Vísperas – Santa Teresa de Jesús

VÍSPERAS

SANTA TERESA DE JESÚS, virgen y doctora
fiesta

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Vivo sin vivir en mí,
y, tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo yo fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí.
Cuando el corazón le di,
puso en él este letrero:
“Que muero porque no muero”.

Esta divina prisión
del amor en que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón.
Y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muerto porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!,
¡Qué duros estos destierros!,
¡Esta cárcel, estos hierros,
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muerto porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
venga el morir muy ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es perderte a ti,
para mejor a él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues a él sólo es al que quiero:
Que muero porque no muero.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Muchachas de Jerusalén, decid a mi amado que estoy enferma de amor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muchachas de Jerusalén, decid a mi amado que estoy enferma de amor.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Mi amado es mío, y yo soy suya, del pastor de azucenas.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi amado es mío, y yo soy suya, del pastor de azucenas.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alegrémonos y gocemos y demos gracias a Dios, porque llegó la boda del Cordero.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alegrémonos y gocemos y demos gracias a Dios, porque llegó la boda del Cordero.

LECTURA: St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante y sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

R/ En la asamblea le da la palabra.
V/ En la asamblea le da la palabra.

R/ Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V/ Le da la palabra.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes a causa del reino de los cielos, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Oh Cristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
— no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen ha guardado siempre fidelidad intacta y pura,
— concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que conoces hoy a tu pueblo alegrarse por la festividad de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars virgen,
— concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
— admite benigno a los difuntos en el convite festivo de tu reino.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios.
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios nuestro, que por tu Espíritu has suscitado a santa Teresa de Jesús, para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, concédenos vivir de su doctrina y enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXVIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,47-54
«¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros erigís monumentos.
«Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan a esta generación cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.»
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

3) Reflexión

• De nuevo, por enésima vez, el evangelio de hoy habla del conflicto entre Jesús y las autoridades religiosa de la época.
• Lucas 11,47-48: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros erigís monumentos”. Mateo dice que se trata de escribas y de fariseos (Mt 23,19). La lógica de Jesús es clara. Si los padres mataron a los profetas y los hijos construyen los túmulos, es porque los hijos aprueban los crímenes cometidos por los padres. Además de esto, todo el mundo sabe que el profeta muerto, no incomoda. De este modo, los hijos se vuelven testigos y cómplices del mismo crimen (cf. Mt 23,29-32).
• Lucas 11,49-51: Pedir cuenta de la sangre derramada desde la creación del mundo. “Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan a esta generación cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación”. Comparado con el evangelio de Mateo, Lucas acostumbra ofrecer una versión abreviada del texto de Mateo. Pero aquí aumenta la observación: “derramado desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel”. Hizo lo mismo con la genealogía de Jesús. Mateo, que escribía para los judíos convertidos, empieza con Abrahán (Mt 1,1.2.17), mientras que Lucas va hasta Adán (Lc 3,38). Lucas universaliza e incluye a los paganos, pues escribe su evangelio para los paganos convertidos. La información sobre el asesinato de Zacarías en el Templo la da el libro de las Crónicas: “Entonces el espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Joyadá, que, presentándose delante del pueblo, les dijo: ‘Así dice Dios: ¿Por qué traspasáis los mandamientos de Yahvé? No tendréis éxito, porque habéis abandonado a Yahvé, él os abandonará a vosotros.’ Mas ellos conspiraron contra él y, por mandato del rey lo apedrearon en el atrio de la casa de Yahvé”. (2Cr 24,20-21). Jesús conocía la historia de su pueblo hasta en las minucias. Sabe que va a ser el siguiente en la lista de Abel, hasta Zacarías. Hasta hoy la lista sigue abierta. Mucha gente ha muerto por causa de la justicia y de la verdad.
• Lucas 11,52: “Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.”. ¿Cierran el Reino? ¿Y cómo lo hacen? Piensan tener el monopolio de la ciencia respecto de Dios y de la ley de Dios e imponen su manera de ver a los demás, sin dejar margen a otra idea, a una idea diferente. Presentan a Dios como a un juez severo y en nombre de Dios imponen leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsifican la imagen del Reino y matan en los demás el deseo de servir a Dios y al Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni tampoco es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino Es importante notar la diferencia entre Mateo y Lucas. Mateo habla de entrada en el Reino de los cielos y redacta en la forma verbal del presente: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar” (Mt 23,13). La expresión entrar en el Reino de los Cielos puede significar entrar en el cielo después de la muerte, pero es más probable que se trate de entrada en la comunidad alrededor de Jesús y en las comunidades de los primeros cristianos. Lucas habla de llave de la ciencia y la frase está redactada con el verbo en pasado. Lucas simplemente constata que la pretensión de los escribas de poseer la llave de la ciencia respecto de Dios y de la ley de Dios les impide reconocer a Jesús como Mesías e impide al pueblo judío el hecho de reconocer a Jesús como Mesías: Os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.
• Lucas 11,53-54: Reacción en contra de Jesús. La reacción de las autoridades religiosas contra Jesús fue inmediata. “Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca. Al considerarse los únicos y verdaderos intérpretes de la ley de Dios, tratan de provocar a Jesús alrededor de la interpretación de la Biblia para poder cazar con insidias algunas palabras de su boca. Así continúa y crece la oposición contra Jesús y crece el deseo de eliminarlo (Lc 6,11; 11,53-54; 19,48; 20,19-20; 22,2).

