Vísperas – Jueves XXVII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXVII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos:

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor que nos has llamado a tu santa Iglesia;
— consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,
— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
— y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperan en ti,
— concédeles el descanso eterno.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – Jueves XXVII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,5-13
Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: `Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite. «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»

3) Reflexión

● El evangelio de hoy continúa el asunto de la oración, iniciado ayer con la enseñanza del Padre Nuestro (Lc 11,1-4). Hoy Jesús enseña que debemos rezar con fe e insistencia, sin desfallecer. Para esto, usa una parábola provocadora.
● Lucas 11,5-7: La parábola que provoca. Como de costumbre, cuando tiene algo importante que enseñar, Jesús recurre a una comparación, a una parábola. Hoy nos cuenta una historia curiosa que termina en pregunta, y dirige esta pregunta a la gente que escucha y también a nosotros que hoy leemos o escuchamos la historia: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: `No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos”. Antes de que Jesús dé la respuesta, quiere que nosotros demos nuestra opinión. ¿Qué contestarías: sí o no?
● Lucas 11,8: Jesús mismo responde a la provocación. Jesús da su respuesta: “Os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, se levantará para que deje de molestarle y le dará cuanto necesite”. Si no fuera Jesús, ¿tendrías el valor de inventar una historia en la que se sugiere que Dios atiende nuestras oraciones para verse libre de ser molestado? La respuesta de Jesús afianza el mensaje sobre la oración, a saber: Dios atiende siempre nuestra oración. Esta parábola recuerda otra, también en Lucas, la de la viuda que insiste en conseguir sus derechos ante el juez a quien no le importa ni Dios ni la justicia, y que atiende a la viuda no porque es justo, sino porque quiere librarse de la mujer inoportuna (Lc 18,3-5). Jesús saca luego unas conclusiones para aplicar el mensaje de la parábola a la vida.
● Lucas 11,9-10: La primera aplicación de la Parábola. “Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán”. ¡Pedir, buscar, llamar! Jesús no pone condiciones. Si pides, recibirás. Si llamas a la puerta, te abrirán. Jesús no dice cuánto tiempo va a durar el pedido, la búsqueda o el llamar, pero lo cierto es que vas a obtener resultado.
● Lucas 11,11-12: La segunda aplicación de la parábola. “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión?” Esta segunda aplicación deja ver al público que escuchaba las palabras de Jesús y la manera en que él enseña en forma de diálogo. El pregunta: “Tu tienes hijos, si te pide un pez ¿le das en cambio una culebra?” La gente responde: “¡No!” –“y si pide un huevo, ¿le das un escorpión?” -“¡No!” Por medio del diálogo, Jesús implica a las personas en la comparación y por la respuesta que recibe, las compromete con el mensaje de la parábola.
● Lucas 11,13: El mensaje: recibir el don del Espíritu Santo. “Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” El gran don que Dios tiene para nosotros es el Espíritu Santo. Cuando fuimos creados, el sopló su espíritu en nuestras narices y nos volvimos un ser vivo (Gén 2,7). En la segunda creación, a través de la fe en Jesús, él nos da de nuevo al Espíritu, el mismo Espíritu que hizo que la Palabra se encarnara en María (Lc 1,35). Con la ayuda del Espíritu Santo, el proceso de encarnación de la Palabra sigue hasta la hora de la muerte en la Cruz. Al final, en la hora de la muerte, Jesús devuelve el Espíritu al Padre: “Entre tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46). Es éste el Espíritu que Jesús promete como fuente de verdad y de comprensión (Jn 14,14-17; 16,13), y como ayuda en medio de las persecuciones (Mt 10,20; He 4,31). Este Espíritu no se compra con dinero en los grandes almacenes. La única manera de obtenerlo es mediante la oración. Nueve días de oración obtuvieron el don abundante del Espíritu en día de Pentecostés (He 1,14; 2,1-4).

4) Para la reflexión personal

● ¿Cómo reaccionas ante la provocación de la parábola? Una persona que vive en un piso pequeño en un gran ciudad, ¿cómo respondería? ¿Abriría la puerta?
● Cuando rezas, ¿rezas con la convicción de que vas a recibir algo?

5) Oración final

Doy gracias a Yahvé de todo corazón,
en la reunión de los justos y en la comunidad.
Grandes son las obras de Yahvé,
meditadas por todos que las aman. (Sal 111,1-2)

Por amor de Dios todo se puede (amor a Dios)

El amor de contentar a Dios y la fe hacen posible lo que por razón natural no lo es (Santa Teresa, Fundaciones, 2, 4).

