Vísperas – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XXIX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: Rm 15, 1-3

Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada. Procuremos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción; al contrario, como dice la Escritura: «Las afrentas con que te afrentaban cayeron sobre mí.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Bendigamos a Dios, que mira propicio los deseos de los necesitados y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren:
— acuérdate que, por ellos, Cristo, cabeza de la Iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.

Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
— y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.

Concede a tus hijos al fuerza necesaria,
— para resistir las tentaciones del Maligno.

Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
— para que puedan contemplarte eternamente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Conduce a los difuntos a la luz donde tú habitas,
— para que puedan contemplarte eternamente.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 12,54-59
Decía también a la gente: «Cuando veis que una nube se levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: `Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? «¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta un llamamiento de parte de Jesús para aprender a leer los Signos de los Tiempos. Fue este texto lo que inspiró a Juan XXIII el convocar a la Iglesia para prestar atención a los Signos de los Tiempos y percibir mejor las llamadas de Dios en los acontecimientos de la historia de la humanidad.
• Lucas 12,54-55: Todos saben interpretar los aspectos de la tierra y del cielo, … “ Decía también a la gente: «Cuando veis que una nube se levanta por occidente, al momento decís: `Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: `Viene bochorno’, y así sucede.”. Jesús verbaliza una experiencia humana universal. Todos y todas, cada cual en su país y en su región, sabemos leer los aspectos del cielo y de la tierra. El cuerpo mismo percibe cuando amenaza lluvia o cuando los cambios del tiempo: “¡Vamos a tener lluvia!” Jesús se refiere a la contemplación de la naturaleza como siendo una de las fuentes más importantes del conocimiento y de la experiencia que él mismo tenía de Dios. Fue la contemplación de la naturaleza lo que le ayudó a descubrir aspectos nuevos en la fe y en la historia de su pueblo. Por ejemplo, la lluvia que cae sobre buenos y malos, y el sol que nace sobre justos o injustos, le ayudarán a formular una de las imágenes más revolucionarias: “¡Amad a vuestros enemigos!” (Mt 5,43-45).
• Lucas 12,56-57: …, pero no saben leer los signos de los tiempos. Y Jesús saca la conclusión para sus contemporáneos y para todos nosotros: “¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo?” San Agustín decía que la naturaleza, la creación, es el primer libro que Dios escribe. Por medio de ella Dios nos habla. El pecado embrolló las letras del libro de la naturaleza y, por ello, ya no conseguimos leer el mensaje de Dios estampado en las cosas de la naturaleza y en los hechos de la vida. La Biblia, el segundo libro de Dios, fue escrito no para ocupar o reemplazar la Vida, sino para ayudar a interpretar la naturaleza y la vida y para aprender de nuevo a descubrir los llamados de Dios en los acontecimientos. “¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” Compartiendo entre nosotros lo que vemos en la naturaleza, iremos descubriendo la llamada de Dios en la vida.
• Lucas 12,58-59: Saber sacar la lección para la vida. “ Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» Uno de los puntos en que Jesús más insistía es la reconciliación. En aquella época había muchas tensiones y conflictos entre grupos radicales con tendencias diferentes, sin diálogo: zelotes, esenios, fariseos, saduceos, herodianos. Ninguno quería ceder ante el otro. Las palabras de Jesús sobre reconciliación pidiendo acogida y comprensión iluminan esta situación. Pues el único pecado que Dios no consigue perdonar es el que no perdonemos a los demás (Mt 6,14). Por esto, aconseja procurar la reconciliación antes de que sea demasiado tarde. Cuando llegue la hora del juicio, será demasiado tarde. Cuando tengamos tiempo, procuremos cambiar de vida, de comportamiento y de modo de pensar y procuremos acertar el paso (cf. Mt 5,25-26; Col 3,13; Ef 4,32; Mc 11,25).

4) Para la reflexión personal

• Leer los Signos de los Tiempos. Cuando escucho o leo las noticias en la tele o en los periódicos, tengo la preocupación de percibir las llamadas de Dios en estos hechos?
• Reconciliar es la petición en la que Jesús más insiste. ¿Cómo trato de colaborar en la reconciliación entre las personas, las razas, los pueblos, las tendencias?

5) Oración final

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuantos lo habitan,
pues él lo fundó sobre los mares,
lo asentó sobre los ríos. (Sal 24,1-2)

Comentario – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

En esta ocasión, Jesús se dirige a la gente sin hacer distinción entre discípulos o adversarios, pero por el tenor de la reflexión parece tener más en consideración a los fariseos: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace¡Hipócritas!: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?

Casi todo el mundo es capaz de interpretar estos signos atmosféricos que anuncian lluvia o bochorno: una nube que se levanta por el poniente, un viento cálido que llega del sur. Basta haber observado estos fenómenos más de una vez para saber lo que va a suceder. Todos tenemos capacidad para interpretar correctamente estos signos precursores. Si esto es así, se pregunta Jesús, ¿por qué os resulta tan difícil interpretar otros signos o signos de otro género como sus propias actuaciones mesiánicas? Jesús parece echarles en cara que no sean capaces de ver en él al Mesías anunciado por los profetas y a sus actuaciones milagrosas y misericordiosas como obras del Ungido del Espíritu que opera con la fuerza del mismo Dios.

El tiempo presente es el tiempo de la plenitud, lo que san Pablo llama plenitud de los tiempos, el tiempo en el que Dios decide enviar a su propio Hijo, naciendo de mujer, para rescatar a los que estaban bajo la Ley. El tiempo presente es, por tanto, el tiempo colmado por la presencia del Mesías. Esta presencia no puede pasar desapercibida, tiene que hacerse notar; y, por consiguiente, no tendría que ser difícil advertirla, interpretar sus signos precursores y presenciales. Bastaba estar atentos a sus palabras y a sus obras portentosas para tomar conciencia de ello, es decir, de que estaban ante el Mesías o Ungido del Señor.

Pero no, hay algo que les impide ver. Su mirada, cargada de prejuicios deformantes, no les permite ver la realidad mesiánica que refleja la actividad de Jesús. Por eso les echa en cara esta incapacidad para saber interpretar, que les llevará finalmente a despreciarlo y a rechazarlo como impostor o falso mesías. Como no saben juzgar correctamente, acabarán por hacer lo que no tendrían que haber hecho, tomando decisiones equivocadas. Tras haberlo acusado de aliado del demonio y haberlo expulsado de la ciudad como un apestado, lo conducirán a la cruz como a un malhechor.

Tales son las inevitables consecuencias de su errado juicio del tiempo presente. Pero Dios sacará el bien de la redención de este error de juicio o de esta ceguera no carente de culpa, porque disponían de elementos de juicio suficientes para haber sido más certeros en su apreciación de la persona y obra de Jesús. Disponían fundamentalmente de las profecías que anticipaban con bastante claridad la figura del futuro Mesías. Pero no supieron leerlas a la luz de esos acontecimientos que les eran contemporáneos y que tenían a Jesús como protagonista.

También nosotros disponemos en la actualidad de las Escrituras, de los relatos evangélicos y de los dichos de Jesús para poder interpretar nuestro tiempo presente, el que a nosotros nos ha tocado vivir. Pero ¿lo hacemos? ¿Prestamos atención a esa Escritura y enseñanzas, a esa biografía singular, a esa doctrina evangélica? ¿Tratamos de conocerla para poder aplicarla a nuestras vidas y para poder interpretar lo que nos sucede a diario: un éxito, un fracaso, un descubrimiento, un descalabro, una nueva oportunidad, una nueva relación, una frontera infranqueable, una ruptura dolorosa, una muerte inesperada, un nacimiento, una contrariedad, un cambio de gobierno, una crisis económica, un encuentro imprevisto, un accidente, una pérdida, un ascenso, una degradación, una humillación…?

