Vísperas – San Cornelio y san Cipriano

VÍSPERAS

SAN CORNELIO, papa y SAN CIPRIANO, obispo, mártires

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.

Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cirineos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
llevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.

Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
y la luz del sol tiñe de rojo el alto cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidores.

Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos la milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz, y su fama vive por generaciones.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz, y su fama vive por generaciones.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Vi las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vi las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Éstos son aquellos santos que entregaron sus cuerpos para ser fieles a la alianza de Dios y han lavado sus mantos en la sangre del Cordero.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

R/ Aclamadlo, los de corazón sincero.
V/ Y gozad con el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh muerte preciosa, que compra la inmortalidad al precio de su sangre.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh muerte preciosa, que compra la inmortalidad al precio de su sangre.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que has puesto al frente de tu pueblo, como abnegados pastores y mártires intrépidos, a los santos Cipriano y Cornelio, concédenos, por su intercesión, fortaleza de ánimo y de fe para trabajar con empeño por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXIV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 7,31-35
«¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo:
`Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado.’
«Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.’ Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publícanos y pecadores.’ Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy vemos como la novedad de la Buena Nueva fue avanzando de tal modo que las personas agarradas a las formas antiguas de la fe quedaban como perdidas sin entender nada de la acción de Dios. Para esconder su falta de apertura y de comprensión ellas se defendían y buscaban pretextos infantiles para justificar su actitud de no aceptación. Jesús reacciona con una parábola para denunciar la incoherencia de sus adversarios: “¡Os parecéis a niños que no saben lo que quieren!»
• Lucas 7,31: ¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? A Jesús le parece extraña la reacción de la gente y dice: «¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?” Cuando una cosa es evidente y las personas, o por su ignorancia o por mala voluntad no quieren darse cuenta o no sen dan cuenta, es bueno encontrar comparaciones que hablan por sí solas.
• Lucas 7,32: Como niños, in fundamento. La comparación que Jesús encuentra es ésta: Vosotros os parecéis a “los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: «En el mundo entero hay niños mimados y que tienen la misma reacción. Reclaman cuando los otros no hacen y actúan como ellos quieren. El motivo de la queja de Jesús es la manera arbitraria con que, en el pasado, reaccionaron ante Juan el Bautista y, ahora en el presente, ante el mismo Jesús.
• Lucas 7,33-34: Su opinión sobre Juan y Jesús. “Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.’ Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Jesús fue discípulo de Juan Bautista, creían él y se hizo bautizar por él. Fue cuando el bautismo que él tuvo la revelación del Padre respecto de su misión como Mesías Siervo (Mc 1,10). Al mismo tiempo, Jesús resalta la diferencia entre él mismo y Juan. Juan era más severo, más ascético, ni comía, ni bebía. Quedaba en el desierto y amenazaba a la gente con los castigos del Juicio Final (Lc 3,7-9). Por esto decían que tenía un demonio, que estaba poseído. Jesús era más acogedor, comía y bebía como todo el mundo. Andaba por los poblados y entraba en la casa de la gente, acogía a las prostitutas y a los recaudadores de impuestos. Por eso decían que era comilón y que se emborrachaba. A pesar de generalizar al hablar de “los hombres de esta generación” (Lc 7,31), probablemente, Jesús tiene en mente la opinión de las autoridades religiosas que no creían en Jesús (Mc 11,29-33).
• Lucas 7,35: La conclusión obvia a la que Jesús llega. Y Jesús termina sacando la conclusión: “Y la sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos”. La falta de seriedad y de coherencia aparece claramente en la opinión que emiten sobre Jesús y Juan. La mala voluntad es tan evidente que no necesitaba de prueba. Esto hacer recordar la respuesta de Job a sus amigos que pretendían ser sabios: “¿Quién podría obligaros a guardar silencio? ¡Esto sería el único acto sabio de vosotros!” (Job 13,5).

