Vísperas – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Todo en estado de oración parece.
La santidad, que empapa todo el aire,
rebosa de los cielos como de ánfora,
y se filtra en las venas del deseo.

Todo sube en afán contemplativo,
como a través de transparencia angélica,
y lo más puro que hay en mí despierta,
sorbido por vorágine de altura.

Tiene alas la tarde, unción y llama.
Todo yo en la plegaria he naufragado;
se levantan mis manos como lámparas;
por el silencio, el corazón respira.

Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,
y la lumbre de Dios transe mi carne.
Gloria al Padre, y al Hijo. y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

SALMO 138

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1Jn 2, 3-6

En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

R/ A la sombra de tus alas escóndenos.
V/ Como a las niñas de tus ojos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Alégrense todos los que esperan en ti, Señor.

Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;
— haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

Tú que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,
— concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.

Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos
— sigan con fidelidad a tu Hijo.

Tú que, en el principio, creaste hombre y mujer,
— guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
— concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,42-46
Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!» Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy sigue la relación conflictiva entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Hoy, en la Iglesia, se vive el mismo conflicto. En una determinada diócesis, el obispo convocó a los pobres a que participaran activamente. Ellos escucharon las peticiones y muchos de ellos empezaron a participar. Surgió un serio conflicto. Los ricos decían que habían sido excluidos y algunos sacerdotes empezaron a decir: “¡El obispo hace política y olvida el evangelio!”
• Lucas 11,42: “Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.”. Esta crítica de Jesús contra los líderes religiosos de aquella época puede ser repetido contra muchos líderes religiosos de los siglos siguientes, hasta hoy. Muchas veces, en nombre de Dios, insistimos en detalles y olvidamos la justicia y el amor. Por ejemplo, el jansenismo volvió árida la vivencia de la fe, insistiendo en observancias y penitencias que desviaban a la gente del camino de amor. La hermana carmelita Santa Teresa de Lisieux se crió en ese ambiente jansenista que caracterizaba a Francia hacia los finales del siglo XIX. Fue a partir de una dolorosa experiencia personal, que ella supo recuperar la gratuidad del amor de Dios como una fuerza que tiene que animar por dentro la observancia de las normas. Pues, sin la experiencia del amor, las observancias hacen de Dios un ídolo.
La observación final de Jesús decía: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Jesús llama la atención de los discípulos sobre el comportamiento hipócrita de algunos fariseos. A ellos les gustaba circular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros lugares en las sinagogas y lugares de honor en los banquetes (cf. Mt 6,5; 23,5-7). ¡Marcos añade que a ellos les gustaba entrar en las casas de las viudas y hacer largas preces en cambio de dinero! Personas así recibirán un juicio muy severo (Mc 12,38-40). Hoy en nuestra Iglesia ocurre lo mismo.
• Lucas 11,44: Ay de vosotros, sepulcros que no se ven. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad” (Mt 23,27-28). La imagen de los “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentarios. Por medio de ella, Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren hacer por fuera. Lucas, habla de sepulcros escondidos: “¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo». Quien pisa o toca un sepulcro se vuelve impuro, lo mismo cuando el sepulcro está escondido bajo tierra. La imagen es muy fuerte: por fuera, el fariseo de siempre parece justo y bueno, pero ese aspecto es un engaño, pues en su interior existe un sepulcro escondido que, si la gente no sabe darse cuenta, difunde un veneno que mata, comunica una mentalidad que aleja de Dios, sugiere una comprensión errada de la Buena Noticia del Reino. Una ideología que hace del Dios vivo, ¡un ídolo muerto!
• Lucas 11,45-46: Crítica del doctor de la ley y la respuesta de Jesús. “Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!” En la respuesta Jesús no se vuelve atrás, sino que deja bien claro que la misma crítica vale también para los escribas: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!”. En el Sermón de la Montaña, Jesús expresa la misma crítica que sirve de comentario: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas” (Mt 23,2-4).