Un poquito de este puro amor…, más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas obras juntas (San Juan de la Cruz, Cántico 2, anotación a canción 29).

Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela. (San Agustín, Sermón 126).

Esteban tenía por armas la caridad y con ella vencía en todas partes. Por amor a Dios no se cruzó de brazos ante los enfurecidos judíos; por amor al prójimo intercedía por quienes lo lapidaban; por amor argüía a los que estaban en el error, para que se corrigiesen… Apoyado en la fuerza de la caridad, venció la violenta crueldad de Salud, y mereció tener por compañero en el cielo al que en la tierra tuvo como perseguidor (San Fulgencio, Sermón 3).

Comentario – Jueves XXVII de Tiempo Ordinario

Ya comentamos en su momento el pasaje paralelo del evangelio de Mateo. El de Lucas es mucho más escueto y pobre en detalles explicativos. Quizá esté más próximo al arameo de origen. Jesús solía retirarse a orar con cierta frecuencia, al menos en esta etapa de su actividad misionera. Y sus discípulos, sus acompañantes más asiduos están al tanto de este hábito oracional. En una de esas ocasiones –nos dice el evangelista- estaba Jesús orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

A esta petición Jesús responde de inmediato proponiéndoles un modelo de oración: Cuando oréis –les dice- decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano (πιούσιον), perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo (παντι φειλοντι), y no nos dejes caer en la tentación». He aquí el Padre nuestro en la versión de san Lucas.

Resulta una evidencia que estamos ante una oración de carácter filial en la que Jesús, el Hijo por excelencia, deja su impronta personal, pues a ella traslada sus centros de interés: el Reino, el perdón de los pecados, la tentación.

¿Quién más plenamente que él puede decir: Abba, Padre? ¿Quién mejor que él puede desear que el nombre del Padre sea reconocido en toda su santidad por todos? ¿Quién puede anhelar más que él que venga su Reino, crezca, se implante y alcance su plena realización? ¿Qué persona puede haber más indicada para pedir el pan nuestro de cada día que el que sació el hambre de toda una multitud multiplicando unos cuantos panes y que se ofrece a sí mismo como pan para la vida del mundo? ¿Quién mejor que el que vino como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que perdonó pecados puede decir en nombre de todos los pecadores: perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, instándonos de este modo a perdonar a nuestros deudores u ofensores? ¿Y quién mejor que el que sufrió y venció tentaciones podrá expresar en nombre de todos sus seguidores este deseo: no nos dejes caer en la tentación?

Luego la fórmula oracional que él ofrece como un modelo a seguir no deja de ser el fruto de una experiencia personal de relación con su Padre. Jesús quiere estar en el corazón de todos los creyentes que experimentan la necesidad de elevar su plegaria al Dios de cielos y tierra. Se trata de ese Padre que no va a dar una piedra al hijo que le pide pan, ni una serpiente al que le pide pescado: el Padre bueno que sabe dar cosas buenas a los que le piden. Y nada hay más bueno que el Reino deseable y deseado o que el perdón que da acceso a ese Reino; y nada hay más necesario para mantenerse en esta vida de lucha contra las tentaciones que el pan cotidiano que la sostiene tanto en su dimensión corporal como espiritual. Tampoco hay nada más conveniente para seguir avanzando por el camino del Reino que la superación de esos obstáculos que son las inevitables tentaciones que nos salen al paso en nuestro recorrido existencial.

Pedir al Padre todo esto es pedir su auxilio para la vida presente y la futura; pero en ningún caso es pedir que nos supla en aquello que nos incumbe hacer a nosotros: trabajar, luchar, esforzarse, orar, querer, perdonar, pedir perdón, poner todas nuestras energías, inteligencia y voluntad, al servicio del bien y de la verdad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Lumen Gentium – Documentos Concilio Vaticano II

María interceda por la unión de los cristianos

69. Es motivo de gran gozo y consuelo para este santo Concilio el que también entre los hermanos separados no falten quienes tributan el debido honor a la Madre del Señor y Salvador, especialmente entre los Orientales, que concurren con impulso ferviente y ánimo devoto al culto de la siempre Virgen Madre de Dios [195]. Ofrezcan todos los fieles súplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres para que ella, que ayudó con sus oraciones a la Iglesia naciente, también ahora, ensalzada en el cielo por encima de todos los ángeles y bienaventurados, interceda en la comunión de todos los santos ante su Hijo hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el título de cristianos como los que todavía desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Santísima e indivisible Trinidad.

