Vísperas – La Natividad de la Santísima Virgen María

VÍSPERAS

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora
para cuando nazca Dios.

Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando venga Dios.

Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Del tronco de Jesé ha brotado la Virgen María, en cuyo tálamo ha entrado el Espíritu del Altísimo.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Del tronco de Jesé ha brotado la Virgen María, en cuyo tálamo ha entrado el Espíritu del Altísimo.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Hoy es el nacimiento de santa María Virgen, en cuya belleza y humildad Dios se ha complacido.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Hoy es el nacimiento de santa María Virgen, en cuya belleza y humildad Dios se ha complacido.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Bendita y venerable eres tú, Virgen María, Madre de Dios, cuyo nacimiento celebramos; intercede por nosotros ante el Señor.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendita y venerable eres tú, Virgen María, Madre de Dios, cuyo nacimiento celebramos; intercede por nosotros ante el Señor.

LECTURA: Rm 9, 4-5

Los descendientes de Israel fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alégrate, María, llena de gracia, El Señor está contigo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, El Señor está contigo.

R/ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
V/ El Señor está contigo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, El Señor está contigo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Celebremos el nacimiento santo de la gloriosa Virgen María; el Señor miró su humildad, y por el anuncio del ángel concibió al Redentor del mundo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Celebremos el nacimiento santo de la gloriosa Virgen María; el Señor miró su humildad, y por el anuncio del ángel concibió al Redentor del mundo.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos, abundancia de salud y paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
— concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
— y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido tus primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María consigamos aumento de paz en la fiesta de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Natividad de la Virgen María

1) Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 1,1-16.18-23
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés,
Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,
cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín,
Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajín, Ajín engendró a Eliud,
Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros».

