Vísperas – Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores

VÍSPERAS

NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Ay dolor, dolor, dolor,
por mi Hijo y mi Señor!

Yo soy aquella María
del linaje de David:
¡Oíd, hermanos, oíd
la gran desventura mía!

A mí me dijo Gabriel
que el Señor era conmigo,
y mi dejó sin abrigo
más amarga que la hiel.
Díjome que era bendita
entre todas las nacidas,
y soy de las doloridas
la más triste y afligida.

Decid, hombres que corréis
por la vida mundanal,
decidme si visto habéis
igual dolor que mi mal.
Y vosotras que tenéis
padres, hijos y maridos,
ayudadme con gemidos,
si es que mejor no podéis.

Llore conmigo la gente,
alegres y atribulados,
por lavar cuyos pecados
mataron al Inocente.
¡Mataron a mi Señor,
mi Redentor verdadero!
¡Cuitada!, ¿Cómo no muero
con tan extremo dolor?

Señora, santa María,
déjame llorar contigo,
pues muere mi Dios y mi amigo,
y muerta está mi alegría.
Y, pues os dejan sin Hijo,
dejadme ser hijo vuestro.
¡Tendréis mucho más que amar,
aunque os amen mucho menos!

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Cristo es nuestra paz, y por su cruz nos reconcilió.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo es nuestra paz, y por su cruz nos reconcilió.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Acerquémonos a la ciudad del Dios vivo y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Acerquémonos a la ciudad del Dios vivo y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Por la sangre de Cristo hemos recibido la redención.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la sangre de Cristo hemos recibido la redención.

LECTURA: 2Tm 2, 10-12a

Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, junto a la cruz del Señor.
V/ Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, junto a la cruz del Señor.

R/ Feliz ella que, sin morir, mereció la palma del martirio.
V/ Junto a la cruz del Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Estaba santa María, Reina del cielo y Señora del mundo, junto a la cruz del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, al ver junto a la cruz a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulos: “Ahí tienes a tu madre”.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, al ver junto a la cruz a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulos: “Ahí tienes a tu madre”.

PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos, abundancia de salud y paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
— concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
— y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Nuestra Señora de los Dolores

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Juan 19,25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

3) Reflexión

• Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, el evangelio del día relata el paso en el que María, la madre de Jesús, y el discípulo amado se encuentran en el calvario ante la Cruz. La Madre de Jesús aparece dos veces en el evangelio de Juan: al comienzo, en las bodas de Caná (Jn 2,1-5), y al final, a los pies de la Cruz (Jn 19,25-27). Estos dos episodios, exclusivos del evangelio de Juan, tienen un valor simbólico muy profundo. El evangelio de Juan, comparado con los otro tres evangelios es como una radiografía, mientras que los otros tres no son que una fotografía. La radiografía ayuda a descubrir en los acontecimientos dimensiones que la mirada común no llega a percibir. El evangelio de Juan, además de describir los hechos, revela la dimensión simbólica que en ellos existen. Así, en los dos casos, en Caná y en la Cruz, la Madre de Jesús representa simbólicamente el Antiguo Testamento que aguarda la llegada del Nuevo Testamento y, en los dos casos, contribuye en la llegada del Nuevo. María aparece como el anillo entre lo que había antes y lo que vendrá después. En Caná, simboliza el AT, percibe los límites del Antiguo y toma la iniciativa para que el Nuevo pueda llegar. Va a hablar al Hijo: “¡No tienen vino!” (Jn 2,3). ¿Y en el Calvario? Veamos:
• Juan 19, 25: Las mujeres y el Discípulo Amado junto a la Cruz. Así dice el Evangelio: “La madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena estaban junto a la cruz”. La “fotografía” muestra a la madre junto con el hijo, de pie. Mujer fuerte, que no se deja abatir. “Stabat Mater Dolorosa!” Ella es una presencia silenciosa que apoya al hijo en su entrega hasta la muerte, y a la muerte de cruz (Fil 2,8). Además de estos, la “radiografía” de la fe muestra cómo se realiza el paso del AT al NT. Como en Caná, la Madre de Jesús representa el AT. El Discípulo amado representa el NT, la comunidad que creció alrededor de Jesús. Es el hijo que nació del AT, la nueva humanidad que se forma a partir de la vivencia del Evangelio del Reino. Al final del primer siglo, algunos cristianos pensaban que el AT ya no era necesario. De hecho, al comienzo del siglo segundo, Marción rechazó todo el AT y se quedó solamente con una parte del NT. Por eso, mucho quierían saber cuál es la voluntad de Jesús al respecto.
• Juan 19,26-28 : El Testamento o la Voluntad de Jesús. Las palabras de Jesús son significativas. Viendo a su madre y a al lado de ella, al discípulo que él amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienen a tu hijo.» Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» El Antiguo y el Nuevo Testamento deben caminar juntos. A petición de Jesús, el discípulo amado, el hijo, el NT, recibe a la Madre, el AT, en su casa. En la casa del Discípulo Amado, en la comunidad cristiana, se descubre el sentido pleno del AT. El Nuevo no se entiende sin el Antiguo, ni el Antiguo es completo sin el Nuevo. San Agustín decía: “Novum in vetere latet, Vetus in Novo patet”. (El Nuevo está escondido en lo Antiguo, el Antiguo desemboca en el Nuevo). El Nuevo sin el Antiguo sería un edificio sin fundamentos. Y el Antiguo sin el Nuevo sería un árbol de fruta que no llega a dar frutos.
• María en el Nuevo Testamento. De María se habla poco en el NT, y ella misma habla menos aún. María es la Madre del silencio. La Biblia conserva apenas siete palabras de María. Cada una de estas siete palabras es como una ventana que permite mirar hacia dentro de la casa de María para descubrir cómo ella se relacionaba con Dios. La llave para entender todo esto nos la da Lucas en esta frase: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.» (Lc 11,27-28)
1ª Palabra: «¿Cómo puede ser esto si no conozco hombre?» (Lc 1,34)
2ª Palabra: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.» (Lc 1,38)
3ª Palabra: «Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador» (Lc 1,46-55)
4ª Palabra: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos» (Lc 2,48)
5º Palabra: «¡No tienen vino!» (Jn 2,3)
6ª Palabra: «Haced lo que él os diga!» (Jn 2,5)
7ª Palabra: El silencio a los pies de la Cruz, más elocuente que mil palabras (Jn 19,25-27)

4) Para la reflexión personal

• María a los pies de la Cruz. Mujer fuerte y silenciosa. ¿Cómo es mi devoción a María, la madre de Jesús?
• En la Pietà de Miguelangel, María aparece bien joven, más joven que su hijo crucificado, cuando ya tenía que tener como mínimo alrededor de 50 años. Al preguntarle al escultor porqué había esculpido el rostro de Maríal tan joven, Miguel Angel contestó: “Las personas apasionadas por Dios no envejecen nunca”. ¡Apasionada por Dios! ¿Hay en mí esta pasión?

5) Oración final

¡Qué grande es tu bondad, Yahvé!
La reservas para tus adeptos,
se la das a los que a ti se acogen
a la vista de todos los hombres. (Sal 31,20)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

XIV. EL VINO NUEVO

1.- LOS AMIGOS DEL ESPOSO. LOS ODRES

Mt 9, 14-17; Mc 2, 18-22; Lc 5, 33-39

Por aquellos días se encontraban en Cafarnaún algunos discípulos del Bautista que, imitando la austeridad de vida de su maestro, practicaban ayunos frecuentes y rezaban a horas fijas largas oraciones. También los fariseos, y en general los israelitas piadosos, ayunaban a menudo. Aunque la legislación mosaica no prescribía más que un solo ayuno cada año, en la fiesta del Gran Perdón (Yom Kippur) o de la Expiación, esta práctica de penitencia era tan normal en aquel tiempo que se recomendaba con frecuencia a las almas piadosas. Jesús tampoco quiso abolirla, y la Iglesia primitiva no solo la conservó, sino que la aconsejaba con insistencia a los cristianos como medio para purificar el alma y acercarse más a Dios.

El día del banquete de Mateo coincidió precisamente, según nos dice san Marcos, con un día de ayuno de los discípulos del Bautista y de los fariseos. Esta circunstancia ponía más de relieve el contraste entre unos y otros: quienes ayunaban y los que participaban en el banquete. Por eso vinieron a Jesús y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia, y en cambio tus discípulos no ayunan? (Mt). Parecen molestos y reticentes.