Todas y cada una de las cosas establecidas en esta Constitución dogmática han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, con la potestad apostólica que nos ha sido conferida por Cristo, juntamente con los venerables Padres, las aprobamos, decretamos y estatuimos en el Espíritu Santo, y ordenamos que lo así decretado conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, día 21 de noviembre de 1964.

Yo, Pablo, Obispo de la Iglesia católica.

No contestamos al teléfono del Señor

1.- Jesús no nos cuenta cuentos. Esta parábola no es el cuento de la Cenicienta, en que al fin la joven pobre y despreciada se casa con el Príncipe. Jesús alude a una situación real del pueblo escogido, alusión tan clara que si en el versículo siguiente a estos leídos hoy, se dice que los fariseos se reunieron para ver de cogerle en alguna declaración que le comprometiera ante las autoridades y le van a preguntar sobre el tributo al César.

Es historia de un pueblo escogido al que le molestan los profetas, los siervos que invitan a la Boda del Reino y los matan y pierden la invitación al banquete. Es historia para los que oían el evangelio de San Mateo en la Iglesia primitiva, que aún retenían en sus oídos el golpear de lanzas y escudos, el griterío de las legiones romanas tomando Jerusalén. Y ante sus ojos se alzaban las llamaradas de los incendios; “porque el Rey envió sus tropas que prendieron fuego a la ciudad”.

2.- Es la historia a través de la Historia, porque Dios sigue llamando, sigue invitando y siempre lo hace en el momento más inoportuno, lo hace cuando estamos ocupados.

Siempre estamos ocupados para Dios. Nuestro teléfono da siempre comunicando cuando Dios llama. Tal vez Dios mismo echará pestes de la Telefónica aunque no tenga la culpa

A Dios no le damos una oportunidad de llegarnos al corazón cuando nos invita a sus bodas y eso que no nos envía la lista de regalos, porque todo lo pone Él. Todo esta preparado.

Tal vez sea que lo gratuito nos hace despreciar la llamada de Dios. Estamos acostumbrados a que lo bueno hay que pagarlo caro y hasta llegamos a comprar caro con la suposición de que tiene que ser bueno.

Lo que se da de balde no puede ser bueno, aunque sea Dios quien lo dé. Tal vez esa actitud de tender la mano para recibir, sin echar la mano a la cartera para comprar revuelve nuestro orgullo. Es el tener que dar gracias por el don gratuito no casa con nuestra innata soberbia

3.- Y cuando al fin el Señor consigue hablar por teléfono con nosotros y no tenemos más remedio que ir a la fiesta, vamos de mala gana. En lugar de ir con alegría a la boda vamos con cara de funeral. Y eso al Señor no le gusta. Nos dice la Escritura que a Dios le agrada el que da con alegría.

Son las caras alegres de sus hijos las que quiere ver alrededor de su mesa de bodas. De su mesa Eucarística, como quiere verlas un día en la mesa del banquete del Reino.

4.- La invitación de Dios puede hacerse irritante cuando nos habla de exigencias, de injusticias inaceptables, de opresión de unos por otros. Y la muerte de los que son audibles de Dios. Los cristianos siguen siendo asesinados, día a día, hoy mismo en muchas partes del mundo. Son servidores de Dios que irritaban con su mensaje.

5.- Esta parábola es también un apremio y un consuelo. Un apremio a tomar una postura decidida y determinada, porque “todo está preparado”. El Señor del banquete espera y la comida no se puede dejar enfriar. Hay que aceptar o rechazar la invitación. Y dejar paso a otros

Y es un consuelo porque Dios sale a nuestro encuentro en el camino de la vida. Es Él quien nos busca.

— como salió al encuentro en el camino de los discípulos de Emaús.

— como en el camino encontró al ciego de Jericó.

— como en el camino miró a Zaqueo subido en el árbol.

— como se encontró en el camino con Pablo montado a caballo.

El Señor nos busca. Y no nos busca entre los nobles, los ricos, los santos, reúne a “buenos y malos”, porque la comunidad cristiana no es la reunión de los sanos, de los intachables, sino de los tullidos, de los enfermos, con tal que busquen la salud y la salvación.

Porque el Señor nos avisa de que no basta estar dentro del banquete, es necesario llevar un traje decente, traer la buena voluntad de participar en la alegría de la fiesta.

