Comentario al evangelio – Sábado XXII de Tiempo Ordinario

¿Alguno de ustedes se ha leído el “Catecismo de la Iglesia Católica”? ¿Entero? Me cuesta un poco creerlo. Son muchas páginas. En principio, no está mal el esfuerzo de hacer una síntesis de todo lo que es nuestra fe y nuestra moral. Pero al final, el deseo de ponerlo todo y de decirlo todo termina creando un libro de más de 1.000 páginas. Son muchas. Demasiadas, quizá. No puedo llegar a pensar que para ser buen cristiano haga falta leer, estudiar y asimilar todo lo que se dice ahí. 

Es más. Ni siquiera sé si es fácil cumplirlo todo y al mismo tiempo. Tiene que haber un criterio que ordene todo lo que se dice en ese libro. Sobre todo, para no llegar a pensar que lo de ser cristiano es cumplir con un código de normas. 

El Evangelio de hoy nos retrata la actitud de Jesús ante las normas religiosas. A Jesús le tocó vivir en un mundo que se había preocupado también por codificar su fe religiosa, por detallar las normas en que se concretaba ser fiel al Dios de Israel. Y llegaron a detalles muy concretos. Jesús, como buen israelita, conocía esas normas. Pero se las saltó siempre que quiso. No tuvo el más mínimo inconveniente. Es más, posiblemente esa fue la razón última de su muerte ajusticiado en la cruz. Lean los primeros capítulos de los evangelios sinópticos y verán confirmado lo que digo. 

En el relato de hoy, los fariseos –los especialistas en normas de la época– ven cómo los discípulos comen espigas que cogen directamente del campo. Problema: era sábado. Y el sábado no se podía cosechar. Y técnicamente lo que hacían los discípulos era cosechar. Era pecado por tanto. Jesús les responde sencillamente que el Hijo del Hombre es señor del Sábado. Se pone por encima de la norma. Y nos da la clave para ésta y para todas las normas –también para las de nuestro “Catecismo”–: el bien de las personas es lo que da sentido a las normas, a cualquier norma. Nunca, nunca, hay que poner a las personas al servicio de la norma. Ahí es donde estamos –debemos estar– hoy los discípulos de Jesús: comprometidos en el bien de nuestros hermanos y hermanas. Como dijo Pablo VI, al servicio de toda la persona y de todas las personas. Todo lo demás está al servicio de esto. Todo.

Fernando Torres, cmf

Meditación – Sábado XXII de Tiempo Ordinario

Hoy es sábado XXII de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 6, 1-5):

Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?». Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?». Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

Hoy, ante la acusación de los fariseos, Jesús explica el sentido correcto del descanso sabático, invocando un ejemplo del Antiguo Testamento (cf. Dt 23,26): «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, (…), y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?» (Lc 6,3-4).

La conducta de David anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento, Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley, de modo que los de menor rango ceden ante los principales.

A la luz de esto, se explica que un precepto ceremonial (como el que comentamos) cediese ante un precepto de ley natural. Igualmente, el precepto del sábado no está por encima de las necesidades elementales de subsistencia.

En este pasaje, Cristo enseña cuál era el sentido de la institución divina del sábado: Dios lo había instituido en bien del hombre, para que pudiera descansar y dedicarse con paz y alegría al culto divino. La interpretación de los fariseos había convertido este día en ocasión de angustia y preocupación a causa de la multitud de prescripciones y prohibiciones.

El sábado había sido hecho no sólo para que el hombre descansara, sino también para que diera gloria a Dios: éste es el auténtico sentido de la expresión «el sábado fue hecho para el hombre» (Mc 2,27).

Además, al declararse “señor del sábado” (cf. Lc 6,5), manifiesta abiertamente que Él es el mismo Dios que dio el precepto al pueblo de Israel, afirmando así su divinidad y su poder universal. Por esta razón, puede establecer otras leyes, igual que Yahvé en el Antiguo Testamento. Jesús bien puede llamarse “señor del sábado”, porque es Dios.

Pidámosle ayuda a la Virgen para creer y entender que el sábado pertenece a Dios y es un modo —adaptado a la naturaleza humana— de rendir gloria y honor al Todopoderoso. Como ha escrito San Juan Pablo II, «el descanso es una cosa “sagrada”» y ocasión para «tomar conciencia de que todo es obra de Dios».

Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME

Liturgia – Sábado XXII de Tiempo Ordinario

SÁBADO DE LA XXII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre

Misa de sábado (verde) o de la memoria (blanco)

Misal: Para el sábado cualquier formulario permitido / para la memoria de santa María en sábado del común de la bienaventurada Virgen María o de las «Misas de la Virgen María»; Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-par.

  • 1Cor 4, 6b-15. Pasamos hambre y sed y falta de ropa.
  • Sal 144. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
  • Lc 6, 1-5. ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?

Antífona de entrada          Sal 53, 6. 8
Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre, que es bueno.

Monición de entrada y acto penitencial
Nuevamente nos hemos reunido, convocados por Jesús, para celebrar la Eucaristía, en la que vamos a venerar la memoria de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios. Comencemos, pues, esta celebración pidiendo a Dios perdón por nuestros pecados.

            Yo confieso…

Oración colecta
OH Dios,
que te has dignado elegir para morada de tu Verbo
el seno virginal de María, defendidos por su protección,
participar en su memoria llenos de alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos confiadamente a Dios nuestro Padre, que en su Hijo Jesucristo nos ofrece la verdadera libertad.

1.- Por la Iglesia, por todos los cristianos; para que seamos siempre portadores de amor y de esperanza. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que Dios nos conceda los sacerdotes necesarios. Roguemos al Señor.

3.- Por la paz de los pueblos; para que, sin ninguna perturbación puedan servir a Dios en libertad de espíritu. Roguemos al Señor.

4.- Por los que viven angustiados por distintas necesidades;  para que encuentren ayuda en Dios. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros mismos y por nuestra comunidad;  para que Dios nos acepte como ofrenda agradable. Roguemos al Señor.

Dios y Padre nuestro, que nos enseñas que la salvación sólo es posible por el camino del amor, escucha nuestras oraciones y concédenos hacer siempre lo que te agrada. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios, que has llevado a la perfección del sacrificio único
los diferentes sacrificios de la ley antigua,
recibe la ofrenda de tus fieles siervos
y santifica estos dones como bendijiste los de Abel,
para que la oblación que ofrece cada uno de nosotros
en alabanza de tu gloria,
beneficie a la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 110, 4-5
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente. Él da alimento a los que lo temen.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de participar del alimento espiritual,
te pedimos, Señor Dios nuestro,
que, imitando fielmente a la bienaventurada Virgen María,
nos dediquemos siempre al bien de la Iglesia
y experimentemos el gozo de servirte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 5 de septiembre

SAN LORENZO JUSTINIANO, obispo († 1456)

San Lorenzo Justiniano nació en Venecia en 1381, hijo de Bernardo y Querina. Querina Querini quedó viuda muy joven y educó con esmero a su hijo. En frente de San Marcos y del Palacio Ducal está la isla de San Jorge, y en ella, la iglesia de San Jorge, donde vive un grupo de jóvenes. Su madre tenía otros planes, pero el se consagró al Señor.

 Ordenado sacerdote, pone en marcha la Congregación de canónigos seculares de San Jorge. En medio de dificultades y de insidias, recorre los 150 canales de la ciudad, que enlazan las 122 islas con hermosos puentes, recogiendo y repartiendo limosnas. Al llegar un día al palacio de su madre, se quedó en el umbral y aceptó tan solo un pan.

 A principios del siglo XV, el papa veneciano Gregorio XII—cuando Pedro de Luna (Benedicto XIII) y Baltasar de Cosa (Juan XXIII) le disputaban la tiara—encarga a Lorenzo el priorato de San Agustín de Vicenza. Pronto vuelve a San Jorge. En la peste de 1423 se porta heroicamente.

 Vuelve a pasar otros tres años a Vicenza, ahora de retiro y soledad. 

 Escribe libros ascéticos, luminosos y jugosos, muy distintos de los esquemas fríos de la escolástica, dominada ahora por los últimos nominalistas. Tratan sobre el camino del alma hasta Dios, a través de Jesucristo. Trata con gran altura sobre el matrimonio espiritual. Buen émulo de Gerson.

