió a un lugar solitario, como indica la versión de san Marcos, para orar. Era otra actividad que formaba parte de los hábitos del Maestro de Nazaret. Orar era estar a solas con su Padre; porque después de esas jornadas interminables de actividad frenética, Jesús necesitaba estar a solas con él para intercambiar afectos, para confrontar voluntades, para reposar en su regazo paterno. Jesús, el Hijo de Dios, se sentía realmente hijo amado de este Padre a quien se dirigía con el tierno y confidencial Abba. Vivía en total dependencia de él. Estaba en permanente estado de escucha y obediencia. No podía no sentir la necesidad de estar, de hablar, con él y a solas. Ello explica que escogiera la noche como tiempo propicio y el descampado como espacio idóneo. En este espacio-tiempo podía estar realmente a solas con su Padre.

Si nosotros nos sentimos hijos dependientes de Dios, también tendríamos que experimentar la necesidad de estar con él a solas o acompañados; en cualquier caso, de estar con él, de modo que él nos dé a conocer y a sentir su amor de Padre, que es conocer sus designios y sus propósitos y sentir que en todos ellos hay un amor infinito, tierno y misericordioso. Es en la oración donde se nos da a conocer el Dios revelado o donde el Dios que se ha dado a conocer en la revelación se muestra personalmente al orante para decirle lo que éste debe oír, para decirle esencialmente que le ama y que tiene para con él designios de salvación. Es en la oración, por tanto, donde el hijo toma conciencia de que tiene Padre y de que éste nunca le abandonará. Y es en la oración también donde el hijo conoce el modo de complacer al Padre, lo que realmente le agrada de su conducta.

Cuando se hizo de día, la gente, que lo andaba buscando, dio con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. ¿Cómo no buscar a un médico capaz de curar de manera milagrosa todas las enfermedades y dolencias, y sin pedir nada a cambio? La fama de Jesús como sanador se iba extendiendo, al tiempo que crecía el efecto llamada y la creciente afluencia de la gente. Sí, en verdad todo el mundo le buscaba, porque era mucho y muy valioso lo que podían recibir de él. Si hoy Jesús no es buscado es porque la gente no espera recibir nada de él o porque lo que se les promete que el Señor puede darles carece de interés para ellos.

Pero ¿cómo puede carecer de interés el mensaje de la salvación? En el fondo, el problema no está en que la salvación no interese, sino en que se desconfía de esa promesa de salvación. Y la desconfianza hace que se deje de esperar, conformándonos con una salvación de rango inferior, intramundana y reducida a los límites que impone la caducidad humana. Tal vez si Jesús proporcionara hoy esa suerte de salvación que consiste en la curación de una enfermedad como el cáncer, seguiría siendo buscado como entonces. Pero si lo que promete es la resurrección de la carne y la vida eterna, cosas infinitamente más valiosas, pero inverificables, puede que se genere el desconcierto y la desconfianza en los oyentes, como nos recuerdan algunas escenas de la narración evangélica, y dejen no sólo de seguirlo, sino también de buscarlo.

Pero Cafarnaúm no era la última estación de su andar misionero. Jesús pensaba llegar a otras aldeas cercanas para predicar también allí la buena noticia. Y así fue recorriendo la región, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. Su actividad profética se puede resumir en estas dos acciones: predicar y expulsar demonios, lo que equivalía a curar todo tipo de enfermedades; predicar la cercanía del Reino y combatir en modo significativo el mal que impedía su implantación; predicar el evangelio de la misericordia y activarla en un mundo colmado de miserias. Como seguidores suyos, también nosotros estamos llamados a prolongar esta labor que consiste en predicar y aplicar el evangelio de la misericordia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

El apostolado de los laicos

33. Los laicos congregados en el Pueblo de Dios e integrados en el único Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, están llamados, a fuer de miembros vivos, a contribuir con todas sus fuerzas, las recibidas por el beneficio del Creador y las otorgadas por la gracia del Redentor, al crecimiento de la Iglesia y a su continua santificación.

Ahora bien, el apostolado de los laicos es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, apostolado al que todos están destinados por el Señor mismo en virtud del bautismo y de la confirmación. Y los sacramentos, especialmente la sagrada Eucaristía, comunican y alimentan aquel amor hacia Dios y hacia los hombres que es el alma de todo apostolado. Los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos. Así, todo laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y simultáneamente en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo (Ef 4,7).

Además de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los cristianos, los laicos también puede ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía, al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho en el Señor (cf. Flp 4,3; Rm 16,3ss). Por lo demás, poseen aptitud de ser asumidos por la Jerarquía para ciertos cargos eclesiásticos, que habrán de desempeñar con una finalidad espiritual.

Así, pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino designio de salvación alcance más y más a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las partes de la tierra. De consiguiente, ábraseles por doquier el camino para que, conforme a sus posibilidades y según las necesidades de los tiempos, también ellos participen celosamente en la obra salvífica de la Iglesia.

