Vísperas – Martes XXVIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXVIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Atardece, anochece, el alma cesa
de agitarse en el mundo
como una mariposa sacudida.

La sombra fugitiva ya se esconde.
Un temblor vagabundo
en la penumbra deja su fatiga.

Y rezamos, muy juntos,
hacia dentro de un gozo sostenido,
Señor, por tu profundo
ser insomne que existe y nos cimienta.

Señor, gracias, que es tuyo
el universo aún; y cada hombre
hijo es, aunque errabundo,
al final de la tarde, fatigado,
se marche hacia lo oscuro
de sí mismo; Señor, te damos gracias
por este ocaso último.

Por este rezo súbito. Amén.

SALMO 136: JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los cauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirnos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

SALMO 137: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: Col 3, 16

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

R/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

R/ De alegría perpetua a tu derecha
V/ En tu presencia, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz con nosotros, Señor, obras grandes, porque eres poderoso, y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, que nos has llamado a la luz de tu verdad,
— concede a todos tus fieles fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
— y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que, con cinco panes, saciaste a la multitud,
— enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
— sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando vengas aquel día, para que en tus santos se manifieste tu gloria,
— da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que los sentimientos de nuestro corazón concuerden siempre con las palabras de nuestra boca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – Martes XXVIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,37-41
Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entró, pues, y se puso a la mesa. El fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! El que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis y entonces todo será puro para vosotros.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy sigue la relación tensa entre Jesús y las autoridades religiosas de aquel tiempo. A pesar de la relación tensa, había algo familiar entre Jesús y los fariseos. Convidado a comer en casa de ellos, Jesús acepta la invitación. Jesús no pierde ante ellos la libertad, ni los fariseos ante Jesús.
• Lucas 11,37-38: Admiración del fariseo ante la libertad de Jesús. “Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entró, pues, y se puso a la mesa”. Jesús acepta la invitación de comer en casa del fariseo, pero no cambia su manera de actuar, pues se sienta sin antes lavarse las manos. Ni el fariseo muda de actitud ante Jesús, pues expresa su admiración por el hecho que Jesús no se lava las manos. En aquel tiempo, lavarse las manos antes de las comidas era una obligación religiosa, impuesta a la gente en nombre de la pureza, exigida por la ley de Dios. El fariseo se extrañó viendo que Jesús no observa esta norma religiosa. Y, a pesar de ser totalmente diferentes, el fariseo y Jesús tenían algo en común: la seriedad de vida. La forma de vivir de los fariseos era así: cada día dedicaban ocho horas al estudio y a la meditación de la ley de Dios, otras ochos horas al trabajo para poder dar de comer a la familia, y dedicaban otras ocho horas al descanso. Este testimonio serio de su vida les daba un gran sentido de liderazgo popular. Quizá era por esto que, a pesar de ser totalmente diferentes, los dos, Jesús y los fariseos, se entendían y se criticaban mutuamente, sin perder la posibilidad de diálogo.
• Lucas 11,39-41: La respuesta de Jesús. “¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad!. ¡Insensatos! El que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis y entonces todo será puro para vosotros”. Los fariseos observaban la ley al pie de la letra. Miraban sólo la letra y, por esto, eran incapaces de percibir el espíritu de la ley, el objetivo que la observancia de la ley quería alcanzar en la vida de las personas. Por ejemplo, en la ley está escrito: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Y ellos comentaban: “Debemos amar al prójimo, pero sólo al prójimo, a los otros ¡no!” Y de allí nacía la discusión sobre la cuestión: “¿Quién es mi prójimo?” (Lc 10,29) El apóstol Pablo escribe en la segunda carta a los Corintios: La ley escrita da muerte, mientras que el Espíritu da vida” (2Cor 3,6). En el Sermón de la Montaña, Jesús crítica a los que observan la letra de la ley, pero que no acata el espíritu de la Ley (Mt 5,20). Para ser fiel a lo que Dios pide de nosotros no basta observar sólo la letra de la ley. Esto sería lo mismo que limpiar el vaso o el plato por fuera y dejar el interior lleno de suciedad: robo y maldad. No basta no matar, no robar, no cometer adulterio, no jurar. Sólo observa plenamente la ley de Dios aquel que, más allá de la letra, va hasta la raíz y arranca desde dentro de sí los deseos de “robo y de maldad” que pueden llevar al asesinato, al robo, al adulterio. La plenitud de la ley se realiza en la práctica del amor (cf. Mt 5,21-48).

