Vísperas – Bienaventurada Virgen María del Pilar

VÍSPERAS

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Esa columna, sobre la que posa
leve sus plantas tu pequeña imagen,
sube hasta el cielo: puente, escala,
guía de peregrinos.

Cantan tus glorias las generaciones,
todas te llaman bienaventurada,
la roca firme, junto al Ebro enhiesta,
gastan a besos.

Abre tus brazos virginales, Madre,
vuelve tus ojos misericordiosos,
tiende tu manto, que nos acogemos
bajo tu amparo.

Gloria a Dios Padre, creador del mundo,
gloria a Dios Hijo, redentor de todos,
gloria al Espíritu que nos santifica:
al Trino y Uno. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Me felicitarán todas las generaciones.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me felicitarán todas las generaciones.

LECTURA: Ga 4, 4-7

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Pilar nos preside de día y de noche; En él tenemos nuestra fortaleza y esperanza.
V/ El Pilar nos preside de día y de noche; En él tenemos nuestra fortaleza y esperanza.

R/ Él es nuestro guía y nuestro amparo.
V/ En él tenemos nuestra fortaleza y esperanza.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Pilar nos preside de día y de noche; En él tenemos nuestra fortaleza y esperanza.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. María del Pilar, guía para el camino, columna para la esperanza, luz para la vida.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. María del Pilar, guía para el camino, columna para la esperanza, luz para la vida.

PRECES

Por intercesión de la Virgen María, imploremos la misericordia de Dios, diciendo:

Virgen del Pilar, intercede por nosotros.

Dios todopoderoso, concede a tu Iglesia la unidad,
— la paz y la perseverancia en una plegaria común con María.

Tú que has hecho de María madre de la Iglesia,
— haz que todos los gobernantes colaboren en el progreso espiritual y material de tu pueblo santo.

Tú que has hecho a María la madre de la gracia y de la misericordia,
— da a todos los afligidos el alivio y el consuelo de su amor maternal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has coronado a María como reina del cielo,
— concede que todos los difuntos compartan la alegría de los santos.

Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes XXVIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,29-32
Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide un signo, pero no se le dará otro signo que el signo de Jonás. Porque así como Jonás fue signo para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta una acusación muy fuerte de Jesús contra los fariseos y los escribas. Ellos querían que Jesús diera una señal, pues no creían en las señales y en los milagros que estaba haciendo. Esta acusación de Jesús sigue en los evangelios de los próximos días. Al meditar estos evangelios, debemos tomar mucho cuidado para no generalizar la acusación de Jesús como si fuera dirigida contra el pueblo judío. En el pasado, la ausencia de esta atención contribuyó, lamentablemente, a aumentar en los cristianos el anti-semitismo que tantos males acarreó a la humanidad a lo largo de los siglos. En vez de levantar el dedo en contra de los fariseos del tiempo de Jesús, es mejor mirarnos en el espejo de los textos, para percibir en ellos al fariseo que vive escondido en nuestra Iglesia y en cada uno de nosotros, y que merece la misma crítica de parte de Jesús.
• Lucas 11,29-30: El señal de Jonas. “Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.» Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: Esta generación es una generación malvada; pide un signo, pero no se le dará otro signo que el signo de Jonás”. El evangelio de Mateo informa que algunos escribas y fariseos: pidieron una señal (Mt 12,38). Querían que Jesús realizara para ellos una señal, un milagro, para que pudiesen verificar si era él mismo el enviado de Dios según se lo imaginaban. Querían que Jesús se sometiera a los criterios de ellos. No había en ellos apertura para una posible conversión. Pero Jesús no se sometió a sus pedidos. El evangelio de Marcos dice que Jesús, ante el pedido de los fariseos, soltó un profundo respiro (Mc 8,12), probablemente de disgusto y de tristeza ante tanta ceguera. Porque de nada sirve poner un bonito cuadro ante alguien que no quiere abrir los ojos. La única señal es la señal de Jonás. “Porque así como Jonás fue signo para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación”. ¿Como será esta señal del Hijo del Hombre? El evangelio de Mateo responde: “ Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.” (Mt 12,40). La única señal será la resurrección de Jesús. Esta es la señal que, en el futuro se dará a los escribas y a los fariseos. Jesús, condenado por ellos a una muerte de cruz, será resucitado por Dios y seguirá resucitando de muchas maneras en aquellos que creen en él. La señal que convierte no son los milagros, sino ¡el testimonio de vida!
• Lucas 11,31: Salomón y la reina del Mediodía. La alusión a la conversión de la gente de Ninive asocia y hace recordar la conversión de la Reina del Mediodía: “La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón”. Esta evocación casi ocasional del episodio de la Reina del Mediodía que reconoció la sabiduría de Salomón, muestra cómo se usaba la Biblia en aquel tiempo. Era por asociación. La interpretación principal era ésta: “La Biblia se explica por la Biblia”. Hasta hoy, ésta es una de las normas más importantes para la interpretación de la Biblia, sobre todo para la Lectura Orante de la Palabra de Dios.
• Lucas 11,32: Aquí hay algo más que Jonás. Después de la digresión sobre Salomón y la Reina del Mediodía, Jesús vuelve a hablar de la señal de Jonás: “Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás”. Jesús es mayor que Jonás, mayor que Salomón. Para los cristianos, es la clave principal para la Escritura (2Cor 3,14-18).

