Vísperas – Nuestra Señora la Virgen del Rosario

VÍSPERAS

NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DEL ROSARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Rezar el santo Rosario
no sólo es hacer memoria
del gozo, el dolor, la gloria,
de Nazaret al Calvario.
Es el fiel itinerario
de una realidad vivida,
y quedará entretejida,
siguiendo al Cristo gozoso,
crucificado y glorioso,
en el Rosario, la vida.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. El ángel Gabriel anunció a María, y concibió del Espíritu Santo.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El ángel Gabriel anunció a María, y concibió del Espíritu Santo.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.

CÁNTICO del EFESIOS

Ant. Alégrate, Virgen Madre: Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alégrate, Virgen Madre: Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya.

LECTURA: Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

R/ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
V/ El Señor está contigo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Mira a la llena de Gracia y escúchanos.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos, abundancia de salud y paz.

Tú que hiciste de María la llena de gracia,
— concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.

Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
— y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y cruz, y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXVII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,1-4
Estaba él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» Él les dijo: «Cuando oréis, decid:
Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano,
y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.»

3) Reflexión

● En el evangelio de ayer, vimos a María a los pies de Jesús, escuchando su palabra. Quien escucha la palabra de Dios deberá dar una respuesta en la oración. Así, el evangelio de hoy, da continuidad al evangelio de ayer, presentando el pasaje evangélico en que Jesús, por su manera de rezar, despierta en los discípulos la voluntad de rezar, de aprender de él a rezar.
● Lucas 11,1: Jesús, ejemplo de oración. “Estaba él orando en cierto lugar y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.” La petición del discípulo es algo extraña, pues en aquel tiempo, la gente aprendía a rezar desde pequeños. Todos e todas rezaban tres veces al día, de mañana, a medio día y por la tarde. Rezaban muchos salmos. Tenían sus prácticas piadosas, tenían los salmos, tenían las reuniones semanales en la sinagoga y los encuentros diarios en casa. Pero parece que no bastaba. El discípulo quería más: “¡Enséñanos a rezar!” En la actitud de Jesús él descubrió que podría dar un paso más y que, por ello, necesitaba una iniciación. El deseo de rezar está en todos, pero la manera de rezar pide una ayuda. La manera de rezar va cambiando a lo largo de los años de la vida y ha ido cambiando a lo largo de los siglos. Se enseña a rezar por medio de las palabras y del testimonio.
● Lucas 11,2-4: La oración del Padre Nuestro. “Jesús respondió: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.” En el evangelio de Mateo, de forma muy didáctica, Jesús resume toda su enseñanza en siete peticiones dirigidas al Padre. Aquí en el evangelio de Lucas las peticiones son cinco. En estas cinco peticiones, Jesús retoma las grandes promesas del Antiguo Testamento y pide que el Padre nos ayude a realizarlas. Las primeras tres (o dos) dicen algo respecto de nuestra relación con Dios. Las otras cuatros (o tres) dicen algo respecto de la relación entre nosotros…
