Vísperas – Santos Ángeles Custodios

VÍSPERAS

SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ángel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas;
ni de noche ni de día.

Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.

En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.

Ángel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo
hacia Dios, que me lo envía.

En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 33

Ant. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved que bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a El.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.

SALMO 33

Ant. Vive el Señor, que su ángel me ha guardado.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
El cuida de todos sus huesos,
y ni uno sólo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,
los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a El.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vive el Señor, que su ángel me ha guardado.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho.

LECTURA: Ap 8, 3-4

Vino un ángel con un incensario de oro, y se puso junto al altar. Le entregaron muchos perfumes, para que aromatizara las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro situado delante del trono. Y por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos.

RESPONSORIO BREVE

R/ A sus ángeles, Dios ha dado órdenes.
V/ A sus ángeles, Dios ha dado órdenes.

R/ Para que te guarden en tus caminos.
V/ Dios ha dado órdenes.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ A sus ángeles, Dios ha dado órdenes.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sus ángeles están viendo siempre el rostro de mi Padre celestial.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sus ángeles están viendo siempre el rostro de mi Padre celestial.

PRECES

Pidamos al Señor que, como los ángeles, poderosos ejecutores de sus órdenes, seamos siempre prontos a la voz de su palabra. Implorémosle, diciendo:

Con los ángeles, cantamos el himno de tu gloria.

Oh Dios, que has constituido a los ángeles mensajeros de tus maravillas,
— haz que, con su ayuda, también nosotros comuniquemos a los hombres tus proezas,

Señor Altísimo, a quien los ángeles proclaman santo sin cesar,
— haz que la Iglesia resuene para ti la alabanza perenne.

Tú que a tus ángeles has dado órdenes para que guarden a tus siervos en sus caminos,
— haz que todos los que viajan vuelvan con paz y alegría a sus hogares.

Tú que mandaste a tus ángeles anunciar la paz a los hombres
— haz que sugieran siempre a los gobernantes y a sus pueblos proyectos de paz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando envíes a tus ángeles a reunir a tus elegidos de los cuatro vientos,
— haz que todos tus hijos sean contados entre los elegidos.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Santos Ángeles Custodios

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 18,1-5.10
En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?» Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy presenta un texto sacado del Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-35), en el cual Mateo reúne frases de Jesús para ayudar a las comunidades del final del siglo primero a superar los problemas que debían abordar en aquel momento, es decir, la salida de los pequeños por causa del escándalo de algunos (Mt 18,1-14) y la necesidad de diálogo para superar los conflictos internos (Mt 18,15-35). El Sermón de la Comunidad aborda distintos asuntos: el ejercicio del poder en la comunidad (Mt 18,1-4), el escándalo que excluye a los pequeños (Mt 18,5-11), la obligación de luchar para que los pequeños vuelvan (Mt 18,12-14), la corrección fraterna (Mt 18,15-18), la oración (Mt 18,19-20) y el perdón (Mt 18,21-35). El acento cae en la acogida y en la reconciliación, pues el fundamento de la fraternidad es el amor gratuito de Dios que nos acoge y nos perdona. Sólo así la comunidad será señal del Reino.

• En el evangelio de hoy vamos a meditar sobre la acogida que hay que dar a los pequeños. La expresión, los pequeños, no se refiere sólo a los niños, sino a las personas sin importancia en la sociedad, inclusive a los niños. Jesús pide que los pequeños, estén en el centro de las preocupaciones de la comunidad, pues «el Padre quiere que ni uno sólo de estos pequeños se pierda» (Mt 18,14).

• Mateo 18,1: La pregunta de los discípulos que provoca la enseñanza de Jesús. Los discípulos quieren saber quién es el mayor en el Reino. El mero hecho de preguntar indica que no han entendido bien el mensaje de Jesús. La respuesta de Jesús, es decir, todo el Sermón de la Comunidad, es para que se entienda que entre los seguidores y las seguidoras de Jesús tiene que primar el espíritu de servicio, de entrega, de perdón, de reconciliación y de amor gratuito, sin buscar el propio interés.

