Vísperas – San Carlos Borromeo

VÍSPERAS

SAN CARLOS BORROMEO, obispo

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amor ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que, por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en San Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 14,25-33
Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy habla del discipulado y presenta las condiciones para que alguien pueda ser discípulo o discípula de Jesús. Jesús está camino de Jerusalén, donde va a morir en la Cruz. Este es el contexto en que Lucas coloca las palabras de Jesús sobre el discipulado.
• Lucas 14,25: Ejemplo de catequesis. El evangelio de hoy es un ejemplo bonito de cómo Lucas transforma las palabras de Jesús en catequesis para la gente de las comunidades. Dice: “Caminaba con él mucha gente. Y volviéndose les dijo”. Jesús habla a grandes multitudes, esto es, habla a todos, inclusive a la gente de las comunidades del tiempo de Lucas y nos habla también a nosotros hoy. En la enseñanza que sigue, pone las condiciones para que alguien sea discípulo de Jesús.
• Lucas 14,25-26: Primera condición: odiar al padre y a la madre. Algunos le quitan fuerza a la palabra odiar y la traducen con “dar preferencia a Jesús por encima de los padres”. El texto original usa la expresión “odiar a los padres”. En otro lugar Jesús manda amar y honorar a los padres (Lc 18,20). ¿Cómo explicar esta contradicción? ¿Es una contradicción? En el tiempo de Jesús, la situación social y económica llevaba las familias a encerrarse en sí mismas y les impedía cumplir con la ley del rescate (goel), esto es, socorrer a los hermanos y hermanas de la comunidad (clan) que estaban amenazados de perder su tierra o de caer en la esclavitud (Cf. Dt 15,1-18; Lev 25,23-43). Encerradas en sí mismas, las familias debilitaban la vida de comunidad. Jesús quiere rehacer la vida en comunidad. Por esto, pide que se rompa la visión estrecha de la pequeña familia que se encierra en sí misma y pide que las familias se abran entre sí en la gran familia, en la comunidad. Este es el sentido de odiar el padre y la madre, la mujer, los hijos, los hermanos y hermanas. Jesús mismo, cuando los parientes de su pequeña familia quieren llevarlo de nuevo a Nazaret, no atiende su petición. Ignora u odia su petición y alarga la familia diciendo: “Mi hermano, mi hermana, mi madre son todos aquellos que hacen la voluntad del Padre” (Mc 3,20-21.31-35). Los vínculos familiares no pueden impedir la formación de la Comunidad. Esta es la primera condición.
• Lucas 14,27: Segunda condición: cargar la cruz “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.”. Para entender bien el alcance de esta segunda exigencia debemos mirar el contexto en que Lucas coloca esta palabra de Jesús. Jesús está yendo hacia Jerusalén donde será crucificado y morirá. Seguir a Jesús y llevar la cruz detrás de él significa ir con él hasta Jerusalén donde para ser crucificado como él. Esto evoca la actitud de las mujeres que “habían seguido a Jesús y le habían servido desde cuando estaba en Galilea. Muchas otras estaban allí, pues había subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,41). Evoca también la frase de Pablo en la carta a los Gálatas: “Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 6,14)
• Lucas 14,28-32: Dos parábolas. Las dos tienen el mismo objetivo: llevar a las personas a pensar bien antes de tomar una decisión. En la primera parábola dice: “Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ¡Éste comenzó a edificar y no pudo terminar!” Esta parábola no necesita explicación, habla por sí sola: que cada uno reflexione bien sobre su manera de seguir a Jesús y se pregunte si calculó bien las condiciones antes de tomar la decisión de ser discípulo de Jesús.
La segunda parábola: “O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz”. Esta parábola tiene el mismo objetivo que la anterior. Algunos se preguntan: “¿Cómo es que Jesús se puso a usar un ejemplo de guerra?” La pregunta es pertinente para nosotros que conocemos las guerras de hoy. Sólo la segunda guerra mundial (1939 a 1945) causó 54 millones de muertos. En aquel tiempo, las guerras eran como la competitividad comercial entre las empresas de hoy que luchan para obtener más beneficios.
• Lucas 14,33: Conclusión para el discipulado. La conclusión es una sola: seguir a Jesús es una cosa seria. Hoy, para mucha gente, ser cristiano no es una opción personal, ni una decisión de vida, sino un simple fenómeno cultural. No se les pasa por la cabeza tomar una opción. Quien nace brasileño, es brasileño. Mucha gente es cristiana porque nació así y muere así, sin haber tenido nunca la idea de optar y de asumir lo que ya es por nacimiento. 