4) Para la reflexión personal

• Muchas personas que querían entrar fueron impedidos o dejaron de creer por causa de las actitudes anti-evangélicas de sacerdotes. ¿Tienes experiencias de este tipo?
• Los escribas comenzaron a criticar a Jesús que pensaba y actuaba de forma distinta. No es difícil encontrar motivos para criticar a quien piensa de forma distinta a mí. ¿Tienes experiencias de este tipo de cosas?

5) Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a las naciones;
se ha acordado de su amor y su lealtad
para con la casa de Israel. (Sal 98,2-3)

El amor es fuerte como la muerte (amor a Dios)

También se dice que es semejante el reino de los cielos a un comerciante que anda en busca de buenas perlas, y hallando una muy preciosa, vende cuanto tiene y la compra […]. En comparación de aquella nada tiene valor, y el alma abandona todo cuanto había adquirido, derrama todo cuanto había congregado, se enardece con el amor de las cosas celestiales, no tiene placer en las cosas terrenas y considera como deforme todo lo que le parecía bello en la tierra, porque sólo brilla en el alma el resplandor de aquella perla preciosa. Acerca de este amor dice Salomón: El amor es fuerte como la muerte (San Gregorio Magno, Homilía 11 sobre los Evangelios).

Es fuerte el amor como la muerte, porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte […] También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte, ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y el sepelio de las obras muertas (San Balduino de Cantorbery, Tratado 10).

Comentario – Santa Teresa de Jesús

Las exclamaciones, lo mismo que los suspiros, suelen brotar desde lo más hondo de nosotros mismos. Son como un chorro de vida cuya presión no puede ser ya contenida. Por eso salen a la superficie como un surtidor. El evangelio nos conserva alguna de estas exclamaciones de Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. En este caso, el surtidor que brota del corazón de Cristo es una acción de gracias al Padre. Da gracias porque ha hecho a los sencillos objeto de su predilección: lo que les ha escondido a los sabios y entendidos se lo ha revelado a los sencillos. Y a Jesús eso le agrada, porque también él sintoniza con los sencillos, porque los sencillos son los que mejor han acogido su mensaje. Y como su mensaje es revelación de Dios, los que lo acogen se convierten instantáneamente en esos sencillos que tienen el privilegio de conocer lo que Dios ha querido comunicar de sí mismo y de sus planes.

Los entendidos –que pudieran serlo en cualquier ramo del saber, pero que aquí han de ser más bien los escribas o entendidos en la palabra de Dios presente en la Sagrada Escritura-, precisamente por creerse tales, es decir, por creer entender la palabra de Dios, están en peor disposición para aceptar una ulterior revelación o clarificación de este mismo Dios que no había dado aún su última palabra, pues su última palabra llegaba con Jesús. El resultado de esta cerrazón de los entendidos es que se les acaba ocultando eso mismo que les es revelado a los sencillos. Por tanto, no es que Dios haga acepción de personas discriminando entre esos pocos a quienes ha decidido revelarse y esos otros a quienes ha decidido ocultarse. No, sucede simplemente que los entendidos, precisamente por creer que entienden, se cierran a una revelación a la que permanecen abiertos los sencillos, sencillamente porque reconocen su ignorancia en este punto.

