Vísperas – Santa Teresa del Niño Jesús

VÍSPERAS

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, virgen y doctora

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Finísimo fue el lino con que ella
fue tejiendo, a lo largo de su vida,
esa historia de amor que la hace bella
a los ojos de Dios y bendecida.

Supo trenzar con tino los amores
del cielo y de la tierra, y santamente
hizo altar del telar de sus labores,
oración desgranada lentamente.

Flor virgen, florecida en amor santo,
llenó el hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue su encanto,
la fuerza de su amor la fe vivida.

Una escuela de fe fue su regazo.
Todos fueron dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,
su vida será eterna primavera. Amén.

 

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

 

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

 

LECTURA: Rm 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la eligió y la predestinó.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Y la predestinó.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Estad alegres y contentos, porque vuestros nombres están escritos en el cielo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Estad alegres y contentos, porque vuestros nombres están escritos en el cielo.

PRECES

Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia, por intercesión de las santas mujeres, y digámosle:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Por intercesión de las mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo,
— concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.

Por intercesión de las esposas, que por medio del santo matrimonio crecieron en la gracia,
— concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.

Por intercesión de las viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron su soledad y se santificaron,
— concede, Señor, a tu Iglesia que muestre al mundo el misterio de tu caridad.

Por intercesión de las madres, que engendraron sus hijos no solo para la vida del mundo, sino también para el reino de los cielos,
— concede, Señor, a tu Iglesia que transmita la vida del espíritu y la salvación a todo el género humano.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por intercesión de todas las santas mujeres, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro,
— concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también eternamente de tu presencia.

 

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

 

ORACION

Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y los sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial 

¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor.

2) Lectura 

Del santo Evangelio según Lucas 10,1-12
Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir. Y les dijo:
«La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: `Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: `El Reino de Dios está cerca de vosotros.’ En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: `Sacudimos sobre vosotros hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies. Sabed, de todas formas, que el Reino de Dios está cerca.’ Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.

3) Reflexión.

• El contexto. El cap. 10, que empieza con nuestro pasaje, presenta un carácter de revelación. En 9, 51 se dice que Jesús “se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”. Este camino, expresión de su ser filial, se caracteriza por una acción doble: están estrechamente unidos el “ser quitado” de Jesús (v.51) y su “venida” mediante la invitación de sus discípulos (v.52); hay una ligazón en el doble movimiento: “ser quitado del mundo” para ir al Padre, y ser enviado a los hombres. De hecho sucede a veces que el enviado no es atendido (v.52) y por tanto debe aprender a “entregarse” sin por desistir ante el rechazo de los hombres (9,54-55). Tres breves escenas ayudan al lector a comprender el significado del seguimiento de Jesús, que va a Jerusalén para ser quitado del mundo. En la primera, se presenta un hombre que desea seguir a Jesús a dondequiera que vaya; Jesús lo invita a abandonar todo lo que le proporciona bienestar y riqueza. Los que quieran seguirlo deben compartir con él su condición de nómada. En la segunda, es Jesús el que toma la iniciativa y llama a un hombre cuyo padre acaba de morir. El hombre pide una dilación de la llamada para atender a su deber de sepultar a su padre. La urgencia del anuncio del reino supera a este deber: la preocupación por sepultar a los muertos resulta inútil porque Jesús va más allá de las puertas de la muerte y esto lo realiza incluso en los que lo siguen. Finalmente, en la tercera escena, se presenta a un hombre que se ofrece espontáneamente a seguir a Jesús, pero pone una condición: saludar antes a sus padres. Entrar en el reino no admite demoras. Después de esta renuncia, la expresión de Lc 9,62, “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios”, introduce el tema del cap. 10.
• Dinámica del relato. El pasaje objeto de nuestra meditación empieza con expresiones muy densas. La primera, “Después de esto”, remite a la oración de Jesús y a su firme decisión de ir a Jerusalén. La segunda, respecta al verbo “designar”: “designó a otros setenta y dos y los envió…” (10.1), precisando que los envía delante de sí, es decir, con la misma resolución con la que él se encamina a Jerusalén. Las recomendaciones que Jesús les da antes de enviarlos son una invitación a ser conscientes de la misión a la que se les envía: la mies abundante en contraste con el número exiguo de obreros. El Señor de la mies llega con toda su fuerza, pero la alegría de su llegada se ve impedida por el reducido número de obreros. De aquí, la invitación categórica a la oración: “Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (v.2). La iniciativa de enviar a la misión es competencia del Padre, pero Jesús da la orden: “Id”, indicando después el modo de seguir (vv.4-11). Empieza con el equipamiento. Ni bolsa, ni alforja, ni sandalias. Estos elementos manifiestan la fragilidad del que es enviado y su dependencia de la ayuda que viene del Señor y de los habitantes de la ciudad. Las prescripciones positivas se resumen, en primer lugar, en la llegada a la casa (vv.5-7) y después en el éxito en la ciudad (v.8-11). En ambos casos no se excluye el rechazo. La casa es el lugar en el que los misioneros tienen los primeros intercambios, las primeras relaciones, valorando los gestos humanos del comer, del beber y del descanso, como mediaciones sencillas y normales para comunicar el evangelio. La paz es el don que precede a la misión, es decir, la plenitud de vida y de relaciones; la alegría verdadera es el signo que caracteriza la llegada del Reino. No hay que buscar la comodidad, es indispensable ser acogidos. La ciudad, sin embargo, es el campo más extenso de la misión en el que se desenvuelve la vida, la actividad política, las posibilidades de conversión, de acogida o de rechazo. A este último aspecto se une el gesto de sacudirse el polvo (vv.10-11), como si los discípulos, al abandonar la ciudad que los ha rechazado, dijesen a sus habitantes que no se han apoderado de nada, o también podría indicar el cese de las relaciones. Al final, Jesús recuerda la culpabilidad de la ciudad que se cierre a la proclamación del evangelio (v.12).

