Comentario Domingo XXIV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, trabaja nuestra intimidad y ayúdanos a descubrir nuestro propio pecado y debilidad, para aprender a ser compasivos y comprensivos con los errores y límites de nuestros hermanos. Señor Jesús, danos un espíritu disponible y ágil, a la hora de perdonar y olvidar las ofensas que nos hacen. Señor Jesús, danos generosidad y nobleza de ánimo cada vez que un hermano se acerque a pedirnos perdón. Señor Jesús, háblanos al corazón de un modo persuasivo y ayúdanos a optar radicalmente y permanentemente por la opción del perdón y la reconcilia- ción. Señor Jesús, capacítanos para ofrecer a cada hermano el don del perdón, con la misma dulzura y cariño con que Tú nos lo ofreces cada instante. AMÉN.

 

Mt 18, 21-35

«21Entonces acercándose Pedro le dijo [a Jesús]: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?”. 22Le dice Jesús: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23Por eso es semejante el Reino de los cielos a un rey, que quiso ajustar las cuentas con sus siervos.

24Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. 25Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que pagara así. 26El siervo, cayendo a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. 27Compadecido el señor de aquel siervo, le dejó marchar y le perdonó la deuda.

28Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: ‘Págame lo que me debes’. 29El compañero, cayendo a sus pies, le rogaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré’. 30Pero él no quería sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

31Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. 33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’. 34Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

35Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial si cada cual no perdona de corazón a su hermano”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Continuación del evangelio del domingo pasado, nuestro evangelio es el final de todo el discurso comunitario o eclesial (cap. 18). Después comienza de nuevo una larga sección narrativa (capp. 19-22), con diversos temas que culminan con la entrada de Jesús en Jerusalén (21,1).

 

TEXTO

El texto consta de las dos últimas perícopas del capítulo 18. La primera es una breve perícopa que nos enseña el perdón sin límites (vv. 21-22). La segunda perícopa, la parábola del siervo sin entrañas, está relacionada con la precedente gracia al v. 35 (“perdonar”, “hermano”). Está narrada con precisión y maestría. El prólogo (v. 23) funciona a modo de título; la conclusión (v. 35) es el corolario, la enseñanza del relato. En medio, tres escenas con distintos escenarios y protagonistas: a) el diálogo entre el rey y su siervo (vv. 24-27); b) el diálogo entre el siervo y su colega (vv. 28-30); c) el diálogo final entre el rey y su siervo (vv. 31-34). La unidad del texto se basa en las continuas repeticiones de palabras.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El fondo de la parábola trata de la conducta del “grande” frente al “pequeño”: un siervo común no tenía ninguna posibilidad de granjearse una deuda de 10.000 talentos aunque viviera cien vidas. La conducta del “grande” era corriente en la vida cotidiana de Israel, pero resulta intolerable a la luz del perdón desbordante del rey, de Dios. Ese perdón desbordante convierte en malvada una acción común. Porque el perdón de Dios no es algo meramente exterior, sino una fuerza que quiere apoderarse de la persona entera y transformarla.

• Si en nuestro encuentro con Jesús, hemos vivido también el perdón desbordante e inesperable de Dios, deberemos comportarnos de otro modo que el “siervo malvado”.

• La lección de Jesús es “interna”, es para la vida en comunidad. Si es tan importante el perdón de corazón es porque se da por hecho que surgirán muchos problemas dentro de esa vida comunitaria. Lo “cristiano” no es eludir los problemas que surjan, sino el modo de cómo afrontarlos y superarlos. Una gran cuestión para la vida espiritual se nos plantea con este evangelio: ¿sabemos perdonar de corazón? ¿a quién y qué tendríamos que perdonar?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?