El principio de todo aprendizaje es la humildad. Y el que carece de esta base, se incapacita a sí mismo para aprender. Y cuando se trata de este tipo de conocimiento, el conocimiento del Padre, se hace mucho más necesaria la humildad. En realidad, nadie puede conocer al Padre si éste no se revela, y ello por dos razones: porque es divino –y por tanto no está al alcance de nuestros ojos ni de nuestra inteligencia- y porque es persona, y a una persona, más allá de lo que revelan sus obras, sólo se la puede conocer si ella nos muestra su interior, es decir, si se nos desvela. En el caso del Padre Dios, sólo lo puede conocer el que procede de Él como Hijo: nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

El Hijo –también Dios- es nuestra vía de acceso al conocimiento del Padre. Cualquier otra vía –la de las criaturas, la de los profetas, etc.- es una vía muy limitada o imperfecta. Sólo el Hijo conoce cabalmente al Padre. Sólo él nos lo puede dar a conocer. Esa es una de las razones por las que se hizo hombre: para que, en cuanto hombre (con lenguaje humano), pudiera darnos a conocer adecuadamente al Padre del cielo. Por tanto, si queremos conocer a Dios hemos de atender a la palabra de este hombre –el Hijo encarnado- cuando nos habla de Él. En su palabra se contiene la revelación del Padre. Acoger su palabra, como hacían los sencillos, era recibir el don divino de la Verdad revelada; no acogerla, como sucedió con frecuencia entre los escribas y fariseos, era mantenerse de espaldas a esta revelación y, en definitiva, a la verdad de Dios. Se trata de una verdad que no puede ser en ningún caso conquistada mediante la investigación o el esfuerzo racional del hombre, sino sólo acogida o rechazada. Se trata de una verdad testimoniada, y ante un testimonio sólo cabe la aceptación, el rechazo o la indiferencia, que no deja de ser sino un modo de rechazo.

Ante un testimonio sólo cabe creerlo o no creerlo, aunque eso no significa que el testimonio no vaya acompañado de signos de credibilidad o de no credibilidad. Habrá más o menos razones para creer en este testimonio, pero ante el testimonio sólo cabe creer o no creer, dar crédito a lo que se nos comunica o considerarlo enteramente increíble. El testimonio de Cristo se nos presenta como la revelación que el Hijo nos hace del Padre. Los sencillos aceptaron este testimonio; los sabios y entendidos, no. Jesús, que sintoniza con el corazón de los sencillos, da gracias al Padre por semejante don. Se trata de conocimiento, pero de un conocimiento que tiene efectos saludables. El conocimiento de Dios como Padre nos hace tomar conciencia de nuestra condición de hijos. Una vez adquirida esta condición, sólo nos queda comportarnos como hijos –en relación con Dios y en relación con los hermanos- para obtener la herencia prometida a los que se mantienen hijos o perseveran como tales hasta el final.

Si aprendemos de él, que es manso y humilde de corazón, conoceremos realmente a Dios Padre, porque estaremos entre los sencillos a quienes Él se revela, pero además encontraremos nuestro descanso. Y eso a pesar de llevar yugos y cargas, porque tales cargas serán ligeras y tales yugos llevaderos, no porque no sean pesados, sino porque los llevaremos con él, es decir, con la fuerza que él nos proporciona o con el descanso reparador que él nos ofrece. La vida nos podrá encontrar muchas veces cansados y agobiados, pero con él tendremos también su alivio y nuestro descanso. Probemos a hacer la prueba y comprobaremos que él nunca defrauda.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

CAPITULO II

TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA

Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio

7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.

Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, «entregándoles su propio cargo del magisterio». Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

La trampa de la confusión: ¿Qué es del César? ¿Quién es el César?