4) Para la reflexión personal

• La hipocresía mantiene una apariencia engañadora. ¿hasta dónde actúa en mí la hipocresía? ¿Hasta dónde actúa en nuestra Iglesia?
• Jesús criticaba a los escribas que insistían en la observancia disciplinar de las cosas minutas de la ley como el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y olvidan insistir en el objetivo de la ley que es la práctica de la justicia y del amor. Esta crítica ¿vale también para mí?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 35-37

35Y algunos de los presentes, oyéndolo, decían: “Mirad, llama a Elías”.
36Pero, corriendo uno, empapando una esponja de vinagre, poniéndola en una caña, se la daba diciendo: “Dejadme. Veamos si viene Elías para bajarlo”.

37Pero Jesús, dando una gran voz, expiró.

15, 35-37: Malentendidos y muerte. Sin embargo, antes de que esta muerte pueda ocurrir, sucede un último caso de incomprensión humana. Al escuchar a Jesús invocando a Dios, algunos de los presentes piensan que se dirige a Elías, de quien probablemente se esperaba que había de preceder al mesías y era considerado una especie de santa Bárbara, a quien la gente piadosa invoca en momentos duros. Quizás por los dos motivos, el grito de Jesús suscita la expectativa de que Elías pueda salvarlo de la cruz (15,35-36). El lector, sin embargo, sabe que Elías ha venido ya, en la persona de Juan el Bautista, pero en vez de salvar a Jesús de la cruz, lo ha precedido en el camino del sufrimiento y la muerte, por el que Jesús debe ahora transitar hasta el fin.

Sin saber nada de esto, uno de los presentes empapa rápidamente una esponja de vinagre y trata de dársela a Jesús para que beba, fijándola a una caña y levantándola hasta sus labios (15,36a). Entonces explica o excusa su acción con las palabras siguientes: «Dejadme. Veamos si viene Elías para bajarlo» (15,36b). Sin embargo, este acto aparentemente compasivo parece estar motivado por el escarnio; ese individuo no cree realmente que Elías venga a rescatar a Jesús, sino que desea prolongar su agonía. Su exhortación, que comienza con las palabras Dejadme. Veamos es otra ilustración del tema marcano del «mirar sin ver» (cf. 4,12; 8,18), personificada hace un momento por las burlas de los sumos sacerdotes y los escribas (15,32). Pero, es también un caso en el que un personaje del relato de la pasión dice y hace más de lo que en realidad sabe, ya que el ofrecimiento del vinagre evoca inconscientemente otro salmo del justo sufriente (Sal 69,20-23). Como el que habla en el Salmo 69, Jesús recibe los insultos de quienes están a su alrededor; está inmerso en la desesperación, o al menos cerca de ella; no encuentra a nadie que lo consuele; y le dan vinagre para beber. El salmista, además, pide que los ojos de los burlones se oscurezcan, de modo que no puedan ver; en el relato marcano, los burladores hablan de «ver», pero están ciegos realmente.

El mundo, pues, se ha torcido tanto y la gente está tan ciega, que lo que en un principio parece un acto de socorro resulta estar motivado por el escarnio. Ya es tarde para los actos de bondad, incluso los burlones; el grito de abandono por parte de Jesús es su grito de muerte y, tras emitirlo, deja escapar su espíritu. El modo como lo hace es insólito, pues un crucificado suele perecer por asfixia, y en principio no habría tenido aliento suficiente como para expirar con un grito; esta expulsión poderosa de su aliento es la que hace que la cortina del Templo se rasgue en dos. En esta línea, algunos autores consideran que el último grito de Jesús es un grito de victoria divina. Pero el relato precedente apunta en dirección opuesta: Jesús muere desamparado, ridiculizado por sus enemigos y abandonado por sus amigos, y su último grito, que puede ser motivado por el Demonio, expresa la distancia de Dios tal como él la percibe.

