Comentario Domingo XXV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

– Tú conoces nuestra masa, te acuerdas que somos barro (sal 102)
– Soy pequeñ@, pero no olvido tus decretos, dame inteligencia y tendré vida (sal 118)
– Tu justicia es justicia eterna, no quiero olvidar Tu voluntad (sal 118)
– Para que pongas tu confianza en el Señor, te voy a instruir hoy (prov 22, 19)
– Envía tu Sabiduría para que sepa lo que es agradable a tus ojos (sáb. 9, 9) AMÉN.

 

Mt 21, 28-32

«28Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Y acercándose al primero, dijo:

“Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. 29Pero, respondiendo, dijo: “No quiero”, aunque después se arrepintió y fue. 30Y acercándose al segundo, le dijo lo mismo. Pero, respondiendo, dijo: “Voy, Señor”, y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Le dicen: “El primero”.

Les dice Jesús: “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros al Reino de Dios.

32Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no le creísteis, mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron. Pero vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después para creerle”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Hemos dado un pequeño salto en el evangelio de Mateo y nos situamos en el capítulo 21. El contexto en el que se encuentra esta parábola es de tensión y peligro. Después del Discurso Comunitario (Mt 18), Jesús inicia su viaje definitivo hacia Jerusalén (19,1) para afrontar su destino anunciado ya desde Mt 16,21. En Jerusalén, Jesús se convierte en motivo de conflicto. Por un lado el pueblo lo acoge con júbilo (21,1-11). Por otro lado los sumos sacerdotes y escribas lo critican. La situación se va tensando, al punto que Jesús debe pasar la noche fuera de la ciudad (21,17). En Jerusalén Jesús realiza una acción sorprendente: la expulsión de los vendedores del templo (21,12-17) y, al día siguiente, maldice a una higuera, símbolo de la ciudad de Jerusalén y su templo: árbol sin fruto, sólo con hojas (21,18-22). Después entra en el templo y comienza a enseñar a la gente. Mientras está hablando llegan los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo para discutir con Él. Es a ellos a quienes Jesús les dice la parábola de hoy. La tensión irá creciendo con todos los grupos judíos y finalmente Jesús hace una larga y durísima denuncia contra los escribas y fariseos (23,1-36) y una breve y trágica acusación contra Jerusalén, la ciudad que no se convierte (23,37-39).

 

TEXTO

El evangelio se estructura en tres partes: a) la parábola que Jesús dirige a sus interlocutores, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (vv. 28-31a); b) la respuesta de Jesús, durísima, a sus interlocutores (v. 31b); c) el razonamiento de la respuesta (v. 32). En el texto sobresalen tres temas: hacer la voluntad del padre (de Dios), arrepentirse (término que aparece al principio y al final del evangelio) y la fe, creer a Juan en tanto que precursor de Jesús. El relato tiene un fuerte carácter de interpelación (“Qué os parece”, “vosotros”) y enormemente paradójico (los “malos” (publicanos y prostitutas) van por delante de los “buenos” (sumos sacerdotes y ancianos del pueblo) hacia el Reino de Dios.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La pregunta con que comienza el texto es provocadora: Jesús pide a sus oyentes que presten atención y den una respuesta. Aunque en el evangelio son los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, la pregunta nos interpela ahora a nosotros. En base a un hecho familiar muy cotidiano, la parábola pone en cuestión el modo de hacer la voluntad del padre: no se trata de decir que sí o de buenos modales, se trata de obedecer en la práctica al padre. ¿Nuestra fe nos lleva a “decir” o también a “hacer”?

• Jesús aplica la parábola al silencio de sus oyentes frente al mensaje de Juan Bautista (cf. 21,23-27). La respuesta que habían dado se convierte en la sentencia de su condena: los publicanos y las prostitutas son aquéllos que, inicialmente, habían dicho no al padre y que luego habían terminado por hacer la voluntad del padre, porque habían recibido y aceptado el mensaje de Juan Bautista, precursor de Jesús. Mientras ellos, los sumos sacerdotes y ancianos, son aquéllos, que inicialmente habían dicho sí al padre, pero no habían hecho lo que el padre quería, porque no quisieron creer el mensaje de Juan Bautista. Así, por medio de una simple parábola, Jesús lo cambia todo: aquéllos que eran considerados transgresores de la ley y condenados por esto, eran en verdad los que habían obedecido a Dios e intentaban recorrer el camino de la justicia, mientras los que se consideraban obedientes a la ley de Dios, eran en verdad los que desobedecían a Dios.

• Esta parábola hoy debería provocar, probablemente, la misma rabia que Jesús provocó con su conclusión. Los “publicanos y prostitutas” de entonces ¿quiénes son hoy entre nosotros? Quizás personas que por su forma de ser o de vivir merecen nuestro reproche, porque no pertenecen a nuestro círculo religioso. Pero esas personas, muchas veces, tienen una mirada más atenta para percibir el camino de la justicia, que la de quienes vivimos todo el día en la órbita de la Iglesia. Percibir las cosas de Dios en la vida no es algo automático, no lo garantiza el hecho de formar parte de la comunidad cristiana. ¡Ojo!

• La parábola empuja a pensar. Nos lleva a comprometernos en la historia y a reflexionar a partir de nuestra propia experiencia de vida y confrontarla con Dios. La parábola es una forma participativa de enseñar y de educar no de una vez, sino por partes. No hace saber, pero nos conduce a descubrir. En este caso, a descubrir cuál es la voluntad de Dios Padre sobre cada uno de nosotros y nuestras comunidades y comprobar hasta qué punto, de hecho, la vamos haciendo cada día.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?