El Maestro les responde con un lenguaje familiar: ¿Pueden estar de duelo los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Días vendrán en que se les arrebatará al esposo; entonces ayunarán (Mt). La imagen empleada por Jesús era muy gráfica y tanto más eficaz cuanto poco antes la había empleado el mismo Juan para representar al Mesías como al esposo bajado del cielo para celebrar sus bodas. Los amigos del esposo son, naturalmente, sus discípulos, que viven el tiempo de las bodas y, por tanto, días de fiesta y de alegría. La imagen del esposo había sido empleada también por los profetas para señalar las relaciones de Dios con su pueblo[1]. El Señor, comparándose aquí al esposo, hace una velada declaración de su divinidad. El Esposo, Jesús, es Dios mismo.

Jesús no censuraba los ayunos de los fariseos y de los discípulos de Juan Bautista, solo reclama libertad para los suyos en un asunto que la Ley de Moisés no prescribía[2].

Sin embargo, el Esposo, Jesús, les será arrebatado. Es la primera alusión clara del Señor a su pasión y muerte. Y entonces será necesaria la penitencia. Cuando Cristo no esté visiblemente presente, la penitencia será necesaria para verle con los ojos del alma.

El Señor añade nuevas consideraciones, presentadas en forma de breves parábolas. Nadie echa un remiendo… Quienes le escuchaban sabían de remiendos en los vestidos, y todos también, acostumbrados a las faenas del campo, conocían lo que pasa cuando se echa el vino nuevo, sacado de la uva recién vendimiada, en los odres viejos[3]. Con estas imágenes sencillas y bien conocidas enseñaba el Señor las verdades más profundas acerca del Reino que llegaba ya a las almas.

Jesús declara la necesidad de acoger su doctrina con un espíritu nuevo, joven, con deseos de renovación; pues de la misma manera que la fuerza de la fermentación del vino nuevo hace estallar los recipientes ya envejecidos, así también el mensaje de Cristo tenía que romper todo anquilosamiento. Sus discípulos no recibieron su predicación como una interpretación más de la Ley, sino como una vida nueva que requería un cambio radical en el corazón, en la manera de pensar.

Hubiera sido desastroso intentar remendar con tela nueva el envejecido judaísmo. Los vestidos gastados y los odres viejos representan a las instituciones del Antiguo Testamento, que ya habían cumplido su fin. Una mezcla indiscriminada de ambos Testamentos hubiera producido lamentables consecuencias. Esta doctrina la desarrollará ampliamente san Pablo en la Carta a los Gálatas. Ya se echaron de ver las consecuencias cuando, poco después de la muerte de Jesús, los judaizantes promovieron en la naciente Iglesia un conato de cisma, al querer conservar viejas instituciones –como la circuncisión– que no tenían sentido alguno después de la llegada del Mesías.

San Lucas nos ha dejado una tercera comparación, que expresa en el fondo la misma verdad: Y ninguno acostumbrado a beber vino añejo quiere del nuevo, porque dice: el añejo es mejor. El añejo es mejor, ¡mucho mejor! Es más dulce y sabroso al paladar. Sin embargo, ahora ocurre al revés: Cristo es el mejor vino, más dulce que todo lo anterior.


[1] Os 2, 18-22; Is 54, 5 ss.

[2] La Iglesia conservó las prácticas penitenciales en el espíritu definido por Jesús. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones del culto acompañadas de ayuno. San Pablo, durante su desbordante labor apostólica, no se contenta con padecer hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos.

[3] El odre (en griego asks) era una piel de animal (cabra o macho cabrío) con la parte interna hacia afuera, cuyas aberturas se cosían para poder guardar líquidos, en especial agua, leche y vino. Estas vasijas eran utilizadas sobre todo por nómadas y campesinos, pues permitían tener el líquido resguardado y además se podía trasladar con más facilidad.

Comentario – Martes XXIV de Tiempo Ordinario

Jesús, acompañado de sus discípulos y de mucha gente, iba camino de una ciudad llamada Naín. Ya cerca de la ciudad se encontraron con un cortejo fúnebre. El muerto era el hijo único de una viuda. Un gentío considerable de la ciudad la acompañaba en esos momentos de dolor. Al verla, Jesús sintió lástima de ella y le dijo: No llores. Quería consolar a esa pobre viuda que había perdido lo que más apreciaba en este mundo, a su único hijo.