4) Para la reflexión personal

• Nuestra Iglesia, ¿merece hoy esta acusación de Jesús contra los escribas y los fariseos? ¿Y yo, la merezco?
• Respetar la seriedad de vida de los demás que piensan de forma diferente de nosotros puede facilitar el diálogo tan necesario y tan difícil hoy en día. ¿Cómo practico el diálogo en familia, en el trabajo y en la comunidad?

5) Oración final

¡Llegue a mí tu amor, Yahvé,
tu salvación, conforme a tu promesa!
Y daré respuesta al que me insulta,
porque confío en tu palabra. (Sal 119,41-42)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

Mt 5, 13-16; Mc 9, 49-50; Lc 14, 34-35

Después de las bienaventuranzas recoge san Mateo una doble comparación, dirigida a sus discípulos de todos los tiempos. Dice el Señor: Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo.

La tierra de Jesús era rica en sal; de hecho, el cercano mar Muerto era un verdadero depósito de ella. También abundaba en las aparcerías, en las pescaderías… Constituía una verdadera industria. En el Templo existía el llamado granero de la sal[1], para disponer de ella en las ceremonias rituales. Todo el mundo sabía que la sal conserva los alimentos y les da buen sabor; por eso, evocaba la sabiduría. Era un elemento apreciado. En el Levítico se prescribía que todo alimento que se ofreciera a Dios fuera condimentado con sal, significando la voluntad de ofrecer algo agradable. En la vida corriente, comer la sal con alguien significaba tener con él buena amistad; un pacto de sal era un pacto indisoluble.

Los discípulos de Jesús serán la sal para toda la tierra, pues darán un sabor nuevo a todos los valores humanos, evitarán la corrupción, traerán con sus palabras la sabiduría al mundo y darán sentido a lo que acontece.

Pero no hay sal para la sal. Si no cumple su misión, si se vuelve sosa, no vale sino para tirarla afuera y que la pisotee la gente.

El Señor hace una parecida advertencia con la imagen de la luz. Él ha vivido en una región luminosa, y parecen gustarle los días en que brilla el sol, los horizontes despejados, las vistas de lejos de las ciudades. De la luz sacará muchas de sus enseñanzas.

Isaías había predicho que Israel sería una luz para las naciones[2]. Jesús advierte precisamente a sus discípulos que en ellos se cumple este anuncio: Vosotros sois la luz del mundo. Sois –les dice– como una ciudad iluminada que se ve desde todas partes: no puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte. Vosotros sois la luz de la casa: no se enciende una lámpara para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa[3].

Cada uno de vosotros, les dice, ha de ser luz para los suyos, a vuestro lado verán con claridad. Todos juntos seréis como una ciudad construida en la cima, que se ve desde todas partes y sirve de orientación.

¡Qué desgracia si la sal se desvirtúa!, pero no lo es menos si la luz se oscurece. Jesús lo repetirá en otras ocasiones. Aquí se conforma con añadir: Alumbre así vuestra luz ante los hombres, como la lámpara en la casa, como la ciudad en el horizonte, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos.


[1] Esd 7, 22.

[2] Is 42, 6; 49, 6.

[3] Los judíos se alumbraban generalmente con lámparas de aceite (Mt 25, 8). Eran de arcilla y tenía dos orificios: uno para verter el aceite y el otro para la mecha. Se colocaban sobre un soporte (a veces se colgaban de un gancho) para aprovechar mejor la luz.