• Mateo 18,2-5: El criterio de base: el menor es el mayor. “El llamó un niño y lo puso en medio”. Los discípulos quieren un criterio para poder medir la importancia de las personas en la comunidad. Jesús responde que el criterio son ¡los niños! Los niños no tienen importancia social, no pertenecen al mundo de los mayores. Los discípulos, en vez de crecer por encima o hacia el centro, deben crecer hacia abajo y hacia la periferia. ¡Así serán los mayores en el Reino! Y el motivo es éste: “Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.” El amor de Jesús por los pequeños no tiene explicación. Los niños no tienen méritos, son amados por los padres y por todos por ser niños. Aquí se manifiesta la pura gratuidad de Dios que pide ser imitada en la comunidad por los que creen en Jesús.

• Mateo 18,6-9: No escandalizar a los pequeños. El evangelio de hoy omite estos versículos de 6 a 9 y continúa en el versículo 10. Damos una breve clave de lectura para estos versículos de 6 a 9. Escandalizar a los pequeños significa: ser motivo por los cuales los pequeños pierden la fe en Dios y abandonan la comunidad. El insistir demasiado en las normas y en las observancias, como hacían algunos fariseos, alejaba a los pequeños, porque no encontraban la práctica libertadora traída por Jesús. Ante esto, Mateo guarda unas frases bien fuertes de Jesús, como aquella de la piedra de molino agarrada al cuello, o la otra: “¡Ay de aquel que fuera causa de escándalo!” Señal de que en aquel tiempo los pequeños no se identificaban con la comunidad y buscaban otros refugios. Y ¿hoy? Cada año, en Brasil casi un millón de personas abandonan las iglesias históricas y emigran hacia las iglesias pentecostales. Y son los pobres los que transitan. Si se van, es porque los pobres, los pequeños, no se sienten a gusto en nuestra casa. ¿Cuál es el motivo? Para evitar este escándalo, Jesús manda cortar la mano o el pie y arrancar el ojo. Estas afirmaciones de Jesús no pueden tomarse al pie de la letra. Significan que hay que ser muy exigente en combatir el escándalo que aleja a los pequeños. No podemos permitir, de ninguna forma, que los pequeños se sientan marginados en nuestra comunidad. Pues en este caso la comunidad dejaría de ser señal del Reino di Dios. No sería de Jesucristo. No sería cristiana.

• Mateo 18,10: Los ángeles de los pequeños en presencia del Padre. “Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Hoy, a veces, se oye que alguien pregunta: “Los ángeles ¿existen? ¿No serán un elemento de la cultura persa, donde los judíos vivieron tantos siglos cuando el exilio de Babilonia?” Es posible que sea así. Pero no es esto el quid de la cuestión, no es la cuestión principal. En la Biblia, el ángel tiene otro significado. Hay textos en que se habla del Ángel de Yahvé o del Ángel de Dios y de repente se habla de Dios. Se cambia en uno por el otro (Gén 18,1-2.9.10.13.16: cf Jue 13,3.18). En la Biblia, ángel es el rostro de Yahvé dirigido hacia nosotros. Ángel de la guarda es el rostro de Dios ¡hacia mí, hacia ti! Es la expresión personalizada de la convicción más profunda de nuestra fe, a saber, que Dios está con nosotros, conmigo, ¡siempre!. Es una forma de concretar el amor y la presencia de Dios en nuestra vida, hasta los mínimos detalles.

4) Para la reflexión personal

• Los pequeños ¿son acogidos en nuestras comunidades? Las personas más pobres del barrio ¿participan en nuestra comunidad?
• Ángel de Dios, ángel de la guarda. Muchas veces, el ángel de Dios es la persona que ayuda a otra persona. En tu vida, ¿hay muchos ángeles y ángelas?

5) Oración final

Porque tú Señor has formado mis riñones,
me has tejido en el vientre de mi madre;
te doy gracias por tantas maravillas:
prodigio soy, prodigios tus obras. (Sal 139,13-14)

Comentario – Santos Ángeles Custodios

El evangelio de Mateo añade, en este punto, algunas precisiones al pasaje de Lucas que comentábamos ayer. Según Mateo, los discípulos de Jesús no se limitan a discutir quién es el más importante, sino que se acercan al Maestro con esta pregunta: ¿Quién es el más importante en el Reino de los cielos? Ya no se trata de saber quién es el más importante para el mundo o la sociedad que mide la importancia de las cosas o las personas, sino quien lo es en esa nueva sociedad creada por Dios que es el Reino de los cielos. En ese «espacio» conformado a la medida de Dios, según sus criterios, quién será el más importante. Jesús, entonces, llamó a un niño, nos dice el evangelista (y en esto coinciden Lucas y Mateo), lo puso en medio, y dijo: Os digo que si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los cielosPor tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos.