Todo signo requiere interpretación. Y toda interpretación juicio racional. Pero nuestra razón opera siempre como razón inculturada. ¿Por qué no dejar que nuestra razón sea iluminada no sólo por la cultura en la que hemos nacido y crecido, sino también por la fe que ha dado forma a una cultura cristiana? ¿Por qué no dejarnos iluminar por la revelación cristiana que aporta su luz peculiar, esa luz que se ha revelado válida para regir la vida de tantos hombres a lo largo de la historia? Si confiamos en esta luz, si nos dejamos iluminar por la luz de Cristo veremos muchas cosas que permanecían envueltas en la oscuridad y tendremos elementos luminosos que nos ayudarán a interpretar el tiempo presente con verdad y rectitud. ¡Que el Señor nos dé humildad para acoger su luz y poder ver la realidad que somos y la que nos circunda en su verdad!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Dei Verbum – Documentos Concilio Vaticano II

Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos

15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XXX DE TIEMPO ORDINARIO

 

SALUDO

Dios Padre, que nos llena de Su Amor en Cristo Jesús, y su Espíritu, que es Fuerza permanente para la vida, nos acompañe y esté con todos nosotros.

ENTRADA

No somos nosotros, hermanos, los que elegimos a Dios: él nos ha ele­gido desde todos los ticmpos haciéndonos hijos queridos y llenándonos de la grandeza de su Amor. Desde que Jesús se hizo humano todos fui­mos hechos un poco más divinos, y por eso todo nuestro actuar, todo lo que hagamos para descubrir y vivir según el Padre es un modo  de corresponder, a una Historia de Amor escrita antes de dar nosotros ningún paso. Pero eso sí, la iniciativa de Dios ha de llevar a la respuesta activa, a la acogida de su don. Y eso hace que nuestra fe tenga que ser comprometida, llamada a crecer y purificarse, llamada a extender ese amor universal, sin dejar de lado la dimensión anunciadora de unas relaciones humanas que apunten a la fraternidad, y la denuncia profética de la justicia. Fina aventura de la que sabemos el final: la Vida en plenitud

ACTO PENITENCIAL

Con frecuencia, y con la excusa de un pretendido amor a Dios, olvi­damos e! amor a las personas, hijos de Dios. Pedimos perdón:

  • Cuando hacemos acepción de personas buscando nuestro interés, cal­culando qué podernos sacar de cllos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Cuando nos rodeamos de aquellos que no pueden enjuiciar nuestro modo de vida. CRISTO TEN PIEDAD.
  • Cuando, con una falsa idea de respeto, olvidamos la corrección fra­terna y no aceptamos ninguna crítica. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Mira, Señor, con bondad a tus hijos y líbranos de todo lo que nos aparta de ti. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION COLECTA

Dios  Padre nuestro, que nos haces partícipes de todo bien y nos has dado la dignidad de hijos queridos, haz que la Eucaristía que ahora celebrarnos sea motivo para la esperanza y el compromiso en el mundo de modo que, entregados a las personas más sencillas, descubramos y anunciemos la grandeza de tu Amor. Por nuestro Señor Jesucristo

LECTURA NARRATIVA

EI pueblo de Israel no se encuentra con una serie de preceptos abs­tractos  que cumplir o creer, sino con una historia de libertad y de entrega de Dios  a la que es posible corresponder, y en esa correspondencia hay más libertad, más relación humana. Todos los compromisos humanos nacenn dc ser un pueblo elegido

 

LECTURA APOSTÓLICA

Pablo recopila y destaca el modo de actuar de los cristianos de Tesa­lónica, que no sólo han acogido la Palabra de Dios, sino que les ha ayu­dado a abandonar los viejos ídolos y a descubrir al Señor llevándolo a los demás. Todo un proceso de evangelización y de descubrir que la fe si no se comparte se muere