4) Para la reflexión personal

• Cada día el Señor te invita a anunciar el Evangelio a tus íntimos (la casa) y a los hombres (la ciudad). ¿Adoptas un estilo pobre, esencial, al testimoniar tu identidad cristiana?
• ¿Eres consciente de que el éxito de tu testimonio no depende de tus capacidades personales, sino sólo del Señor que envía y de tu disponibilidad?

5) Oración final

«Busca su rostro».
Sí, Yahvé, tu rostro busco:
no meocultes tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación. (Sal 27,8-9)

Comentario – Jueves XXVII de Tiempo Ordinario

Ya comentamos en su momento el pasaje paralelo del evangelio de Mateo. El de Lucas es mucho más escueto y pobre en detalles explicativos. Quizá esté más próximo al arameo de origen. Jesús solía retirarse a orar con cierta frecuencia, al menos en esta etapa de su actividad misionera. Y sus discípulos, sus acompañantes más asiduos están al tanto de este hábito oracional. En una de esas ocasiones –nos dice el evangelista- estaba Jesús orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

A esta petición Jesús responde de inmediato proponiéndoles un modelo de oración: Cuando oréis –les dice- decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano (πιούσιον), perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo (παντι φειλοντι), y no nos dejes caer en la tentación». He aquí el Padre nuestro en la versión de san Lucas.

Resulta una evidencia que estamos ante una oración de carácter filial en la que Jesús, el Hijo por excelencia, deja su impronta personal, pues a ella traslada sus centros de interés: el Reino, el perdón de los pecados, la tentación.

¿Quién más plenamente que él puede decir: Abba, Padre? ¿Quién mejor que él puede desear que el nombre del Padre sea reconocido en toda su santidad por todos? ¿Quién puede anhelar más que él que venga su Reino, crezca, se implante y alcance su plena realización? ¿Qué persona puede haber más indicada para pedir el pan nuestro de cada día que el que sació el hambre de toda una multitud multiplicando unos cuantos panes y que se ofrece a sí mismo como pan para la vida del mundo? ¿Quién mejor que el que vino como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que perdonó pecados puede decir en nombre de todos los pecadores: perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, instándonos de este modo a perdonar a nuestros deudores u ofensores? ¿Y quién mejor que el que sufrió y venció tentaciones podrá expresar en nombre de todos sus seguidores este deseo: no nos dejes caer en la tentación?

Luego la fórmula oracional que él ofrece como un modelo a seguir no deja de ser el fruto de una experiencia personal de relación con su Padre. Jesús quiere estar en el corazón de todos los creyentes que experimentan la necesidad de elevar su plegaria al Dios de cielos y tierra. Se trata de ese Padre que no va a dar una piedra al hijo que le pide pan, ni una serpiente al que le pide pescado: el Padre bueno que sabe dar cosas buenas a los que le piden. Y nada hay más bueno que el Reino deseable y deseado o que el perdón que da acceso a ese Reino; y nada hay más necesario para mantenerse en esta vida de lucha contra las tentaciones que el pan cotidiano que la sostiene tanto en su dimensión corporal como espiritual. Tampoco hay nada más conveniente para seguir avanzando por el camino del Reino que la superación de esos obstáculos que son las inevitables tentaciones que nos salen al paso en nuestro recorrido existencial.