Jesús habla a adultos y les propone hacerse como niños, porque sin esta condición no podrán entrar en el Reino de los cielos y, por tanto, tampoco podrán ser importantes en este Reino. Volver a ser como niños no puede ser una regresión a la infancia biológica, cosa del todo imposible; tampoco seguramente un desandar el camino de crecimiento hacia la madurez o regresión a una infancia psicológica. Volver a ser como niños es más bien recuperar la conciencia de la pequeñez connatural a los niños y quizá en cierta medida su inocencia docilidad, o esa ingenuidad que permite a los niños confiar en lo que les dicen (=creer), dejarse guiar, aunque ello pueda suponer también la posibilidad de dejarse engañar. Volver a ser pequeño como un niño es, sin duda, recuperar la posibilidad de creer. ¿Cómo podrán entrar en ese Reino los que desconfían totalmente de esa oferta, los que se niegan a aceptar siquiera la posibilidad de un Reino de los cielos, los que no admiten más reino que el de la tierra?

Freud diría que hacerse niño es una regresión anómala o patológica en un adulto. Según él, ya hemos alcanzado la madurez para poder prescindir de Dios o para poder emanciparnos de este Dios que nos ha sido impuesto como Padre. Los adultos ya no necesitan de un padre. Jesús no es de la misma opinión: Para entrar en el Reino de los cielos es necesario recuperar la conciencia de hijos de Dios. Sí, hacerse como niños tal vez signifique recuperar esta conciencia de hijos pequeños que no pueden prescindir de su padre ni vivir sin él. Sólo estos podrán entrar en el Reino del Padre. Porque ¿cómo poder entrar en el Reino de Dios y formar parte de esta familia queriendo prescindir de Dios porque ya no lo necesitamos, puesto que somos adultos y no necesitamos padre? Hacerse como niños es volver a sentir la necesidad de Dios Padre. Y el que más sienta esta necesidad, porque se sabe más pequeño y desvalido, será sin duda el más grande en el Reino de los cielos.

Acoger a un niño es sintonizar con lo que el niño significa. Y acogerlo en nombre de Cristo es acoger al mismo Cristo y sintonizar con su condición de Hijo del Padre. Es vivir la infancia espiritual. Es volver a sentirse hijo de Dios.

Y finalmente una advertencia: Cuidado con despreciar a uno de estos pequeñosporque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. Despreciar a uno de esos pequeños no es sólo despreciar la pequeñez, es despreciar a los que tendrán el honor y la dicha de contemplar el rostro de Dios, como lo contemplan en el presente sus ángeles.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

María, como Virgen y Madre, tipo de la Iglesia

63. La Virgen Santísima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida con la Iglesia. Como ya enseñó San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. Pues en el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen, precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre. Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno.

La misa del domingo

La parábola de los viñadores homicidas la pronuncia el Señor inmediatamente después de la parábola de los dos hijos, es decir, en el mismo contexto de la parábola anterior. Está dirigida, por tanto, a los miembros del sanedrín, a los «sumos sacerdotes y ancianos del pueblo» (Mt 21,23), a «los príncipes de los sacerdotes y los fariseos» (Mt 21,45) que se habían acercado a Él cuando enseñaba en el Templo para interrogarle sobre la autoridad con que enseñaba y realizaba sus obras.

La imagen del señor que arrienda su viña la toma el Señor de la costumbre existente en aquellos tiempos. En Galilea muchas tierras de labranza se encontraban en manos de “extranjeros” que iban “de viaje” o vivían incluso fuera de Israel. Existía hacia estos dueños un gran odio por parte de los judíos, lo que permite comprender la actitud agresiva de los viñadores hacia los enviados y finalmente el intento de apoderarse de las tierras asesinando al hijo, heredero de aquellas tierras.

¿Por qué creen que matando al hijo se quedarán con la tierra? Una cláusula normaba que una herencia sin heredero podía ser tomada por cualquiera, dándose preferencia a quien primero tomase posesión de ella. La parábola de la viña arrendada a unos labradores resume la historia de Israel, núcleo de la historia de la salvación de la humanidad. Al ver venir al hijo dan por supuesto que el padre ha muerto y que él viene a tomar posesión de su herencia. Muerto el dueño y muerto el heredero, ellos podrían tomar posesión de la viña legalmente. Este habría sido su razonamiento.