José María Maruri, SJ

A todos los que encontréis convidarlos a la boda

Y Jesús se puso a hablar de nuevo en parábolas: «El reino de Dios es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Envió sus criados a llamar a los invitados a las bodas, y no quisieron venir. Mandó de nuevo a otros criados con este encargo: Decid a los invitados: Mi banquete está preparado, mis terneros y cebones dispuestos, todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos no hicieron caso y se fueron, unos a su campo y otros a su negocio; los demás echaron mano a los criados, los maltrataron y los mataron. El rey, entonces, se irritó, mandó sus tropas a exterminar a aquellos asesinos e incendió su ciudad. Luego dijo a sus criados: El banquete de bodas está preparado, pero los invitados no eran dignos. Id a las encrucijadas de los caminos y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y recogieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de invitados. El rey entró para ver a los invitados, reparó en un hombre que no tenía traje de boda y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener un traje de boda? Pero él no contestó. Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el crujir de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos». 

Mateo 22, 1-14

PARA MEDITAR

El banquete de Dios está siempre preparado. Siempre quiere que cuantas más personas participen de su fi esta, mucho mejor. No hay unos elegidos, no es un club selecto. La fe en Dios es para todas las personas: las que ya son creyentes, las que no saben si creen, las personas de otras religiones, las personas que no creen en nada. Es para todos. Y nosotros debemos estar siempre animando a todo el mundo a que se una al banquete que Dios ha organizado para todos nosotros.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Piensa en una persona que conozcas y que estaría muy bien que participara contigo en la vida de tu parroquia.
  • ¿Quiénes pueden participar en el banquete de Dios? ¿Qué podemos hacer para que muchas más personas se acerquen a nuestras parroquias?
  • Escribe un compromiso para que esa persona en la que has pensado pueda participar en tu parroquia.

ORACIÓN

Se nos pasa la vida,
corre veloz el tiempo,
siempre tenemos algo que hacer,
más importante que Tú.
Nuestro sentido de la efi cacia
os hace ir pasando la vida
sin disfrutarla,
encontrarnos los unos con los otros sin gozar y sin Amar.
Hoy quiero responderte
y dejarme invitar por Ti,
vivir el instante sin que se me escape.
Estate Tú a mi lado,
enséñame a soñar,
ayúdame a disfrutar,
impúlsame a luchar
y vamos, los dos juntos,
a invitar a los demás.

Nos invitas, Señor

Tú nos invitas al banquete de la vida.
Cada mañana, nos susurras

que disfrutemos del presente.
Cada vez que te escuchamos,
nos dices que vivamos en el ahora.
Cada vez que reflexionamos junto a Ti,
nos empujas a ser en plenitud.
Cada vez que decidimos seguirte,
nos ofreces la Vida en abundancia.
Cada vez que estrechamos nuestra vida contigo,

nos lanzas al Amor.

Tú, Señor, sigues esperando
a nuestro lado,
ofreciéndonos nuevas oportunidades y avisos.

Se nos pasa la vida,
corre veloz el tiempo,
siempre tenemos algo que hacer,
más importante que Tú.
Nuestro sentido de la eficacia

os hace ir pasando la vida
sin disfrutarla,
encontrarnos los unos con los otros
sin gozar y sin Amar.

Hoy quiero responderte
y dejarme invitar por Ti,
vivir el instante sin que se me escape.
Estate Tú a mi lado,
enséñame a soñar,
ayúdame a disfrutar,
impúlsame a luchar

y vamos, los dos juntos,
a invitar a los demás.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo XXVIII de Tiempo Ordinario

• En esta parábola la imagen utilizada no es la de la viña, como en las anteriores. La que encontramos aquí es también tradicional en la Biblia: la del banquete de boda, que hace referencia a la Alianza de Dios con su pueblo (Mt 25,1-13).

• El mensaje es parecido: el convidado a hacer la Alianza con Dios ha sido el pueblo de Israel, éste ha rehusado la invitación; esto no evita que la boda se celebre y que la sala se llene con un Pueblo de Dios renovado, constituido por gentes de todas las naciones. Es decir: Dios es fiel a su Alianza, hace Alianza con la humanidad a pesar de las resistencias, y todo el mundo está invitado a participar.

• Algunas observaciones sobre la parábola:

* El versículo 7 es, probablemente, una alusión a la destrucción de Jerusalén por los romanos, en el año 70 dC, antes, por tanto, de que fuese redactado el Evangelio. Mateo ve en esta destrucción la consecuencia del pecado de Israel que tiene el punto culminante en la crucifixión de su propio Mesías (Mt 23,35-36).

* «Los cruces de los caminos» (9), a los que el «rey» envía a «sus criados», indican la entrada de los demás pueblos en el Reino de Dios. Al final del Evangelio encontramos al Resucitado enviando a sus Apóstoles a todos los pueblos (Mt 28,19).