Pedir al Padre todo esto es pedir su auxilio para la vida presente y la futura; pero en ningún caso es pedir que nos supla en aquello que nos incumbe hacer a nosotros: trabajar, luchar, esforzarse, orar, querer, perdonar, pedir perdón, poner todas nuestras energías, inteligencia y voluntad, al servicio del bien y de la verdad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

62. Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.

Jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero así como el sacerdocio Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, así también la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente.

La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.

Invitados a trabajar en la viña del Señor

1- Tanto el profeta Isaías como el evangelio de Mateo utilizan la imagen de la viña para resaltar la relación de Dios con su pueblo. La viña era la casa de Israel. Yahvé la plantó, arregló y preparó con todo esmero para que diera fruto. Derrochó en ella todo su amor. Sólo esperaba de ella una cosa: que diera uvas, el fruto de la vid. En el pacto de la Alianza en el Sinaí quedó claro el compromiso de ambas partes: «vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios». El Señor fue fiel, pero el pueblo olvidó su juramento. Dios sólo deseaba que diera frutos de amor, por su propio bien, por su propia felicidad. A pesar de todo, envió a sus mensajeros los profetas (los criados de la parábola) para recordárselo, pero no sólo no les escucharon sino que les apedrearon o les mataron. ¿Qué más podía hacer por su viña que no haya hecho? Lo impensable: envió a su propio hijo. Pero los labradores acabaron con su vida para quedarse con la viña.

2- Historia de amor y desamor, de gracia y desagradecimiento. Así vino la perdición. Al Señor no le quedó otro remedio que entregar su viña (su Reino) a otro pueblo que produzca frutos. La historia de la viña es la historia del pueblo de Israel, la historia de la humanidad. Ahora la viña del Señor es la Iglesia, llamada a ser sacramento universal de salvación. Su misión es, como señalaba la «Lumen Gentium», anunciar y establecer el Reino de Dios, cuyo germen se encuentra ya en este mundo. Para que esto sea posible es necesario que todos los cristianos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en el trabajo de la viña: clérigos y laicos, todos somos corresponsables. ¿Has escuchado la llamada que Dios te hace a trabajar en la viña?, ¿te has preguntado alguna vez cuál es la parcela de la viña de la que te encarga el Señor?

3- En nuestras comunidades parroquiales se anuncia estos días el plan del nuevo curso con multitud de grupos y actividades -pequeñas parcelas- en las que los miembros de la comunidad pueden colaborar. La pasividad y el pasotismo son nefastos para la Iglesia. Has recibido un carisma por parte de Dios, no lo entierres miserablemente, sé generoso. La mayoría de edad del laico dentro de la Iglesia debe manifestarse dando testimonio en medio del mundo, que es el lugar donde se desenvuelve su actividad. Dejemos que cada cual aporte su granito de arena en la construcción del Reino.

4- Los trabajos del campo se han modernizado. Las nuevas técnicas agrícolas han suavizado el rigor del esfuerzo y han permitido la mejora de los rendimientos. Sin embargo, da la sensación de que la Iglesia ha quedado anquilosada en sus viejos planteamientos y métodos, sin darse cuenta de los retos que plantea hoy día la nueva evangelización, el trabajo en la viña del Señor. El lenguaje no llega ni se entiende, el hierático corsé litúrgico impide a menudo la comunicación con la asamblea. Los cristianos debemos afrontar los nuevos tiempos con una actitud abierta, debemos escuchar la voz de Dios que nos invita a trabajar en su viña y la voz del pueblo de Dios que espera de nosotros una actitud más evangélica. No basta con querer ir a trabajar a la viña, hay que hacerlo con los medios actuales, para que nuestros frutos no sean raquíticos, sino abundantes.

José María Martín OSA

Arrendará la viña a otros labradores

««Oíd otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la cercó con una valla, cavó en ella un lagar, edifi có una torre para guardarla, la arrendó a unos viñadores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, mandó sus criados a los viñadores para recibir su parte. Pero los viñadores agarraron a los criados, y a uno le pegaron, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Mandó de nuevo otros criados, más que antes, e hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mandó a su hijo diciendo: Respetarán a mi hijo. Pero los viñadores, al ver al hijo, se dijeron: Éste es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su herencia. Lo agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?». Le dijeron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le paguen los frutos a su tiempo». Jesús les dijo: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; esto ha sido obra del Señor, una maravilla a nuestros ojos?» «Pues bien, os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios para dárselo a un pueblo que pague sus frutos.

