Vísperas – Martes XXIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXIX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXIX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 12,35-38
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!

3) Reflexión

• Por medio de la parábola, el evangelio de hoy nos exhorta a la vigilancia.
• Lucas 12,35: Exhortación a la vigilancia. «Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas”. Ceñirse significaba amarrar una tela o una cuerda alrededor del traje talar, para que no estorbara los movimientos del cuerpo. Estar ceñido significaba estar preparado, pronto para la acción inmediata. La víspera de la huida hacia Egipto, en la hora de celebrar la pascua, los israelitas debían ceñirse, esto es, estar preparados para poder partir inmediatamente (Ex 12,11). Cuando alguien iba a trabajar, a luchar o a ejecutar una tarea se ceñía (Ct 3,8). En la carta a los Efesios, Pablo describe la armadura de Dios y dice que los riñones deben estar ceñidos con el cíngulo de la verdad (Ef 6,14). Las lámparas debían de estar encendidas, pues la vigilancia es tarea tanto para el día como para la noche. Sin luz no se anda en la oscuridad de la noche.
• Lucas 12,36: La parábola. Para explicar lo que significa estar ceñido, Jesús cuenta una pequeña parábola. “Y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.” La tarea de aguardar la llegada del dueño exige una vigilancia constante y permanente, sobre todo cuando es de noche, pues el dueño no tiene una hora determinada para volver. Puede hacerlo en cualquier momento. El empleado ¡ha de estar atento, vigilante siempre!
• Lucas 12,37: Promesa de felicidad. “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.” Aquí, en esta promesa de felicidad, los papeles se invierten. El dueño se vuelve empleado y empieza a servir al empleado que se vuelve dueño. Evoca a Jesús en la última cena que, aún siendo señor y maestro, se hizo siervo y empleado de todos (Jn 13,4-17). La felicidad prometida tiene que ver con el futuro, con la felicidad en el fin de los tiempos, y es lo opuesto de aquello que Jesús prometió en otra parábola que decía: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’ ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” (Lc 17,7-10).
• Lucas 12,38: Repite la promesa de felicidad. “Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!” Repite la promesa de felicidad que exige vigilancia total. El dueño puede volver en medio de la noche, a las tres de madrugada, o en cualquier otro momento. El empleado tiene que estar preparado, ceñido para poder entrar en acción.

4) Para la reflexión personal

• Somos empleados de Dios. Debemos estar ceñidos, preparados, atentos y vigilantes, veinte y cuatro horas al día. ¿Lo consigues? ¿Cómo?
• La promesa de felicidad futura es al revés del presente. ¿Qué nos revela esto de cara a la bondad de Dios para con nosotros, para conmigo?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza.
Su salvación se acerca a sus adeptos,
y la Gloria morará en nuestra tierra. (Sal 85,9-10)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

3.- LA LEY ANTIGUA Y LA NUEVA

Mt 5, 17-20; Lc 16, 16-17

Todos habían oído declarar al Maestro cosas sorprendentes que se alejaban mucho, en ocasiones, de lo que enseñaban sus escribas y doctores. Ahora Jesús hablará de la Ley dada por Moisés, que los fariseos tanto respetaban y de la que pretendían ser buenos cumplidores.

Para comprender mejor las siguientes palabras del Señor es preciso entender que la Ley era la esencia de la nación judía, pues había servido para conducir la vida y las costumbres de muchas generaciones.

Comienza Jesús con estas palabras: No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles su plenitud. Quizá muchos habían pensado que Él venía a arrasar con todo lo anterior. La Ley y los Profetas designaban las dos primeras partes del Antiguo Testamento y, por extensión, toda la revelación de Dios a su pueblo. Eran el soporte de Israel.

Ni una sola partícula de este buen fondo dado por Dios podía perecer. En verdad os digo… Ahora surge este testimonio, tan emocionante en los labios de Jesús, acerca del tesoro que encerraba la Ley. Este misterio, dice, es más sólido que el cielo y la tierra; nada se desperdiciará y nadie será capaz de impedir que se realice. No se perderá ni el trazo más pequeño de una letra, hasta que todo se cumpla. Estas últimas palabras no solo se referían a la realización del Antiguo Testamento en su Persona, sino a la etapa que comenzaría a partir de Él, cuando fuera enviado el Espíritu Santo.