4) Para la reflexión personal

• Jesús critica a los escribas y a los fariseos que llegaban a negar la evidencia, volviéndose incapaz de reconocer la llamada de Dios en los acontecimientos. Y nosotros, los cristianos de hoy, y yo: ¿merecemos esta misma crítica de Jesús?
• Nínive se convirtió ante la predicación de Jonás. Los escribas y los fariseos no se convirtieron. Hoy, lo que acontece provoca mutaciones y conversiones en la gente del mundo entero: amenaza ecológica, la urbanización que deshumaniza, el consumismo que masifica y aliena, las injusticias, la violencia, etc. Muchos cristianos vivimos ajenos a estos clamores de Dios que vienen de la realidad.

5) Oración final

¡Alabad, siervos de Yahvé,
alabad el nombre de Yahvé!
¡Bendito el nombre de Yahvé,
desde ahora y por siempre! (Sal 113,1-2)

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Entre la hipocresía y la mediocridad

Ni los fariseos ni los herodianos han dado una solución a la dominación romana sobre Israel ni han enfrentado abiertamente el sistema de control imperial, tanto en lo político-social como en lo religioso. Han aprendido a convivir con una tolerancia pasiva que garantizaba los mínimos para expresar el culto. Cuando lo religioso se vive como excusa de un no compromiso con la realidad, se evade la responsabilidad (personal o institucional) en la transformación de aquellas estructuras que deben garantizar el bien común, la justicia y la paz.

La hipocresía es el presupuesto fundamental de una falsa religiosidad que hace tiempo ha habilitado en el corazón la vivencia de una doble espiritualidad, una doble moral y una doble pertenencia. Esta ambigüedad degenera en posturas fundamentalistas, tanto de derecha como de izquierda, que hieren en profundidad al hombre y a la historia.

Los fariseos se esconden detrás de un legalismo narcisista. Los herodianos se aprovechan de su influencia política. Para ambos, la persona de Jesús de Nazaret es un problema, ya que sus palabras y sus gestos ponen en evidencia que sus corazones están lejos de Dios, lejos de la Ley y lejos del pueblo que deberían guiar, acompañar y cuidar. La persona de Jesús, la revelación del Padre y su anuncio del Reino, visibilizan la mediocridad y la incoherencia tanto de los fariseos como de los herodianos.

Una respuesta respaldada por la vida

La adulación de los herodianos es una forma de violencia sutil y elegante que revela la dureza de quien tiene que convivir con la propia falta de credibilidad. Jesús no se deja enredar por unos elogios vacíos aunque expresen una realidad: Él es un Maestro sincero, veraz e inclusivo (cf. Mt 22, 16). En consecuencia, no pierde la libertad de decir aquella verdad que rompe las ataduras de todo aquel corazón que busca el camino de Dios.

Jesús sabe que los fariseos buscan una excusa para poder acusarlo y no tiene miedo de dar una respuesta clara y comprometida. Un fanático respondería desde una ideología sin medir las consecuencias de sus afirmaciones (aunque ellas pongan en peligro la vida o la conciencia de los más vulnerables). En cambio, Jesús habla desde su experiencia de Dios y desde su fe, buscando revelar aquella verdad integral que da sentido a la vida, a las opciones y a las acciones. Él no se ajusta al orden establecido, sobre todo cuando se acentúa la desigualdad, la injusticia o la inequidad.