1.- Cuando leemos el evangelio, sobre todos los que se las dan de antirreligiosos y modernos, pensaremos y pensarán que pone a la Iglesia en su justo lugar.

Pero, en cambio, ni los políticos son dioses para hacer un mundo a su antojo ni, la iglesia misma, pretende ordenarlo todo desde ella misma. En la sana distancia, ciertamente, puede estar el respeto. Pero no siempre, el callar ante todo, es sinónimo de respeto sino –tal vez- de cobardía.

Dar a Dios, lo que es de Dios, es ofrecerle nuestra adoración y nuestra entrega. Aquello que espontáneamente y sinceramente brota desde lo más hondo desde nosotros mismos. Luego, esa misma fe, hará que nos comprometamos allá donde sea necesario para que el mundo sea poco a poco un pedazo de ese cielo que Dios, a través de nosotros, intenta llevar a cabo.

2.- Mal servicio haríamos a la Palabra del Señor, si la entendiésemos con tan excesiva literalidad que nos inhibiésemos de toda conflictividad social, económica o cultural que nos rodea y nos urge. A veces, el dar a Dios lo que es de Dios, conlleva no dejar al capricho de ciertos legisladores y de la coyuntura dominante aquello que consideramos que es inmutable, valioso y decisivo para un justo orden o para una humanidad mejor.

–Es una trampa que, muchos católicos, ponen a la misma iglesia; ya lo dice el evangelio “no hay que meterse en política”. Es difícil una amistad y un encuentro con Dios sin una referencia al hombre. Nos guste o no.

–Es una trampa que, muchos alérgicos hacia lo eclesial, cruzan en la misma iglesia; “ya lo dice el evangelio…la iglesia en la sacristía”. Sería un gran pecado de omisión amar a Dios y no comprometernos con la realidad sufriente.

3.- Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios es vivir atentamente los signos de los tiempos. Es valorar, en su justo término, el respeto de los unos con los otros. Es, no imponer, pero si proponer otros modos de entender la vida del hombre, sus relaciones, su trabajo, su dignidad evitando que caiga todo ello bajo el mazazo del absolutismo relativista.

Han cambiado los tiempos. La iglesia no busca ni puede erigirse como la única institución para moldear toda la trama social desde los postulados que conserva, predica y sostiene en su afán evangelizador. Pero, la iglesia, tampoco puede sustraerse y replegarse sobre sí misma para que algunos actúen a su propio antojo, sin tener en cuenta otras voces que nos alertan o nos iluminan por dónde podemos ir mejor o peor.

4.- ¿Quién es el César? ¿Acaso las fuerzas poderosas que manejan la sociedad con sus propios hilos y con variados intereses? ¿Los sistemas políticos que fracasan a la vuelta de la esquina? ¿Las ideas dominantes que fragmentan la paz social?

La iglesia puede jugar ese papel fundamental de recuperar un espacio que tal vez algunos le niegan. Y nosotros, como católicos, somos sabedores que de Dios venimos, que de Dios es todo y que pasan modas y costumbres, personas e instituciones, césares y poderosos y que El, por el contrario, permanece inmutable, firme y vivo.

Muchas tentaciones podemos tener los agentes de pastoral en este momento. Una de ellas es el, por no complicarnos la vida, hablar con un lenguaje tan divino que nos alejemos de todo lo humano. Ello, ciertamente, nos traerá un camino más dulce en la tierra, pero una cuesta más empinada para alcanzar el cielo.

Qué bien lo reflejaba el Papa Juan Pablo II en el siguiente texto: «Vivid vosotros e infundid en las realidades temporales la savia de la fe de Cristo, conscientes de que esa fe no destruye nada auténticamente humano, sino que lo refuerza, lo purifica, lo eleva.(Nou Camp Barcelona 82)

Javier Leoz

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

Los fariseos se fueron a deliberar y ver cómo le podrían cazar en alguna palabra. Le enviaron discípulos suyos con los herodianos a decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas de verdad el camino de Dios y que no te importa nada el qué dirán, porque no te fijas en las apariencias. Dinos tu parecer: ¿Es lícito pagar el impuesto al césar o no?». Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Enseñadme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. Jesús les dijo: «¿De quién es esta esfinge y esta inscripción?». Respondieron: «Del césar». Él les dijo: «Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios».