Comentario Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

(Del Sal 51) Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé. Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. AMÉN.

 

Mt 18, 15-20

«15Pero si tu hermano peca contra ti, vete a corregirlo a solas tú y él. Si te escucha, ganaste a tu hermano. 16Pero si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. 17 Pero si no quiere escucharlos, dilo a la iglesia. Pero si hasta a la iglesia no escucha, sea para ti como el gentil y el publicano.

18En verdad os digo: todo cuanto atéis en la tierra, será atado en [el] cielo; y todo cuanto desatéis en la tierra, será desatado en [el] cielo.

19De nuevo en verdad os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre, que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Damos un pequeño salto en el evangelio de Mateo y nos situamos en la segunda parte del llamado Discurso Comunitario o Eclesial, que es como la meta de los capítulos que veníamos tratando. En este discurso, Jesús enseña dos cosas fundamentales: evitar el escándalo de los hermanos más sencillos de la comunidad y la “caridad pastoral” son los temas principales de la primera parte (18,1-14); enseñar la corrección fraterna e insistir en la necesidad de perdonar son los temas principales de la segunda (18,15-35). Nos situamos, pues, al comienzo de la segunda parte, que se verá completada con el tema del perdón sugerido por Pedro y la parábola del siervo sin entrañas.

 

TEXTO

Este evangelio se divide en tres partes, las dos últimas iniciadas con “en verdad os digo” (vv. 18 y 19), pero no queda claro el nexo lógico entre las partes, con lo que se hace más difícil la interpretación. La primera parte (vv. 15-17) es una “regla comunitaria”, con una serie gradual ascendente que supone un resultado negativo en el proceso del diálogo. La segunda parte (v. 18) es una repetición (los dobletes son característicos de Mateo) de lo que Jesús había dicho antes a Pedro (16,19), pero ahora los verbos “atar y desatar” pueden ser entendidos en relación a la conducta de la comunidad con el pecador, tratada en los versículos anteriores. La tercera parte (vv. 19-20) parece tocar un tema nuevo, sobre todo la frase final de Jesús, aunque hay elementos formales que la vinculan con todo lo anterior (la condicional, los números, la oposición “tierra-cielo”.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• VV. 15-17: Corregir para ganar al hermano: importancia de la escucha. Es una actitud muy importante en las relaciones al interior de la misma comunidad. Solucionar los problemas mediante el diálogo abierto y compartido. El texto utiliza muchas “condicionales”, y expone un caso extremo (cuyo remedio no encaja bien con el propio final del discurso y con otras partes del evangelio, como 7,7), para enseñarnos qué importancia tiene el diálogo sincero y la escucha. ¿Solemos arreglar así los problemas que surgen en nuestras comunidades? Dice el refrán oriental que “Dios nos dio dos orejas y una boca” precisamente para enfatizar la excelencia de la escucha…

• V. 18: “atar y desatar” está en relación al perdón de las ofensas, es un don que ha recibido también la propia comunidad. Pero para poder ejercer dicho don tiene que haber de verdad una profunda vida comunitaria. ¿Damos todo de nuestra parte para favorecer y profundizar esa vida comunitaria?

• VV. 19-20: Lo que subraya el texto no es tanto la mayor eficacia de la oración en común, frente a la oración individual, sino la importancia de que los orantes coincidan en la intención de su oración. La escucha de la oración depende, pues, delhermanamiento de los diversos miembros de la comunidad, de la fraternidad. ¿Nos empeñamos en vivir fraternalmente?

• El evangelio de Mateo es el evangelio del “Dios con nosotros” (al comienzo: 1,23; al final: 28,20). Ahora Jesús nos dice que él acompaña las reuniones de sus fieles. Él está con nosotros para iluminarnos y fortalecernos en el camino de la vida. ¿Sentimos esa presencia? ¿Experimentamos su fuerza? ¿Nos hace crecer como personas y como cristianos?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXIII de Tiempo Ordinario

XXIII Domingo de Tiempo Ordinario
6 de septiembre 2020

Ezequiel 33, 7-9; Salmo 95, 1-2, 6-7, 8-9; Romanos 13, 8-10; Mateo 18, 15-20

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo’’

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y corrígelo a solas.

Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano. Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. Yo les aseguro también, que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos’’.