En la Ley dada por Moisés existían mandatos de carácter moral, judicial y ritual. Los preceptos morales seguirán teniendo su valor, pues muchos de ellos son modos de concretar la ley natural. El Señor los conservará, con unas exigencias más profundas. Los preceptos judiciales y ceremoniales fueron dados por Dios para una etapa concreta de la historia de la salvación, hasta la llegada de Cristo, y dejarán por tanto de tener vigencia.

Cristo es el nuevo legislador del nuevo pueblo de Dios, que viene a dar plenitud a los mandamientos y enseñanzas antiguas. Todo lo anterior había sido como un anticipo y preparación para la llegada del Mesías.

Habla Jesús en primera persona y expresa que su autoridad está por encima de la de Moisés y los profetas. Enseña con autoridad de Dios, como ningún hombre podría hacerlo jamás. Por eso utilizará a lo largo del discurso un modo de hablar que debió de impresionar a los oyentes: Habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo… No enseña, como Moisés o los profetas, en nombre de Dios; habla en el suyo propio, con autoridad divina: «el Yo de Jesús personifica la comunión de voluntad del Hijo con el Padre. Es un Yo que escucha y obedece»[1].
En la práctica no era menor ni menos vivo el contraste entre la piedad de los fariseos

y la que propone el Señor. La limosna, el ayuno y la oración eran, entre los judíos de aquel tiempo, la piedra de toque del verdadero devoto. Los fariseos se ufanaban de sobresalir en esas tres cosas, pero muchas veces sus obras carecían de valor por la vanidad que encerraban y por la falta de amor a Dios. Eran obras vanas, hechas de cara a los demás. El Señor, por el contrario, aconsejaba: No seáis como ellos (Mc).

Los fariseos se esforzaban en distinguirse de los demás por los ayunos frecuentes y prolongados, por las oraciones públicas y por las limosnas. En cuanto a estas, se hacían colectas a domicilio, y existía la distribución pública del diezmo llamado de los pobres, la ofrenda que se depositaba para los indigentes en uno de los trece cepillos colocados en el atrio de las mujeres. Los fariseos acostumbraban a realizar esos diversos actos con la mayor ostentación posible.

El que siga al Maestro, por el contrario, no debe permitir que su mano izquierda sepa lo que ha dado la derecha. Era un modo de subrayar el deseo de hacerlo todo solo por Dios, y evitar incluso la propia complacencia en las obras buenas.


[1] BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret I, p. 149.

Comentario – Martes XXIX de Tiempo Ordinario

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas, les decía Jesús a sus discípulos.

Ambas imágenes aluden a una actitud de vigilancia. Tener ceñida la cintura es mantenerse en disposición de emprender una tarea, un servicio, un trabajo; por tanto, listos para la acción. Eso supone una preparación previa, una ascesis capacitativa para esa labor, una disponibilidad mental, física, espiritual para afrontar esa situación. Jesús quiere a sus discípulos así: ceñidos, despiertos, vigilantes, prontos para la ejecución, en actitud de servicio. La imagen de las lámparas encendidas también tiene que ver con la vigilancia y con la luz. Mientras es de día no es preciso encender las lámparas; nos basta la luz del sol para mantenernos despiertos y en acción; pero llegada la noche, se hace necesario encender las lámparas que nos permitan mantenernos despiertos, vigilantes. Esto sólo es posible con la luz que nos proporciona la fe.

Así se presenta la fe, como una luz que nos permite ver lo que no podemos ver con la luz de la visión (sensible) o con la luz de la razón (intelectiva). Y para ver al enemigo que hay que evitar o al amigo que hay que recibir no basta con estar vigilantes; es preciso tener luz, esa luz que nos permite distinguir al amigo del enemigo, o encontrar el camino de salida o de entrada, o de sortear los obstáculos en nuestro recorrido hasta la meta. Sólo así, vigilantes e iluminados (por la fe), podremos reconocer al Señor que vuelve de la boda, apenas venga y llame.

Jesús describe, pues, la actitud en que han de estar sus discípulos «en ausencia» de su Señor, es decir, mientras aguardan su vuelta. Estad –dice también- como los que aguardan a que su señor vuelva, para abrirle apenas venga y llame. Puesto que nuestra existencia transcurre entre su primera venida (en carne) y su segunda venida (en gloria), hemos de estar como los que aguardan su vuelta, aunque sin dejar de disfrutar de su presencia actual (espiritual, sacramental, eucarística).