Hoy podríamos hacernos una pregunta esencial: ¿De quién es la imagen que está grabada en mi corazón? ¿De Dios o del César? El corazón es una realidad más radical que una moneda. La imagen acuñada en el corazón es la que configura en toda persona una forma de vida, una forma de espiritualidad y una forma de compromiso con la realidad.

En el corazón del mundo, dar a Dios lo que es de Dios

¿Cómo dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, sin escaparse del mundo huyendo hacia el Cielo? Una lectura limitada del texto presentaría la posibilidad de mantener separados el orden de lo temporal y el orden de lo religioso, las cosas del mundo y las cosas de Dios, las realidades profanas y las realidades sagradas.

El misterio de la Encarnación nos da una clave de lectura: Dios ha entrado en diálogo con el hombre y ha creado un espacio sagrado en el corazón de la historia. A imagen de Jesucristo, los bautizados estamos llamados a crear lazos de fraternidad que rompan los esquemas de «ellos y nosotros». La corresponsabilidad de los cristianos en la búsqueda del bien común y en cuidado de la casa común nos llama a respetar la pluralidad de opiniones y cosmovisiones. La solidaridad afectiva y efectiva debe llevarnos a reconocer la dignidad de toda persona humana. La presencia en los lugares donde se gesta y se decide el rumbo de la política, la economía, la educación, la cultura y la fe, requiere de nosotros idoneidad y  valores evangélicos.

No se trata de contraponer realidades, sino de ser creativos en la vivencia de la fe y en el compromiso con la realidad. No se trata de diluir realidades, sino de respetar la justa autonomía y la sana diversidad. Como Jesús, es importante no caer en las trampas de quienes quieren, por derecha o por izquierda, uniformar o formatear tanto a las personas, como a las instituciones o a la realidad. Como Jesús, estamos llamados a responder desde nuestra experiencia de Dios y desde nuestra fe.

Fr. Rubén Omar Lucero Bidondo O.P.

Comentario – Nuestra Señora del Pilar

Hoy, bajo la advocación del Pilar, felicitamos a María por ser la madre del Salvador. Ya lo hizo una mujer del pueblo que se encontraba en medio de la multitud que escuchaba a Jesús, como nos recuerda el evangelio: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Aquella mujer felicitaba a la madre de Jesús por tener el hijo que tenía. El elogio iba destinado a ese «hombre» que despertó en ella tanta admiración y al que hubiera deseado seguramente tener por hijo; pero toca de lleno a la madre a la que declara dichosa por haber llevado en su vientre y haber amamantado a un hijo como ése. También a la madre le reconoce el mérito de haber contribuido a la crianza y formación de ese hombre que merece toda su admiración.

Al elogio de la mujer, sin embargo, Jesús no se limita a asentir, sin añadir nada. Al contrario, corrige, precisa y mejora esta apreciación: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Él sitúa las cosas y, por tanto, la felicidad que se desprende de ellas, en un plano más hondo y decisivo que el biológico o el de las relaciones naturales que brotan del mismo. Para el Señor, los verdaderamente dichosos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen; porque se trata de una palabra dicha no sólo para ser oída con atención (de modo que quedemos bien informados), ni siquiera para ser reconocida en su autoridad o validez, sino para ser cumplida, pues concierne a nuestro modo de conducirnos en la vida y a nuestro destino final.

Según esto, María sería más dichosa por escuchar la palabra de Dios y cumplirla que por haber parido y criado a un «hombre admirable», más aún, al mismo Hijo de Dios hecho hombre; entre otras razones, porque si fue la madre (biológica) de Jesús es porque «antes» escuchó la palabra de Dios y dijo: Hágase (fiat). Sin este asentimiento voluntario que brotaba de una extrema disponibilidad para adecuarse a los planes de Dios, sin este hágase (o activa apertura al cumplimiento de esa voluntad divina), no se hubiera hecho –no hubiera sucedido- ni la concepción ni el alumbramiento del Mesías; para ambas cosas Dios pide colaboración humana. Por eso entra en diálogo y ofrece razones o muestra caminos de realización: El Espíritu Santo vendrá sobre ti; la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Será una partenogénesis.