Comentario – Martes XXVIII de Tiempo Ordinario

Los encuentros de Jesús con los fariseos suelen estar marcados casi siempre por la controversia. Pero Jesús no rehúye el contacto, ni la invitación. San Lucas narra que cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Entre los judíos, hacerle a uno partícipe de la propia mesa es incorporarlo a un cierto grado de comunión o de amistad. Y Jesús se deja invitar por quienes aparecen como sus adversarios ideológicos o de mentalidad. Hemos de suponer que se trata de un fariseo rico, puesto que puede organizar un banquete en su propia casa y tener invitados.

Jesús, que había aceptado la invitación, entró y sin más protocolo se puso a la mesa. Pero en semejante acción había cometido la tremenda imprudencia de no lavarse antes las manos como mandaban los cánones del ritual judío. Más que una norma de higiene, era una norma de pureza ritual: lavándose las manos buscaban la purificación. Ya le habían reprochado a Jesús en otra ocasión que no reprendiera a sus discípulos por no respetar la observancia ritual. Pero parece que él no le concede demasiada importancia a este asunto; más aún, puede incluso que quiera hacer patente su transgresión con el fin de hacerles ver dónde está lo importante, porque lo que a él le interesa es fundamentalmente “lo de dentro”, no “lo de fuera”.

La conducta de Jesús resulta escandalosa para una mentalidad farisaica. Por eso no es extraño que aquel fariseo que lo había invitado a su casa se sorprenda al verle actuar así, al verle omitir esta observancia ritual, al ver que no se lavaba las manos antes de comer. Y la reacción de Jesús no se hace esperar. Dirigiéndose no únicamente al anfitrión, sino a los demás fariseos, también invitados al banquete, les dice: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

Se trata de palabras muy críticas, y duras, dichas en el lugar menos propicio, en el lugar donde más podían escocer. Les acusa de prestar mucha atención a las purificaciones externas, a la limpieza ritual no sólo de manos, sino también de copas y platos, pretendiendo que semejantes lavados les van a purificar por dentro sin tocar siquiera eso que pervive en su interior. Si están llenos de maldades, las maldades seguirán allí, intactas, porque no han intentado purificarse por dentro, limitando su acción a un lavado exterior del cuerpo o de los objetos con los que entran en contacto. Jesús ve en esta observancia pura exterioridad sin afectación interna.

lo de dentro es lo más valioso y significativo de una persona. Es de dentro de donde salen las buenas y las malas acciones. ¿De qué sirve lavarse las manos si uno permanece malvado en su interior? Esa maldad que lo habita acabará saliendo al exterior, acabará expresándose en palabras y traduciéndose en obras. Por eso entiende que esta mentalidad atada a semejantes rituales de purificación externa es propia de necios, que no saben ver dónde está realmente la suciedad que hay que limpiar o la maldad que hay que corregir, que no saben ver dónde está lo importante. Y el mismo que hizo lo de fuera, el cuerpo con todos sus miembros, hizo también lo de dentro. Una limpieza exterior, en la que no se implica lo que queda dentro, no deja de ser algo muy superficial y sin ninguna transcendencia. Por eso a él no le importa transgredir la norma, porque aprecia que esa atención a lo externo, que se olvida de lo interno, es equivocada.

Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo. La purificación interna sí llega al exterior, a las palabras y a las obras, a todo lo que sale de dentro, que es lo que hace puro o impuro al hombre. Bastará purificar esta raíz o esta fuente para tenerlo limpio todo, puesto que todo brota de ahí. Dad limosna de lo de dentro o dad limosna desde dentro, es decir, haciendo de este acto de dar (dinero, ropa, alimento, cobijo, consuelo, etc.) un acto de compasión. Eleemosyne tiene la misma raíz que el verbo griego que significa compadecer. Dar limosna es compadecerse de alguien que está en necesidad con algún tipo de socorro. Si la limosna que se da a un pobre no se da por compasión en realidad no se hace una limosna. Dar limosna de lo de dentro quizá signifique darse a sí mismo en limosna, porque si en la limosna no se da uno a sí mismo, no da uno su compasión, no se está dando de lo de dentro.