4) Para la reflexión personal

• Cuando emito una opinión sobre los otros, ¿soy como los fariseos y los escribas que opinaban sobre Juan y Jesús? Ellos apenas expresaban sus ideas preconcebidas y nada informaban sobre las personas que eran juzgados por ellos.
• ¿Conoces a grupos en la Iglesia de hoy que merecerían la parábola de Jesús?

5) Oración final

¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé,
el pueblo que escogió para sí como heredad!
Yahvé observa de lo alto del celo,
ve a todos los seres humanos. (Sal 33,12-13)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 16-20a

16Pero los soldados lo condujeron dentro del patio, es decir, del pretorio, y convocaron a la cohorte entera. 17Y lo visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la colocan sobre su cabeza.

18Y comenzaron a saludarlo: “Salve, rey de los judíos”.

19 Y golpeaban su cabeza con una caña, y le escupían y, arrodillándose, lo adoraban.  20Y cuando se habían burlado de él, le despojaron de la púrpura y le pusieron su propia ropa. Y lo conducen fuera para crucificarlo.

15,16-20a: La primera etapa de estas burlas ocurre cuando Jesús está en manos de los soldados romanos en el pretorio, el palacio del gobernador. Comienza cuando llevan a Jesús al patio de este edificio (15,16a), donde el grupo de soldados, a quienes ha sido confiado, convoca desinteresadamente a «la cohorte entera», para darle la posibilidad de participar en la diversión de atormentar al preso (15,16b). La movilización de toda una cohorte por este motivo resulta inverosímil; probablemente la frase es una generalización de la culpabilidad, como «el Sanedrín entero» en Mc 14,55. Así pues, las autoridades judías y los soldados romanos coinciden en burlarse de Jesús y en entregarlo a la muerte.

El que los burladores sean militares es importante; pero los detalles de las burlas lo son aún más. Los detalles reflejan los triunfos romanos, en los que los generales victoriosos eran a veces coronados, vestidos de púrpura y aclamados por sus soldados; nuestro pasaje, pues, representa una especie de «antitriunfo». Pero nuestro pasaje es más una burla que una verdadera coronación. La parodia comienza con un traje y una coronación burlescos, seguidos de una aclamación real (15,17-18); en ambos casos, por tanto, la víctima recibe la librea de rey antes de la aclamación como tal. A Jesús lo visten con un ropaje purpúreo, un color que estaba especialmente relacionado con la realeza, como lo estaban también las coronas; el único elemento aquí que parece no encajar son los golpes en la cabeza a Jesús con una caña. Puede ser que este elemento haya sido insertado aquí como alusión a Is 42,1-4, un pasaje que habla «de una caña quebrada» y que presenta varias conexiones temáticas con nuestra sección del evangelio: como en otros lugares de Marcos, la imagen del poderoso mesías real se funde extrañamente con el atormentado «hombre de dolores» de Isaías (cf. 8,27-33).

Cuando los soldados han concluido su diversión con Jesús, le quitan la vestimenta purpúrea con la que burlonamente lo habían ataviado y le devuelven su propia ropa (15,20a). La escena está ahora preparada para la crucifixión.

Comentario – Miércoles XXIV de Tiempo Ordinario

Jesús compara su generación con niños sentados en la plaza que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis». Esperan, pues, que los demás se muevan al ritmo que ellos tocan y sintonicen con el tipo de melodía que ellos entonan, es decir, pretenden ser la medida de cuantos les rodean y les contemplan. Jesús recurre a esta comparación para aplicarla de inmediato a la actitud que sus contemporáneos han adoptado ante dos personajes de signo aparentemente distinto que han comparecido en la escena socioreligiosa de su tiempo: Juan el Bautista y el mismo Jesús. Porque vino –decía él- Juan, que ni comía ni bebía, y decís: «Tiene un demonio». Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores».