Pero esta presencia no nos impide vivir pendientes de su venida, puesto que es una presencia vivida en la re-presentación y en la fe y no en la visión. Y vivir pendientes de una venida supone vivir en el recuerdo y en el deseo del que vendrá, vivir para ser encontrados, cuando venga, en una actitud que no desdiga de su querer. El esperado, que debe ser el deseado (amado) más que el temido, es el Señor. Por eso, se le espera con expectación, y cuando llega se le abre con prontitud, nada más oír la llamada, precisamente porque se está a la espera, ceñida la cintura y encendidas las lámparas.

Pues bien, dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y no importa el momento de su venida. Puede llegar al anochecer, o ya entrada la noche, o de madrugada, cuando empieza a esclarecer. Lo que importa es que nos encuentre así, despiertos, a la espera, en vela. Nos puede desagradar la imagen del criado, empleada aquí por Jesús, cuando ya nos había elevado a la categoría de amigosYa no os llamo siervos, sino amigosporque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Pero es la imagen que viene exigida por su correlato, el señor que llega. Además le sirve para destacar lo que narra a continuación: el señor de esos criados se ceñirá como uno de sus criados para hacerles el honor de servirles a la mesa. El señor asume, por tanto, la función del criado, elevándole a éste a la categoría de señor, porque recibirá un servicio señorial. Por eso declara dichosos a esos criados que, por su actitud en la espera, se hacen merecedores de ser servidos a la mesa y de ser tratados como señores. ¿Qué mayor dignidad nos puede reservar nuestro Señor que ésta?

Esto es lo que nos espera si aguardamos al Señor, que vendrá inevitablemente, lo queramos o no, puesto que es Señor de vivos y muertos, con esta actitud de vigilancia y de fe para abrirle apenas venga y llame. La vigilancia esconde el deseo, como la esperanza, ya que el Señor esperado es también el deseado, no el temido, y la fe la confianza en el que es y ha sido acogido en su venida; por eso puede ser esperado en su venida definitiva, ésa en la que viene para llevarnos consigo, es decir, para sentarnos a su mesa y servirnos. Los que así esperan el encuentro con el Señor, aunque éste se produzca a través de la muerte, han de sentirse dichosos antes incluso de que acontezca, porque en la esperanza ya se encuentra la dicha. Dichosos, pues, nosotros si a su llegada nos encuentra así.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

Cómo hay que interpretar la Sagrada Escritura

12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a «los géneros literarios». Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.

Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

Recursos – Ofertorio Domingo XXX de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(Un adulto de la comunidad se acerca al presbiterio y hace el gesto de poner las manos como un cuenco, a continuación, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, estas manos vacías que te presento; son el signo de mi persona, y de mi situación y actitud personales. Están vacías porque no he hecho nada que merezca la pena. Si algo de bueno hay en mi hacer, te lo debo a Ti que obras en mí maravillas. Pero están también vacías porque esperan ser llenadas por Ti y tu amor. Así, me ofrezco hoy, Señor, y nos ofrecemos todos y todas a Ti. Danos, sin embargo, fuerzas para que, una vez que nos hayas regalado tu amor, nosotros y nosotras seamos capaces de darlo y multiplicarlo entre los demás. No permitas que se endurezca nuestro corazón. Haznos sensibles a las muchas dificultades y problemas que viven los hombres y las mujeres de hoy. Y no dejes que nos escondamos a la hora de amar a los otros y cambiar las condiciones del mundo y de la sociedad, tras la disculpa blasfema de que tenemos las manos vacías y nada podemos hacer.

PRESENTACIÓN DE NUESTRAS RENUNCIAS

(Hoy haremos una multiofrenda de los principales obstáculos que nos frenan al seguimiento radical de Jesucristo. Cada persona hace la presentación de un elemento. Sólo al final de esta especie de procesión, una persona hará la ofrenda de todas ellas. Podrían ser las siguientes: 1. Unas monedas. 2. Una joya. 3. Un resumen de la Bolsa publicado por un periódico. 4. Un teléfono móvil)

PRESENTACIÓN

* El dinero: Yo te traigo, Señor, esas monedas, símbolo de nuestras luchas diarias, económicas, laborales y sindicales, que llenan nuestras vidas y nuestros corazones, y no sólo los individuales sino también los de nuestras familias, de la obsesión por ganar más y consumir más.

* El afán de poseer: al ofrecerte esta joya, Señor, yo te entrego nuestro afán insaciable de poseer. Es como la droga del corazón del hombre, que le hace vivir insatisfecho siempre con lo que tiene e intranquilo por no perder lo acumulado.

* El afán de producir: con ese resumen publicado por un periódico de los movimientos de la Bolsa, lo que yo te traigo, Señor, es el desasosiego por producir y rentabilizar las producciones. Mueve no sólo a las personas e instituciones, sino también a las naciones, que viven mirándose sólo al reflejo de esos movimientos y ocupados sólo de la economía y no de los hombres y de las mujeres, de su realización, felicidad y progreso.

* El afán de poder: no he encontrado otro símbolo mejor, Señor, que este teléfono móvil, una de las principales armas que tienen los ejecutivos actuales. Con él te ofrezco el afán de dominio y de poder sobre los otros, auténtico termómetro del triunfador actual, aunque para su realización no les importen ni los medios ni los fines para dominar a los otros.

(Concluida la presentación, se acerca otro miembro de la comunidad y hace la ofrenda, diciendo:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, te hemos presentado unas monedas, una joya, un resumen de los movimientos de la Bolsa y un teléfono móvil; son símbolos, y muy actuales, de nuestras dependencias y obstáculos para nuestro seguimiento de Jesucristo. Nos atan de tal manera el corazón, que ponen en entredicho el señorío de tu Hijo sobre nosotros y nosotras. Por eso, hoy te queremos decir que estamos dispuestos y dispuestas, individual y comunitariamente, a prescindir de ellos o, si quieres, a utilizarlos, porque son meros medios, para poner de manifiesto nuestro amor a Ti y nuestro amor, solidaridad y servicio a las personas..

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer un o una militante de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, y lo hago en nombre personal, de todos y todas los y las militantes y de la propia comunidad, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Al igual que tantos y tantas testigos, a lo largo de los tiempos, han evangelizado a los distintos pueblos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DE LAS VELAS

(Dos jóvenes de la comunidad llevan las velas que, situadas sobre la mesa del altar, van a iluminar a la comunidad. Uno de ellos o una de ellas es quien hace la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nosotros y nosotras te hemos traído estas dos velas que van a iluminar nuestra asamblea, como el símbolo de la fe que profesamos cada uno de nosotros y de nosotras en tu Hijo Jesucristo. Tú mismo has encendido esa fe en cada uno de nosotros y de nosotras como don de tu Espíritu y como un regalo que nos has dado generosamente. Nosotros y nosotras, hoy, además de agradecértela, queremos empeñar nuestra palabra y compromiso, pues, por la fe en Jesucristo, reconocemos que nuestras personas y nuestras vidas tienen un sentido nuevo, y lo queremos también ofrecerlo a los y a las demás.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE CATEQUESIS

(Conviene que haya una representación amplia de la actividad catequética, sea de niños y niñas, de adolescentes o de jóvenes. Sería bueno “algo” (hoja impresa, cartel grande para colocar en el templo…) que recoja el proyecto catequético de este curso. Una persona, en nombre de todos, presenta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Dios y Padre nuestro: presentamos ante Ti y ante tu Comunidad el grupo de CATEQUISTAS. Nosotros y nosotras sabemos, Padre, que compartimos con Jesús mismo la MISIÓN de anunciar la Buena Noticia de tu Reino. Nos sentimos orgullosos y orgullosas de esta tarea. Pero Tú, Padre, sabes cuán difícil es hoy en día transmitir esos valores a nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes. De ahí que, además de ofrecerte nuestro esfuerzo y entrega, te pidamos que nos des un pedazo del Espíritu de Jesús para que, cada día más, lo hagamos como Él mismo lo hacía. Te lo pedimos.

Oración de los fieles – Domingo XXX de Tiempo Ordinario

A Ti Señor, a Ti que eres nuestro refugio y nuestra fortaleza elevamos nuestra plegaria como un grito, sabiendo que con tu infinita compasión será escuchada:

ATIENDE NUESTRA SÚPLICA.

1. – Por el Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, y todas las personas que formamos tu Iglesia, para que nuestro ejemplo sea similar al dado por los cristianos de Tesalónica, en la acogida de la Palabra y el servicio al Dios vivo y verdadero. OREMOS

2. – Por las familias cristianas para que el Amor, el principal mandamiento de Dios, sea el que aglutine y una a los esposos, padres e hijos, abuelos y nietos. OREMOS

3. – Por los pobres, enfermos, abandonados, forasteros y todas aquellas personas que piden una mano tendida, para que encuentren la nuestra siempre dispuesta a acoger y compartir. OREMOS

4. – Por los jefes de gobierno y demás mandatarios, para que atiendan de forma diligente a los más desfavorecidos de la sociedad. OREMOS

5 – Por las personas que trabajan en el campo y en la mar para que Dios les provea de buenas cosechas y faenas con las que alimentar a toda su familia. OREMOS