Mt – Lc: Introducción: Padre Nuestro ¡que estás en el cielo!
Mt – Lc: 1º petición: Santificación del Nombre
Mt – Lc: 2º petición: Llegada del Reino
Mt: 3º petición: Realización de la Voluntad
Mt – Lc: 4º petición: Pan de cada día
Mt – Lc: 5º petición: Perdón de las deudas
Mt – Lc: 6º petición: No caer en las Tentaciones
Mt: 7º petición: Liberación del Maligno
● Padre (Nuestro): El título expresa la nueva relación con Dios (Padre). Es el fundamento de la fraternidad.
a) Santificar el Nombre: El nombre es JAHVÉ. Significa ¡Estoy contigo! Dios con nosotros. En este NOMBRE Dios se da a conocer (Ex 3,11-15). El Nombre de Dios es santificado cuando es usado con fe no como magia; cuando es usado según su verdadero objetivo, es decir, no para la opresión, sino para la liberación de la gente y la construcción del Reino.
b) Llegada del Reino: El único dueño y rey de la vida humana es Dios (Is 45,21; 46,9). La venida del Reino es la realización de todas las esperanzas y promesas. Es la vida plena, la superación de las frustraciones sufridas con los reyes y los gobiernos humanos. Este Reino acontecerá, cuando la voluntad de Dios se realice plenamente.
c) Pan de cada día: En el éxodo, cada día, la gente recibía el maná en el desierto (Ex 16,35). La Providencia Divina pasaba por la organización fraterna, por el compartir. Jesús nos invita a realizar un nuevo éxodo, una nueva manera de convivencia fraterna que garantice el pan para todos (Mt 6,34-44; Jn 6,48-51).
d) Perdón de las deudas: Cada 50 años, el Año Jubilar obligaba a todos al perdón de la deuda. Era un nuevo comienzo (Lev 25,8-55). Jesús anuncia un nuevo Año Jubilar, «un año de gracia de parte del Señor» (Lc 4,19). El Evangelio quiere empezar todo de nuevo. Hoy, la deuda externa ¡no es perdonada! Lucas cambia “deudas” por “pecados”.
e) No caer en la Tentación: en el éxodo, la gente fue tentada y cayó (Dt 9,6-12). Murmuró y quiso volverse atrás (Ex 16,3; 17,3). En el nuevo éxodo, la tentación será superada por la fuerza que el pueblo recibe de Dios (1Cor 10,12-13).
● El testimonio de la oración de Jesús en el Evangelio de Lucas:
– A los doce años de edad, va al Templo, a la Casa del Padre (Lc 2,46-50).
– En la hora de ser bautizado y de asumir la misión, reza (Lc 3,21).
– En la hora de iniciar la misión, pasa cuarenta días en el desierto (Lc 4,1-2).
– En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura (Lc 4,3-12).
– Jesús tiene la costumbre de participar en las celebraciones en las sinagogas los sábados (Lc 4,16)
– Busca la soledad del desierto para rezar ( Lc 5,16; 9,18).
– La víspera de escoger a los doce Apóstoles, pasa la noche en oración (Lc 6,12).
– Reza antes de comer (Lc 9,16; 24,30).
– Al ponerse ante la realidad y a la hora de hablar de su pasión, reza (Lc 9,18).
– En la crisis, sube al Monte para rezar y es trasfigurado cuando reza (Lc 9,28).
– Ante la revelación del Evangelio a los pequeños, dice: “¡Padre yo te doy gracias!” (Lc 10,21)
– Rezando, despierta en los apóstoles la voluntad de rezar (Lc 11,1).
– Reza por Pedro para que no desfallezca en la fe (Lc 22,32).
– Celebra la Cena Pascual con sus discípulos (Lc 22,7-14).
– En el Huerto de los Olivos, reza, aun cuando transpira sangre (Lc 22,41-42).
– En la angustia de la agonía pide a los amigos que recen con él (Lc 22,40.46).
– En la hora de ser clavado en la cruz, pide perdón por los malhechores (Lc 23,34).
– En la hora de la muerte, dice: «¡Entre tus manos encomiendo mi espíritu!» (Lc 23,46; Sal 31,6)
– Jesús muere soltando el grito del pobre (Lc 23,46).