Luego María fue dichosa (una dicha no exenta de sufrimientos) por haber tenido a ese hijo –un hijo que le reportó tanto alegrías como sufrimientos-; pero antes lo fue por haber escuchado la palabra de Dios. Precisamente por haber escuchado y secundado esta palabra tuvo al hijo. De no haberlo hecho, no lo habría tenido. Tener a Jesús fue «efecto» de una acción de Dios que reclamaba colaboración humana: «¿Quieres ser la madre del Mesías? -Hágase conforme a tu querer». Y se hizo. Por eso hoy la declaramos dichosa y la reconocemos «exaltada» no por nuestras alabanzas, sino por Dios, que nos la presenta sobre la columna, «coronada» como Señora, porque tiene el señorío de tantos corazones atraídos por su tacto maternal, y «exaltada», esto es, puesta a la vista de todos para facilitar su acogida y favorecer su intercesión. Pero no podríamos verla «exaltada» si no hubiese permanecido firmemente asentada en la roca de la fe: esa confianza extrema en Dios que la llevaba a decir una y otra vez: Hágase tu voluntad.

Esa es la firmeza de convicción que ella quiere infundir en sus hijos. Esa es la firmeza que, según la tradición, infundió en el apóstol Santiago, a orillas del Ebro, para que continuara la labor de la evangelización de los antiguos pobladores hispanos en momentos de desánimo y abatimiento. Esa es la firmeza que la Iglesia nos invita a pedir a Dios, por intercesión de María, Señora del Pilar, para nosotros, que vivimos también tiempos de desánimo, o de duda, o de deserción, tiempos de «apostasía silenciosa», han dicho voces autorizadas. Dios nos conceda, pues, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

En Cristo culmina la revelación

4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, «últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo». Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, «hombre enviado, a los hombres», «habla palabras de Dios» y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

Homilía – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

1.- Ciro, instrumento de Dios (Is 45, 1.4-6)

El mensaje bíblico de hoy gira en torno a la «división de poderes»: lo del César y lo de Dios.

Pero la primera lectura quiere subrayar que «el poder del César» no ocurre al margen de Dios. De ahí la reflexión de Isaías sobre la relación del Dios de Israel con un monarca extranjero. Nunca a ningún rey de afuera se le había dado el título de «ungido», que era título mesiánico. Y nunca, con ningún rey extranjero, se había «aliado» Dios de tal modo que llegase a considerar sus hazañas como propias.

Ciro es el monarca del retorno del exilio. Su nueva política con los desterrados, les permitió volver a la tierra que dejaron. Aquella acción del monarca, que se tradujo en su beneficio, hace que, en todo Israel, Ciro disfrute de una especial estima. Se da la llamada: «Te llamé por tu nombre». Una llamada extraña: «Aunque tú no me conocías». Expresión de una soberanía de Dios, que se extiende a las naciones. Y una extraña entronización: «pondré la insignia, aunque no me conoces». Es frecuente en la teología del Antiguo Testamento: Dios cumple sus designios, sirviéndose de instrumentos ajenos a la mediación propia de Israel. El Dios de Israel no es un Dios confinado.

Pero, tampoco la vida de los pueblos gentiles es ajena a la providencia de Dios. Incluso sin saberlo ni confesarlo, todos los pueblos y sus dirigentes no son ajenos a los proyectos de Dios sobre la historia de los hombres y, muy en concreto, sobre la historia del Israel de la alianza.

 

2.- Palabras y convicciones (1Tes 1, 1 -5b)

Comienza, hoy, la lectura de la primera Carta de Pablo a los tesalonicenses. Nos va introduciendo ya en la dimensión escatológica de los últimos domingos de este tiempo ordinario.

Es una comunicación cercana y entrañable con los cristianos de Tesalónica: «Damos gracias por vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones». Una descripción de la vida cristiana de la comunidad fundada por Pablo. En torno a las tres virtudes teologales, un breve, pero significativo apunte: una fe activa, un amor esforzado y esperanza con aguante. En el cuerpo de la carta, desarrolla Pablo lo que aquí sólo enuncia. Y, sobretodo, desarrollará el tema de la esperanza, ella será la clave de la espera de la segunda venida del Señor.

Recuerda a los tesalonicenses su elección. No son una comunidad formada por casualidad. Ellos se deben a un designio amoroso de Dios que llama. La construcción de la comunidad tuvo una base, la proclamación del Evangelio.

Interesante la descripción paulina de la acción evangelizados, origen de la comunidad: palabras y convicción profunda. Y en ambas, la fuerza del Espíritu Santo. Un enunciado breve de todo esfuerzo evangelizador.

 

3.- Dios y el César (Mt 22, 15-21)

Astuta tentación para poner a prueba a Jesús. Intento de que confronte a los dos poderes en juego: el de Dios con del César; el del César con el de Dios.

La respuesta de Jesús se ha utilizado siempre para distinguir esferas: la civil y la religiosa. Cuando no hay tal distinción, se siguen las confusiones y funcionan los atropellos. Las dos esferas son independientes. Pero, es Dios mismo quien instituye a la autoridad civil, incluso en el caso de aquellos que aún no lo reconocen (primera lectura). Pero, aun procedente de Dios, tiene esta autoridad su ámbito y sus propios fines, que es preciso respetar: «Dad al César lo que es del César».

Pero tampoco puede el César invadir el espacio que corresponde a Dios: «Dad a Dios lo que es de Dios». Dios no puede quedar arrinconado. Ni la historia puede cortar el «cordón umbilical» que la une al origen y a la meta de las cosas.

Los caminos son distintos, y ambos gozan de su justa autonomía. Pero ambos tienen en Dios el origen, dirigiéndose los dos a una única meta.

En un lenguaje actual, podríamos hablar de que es preciso no confundir secularidad con secularismo, ni laicidad con laicismo. Y con el Concilio, hablaríamos de la legítima autonomía de las realidades temporales -incluida la política-. Pero una autonomía -diríamos- que no corta el cordón umbilical que a toda realidad humana la liga con el Creador.

Dios y el César

Entre el César y Dios no hay competencia.
Tiene cada nivel su autonomía.
Todo en la creación es armonía,
que condice poder y omnipotencia.

La fe no invade el campo de la ciencia,
pues el valor no quita cortesía;
no humilla a ningún ser la jerarquía
ni empaña el albedrío de la obediencia.

Ciro es ungido, pese a ser pagano,
y el mismo Dios lo lleva de la mano
-liberando a Israel- a la victoria.

No le importa la fe en ningún momento:
lo elige como dócil instrumento
de su amor en el curso de la historia.

Pedro Jaramillo

Mt 22, 15-22 (Evangelio Domingo XXIX de Tiempo Ordinario)

La dignidad humana no se compra, es un don

El evangelio de Mateo, hoy, nos sitúa en el corazón de las polémicas que Jesús mantiene con los dirigentes en Jerusalén y que los evangelistas sitúan al final de su vida, precediendo a la pasión (cf. Mc 12,13-17; Lc 20,20-26). Esta vez querían comprometerlo a fondo con las autoridades romanas, que vigilaban ferozmente cualquier movimiento social o político para castigar cualquier rebeldía. Oponerse al César, incluso en nombre de Dios, era ir contra la «pax romana», uno de los mitos de la época. Los espías pretenden halagarlo (Mateo sigue a Marcos y nos habla de los fariseos y los herodianos; Lucas, más coherente, nos habla de espías para entregarlo al gobernador), pero en el punto de mira está el prefecto romano Poncio Pilato, que era un gobernante de una crueldad sin miramientos, vengativa y arbitraria. Los judíos lo odiaban porque había introducido en Jerusalén bustos e insignias del César, además de haber usado el dinero sagrado del templo para construir un acueducto que llevara el agua a Jerusalén (Josefo, De Bello 2,9,2; 2,9.4).

La hierocracia y aristocracia de la ciudad santa mandan sus espías para poder deshacerse de este profeta galileo que anuncia el Reino de Dios, pero que no coincide con el reino de Roma, ni con el concepto que tienen del mismo algunos partidarios de la revolución contra Roma, ni específicamente con el reino que ellos quieren manipular en nombre de Dios. Los rebeldes dejaban a las claras que la única soberanía que aceptaban bajo el suelo de Judea es la de Dios (Ex 20,4-5); en ello Jesús podría estar de acuerdo. Pero las trazas, entre uno y otros, son muy distintas. Es verdad que Jesús parecía estar en un callejón sin salida: frente a Poncio Pilato, frente a las autoridades, frente a los revolucionarios nacionalistas, frente a todos. No obstante, él la encontró; la encontró recurriendo a las dignidad humana que Dios ha puesto en el corazón de toda persona como imagen suya. Los espías, con su trampa, van a caer en su propia ignominia, porque llevan en sus manos el “denario” con la efigie de Tiberio… pero Jesús no lleva nada en su zamarra. Solamente tiene su palabra y la fuerza de la sabiduría del reinado de Dios.