Pero en el plan del Maestro no estaba sólo consolarla con palabras amables, sino devolverle la alegría, entregándole a su hijo de nuevo con vida. Con este propósito se acercó al ataúd y, dirigiéndose al difunto, dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! Bastó esta simple alocución para despertar al muerto de su letargo. Éste se incorporó y empezó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre. Mejor regalo no le podía hacer. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

Acciones como éstas no podían no provocar asombro y sobrecogimiento, pues interrumpían el curso ordinario de los acontecimientos con una fuerza extraordinaria. Pasar del asombro a la glorificación del Señor de la naturaleza era relativamente sencillo. Bastaba tener una cierta sensibilidad religiosa para reconocer en la prodigiosa intervención de Jesús la mano de Dios. Dios se había hecho presente con su poder y bondad en ese hombre que hacía tales obras. Reconocían la presencia entre ellos de un gran profeta, que merecía todo su aprecio, un profeta que había surgido de sus propias filas y que tenía sus raíces en el suelo vital de la casa de David, pero en el cual Dios visitaba a su pueblo.

En Jesús y en sus portentosas acciones, Dios visitaba a su pueblo esparciendo sobre él el torrente de sus bendiciones. Era el Dios de la vida que, en sus frecuentes visitas, derramaba vida sobre esta humanidad asaeteada por la muerte. No se preguntan por el origen de esta muerte, siempre al acecho. Se limitan a constatar su cotidianeidad y su avance imparable, pues no se detiene ante las vidas pujantes, repletas de vigor y juventud; pero, al mismo tiempo, se dejan remover por el impacto de hechos como el que acaban de presenciar, en el que una fuerza extraordinaria irrumpe de repente en la mazmorra misma de la muerte para arrebatarle su presa. Es el poder manifiesto de la vida, que no es otro que el poder del Creador, Señor de la vida y de la muerte.

Tal es el poder que resplandece como un destello en las obras de Jesús. La percepción de este poder benéfico no puede sino llevar a la glorificación del que está en su posesión y al reconocimiento del que lo ejerce en su nombre. ¡Ojalá que el Señor nos permita percibir este poder en su creación y en la intermediación de sus profetas de modo que crezca nuestra fe en Él y en sus promesas!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

Estima de la profesión de los consejos evangélicos

46. Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su medio, la Iglesia muestre de hecho mejor cada día ante fieles e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplación en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envió.

Tengan todos bien entendido que la profesión de los consejos evangélicos, aunque implica la renuncia de bienes que indudablemente han de ser estimados en mucho, no es, sin embargo, un impedimento para el verdadero desarrollo de la persona humana, antes por su propia naturaleza lo favorece en gran medida. Porque los consejos, abrazados voluntariamente según la personal vocación de cada uno, contribuyen no poco a la purificación del corazón y a la libertad espiritual, estimulan continuamente el fervor de la caridad y, sobre todo, como demuestra el ejemplo de tantos santos fundadores, son capaces de asemejar más al cristiano con el género de vida virginal y pobre que- Cristo Señor escogió para si y que abrazó su Madre, la Virgen. Y nadie piense que los religiosos, por su consagración, se hacen extraños a los hombres o inútiles para la sociedad terrena. Porque, si bien en algunos casos no sirven directamente a sus contemporáneos, los tienen, sin embargo, presentes de manera más íntima en las entrañas de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificación de la ciudad terrena se funde siempre en el Señor y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quienes la edifican.

Por lo cual, finalmente, el sagrado Sínodo confirma y alaba a los varones y mujeres, a los Hermanos y Hermanas que en los monasterios, o en las escuelas y hospitales, o en las misiones, hermosean a la Esposa de Cristo con la perseverante y humilde fidelidad en la susodicha consagración y prestan a todos los hombres los más generosos y variados servicios.

Recursos – Ofertorio Domingo XXV de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE LA HOJA PARROQUIAL

(Sería bueno que fuera alguien que trabaja en la elaboración de la misma o en otros medios de comunicación existentes en la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Hoy, Señor, tras escuchar el domingo pasado la llamada del Consejo Pastoral, te ofrecemos el PROGRAMA de esta comunidad, de sus actividades, con sus horarios y personas responsables de cada campo de acción. Con ello te presentamos el esfuerzo de cada persona por construir JUNTOS y JUNTAS el edificio de tu comunidad; también, nuestro compromiso por responder a los desafíos que nos vienen del entorno. Ayúdanos, Señor, en esta bonita pero inmensa tarea que tenemos delante. Gracias porque Tú vas a estar con nosotros y con nosotras.