4) Para la reflexión personal

● ¿Rezo? ¿Cómo rezo? ¿Qué significa la oración para mí?
● Padre Nuestro: paso en revista las cinco peticiones y verifico cómo las vivo en mi vida.

5) Oración final

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 33-34

« Y, llegada la hora sexta, se hizo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y en la hora nona gritó Jesús con gran voz: “Eloî, Eloî, lêma sabachthanî”, que se traduce: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

El relato marcano de las últimas horas de Jesús alterna las descripciones de maravillas cósmicas y terrenales (15,33.38), de su gran voz a la hora de morir y el fallecimiento de Jesús (15,34.37) con las reacciones de los presentes en su agonía y muerte (15,35-36.39-41). Antes de la muerte de Jesús, las burlas dominan las reacciones; después, la compasión y el temor.

El pasaje se divide en dos partes principales: los acontecimientos que conducen hasta la muerte de Jesús incluida (15,33-37), y los eventos inmediatamente después de ella (15,38-41). Cada una de estas secciones puede subdividirse a su vez: la primera consistiría en el grito de abandono (15,33-34 y la poca comprensión de los presentes más la muerte de Jesús (15,35-37); la segunda, en la reacción del centurión (15,38-39) y las mujeres que observan desde lejos (15,40-41).

• 15, 33-34: El grito de abandono. La subsección que concluirá con la muerte de Jesús comienza de manera bastante apropiada con la oscuridad que se cierne sobre el mundo entero. Esta oscuridad es un rasgo simbólico con varias dimensiones. Puede ser un signo de la estatura espiritual de Jesús: los eclipses y otros insólitos acontecimientos astronómicos se relacionaban a menudo con la muerte de gente importante, como Julio César. Podían ser también un signo de que Dios o la naturaleza se afligían por el difunto, o que este era en realidad divino o estaba en proceso de convertirse en tal. La oscuridad sobrenatural, por tanto, puede ser uno de los motivos por los que el centurión aclama a Jesús como hijo de Dios.

Más importante es que la oscuridad sugiere que la muerte de Jesús es un momento decisivo en la historia de la salvación. Esta interpretación está en la línea de concepciones que son tanto paganas como judías. En contextos judíos y cristianos tales concepciones se convierten a menudo en otras de carácter escatológico. Antes, en el evangelio de Marcos, por ejemplo, se dice que el oscurecimiento del sol era parte de los infortunios escatológicos (13,24). Esta interpretación escatológica de la oscuridad en Mc 15,33 se apoya en la observación de que el versículo parece ser un eco de Amós 8,9-10. Este pasaje de Amós describe el día del juicio final. En este pasaje el sol se oscurece al mediodía, que en el modo de contar romano sería la hora sexta, al igual que en Mc 15,33. En el profeta Amós, además, esta oscuridad ocurre en medio de una festividad (la Pascua en Marcos). Estos ecos intertextuales sugieren que aunque Jesús pueda sentirse abandonado por Dios, no por eso deja de ser el vástago querido de un padre amante, y su muerte inocente tiene un objetivo salvífico que se desarrolla en el drama de la redención.

Tras describir las circunstancias del grito angustiado de Jesús en 15,33-34a (oscuridad mundial, la hora nona, voz fuerte), Marcos se dispone a citar sus palabras en 15,34b. Son estas una cita del versículo que abre el Salmo 22, que Marcos ofrece en arameo, y que luego traduce al griego. Anteriormente se ha aludido a este salmo en los relatos del reparto de las vestiduras de Jesús (15,24; cf. Sal 22,18) y de las burlas al crucificado (15,29-32; cf. Sal 22,64). El Salmo 22 concluye triunfalmente con la proclamación del reinado de Dios hasta los confines de la tierra (22,27-28), por lo que unos procuran atemperar la dificultad de nuestro versículo postulando que cuando Jesús citó el primer versículo, tenía en mente el final triunfante. Pero aunque parece probable que el final del salmo estuviera en la mente de Marcos cuando continuaba con su historia, este final victorioso no debe anular su angustiado principio en la exégesis del grito de abandono por parte de Jesús. Jesús no cita el final del Salmo 22, pero su atormentado principio corresponde perfectamente a la situación de tormento en la que se encuentra un crucificado. En el caso de Jesús es una situación de verdadero abandono. Antes, en el relato de la pasión, Jesús ha sido abandonado por sus compañeros más íntimos (14,50-52), y en la escena de crucifixión hasta los criminales condenados con él le han privado de toda compasión (15,29-32). Ahora, en un momento tan trascendental, parece haber sido abandonado también por Dios.

Aunque algunos cristianos se han preocupado por este grito de abandono, otros lo han visto como una muestra de la identificación de Jesús con la humanidad, y como una fuente de consuelo y fortaleza. En el punto más bajo de su existencia, Jesús experimenta la misma sensación de abandono divino que caracteriza tan a menudo nuestras vidas; como afirma Agustín, Jesús «empleó el discurso de nuestra debilidad». Paradójicamente, el grito de abandono se convierte en una buena noticia: al identificarse con la perdición humana, el Hijo de Dios señala la vía de salida (cf. 2Cor 5,21). Jesús entra en la oscuridad de la edad antigua para que la humanidad pueda vivir en la luz de la nueva; Jesús da su vida como «rescate por muchos» (10,45). Con su grito y con su muerte Jesús alcanza el objetivo de su misión: la identificación completa con la condición servil y maldita de la humanidad, a la que corresponde una forma de muerte, la «muerte en cruz» (cf. Flp 2,7-8). El grito de abandono, pues, es la extraña contrapartida marcana al grito de triunfo joánico: «Todo se ha cumplido» (Jn 19,30), se ha alcanzado el objetivo, la humanidad ha sido redimida y Jesús, por tanto, puede morir.