3) Reflexión

• Hoy, 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, el evangelio nos presenta la genealogía o el carné de identidad de Jesús. Por medio de una lista de nombres de los antepasados, el evangelista cuenta a las comunidades quién es Jesús y cómo Dios actúa de forma sorprendente para cumplir en él su promesa. Nuestros carnés de identidad llevan nuestro nombre y el nombre de nuestro país. Algunas personas, para decir quiénes son, recuerdan también todos los nombres de los antepasados de la familia. Otras se avergüenzan de algunos de ellos, y se esconden detrás de apariencias que engañan. El carné de identidad de Jesús tiene muchos nombres. En la lista de estos nombres hay una gran novedad. En aquel tiempo, las genealogías traían a menudo los nombres de hombres. Por esto extraña el que Mateo coloque a cinco mujeres entre los antepasados de Jesús: Tamar, Raab, Ruth, la mujer de Urías y María. ¿Por qué escogió exactamente a estas cinco mujeres y no a otras? Esta es la pregunta que el evangelio de Mateo deja en nuestra cabeza.
• Mateo 1,1-17: La larga lista de nombres – el comienzo y el final de la genealogía. En el comienzo y en el final de la genealogía, Mateo deja claro cuál es la identidad de Jesús: él es el Mesías, hijo de David e hijo de Abrahán. Como descendiente de David, Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas del pueblo judío (2 Sam 7,12-16). Como descendente de Abrahán, es una fuente de bendición y de esperanza, para todas las naciones de la tierra (Gén 12, 13). Así, tanto los judíos como los paganos que formaban parte de las comunidades de Siria y de Palestina, en la época de Mateo, ambos podían ver sus esperanzas realizadas en Jesús.
Al elaborar la lista de los antepasados de Jesús, Mateo adoptó un esquema de 3 x 14 generaciones (Mt 1,17). El número 3 es el número de la divinidad. El número 14 es dos veces 7, que es el número de la perfección. En aquel tiempo, era común interpretar o calcular la acción de Dios a través de números y fechas. Por medio de estos cálculos simbólicos, Mateo revela la presencia de Dios a lo largo de generaciones y expresa la convicción de las comunidades: Jesús apareció en el templo establecido por Dios. Con su llegada la historia alcanza su pleno cumplimiento.
• El mensaje de las cinco mujeres citadas en la genealogía. Jesús es la respuesta de Dios a las expectativas tanto de judíos como de paganos, sí, pero lo es de una forma totalmente sorprendente. En las historia de las cuatro mujeres del AT, citadas en la genealogía, existe algo anormal. Las cuatro eran extranjeras, concibieron a sus hijos fuera de los patrones normales del comportamiento de la época y no satisficieron las exigencias de las leyes de la pureza en el tiempo de Jesús. Tamar, una cananea, viuda, se vistió de prostituta para obligar a Judá a que fuera fiel a la ley y a darle un hijo (Gén 38,1-30). Raab, una cananea, prostituta de Jericó, hizo alianza con los israelitas. Los ayudó a entrar en la Tierra Prometida y profesó su fe en Dios libertador del Éxodo (Js 2,1-21). Betsabé, una hitita, mujer de Urías, fue seducida, violentada y fue puesta encinta por el rey David, que, además de esto, mandó matar a su marido (2 Sam 11,1-27). Rut, una moabita, viuda pobre, optó por quedar con Noemí y adhirió al Pueblo de Dios (Rut 1,16-18). Aconsejada por la suegra Noemí, Rut imitó a Tamar y pasó la noche en la era, junto a Booz, forzándolo a que observara la ley y a que le diera un hijo. De la relación entre los dos nació Obed, el abuelo del rey David (Rut 3,1-15; 4,13-17). Estas cuatro mujeres cuestionan los patrones de comportamiento impuestos por la sociedad patriarcal. Asimismo, sus iniciativas poco convencionales darán continuidad al linaje de Jesús y traerán la salvación de Dios para todo el pueblo. Fue a través de ellas que Dios realizó su plan y envió al Mesías prometido. ¡Realmente, la manera de actuar de Dios sorprende y hace pensar! Al final, el lector o la lectora queda con una pregunta: ¿Y María? ¿Existe también en ella alguna irregularidad? ¿Cuál?” La respuesta nos la da la historia de San José que sigue en el texto (Mt 1,18-23).
• Mateo 1,18-23: San José era justo. La irregularidad en María es que ella quedó embarazada antes de convivir con José, su esposo prometido, que era un hombre justo. Jesús dice: “Si vuestra justicia no es mayor que la justicia de los fariseos y de los escribas, no vais a poder entrar en el Reino de los cielos”. Si José hubiese sido justo según la justicia de los fariseos, hubiera tenido que denunciar a María y ella hubiera sido apedreada. Jesús hubiera muerto. Gracias a la verdadera justicia de José, Jesús pudo nacer.

4) Para la reflexión personal

• Cuándo me presento a los demás, ¿qué digo de mí y de mi familia?
• Si el evangelista coloca apenas estas cinco mujeres al lado de más de cuarenta hombres, sin duda, quiere comunicar un mensaje. ¿Cuál es este mensaje? ¿Qué nos dice todo esto sobre la identidad de Jesús? ¿Qué nos dice sobre nosotros mismos?

5) Oración final

Alábente, Yahvé, tus creaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas. (Sal 145,10-11)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- LA VOCACIÓN DE MATEO

Mt 9, 9-13; Mc 2, 13-17; Lc 5, 27-32

Los tres evangelios sinópticos narran la vocación de Mateo, el publicano, inmediatamente después de la curación del paralítico de Cafarnaún. Quizá el mismo día del milagro o al siguiente, salió Jesús hacia la orilla del lago seguido de una gran muchedumbre, como advierte san Marcos. Pasó delante del puesto público de los impuestos (el telonio) donde se encontraba Mateo en su trabajo de recaudador.

Los romanos acostumbraban a entregar a particulares, mediante un sistema de subastas, los derechos a recaudar las cargas fiscales. Se quedaban con la puja quienes ofrecieran una recaudación más segura y un menor porcentaje como comisión. Esos recaudadores eran los publicanos, que empleaban a su vez a una serie de subordinados para tal misión. Como es lógico, los publicanos procuraban por todos los medios obtener de los particulares la mayor recaudación posible, ya que aumentaban sus ganancias. No se distinguían por ser muy cumplidores de la Ley ni por su asistencia al Templo o a la sinagoga. En el Nuevo Testamento son considerados por los fariseos como pecadores y paganos.