Aparentemente, Juan y Jesús adoptan conductas contrapuestas. Mientras el primero se presenta como modelo de austeridad y ayuno, ni come ni bebe, el segundo actúa más bien como una persona «normal», que se deja invitar a banquetes y bodas y que come y bebe de lo que le ponen, hasta ganarse la fama de comilón y borracho. Pero tanto uno como otro merecen la crítica negativa de quienes se sitúan ante ellos como jueces que sentencian con extrema facilidad y ligereza al modo de aquellos niños caprichosos que, sentados en la plaza, reprochaban a otros no cumplir con sus expectativas. Los ayunos de Juan son vistos como propios de alguien que está poseído por el demonio de la austeridad; las comidas y bebidas de Jesús, como los de alguien que está dominado por el demonio de la gula o de la intemperancia.

En Juan les desconcierta su extremismo ascético; en Jesús, su «normalidad» y su extrema familiaridad con publicanos y pecadores. Ambas actitudes son objeto de su crítica acerba, que brota de un narcisismo casi adolescente. Nada les satisface. Nada les parece bien. Hagan una cosa o su contraria, serán criticados. En el fondo hay una predisposición a no aceptar nada que proceda de ellos, porque los vetados son ellos mismos. Jesús parece hacer extensiva esa actitud que es característica de los fariseos a su generación. Porque fueron precisamente los fariseos, en su gran mayoría, los que no creyeron en Juan ni en Jesús como enviados de Dios. Jesús les echará en cara esta incredulidad en alguna ocasión. Y también a él le acusaron de estar poseído por el demonio o de obrar con el poder de Belzebú.

Pero los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón. A pesar de las críticas e incomprensiones, los discípulos de la Sabiduría (otra lectura dice: los hechos dan razón a la Sabiduría de Dios) acabarán dándole la razón, lo mismo que los hechos, que acabarán dando la razón a la Sabiduría de Dios que se ha manifestado tanto en Juan como en Jesús. Ambos son portadores de la sabiduría divina y ambos actúan –cuando comen y cuando no comen- en conformidad con la voluntad de Dios. Alguno podría pensar que la muerte con que ambos acaban su vida –uno, decapitado por Herodes, y otro crucificado por Pilato- no les daba precisamente la razón. Pero hay una historia posterior a ese término que quita la razón a sus críticos, opositores y adversarios, y se la da a ellos.

Es la historia de sus seguidores que les engrandecen y les aúnan; es la historia del cristianismo que brota de la resurrección de Cristo. Esta historia, con todos sus hechos martiriales, virginales, con todos sus frutos, les está dando la razón, y con ellos a la Sabiduría de Dios de que estaban investidos. Si esto es así, son los mismos hijos de la Sabiduría los que, con su seguimiento y testimonio martirial, les están dando la razón, que es dar la razón a la Sabiduría con la que obraban y que era sometida a la crítica de aquella generación de mentalidad farisaica o narcisista. Ojalá que el Señor nos encuentre hijos de esta Sabiduría y no intérpretes carentes de sensibilidad para apreciar las manifestaciones de Dios en nuestra historia y humanidad. Porque puede suceder que una mentalidad excesivamente crítica o cientifista nos impida ver, como a los fariseos coetáneos de Jesús, esas manifestaciones de Dios en nuestro mundo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

Perseverancia

47. Todo el que ha sido llamado a la profesión de los consejos esmérese por perseverar y aventajarse en la vocación a la que fue llamado por Dios, para una más abundante santidad de la Iglesia y para mayor gloria de la Trinidad, una e indivisible, que en Cristo y por Cristo es la fuente y origen de toda santidad.

Comentario Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Padre Bueno, gracias por llamarnos a trabajar en tu viña, sea a la mañana, a mediodía o al atardecer. Gracias por fijarte en nosotros y considerarnos dignos, seamos “primeros” o “últimos”, “pequeños” o “grandes”, “ignorantes” o “sabios”… Danos el amor suficiente para trabajar cada día, sin esperar salarios al estilo humano. Danos espíritu de hijos que se saben herederos de tu Reino y trabajan en él como en casa propia. Danos corazón fraterno para trabajar con otros, mano con mano, sin pretender ser más que ellos. Danos corazón de hijos y hermanos en la viña de tu Reino, Padre Bueno. AMÉN.