Comentario – Nuestra Señora del Rosario

Entre los misterios de gozo que contemplamos en el rezo del Rosario figura la Anunciación del Señor. Lo que el ángel anuncia a esta joven mujer de Judea llamada María, mujer ya desposada con un varón de nombre José, es que va ser madre, y madre-virgen, de un hijo que, siendo hijo de sus humanas entrañas, merecerá el nombre de Hijo del Altísimo porque será realmente del Altísimo, es decir, de Dios, Hijo de Dios. Tal es la inusitada noticia que se da a conocer en la escena de la Anunciación: una noticia capaz de provocar el asombro, e incluso la incredulidad, de cualquier destinatario por muy dispuesto que esté a dar acogida a ciertos testimonios.

En María, la llena de gracia, no cabía mejor disposición para dar fe a lo anunciado; aun así, la noticia era de una magnitud descomunal, tan descomunal como la masa de ciertos “agujeros negros” (millones de soles) o las distancias intergalácticas. Porque si el Enmanuel, el Dios-con-nosotros, es el dado a luz por la Virgen –en conformidad con la señal profética de Isaías-, será también el Dios-entre-nosotros, el Dios en el seno de una mujer, el Dios nacido, el Dios infante, el Dios adolescente, el Dios espaciotemporal, el Dios con edad y crecimiento, el Dios encarnado, el Dios historizado, el Dios limitado, el Dios mortal, el Dios muerto, el Dios en su contrario, la paradoja de Dios. ¿No es realmente “increíble” la noticia que se ofrece en esta anunciación, más allá de las dificultades que pueda presentar una maternidad virginal? María, que al parecer, y a pesar de estar ya desposada, mantiene propósitos de virginidad, hace referencia a esta dificultad: ¿Cómo será eso, pues no conozco (ni tengo intención de conocer) varón?

No será necesario conocer varón para concebir a este hijo, vine a decirle el ángel, porque el concebido y nacido como Hijo del Altísimo será fruto de la acción del Espíritu Santo en ella: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Con la intervención del Dios creador quedan desechas todas las dificultades y abiertas todas las posibilidades. Semejante concepción es posible porque para Dios nada es imposible: ni la fecundidad de una mujer estéril y anciana como Isabel, que ya está de seis meses, ni la maternidad de una virgen como María. ¿Cómo va a ser imposible para el que ha sacado la naturaleza de la nada (su Creador) sacar vida de la esterilidad temporal o definitiva de esa misma naturaleza o del estado virginal de la misma? A Dios ni le es imposible hacer madre a una mujer estéril, ni a una mujer virgen. De ambos estados Dios puede sacar fecundidad.

La afirmación evangélica es tan rotunda e incuestionable que a María, una mujer tan llena de fe y de gracia, no le queda sino asentir, reconocer esta realidad, viéndose a sí misma como esclava del Señor, dispuesta en todo momento a aceptar su plan y a colaborar con él: Hágase en mí según tu palabra. Pero reconocer la posibilidad de la encarnación del Hijo de Dios, apoyados en el axioma de la omnipotencia divina –a Dios nada le es imposible-, no rebaja o elimina la perplejidad que semejante noticia deja en nosotros, pobres criaturas, pues nos vemos obligados a reconocer no simplemente la presencia de lo Infinito en lo finito, sino la identidad de lo Infinito y lo finito en el hombre Jesús: una identidad que escapa a cualquier intento de comprensión.

Por eso el concepto Deus-homo, que brota del hecho de la encarnación del Verbo, se mantiene ahí como un permanente desafío para la lógica humana; pero es al mismo tiempo el que se propone a la fe del creyente y el que mejor nos habla del Dios extático, el Dios que sale de sí mismo (como Hijo) por amor para identificarse con el hombre al que quiere sacar de su postración y hacerle partícipe de su propio destino glorioso. Ello nos será posible si nos incorporamos al movimiento colaborativo de María y nos sumamos al plan de Dios con la misma disponibilidad y voluntariedad que ella: Hágase en mí según tu palabra.