El uso de la imagen de la viña no era nuevo. Siglos antes el profeta Isaías había utilizado esta imagen aplicándola a Israel (1ª. lectura): «Mi amigo tenía una viña». El amigo representaba a Dios y su viña amada al pueblo de Israel. Dios, como un hombre enamorado de su viña, hizo todo lo que estaba a su alcance para que su viña produjese uvas de excelente calidad, dulces y sabrosas, y sin embargo su viña dio agraces, uvas muy amargas: «Esperó [Dios] de ellos cumplimiento de la ley, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia, y ahí tienen: lamentos». De este modo Dios denuncia por medio de su profeta cómo Israel, en vez de dar los frutos de justicia y santidad esperados, se apartó del buen camino para obrar el mal.

Otros profetas hacen uso también de esta misma imagen: «La viña del Señor es el pueblo de Israel» (Salmo responsorial; ver Jer 2,21; 12,10; Ez 17; Os 10,1). Por ello en la mente de todo israelita la imagen de la viña estaba fuertemente vinculada al pueblo de Israel, tanto así que Herodes hizo colocar en la parte superior del santuario en el Templo de Jerusalén, rodeándolo, una enorme vid labrada en oro, con racimos del tamaño de un hombre, según Flavio Josefo. Aquella vid simbolizaba al pueblo de Israel.

En resumen, al pronunciar el Señor Jesús su parábola todos comprendieron de inmediato que la viña era Israel y que el dueño de la misma era Dios.

Los siervos maltratados o muertos que venían a buscar los frutos representaban evidentemente a los profetas, enviados por Dios para reclamar a los viñadores los frutos de justicia que debía producir su viña amada. Los viñadores homicidas representan a los jefes religiosos de Israel, responsables de trabajar y hacer fructificar la viña con frutos de justicia y santidad. Sin embargo, en vez de ofrecer a Dios estos frutos de conversión, maltrataron y asesinaron a los profetas.

Pero los viñadores homicidas representaban no sólo a los líderes religiosos del pasado, sino también a los que el Señor tenía ante sí. Éstos terminarán matando al hijo amado del Padre —como anticipa el Señor en su parábola— llevando así la obra asesina iniciada por sus padres a su máxima malicia. La realización de esta parte de la parábola mira a un futuro cercano, cuando Él sea “sacado de la viña”, es decir, fuera de las murallas de Jerusalén, para ser crucificado.

Al identificarse el Señor con el hijo del dueño de la viña establece una diferencia fundamental con los grandes profetas que lo antecedieron. El Señor da a entender veladamente que Él es de la misma naturaleza divina de su Padre (ver Jn 5,18; Flp 2,6; Col 1,15-19).

La alegoría culmina con una pregunta dirigida por el Señor a los líderes religiosos que lo escuchan: «cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?». Sin comprender aún que los viñadores homicidas los representaban también a ellos, responden sin darse cuenta que a sí mismos se están condenando: «Hará morir sin compasión a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

No pocas veces en situaciones de prueba, de angustia, de sufrimiento, de vacío y soledad, se alza desde lo profundo de nuestra alma atribulada una airada queja: “Dios mío, ¿dónde estás? ¿Por qué no vienes en mi auxilio? ¿Por qué no actúas?”

A esa queja Dios responde: «¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo?» (Is 5,4). ¿Es que de verdad Dios hace poco o nada por nosotros? ¿O es que estamos tan ciegos que no nos damos cuenta de todo lo que Dios ha hecho y hace por nosotros?

Hoy y cada día es bueno para tomar conciencia y recordar todo lo que Dios ha hecho por su viña, todo lo que Dios ha hecho por mí, que formo parte de esa viña: Dios ha creado el universo entero y este mundo hermoso, ha creado al ser humano “a su imagen y semejanza” invitándolo a realizarse plenamente en el fiel cumplimiento de su Plan y a vivir la comunión de amor con Él por toda la eternidad.