Mateo 22, 15-21

PARA MEDITAR

En el Evangelio de hoy hay protagonistas: el César de Roma, el dueño del mundo en los tiempos de Jesús, el dinero y Dios. Y Jesús nos dice que los poderes del mundo o el dinero no se puede comparar a Dios. Que son cosas distintas.

Muchas veces nos pasa que nos estamos más pendientes de las cosas que verdaderamente no son las más importantes de la vida: el dinero o las personas que gobiernan en los pueblos, ciudades o países son instrumentos para vivir, pero no son lo más importante en la vida. Y deberíamos vivir de otra manera, contagiando la felicidad a los demás.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Escribe algo que hayas vivido donde le hayas dado demasiada importancia al dinero.
  • ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice que las cosas del César para el César y las cosas de Dios para Dios?
  • Este domingo es el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Puedes hacer una aportación a las misiones colaborando desde tu parroquia.

ORACIÓN

Señor, lo que nos jugamos contigo
no tiene ni comparación
con otras cosas.
Tenemos obligaciones
como ciudadanos,
unas normas de civismo,
unas exigencias de bien común.
Hay relación que comienza y
termina
pagando impuestos
honradamente.
Dar a Dios lo que es de Dios
es tratar a Dios con lo original de Dios:
el amor, la relación filial.
Señor, que aprenda
que Tú no eres comercio,
ni me puedo quedar tranquilo
con lo que doy
si me reservo el corazón,
si no te trato con corazón
y de corazón.

Más que buenos ciudadanos

Señor, lo que nos jugamos contigo
no tiene ni comparación
con otras cosas.
Tenemos obligaciones
como ciudadanos,
unas normas de civismo,
unas exigencias de bien común.
Hay relación que comienza y termina
pagando impuestos honradamente.

La relación contigo, Señor,
no es de mercado,
no es de pagar,
no es de quedarse tranquilo
después de una declaración
como en la Hacienda.

Dar a Dios lo que es de Dios
es tratar a Dios con lo original de Dios:
el amor, la relación filial.
Señor, que aprenda
que Tú no eres comercio,
ni me puedo quedar tranquilo
con lo que doy
si me reservo el corazón,
si no te trato con corazón
y de corazón.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio – Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

• Lo primero que encontramos en esta escena es una muestra de la peor voluntad escondida detrás de palabras amables e, incluso, aduladoras (15-16). De todos modos, lo que dicen es un buen retrato de Jesús (16).

• En la respuesta de Jesús (21) no debemos ver sólo la habilidad de salir airoso de la trampa preparada. Jesús va siempre a donde quiere ir: a dar una Buena Noticia de parte de Dios. Precisamente así muestra que es cierto lo que le acaban de decir: «conforme a la ver- dad», «enseñas el camino de Dios», «eres sincero», «no te fijas en las apariencias» (16).

• En este caso, Jesús muestra que solamente Dios merece la adoración absoluta. Él está por encima de todo y de todos y, por tanto, ningún emperador puede ocupar su lugar. Ni ningún emperador puede atribuirse una revelación divina que le dice lo que debe hacer y, sobre todo, lo que debe mandar e imponer en todo el mundo. Esto ha ocurrido demasiadas veces y parece que todavía ocurre en el actual imperio. El emperador, eso sí, merece respeto, pero no adoración (Rm 13, 6-7; 1 Pe 2,17).

• Por tanto, el César no es dios. Y tampoco la moneda es dios. La moneda, sin embargo, se sitúa en su lugar, no es maligna en sí misma, no hay que demonizarla (Mt 17,27).

• «Pagadle a Dios lo que es de Dios» (21) también es, para cualquier discípulo de Jesús, otra Buena Noticia: la vida entera es para Dios. Dicho de otro modo: Jesús nos ofrece vivir con el mismo sentido cualquiera de los ámbitos de la vida. No hay rincones que queden al margen de las cosas que son para Dios. Este único Dios que Jesús nos presenta ofrece la posibilidad de vivir toda nuestra vida en el Evangelio. La economía, el tiempo libre y la diversión, la vida afectiva, las relaciones con el vecindario de la escalera o del barrio o pueblo, el trabajo -con las relaciones que se dan en él y los problemas que se presentan-, el consumo, el compromiso militante, los estudios, la vida familiar, lo más íntimo de cada uno, el voto político… todo podemos vivirlo con un mismo estilo, con unas mismas opciones: el estilo y las opciones que nos da la fe en Jesucristo.