La expresión mariana, aunque sugiere a primera vista una actitud de pasividad ante la voluntad del superior, es sumamente activa. Dios no actúa en nosotros como si fuéramos una materia inerte, sino como sobre una materia viva y dotada también de voluntad. Por eso sus actuaciones son también peticiones que implican un lenguaje (o cauce de comunicación) dirigido a nuestra inteligencia, un lenguaje que reclama nuestra colaboración y convoca, por ello, nuestra voluntad. El hágase (fiat) no es un simple dejar hacer a un agente extrínseco, poniéndose en sus manos, es –en este caso- un incorporarse voluntariamente –como colaborador- a esta acción, prestando todas sus facultades y energías al éxito de esta economía. En el hágase hay docilidad, pero no pasividad. Pues bien, eso mismo es lo que Dios espera de nosotros: obediente colaboración a sus planes salvíficos.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

V. María, signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios

María, signo del pueblo de Dios

68. Mientras tanto, la Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (cf. 2 P 3,10).

Comentario Domingo XXVIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús resucitado, envíanos tu Espíritu que nos lleve a la verdad completa acerca de Ti y acerca de nosotros mismos. A la verdad completa sobre el sentido de tu vida y de tu muerte. A la verdad completa sobre el sentido de nuestras vidas, sobre el valor de lo que ponemos, de lo que gozamos, de lo que sufrimos. Porque queremos: amar Contigo como Tú supiste amar, gozar Contigo cuando toque gozar, sufrir Contigo cuando nos toque sufrir. AMEN.

 

Mt 22, 1-14

«1Y, respondiendo, Jesús de nuevo les habló en parábolas, diciendo: 2“El Reino de los cielos es semejante a un rey que hizo la boda a su hijo. 3Y envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, y no quisieron ir.

4Envió de nuevo otros siervos, diciendo: ‘Decid a los invitados: He aquí que está preparado mi banquete, he matado mis terneros y reses cebadas, y todo está preparado; venid a la boda’. 5Pero los convidados se fueron; uno a su propio campo, pero otro a sus negocios, 6pero los demás, agarrando a los siervos, los maltrataron y mataron.

7Pero el rey se enfureció y, enviando sus tropas, destruyeron a aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad.

8Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. 9Así pues, id a las salidas de los caminos y a todos los que encontréis, invitadlos a la boda’.

10Y, saliendo aquellos siervos a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y se llenó la boda de comensales.

11Pero entrando el rey a saludar a los comensales vio allí uno no vestido con ropa de boda 12y le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí no teniendo ropa de boda?’.

Pero él calló.

13Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’. 14Porque muchos son llamados pero pocos escogidos”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Jesús toma de nuevo la palabra (v. 1): estamos en la continuación de la parábola del domingo anterior (Mt 21,33-44), y es la última del grupo de parábolas que Jesús dirige a las clases dirigentes de Israel. Inmediatamente después entrarán en escena los fariseos, que se reúnen para poder “sorprender” a Jesús en alguna palabra y le proponen el tema del tributo debido al César (22,15-22). La parábola de hoy repite la misma idea de las dos anteriores, leídas los dos domingos pasados: el rechazo del “Israel oficial” a la oferta de salvación, en este caso, la invitación al banquete de bodas hecha por un rey.

 

TEXTO

Tras los dos versículos introductorios (vv. 1 y 2), el cuerpo de la parábola tiene dos partes: vv. 3-7 y vv. 8-13. La primera parte contiene un escueto primer envío de siervos a los invitados, que no quieren ir a la boda (v. 3); un segundo envío, más desarrollado tanto en el anuncio que los siervos deben decir a los invitados como en la reacción negativa de estos; sorprende la tercera reacción (maltratar y matar a los siervos), que está fuera de lugar en la parábola, pero que la relaciona con la parábola anterior, la de los viñadores homicidas (vv. 4-6); finalmente la reacción del rey, completamente desproporcionada (v. 7). La segunda parte es un nuevo comienzo: un tercer envío a buscar invitados a la boda, esta vez con éxito (vv. 8- 10); el encuentro del rey con un invitado que no vestía traje de boda (vv. 11-12); y otra reacción impresionante del rey con dicho invitado (v. 13). El texto se cierra con una antítesis de Jesús (v. 14). Destaca el tenor negativo del texto, todo parece abocado al fracaso (recordemos los destinatarios de las palabras de Jesús y lo que ocurrió históricamente con ellos). Sobresalen los términos rey (hilo conductor del evangelio) y boda (fiesta), y también siervos e invitados.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El rey (Dios) es la única persona determinante en el relato, solo él habla y el relato prácticamente consta de acciones y órdenes suyas. Está empeñado en invitar a la fiesta de la boda de su hijo, pero su invitación cae en saco roto. Sus duras reacciones (vv. 7 y 13) se explican en sentido histórico: Jerusalén fue destruida por los romanos en el año 70 y eso pudo ser interpretado como “castigo” por no aceptar a Jesús.