PRESENTACIÓN DEL CORO PARROQUIAL

(En caso de existir un coro comunitario, con su director o directora. Éste o ésta debiera ser quien hiciera esta ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: En los evangelios escuchamos, Señor, que al sordomudo le abriste sus oídos para escuchar tu Palabra y le liberaste la lengua para la confesión de fe y el canto de tu alabanza. Nosotros y nosotras creemos, Señor, que Tú nos has curado, y por eso, con nuestra fe, queremos alabarte en medio de esta comunidad y con ella. Ayúdanos a ser un testimonio vivo de fe y de esperanza con nuestros cantos.

(Inmediatamente después todos y todas cantan: «Gloria, gloria, aleluya»)

PRESENTACIÓN DE UN MICRÓFONO

(Puede hacer esta ofrenda el o la responsable en la comunidad de la atención social y caritativa)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este micrófono, como símbolo de mi compromiso personal y de todos y de todas y cada uno y cada una de los miembros de la comunidad para prestar nuestra voz a los y a las más pobres, para que se puedan oír sus lamentos y se denuncien sus injustas situaciones, pues estamos convencidos y convencidas de que, si no prestamos nosotros y nosotras la voz y la denuncia, no se les permite protestar a los y a las más pobres.

PRESENTACIÓN DE UNA CAJA DE HERRAMIENTAS

(Es bueno que lo presente una persona que se empeña en el mantenimiento dentro de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Hoy, Señor, en mi nombre y de las personas que nos encargamos del mantenimiento dentro de la comunidad, te presentamos nuestro callado trabajo en bien de todos y de todas. Te pedimos que lo acojas porque es nuestra manera de colaborar en la causa de tu Reino. Acoge nuestro estar en un segundo plano, pero Tú sabes bien que no nos importa, porque estamos convencidos y convencidas de que también nuestro trabajo tiene su importancia para que todo funcione bien. Gracias, Señor, por contar con nosotros y nosotras para construir tu familia y tu Reino.

PRESENTACIÓN DE UN AMBIENTADOR

(Puede hacer la ofrenda una persona adulta de la comunidad que esté involucrada en alguna tarea reconocida)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo este AMBIENTADOR que tanto utilizan nuestras madres en casa para dar un buen “toque” a cada rincón de ese espacio tan significativo como es nuestra casa. Hoy te presentamos en nombre de todos y de todas los y las Agentes de pastoral de nuestra comunidad y de cuantos y cuantas nos reunimos en las celebraciones. Queremos ofrecerte el compromiso de hacer realidad, con nuestra acogida y con nuestras actitudes, ese buen ambiente, donde las personas se sientan bien y a gusto. Acoge, Señor, nuestro deseo y danos tu Espíritu para que lo hagamos realidad.

PRESENTACIÓN DE UN BASTÓN

(La ofrenda la puede hacer cualquier persona adulta de la comunidad. El bastón, de ser posible, debiera ser el especial de un ciego o una ciega)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco este bastón, porque quiero ser, así como todos y todas y cada uno y cada una de los miembros de la comunidad, un lazarillo para los otros, para las otras. Ábreme los ojos, Señor, para que no sea un ciego que guía a otros ciegos. Lléname de tu luz, para que pueda ser reflejo de ella en medio de un mundo que se mueve en la oscuridad y anda a tientas.

Oración de los fieles – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Señor, tú que estás cerca de tu pueblo que te invoca, concédenos con inmensa largueza, lo que con fe sincera te pedimos:

ACOGE NUESTRA PLEGARIA, SEÑOR

1. – Por el Papa, los obispos y las personas consagradas que trabajan en su viña, para que el Señor les ayude y acompañe todos los días de su vida en la labor de construir y extender el Reino. OREMOS

2. – Por los jóvenes que escuchan la llamada de Dios y por aquellos que, en los Seminarios, se preparan para difundir la buena noticia por todo el mundo. OREMOS

3. – Por todas las personas se encuentran lejos de Dios, o que tienen dudas en su seguimiento, para que entiendan que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos. OREMOS

4. – Por todos los que sufren algún mal, o están enfermos, para que sientan, que en ese momento de dificultad, el Señor también los llama. OREMOS