Comentario – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

El evangelio de san Lucas nos ofrece hoy un pasaje en el que se hace más cruda la polémica de Jesús con los fariseos. La expresión de esta crítica en forma de imprecaciones (¡ay de vosotros…!) nos sitúa en las antípodas de las bienaventuranzas (¡Dichosos vosotros…!). Ahí es donde coloca Jesús a los fariseos que obran en este modo: del lado de las malaventuranzas. ¡Ay de vosotros! equivale a «desgraciados vosotros» que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello.

El pago del diezmo era una obligación de carácter religioso que se habían impuesto a sí mismos. Servía para sostener el culto ejercido por los sacerdotes. Estos eran los destinatarios de ese diezmo. Pero al tiempo que cumplían esta obligación, descuidaban lo más importante: el derecho y el amor de Dios. Jesús parece acusarles de faltar a la justicia (a pesar del diezmo), puesto que el derecho es o debe ser lo que ampara o protege la justicia, y al amor de Dios, que es siempre un amor misericordioso. Jesús, en la conducta de los fariseos, denuncia un comportamiento injusto (a pesar de las apariencias de generosidad de que dan muestras) y falto de misericordia, porque el amor de Dios es esencialmente misericordia. Los hombres religiosos tendrían que transparentar en su vida la justicia y la misericordia de Dios. Si esto no sucede, no merecen semejante calificación. Al contrario, se hacen merecedores de la malaventuranza del Señor.

Pero también se hacen merecedores de esta desgracia los que buscan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias de la gente por la calle. Jesús parece recrearse en subrayar algunos aspectos de la censura: os encantan los asientos de honoros encantan las reverencias. Eso no es de ayer; es también de hoy, y quizá de siempre. ¿A quién no le encantan los honores? Quizá las reverencias nos parezcan excesivas en ciertas circunstancias o impropias de esta época, pero ¿a quién no le complacen los halagos o las alabanzas?

Somos vanidosos casi por naturaleza. Claro que nos gustan los honores, aunque muchas veces disimulemos ese gusto o lo disfracemos de aparente disgusto. Puede incluso que nos sintamos incómodos ocupando ciertos puestos de honor y sin embargo no deje en el fondo de complacernos. También nosotros vivimos expuestos a esta censura, porque en nuestra conducta hay si no ostentación de méritos (que a veces también), sí vanidad. Sucede que vivimos muy pendientes del juicio de los demás, sobre todo de los que creemos más autorizados para el mismo, y queremos que éste nos sea favorable. Pero si todo el peso lo ponemos en el juicio de los demás, ¿dónde queda el juicio de Dios, que es el único que nos puede dar el honor merecido o el inmerecido?

La crítica de Jesús ahonda aún más en el corazón humano: ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! Las tumbas no muestran a la vista lo que esconden. Pueden mostrar hermosos mármoles, pero esconden la podredumbre de un cadáver en descomposición. Aquí se trata de tumbas sin señal, que la gente puede descuidadamente pisar porque no están señalizadas. Jesús parece indicar que al contacto con los fariseos la gente no sabe con quiénes trata. Son como tumbas que esconden lo que, de poner al descubierto, les acarrearía mucho descrédito entre el pueblo.

Lo que aquí denuncia Jesús es la proverbial hipocresía farisaica: haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen. No son transparentes. Tras su fachada de justos, esconden muchas maldades e injusticias. No son como aparecen, aunque en su oración digan: Te doy gracias, oh Dios, porque no soy como los demás hombres, injustos, adúlteros…, ni como ese publicano. Pero este vicio, el de la hipocresía, la simulación o la ocultación, es también enfermedad muy extendida. ¿Quién no oculta ciertas cosas que lo afean o degradan? ¿Quién no simula en ciertas circunstancias ser lo que no es? ¿Quién no recurre alguna vez a un disfraz que le permite ocultar rasgos que le avergüenzan o le rebajan en su dignidad? ¿Quién, en fin, no se asocia con la falsedad para lograr ciertos objetivos?