* La parábola, pues, anuncia la invitación a los paganos (9) al tiempo que hace referencia al pueblo de Israel (3-4) que, siendo el primer destinatario del anuncio de Jesús, lo ha rechazado (5-6). Mateo ya había recogido este mismo mensaje en el capítulo 8 a propósito de la curación del criado de un centurión (Mt 8,5-13). Por otro lado, la entrada de los demás pueblos Mateo la había anunciado en el prólogo, en las figuras de los «magos de Oriente» (Mt 2,1 -12). Y cuando termina su Evangelio, Mateo recuerda que la misión de los discípulos de todas las generaciones será la de hacer la invitación a «todos los pueblos» (Mt 28,19).

* Con la indicación de que en la sala entran «malos y buenos» (10) se está haciendo una descripción de la Iglesia en la que hay mezcla de malo y bueno. La Iglesia no es, ni tiene que ser, pues, la asamblea de los buenos (ni de los «buenos» carcas ni de los «buenos» progres).

* «El llanto y el rechinar de dientes» (13) es una imagen bíblica que expresa la indignación de los malvados ante la felicidad de los justos. Mateo la usa a menudo (Mt 8,12; 13,42.50; 24,51; 25,30).

* Los versículos 11-14 sobre el «traje de fiesta» son propios de Mateo. Son un toque de alerta dirigido a los cristianos que tienen que procurar llegar al banquete con el vestido adecuado, que no es otro que el cumplimiento de la voluntad de Dios -que no es otra cosa que la respuesta a su Amor- y que se manifiesta en las obras (Mt 21,28-32).

* Que «el rey» reaccione agresivamente (7,13) no significa que Dios también lo haga. Se está indicando que la persona que no vive en el Amor -hacer la voluntad de Dios- camina hacia la muerte, «las tinieblas», no que Dios lo tenga que castigar .

• El tema del convite al banquete nos es ocasión para prestar atención a los aspectos de nuestra vida que hacen referencia a la invitación y a la acogida de la Iglesia y al sacramento del banquete del Reino que es la celebración de la Eucaristía. A quién y cómo convidamos; qué testimonio damos en el día a día y en todos los ámbitos de nuestra vida a las personas que nos rodean; cómo acogemos; cómo estamos atentos a cada una de las personas que conocemos o encontramos en «los caminos» de cada día.

Comentario al evangelio – Jueves XXVII de Tiempo Ordinario

En el Evangelio de hoy nos dice Jesús que pidamos con confianza lo que necesitamos a nuestro Padre celestial. Y que confiemos en que él nos va a dar lo que verdaderamente necesitamos. 

El problema viene a veces con lo que pedimos. Porque muchas veces lo que le pedimos a Dios es que nos arregle la vida, es que nos haga lo que es de nuestra responsabilidad. Un ejemplo. ¿Cuántas veces de jóvenes pedimos que nos ayudase a aprobar un examen? Se nos olvidaba que Dios nos había regalado el mejor instrumento para eso: nuestra inteligencia y tiempo. Y que es cuestión nuestra sentarnos y trabajar. Él ya ha hecho su parte. Ahora nos toca a nosotros. Dicho en otras palabras: Dios no es una especie de remedio para todo mediante el cual nos podemos tumbar a la bartola libres de responsabilidades porque él nos va a sacar de todos los apuros. 

Podemos poner otros ejemplos. Si tenemos problemas en la familia, en la relación de la pareja o con los vecinos, hay que rezar pero también hay que aplicar los remedios que Dios mismo ha puesto a nuestro alcance: nuestra inteligencia, nuestro coraje, nuestra capacidad de diálogo, nuestra capacidad de perdón y reconciliación… todo eso es lo que Dios nos da y nos regala. Todo eso es su respuesta a nuestra oración. Todo eso lo tenemos que poner a trabajar para resolver los problemas. En ningún caso es cuestión de que podamos cerrar los ojos y en un momento Dios va a hacer el milagro, de tal manera que, cuando abramos los ojos, ya estará todo resuelto. 

Dios nos da su Espíritu Santo. Dios nos da su fuerza y su gracia. Dios ha puesto el Evangelio en nuestras manos. Nos ha hecho libres y capaces de tomar decisiones. Le tenemos que pedir que nos ayude a ser más libres, a madurar como personas, a ser más responsables de nuestras vidas, a incrementar nuestra capacidad de perdón. Todo eso le podemos pedir con la seguridad de que nos lo dará. Lo que seguro que no va a hacer es el examen por nosotros.