Pasó Jesús y vio a Mateo en su lugar de trabajo. Los otros dos sinópticos le llaman Leví, y san Marcos anota que era hijo de un tal Alfeo. Probablemente tuvo dos nombres, como era frecuente entre los judíos. Jesús le vio al pasar. Solo Dios sabe lo que vio aquel día al fijar su mirada en Mateo, y solo el apóstol sabrá lo que contempló en Jesús para dejar inmediatamente la mesa de las recaudaciones y seguirle.

Le dijo el Maestro: Sígueme. Y él se levantó y le siguió. Dejó atrás su caja, sus libros de registro y a los que estaban esperando en aquel momento para satisfacer su deuda. Su prontitud nos hace suponer que ya conocía al Señor y que su ánimo estaba preparado. Había escuchado al Maestro en otras ocasiones. Es muy probable que antes hubiera hablado ya con Él a solas. Jesús lo había conquistado, y ahora se trata de dar el paso definitivo.

La sorpresa de todos debió de ser enorme. ¡Un publicano entre sus íntimos! ¿Qué dirían las gentes, sus amigos? A Mateo no le importó. Al Señor, tampoco.

Mateo se convirtió en un testigo excepcional de la vida y de los hechos del Maestro. Un poco más tarde sería elegido uno de los Doce para seguir al Señor en todos sus pasos: escuchó sus palabras y contempló sus milagros, estuvo entre los íntimos que celebraron la Última Cena y asistió a la institución de la Eucaristía, oyó el testamento del Señor en el Mandamiento del amor y acompañó a Cristo al Huerto de los Olivos, donde empezaría, con los otros discípulos, un calvario de angustia, especialmente por haber abandonado también a Jesús. Después, muy poco después, saboreó la alegría de la Resurrección y, antes de la Ascensión, recibió el mandato de llevar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. Más tarde, también con los discípulos y la Madre de Jesús, recibió el fuego del Espíritu Santo, en Pentecostés. Al escribir su evangelio recordaría tantos momentos gratos junto al Maestro. Comprendió que su vida cerca de Cristo había valido la pena.

Leví quiso celebrar la llamada del Maestro y dio un gran banquete en su casa (debía de ser hombre rico), e invitó a Jesús y a sus discípulos. Por supuesto, sentados a la mesa estaban un buen grupo de colegas y amigos: publicanos y pecadores, escribe el propio Mateo, es decir, gente que no observaba muy bien la Ley y quizá gentiles. El Maestro asistió al banquete en casa del nuevo discípulo. Y lo haría de buen grado, con gusto, aprovechando aquella oportunidad para ganarse la simpatía de los amigos de Mateo. Los fariseos quedaron escandalizados. Los asistentes al banquete se sintieron acogidos por el Señor, y muchos de ellos con el paso del tiempo se bautizarían y serían cristianos fieles.

El Señor, como vemos a lo largo de su vida, no rehuía el trato social; más bien lo buscaba. Se entendía Jesús con los tipos humanos y los caracteres más variados: con un ladrón convicto, con los niños llenos de inocencia y de sencillez, con hombres cultos y pudientes como Nicodemo y José de Arimatea, con mendigos, con leprosos, con familias… Este interés manifiesta su afán salvador, que se extiende a todas las criaturas de cualquier clase y condición. En el evangelio se pone continuamente de manifiesto.

Los fariseos tenían incontables prescripciones rituales en torno a las comidas y celebraciones. Nunca visitaban la casa de un judío, ni se sentaban a su mesa, si no estaba ritualmente limpio, y mucho menos la de un gentil, que, por definición, era impuro. En sus labios, la palabra pecadores solía referirse a los judíos que no observaban las reglas y los ritos que los doctos en la Ley habían añadido a los preceptos de Moisés.