 

Mt 20, 1-16

«1Porque es semejante el Reino de los cielos a un propietario que salió al amanecer a contratar jornaleros para su viña. 2Después de ajustarse con los jornaleros en un denario por jornada, los envió a su viña. 3Y, saliendo hacia la hora tercia [9 de la mañana], vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, 4y les dijo: “Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo”. 5Ellos fueron. Saliendo de nuevo hacia la hora sexta [mediodía] y la nona [media tarde], e hizo lo mismo. 6Saliendo hacia la hora undécima [al caer la tarde], encontró a otros, parados, y les dice: “¿Cómo es que estáis aquí, el día entero, sin trabajo?”. 7Le dicen: “Nadie nos ha contratado”. Les dice: “Id también vosotros a la viña”.

8Llegada la noche, dice el señor de la viña a su administrador: “Llama a los jornaleros y dales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. 9Y viniendo los de la hora undécima, recibieron un denario. 10Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario. 11Entonces se pusieron a protestar contra el propietario: 12“Estos últimos han trabajado una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. 13Respondiendo uno de ellos dijo: “Amigo, no soy in- justo contigo. ¿No nos ajustamos en un denario? 14Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. 15¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O ves tú con malos ojos que yo sea bueno?”. 16Así, los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Con el capítulo 19 se inicia una sección narrativa que desembocará en la llegada de Jesús a Jerusalén y el desencuentro con los principales grupos judíos. El texto inmediatamente anterior nos habla de la recompensa prometida a quien se entregue generosamente a la causa del Reino de los cielos, y termina igual que termina nuestro evangelio: los primeros serán últimos y los últimos primeros (19,30; 20,16). Después vendrá el tercer anuncio de la Pasión (20,17-19).

 

TEXTO

El evangelio se estructura en dos partes: los acuerdos del propietario con los jornaleros, con una gran importancia de las horas (vv. 1-7) y el pago del trabajo realizado, que provoca una conversación entre los jornaleros y el señor, destacando el tema de últimos/primeros (vv. 8-15). El v. 16 supone la paradójica enseñanza de Jesús. La parábola manifiesta, a partir de conceptos humanos como “salario justo” o “prestación laboral”, el milagro de la justicia y la bondad de Dios, y separa definitivamente la idea de recompensa de la idea de mérito. Para J. Jeremias, la parábola separa dos mundos: aquí el mérito, allí la gracia; aquí la ley, allí el evangelio.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El final de nuestro evangelio (20,16) repite la sentencia que Jesús pronuncia en 19,30, justo antes de nuestro texto, aunque en orden inverso. Así se forma una inclusión, que es un recurso literario típico de la Escritura y sirve para determinar una unidad literaria. El texto, en su unidad, comienza y termina con la misma frase o palabra, con el mismo mensaje. En este caso, la afirmación de que los últimos son los primeros está al principio, al final y en el centro del pasaje (Mt 19,30; 20,8.16). Esta insistencia quiere decir que es lo más importante de la enseñanza que Jesús quiere transmitir, con esta parábola, respecto a cómo es Dios y su Reino.

No podemos poner a Dios a nuestro nivel (que su justicia sea como nosotros entendemos la justicia, etc.), sino justamente al revés: Dios es, y no nosotros, “la medida de todas las cosas”.

• El evangelio es una parábola del Reino que hoy se compara con un propietario que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Él se define a sí mismo en el versículo 15: «Yo soy bueno». Considerando Lc 6,35 y Mt 19,17 (“Uno solo es el Bueno”), identificamos al propietario con Dios Pa- dre. La viña es importante en la parábola. Se menciona cinco veces ( vv. 1.2.4.7.8), tres de ellas, con el pronombre posesivo. Está claro que es “su” viña, aquí imagen del Reino de Dios. ¿Somos conscientes de que trabajamos en la viña de “otro”, o nos gusta “hacer de nuestra capa un sayo”? ¿Somos conscientes de que ese otro es un Padre bueno al que tenemos que representar?