LECTURA EVANGÉLICA

Hoy vemos otra trampa para Jesús: decir cuál es el mandamiento prin­cipal. Y Jesús responde con una doble respuesta, amor a Dios y amor a los hombres, sin separación. Es una respuesta que aquellos fariseos ya tenían en su ley, pero que no habían querido interiorizar. La ley es nece­saria, pero sólo es válida en cuanto que es instrumento y medio para que las personas desarrollen su valía y dignidad.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presentemos al Padre nuestra oración, unidos a Jesucristo, nuestro Señor y Mesías. Oremosdiciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.

  1. Por la Iglesia católica, y por los cristianos de todas las Iglesias. OREMOS:
  2. Por los responsables de las distintas actividades de nuestra parroquia, y por los responsables de la pastoral diocesana. OREMOS:
  3. Por las entidades y organizaciones que trabajan por la paz y la justicia en el mundo. OREMOS:
  4. Por las personas que son maltratadas y tienen que vivir en angustia constante. OREMOS:
  5. Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. OREMOS:

Dios de misericordia, origen y fuerza de todo amor, recibe estas peticiones, y todas aquellas que llevamos en nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira con bondad, Señor, estos dones que te presentamos; acépta­los y haz que esta celebración sea para nuestro bien y para tu ala­banza. Por Jesucristo.

PREFACIO

Es necesario volver una y otra vez a Ti, Creador de todo bien y amor, porque eres la casa paterna donde volvemos unas veces cansados y ago­biados, otras recelosos y con temor, pero siempre sabedores de que en Ti está el verdadero Amor, ése que simpatiza con la verdad y busca siempre cl bien.

Ya sabes, Señor, que hablamos mucho del amor y vivimos en el odio, siempre insatisfechos y buscadores de algo que no alcanzamos por noso­tros mismos. De ahí el ruego, Padre, de que nos acojas una vez más, nos pongas el vestido de fiesta y las sandalias en los pies, porque el camino es largo y costoso. El camino de la vida donde tenemos que mostrar tu rostro, Señor, y que han hecho cuantos valientes se han sentido y se sien­ten interpelados por Ti. A ellos nos unimos para decirte: Santo, Santo, Santo…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Te damos gracias, Señor, Padre por esta celebración que nos une en la fe y en la esperanza cristianas, y te pedimos que nos hagas per­sonas creadoras de fraternidad, que demos testimonio de tu Amor entregado para la Vida del mundo. Por Jesucristo.

DESPEDIDA

Continuemos nuestro camino. Mostremos y demostremos nuestra fe de la única forma válida: con la justicia y con el amor; que en todo momento busquemos el bien y la felicidad de los demás, que vivan siempre con dignidad. Sólo así podremos autodefinirnos como cristianos.

Misa del domingo

Luego de la respuesta del Señor, aquel grupo de herodianos y discípulos de fariseos que con mala intención le habían preguntado sobre la licitud de pagarle el tributo al César se «quedaron maravillados, y dejándole, se fueron».

Aquel mismo día se le acercaron también unos saduceos, quienes negaban que hubiese resurrección de muertos. Ante la dificultad por ellos planteada, el Señor enseña que tanto hombres como mujeres serán «como ángeles en el cielo» y que por eso mismo nadie tendrá necesidad de marido o mujer (Mt 22,30). Una vez más «la gente quedaba maravillada de su doctrina» (Mt 22,10-33).