Los fariseos no entraron, por supuesto, en casa de Leví. Se quedaron fuera, vigilando, murmurando. Pudieron ver cómo Jesús y sus discípulos entraban sin ningún reparo en casa de Mateo. Después dirán a los discípulos: ¿Por qué vuestro Maestro come y bebe con publicanos y pecadores? Ya le habían acusado de blasfemia por perdonar los pecados. Una infracción ritual no era tan grave, desde luego, pero quizá les escandalizara más.

El Señor oyó lo que decían los fariseos. Y enseguida contestó a la pregunta que habían hecho a sus discípulos: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Y añadió: Id y aprended qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio; pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

El Señor se colocaba por encima del legalismo de su tiempo y apelaba a la autoridad de Dios mismo. Esto motivó que desde aquel día en Cafarnaún se rompiera la neutralidad de aquellos que se consideraban a sí mismos los mejores cumplidores de la Ley.

También en aquella jornada Jesús ganó muchos amigos (los de Mateo), y conquistó un discípulo que sería después un fiel instrumento para llevar a todas partes el Reino de Dios[1].


[1] Encontrar y seguir a Jesús transforma la vida entera, esto es lo que le ocurrió al apóstol Mateo: «no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él». FRANCISCO PAPA , Exh. Ap. Evangelii gaudium, n. 266.

Comentario – La Natividad de la Virgen María

Hablar de la genealogía de alguien –como hace el evangelista- es considerar que el personaje en cuestión tiene un phylum genético, es decir, que pertenece a un determinado linaje o familia humana. Si el evangelio de Mateo se abre con la genealogía de Jesucristo, hijo de Davidhijo de Abrahán, es porque quiere destacar que el protagonista de su relato es el eslabón que culmina una cadena generacional y, por tanto, que hay que considerarle plenamente insertado en la historia, no por la vía de una presunta adopción, sino por la vía más natural, por la vía del nacimiento. Porque Jesús tuvo nacimiento humano, y aunque éste fuera sin concurso de varón, no deja de ser humano, pues fue realmente hijo de mujer (ex muliere). La condición virginal de su concepción en el vientre de su madre, aun incorporando un factor extraordinario en el proceso generacional, no resta nada a su constitución humana. Y es esta constitución natural la que le hace miembro de una familia, de una nación, de una raza, de un pueblo con su lengua, su cultura, su régimen político, su momento histórico, su religiosidad.

El mismo evangelista está suponiendo su nacimiento virginal al presentarlo como hijo de María, pero no de José, que es simplemente el esposo de María. Su elenco genealógico concluye así: y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Pero si Jesús no es hijo de José, sino únicamente de María, su mujer, se rompe la cadena genética en su último eslabón. Lo que importa, sin embargo, a san Mateo es resaltar que Jesús, el Cristo, tiene árbol genealógico; pertenece, por tanto, a la historia de ese pueblo en el que le ha colocado su nacimiento. De esta manera puede ahuyentar esos intentos docetistas que hacen de Jesucristo un ser con apariencia de hombre, pero al que privan de naturaleza (realidad) humana, un ser fantasmal débilmente conectado a los acontecimientos históricos.

Jesús, por tanto, tuvo nacimiento; y su nacimiento, historia. María, la madre de Jesús –cuenta san Mateo- estaba desposada con José, aunque todavía no habían empezado a vivir juntos; en ese intervalo de tiempo que podía prolongarse alrededor de seis meses o un año, entre los desposorios y la conducción a la propia casa y cohabitación, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. Pero ¿quién podía probar esto, que era debido a la acción del Espíritu Santo? José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