Al reservarse a sí mismo, está dando sólo algo que le es ajeno, no se implica en su donación, da algo, pero no se da. En su interior permanece insensible a esa necesidad o a esa miseria. No habría cambiado nada por dentro. Sería algo similar a ese lavado externo que no toca la suciedad interior. Es preciso, por tanto, que la limosna, que es compasión, brote de dentro, sea un acto compasivo. Sólo así nos asemejaremos a Dios, que es compasivo y misericordioso. Sólo así nos estaremos dejando transformar por él desde dentro, con un cambio de mentalidad que hará cambiar muchas cosas en nuestra vida.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

La revelación hay que recibirla con fe

5. Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe», por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando «a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad», y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da «a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad». Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.

Recursos – Ofertorio (Domingo XXIX de Tiempo Ordinario)

UN MISIONERO O UNA MISIONERA DA TESTIMONIO DE SU COMPROMISO

(A poder ser, debería ser un misionero o misionera, ya sea Sacerdote, Religioso/a o Seglar; y si pertenece a la comunidad, mejor que mejor. Conviene darle la oportunidad de que presente su labor misionera, si bien sin extenderse en exceso; es mejor organizar un encuentro específico con tal fin. Al terminar puede decir:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Bien sabes, Señor, que a mí me has llamado a dar testimonio de la fe en medio de los y las que no tienen fe. Bien sabes, Señor, que, a pesar de las muchas dificultades, no me siento sólo, pues noto las manos y el apoyo de toda la comunidad, a la que hago presente, a través de mis palabras y comportamiento. Haz verdaderamente sensibles a todas tus comunidades de su exigencia y misión evangelizadora. Y danos fortaleza a los y a las que predicamos y vivimos el Evangelio fuera de los ámbitos acogedores de las comunidades cristianas.

PRESENTACIÓN DE LA CARTA DE UN MISIONERO O UNA MISIONERA A LA COMUNIDAD

(Con antelación y para motivar la Jornada del DOMUND, será necesario contactar con la persona, sea Sacerdote, Religioso/a o Seglar; mejor si es conocida por la Comunidad Cristiana concreta. No sería cuestión de leer toda la carta; acaso alguna frase, o presentarla de manera que luego pueda quedar en un lugar accesible donde la gente pueda leerla; por eso, colocarla con letra grande, fijada en una cartulina amplia, etc.)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, al presentarte hoy la CARTA de un miembro de esta comunidad trabajando en una acción misionera y lejos de los suyos y de nosotros y de nosotras, te ofrecemos lo mejor de tantos hombres y mujeres, entregados y entregadas en favor de los y las más pobres y necesitados y necesitadas, amando a sus semejantes como Tú mismo los amas. Acepta esta ofrenda agradable y conviértenos, también a nosotros y a nostras, en testigos de tu amor, aquí, en medio de nuestra cultura y de nuestra sociedad.

OFRENDA DEL TERCER MUNDO

(La puede hacer un o una joven o, de existir en la comunidad, un miembro de alguna ONG)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí me corresponde, Señor, traerte otro de los sufrimientos que rompe tu corazón de Padre, pues implica a una buena parte de la humanidad. Te ofrezco el hambre, la miseria y el subdesarrollo del Tercer Mundo. También te traigo las semillas de la esperanza de tantas y tantas personas del Primer Mundo, que son sensibles con los problemas de los y de las más pobres del mundo Que crezcan los y las que se comprometen en el cambio de la sociedad y del mundo.