Pero, ante tal don e invitación, ¿cuál fue la respuesta de su criatura? El rechazo, la negación a corresponder al amor de Dios, la negativa a cumplir su Plan lleno de sabiduría y amor, el deseo de echar a Dios fuera de la “viña”, fuera de la propia vida y de la convivencia social para afirmarse en sí misma y “ser como dios” pero sin Dios (ver Gén 3,5). De ese modo la viña amada dio agraces, introduciendo en el mundo creado la amargura de la muerte, del dolor y del sufrimiento.

¿Qué hizo Dios ante el rechazo de su criatura? En vez de destruir, abandonar o rechazar a su amada criatura buscó preparar nuevamente el terreno: eligió y se formó un pueblo, Israel, a quien envió a los profetas. Finalmente, envió a su propio Hijo: En Cristo, ¡Dios mismo se hizo hombre!

Ante esta respuesta amorosa de Dios, que ya de por sí es inaudita, podemos preguntarnos: ¿Qué más pudo hacer Dios por mí?

Pues hizo más aún: el Señor Jesús, luego de proclamar el Evangelio a todos los hombres, llevó su amor al hombre hasta el extremo, ofreciendo en el Altar de la Cruz su propia vida por nuestra reconciliación.

¿Qué más pudo hacer Dios por mí? Hizo más aún: resucitó, nos dio su Espíritu, nos dejó su Iglesia y en ella el Sacramento de la vida nueva, el Bautismo, el Sacramento de la Reconciliación, así como también ¡el Sacramento de su Presencia real en la Eucaristía!

Sí, también hoy, en cada Eucaristía, en el pan y vino consagrados, Cristo-Dios se hace presente, real y verdaderamente presente en tu vida y en la mía. ¡Es Dios que viene a nosotros y nuevamente se entrega por nosotros para nutrirnos de su Amor, para fortalecernos, para sostenernos en las pruebas y debilidades, para llenarnos de esperanza, de fe y caridad! ¿Qué más pudo haber hecho Dios por mí?

La pregunta ya no es, pues, “por qué no actúas en mi vida”, sino cómo correspondo yo a tanto don, a tanto amor, a tanta entrega. ¿Produzco yo los frutos de santidad, de caridad y de apostolado que Dios espera de mí? (ver Jn 15,8) ¿Se los entrego a Dios? ¿O produzco agraces, obras de pecado que amargan mi vida y la de los demás?

Dice el Señor: «La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos» (Jn 15,8). Dice asimismo: «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Jn 15,5). Sólo nuestra permanencia en Cristo nos garantiza la fecundidad de las buenas obras, esos frutos “dulcificados” y madurados por la caridad.

¿Cómo permanezco unido a Él? Meditando sus enseñanzas para procurar ponerlas por obra (ver 1Jn 3,6.24), rezando todos los días (ver Lc 18,1), acudiendo inmediatamente al Sacramento de la Reconciliación si me he apartado de Él. Pero además hay otro medio fundamental: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre, permanece en mí, y yo en él» (Jn 6,56). ¡La Eucaristía! Claro que comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo exige tener un corazón bien dispuesto (ver 1Cor 11,27) y por otro lado, exige la firme decisión de amar y actuar como Él: «Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él» (1Jn 2,6). Así, pues, nutridos de Cristo, obremos en las diversas circunstancias de la vida como Cristo mismo actuaría en nuestro lugar. ¡Entonces estaremos produciendo buen fruto!

La misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XXVII DE TIEMPO ORDINARIO

SALUDO

Dios Padre que nos da su Paz en Jesucristo, el Señor, y con su Espíritu nos llama a poner por obra todo lo que es noble y justo, esté con nosotros.

ENTRADA                                                                                                               

Bienvenidos, hermanos, a esta Eucaristía. En este día Dios nos sigue llamando y se nos mostrará como un Viñador alegre, que cuida y pone los medios para lograr una buena vendimia. Claro que Dios Viñador pone los medios pero… esperando «uvas cosecha agrazones»; las personas no sole­mos dar los frutos esperados y así nos va. Vivimos en continua tensión poniendo la búsqueda de la felicidad en dónde no está, sin conseguir que lo bueno, lo noble, lo justo que hay en cada ser humano salga a la luz. Como en todo, hay honrosas excepciones, hay cristianos y no cristianos que se esfuerzan por la paz, trabajando sin cesar por un mundo mejor: ellos nos animan y son motivo de esperanza.