El esposo o prometido percibe los síntomas de maternidad de su mujer durante ese período anterior a la cohabitación. En semejante situación podía considerarse traicionado y tomar la opción de denunciarla o repudiarla públicamente con el riesgo que esto entrañaba para la vida de esa mujer, que podía pasar por adúltera, convirtiéndose a consecuencia de ello en rea de muerte; pues la ley del Levítico, que mandaba apedrear a las adúlteras, seguía vigente como revela el posterior encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. José no toma esta decisión, sino otra, más benevolente, que busca salvaguardar la vida de su mujer. Decide repudiarla en secreto, o lo que es lo mismo, no denunciarla ante un tribunal de oficio, pero tampoco acudir a por ella para llevarla a su propia casa. En semejante estado no podía aceptarla como legítima esposa; pero tampoco quería ponerla en trance de muerte. El hecho (la no acogida) podía ser interpretado de diferente modo, haciendo derivar la culpabilidad hacia un lado o hacia otro. Pero probablemente más del lado del marido que podía aparecer a los ojos de los convecinos como el hombre irresponsable que abandonaba a su mujer tras haberla dejado embarazada. En esta resolución tomada, aunque no llevada a término, ve el evangelista la bondad y la justicia de José para con su mujer.

Pero Dios, que rige los designios de la historia, haciendo de ella historia de salvación, interviene para corregir el rumbo de los acontecimientos. A José se le aparece en sueños un ángel que le dice: José, no tengas repara en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Cuando José se despertó, hizo de inmediato lo mandado por el ángel. Pero “hacer lo mandado” en este caso tenía mucho mérito. Se trataba de dar crédito a un mensaje ‘increíble’, que además le había llegado por un cauce –un sueño- poco fiable. Su tradición conocía “madres-estériles” o mujeres estériles que habían acabado siendo madres; pero no “madres-vírgenes”, es decir, madres que hubieran permanecido vírgenes en su maternidad. A pesar de todo, José hizo lo mandado porque creyó en el poder de Dios. ¿Si había sido capaz de transformar a mujeres estériles en madres, por qué no a una virgen? La fe es la base de todas estas empresas o encargos de Dios que implican el cumplimiento de una misión a la que es esencial la obediencia. Así sucedió con Abrahán, y después con Moisés, y con María y José. Así sucede también con cualquier vocacionado. Sin fe no puede emprenderse un camino de obediencia; sin fe tampoco hay esperanza para perseverar en la tarea.

Todo esto sucedió –concluye el evangelista- para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel (que significa “Dios con nosotros”). Luego la historia, lo sucedido, viene en socorro de la profecía para confirmar su verdad. Esa Virgen que habría de concebir, concibió al hijo anunciado por la profecía, al Dios con nosotros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

CAPÍTULO V

UNIVERSAL VOCACIÓN A LA SANTIDAD EN LA IGLESIA

Llamamiento a la santidad

39. La Iglesia, cuyo misterio está exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado «el único Santo» [121], amó a la Iglesia como a su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf. Ef 5,25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: «Porgue ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Ts 4, 3; cf. Ef 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; de manera singular aparece en la práctica de los comúnmente llamados consejos evangélicos. Esta práctica de los consejos, que, por impulso del Espíritu Santo, muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condición o estado aceptado por la Iglesia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de esa santidad.

Recursos – Ofertorio Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE LA CONVOCATORIA DEL CONSEJO PASTORAL

(Lo debiera de realizar el que lo preside o el secretario del mismo. Preparada en una cartulina grande y que luego será colocada en un lugar visible del templo parroquial o centro de culto)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te presento, en nombre de todo el Consejo Pastoral, esta LLAMADA que tiene en Ti mismo su origen. Tú nos sigues invitando a todos y a todas a la tarea del Reino. Nuestra Comunidad quiere ponerse en marcha con vistas a afrontar el desafío de un NUEVO CURSO PASTORAL. Toca, Señor, el corazón de cada uno de nosotros y de cada una y de nosotras para que escuchemos esa llamada y asumamos nuestra misión dentro de la comunidad. Danos valor y fuerza para ser “piedras vivas” en este edificio en el que Tú mismo estás empeñado.

PRESENTACIÓN DEL CURSO ESCOLAR

(Lo puede ofrecer un/una niño/a o un/una adolescente de la comunidad que presenta una mochila escolar)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te presento (nosotros te presentamos) esta MOCHILA que será nuestra compañera de trabajo a lo largo de estos próximos meses y que abarca este curso escolar. Te pedimos, en primer lugar, por todas las personas que se dedican a la enseñanza: bendícelas para que realicen su trabajo con generosidad, dedicación y entrega. Bendice también a nuestros padres y familias que serán nuestro soporte, en todos los aspectos, a lo largo de estos meses. Y ayúdanos a nosotros y nosotras para que aprovechemos, con ilusión, esta enorme oportunidad que se nos brinda, aunque sabemos que en momentos determinados nos va a costar. Gracias, Señor.