• «Pagadle a Dios lo que es de Dios» tiene una traducción inmediata: dad al hermano lo que le corresponde.

• El domingo, y la Eucaristía que celebramos los cristianos, son el sacramento de esta convicción. Cada semana, en la Eucaristía, se nos recuerda que el conjunto de la vida es para Dios. El día en que somos invitados a celebrar la Eucaristía reunidos en comunidad en presencia del Resucitado, nos damos cuenta de que vivimos su presencia cada día y en todas partes. Nos hacemos conscientes de que Él se nos presenta cada día en los demás que tenemos al lado, especialmente en los más pobres. Por ejemplo, en los africanos que intentan llegar a esta Europa que tanta ostentación hace de su enérgica defensa de las fronteras, Y renovamos lo que el Bautismo nos dio: la vida nueva, la vida como don recibido de Dios. (¿Qué vida nueva quiere Jesús para los africanos? ¿Y para nosotros?) Y miramos hacia delante y nos damos cuenta de que vamos hacia él. El domingo, centrado en la Eucaristía y, por tanto, en Cristo y en la comunión de bienes con los hermanos, es el símbolo constante de quiénes somos, de que nuestra vida -entera- tiene una unidad en Él. Y la revisión de vida es también un gran medio que, unido a la Eucaristía dominicial, nos ayuda a hacer de nuestra vida una unidad.

Comentario al evangelio – Santa Teresa de Jesús

En tiempo recios, ¡cómo agradecemos que alguien nos ayude a distinguir el día de la noche, la verdad de la mentira, el bien del mal! Hace años, el cardenal Martini dijo que los peores tiempos de la Iglesia no han sido aquellos en los que se han cometido muchos pecados, sino aquellos en los que se ha perdido el don del discernimiento, los tiempos en los que todo ha dado igual.

La liturgia nos regala hoy la fiesta de Teresa de Jesús, una mujer «sabia» en tiempos no menos recios que los nuestros, una mujer que supo discernir. Ella no fue alumna de la Universidad de Salamanca o de la de Alcalá, pero se doctoró en la universidad de la oración y de la vida. La Iglesia la considera «doctora de la fe». Naturalmente, este doctorado no tiene nada que ver con un título académico. Es un don del Padre. Jesús lo dice en el evangelio de hoy: «Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla». Teresa, que no fue una mujer de temperamento débil o apocado, sí fue una creyente inundada por la sencillez que viene del Espíritu.

¿Qué podemos aprender hoy de su experiencia espiritual para iluminar nuestra vida? Quiero resaltar tres lecciones:

1) Sin amistad con Dios no hay transformación posible (ni personal ni social). La oración es la más profunda, arriesgada y necesaria aventura que puede emprender el ser humano;

2) Toda religiosidad naufraga cuando no es curada por la humanidad de Cristo.

3) La humildad, la audacia y la fortaleza son virtudes esenciales para afrontar las crisis (incluidas las de la Iglesia).

A la oración se suele llegar tarde, como si la seducción de Dios siempre fuera el enamoramiento postrero después de habernos dejado seducir por otras muchas realidades. A veces llegamos demasiado tarde y, entonces, tenemos la impresión de haber malgastado la vida.

La humanidad de Cristo nos sitúa otra vez en la órbita de Dios después de nuestros devaneos religiosos y humanistas, esclavos de todas las modas que desfilan por la pasarela de las ideologías.

La humildad, la audacia y la fortaleza son virtudes de las personas sabias, de los ancianos, difícilmente asumibles en tiempos en los que «ser joven» parece más una meta que una etapa del camino de la vida.

Dejemos que la Santa nos acompañe durante esta jornada. Para ello, os propongo acercarnos a uno de sus mejores poemas:

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.