La hipocresía nos puede alcanzar a todos, incluso viviendo en una sociedad que parece estimar en mucho la autenticidad. Y no es que tengamos que hacernos transparentes a la mirada de los demás. No a todos tenemos que hacer partícipes de nuestra intimidad. Con todo, la hipocresía es un pecado contra la verdad, porque la deforma o la encubre, y siempre con una intención interesada. Pero a Dios no podemos engañarle. Él conoce lo íntimo del corazón del hombre. Ante Él no cabe ni el fingimiento ni la ocultación. Y es Él el que nos juzgará definitivamente en su día. Los fariseos ya se vieron sorprendidos por el juicio de Jesús, que no les encontró tan justos como ellos y otros les creían. También nosotros podemos vernos sorprendidos por este juicio que pone al descubierto nuestros descuidos culpables, nuestras refinadas vanidades y nuestras simulaciones contenidas. ¡Ojalá que el Señor nos encuentre cada día más auténticos y amantes de la verdad!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

Las verdades reveladas

6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a Sí mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, «para comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana».

Confiesa el Santo Concilio «que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas»; pero enseña que hay que atribuir a Su revelación «el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género humano.

Comentario Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús: Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 22, 15-21

«15Entonces, yéndose, los fariseos celebraron consejo sobre cómo cazarlo en alguna palabra.

16Y le envían a sus discípulos con los herodianos a decirle: “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad y que no te importa

17por nadie, porque no miras la condición de las personas. Así que dinos qué te parece: ¿es lícito pagar tributo al César o no?”.

18Pero Jesús, conociendo su maldad, dijo: “¿Por qué me tentáis? ¡Hipócritas! 19Mostradme la moneda del tributo”.

Pero ellos le presentaron un denario.
20Y les dice: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?”.
21Le dicen: “Del César”.
Entonces les dice: “Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Después de las tres duras parábolas que Jesús dice a los sumos sacerdotes, ancianos del pueblo y fariseos (cf. Mt 21,23.45), comienzan las controversias de Jesús en Jerusalén. Comienzan con los fariseos, que en el evangelio de hoy proponen a Jesús una cuestión para pillarle (22,15-22); después vendrán los saduceos, con otra cuestión discutida: la resurrección de los muertos (22,23-33), y de nuevo intervendrán los fariseos, con el tema del mandamiento principal (22,34- 40). Todos estos relatos van preparando el durísimo capítulo 23, donde Jesús alerta a la gente y a los discípulos sobre los escribas y fariseos. La tensión continúa creciendo. La Pasión está próxima.

 

TEXTO

El v. 15 es como el título de toda la sección (que llega hasta 22,46) y muestra la perversa intención de los fariseos al entablar conversaciones con Jesús. La primera parte del evangelio (vv. 16-17) consta de la “captación de benevolencia”, un recurso retórico para atraerse la atención y buena disposición del interlocutor, en este caso de Jesús (v. 16) y la pregunta decisiva al Maestro (v. 17). La segunda parte (vv. 18-21) tiene varios pasos: una primera pregunta de Jesús con una acusación a sus interlocutores (vv. 18-19); una segunda pregunta de Jesús sobre la “prueba visual”, la moneda del tributo, que desenmascara a los adversarios (v. 20-21a), y el dicho final decisivo de Jesús (v. 21b). Sobresale la mala intención de los fariseos (cazar a Jesús), la calificación que este hace de fariseos, discípulos de fariseos y herodianos (hipócritas), el tema del tributo al César y, de manera extraordinaria, la sagacidad e inteligencia de Jesús, que toma la iniciativa y desarbola a sus contrincantes.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Los fariseos, mediante sus discípulos, hacen una pregunta-trampa a Jesús: si respondía afirmativamente, le acusarían de colaboración con el poder romano, al que los judíos odiaban por los impuestos y por su crueldad, y Jesús se haría impopular ante la gente. Pero si respondía negativamente, le acusarían de sedición y traición a Roma. Quizá a veces, o en ciertos temas, nuestro seguimiento tiene algo de “fariseo” cuando queremos tener la iniciativa respecto a Jesús o le ponemos en un brete para que él justifique posturas nuestras o para “salirnos con la nuestra”…