Cuando es preguntado, intencionadamente pide la moneda del tributo con la efigie del César y responde: la moneda hay que dársela al emperador; ¿por qué? Porque es el dinero, y el dinero es lo más sucio de este mundo. Los que acuñan moneda tienen poder y por el dinero dominan a los hombres. Entonces, ¿hay que someterse a él? ¡Ni hablar! Por eso añade con una intencionalidad manifiesta: «y a Dios lo que es de Dios». El dinero no es de Dios, sino que de Dios somos nosotros mismos, y por lo mismo nosotros solamente debemos estar sometidos a Dios. Ya San Agustín, que afirmaba: “El César busca su imagen, dádsela. Dios busca la suya: devolvédsela. No pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros” (Com. Ps 57,11). La trampa la resuelve Jesús, no solamente con inteligencia, sino con sabiduría, donde salta por los aires la legalidad con la que pretenden acusarlo en su caso. La respuesta de Jesús no es evasiva, sino profética; porque a trampas legales no valen más que respuestas proféticas. El tributo de hacienda es socialmente necesario; el corazón, no obstante, lleva la imagen de Dios donde el hombre recobra toda su dignidad, aunque pierda el “dinero” o la imagen del césar de turno que no valen nada.

Aquí Jesús responde con una afirmación liberadora que solamente pueden captar los que no están cegados por el poder, el dinero, el odio y la injusticia. Quizás la mejor ilustración a todo ello la tengamos en San Ireneo, en esa expresión, que es paradigma de muchas radicalidades humanas y divinas: «La gloria de Dios es el hombre viviente; la vida del hombre es la visión de Dios». Todo esto quiere decir que el evangelio de Jesucristo implica, en una simultaneidad inconfundible, que de la misma manera que nos descubre al Dios viviente, nos descubre a la vez, y no por otro camino, al hombre viviente. Podemos usar los bienes de este mundo con eficacia, pero lo que no podemos hacer es vender nuestra vida al mejor postor. Al «césar» de turno podemos darle el dinero, o los impuestos, pero nuestra libertad nadie nos la podrá arrebatar.

1Tes 1m 1.5a (2ª lectura Domingo XXIX de Tiempo Ordinario)

La respuesta al evangelio

La IIª Lectura da inicio a la 1ª Tesalonicenses, que es la primera carta de Pablo y el primer escrito del Nuevo Testamento. El apóstol celebra la fe, la esperanza y el amor de aquella comunidad que él había fundado en la capital de Macedonia. Técnicamente es lo que se llama una «acción de gracias», que es la forma en la que Pablo da comienzo en sus cartas a las comunidades. Pero se resalta la elección por parte de Dios (eklogên) de esa comunidad. Y la respuesta de esa elección, por parte de la comunidad, ha sido aceptar el evangelio que se le predicó. No eligieron oro y plata, sino un mensaje que les acarrearía desventajas frente a la sociedad e incluso frente a la sinagoga, porque algunos de ellos se pasaron al evangelio de Pablo.

Se resalta, pues, la firme esperanza de esta comunidad que, en las dificultades que hubieron de sufrir los cristianos, no abandonaron su fe. La esperanza es una virtud escatológica y, en el contexto del otoño y del final que se acerca poco a poco del año litúrgico, nos va a introducir en esos temas de las cosas finales. Ellos hicieron una elección definitiva, inigualable por el evangelio que él les predicó y que les trajo la fuerza del Espíritu. Es una elección por la salvación que se les anunció, una salvación que no se tocaba con las manos, aunque sí se anunciaba próxima, como ha de ponerse de manifiesto en algunos pasajes de esta carta Iª a los Tesalonicenses. 