6.- Por las víctimas y todos los afectados por los cataclismos naturales en todo el mundo, por sus familias y sus países, para que Dios acoja a los fallecidos en su Descanso y los que han sobrevivido reciban toda la ayuda material y espiritual. OREMOS

7.- Por todos los aquí reunidos, por nuestras súplicas y oraciones, para que sean atendidas por ese Dios de infinita bondad. OREMOS

Señor, tu que repartes los bienes entre los hombres, haciendo llover sobre justos e injustos, abre tu mano generosa a tu pueblo que así lo espera. Te lo pedimos a través de tu hijo Jesucristo que siempre contigo vive y reina.

Amen.


Reunidos en nombre del Señor, para celebrar la Eucaristía, le rogamos que nos inunde de sus beneficios, para que nuestras peticiones sean atendidas.

AUMENTA NUESTRO AMOR, SEÑOR.

1.- Por la Iglesia, primera evangelizadora y misionera, para que hoy, y siempre, renueve su compromiso de amor a los demás. OREMOS

2.- Por todas las personas que desinteresadamente han puesto su vida al servicio de los pobres, para que el Señor les dé fuerza y alegría a fin de llevar a cabo una tarea tan importante. OREMOS

3.- Por todas las personas que han sido llamadas a vivir en el silencio y la soledad con Dios; para que no se cansen de orar; ya que la acción y la contemplación no pueden separarse. OREMOS

4.- Por las familias, para que regalando su entrega, su disponibilidad, su amor; y enseñando a sus hijos, con su ejemplo, contribuyan a la creación de un mundo mejor OREMOS

5.- Por todos los que sufren, y especialmente, por las víctimas y los afectados de las catástrofes naturales en todo el mundo, para Dios acoja a las almas de los fallecidos y envíe su especial consuelo a los vivos que sufren. OREMOS

6.- Por todos los estamos aquí, para que seamos luz ante los demás, acogiendo la Palabra de Dios, convirtiéndonos y amando sin condiciones. OREMOS

Señor, que tu misericordia nos conceda lo que no podemos esperar por nuestros méritos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XXIX de Tiempo Ordinario

Tanto hoy como mañana, las lecturas evangélicas nos invitan a la vigilancia en el seguimiento del Señor. La vigilancia es una actitud cristiana indispensable: un cristiano que deja de vigilar fácilmente se convierte en un cumplidor rutinario o, en el peor de los casos, en un creyente mediocre o disipado. No se trata de una vigilancia al estilo de muchos de los actuales medios de comunicación que se fijan detenidamente en la vida de los demás para criticarles o para cotillear, tampoco de una vigilancia exhaustiva de nuestros propios actos ya sea por miedo a la condenación o por afán de perfeccionismo. Jesús nos invita a otro tipo de vigilancia; veamos dos detalles del texto de hoy que convierten a la vigilancia en una actitud de fe capaz de renovar la vida del creyente.

El primer detalle es la manera como se debe vigilar: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas”; esto nos recuerda la noche pascual, en la cual Dios sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto y en la que pidió a los israelitas que durante la cena estén atentos a su paso y listos para emprender el camino liberador hacia la Tierra prometida. Los cristianos esperamos la Palabra de cada día con el cinturón puesto y con la lámpara encendida, listos para descubrir las llamadas de Dios que nos sacuden de la somnolencia, de la rutina y de la mediocridad y nos abren caminos nuevos, que nos sacan de los miedos, los pesimismos y las esclavitudes para hacernos resucitar y vivir con mayor coraje, amor y esperanza.

El segundo detalle es que los criados esperan que su amo regrese de una boda. El tema de la boda tiene para nosotros una fuerte resonancia pascual y escatológica: la boda del cordero es la fiesta de la unión plena de Cristo con su Iglesia, con la humanidad, con nosotros. Me llama la atención que en el texto se resalte dos veces la dicha o la felicidad de los criados que están listos para servir a su señor. Ellos tendrán la dicha de ser servidos por su señor. Sorprende cómo Lucas entreteje magistralmente en este pequeño texto el servicio, la espera, la vigilancia y la dicha. No tenemos otra manera de esperar como seguidores de Jesús: estar atentos a los que necesitan nuestro servicio, nuestra espera, nuestro cariño, nuestro esfuerzo, nuestro sacrificio; seguro que allí encontraremos nuestra felicidad, nuestro gozo porque descubrimos que en ese servicio misteriosamente somos servidos por el Señor.