• Pero Jesús no se achanta y toma la iniciativa. Les ordena presentar una moneda de tributo y ellos se la muestran. Eso significa que la tenían, y así demuestran que pagan los impuestos y que ellos ya tenían respuesta para la pregunta que habían formulado. Jesús les desenmascara: los adversarios, al utilizar una moneda con los símbolos políticos y religiosos del poder romano, ¡han reconocido plenamente dicho poder! Siempre que Jesús lleva la iniciativa en nuestra vida aparece nuestro genuino modo de ser, que siempre debe ser articulado por y desde Él.

• No tiene nada de extraño que Jesús les invite en consecuencia a pagar los impuestos: les invita a hacer lo que ya hacen. Mas por eso, Jesús no respalda el deber de pagar impuestos a los romanos (o al poder). La verdadera respuesta de Jesús está en el v. 21c: devolver “lo de Dios a Dios”: todo pertenece a Dios, cielo y tierra, seres humanos, animales y cosas. La obediencia a Dios es el precepto de todos los preceptos, el que los abarca, sustenta y sobrepasa. Dios plantea una exigencia sin límites, que comprende todos los ámbitos de la vida. El pago al César es algo “penúltimo”, porque lo último es devolver a Dios lo de Dios. Dios es el Señor, no el “César” (el partido, el estado, el equipo, el negocio, incluso la Iglesia). ¿Cómo se manifiesta en nuestra vida dicha soberanía de Dios? ¿Cómo demostramos que en nuestra vida Dios es El Señor?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario
18 de octubre 2020

Isaías 45 1.4-6; Salmo 95; 1 Tesalonicense 1, 1-5; Mateo 22, 15-21

Den al César lo que es del César

En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas traidoras, en algo de que pudieran acusarlo. Le enviaron, pues, a algunos de sus seguidores, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te asusta, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es permitido o no pagar el impuesto al César?” Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del impuesto”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César loque es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Reflexión

Jesús le había dicho a los sumos sacerdotes y ancianos de la religión judía que Dios les iba quitar la autoridad sobre su pueblo porque no estaban guiándolos bien. No le hacían caso a los profetas de Dios ni a Jesús mismo. Ellos estaban furiosos y querían matarlo para ellos seguir en el poder. No entendían que Jesús era Dios. Hicieron un plan de hacerle una pregunta que con cualquier respuesta, quedaría mal. Pero Jesús sabía lo que estaban haciendo (Dios lo sabe todo). ¿Qué le preguntaron los fariseos? “¿Es permitido o no pagar el impuesto al César?” Los judíos eran oprimidos por los romanos que cobraban muchos impuestos y no querían pagarles. Además, el emperador romano, César, se creía un dios con autoridad espiritual. Los judíos solo creían y seguían a Dios. Si Jesús contestaba que sí, los judios quedarían indignados. Si contestaba que no, los romanos, ahí representados por los seguidores de Herodes, le acusarían de traición y podrían llevarlo a la carcel y hasta matarlo. ¿Cómo contestó Jesús? Pidiendo ver una moneda, preguntó de quién era la imagen representada ayí. Cuando contestaron de César, Jesús dijo, “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. ¿Qué quiere Dios de nosotros? Dios quiere nuestro corazón, lleno de amor y obediencia a sus mandamientos.

Actividad

En la siguiente página, colorear, cortar y pegar dibujo en un corazón más grande de cartulina. En el otro lado, pegar una foto del niño. Hacer hoyo y enlazar con una cinta.