• El propietario sale hasta en cinco ocasiones a buscar jornaleros para su viña (Dios no deja de llamar, pero ¿encontrará oídos que sepan escuchar?). El acento recae sobre los últimos jornaleros, los de la hora undécima, en los que nadie se había fijado ni contado con ellos (imagen de los marginados de aquella sociedad, excluidos de la atención y preferencia de las élites religiosas y políticas), pero Jesús indica que Dios cuenta con ellos. ¿Te sientes llamad@ por Dios a trabajar en su viña? ¿Más que otros o con más derechos que otros?

• Fin de la jornada: todo tiene un final inesperado. El modo de obrar del dueño supone una inversión de los criterios con los que nosotros juzgamos justo un proceder. Ese comportamiento del dueño desconcierta e indigna a los obreros de la primera hora. ¿Qué te sugiere ese modo de actuar del propietario, de Dios? ¿A qué te mueve?

• El propietario responde con firmeza y suavidad a las quejas de los obreros. Él ha sido justo con los primeros, pues les ha pagado lo convenido. Su libertad no está condicionada por nada ni por nadie: es libre para hacer como quiera en sus asuntos. Y su bondad le hace desear pagar por igual a todos. Por el contrario, los trabajadores de la primera hora se muestran mezquinos y envidiosos. ¿Dónde te sitúas en esta parábola? ¿Qué lección encuentras?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

XXV Domingo de Tiempo Ordinario
20 de septiembre 2020

Isaías 55, 6-9; Salmo 144; Fil 20-24.7; Mateo 20, 1-16

Los Últimos Serán los Primeros

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’. Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas atenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos’’.

Reflexión

Jesús nos enseña con una parábola como es el Reino de los Cielos, la comunidad que ama y sigue a Jesús. Jesús quiere que sus seguidores deseen lo mejor para sus hermanos siempre, poniendo la felicidad de ellos antes de los suyos. ¿Quién es el propietario? Dios. ¿Quienes son los trabajadores? Los seguidores de Jesús. ¿Por qué se enojan algunos trabajadores? Los que llegaron al final del día recibieron el mismo pago que ellos que trabajaron todo el día. ¿Qué les responde Jesus? Ellos acordaron trabajar por un denario y eso recibieron asi que no hube injusticia. Como propietario, el puede hacer con su dinero lo que quiera. ¿Qué significa el pago en el Reino de Dios? Dios premia con la paz en nuestro corazon y con la vida eterna a los que aman y siguien a Jesús ayudando a construir su Reino. Para seguir a Jesús hay que amar al prójimo y desear su salvación. Nos debemos de alegrar cuando un pecador se convierte y sigue a Jesús y no juzgarlo. ¿Qué significa «los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos»? Los que tratan de servir a Jesús y a su prójimo serán grandes en el Reino de los Cielos. ¿Cómo podemos servir a Jesús y al prójimo? Compartir.
page9image17757504

Actividad

En la siguiente página, colorear y sigue el camino de cada uno hasta el mayordomo y llenar la grilla vacía con la silaba que contiene cada uno. En la otra página, colorear como uno puede amar al prójimo y así ayudar a construir el Reino de los Cielos. Escribir que van a hacer esta semana para amar y servir más al prójimo.

Oración

Jesús, ayúdame a amar como Tú amas y a servir como Tú sirves para ayudar a construir el Reino de los Cielos. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola de los obreros de la viña – Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ello en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vió a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: – Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salio al caer la tarde y encontro a otros, parados, y les dijo: – ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: – Nadie nos ha contratado. El les dijo: – Id también vosotros a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: – Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer, y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: – Estos últimos han trabajado sólo una hora y les has dado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: – Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque soy bueno? Así los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos

Explicación

Jesús nos explicó: El Reino de los cielos es como un propietario que salió a contratar obreros para su finca a diferentes horas del día, y al llegar al final de la jornada a todos les pagó lo mismo. De esta manera nos quiso decir que Dios es tan bueno y misericordioso que a todos nos ama lo mismo, sin importarle cuando comenzamos nosotros a seguir a Jesús, lo único que pide es que le amemos a él y al prójimo.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

VIGESIMOQUINTO DOMINGO: TIEMPO ORDINARIO “A” (Mt. 20, 1-16)

NARRADOR: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

JESÚS: El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de quedar con ellos que les pagaría 10 euros por jornada, los mandó a la viña.