4) Para la reflexión personal

• Ser cristiano es cosa seria. Tengo que calcular bien mi manera de seguir a Jesús. ¿Cómo acontece esto en mi vida?
• “Odiar a los padres”; Comunidad o familia. ¿Cómo combinas las dos cosas? ¿Consigues armonizarlas? 

5) Oración final

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré? (Sal 27,1)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 42.45

42Y, llegada ya la tarde, ya que era el día de la preparación (es decir, el día antes del sábado), 43viniendo José de Arimatea, miembro destacado del Consejo, que estaba también esperando el reino de Dios, armándose de valor, entró donde Pilato y solicitó el cuerpo de Jesús.
44Pero Pilato se admiró de que estuviera ya muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto ya.

45Y, tras saberlo por el centurión, concedió el cadáver a José.

• En los últimos capítulos Jesús ha pasado de un movimiento casi constante -que lo ha caracterizado a través de la mayor parte de su ministerio- al movimiento restringido de un preso, a la inmovilidad paralizante de un crucificado y finalmente a la inercia absoluta de la muerte. Otros personajes, por tanto, deben convertirse ahora en los sujetos de la acción. La figura dominante es aquí José de Arimatea, presentado de repente en 15,42-43; el pasaje está completamente tomado por sus enérgicas acciones y las reacciones del pueblo hacia ellas. Pero dos de las tres mujeres que habían sido mencionadas al final del pasaje anterior reaparecen al final de este, y desempeñan aquí la función de testigos para confirmar lo que los varones han dicho y han hecho.

La primera sección del pasaje (15,42-45) concierne a la petición de José a Pilato del cuerpo de Jesús, la sección segunda, más breve (15,46-47), se refiere a la sepultura de Jesús por José.

• 15,42-45: Con la muerte de Jesús a las tres de la tarde, según el cómputo marcano (cf. 15,34), se presenta en el relato la presión del tiempo: si Jesús debe ser enterrado antes de que comience el sábado, en el que está prohibido trabajar, hay que hacerlo antes del ocaso. Esta tarea cae sobre un personaje presentado bruscamente, llamado José. El único trasfondo que se nos da sobre esta figura es el nombre de su ciudad natal (Arimatea), que es miembro destacado del Consejo y que estaba esperando el reinado de Dios. ¿Qué significan exactamente estas frases? A diferencia de Mateo (27,57) y de Juan (19,38), Marcos no dice que José es un discípulo de Jesús, e incluso puede no haber sido ni siquiera un simpatizante; José está retratado como miembro del Sanedrín, el cuerpo judicial que había condenado a Jesús por una acusación capital, y Marcos, a diferencia de Lc 23,51, no menciona ninguna frase excluyente en el caso de José, acentuando en pasajes anteriores que «el Sanedrín entero» colaboró en la condenación (cf. 14,55; 15,1). Esta teoría de la hostilidad de José se apoya en Hch 13,27- 29, que parece suponer que Jesús fue enterrado por sus enemigos. Por tanto, las acciones de José no habrían sido inspiradas por un compromiso hacia Jesús, sino por un deseo de evitar la vergüenza de que un connacional judío, aunque fuera pecador, permaneciera en la cruz durante todo el sábado (cf. Dt 21,22-23). En línea con su interpretación negativa de la motivación de José, Brown caracteriza la sepultura de Jesús como deshonrosa. Un entierro de esta naturaleza era frecuente para personas condenadas por tribunales judíos o ejecutados por los romanos. La tesis de una sepultura deshonrosa se apoya además en que el relato marcano omite dos rasgos indispensables del entierro honorable, a saber, los ritos del luto y la colocación en un sepulcro familiar, y en que el evangelio presenta solo una mínima preparación del cuerpo del difunto.

Pero los datos pueden ser también interpretados como indicación de que José respetaba a Jesús. Los romanos permitían a veces el entierro honorable de los que habían sido ejecutados, incluso de los crucificados, como se demuestra por los testimonios literarios y por los restos arqueológicos del crucificado de Giv‘at ha-Mivtar, enterrado en una tumba familiar. La proximidad del sábado en vez de un deseo de deshonrar a Jesús puede explicar la naturaleza abreviada de los ritos sepulcrales por parte de José. La falta de enterramiento de Jesús en una tumba familiar no indica necesariamente una sepultura deshonrosa; Jesús no era natural de Jerusalén, sino del lejano Nazaret, y los que morían lejos de la casa familiar eran generalmente enterrados donde habían fallecido. Y no es nada claro que recibir sepultura en una tumba, como había ocurrido con Jesús, fuera alguna vez deshonroso; los casos bíblicos que conocemos, parecen implicar más bien que se arrojaba el cadáver al suelo o se introducía en la tierra y se cubría con basura o piedras. Parece improbable, por tanto, que la sepultura de Jesús fuera vergonzosa; y aumenta la posibilidad de que el hombre responsable de ello fuera un simpatizante, aunque fuera incluso miembro de un cuerpo judicial que había sido abrumadoramente hostil a Jesús. La buena voluntad de José de correr riesgos por enterrar a Jesús (cf. «Armándose de valor») es más plausible en el caso de un partidario, y el hecho de que enterrara a Jesús en un sepulcro costoso, de piedra, individual, en vez de en una tumba común para criminales ejecutados sugiere que no lo consideraba un infractor. Además, el acto caritativo de José de dar sepultura a Jesús no incluyó a los tres judíos crucificados, sino solo a Jesús, y probablemente indica una solicitud especial por Jesús.

Fuera o no realmente el José de Arimatea histórico un simpatizante de Jesús, es prácticamente seguro, sin embargo, que Marcos lo presenta como tal («Estaba esperando el reino de Dios»). Es posible que José no fuera un discípulo en pleno sentido, pero era algo más que un judío piadoso. Por su buena voluntad de asumir un riesgo en relación con Jesús ejecutado, se sitúa dentro de las promesas de 8,34-9,1 y 10,23-31, que vinculan el riesgo y la pérdida a causa de Jesús con la entrada en el reino de Dios.

Armándose de valor y solicitando audazmente el cuerpo de Jesús ante Pilato (15,43c), José demuestra su lealtad incipiente a Jesús. Tal petición requería audacia, ya que Jesús había sido crucificado como enemigo del Estado, y cualquier acto caritativo hacia él podría identificar al benefactor como miembro de un grupo subversivo. El Pilato marcano, sin embargo, instruido quizás por sus propios sentimientos positivos hacia Jesús, no lo toma con resentimiento, sino que expresa su asombro de que Jesús haya muerto ya (15,44a). El verbo utilizado aquí es el mismo que fue empleado en 15,5 para manifestar el temor de Pilato ante el rechazo de Jesús a contestar. Por tanto, la imagen completa del gobernador romano en el evangelio queda enmarcada por su asombro ante Jesús, por lo que cumple la profecía de Is 52,15 versión griega: «Asombrará a muchas naciones y los reyes cerrarán sus bocas ante él».

La causa concreta de la admiración de Pilato en este caso es que Jesús hubiera muerto tan rápidamente, una noticia que Mateo (27,58) y Lucas (23,52) omiten. Después de la confirmación de la muerte de Jesús, el centurión, que había desempeñado un papel tan importante en el pasaje anterior, desaparece silenciosamente en el trasfondo. Pilato por su parte, tras recibir el testimonio del centurión, concede el cuerpo de Jesús a José (15,45) y abandona silenciosamente también el relato.

Comentario – Miércoles XXXI de Tiempo Ordinario

Jesús se encuentra en medio de mucha gente. Y en semejante situación les habla de su seguimiento o discipulado: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo míoQuien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

Las exigencias del seguimiento de Cristo son realmente extremas. Al que quiera ser discípulo suyo, Jesús le propone un camino de renuncias, porque no podrá ser discípulo suyo el que no esté dispuesto a posponer (el término griego, μισέω, es aún más duro: aborrecer) no sólo cosas (posesiones, oficios, trabajos), sino también personas, y personas muy queridas como el padre, la madre, la mujer, los hijos, los hermanos (no se pueden designar personas más próximas afectivamente), incluso a sí mismo. Y si uno alcanza a renunciar a sí mismo, a su tiempo, a su profesión, a sus proyectos, a su propia vida, ya no le queda nada más por renunciar. Ha llegado hasta el final.

Realmente Jesús está proponiendo a sus discípulos un camino martirial, es decir, una disposición a perderlo todo, incluida la propia vida, por él, por ir tras él, por estar con él, por llevar a cabo sus planes, por completar su misión en el mundo. Él es el absoluto ante el cual palidecen todas las demás cosas y personas y por el cual uno tiene que estar dispuesto a posponerlo todo. Posponer es poner después o detrás en nuestra estima o aprecio, hasta el punto de renunciar a ello si la situación lo exige.

Podemos pensar que la exigencia de Jesús es excesiva; tanto que podría llegar a lesionar lazos tan sagrados como los que unen a los hijos con sus padres o a los maridos con sus mujeres. Pero él no pretende romper semejantes lazos, sino invitar a un seguimiento tan radical de su persona que todo lo demás, incluyendo la familia, pase a ocupar un segundo plano. No es infrecuente, por otro lado, encontrarse con situaciones en la vida que obligan a un padre a renunciar temporalmente a la cercanía de su mujer y de sus hijos por exigencias laborales y, por tanto, en beneficio de esa mujer y esos hijos. Tampoco lo es que un hijo tenga que renunciar durante algún tiempo a la calidez del hogar paterno y a la compañía de sus padres y hermanos por razones de estudios o de trabajo. Son renuncias que están plenamente justificadas en aras de unos objetivos o de unas aspiraciones en la vida. Están también los que abandonan al padre y a la madre por unirse a su mujer y fundar una nueva familia.

No es, por tanto, Jesús el único que pide renuncias. Él mismo inició este camino abandonando la casa paterna (y antes el cielo, al despojarse de su condición divina) y el trabajo artesanal en el hogar de Nazaret para dedicarse a la misión encomendada por el Padre. Renunció a una vida plácida y sin sobresaltos para exponerse a la censura de los maestros de la Ley y finalmente a la muerte de los violentos. Y así tomó la cruz penal que había recaído sobre él, su cruz, para consumar su tarea. Pues bien, el que tomó su cruz y se dejó crucificar por proclamar la verdad de Dios para el mundo, ¿no podrá exigir a sus discípulos, es decir, a los que han emprendido su mismo camino, que lleven su cruz, la que les corresponda llevar, detrás de él?

Se trata del seguimiento de un Crucificado, en el que nosotros reconocemos al Hijo de Dios en carne humana; nada tiene de extraño que este seguimiento implique la cruz de la renuncia, de la persecución, de la humillación, de la muerte ignominiosa. Esto no nos tiene que hacer olvidar que el Crucificado es también el Hijo amado del Padre, que no fue abandonado al poder de la muerte, el Resucitado y Glorificado. Los mártires de todos los tiempos, que han dado la vida por Cristo, no han perdido nunca de vista esta visión gloriosa del Cristo sentado a la derecha del Padre y a la espera de recibirles tras su testimonio cruento en su morada de gloria.

Jesús compara este seguimiento con la construcción de una torre o con el diseño y ejecución de una batalla. Se trata de empresas de envergadura que exigen calcular gastos o evaluar las fuerzas disponibles, no sea que uno se ponga a la tarea y no sea capaz de concluir la obra. No todo está en comenzar; hay que acabar lo iniciado. No basta, por tanto, con seguir a Jesucristo al comienzo del camino; hay que llegar con él hasta el momento de la exigencia final. Por eso decía que tras estas palabras que invitan a posponer o a llevar la cruz tras él hay una exigencia martirial de renuncia a la propia vida: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

No es extraño que el obispo mártir del siglo II, Ignacio de Antioquía, diga en su carta a los Romanos: sólo entonces, cuando sea devorado por las fieras, seré realmente discípulo suyo, seré realmente cristiano. Entiende, por tanto, que no puede proclamarse discípulo de Cristo sin haber superado antes esta prueba de amor que consiste en entregar la propia vida en testimonio martirial. Sólo en sintonía con la actitud de hombres como san Ignacio se pueden entender las palabras de Jesús.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

PROEMIO

1. Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia.

Comentario Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Del Salmo 17 Nos saciaremos, Señor, contemplando tu rostro. Escucha, YHWH, mi causa, hazme caso cuando grito, presta oído a mi plegaria, que no hay doblez en mis labios. Las sendas trazadas, ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies. Te invoco, oh Dios, pues tú me respondes, inclina a mí tu oído, escucha mis palabras. Protégeme a la sombra de tus alas. Pero yo, rehabilitado, veré tu rostro. Al despertar te contemplaré hasta que quiera. AMEN.

 

Mt 25, 1-13

«1Entonces será semejante el Reino de los cielos a diez doncellas que, tomando sus propias lámparas, salieron al encuentro del novio. 2Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas. 3Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no tomaron con ellas aceite. 4Pero las sensatas tomaron aceite en las alcuzas con sus propias lámparas. 5Como el novio tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

6Y a media noche, se oyó una voz: “¡Que llega el novio, salid a recibirlo!”. 7Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus propias lámparas.

8Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan”.

9Pero las sensatas respondieron diciendo: “Por si no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor id a las tiendas y lo compráis vosotras mismas”.

10Mientras ellas iban a comprarlo llegó el novio y las [que estaban] preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

11Más tarde llegan también las restantes doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”.

12Pero él, respondiendo, dijo: “En verdad os digo: no os conozco”. 13Así pues, velad, porque no conocéis el día ni la hora».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Nos situamos en el corazón del Discurso Escatológico (Mateo 24-25), pórtico de entrada al relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (Mateo 26-28). Un trío de parábolas sobre la vigilancia (el ladrón [24,42-44], el mayordomo [24,45- 51], las doncellas [25,1-13]), prepara la parábola final de los talentos (25,14-30) y la gran visión del Juicio Final (25,31-46), con la que termina el discurso. Después, con el capítulo 26 comienza a relatarse la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Las tres parábolas sitúan a los oyentes/lectores del evangelio ante una disyuntiva, mediante la estrategia narrativa que muestra dos comportamientos: uno, el acertado; otro, el equivocado. Desde la panorámica del Juicio Final, el aceite de las doncellas son las obras de misericordia y solidaridad. El texto nos pide reflexión sobre el comportamiento que se deriva de nuestra fe: la carta de Santiago nos advertirá que una fe sin obras es una fe muerta.

 

TEXTO

La estructura de este relato sigue el triple paso típico de un relato dramático: a) los vv. 1-5 son la exposición que facilita a los lectores los antecedentes de la historia; b) los vv. 6-9 forman el “corazón” del texto y crean la tensión narrativa del drama; culminan en el breve diálogo entre las doncellas necias y las sensatas cuando se acerca el novio: al final, los lectores quedan expectantes sobre qué pasará con las doncellas necias, qué harán; c) los vv. 10-12 forman la escena final, con la conversación entre las doncellas necias y el novio. El v. 13 es una especie de estribillo que ya leíamos en 24,42. Muchos términos asemejan este texto a 7,21- 23, por lo que hay que tenerlo en cuenta.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Hay un vistoso desencuadre entre la orden de velar (v. 13) y el hecho de que se durmieran todas las doncellas. La vigilia y el sueño están presentes de manera ejemplar en el episodio de Getsemaní (Mt 26,36-46), que conviene tener presente. También allí todos los discípulos se duermen. ¡Ojo con posturas maniqueas apresuradas!

• El lenguaje de la parábola es sumamente sugerente: la lámpara, con la insistencia en “propia”, sugiere la vida de cada uno, el proyecto personal de vida, y el aceite, necesario para que la lámpara sea tal, serían las opciones y compromisos que alimentan y conforman dicha vida. ¿Somos “dueños” de nuestra propia vida?, ¿quién manda en ella?, ¿en dónde, cómo, con qué la alimentamos, la construimos?, ¿qué “aceite” hace brillar la “lámpara” de nuestra vida?

• La diferencia no estriba en doncellas “buenas y malas”, sino en doncellas “sensatas e insensatas” (cf. Mt 7,24-27). Además, la respuesta del novio (“no os conozco”) al ruego de las doncellas insensatas (“Señor, Señor, ábrenos”) une especialmente el texto con Mt 7,21-23. El evangelista propone un lenguaje común para el final del primer discurso de Jesús y el final del último discurso. ¿Qué te sugiere? Jesús no (re)conoce a quienes somos discípulos suyos. ¿Por qué?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

XXXII Domingo de Tiempo Ordinario
8 de noviembre 2020

Sabiduría 6, 12-16; Salmo 62; 1 Tesalonicenses 4, 13-18; Mateo 25, 1-13

La Parábola de las Lámparas

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’. Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’. Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’. Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora’’.

 

Reflexión

Jesús nos enseña sobre el Reino de los cielos con una parábola (una historia con una enseñanza). ¿Quiénes representan las diez jóvenes con sus lámparas? Nosotros los peregrinos en la tierra, miembros del pueblo de Dios. ¿Quién representa el esposo? Jesús que nos recibe en el Cielo cuando morimos. ¿Qué representan las lámparas? Nuestra alma o corazón espiritual. ¿Qué significa el aceite que ilumina la lampara? Nuestras oraciones y buenas obras que aumentan el amor en nuestro mundo; hacen que la luz de Jesús brille en nuestro alrededor. ¿Qué hicieron las jóvenes descuidadas que se quedaron sin aceita cuando llego el esposo? Pidieron a las jóvenes previsoras que compartieran de su aceite, pero ellas no quisieron para no quedarse ellas sin aceite. ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? Tenemos que estar preparados para cuando Dios nos llame al Cielo. Nuestra alma tiene que estar llena del amor de Jesús y brillando con las buenas obras de servicio al prójimo. Esto no se puede transferir a otra persona como querían las jóvenes descuidadas. Cada persona tiene que brillar con sus propias oraciones y obras.

 

Actividad

En la siguiente página, colorear y cortar la lampara. Pegar el rectángulo entre los dos lados y pegarle la vela al centro. Orar la oración.

 

Oración

Jesús, entra en mi corazón para alumbrarlo con Tu amor; ayúdame a siempre compartir ese amor con mis hermanos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola de las diez vírgenes – Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – el Reino de los cielos se parece a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si no acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a compralo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entroron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco”. Por tanto velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Explicación

Jesús un día nos recomendaba: Tenéis que estar siempre preparados, porque yo puedo venir en cualquier momento. No os vaya a pasar como a esas vírgenes que esperaban a que llegara el novio para entrar en la boda: Unas eran prudentes y llevaban aceite para sus lámparas. Otras eran necias y no lo llevaron. ¿Qué pasó? pues que a las necias se les apagaron sus lámparas y no pudieron entrar con el novio. Así, pues, estad siempre preparados para cuando yo llegue.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXXI de Tiempo Ordinario

Me encanta la imagen del banquete del Reino de Dios que nos presenta el Evangelio de hoy. Es una imagen abigarrada y desordenada que rompe nuestros esquemas, nuestra forma de pensar habitual. 

En general, las personas preferimos el orden al desorden. Cuando nos imaginamos ese banquete de que habla Jesús, lo hacemos por analogía con nuestras asambleas y reuniones. En ellas reina siempre el orden. Pero no cualquier orden sino el orden jerárquico que existe siempre en nuestra sociedad. Ese orden se parece siempre a una pirámide. Arriba los más importantes y abajo la chusma, la pleba, el montón, la gente. Y por enmedio todos en su sitio. Cada uno en el suyo, cada uno según el nivel social, el puesto que ocupa en la sociedad. Los estados tiene reglamentos que establecen perfectamente el orden de protocolo entre las personas. El presidente es más que un ministro, un ministro más que un alcalde, etc. También los que tienen estudios tienen su jerarquía. El doctor es más que el licenciado y éste más que el que tiene un simple graduado. También la cantidad de dinero que se tiene establece una jerarquía entre las personas. Son regulaciones muy complicadas porque hay muchos niveles diversos. Pero siempre, eso siempre, van de arriba abajo. Arriba los importantes y abajo los que no pintan nada en la sociedad. 

Dice Jesús que el Reino se parece al banquete que daba aquel hombre. Pero según la parábola, el Reino no se parece al banquete que había pensado y preparado aquel hombre sino al banquete que resultó de que los primeros invitados rechazaran acudir a la invitación. Lo que iba a ser un banquete ordenado y educado y respetuoso y… resultó en una algarabía. Allí entraron todos los que se encontraban por las calles sin nada que hacer. Dice la parábola que entraron los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos. Parece que al organizador del banquete le importaba poco quien entraba en su casa. Lo que quería era que la casa se llenase, que no quedasen sitios vacíos y que todos se sentasen a la mesa y compartiesen su banquete. 

En la mesa de aquel banquete no había clases sociales ni niveles ni jerarquías. Todos estaban mezclados. Buenos y malos (porque no vamos a pensar que los pobres son necesariamente buenos). Cultos e incultos. Educados y maleducados. Todos participando en un banquete, en una mesa común. Tendríamos que tener presente que la humanidad, todos los pueblos, todas las culturas, han celebrado sus fiestas en torno a una mesa. Compartir la comida es signo de fraternidad, momento de reconciliación, tiempo de encuentro entre las personas, en el que se rompen las distancias y las barreras. En la mesa se abre el corazón y se comparte la vida. 

El Reino se parece a esa mesa desordenada en la que todos compartimos la gran verdad, la única verdad: que todos somos hijos e hijas y, por eso, hermanos y hermanas. No hay barreras, no hay distancias. Y no conviene que establezcamos nosotros lo que Dios no ha creado ni quiere. 

Fernando Torres, cmf