5. – Por todos los que colaboran en la parroquia; catequistas, ministros, lectores, en el Consejo Parroquial o Caritas, para que encuentren en la humildad que emana del evangelio, el modelo a seguir en su forma de vida. OREMOS

6.- Por todos los aquí reunidos para que, como nos pide Pablo, llevemos una vida digna del Evangelio de Cristo. OREMOS

Señor, Tú que eres bondadoso en todas tus acciones, concede a tu Iglesia peregrina ser capaces de vivir con la alegría y el compromiso de haber sido llamado a continuar la obra que tú iniciaste, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Impulsados por el Espíritu y unidos a Jesucristo, presentemos al Padre nuestra oración confiada.

ESCÚCHANOS, PADRE.

1.- Por todos los que formamos la Iglesia, para que seamos fieles a la misión que Jesús nos encomendó. OREMOS.

2.- Por los enfermos, los ancianos, los que se encuentran solos, para que los respetemos y valoremos, como lo hacía Jesús. OREMOS

3.- Por los inmigrantes, que se han visto obligados a abandonar sus pueblos por motivos de trabajo, para que sean bien acogidos y se adapten a su nueva situación. OREMOS

4.- Por la familia, tan importante en nuestra sociedad, para que acepte sus responsabilidades, desde el respeto, el amor y la entrega. OREMOS

5.- Por todos los que compartimos la Eucaristía, para que sepamos amarnos como Dios nos ama. OREMOS.

Padre lleno de bondad, que por el amor que nos tienes enviaste a tu Hijo para salvarnos; recibe nuestra súplica, y que la acción del Espíritu Santo en nosotros la convierta en realidad.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Virgen de los Dolores

Nuestra Señora de los Dolores

Antes de subir al Calvario –somos frágiles y pequeños- vamos a verla en la calle, una tarde del Viernes Santo. ¡Cómo la retrata la piedad popular! Virgen de los Dolores, de la Soledad, de la Piedad; siete puñales le atraviesan el corazón o, al menos la espada de la que le habló el anciano Simeón. Casi siempre un manto negro la cubre.  Su rostro, aun lleno de llanto y dolor, logra un tono sereno, como penetrado por la fe.

María es la Madre del Crucificado. Está asociada, por sus dolores, a la muerte del Redentor. La mujer, esclava del Señor por su fe, está junto a su hijo que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. La que había estado alejada en los momentos de la gloria de los milagros  y la seducción de la palabra, acude ahora, presurosa, en la hora del supremo dolor y de la muerte. Está aquí, como estuvo en todos los momentos difíciles, a lo largo de la vida de Jesús; en la pobreza del pesebre al nacer, en la persecución y exilio con Herodes, cuando abandonaba su familia para predicar el Reino, cuando sufre el rechazo de los jefes políticos y religiosos.

Es que María va a ser, otra vez, Madre. Las palabras de Cristo en la cruz cobran una eficacia casi sacramental. “Mujer, he ahí a tu hijo”. En el discípulo amado hemos sido constituidos hijos de María. Algunos hacen constar que no se lo dice a Pedro sino a otro discípulo. ¿A Juan? Aquí, la maternidad no va en el plano jerárquico sino en el de la intimidad, en el de las relaciones individuales y filiales. Sólo nos queda,  como apunta el evangelio, recibirla en nuestra casa. La Iglesia es la casa de María; la Iglesia tiene una Madre.

Como Jesús, hemos de sentir cerca a María en los momentos de dolor. Ella es la madre querida de tantos hijos crucificados por la injusticia, la opresión y el desamor. Es más, no solamente nos beneficiamos de su cercanía cuando nos aguijonea un padecimiento. Con ella, queremos ir al encuentro de los que sufren. El cristiano ha de combatir el dolor, luchar contra las causas del dolor. Más aún, los creyentes tenemos muchos resortes para transformar y trasfigurar el dolor; el saber escuchar, el llevar consuelo, el infundir esperanza, el rezar con oportunidad, el estimular desde nuestra fe y tantos recursos, ayudan a hacer más buenas, más esperanzadas a las personas sufrientes.

Ya que nos entra por los ojos la presencia de María junto al dolor de su hijo, ella puede ser un modo de sacramento que nos haga visible y nos diga más claro que Dios sufre siempre al lado de sus hijos. Cosa que ya sabíamos.