Reflexión

Jesús quiere que amemos mucho a nuestro prójimo, y que deseamos su salvación. El nos da pasos qué hacer si vemos a alguien haciendo algo mal para ayudar en su salvación. ¿Cuál es el primer paso? Corregirlo a solas. ¿Por qué a solas? Así nadie se entera y le das oportunidad a cambiar sin despreciarlo diciendo su falta a otros. ¿Cuál es el segundo paso que nos dice Jesus? Llevar a dos o tres personas porque una persona cree más si hay mas personas diciendo lo mismo y hay más oportunidad que cambie, siempre hecho con amor. ¿Cuál es el tercer paso si todavía no hacen caso? Díselo a la comunidad (la familia o la Iglesia) para tratar de convencerlo. ¿Y si no hace caso a la comunidad? Apartarse de él como de un pagano o de un publicano. ¿Qué es un pagano y un publicano? Un pagano es alguien que no quiere y adora a Dios y no sigue sus mandamientos; un publicano era un cobrador de impuestos que robaba a las personas y se enriquecía. Dios quería que se alejaran de los paganos para que no se contagiaran con sus malas costubres. Igual si vemos que alguien hace cosas malas, nos debemos de alejar para no ser tentados a seguirlos y pecar. Pero como queremos salvar a nuestros hermanos, Jesús nos da esperanza. ¿Qué más podemos hacer? Podemos orar por ellos. Jesús dijo: “si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo… Mi Padre celestial se lo concedera; pues donde dos o tres se reunen en mi nobre, yo estoy presente en medio de ellos.” ¡Qué felicidad saber que podemos ayudar a salvar a otros con nuestras oraciones! ¿Y si nos corrigen a nosotros, como debemos de actuar?

Actividad

En la siguiente página, completar el crucigrama con palabras del Evangelio. En la otra página, colorear a Jesús entre los niños. Pedirle a Jesús por los que necesitan conversión.

Oración

Señor, Jesús, te pido que, al corregir, me ayudes a hacerlo con bondad, con amor, como lo harías Tu. Cuando alguien me corrige, te pido que lo reciba con buen ánimo, humildad, y sencillez, confiando que el que nos corrige con amor lo hace por nuestro bien y salvación.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Corrección fraterna – Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro además que, si dos de vosotros se ponen de acuedo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Explicación

Jesús nos dice hoy dos cosas muy importantes: Que hay que corregir a quien vemos que hace mal. Y si lo hacemos nosotros el mal, tenemos que dejar que nos corrijan. La segunda cosa importante que nos dijo es : «si dos de vosotros os juntáis para pedir algo a mi Padre se os concederá; porque donde estén dos reunidos en mi nombre, estoy yo en medio de ellos.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

VIGESIMOTERCER DOMINGO:TIEMPO ORDINARIO“A” (Mt. 18, 15-20)

NARRADOR: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

JESÚS: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

DISCÍPULO1: ¿Y si no te hace caso?

JESÚS: Llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.

DISCÍPULO2: ¿Y si sigue sin hacer caso?

JESÚS: Si no les hace caso, díselo a la comunidad.

DISCÍPULO1: ¿Y si sigue pasando de todo?

JESÚS: Si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

DISCÍPULO2: Nos quieres decir, que si uno no quiere, por más que hagas, va a seguir igual, y él mismo se condena.

JESÚS: Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

DISCÍPULO1: Señor, eso es mucha responsabilidad ¿no crees?

JESÚS: Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXII de Tiempo Ordinario

Siempre me ha llamado la atención la actitud de la suegra de Pedro. Está en la cama con fiebres. Jesús la cura. Vale. Lo lógico habría sido montar una fiesta o descansar o irse a visitar a las amigas. Algo así. Pero lo que hace es otra cosa: se levanta y se pone a servirles, a Jesús y a los discípulos, que han llegado a su casa. La hospitalidad es lo primero. Y ella está para servir. 

La suegra de Pedro es todo un modelo de vida cristiana. De los que han venido para servir y no para ser servidos. Paremos por un momento a pensar cómo nos iría en la vida si todos nos colocásemos en esa posición: en la del que sirve. Podemos imaginar la vida de en familia, la vida en las empresas, en los partidos políticos, en los grupos de amigos. ¿A que sería diferente?

Cuando era seminarista, nuestro formador nos comentaba que la vida de comunidad era como un carro que llevábamos entre todos. Era posible que en algún momento uno de los miembros de la comunidad se subiese al carro por la razón que fuese (enfermedad, debilidad, cansancio…). No importaba los demás seguirían tirando y, aunque con un poco más de dificultad, el carro seguiría adelante. Para los que tiran la dificultad va en aumento según son más los que se suben al carro y son menos los que tiran. El momento imposible es cuando todos o la mayoría deciden subirse al carro. En ese momento ya no se avanza más. Incluso se retrocede en el caso de que el carro estuviese subiendo una cuesta. Más complicado todvía es si los que tiran no están unidos y cada uno tira para un lado. 

Conclusión: vivir juntos implica siempre una actitud de servicio. Y un cierto grado de consenso o unidad para tirar todos en la misma dirección. Si empezamos a hacer partidos y cada uno busca su propio interés el carro/comunidad no va para ninguna parte. Es lo que dice Pablo en la primera lectura, entre que unos eran de Pablo y otros de Apolo, el grupo de los corintios no iba para ningún lado. Que no se nos olvide que todos somos de Cristo, que todos estamos al servicio unos de otros y que los primeros de la comunidad son los más débiles. Con estos sencillos criterios, un poco de generosidad y algo de capacidad de sacrificio, seguro que nuestra comunidad termina siendo presencia del Reino para todos los que se acerquen a ella.

Fernando Torres, cmf