Oración

Jesusito de mi vida, eres niño como yo. Por eso te quiero tanto y te doy mi corazón.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

El tributo debido al César – Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, los fariseos se retiraron y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: – Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: – ¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del tributo. Le presentaron un denario. El les preguntó: – ¿De quién son esta cara y esta inscripción? Le respondieron: – Del César. Entonces les replicó: – Pues pagadle al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios

Explicación

Un día los fariseos para probar a Jesús y hacerle caer para denunciarlo le preguntaron: ¿Es lícito pagar el tributo al Cesar?. Así le denunciarían respondiese lo que fuera, porque si decía que sí, lo denunciarían a los sacerdotes; y si decía que nó, pues al tribuno romano. Pero Jesús les pidió una moneda y les preguntó: -¿De quien esta cara que hay en la moneda? -Del cesar, le respondieron, y añadió Jesús: -Pues dad al Cesar lo que es del Cesar a Dios lo que es de Dios.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

Domingo 29º Ordinario –A (Mt 22, 15-21)

Narrador: Cierto día los fariseos se reunieron para ponerse de acuerdo y comprometer a Jesús con una pregunta difícil. Luego, enviaron a unos discípulos con unos partidarios de Herodes y le dijeron:

Fariseo 1: Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad.

Fariseo 2: Y que no te fijas en nadie, porque no te importan las apariencias.

Fariseo 1: Dinos tú lo que opinas… ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?

Discípulo 1: Ahora sí que han pillado al Maestro: si dice que sí, que hay que pagar los impuestos, todos los judíos se enfadarán mucho.

Discípulo 2: Y si dice que no se paguen los impuestos…los fariseos lo denunciarán a los romanos.

Discípulos 1 y 2: Veremos cómo sale de esta encerrona.

Jesús: ¡Hipócritas! ¿Por qué me tentáis? A ver, enseñadme la moneda del impuesto.

Fariseo 2: Aquí la tienes. Tómala.

Jesús: ¿De quién es esa cara y esa inscripción?

Fariseos 1 y 2: La moneda tiene dibujada la cara del César.

Jesús: Pues entonces pagadle al César lo que es del César…y a Dios lo que es de Dios.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

No tiene ningún sentido dividir a la gente en buenos y malos como suelen hacer las películas mediocres. Primero, porque ningún ser humano puede juzgar a su hermano. Segundo, porque el bien y el mal nos atraviesan a todos por dentro.

Jesús es implacable contra los fariseos y maestros de todos los tiempos que se preocupan por dar una «buena imagen electoral» y pasan por alto el derecho y el amor de Dios, o que abruman a la gente con cargas insoportables mientras ellos (¿o nosotros?) no mueven ni un dedo.

Son palabras enérgicas, de las más contundentes transmitidas por los evangelios, y, sin embargo, no parece que tengan demasiado efecto en nosotros. A veces, en nuestra iglesia, hay personas que se sienten con la obligación moral de señalar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, de marcar una línea nítida entre lo permitido y lo prohibido, de censurar conductas «escandalosas», de llamar a cada cosa por su nombre.

¿Cómo podemos saber si estas actitudes «proféticas» son genuinamente evangélicas o no? La carta a los gálatas nos ofrece una pista. Donde hay Espíritu surgen frutos espirituales: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, amabilidad, autocontrol, etc. Donde hay «carne» (hoy diríamos «ser humano que se deja llevar por lo suyo») surgen otros frutos: fornicación, impureza, contiendas, celos, rencores, sectarismo etc.

Esto puede parecer demasiado simple. Y, sin embargo, a esta simplicidad suelen llegar después de muchas vueltas, los hombres y mujeres espirituales. Hace tiempo que me he desenganchado de los maestros que presumen de decir las cosas claras y que van dejando un rastro de rencor, enemistades, sectarismo.