PRESENTACIÓN DE UN VOLUNTARIO O UNA VOLUNTARIA DE LA COMUNIDAD

(Debiera hacer esta ofrenda uno de los más veteranos voluntarios o una de las más veteranas vokuntarias de la comunidad, precisamente por su testimonio de continuidad en el compromiso)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Bien sabes, Señor, de mi compromiso continuado, durante años, como voluntario que sirve a los demás en tareas sencillas que les hacen más llevadera la existencia. Yo te traigo hoy, Señor, este compromiso mío, que no es fruto de mis fuerzas y mi capacidad, sino de tu gracia. En tus manos pongo tu misma gracia y mi acción de gracias. Espero que Tú sigas manteniendo mis escasas fuerzas. Y con este testimonio (que me ha costado hacerlo en voz alta), confío en que Tú nos hagas comprender, a todos y a todas, la necesidad que tenemos de responder con nuestro compromiso en medio del mundo y de la sociedad a tu Palabra, y que lo hagas de forma continuada, porque, sabemos, Señor, que Tú no esperas de nosotros y de nosotras nada espectacular, sino el trabajo sencillo, eficaz y permanente en favor de los y las demás.

PRESENTACIÓN DE UN MEDICAMENTO

(Con el envoltorio sería suficiente, para tener el valor de símbolo. Y lo puede presentar alguien relacionado con la sanidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo un medicamento, porque pensamos que es un buen signo de la misericordia, una de las cualidades fundamentales de un pastor y de un evangelizador. Queremos ser eso: medicina para los otros y para las otras; bálsamo y aceite que curen las heridas de los y de las demás; mera capacidad de escucha, que alivie y aligere los problemas de los otros y de las otras. Y lo queremos hacer a imagen de tu Hijo Jesucristo, tal como Él lo hizo antes y lo hace ahora con nosotros y con nosotras.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE PASTORAL VOCACIONAL O DE ANIMACIÓN MISIONERA

(Sería conveniente que hubiere una representación de dicho grupo y que pudieran presentar, en hoja impresa, su proyecto para este curso. En nombre de todos y de todas, una de las personas, presenta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor y Padre nuestro: Tú nos has LLAMADO a cada uno y a cada una a vivir con gozo el seguimiento de Jesús, tu Hijo amado, y nos dices que eso es una buena noticia para todos y para todas. Gracias, pues, por nuestra VOCACIÓN. Te ofrecemos el proyecto de este grupo de nuestra Comunidad-Parroquia, que trabaja en la animación vocacional y misionera entre nosotros y entre nosotras. Te ofrecemos nuestro esfuerzo y nuestras acciones; acéptalas, Padre. Y te pedimos que nunca falten, en nuestras comunidades, personas que asuman el SERVICIO a los y a las demás de forma generosa, y lo hagan animadas por tu misma LLAMADA.

Oración de los fieles – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

Este pueblo tuyo que camina hacia tu Reino para entrar en tu banquete eterno, presenta ante Tí las necesidades de esta vida cotidiana. Tú que tan bien las conoces, acompáñanos atendiendo lo que tus fieles te suplican:

ESCUCHA A TU PUEBLO, SEÑOR.

1. – Por la Iglesia: el Papa, los obispos, diáconos y demás personas que caminan hacia Ti, para que acudan en tu ayuda ante cualquier dificultad, sabiendo que sólo en Dios se encuentran verdes pastos y fuentes tranquilas. OREMOS

2. – Pidamos por todos aquellos que andan en sus negocios dando la espalda a Dios, para que convirtiéndose a la Luz encuentren a Cristo que es Camino, Verdad y Vida. OREMOS

3. – Por los que son llamados a la fiesta eterna del Señor, que nuestra plegaria sirva para reparar las faltas de su corazón y puedan compartir la mesa con Cristo. OREMOS

4. – Por la paz en nuestros países y en nuestro mundo, para que aquellos que tienen la solución en sus manos descubran en Cristo el camino para obtener la verdadera paz que El nos brinda. OREMOS

5. – Por los enfermos y aquellos que sufren algún mal del alma o del cuerpo, para que encuentren dentro del rebaño de Dios esas fuentes de tranquilidad y reposo. OREMOS

6.- Por todos los aquí reunidos para que veamos en cada Eucaristía un anticipo de la mesa que Dios nos tiene preparada, e invitemos continuamente a otros a esta mesa. OREMOS

Señor, atiende estas suplicas y repara nuestras fuerzas. Prepáranos para continuar el camino y haz que al final de nuestros días, participemos del banquete que Tú nos tienes preparado.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Señor, sabemos que la salvación viene de Ti, por eso traemos a Tu presencia nuestras peticiones con la seguridad de que serán acogidas.