• La parábola es una advertencia a los oyentes para no perderse la gran ocasión de celebrar la fiesta del reino de Dios. La invitación no caduca, pero la advertencia está en primer plano. No son palabras dirigidas a los discípulos, sino a los adversarios de Jesús. Pero convendría reflexionar sobre cuánto de “sumo sacerdote, anciano del pueblo o fariseo” tiene nuestro modo de seguir a Jesús y nuestra militancia cristiana.

• En primer plano está también la advertencia de que la riqueza (“las tierras, los negocios”) y la violencia suponen un rechazo a la invitación al reino de Dios y ello nos debe hacer pensar en qué ambiciones y proyectos ocupan nuestro corazón y qué medios utilizamos para conseguirlos.

• Los vv. 11-13 deben leerse, en el marco del evangelio de Mateo, como principios fundamentales: ser llamado a la comunidad, ser miembro de la Iglesia, no significa, ni de lejos, estar salvado. El final inesperado del convidado sin traje de boda (v. 13) está el centro de gravedad de la parábola. El juicio sobre un Israel que rechazó a Jesús no puede ser motivo de autocomplacencia para la comunidad cristiana que ahora ocupa su puesto. Las obras (“hacer la voluntad del padre” en 21,28-32; los “frutos” en 21,33-44; el “vestido de boda” hoy) acreditan la verdadera pertenencia al grupo de invitados, al Reino.

• El dicho final recapitula toda la parábola: el principio de que todos son invitados, pero solo unos pocos se salvan rige para la Iglesia lo mismo que para Israel. El contraste entre “muchos” y “pocos” quiere dar más gravedad a la advertencia. La parábola del banquete nupcial lleva a su punto crítico y final el gran ajuste de cuentas con Israel que Jesús realiza en las tres parábolas que hemos leído estos tres últimos domingos.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXVIII de Tiempo Ordinario

XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario
11 de octubre 2020

Isaías 25, 6-10; Salmo 22; Filipenses 4, 12-14. 19-20; Mateo 22, 1-14 o 22, 1-10

Parábola de los Invitados al Banquete de Bodas

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Reflexión

Jesús dirige otra parábola (un cuento con una enseñanza) a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo de Dios. Ellos guíaban al pueblo con leyes pero no tenían a Dios en sus corazones. ¿Quién representa el Rey y su hijo? A Dios y a Jesús. ¿Qué representa la boda? El banquete del Cielo que Dios prepara para los que aman y siguen a su hijo, Jesus. Celebramos el banquete con Jesús en la Eucaristía durante la misa; y después en el Cielo. ¿Quiénes representan los criados? Los profetas de Dios. ¿Quiénes representan los primeros invitados? Son los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo de Dios y algunos del pueblo escogido de Dios. ¿Cómo reacionaron los primeros invitados?Algunos se escusaron y otros insultaron y hasta mataron a los criados. Igual los lideres judios no respondieron al llamado del profeta San Juan el Bautista que pedía conversión y bautismo del agua para preparar para la venida del Mesías de Dios; y tampoco reconocieron ni siguieron a Jesús, el Mesías. ¿Hay veces que hacemos escusas para no participar en el banquete de la misa dominical? ¿Cómo se siente Dios? Compartir ¿Cómo responde el Rey cuando matan a sus servidores? El mata a los asesinos y manda a los criados a invitar a todos los que encuentren en el camino, buenos y malos, asi llenando la sala del banquete. ¿Quiénes representan los últimos invitados? Qualquier persona que acepta la invitación de Jesús y lo sigue. Ya la invitación no está limitada al pueblo judío. Jesús les está comunicando que ellos no han respondido a la invitación de Dios de amar y seguir a Su Hijo y por eso no entrarán al banquete del Cielo.

