Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo XXV de Tiempo Ordinario

• El nacimiento de esta parábola la debemos situar, probablemente, en el debate de Jesús con sus adversarios que le echan en cara que acoja a los que no eran considerados del pueblo de Dios -la «viña»-. Para Jesús, que hasta ahora hayan estado fuera no quita que no puedan empezar a ser miembros de pleno derecho como los demás. El plan de Dios, que llama a todo el mundo, se tiene que cumplir.

• La imagen de «la viña» (1) ya era frecuente en el Antiguo Testamento para hablar de Israel como el pueblo de Dios (Is 5,1- 7; Jr 2,21; Ez 17,6-10; 19,10-14). Los profetas la usan para denunciar infidelidades de los israelitas, concretamente las de los responsables. Jesús, por tanto, en este contexto polémico, se sitúa en la misma línea de los profetas.

• En la época y el país de Jesús (como en otras épocas y países), los trabajadores eventuales se esperaban cada mañana en la plaza hasta que alguien que tenía trabajo por ofrecer venía a contratarlos.

• Lo que no era normal era que los amos saliesen a contratar en las últimas horas del día, ni que hubiera nadie que esperara. Por tanto, Jesús hace una exageración intencionada por tal de dar el mensaje que pretende.

• «Un denario» (2), moneda romana, era el jornal de un trabajador del campo.

• Es evidente que la parábola no se puede leer en clave de justicia laboral ya que, por más que el amo cumple con el contrato, «un denario» (2,9), y, por tanto, no comete «ninguna injusticia» (13), hay un agravio comparativo que provocaría que a la mañana siguiente todos fueran a la plaza «al caer la tarde» (6,9).

• La clave es otra: los dones de Dios no dependen del trabajo ni de los méritos de nadie. Su generosidad no depende de nosotros y va mucho más allá de las categorías humanas de retribución. Su amor es gratuito. Nadie es capaz de merecerlo.

• La parábola es, también, una invitación a no sentir envidia ante la generosidad de Dios. Él ha llamado a todo el mundo a su Reino. También a los paganos. Los «primeros» en haber escuchado la llamada (10), los judíos, no tendrán ningún privilegio especial como no sea el de haber disfrutado de la llamada y de la pertenencia al pueblo a pesar del «peso del día y el bochorno» (12) -es decir, haberlo «dejado todo», como se dice en Mt 19,27-29; Marcos añadirá, a lo de «cien veces más», las persecuciones (Mc 10,30)-. Si no disfrutan esto, este «denario» que ya tienen, puede ser que ellos mismos se excluyan, que pasen a ser «los últimos» (16).

• En todo caso, teniendo en cuenta el capítulo 19, esta parábola es una invitación a vivir entre los últimos: los niños y los que son como ellos (Mt 19,14), o los pobres (Mt 19,21), a los que hay que dar todos los bienes, que es como decir que hay que darse a ellos.