PRESENTACIÓN DE UNA DE LAS PERSONAS QUE SE OCUPAN DE LA LIMPIEZA

(Esta ofrenda la hace alguna persona dedicada a la limpieza de los locales de la comunidad, aportando algún instrumento de trabajo concreto)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, vengo a hacerte una ofrenda. Ya sabes que me ocupo de una de las tareas más sencillas e insignificantes en medio de nuestra comunidad, aunque necesaria para el buen orden y el funcionamiento de todo. Sabes que lo hago con toda mi dedicación y entrega. Me siento útil haciendo lo que hago, en favor de la comunidad y de los y las demás. No me preocupa absolutamente si mi tarea es aplaudida. Lo hago sin más, y no espero nada a cambio. Sin embargo, me gustaría, Señor, que todos y todas fuéramos capaces de hacer frente a la vida desde la perspectiva del servicio y de la entrega a los y a las demás. Por eso ésta es mi súplica hoy para toda la comunidad.

UN/A CATEQUISTA PRESENTA UN NIÑO O UNA NIÑA

(Agarrados de la mano, llegan hasta el presbiterio, donde el catequista dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, bien sabes que soy uno/una de los/las catequistas de esta comunidad. Tengo la conciencia de que mi trabajo no es tanto mío, como hecho por y en nombre de la comunidad. Hoy te traigo este niño, esta niña. Es uno/una de los/las que pertenecen a nuestros grupos. Al presentártelo hoy, quiero, en mi nombre y en el de toda la comunidad, significar lo que es el amor entre nosotros y nosotras, en el seno de la misma comunidad y, también, el de asumir nuestro compromiso de cara al nuevo Curso Pastoral, que ya está a la vuelta de la esquina. Acepta, Señor, nuestra tarea y nuestro compromiso.

PRESENTACIÓN DE UN TEXTO DE CATEQUESIS

(Lo presenta uno/una de los/las encargados/as de la catequesis de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este manual de la catequesis de la comunidad. Con él te ofrezco nuestro trabajo y entrega, el de este nuevo curso, del que ya hemos iniciado su preparación, porque Tú sigues invitándonos a la tarea. Pero te pido tu ayuda y fortaleza para que nuestra enseñanza sea verdaderamente comprometida, como lo fue la de tu Hijo, que selló sus palabras con la entrega de su propia vida. Ayúdanos, pues, en la tarea que nuevamente estamos iniciando.

PRESENTACIÓN DE UN DESPERTADOR

(Puede hacer la ofrenda cualquier miembro adulto de la comunidad; aunque, a ser posible, la debiera hacer un padre de familia)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este despertador, que me llama a la vigilia y a incorporarme a la vida y a mis tareas todas las mañanas. También pone en marcha la vida familiar para la convivencia y para la responsabilidad. Te lo ofrezco, en nombre de toda la comunidad, como signo de nuestra necesaria vigilancia, para que no se nos pase desapercibida ninguna de tus manifestaciones y presencias. Sin embargo, sabemos, Señor, por las dificultades que nos rodean y por nuestra debilidad, que, sin tu ayuda, nuestra vigilancia no es posible, nos dominará el sueño y nos entretendrán nuestras ocupaciones y el bienestar. Ayúdanos a estar vigilantes.