 Otro Papa veneciano, Eugenio IV,—el Papa unionista del concilio de Florencia—le nombra obispo de Castelo, isla adriática, vecina al Lido veneciano. Convocó un sínodo de donde salieron sabias constituciones sobre la reforma de la Iglesia. Algunos se molestaron, como cuando promulgó un decreto para reprimir el lujo de las mujeres, pero el siguió adelante.

 Predicaba austeridad, pero iba por delante con el ejemplo: «Dar satisfacción a los sentidos y querer mantenerse puro es igual que pretender apagar un incendio arrojando leña en el». Grande era también su ecuanimidad. «Siempre era igual, dice un biógrafo: nadie le vio, ni conmovido por la ira, ni disipado por la prosperidad, ni turbado por el placer, ni encogido por el miedo, ni acobardado por el dolor». Otro autor asegura: «Tuvo un don maravilloso, y es que todos los que habían estado con el se despedían con el alma llena de gozo y de paz. Todo en él inspiraba amor».

E1 1451 fue elevado por Nicolás V a la sede de Venecia. Su vida privada de monje y asceta siguió como en San Jorge. En un lustro realizó una obra ingente. Años de sabio gobierno, de acertadas y valientes reformas, que prepararían el camino para Trento. Aun tiene tiempo para escribir sobre El gobierno de obispos, Grados de perfección, El incendio del amor divino. Así completaba sus escritos del retiro de Vicenza.

 La vida de Lorenzo es difícil de resumir, por las múltiples facetas que abarcó. Y lo maravilloso es que en todas las facetas lo hizo con profundidad. No vale aquí el refrán de que el que mucho abarca, poco aprieta.

 En efecto, fue amante de la soledad y de la contemplación, y con la misma energía, fue un hombre de múltiple actividad. Dio normas sabias sobre el gobierno pastoral de los obispos, pero no como un hombre de gabinete, sino como alguien que reflejaba lo que el practicaba.

 Fue el primer patriarca de Venecia, cuna de papas. Juan XXIII, sucesor suyo con el tiempo en Venecia, lo tomó como ejemplo y patrón de su pontificado. En Venecia murió Lorenzo en 1456 con estas palabras «A Ti voy, oh Jesús». Fue canonizado por Alejandro VIII en 1690.

Otros Santos de hoy: Sancho de Funes, Obdulia, Victoriano, Rómulo, Macario, Urbano, Donato, Teodoro.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado XXII de Tiempo Ordinario

LAUDES

SÁBADO XXII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Escuchemos la voz del Señor, para que entremos en su descanso.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Padre nuestro,
Padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.

No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.

No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.

Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo». Amén.

SALMO 91: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

CÁNTICO del DEUTERONOMIO: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destilo como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a Dios nuestro.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

SALMO 8: MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

LECTURA: Rom 12, 14-16a

Bendecid a los que os persiguen, bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te aclamarán mis labios, Señor.
V/ Te aclamarán mis labios, Señor.

R/ Mi lengua recitará tu auxilio.
V/ Mis labios, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te aclamarán mis labios, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Guía nuestros pasos, Señor, por el camino de la paz.

PRECES

Celebremos la sabiduría y la bondad de Cristo, que ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los que sufren, y supliquémosle insistentemente, diciendo:

Haznos perfectos en la caridad, Señor

Al recordar esta mañana tu santa resurrección,
— te pedimos, Señor, que extiendas los beneficios de tu redención a todos los hombres.

Que todo el día de hoy sepamos dar buen testimonio del nombre cristiano
— y ofrezcamos nuestra jornada como un culto espiritual agradable al Padre.

Enséñanos, Señor, a descubrir tu imagen en todos los hombres
— y a servirte a ti en cada uno de ellos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, vid verdadera de la que nosotros somos sarmientos,
— haz que permanezcamos en ti y demos fruto abundante, para que con ello reciba gloria Dios Padre.

Con la misma confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo, como nos enseñó Cristo:

Padre nuestro…

ORACION

Que nuestra voz, Señor, nuestro espíritu y toda nuestra vida sean una continua alabanza en tu honor; y, pues toda nuestra existencia es puro don de tu liberalidad, que también cada una de nuestras acciones te esté plenamente dedicada. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.