Comentario Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús: Tú dijiste: “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”. Abre nuestro corazón y nuestro ser entero a tu Palabra, para que seamos hermanos tuyos, tu familia. Danos el corazón abierto, confiado y obediente de María tu madre. Y que escuchando tu Palabra, podamos decir, como ella: “haz tu voluntad en mí, en nosotros”. AMEN.

 

Mt 21, 33-43

«33“Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.

34Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. 35Y los labradores, agarrando a los siervos, a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.

36De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero les hicieron lo mismo.

37Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo respetarán’. 38Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. 39Y, agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.

40Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”.

41Le dicen: “A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo”.

42Les dice Jesús: “¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? 43Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios y será dado a un pueblo que haga sus frutos».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Estamos en la parábola central de un grupo de 3: la de los dos hijos (21,28-32), que leímos el domingo pasado, y la del banquete de bodas (22,1-14). Las tres parábolas contienen una respuesta negativa: la del hijo al padre, la de los labradores al dueño de la viña, la de algunos invitados al rey que celebra las bodas de su hijo. Las tres parábolas tratan de mostrar un único punto: los que no acogieron la predicación y el bautismo de Juan, ahora rechazan a Jesús. Son los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo y los fariseos. Ellos ponen en cuestión la autoridad de Jesús y a ellos Jesús dirige estas tres duras parábolas. Tras ellas, continuará el desencuentro de Jesús con los fariseos a cuenta del tributo al César (22,15-22) y con los saduceos a cuenta de la resurrección de los muertos (22,23-33). La Pasión de Jesús se está fraguando.

 

TEXTO

El evangelio de hoy tiene dos grandes partes: el relato de la parábola (21,33-39) y la conversación de Jesús con sus interlocutores, los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo (21,40-43). La primera parte tiene una estructura bien definida, con una introducción (v. 33), y tres momentos sucesivos marcados por el verbo “enviar” (vv. 34-35; v. 36; vv. 37-39), que presentan una gran tensión narrativa basada en la diferencia entre las expectativas del dueño de la viña y el comportamiento de los labradores. La segunda parte también tiene una estructura clara, con tres momentos cada vez más largos y de más contenido: la pregunta que Jesús dirige a sus interlocutores (v. 40), la respuesta de éstos (v. 41) y la intervención final de Jesús (vv. 42-43). Dos temas sobresalen: la oposición siervos/hijo y labradores, y la importancia del dar/hacer frutos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Sobresale la contradicción entre las acciones del señor de la viña, llenas de cuidado y esmero (cinco verbos: plantar, rodear, cavar, edificar, arrendar) y las acciones de los labradores (tres verbos muy violentos: golpear, matar, apedrear). En “la viña del Señor”, en nuestro modo de vivir la vida y empeñarnos por el Reino, ¿cuáles son las acciones que sobresalen?

• Los verbos opuestos son expresión de dos tipos de personajes: los labradores y los enviados del señor. Mirando nuestra militancia cristiana, ¿con qué tipo de personaje nos identificamos más o cuál nos refleja mejor?

• La insistencia en el envío: por tres veces se insiste en el verbo, como expresión del interés del señor por los frutos de su viña, es decir, como expresión del interés de Dios por este mundo en el que tiene que florecer el Reino. Dios no se olvida de su creación y sigue enviando… ¿Nos sentimos enviados por Dios a… qué, a quién? ¿Cómo andamos de esperanza (por saber que Dios no nos abandona) y de compromiso misionero (por saber que Dios pide los frutos de su viña)?

• La insistencia en los frutos (4 veces): en la parábola es claro cuáles son los frutos de la viña, pero en nuestra vida cristiana, ¿cuáles son los frutos que podemos ofrecer a Dios? ¿cuáles se nos piden? ¿cómo respondemos?

• Quizá un elemento muy interesante también sea la distinta perspectiva de juicio de los interlocutores de Jesús y de éste: mientras los primeros responden acentuando el castigo a los labradores, Jesús deja de lado esa cuestión e insiste en la rehabilitación de la piedra desechada (imagen de él mismo): las verdaderas “personas de Dios” hablan más de salvación que de castigo; están más empeñadas en salvar que en condenar. ¿Nos dice algo?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?