Oración de los fieles – Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Señor, tú que eres compasivo y misericordioso, acoge estas súplicas que tu pueblo eleva confiado en tu infinita bondad:

CON FE, TE LO PEDIMOS, SEÑOR

1. – Por el Papa, los obispos y las personas consagradas; para que el Señor les ayude a anunciar a todo el mundo la paz y el perdón que nos viene de Dios. OREMOS

2. – Por todas las personas que sufren o están desalentadas, para que encuentren su fuerza en Cristo que murió y resucitó por todos. OREMOS

3. – Por todos aquellos familiares y amigos que tienen alguna deuda que saldar, para que, siguiendo el Evangelio de hoy, se perdonen continuamente. OREMOS

4 – Por todos los niños y jóvenes que comienzan el curso escolar para que aprovechen los conocimientos que reciban y crezcan tanto personal como espiritualmente. OREMOS

5.- Por todos los aquí reunidos, para que seamos un fiel reflejo de Dios, lento a la ira y rico en clemencia. OREMOS

Señor concede a tu pueblo con generosidad, lo que con tanto amor y confianza te pide. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Oremos con fe a Dios Padre Todopoderoso, y le pedimos por la reconciliación de todos los hombres.

ESCUCHA SEÑOR, Y TEN PIEDAD.

1.- Acuérdate de tu Iglesia Señor. Del Papa, los Obispos, los Sacerdotes, de los diáconos y de todos los que de una u otra forman están a tu servicio, guárdalos de todo mal y haz que crezcan en tu amor. OREMOS

2.- Por los gobernantes de todos los pueblos, en especial los que ahora más cerca están de la guerra, para que aprendan que sólo el perdón y la misericordia pueden lograr el verdadero entendimiento. OREMOS

3.- Por todas las familias, en especial por las que forman parte de nuestra vida, para que sean capaces de perdonar, de reconciliarse, de unirse, aunque para ello tengan que ceder y perder sus derechos. OREMOS

4.- Por todos los que siguen sin trabajo, para que el Señor alivie sus dificultades, y todos nosotros reconozcamos su dignidad, prestándoles nuestra ayuda. OREMOS

5.- Por todos los hombres que se han visto afectados en tantos fenómenos telúricos y atmosféricos adversos, para que sientan nuestra cercanía y generosidad. OREMOS

6.- Por los que estamos celebrando esta Eucaristía, para que el Señor nos ayude a comprometernos, viviendo como verdaderos creyentes. OREMOS

Hemos acudido a ti porque tenemos la seguridad de que lo puedes todo, no desoigas nuestras súplicas, Señor Dios Padre.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Natividad de la Virgen María

Celebramos el nacimiento de la Virgen María

Alegrémonos todos celebrando el nacimiento de la Virgen María. Hoy es su día. El día de su cumpleaños. Una nueva vida que nace siempre es motivo de exultante alegría. Cuánto más si nace la Madre de nuestro Salvador. Hasta en un tono popular y filial, podemos entonar el ¡Cumpleaños feliz!

Los Padres de la Iglesia, y a la liturgia le gusta, recurren a la imagen bellísima: el nacimiento de María es la Aurora que anuncia el nacimiento del Sol de justicia, Cristo el Señor. En efecto, nace María, y florece la carne que luego será morada y arca de la carne de Jesús. En esta criatura se formará “la criatura que viene del Espíritu Santo y salvará a su pueblo de sus pecados”. En el seno de esta niña que nace acampará el Verbo de Dios hecho carne.

Con esto estamos diciendo que a María, para envolverla en su luz propia, hemos de colocarla siempre en el misterio de la Redención de Cristo. Ella es, ante todo, la Madre del Redentor.

En el Evangelio de hoy, María aparece la última de una lista de mujeres; algunas de ellas procedentes de la paganía y del pecado, como Tamar, Rajab, Rut, Betsabé. Al final, como la luz sobre la tiniebla, María “de la cual nació Jesús”, la llena de gracia. Brilla, a la vez, el misterio de la encarnación en todo su realismo junto a la victoria sobre el mal.

En esta genealogía caprichosa de San Mateo podemos vernos alineados nosotros. Por una parte, nos sentimos hijos de María. Por otra parte, los bautizados en Cristo, nacidos del agua y del Espíritu, por la fe alargamos la descendencia, prolongamos la encarnación que se dio en María.

No podemos acabar sin un guiño elemental en todo cumpleaños. El regalo. ¿Qué nos pide la Virgen en este día? Pensémoslo, y no seamos ruines sino filialmente generosos. Que es su día.