Is 45, 1. 4-6 (1ª lectura Domingo XXIX de Tiempo Ordinario)

Dios no se desentiende de la historia humana

La lectura de Isaías debe ser interpretada con una visión religiosa de la historia universal. El Deuteroisaías, profeta del exilio (segunda parte del libro de Isaías, cc. 40-55), se ve envuelto en la aclamación y entusiasmo que los pueblos sometidos a Babilonia hacen de un guerrero famoso y fundador del imperio persa: Ciro el Grande (a. 540 a. C). Si los profetas anteriores se habían valido de Asiria como imperio para poner de manifiesto el castigo de Dios al pueblo de Israel por su infidelidad, ahora el pueblo judío, en el destierro, necesita un libertador ¿Qué hará Dios? En la teología veterotestamentaria no todo es posible asumirlo sin el matiz de una teología global. Ciro no puede venir de parte del Dios de Israel, pero así lo ve este profeta anónimo. Aunque no tanto por el «rey de reyes» persa, sino por la libertad que trae a Israel con su nueva política.

Piensa este profeta desconocido que Dios se vale de la historia humana, concreta y universal, para que sus planes vayan hacia adelante. Este es un momento de liberación, y por eso se usan expresiones agudas, de tonos altos, para hablar de un guerrero, que ni siquiera conoce a Yahvé. El poder que trae en sus manos es poder de liberación para los desterrados en Babilonia. Se dice, con razón, que el profeta no canta al imperialismo, sino a la libertad. Los imperialismos no pueden consagrarse y, de hecho, profetas posteriores (v. g. Ageo y Zacarías) pondrán en entredicho al imperio persa, porque Dios, el Dios de universo y de la salvación, no se encarna en el imperialismo, ya que éste solamente se sostiene con sangre e injusticia.

Pero es verdad que en la historia humana podemos ver la mano de Dios en la bondad o en los principios éticos y sociales de pueblos y de gobernantes que anteponen el bien a todos los otros valores. Es una cuestión discutida en el ámbito teológico, en lo que ha venido a llamarse la «teología de la historia». Los profetas eran muy sensibles a ello, a veces exageradamente sensibles, para lo positivo y para lo negativo. Pero no les falta una parte de razón; al menos para dar a entender que Dios no se desentiende totalmente de lo que hacemos los hombres. Si los dones que Él nos ha dado los aplicamos para la paz, la libertad y la justicia, estaremos en el camino de los «planes de Dios».

Comentario al evangelio – Virgen María del Pilar

En esta fiesta de Nuestra Señora del Pilar en la que homenajeamos a la Madre de Jesús la liturgia nos regala este texto evangélico en el que Jesús homenajea a su madre dando relieve al vínculo de la fe frente al vínculo de la carne y la sangre. Y es que ésta idea racial había sido para Israel una permanente raíz de malentendidos. Se vinculaba tanto la salvación con el hecho de pertenecer al pueblo elegido, que se caía en un nacionalismo religioso excluyente. Jesús anuncia un Dios para todos, sin exclusiones, al que se llega desde la fe, no reivindicando el «pedigree» religioso. El evangelio de Juan -en especial el episodio de la samaritana-, es prototípico al respecto.

Nosotros también podemos caer en ese riesgo. «Al cielo iremos los de siempre», decía una chiste del humorista Mingote, ironizando sobre esa actitud del creyente tradicional que se fía más de la herencia recibida y las costumbres adquiridas que de la auténtica respuesta personal.

Dios no es una ‘póliza de seguros’ que se pueda conseguir a cambio de cumplir ciertos ritos o mantener ciertas conductas. Quien se acerca a Dios así corre el riesgo de manipular hasta lo más sagrado en beneficio propio. Y puede ser que tenga todos los papeles en regla, pero lo más probable es que Dios le diga: «No te conozco». Pues lo que son medios para el encuentro con Dios los ha convertido en arneses y correas para sentirse seguro. Y lo que son vías para recibir la justicia salvadora los han transformado en sistemas para sentirse justo, para autojustificarse.

Este fue el conflicto religioso de fondo con los fariseos: El pasaje del fariseo y el publicano cuando oran en el templo nos indica por donde van las preferencias de Dios.

Por tanto, universalismo sin excluisones, apertura, humildad de corazón, sentirse herederos de un don gratuito. Para que Jesús no tenga que volvernos a decir: «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos…»