Y como en la Iglesia no sirve sólo confesar la fe, sino que hay que ponerla por obra, hay que dar frutos de entrega y de testimonio cristiano; confiando en la ayuda de Dios Padre, comenzamos la celebración.

ACTO PENITENCIAL                                                                                                        

San Pablo nos anima a presentar en todo momento nuestras súplicas s Dios Padre. Esto nos ayuda a no hundirnos, aunque sabemos que tene­mos limitaciones. De todas ellas pedimos ahora su perdón:

– Tú, que nos llamas a dar frutos de verdad, a buscar en todo el bien de los hermanos. SEÑOR, TEN PIEDAD.

– Tú, que guardas nuestra vida ayudándonos a poner por obra todo lo que nos enseñas. CRISTO, TEN PIEDAD.

– Tú, que llenas de testigos el camino de nuestra vida nos y nos acercas tu Reino. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Oración: Concédenos, Señor, en tu gran bondad e perdón que proce­de de Ti y que nosotros necesitamos. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN COLECTA                     

Señor, tú que cuidas de todas las personas y nos llenas de dignidad haciéndonos tus hijos; aunque sabemos que hacemos uso inadecuado de la libertad, sigue mostrándonos tu Cami­no para que, llenos de Ti, seamos creadores de paz, de bien y de ver­dad. Por nuestro Señor Jesucristo.

LECTURA PROFÉTICA                                                                                                

La lectura que ahora escuchamos de Isaías, el «Canto de la Viña», es una obra maestra de la literatura, pero sobre todo nos señala a nosotros cómo es el actuar del Padre: infatigable trabajador, alegre, cuidadoso, espera paciente frutos adecuados…, pero la viña dio -y seguimos dando  otros resultados.

LECTURA APOSTÓLICA                                                                                     

Pablo nos llama a poner por obra todo el proceder que encontramos y descubrimos en Jesús. No se trata de que esté de moda la solidaridad, la entrega o el servicio, y que los cristianos nos dejemos llevar de tal corriente. No. Se trata de vivir identificados con Jesús y de vivir com­prometidos en el mundo.

 

LECTURA EVANGÉLICA                                                                                             

Jesús critica a los guías religiosos de su tiempo, cuyo actuar no ayu­da a que las personas vivan de acuerdo a su verdad. Y usando la misma imagen de Isaías, de la viña, anuncia que se les quitará el Reino y se dará a otros que sí den frutos.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES      

Presentemos al Padre nuestras plegarias, y respondamos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

  1. Por la Iglesia, por todos los que la formamos. Que crezcamos cada día más en la fidelidad a Dios y correspondamos a su amor hacia nosotros. OREMOS:
  2. Por el papa Francisco, por nuestro obispo……………………….. y por todos los obispos. Que el Espíritu Santo los ilumine en su labor, para que sepan conducir a la Iglesia según la voluntad amorosa de Dios. OREMOS:
  3. Por nuestra comunidad cristiana. Que reprendamos las actividades pastorales con ilusión y esperanza a pesar de las dificultades de este curso. OREMOS:                                    
  4. Por todas las familias, y especialmente por las que sufren por problemas económicos, por enfermedades, por tensiones y desavenencias, o por cualquier otra causa. Que tengan la fortaleza y la ayuda que necesitan para hacer frente a su situación. OREMOS:
  5. Por nosotros. Que seamos siempre buenos trabajadores de la viña del Señor. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y derrama tu Espíritu Santo sobre el mundo entero. Por Jesucristo nuestro Señor.                                                                                   

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS                                                                   

Sobre este pan y este vino, Señor, sabemos que vendrá la fuerza del Espíritu: te rogamos que de igual modo nosotros sepamos reco­nocerlo en la vida, y que este alimento sea cuanto necesitemos para vivir en tu presencia. Por Jesucristo.

PREFACIO                                                                                                               

Señor, somos caminantes invitados a manifestar la vida que de Ti pro­cede, mostrando en la actitud de cada día que la paz es posible, que la jus­ticia no es una ilusión irreal, y que el mundo nuevo al que nos convocas es posible inaugurarlo aquí y ahora, porque empieza cuando miramos a los demás como a hermanos.

Caminantes que deben pisar tierra, fiados de tu Amor, pero sin dormir­nos ni quedarnos rezagados de los sitios donde se juegan los destinos de la humanidad, del mundo laboral y sus problemas, de la realidad sociopolíti­ca, del mundo de la cultura… Allí es dónde debernos dar frutos, porque hemos sido creados para poner en obra tu bondad y amor a las personas.