Los fariseos, al oír que el Señor Jesús había hecho callar a los saduceos, se reúnen entre sí. Los fariseos, a diferencia de los saduceos, sí creían en la resurrección de los muertos (ver Hech 23,6-9). Uno de ellos, que era experto en la Ley, se acercó entonces a Jesús para ponerlo a prueba con esta pregunta: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

Aunque peirazo, el verbo griego utilizado por Mateo para calificar la intención con que se acerca el maestro de la Ley a Jesús, se traduce por “poner a prueba”, su sentido preciso depende del contexto. No siempre debe ser comprendido en el sentido malicioso de poner una trampa, sino que puede significar también “someter a examen” para que quede de manifiesto lo que Él piensa. Es posible que la pregunta en este caso no hubiese sido motivada por la malicia, sino por un deseo auténtico de conocer su pensamiento. En todo caso no vemos al Señor recriminarle alguna mala intención en su pregunta, como lo había hecho anteriormente (ver Mt 22,18).

En cuanto a la pregunta misma hemos de decir que las discusiones sobre la importancia de los mandamientos eran muy frecuentes entre los maestros de la Ley. Esto se debía a que en la Ley escrita, es decir, en la Torá —palabra hebrea que significa enseñanza, instrucción, o más específicamente ley y en sentido restringido se refiere al texto de los cinco primeros libros de la Biblia que los cristianos llamamos Pentateuco—, estaban contenidos 613 mandatos: 365 que prohibían y 248 que mandaban acciones referentes al culto, a los sacrificios, a las fiestas, a la compraventa, a las relaciones familiares, al matrimonio, a las relaciones laborales, sociales y comerciales, sumados a cuestiones higiénicas, alimenticias, funerarias, etc. A esta Ley escrita, la tradición posterior y, sobre todo, la escuela farisea, había añadido centenares de nuevos preceptos.

No todos los preceptos eran iguales en importancia. Los maestros de la Ley los dividían en preceptos “ligeros” y “graves”. También consideraban una jerarquía entre los últimos, de modo que podía haber unos más graves porque superaban en importancia a todos los demás. La diferencia de opinión en cuanto a esta gravedad y primacía entre los mandamientos generaba no pocas discusiones entre los maestros, dando origen a diversas listas y clasificaciones. Por ello la pregunta a Jesús puede obedecer en este caso a un deseo sincero de conocer cuál sería para el más importante de todos los mandamientos.

Para el Señor el más “grave” o de mayor peso es el mandamiento contenido en el Shemá Israel (que traducido del hebreo significa “Escucha Israel”), primeras palabras y nombre de una de las principales oraciones que todo israelita varón debía recitar dos veces al día, expresando su fe en un único Dios y su adhesión a Él : «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser» (Dt 6,4-5). Las expresiones “corazón”, “alma” y “ser”, más que expresar cosas distintas, son formas semíticas de decir globalmente lo mismo.

Evidentemente para los judíos este mandato del amor de Dios sobre todo era fundamental. Sin embargo, una equivocada comprensión del mismo llevaba a muchos rabinos a darle una importancia excesiva a otras cosas secundarias de la misma Ley. De este modo llegó a ser frecuente, por ejemplo, que muchos rabinos pusiesen por encima de todos los preceptos el mandamiento de sacrificar diariamente dos corderos de un año al Señor, desvirtuando el precepto del amor a Dios por el precepto de sus ritos.

El Señor insistirá en situar por encima de todos los demás mandamientos el precepto del amor a Dios sobre todas las cosas: «Este mandamiento es el principal y primero». Sin embargo, añade inmediatamente: «El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”». Este segundo mandamiento también estaba contenido en la Torá (ver Lev 19,18). Al decir “semejante” quiere decir “de igual valor”, de igual importancia, de igual peso y necesidad de obediencia. Ambos preceptos, profundamente entrelazados, inseparables unidos el uno con el otro, forman para Él el “máximo” mandamiento, el que está por encima de cualquier rito u ofrecimiento: «vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mc 12,33). Para Él «practicar la justicia y la equidad, es mejor ante Dios que el sacrificio» (Prov 21,3; ver Os 6,6; Jer 7,21-23). Él añade este mandamiento y lo hace «semejante al primero» dado el olvido o devaluación en que había caído el mandamiento del amor al prójimo frente a otros preceptos ritualistas.