Mateo 21, 33-43

PARA MEDITAR

Jesús nos llama para llevar a cabo la misión de cuidar de su viña. Pero cuidar de su viña no es estarse en posesión de un territorio. Cuidar la viña de Dios es contagiar nuestra fe a los demás, proponerles que conocan a Jesús para conocer a Dios y que ellos también formen parte de la Iglesia, de la viña del Señor. Nosotros no somos los dueños, ni valemos más que los demás. Debemos anunciar la fe a los demás con carino y sobre todo con humildad. Lo peor que podemos hacer es acercarnos a los demás como mirándoles por encima del hombro.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Alguna vez le has contado a un amigo o compañero de clase lo que haces en la parroquia?
  • ¿Qué es cuidar de la viña del Señor como nos pide Jesús? ¿Qué podemos hacer para que más personas se una a la Iglesia como creyentes?
  • Escribe un compromiso para que esta semana puedas animar a alguna persona a que participe en la vida de la parroquia..

ORACIÓN

Nos has dejado al cargo de este mundo,
somos los responsables
de lo que ocurre alrededor,
de lo positivo y de lo negativo,
en todo tenemos algo que ver,
nos vas a pedir cuenta
de todo lo que acontece.
Hoy quiero agradecerte por tantas personas
que me avisan con denuncias,
quejas y propuestas;
quiero unirme al dolor de los otros,
a la injusticia del mundo,
y ofrecerme a trabajar para que esto mejore.
Hoy quiero decidir dar frutos de Amor
en mi vida,
hoy quiero empezar a responderte a Ti
y a mis hermanos,
hoy quiero apartarme de la mediocridad,
y dejarme arrastrar por Ti a la plenitud.

Nos has arrendado la vida, Señor

Nos has dejado al cargo de este mundo,
somos los responsables
de lo que ocurre alrededor,
de lo positivo y de lo negativo,
en todo tenemos algo que ver,
nos vas a pedir cuenta
de todo lo que acontece.

Nos avisas por profetas
que nos recuerdan la verdad,
personas que denuncian las situaciones insostenibles,
noticias que nos informan
del dolor de este mundo,
propuestas creativas para encontrar soluciones…
Pero nosotros gastamos el tiempo
criticando a los profetas,
rechazando propuestas
y criticándoles por soñadores.

Tú nos vas a interpelar por tantas cosas…
A nuestro alrededor hay injusticias,
a nuestro lado, junto a nosotros,
alguien siente soledad,
hermanos vecinos que se sienten mal.

Tú nos susurrarás sus nombres.
Tú nos recordarás lo que podríamos haberles hecho,
pero nos conformamos con dejar
todo como estaba…
Señor, no a los profetas, pero los enmudezco
los callo, los silencio, los ignoro y los tapo.

Hoy quiero agradecerte por tantas personas
que me avisan con denuncias,
quejas y propuestas;
quiero unirme al dolor de los otros,
a la injusticia del mundo,
y ofrecerme a trabajar para que esto mejore.
Hoy quiero decidir dar frutos de Amor en mi vida,
hoy quiero empezar a responderte a Ti y a mis hermanos,
hoy quiero apartarme de la mediocridad,
y dejarme arrastrar por Ti a la plenitud.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

• La parábola presenta como premeditada, nada inocente, la acción de los viñadores (38-39). Detalles como «lo empujaron fuera» (39), recuerdan el trasfondo de la Pascua, es decir, Mateo tiene presente que crucificado fuera de Jerusalén Jesús fue (Mt 27,32-33) y la parábola es una acusación (41) contra las autoridades del pueblo de Israel, que han sido responsables de la muerte de los profetas (Mt 23,31-32.37) y que acabarán matando a Jesús (Mt 26,3-5).

• La «piedra» (42) de la que habla el salmo citado (Sal 118(117),22-23), tradicionalmente llamada «piedra angular», es la piedra que sostiene el edificio, la piedra que lo corona. Aquí, como en otros lugares del Nuevo Testamento que lo citan, el texto del salmo está referido a Jesús, rechazado por su pueblo, pero a quien Dios, resucitándolo, ha convertido en la piedra principal del nuevo edificio formado por todos los hijos e hijas de Dios. El nuevo edificio es el «pueblo» (43) del que habla Jesús: es la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios formado por judíos y paganos. Este pueblo, que vive bajo el reinado de Dios, dará frutos propios del Reino (43).