Por eso queremos proclamar una vez más tu grandeza, con este him­no en tu honor: Santo, Santo, .Santo…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN                                                                 

Haz, Señor, que cuantos hemos celebrado la Eucaristía vivamos con entrega y fidelidad a la misma causa de Jesús, el anuncio del Rei­no, la búsqueda del bien y de la dignidad para todas las personas. Por Jesucristo.

La viña de mi amigo

Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
Como hábil labrador la entrecavó, la despedró,
y plantó buenas cepas;
la rodeó con una cerca,
construyó en medio una atalaya
y un lagar para recoger el fruto de la cosecha.

Mi amigo amaba su viña
tanto como su casa solariega,
pero tuvo que ausentarse por sus múltiples tareas.
Antes de irse nos eligió e hizo de su cuadrilla
y nos dejó al frente de su viña;
nos marcó nuestro trabajo,
llenó nuestra existencia de tiempo y riqueza,
y nos regaló sus propias herramientas.

Él, que tan bien nos conoce,
creía que estando solos,
sin dioses que nos miren y controlen,
trabajaríamos mejor.

Pasaron años y cosechas,
pero mi amigo no olvidaba su viña
y quiso probar los frutos de su heredad predilecta.

Envió a sabios criados que no lograron nada;
envió a criados dialogantes que volvieron al instante;
envió a criados fuertes que volvieron con las espaldas marcadas;
envió a profetas que nadie escuchaba;
envió a su hijo, el que había sido camarada
y elegido a los labradores…

Pero éstos lo mataron con saña,
se creyeron dueños de la viña
y se dieron a la buena vida.
Olvidaron su tarea,
y la viña, en vez de olorosa uva,
empezó a dar agrazones en toda circunstancia.

¿Qué hará mi amigo ahora con su viña y los labradores?

¡Pues contarles, una y otra vez, la historia,
para ver si la entienden y se convierten,
y logra un final feliz, que es lo que él quiere!

Señor, estén mis oídos atentos
a escuchar tu palabra.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XXVI de Tiempo Ordinario

Lo de que todos somos iguales es más un sueño, un deseo, que una realidad. Acabo de leer una estadística en la que se muestra como los hijos de las familias de clases medias y altas llegan a la escuela sistemáticamente mejor preparados que los niños nacidos en familias pobres. Decía el autor del comentario a la estadística que la solución no está sólo en incrementar los medios de las guarderías y de las escuelas. Es que además, las familias pobres son a veces más problemáticas. Aunque sólo sea porque los padres tienen que trabajar muchísimas horas y llegan cansados y tarde a casa sin posibilidad de atender a los niños como los progenitores de clase media y alta. Desde ese momento se marcan ya las diferencias entre las personas. 

Es decir, hay unos que tienen –tenemos– más posibilidades, más oportunidades que otros. Y, siendo honestos, debemos reconocer que eso no se debe a nuestra valía personal sino a la casualidad. Es algo que hemos recibido gratis. Otros han recibido gratis una posición peor en el teatro de este mundo. Ya decía Susanita, la amiga de Mafalda (la niña argentina creada por el genial Quino), que los pobres no dejarían de ser pobres nunca si iban a colegios pobres, compraban en mercados pobres y luego buscaban trabajos mal remunerados y casas en barrios pobres. 

Pero esto que es así genera para los que han tenido la suerte de tener más posibilidades no un privilegio de abuso sino un deber inexcusable: poner lo que tienen al servicio de los hermanos. Porque la verdad más importante es que somos hermanos, es que somos iguales a los ojos de Dios. Y los hermanos están para echarse una mano unos a otros, para compartir lo que tienen y ayudarse sin pedir nada a cambio. 

Corozaín, Betsaida, Cafarnaúm eran ciudades que habían sido privilegiadas por la presencia de Jesús. Eran además ciudades del mundo judío. Habían conocido la palabra de los profetas. Y luego la palabra de Jesús. Pero no habían respondido. ¿Cómo se les iba a exigir lo mismo que a Tiro y Sidón? 

¿Cómo se les va a pedir lo mismo a los pobres de este mundo que a los que nos han tocado en suerte tantos privilegios y no el menos importante, el de haber escuchado la Palabra?