CONFIAMOS EN TU MISERICORDIA, SEÑOR.

1.- Por toda la Iglesia, para que su actitud y testimonio, muestren al mundo que el Espíritu Santo habita en nosotros. OREMOS

2.-Por todos los que trabajan por amor al Señor, especialmente los misioneros, para que acepten libremente su responsabilidad, sin esperar el éxito, ni la utilidad. OREMOS

3.- Para que sepamos vivir con serenidad y fortaleza la realidad de cada día, aunque nos parezca amarga, sin sentido, e incluso, a veces no seamos capaces de comprenderla. OREMOS

4.- Por todos los pueblos que en este momento sienten el dolor, la falta de alimentos, el sin sentido de la prueba; para que en lo más profundo de su ser sientan al Padre que los ama y a unos hermanos que les tienden la mano para ayudarles. OREMOS.

5.- Por todos nosotros, que traemos el corazón tan lleno de peticiones; que tengamos la seguridad de que el Espíritu del Señor está actuando para que se vean resueltos nuestros problemas. OREMOS

Aquí te traemos, Padre, nuestra oración, en medio de las tinieblas y el silencio, con la seguridad de que siempre somos escuchados, aunque no percibamos la respuesta que seríamos capaces de razonar. Lo hacemos todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XXVIII de Tiempo Ordinario

Al leer en el calendario litúrgico el subrayado del evangelio de este martes de esta semana nº 28 («dad limosna, y lo tendréis limpio todo»), me dije para mis adentros: Ah pero, bueno, ¿no dice san Pablo que aunque dé todos mis bienes a los pobres, si no tengo amor, de nada me sirve? Pues ¿cómo despacha Jesús su doctrina con esa frase? Pase que Jesús hable de limpieza: porque está hablando con un fariseo, y esa gente estaba obsesionada con la limpieza de las manos, de las jarras, de las ollas, de todos los cacharros, o, como se dice ahora, de toda la batería de cocina. En eso hace muy bien, porque conecta de inmediato con el lenguaje, los intereses, el mundo concreto, las preocupaciones e incluso las obsesiones de la gente. Pero ¿cómo es posible que un gesto exterior, que incluso puede servir (¡y lo dice el propio Jesús!) para nuestra ostentación, puede limpiarnos por completo?.

Y me acuerdo de la etimología de «limosna»: viene de la palabra griega eleemosýne, que significa «compasión». Más aún: recuerdo cómo, según dicen los estudiosos, la antropología de Jesús es unitaria, holista. Eso significa que para él el hombre entero, la mujer entera, ha de estar presente en cada acto que realiza. Por tanto, ha de estar presente en cuerpo y alma, con el corazón y las manos. Más en concreto, ha de decir «con en corazón en la mano» y ha de dar «con el corazón en la mano». Es como un dar dándose. Nada de obras muertas de mucho relumbrón hacia fuera; pero también nada de puros delicados sentimientos, tan delicados como estériles; y nada de discursos cuando la respuesta a la demanda (¡así que hay desafíos, dones y demandas a los que debo responder!) no son hueras palabras, sino dones muy concretos y muy materiales.

El caso es que me acabo de asomar al texto del evangelio (¡ya lo podía haber hecho antes!) y me encuentro con que me dice: «dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo». Me doy con el puño en la cabeza y me digo: ¿a qué tanto cavilar? Si hubieras leído directamente el evangelio, y no hubieras recurrido al comodín de una cita, tan coja por añadidura, habría evitado todos esos rodeos.