• Este texto nos muestra que Jesús mira al futuro, al futuro del «Reino» «que se os quitará a vosotros y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (43). Un futuro, sin embargo, que es ya presente por su Pascua. La irrupción del Reino en el presente la encontramos anticipada en el principio de este capítulo 21 de Mateo, en la entrada de Jesús en Jerusalén y, concretamente, cuando entra en el templo del que echa a los que lo dominaban y habían hecho de él un «mercado» (Mt 21,13) y lo abre a «ciegos y cojos» y «niños» (Mt 21,14-15): ellos representan a los que tienen que formar el nuevo pueblo, la Iglesia, los que harán fructificar el Reino.

• La dureza de estas palabras no queda circunscrita al contexto histórico en el que Jesús las dijo. Nos las dice a nosotros, a cada uno, a nuestras comunidades y movimientos, a toda la Iglesia. También al conjunto de la sociedad. El futuro del Reino sigue irrumpiendo en nuestro presente. También hoy Jesús entra en nuestros «Jerusalenes», en nuestros «templos», tanto los propiamente religiosos como los de las nuevas religiones del consumo, y nos recuerda quiénes son los destinatarios de «la viña». Ante su irrupción podemos alegar, como «los sumos sacerdotes y los escribas» (Mt 21,15.23): «¿Oyes lo que dicen estos?» (Mt 21,16). Y Jesús nos puede responder con el salmo: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Y, aún, que «es el Señor quien lo ha hecho» (42). Todo esto nos tiene que hacer cuestionar sobre quienes son los rechazados en nuestro mundo concreto, aquellos que el Señor quiere a su lado, al lado de la «piedra angular» que se identifica con ellos (Mt 25,31-46). Y esto tanto en nuestro pueblo o ciudad, en nuestro país… en nuestra parroquia, comunidad, movimiento…

• Creyendo realmente en que el futuro del Reino ha irrumpido e irrumpe en el presente, nos unimos a todas las personas que luchan por un mundo más justo. Con ellas y con Jesús daremos la cara por los más pobres y marginados, por los más pequeños, por el equilibrio entre el Norte y el Sur, por un trabajo digno para todos, por el reparto de la riqueza…

Comentario al evangelio – Jueves XXVI de Tiempo Ordinario

Hoy celebramos Santa Teresa del Niño Jesús. Ha sido una santa que ha tenido mala suerte. Sobre todo, cuando ha pasado a la devoción popular como santa “Teresita” y de lo más que se ha hablado ha sido de su camino de la “infancia espiritual”. Todo sonaba a nubecillas de color rosa con angelotes gordezuelos. Todo parecía un camino de rosas. Y su vida se contaba así. Una pena

Porque su vida fue muy dura. Tuvo que batallar en su familia para poder entrar en el Carmelo. Batalló duro. Hasta que lo consiguió. Luego, su vida allí no fue precisamente fácil. Algo tuvieron que ver en ella cuando la hicieron maestra de novicias. Se conoce que algo podía enseñar. En su camino, muy infantil quizá pero más en las formas que en el fondo, dice ella misma que hubo un momento en que le empezaron a sobrar todos los libros y lo único que la ayudaba era el Evangelio. Y decidió vivirlo hasta el fondo allí donde le tocó vivir: en una comunidad concreta, un grupo de mujeres en un monasterio cerrado. Y con esa misma entrega vivió su enfermedad. Murió muy joven y de tuberculosis a los 24 años.

Nada más que una historia y una reflexión. La historia. Hubo una hermana de su comunidad que, a la muerte de Teresa, declaró que había sido una a las que más había querido Teresa.  Años después, cuando se publicó su “Historia de un Alma”, descubrió con sorpresa que en ella Teresa hablaba de ella. Era la hermana por la que sentía una antipatía natural pero que se esforzó siempre para ofrecerle sus mejores palabras y hasta, cuando estaban en silencio, la mejor de sus sonrisas. ¡Eso es construir fraternidad más allá de nuestros sentimientos! ¡Eso es Evangelio!

Y una reflexión sobre uno de sus textos. Comenta Teresa que a veces se siente como un águila capaz de volar hasta lo más alto, hasta cerca del sol que la ilumina y calienta. Pero que otras veces se siente como un pollo mojado por la lluvia. No ve el sol porque está tapado por las nubes y tiembla de frío. Pero, y aquí viene lo bueno, que incluso en esos momentos de frío y tiritona, sabe que, más allá de las nubes, está el sol. Lo sabe. Lo cree. Y confía. Y cree. Que nos acordemos del pollo mojado y de su fe, en nuestros momentos de frío y hundimiento.