Concluye el Señor afirmando solemnemente que «estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas». La Torá y la enseñanza de los Profetas “penden” o “se sostienen” de estos dos preceptos, del mismo modo que una puerta se sostiene de sus goznes. De esta manera el Señor destaca nuevamente la suprema importancia de ambos mandamientos y manifiesta por otro lado que estos dos principios fundamentales y vitales son los que revelan el verdadero espíritu del que está animada toda la enseñanza divina.

LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

Sufre quien no es correspondido en su amor. Se queda solo quien se niega a amar o no alcanza ser amado o amada. ¿Y no es espantosa y angustiante esa soledad? ¿No es a quedarnos sin nadie a lo que más le tememos y huimos? ¿No hemos sido alguna vez o somos acaso ahora infinitamente tristes cuando experimentamos la ausencia de alguien que nos ame verdaderamente? ¿Quién resiste la soledad, ese sentirse abandonado, sin nadie que lo valore o se preocupe por uno? En la soledad la alegría por la vida se extingue poco a poco y el sufrimiento se hace a veces insoportable.

Y es que así somos: ¡necesitamos de otros “tú” humanos, necesitamos de la comunión profunda con esos otros seres semejantes a nosotros, necesitamos amar y ser amados para ser felices! Llámese amor paternal o filial, amor fraternal, amor de enamorados o esposos, o amor de amistad. Necesitamos vivir el amor, y nuestra vida se llena de luz, se hace hermosa y plena de sentido cuando lo vivimos. Es entonces cuando descubrimos que nuestra felicidad finalmente no depende de cuánto dinero tengamos, de cuántos éxitos en la vida logremos o de cuánta fama y poder alcancemos, tampoco de cuántos placeres gocemos y disfrutemos, sino de cuánto amemos y seamos amados de verdad.

Pero, ¿por qué es ésta una necesidad para nosotros? Experimentamos en nosotros esa profunda “hambre” de amor y comunión porque hemos sido creados por Dios, que es Amor (1Jn 4,8.16), para el amor. ¿Pero es posible alcanzar ese amor al que aspira intensamente el corazón humano? ¡Sí! Y el camino es abrirnos al amor de Dios, dejándonos amar por Él, amándolo a Él sobre todo y con todo nuestro ser. De ese modo entramos en comunión con aquel “Tú” por excelencia que responde verdaderamente a nuestros intensos anhelos de amor, para que nutridos de ese amor divino, podamos al mismo tiempo amar como Él, con su mismo amor, a nosotros mismos y a nuestros semejantes.

En efecto, quien pone a Dios en el centro de sus amores, no limita su amor a sólo Dios, no ama menos a los demás, nada “pierde” o renuncia al amor humano, sino que experimenta cómo su corazón se ensancha cada vez más, su amor se purifica, crece, madura, enciende su vida y se expresa en lazos de verdadera amistad, de un auténtico amor humano que nunca pasará, porque Dios no pasa nunca, y quien lo ama a Él y en Él ama a todos, permanecerá también en eterna comunión con todos aquellos o aquellas a quienes ama.

No olvidemos que quien ama a Dios sobre todo, ama a sus semejantes como Él los ama. Nuestra vida está llamada a transformarse en una manifestación del amor de Dios para con todos los seres humanos sin excepción, un amor que se hace palpable en la misericordia, la caridad y la solidaridad con el prójimo. Ese, en realidad, es el camino más seguro para crecer en el amor a Dios: amar al prójimo.

El tapiz de sus sueños

Tú nos revelaste, Jesús,
que para hacer el tapiz del querer del Padre
hemos de entretejer los hilos presentes en la creación
con los que surgen en la vida cotidiana
aunque parezcan toscos y sin gracia;
que en el proyecto hemos de mezclar
hilos de todos los colores
poniendo en la tarea todo nuestro ser
-alma, mente y corazón-.
Sólo así quererle será gozo y bien.

Y si el alma se nos vuelve yerma,
o si nuestra mente pierde su agudeza,
o si el corazón se nos tuerce o desvaría,
porque en el camino hay otras cosas
que le hacen competencia
-otros señores en guerra viva,
aún plazas de su pertenencia-
tú nos dijiste, muchas veces a lo largo de la vida,
que Él solo quiere personas libres y enteras.
Sólo así quererle será gozo y bien.

Amar a Dios es lo primero y principal;
pero para que esto florezca y sea
-a la intemperie y en las cuatro estaciones-
necesita expresarse en el amor al prójimo,
al que hemos de querer, sea como sea,
como nos queremos a nosotros mismos.
Por eso, quien no sabe amarse
no puede amar a sus semejantes
ni hacer el querer de Dios Padre.
Sólo así quererle será gozo y bien.

Amar a Dios y amar a los demás:
no hay más, con religión o sin ella.
Aquí queda dicha toda la buena noticia
para quienes preguntan o callan
-fariseos, sacerdotes y sabios
o pertenecientes al pueblo llano-;
aquí se condensa y resplandece
toda la Biblia –la Ley y los Profetas-
lo digan o no las iglesias.
Sólo así quererle será gozo y bien.

Pero nosotros seguimos tejiendo,
con otros hilos y modelos,
pensando que hacemos algo hermoso
-el tapiz de sus sueños-
cuando lo que hacemos son redes
que nos retienen y aprisionan
y no nos dejan ser libres.

Florentino Ulibarri

Comentario al evangelio – Viernes XXIX de Tiempo Ordinario

Jesús se queja de que sus contemporáneos saben interpretar muy bien el tiempo atmosférico, pero no son capaces de descubrir los signos del Reino en medio del tiempo histórico que viven: tienen al Mesías que les comunica la buena nueva y realiza signos, pero están cerrados y siguen esperándolo como si no estuviese ya entre ellos.

No son capaces de acoger el tiempo de gracia y de reconciliación que les ofrece mientras van de camino. Nos puede pasar la mismo a nosotros; es verdad que, por vivir en la ciudad, puede que ya no seamos tan expertos en escudriñar las señales atmosféricas, pero sí sabemos informarnos de ellas muy bien a través de los medios modernos. Somos expertos en muchas otras cosas, como en las tablas de resultados deportivos, en las novedades literarias y musicales y, sobre todo, en el avance de las nuevas tecnologías, pero quizá sólo estamos acumulando información o esclavizándonos de las técnicas. A lo mejor tampoco nosotros estamos leyendo con profundidad de fe el sentido del momento histórico que vivimos.

Todo lo que está sucediendo a nivel mundial por esta pandemia ha cambiado radicalmente nuestras vidas ¿De qué es signo? ¿Cómo leemos este duro y convulsionado momento que nos toca vivir? ¿Bastará con decir que se trata de una crisis mundial que ya pasará, como han pasado otras? ¿No será una llamada a pensar a fondo en las causas que nos han traído hasta este punto? Para un cristiano no basta con pensar que este fuerte chaparrón ya pasará y que mientras tanto sólo debe protegerse de la mejor manera posible, necesita leer este “kayros” histórico en clave de fe: escuchar al Señor que nos vuelve a recordar las bienaventuranzas y nos enseña a vivir de otro modo: una vida pobre que renuncia a los excesos y que cuida de los demás, y sabe de austeridad, esfuerzo, solidaridad, respeto, transparencia y creatividad. Llama la atención el papel que Cáritas y otras organizaciones eclesiales está teniendo en este momento social; los cristianos no podemos quedarnos quietos ante el sufrimiento de tantos hermanos, es un signo que nos invita a descubrir las llamadas actuales de Jesús. En realidad, la historia social y nuestras propias historias están cargadas de muchos signos claros de la presencia del Reino, que nos invitan a despertar y a comprometernos.