DISCÍPULO1: Con la falta de trabajo que hay, quedarían encantados.

NARRADOR: Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

PROPIETARIO: Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.

DISCÍPULO2: Qué suerte. Otros que pudieron trabajar.

NARRADOR: Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

PROPIETARIO: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

JORNALERO: Nadie nos ha contratado.

PROPIETARIO: Id también vosotros a mi viña.

NARRADOR: Cuando oscureció, el propietario de la viña dijo al capataz:

PROPIETRARIO: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

NARRADOR: Vinieron los del atardecer y recibieron 10 euros cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron 10 euros cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo de la viña.

JORNALERO: Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

PROPIETARIO: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos esta mañana en que os daría 10 euros? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

JESÚS: Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXIV de Tiempo Ordinario

Jesús de Nazaret y Juan el Bautista, frente a frente. El Bautista inquiere: “¿Eres tú?”. Jesús apela a sus obras: “Contad a Juan lo que habéis visto: los ciegos ven y los pobres escuchan la buena noticia”. Y sigue la división de opiniones. Todos, también los publicanos, acogen a Juan; mientras, los fariseos y doctores de la ley rechazan su bautismo. También aquí, el Bautista es precursor, se convierte en signo de contradicción. 

Así las cosas, Jesús, tan buen pedagogo, pasa a la imagen, a la parábola del juego de niños. Un grupo de niños cantan y danzan; otros entonan lamentaciones tristes. Ambos grupos, a la vez, no quieren participar en el juego y se recriminan mutuamente: “no danzáis”, “no lloráis”. Hasta aquí, la imagen. Jesús aterriza. Vino Juan, el austero, hirsuto y asceta, y los jefes religiosos le dan de lado. Viene Jesús, que come y bebe con todos, que viste bien, y le menosprecian como comilón, borracho y amigo de la gente mala. 

Lo dice la gracia popular: “Ni para mí ni para mi amo”, “Ni contigo ni sin ti”, “Ni p`alante ni p`atrás”. Hay personas que se instalan en las “pegas”. Aducen mil razones especiosas, escudriñan mil pretextos para justificar sus pocas ganas de participar, de compartir, de hacer, codo con codo, con los otros. Les gusta etiquetar a personas y proyectos: es demasiado rancio o modernista; es muy radical o laxo; es un devoto en exceso o un laico impenitente. Es decir, se va endureciendo el corazón de cara a Dios y de cara a los demás. En este corazón rebotan todas las palabras, todos los argumentos, todos los sentimientos. Cómo podemos ver esta experiencia en la saña de los enemigos de Jesús; los milagros son cosa del demonio, sus palabras son blasfemas. Todo se tergiversa. Ocurre lo mismo con Papa Francisco: su cercanía es populismo, su palabra clara es poca hondura intelectual, su libertad es temeridad. Da la impresión de que hiere la presencia de personas buenas… ¡porque nos dejan en evidencia! 

Desde otro ángulo, podemos preguntarnos: y nosotros, ¿estamos más cerca de Juan o de Jesús? ¿Nos van más las lamentaciones de los niños, la austeridad, el sacrificio, las normas y prohibiciones o la danza y canciones de los otros niños, de Jesús? Para algunos, predicar la felicidad es quedarse en una religión light, mientras predicar el rigor es ser fiel a la cruz. ¿Pero no dijo Jesús que no debemos ayunar, mientras está “el novio” con nosotros?