Actividad

En la siguiente página, colorear la historia de la parábola de la boda. En la otra página, hacer la manualidad, coloreando y cortando los dos dibujos, el banquete de la misa y el banquete en el Cielo. Pegar a dos lados de un papel de color 4.25”x5.5” doblado en la mitad para pararlo.

Oración

Jesús, entra en mi corazón y ayúdame a siempre decirte que sí. Te ruego por la conversión de todas las almas para que todo el mundo comparta del banquete del Reino de los Cielos. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola del banquete nupcial – Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: – El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda». Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: – La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del baquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta, y le dijo: – Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: – Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos

Explicación

Hablando Jesús un día con los sacerdotes y los senadores del pueblo les dijo esta parábola: Un rey celebraba la bada de su hijo y llamó a sus invitados para que vinieran a celebrarla, pero no quisieron ir. Entonces el rey dijo a sus criados: id a los caminos e invitad a la gente que encontréis porque el banquete ya está preparado. Y se llenó la sala de invitados. Pero había uno que no traía el traje de fiesta y lo echaron fuera. Jesús les dijo: Veis, muchos son los llamados pero pocos los escogidos.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

28 DOMINGO ORDINARIO “A” (Mt. 22, 1-14)

NARRADOR: En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo diciendo:

JESÚS: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados:

REY: Mañana es la boda de mi hijo. Id y avisad a los convidados para que se preparen.

CRIADO 1º: Majestad, les hemos invitado y dicen que todavía tienen tiempo.

CRIADO 2º: Sí, Majestad, piensan que aún es demasiado pronto para acudir.

NARRADOR: Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran:

REY: Tengo encargado el banquete, he matado terneras y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.

NARRADOR: Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y les maltrataron hasta matarles. El rey montó en cólera…, envió sus tropas que acabaron con ellos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

REY: La boda está preparada, pero los convidados no se lo merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

NARRADOR: Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el Rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

REY: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?

NARRADOR: El convidado no abrió la boca. Entonces el Rey dijo a sus criados:

REY: Cogedlo y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXVII de Tiempo Ordinario

Pablo se siente legítimo apóstol de los gentiles. La Iglesia de Jerusalén (Santiago, Juan y Pedro) así se lo han confirmado. Esta es la carta de legitimación de que su predicación es auténtica, frente a las tendencia judaizantes que querían someter a los cristianos gentiles a las prescripciones judías. Pablo pone en evidencia uno de los grandes conflictos que tuvo la Iglesia de los primeros tiempos, y que estuvo a punto de escindir la Iglesia. Al final la unidad se mantuvo, no sin dolor, renuncia y diálogo en la búsqueda de la voluntad de Dios allí donde Dios se nos muestra.

En el evangelio Jesús nos enseña la oración del Padrenuestro. Es la respuesta a la inquietud de sus discípulos por la oración: “Señor, enséñanos a orar”. Es la oración fundamental, es decir la que nos lleva a fondo de nuestra fe, a nuestra experiencia filial. El Padrenuestro es un maravilloso y sencillo mapa para viajar al centro. En la versión de Lucas, nos lleva al centro a través de cuatro peticiones esenciales: el reino, el pan, el perdón, la preservación de la tentación. Jesús ora porque necesita viajar al centro de su experiencia filial, porque necesita respirar el cariño de su Abbá. Jesús es el gran experto del «viaje al centro». Y, desde el centro, se conecta con todos y con todo. Sé que estas expresiones pueden malentenderse en tiempos en que hemos hablado, más bien, de la necesidad de viajar la periferia. No hay contradicción. Aquí el «centro» no significa el ámbito del poder sino el núcleo de la persona, su corazón. Viajar al centro es viajar al santuario de nuestra identidad, en el que descubrimos a Dios, nos descubrimos a nosotros mismos de un modo nuevo, nos vinculamos a los demás en la raíz y nos insertamos en el mundo. Por eso orar es como respirar.

Hoz la Iglesia celebra también la Vírgen del Rosario. Según la tradición, la Virgen del Rosario se apareció a Santo Domingo de Guzmán hacia el año de 1208 y le enseñó a rezar el Rosario. A través del rezo del Santo Rosario, María nos acompaña recorriendo los misterios de la Vida de Jesüs ayudándonos a escuchar y acoger su Palabra en nuestro corazón, como hizo ella desde su Si en respuesta al saludo del Ángel: «He aqui la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra».