Vísperas – Jueves XXXI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXI DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos:

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten  mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor que nos has llamado a tu santa Iglesia;
— consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,
— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
— y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperan en ti,
— concédeles el descanso eterno.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXXI de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 15, 1-10
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.’ Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.’ Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.
• Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: “¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!”. En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).
• Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede que ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”
• Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.”
• Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: “O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.’ Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4) 

4) Para la reflexión personal

• ¿Tú irías detrás de la oveja perdida?
• ¿Piensas que la Iglesia de hoy es fiel a esta parábola de Jesús? 

5) Oración final

¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)

Citas de la Sagrada Escritura (amor de Dios a los hombres)

El amor incansable de Dios: Os 11, 1-9
Dios es Amor: 1Jn 4, 8
Falta de correspondencia por parte de los hombres. Parábola de la viña: Is 5, 1-7
El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado: Rm 5, 5
El amor de Cristo nos premia: 2Co 5, 14
El amor de Dios nos predestinó antes de la constitución del mundo para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia: Ef 1, 4
He venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?: Lc 12, 49
“[…] Caminad en el amor, (amad) como Cristo nos amó y se entregó por nosotros […]: Ef 5, 1
En esto está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados: 1Jn 3, 18
Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo […]: Ef 2, 4-5
El Padre nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor: Ga 1, 13

Comentario – Jueves XXXI de Tiempo Ordinario

La presencia entre los oyentes de Jesús de publicanos y pecadores provocó de inmediato la murmuración de los letrados y fariseos, que no entendían esta familiaridad. Ellos, desde su conciencia de justos, no podían aceptar esta relación con los pecadores. Sólo la distancia podía mantenerles libres de contaminación e impureza. Por eso se mantienen “separados” de los pecadores y no entienden que Jesús les admita en su compañía y trate con ellos sin considerar debidamente el riesgo del contagio de la enfermedad moral –el pecado- de que son portadores.

Pero Jesús no había venido a este mundo a buscar a los justos, sino a los pecadores. Su presencia en medio de los hombres era similar a la de un médico; y del médico tienen necesidad no los sanos, sino los enfermos. Se trata de enfermos que tienen conciencia de su propia enfermedad; por eso se acercan a Jesús buscando remedio, y él les acoge como a personas necesitadas de su palabra medicinal.

El evangelista suele equiparar a publicanos y pecadores. De hecho, los nombra sucesivamente, como si fueran sinónimos, como si no hubiese posibilidad de separarlos. Y es que los publicanos o recaudadores (judíos) de impuestos eran considerados públicamente pecadores por el simple hecho de desempeñar ese oficio. El oficio llevaba aneja la calificación moral de pecador. Pero Jesús no tuvo reparo en llamar a su seguimiento, más aún, en incorporar al grupo de los Doce, a uno de esos publicanos, a Mateo. Semejante conducta escandalizó a los fariseos. Por eso no dejan de censurarla y de echarle en cara su aparente despreocupación o descuido. Ese –dicen con desprecio- acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús no se limita a encajar la crítica y a continuar adelante menospreciando tales comentarios. Quiere hacer ver a sus adversarios que su actuación está plenamente justificada. Por eso les propone esta parábola: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Tal sería el comportamiento que se espera de un pastor que tiene realmente aprecio por cada una de sus ovejas. Aunque se trate sólo de una oveja entre cien, le merece todos sus desvelos. Y si se pierde, va tras ella hasta encontrarla. Y cuando la encuentra siente que está de enhorabuena, y en lugar de reñirla o castigarla se la carga sobre los hombros y convoca a sus amigos porque se siente afortunado, ya que la pérdida de la oveja (descarriada) es su propia pérdida, y el hallazgo un motivo extraordinario (un plus) de alegría que hay que festejar con los amigos y los vecinos.

Jesús equipara, pues, al pecador con esa oveja descarriada o perdida, pero que no deja de ser oveja de su rebaño. Por eso, su condición de perdida no rebaja el afecto o el aprecio del pastor, que sigue estimándola como suya; al contrario, acrecienta su desvelo y le pone en marcha tras su búsqueda. Puede estar más cerca o más lejos. El pastor no dejará de buscarla, aunque eso le lleve tiempo y fatiga. La actitud de Jesús para con los pecadores no es distinta de la de este pastor que se describe en la parábola. Y él presenta esta actitud como la cosa más natural del mundo: si uno de vosotros tiene cien ovejas…

Es lo que se espera de cualquiera de ellos en semejantes circunstancias. ¿Por qué admirarse (o escandalizarse) entonces del trato que él dispensa a los publicanos y pecadores? En realidad, la alegría del pastor por el hallazgo de la oveja perdida es su propia alegría, y ésta es sólo el reflejo de la alegría que estalla en el cielo y que inunda el corazón de Dios. La conversión de un solo pecador, que no es sino el reencuentro del hombre perdido con su Dios, será motivo de una alegría inusitada en el cielo. Cabe suponer que esa alegría se multiplicará con la multiplicación de las conversiones.

Dios no persigue otra cosa que nuestra salud; por eso nos envía a Cristo como médico y como pastor. La cohesión del rebaño (Iglesia) es sin duda un medio muy importante para evitar la dispersión y el extravío. Aun así, Dios no dejará de buscarnos por diferentes vías para atraernos de nuevo a su redil. Esta búsqueda puede durar años, pero mientras haya vida siempre habrá tiempo para el hallazgo o para el reencuentro. Y, por tanto, también para la alegría. Luego sea cual sea la situación en la que nos encontremos no desesperemos nunca. En cualquier recodo del camino podemos encontrarnos con ese “pastor” que salió hace años tras nuestros pasos descarriados.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

La Liturgia en el misterio de la Iglesia

2. En efecto, la Liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra Redención”, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia. Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina; y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos. Por eso, al edificar día a día a los que están dentro para ser templo santo en el Señor y morada de Dios en el Espíritu, hasta llegar a la medida de la plenitud de la edad de Cristo, la Liturgia robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo y presenta así la Iglesia, a los que están fuera, como signo levantado en medio de las naciones, para que, bajo de él, se congreguen en la unidad los hijos de Dios que están dispersos, hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor.

¡Qué llega el esposo!

1 – Podemos observar ya el tono escatológico en el evangelio de este domingo; característico de las últimas semanas del Año Litúrgico. Efectivamente, dentro de dos semanas se celebra la fiesta de Cristo Rey, que da paso al primer domingo de Adviento.

Cuando se acerca el final de una etapa parece que nuestro ser se altera porque viene algo nuevo, desconocido. Nos pasamos la vida esperando: esperamos llegar a la mayoría de edad, esperamos acabar la carrera, esperamos encontrar empleo, esperamos comprar un piso, esperamos que nos llegue la jubilación. Nunca estamos satisfechos del todo. En el salmo hemos confesado que nuestra alma está sedienta de Dios. ¿Tenemos sed de Dios, o tenemos sed de otras cosas?

2 – También las diez doncellas esperaban a alguien: el esposo. Todas desean encontrarse con él, pero todas se duermen. La diferencia está en que cinco eran sabias porque estaban preparadas para recibirle. La primera lectura describe las características del que es capaz de aprehender la sabiduría: la ven aquellos que la aman, se da a conocer a aquellos que la desean, la encuentra el que la busca, quien vela por ella se verá sin afanes.

Pero ella “sale al encuentro” de aquél que la quiere. Quizá la diferencia entre las prudentes y las insensatas es que las primeras de verdad aman, desean, buscan y esperan a su amado y, por eso, están preparadas para recibirle. Se produce entonces un encuentro personal con él, que nadie puede hacer por nadie. Es personal e intransferible. No hay persona en el mundo que pueda vivir tu vida por ti. Puede escandalizarnos que las sensatas no ayuden a las necias prestándoles su aceite. Esta imagen, no olvidemos que es una parábola, muestra que cada cual debe tener disponible su lámpara con aceite suficiente. El aceite hace referencia a la energía que mueve nuestro espíritu: la oración, los sacramentos. Si el esposo es Cristo, el encuentro con él es también personal, aunque los demás puedan ayudarte a llegar a El. Sólo si le amas de verdad, si le buscas, si le deseas podrás conocerle.

3 – Las puertas de la sala del banquete están abiertas para todos. La invitación es universal. Cuando nos invitan a una boda se nos ruega que confirmemos nuestra asistencia. A nadie se le va a cerrar la puerta, pero si no quieres entrar… es imposible que saborees los manjares que se te ofrecen. La puerta la cerramos nosotros mismos, nunca Dios. El nos ofrece su fiesta, sólo nos pide que estemos en vela, preparados para darnos cuenta de la grandeza de su amor. Ayudemos a todos a entrar en el banquete de bodas, a esta fiesta sin fin a la que Dios nos invita. Como expresa Pablo en la Carta a los Tesalonicenses, es el propio Cristo el que sale a nuestro encuentro para llevarnos con El resucitados al banquete del Reino donde la vida es plena y para siempre.

José María Martín OSA

Que llega el esposo, salid a recibirlo

Entonces el reino de Dios será semejante a diez muchachas, que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas. Las necias llevaron sus lámparas, pero no se proveyeron de aceite, mientras que las sensatas llevaron las lámparas y aceiteras con aceite. Como tardara el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro. Entonces se despertaron todas las muchachas y se pusieron a aderezar sus lámparas. Las necias dijeron a las sensatas: Dadnos de vuestro aceite, pues nuestras lámparas se apagan. Las sensatas respondieron: No sea que no baste para nosotras y vosotras, mejor es que vayáis a los vendedores y lo compréis. Mientras fueron a comprarlo, vino el esposo, y las que estaban dispuestas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras muchachas diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Y él respondió: Os aseguro que no os conozco. Por tanto, estad en guardia, porque no sabéis el día ni la hora».

Mateo 25, 1-13

PARA MEDITAR

No debemos estar pensando que Dios va a venir y nos va a pedir que rindamos cuenta de como es nuestra fe. No somos cristianos por miedo, somo cristianos por alegría, porque nos gusta vivir como creyentes.

La fe es una pasión, es lo que más nos gusta ser y vivir. Debemos ser personas siempre disponibles, que los demás sepan que pueden contar con nosotros. Eso es lo importante de la fe. Jesús no quiere cristianos que hagan las cosas por cumplir o por obligación. Esto es lo más importante del mensaje del Evangelio de hoy.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Vives la fe como algo que te ilusiona o como algo que hay que hacer, como una rutina?
  • ¿Qué quiere decir Jesús conque estemos alerta? ¿Cómo podemos vivir la fe hoy en día?
  • La fe debemos vivirla con alegría y con ilusión. Piensa en alguien a quien le puedas transmitir alegría o ilusión esta semana.

ORACIÓN

Si en este momento
llegaras a buscarnos,
¿nos encontrarías viviendo
sensata o neciamente?
Si ahora mismo vinieras
a buscarme,
quizá me encontrarías
preocupado,
con temas que no son
los principales.
o haciendo números
con mis planes.
Si llamaras a mi puerta
en este instante,
podrías sorprenderte
con gesto triste,
agobiado por ayer
o por mañana,
en vez de disfrutando
del momento presente.

Vivir sensato o necio

Si en este momento
llegaras a buscarnos,
¿nos encontrarías viviendo
sensata o neciamente?

Si ahora mismo vinieras a buscarme,
quizá me encontrarías preocupado,

con temas que no son los principales.
o haciendo números con mis planes.

Si llamaras a mi puerta
en este instante,
podrías sorprenderte
con gesto triste,
agobiado por ayer

o por mañana,
en vez de disfrutando
del momento presente.

Si llegaras a mi casa
ahora mismo,

podría, incluso, no reconocerte,
por no mirarte ni disfrutarte.

No quiero que tu llegada
me pille despistado,
pues eres lo más importante de mi vida,

más aún que los míos,
aunque no lo parezca,
por eso quiero vivir contigo,
esperar tu llegada junto a Ti,
viviendo juntos la vida

y el después.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio

• Este Evangelio de hoy (1-13) es el que se denomina la parábola de las diez vírgenes. La palabra que aparece en el texto original se puede traducir por “doncellas”, como hace esta versión (1.7.8.11) o por “vírgenes”. La palabra tiene, aquí, un significado preciso: muchachas todavía no casa- das y en edad de hacerlo.

• Las “doncellas” tenían que actuar como damas de honor del “esposo” (1.5.6.10) el día de su boda. Esto requería tener a punto “las lámparas” (1.3.4.7.8) y “el aceite” (3.4.8) para que ardiesen. “El aceite” representa, pues, lo que cada muchacha tendría que tener consigo para el momento decisivo (7).

• Es muy significativo que los personajes que nos representan a nosotros, cristianos y cristianas, sean “diez doncellas” o “vírgenes”. Quiere decir que todavía tenemos que casarnos, todavía no hemos hecho la alianza definitiva con aquel, “el esposo”, que nos ama y que viene a hacer la Alianza con cada uno y con toda la humanidad.

• La palabra pone el acento en que las “doncellas necias” (8) piden algo imposible en la práctica: que sus compañeras les “den un poco de su aceite” (8), ya que el aceite no llega para todas.

• “Las doncellas sensatas” (9) dan la única respuesta posible. No olvidemos de que se trata de una parábola en la que se apunta al final de la vida, cuando ya está todo hecho o no, es decir, cuando ya no hay ninguna posibilidad de rectificar nada. No nos atasquemos pues en si las “sensatas” deberían compartir o no. De hecho, “tener el aceite a punto” quiere decir que antes de dormirse (4-5) habían hecho lo que tenían que hacer, por ejemplo, compartir los bienes (Mt 25,31-45).

• Las compañeras “necias” quedan en evidencia (9): no se puede pretender entrar al Reino si se tiene una actitud contradictoria. O se está a punto o no se está (12).

• La expresión “Señor, señor, ábrenos” (11) nos recuerda lo que encontrábamos muchos capítulos atrás en Mateo: No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo (Mt 7,21). Esta afirmación de Jesús iba acompañada de la imagen de las dos casas, una construida sobre roca y otra sobre arena (Mt 7, 24-27), para decir qué ocurre si se escucha a Jesús y se le hace caso o no se hace caso. Escucharle y seguirle en la vida de cada día, en todo, es vivir “el Reino de los cielos” (1).

• En el marco de los capítulos 24-25, la parábola es una invitación a velar y a estar a punto para la llegada del Señor. La muerte de muchos miembros de la comunidad -“se durmieron” (5)- vendrá seguida de la resurrección final -“se despertaron todas” (7)- y entonces se verá si todo el mundo está a punto para entrar (10) al banquete del Reino. Como sea que existe el riesgo de quedarse fuera (10-11), ahora -hoy y aquí- es el momento de proveerse “de aceite”: ahora es el momento de cumplir la voluntad de Dios (Mt 7,21).

• El acento recae en la llamada a velar: “velad” (13). Es la llamada a tener “el aceite” a punto para el momento de la resurrección, el momento en el que “el esposo” nos “despertará” (7). Es el momento definitivo en el que ya está todo hecho o no. Es aquí y ahora, antes de “dormirse”, cuando se ha hecho o no se ha hecho lo que se tenía que hacer.

• La comunidad cristiana es llamada a ser la voz que día a día hace el anuncio: “¡Que llega el esposo!” (6). Ella misma debe velar, no vaya a ser que, a pesar de hacer el anuncio, quedara fuera del Reino por no haber atenido a lo más decisivo: habría anunciado que llegaba de fuera un “esposo” cuando toda la vida lo había tenido delante (Mt 25,31-45; 28,20).

Comentario al evangelio – Jueves XXXI de Tiempo Ordinario

En la vida hay que echar muchos cálculos. Hay que calcular si con el salario podremos llegar a fin de mes o al final de la semana. Hay que calcular para saber si podremos pagar las cuotas del préstamo que hemos solicitado. Hay que hacer muchos cálculos –lo saben bien padres y madres que van a hacer la compra– para distribuir el dinero, siempre poco, que se tiene en la cartera, entre todas las necesidades de la familia. Muchos cálculos. Pero no todo son cálculos. Hay veces que se trata de darlo todo. En este caso, los cálculos no valen para nada. No hay que hacer sumas ni restas. Hay que darlo todo. Sin más. 

Pienso en la pareja que se va a casar. O se entregan uno al otro del todo en el amor o, en caso de que no sea así, no hay verdadero amor. Los que entran en el matrimonio haciendo cálculos, poniendo límites a su entrega mutua, no tienen mucho futuro. Lo más probable es que terminen mál. En el mejor de los casos, terminarán en una especie de acuerdo de no agresión. Pero eso tiene poco que ver con el amor y con lo que es o debería ser un matrimonio: una aventura de dos que se entregan totalmente y sin medida el uno al otro para vivir el amor en plenitud. 

Las palabras de Jesús del Evangelio de hoy hablan de esta entrega total y sin medida a la que tiene que estar dispuesto el que sigue a Jesús. Hay que dejarlo todo atrás. En este caso el cálculo es bien sencillo. No hay que gastar mucho tiempo en pensar si esto sí y lo otro no. Mejor no llevar nada en la maleta. Mejor no guardarse una cartilla de ahorros ni una cuenta corriente. Lo que Jesús nos propone es entrar en un mundo nuevo. Lo viejo no vale. Es inútil que pretendamos llevarlo con nosotros. No sirve para nada. 

¿Significa esto que el que sigue a Jesús tiene que renunciar a su relación con la familia, con los amigos? La respuesta es no. Lo que pasa es que esa relación se establecerá sobre unas nuevas bases. El Reino lo domina todo. La familia es lugar abierto al mundo entero. Porque la familia de Dios es mucho más amplia que la carne y la sangre. En la familia de Dios entramos todos, sin excepción. 

A los que creemos en Jesús se nos pide una entrega total, sin cálculos previos. El que no entra por ese camino que nos ofrece Jesús no conocerá lo que es el gozo del amor, de la fraternidad, de compartirlo todo y sin medida. En realidad, es una suerte de renunciar a todo para ganarlo todo, renunciar a lo que creo que es mío para descubrir que todo es don, regalo, gracia. Jesús nos invita a descubrir que en realidad no hay nada que sea mío porque todo es nuestro, todo es de Dios, todo es regalo inmerecido y gratuito. No se trata de hacer cálculos sino de confiar en que Dios, que es Padre, nos lo dará todo en el amor.

Fernando Torres, cmf