Comentario – Lunes XXX de Tiempo Ordinario

La narración de san Lucas se inscribe en el marco de las controversias que Jesús sostuvo con los fariseos a propósito del Sábado. Jesús también se aprovechó de las instituciones judías para difundir su enseñanza. En esta ocasión le encontramos en la sinagoga y en un día de sábado. Ambas, la sinagoga y el sábado, son dos instituciones sagradas típicamente judías. La sinagoga era el lugar por excelencia de la celebración (proclamación y explicación) de la Palabra y el sábado, el día señalado para esta celebración. No es extraño que encontremos también a Jesucristo en la sinagoga, proclamando la Palabra y desentrañando su significado para el hoy de la salvación: Hoy se cumple esta escritura –dijo en cierta ocasión ante un texto de Isaías-. El Sábado, día de la reunión sinagogal, era también el día del descanso de los trabajos diarios, aunque se hacían algunas excepciones como la de dar de beber a los animales domésticos. También estaban exceptuados los trabajos de los sacerdotes en el templo o de los rabinos en la sinagoga.

Se encontraba en la sinagoga una mujer que llevaba dieciocho años enferma. Su enfermedad era manifiesta, puesto que la tenía encorvada. Jesús, que se da cuenta, aprovecha el momento y el lugar para provocar un soberano escándalo, desafiando la rigurosa mentalidad de los fariseos que no entienden su acción. Llama a la mujer y le dice: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Le impuso las manos y al instante quedó restablecida. Pero aquello provocó la indignación del jefe de la sinagoga, que reacciona airadamente, diciendo a la gente: Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados. El motivo, por tanto, de la indignación era que Jesús, curando en sábado, lo había profanado.

Pero él justifica su acción: Ha liberado a una hija de Abrahán a la que Satanás había tenido atada nada menos que dieciocho años. ¿Iba a dejar de hacerlo porque fuera sábado? Es evidente que Jesús concede más importancia a este acto de liberación y de misericordia que al respeto que pudiera merecerle la observancia de una ley como la del descanso sabático. Parece recrearse incluso en la misma transgresión para hacer saltar en pedazos esa mentalidad tan característica de los fariseos, porque podía haber citado a la mujer para el día siguiente o concertar con ella un encuentro privado, de modo que se evitase el escándalo. Pero no, Jesús obra públicamente, a la vista de todos, como para provocar su indignación. No por eso deja de razonar su postura y procura hacerles caer en la cuenta de sus propias contradicciones: Hipócritas –les dice-: cualquiera de vosotros, ¿no desata al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado?

Era una de las excepciones, en que dejaba de observarse la ley del descanso sabático. Había que dar de beber a los animales domésticos. Pues bien, ¿se hace excepción con los animales, y no se puede hacer con una persona enferma durante tanto tiempo? Ésta es la incoherencia en la que incurren. Se podría argumentar: la enferma, que ha esperado dieciocho años, podía esperar un día más; los animales, en cambio, no pueden permanecer sin beber hasta el día siguiente. Tal vez; pero lo cierto es que no hay manera más noble de dar gloria a Dios y de incitar a la alabanza divina que curando a un enfermo y a un enfermo de larga duración.

El Sábado era ciertamente una ley divina, pero Dios la había dado para beneficio del hombre (el Sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el Sábado), no para su perjuicio. El Sábado había sido hecho para que el hombre pudiese descansar de sus faenas diarias y disponer de un tiempo de libertad en que pudiese alabar a Dios, repensar su vida, gozar con su familia, recrearse en la belleza y la amistad. Y un día hecho para el descanso y la libertad no podía ser inadecuado para liberar a un enfermo de su propia enfermedad. ¿No era la enfermedad una atadura y la recuperación de la salud una liberación? ¿Por qué no llevar a cabo esta acción liberadora precisamente en el día de la libertad y del descanso?

Pero hay, como hubo entonces, mentalidades que no entienden esta correlación, que no entienden que en el día del descanso pueda llevarse a efecto una tarea como la curación de un enfermo, ya que catalogan esta acción como trabajo, del que hay que abstenerse en día de sábado. Son mentalidades contrapuestas que acaban chocando y generando tensiones. De hecho, el evangelista nos dice que a estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, mientras que la gente se alegraba de los milagros que hacía. Estos enemigos no tardaron mucho en idear maquinaciones para acabar con Jesús, que les ponía en semejante trance.

De la mentalidad de Jesús respecto de ciertas observancias legales tendríamos que aprender todavía hoy para no incurrir en los mismos vicios que los fariseos. Que el Señor nos encuentre receptivos a esta enseñanza.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística