Santoral 6 de noviembre

BEATO RUPERTO MAYER, religioso (Su fiesta, el 3) († 1945)

El Beato Ruperto Mayer “el apóstol de Munich”, como le llamó el cardenal Faulhaber, nació en Stuttgart 3l 1876. Después de una juventud normal, pero en la que se preparó concienzudamente, fue ordenado sacerdote y entró en la Compañía de Jesús. La luz no puede ocultarse bajo el celemín, y el celo apostólico de Ruperto empezó a brillar.

En la primera Guerra Mundial (1914-1918) se ofreció voluntario como capellán militar y pidió ser enviado al frente para estar cerca de los soldados más expuestos al peligro. Siempre estaba en primera línea, sobre todo en los bombardeos. Tanto se distinguió que le concedieron la más alta condecoración. En uno de los bombardeos, mientras atendía a los heridos, una granada le hirió en una pierna, que tuvo que ser amputada.

Y así, con una sola pierna, olvidándose de sí mismo, Ruperto, un hombre de Dios, un hombre para los demás, llegó a ser el gran apóstol de Munich. Había muchas heridas que curar, físicas y morales, en la postguerra, y el P. Mayer trabajó sin descanso, para aliviar, consolar y socorrer.

Todos acudían a él en sus necesidades materiales. Como responsable de Cáritas, realizó una labor ingente. No era menor su trabajo en consolar e iluminar los corazones. Pasaba horas enteras en el confesonario escuchando, absolviendo, estimulando. La muestra mejor la dieron los fieles que, cuando el P. Mayer fue encarcelado, rodearon de flores su confesonario.

Una de las principales tareas de apostolado la realizó como Director de las Congregaciones Marianas de Munich. Bajo su guía, la Congregación pasó, en pocos años, de 3.000 miembros a 7.000, y se convirtió en la fuerza católica más poderosa de la ciudad. El celo le daba alas. Iba de un lugar a otro incansable. Ni él se acordaba de que le faltaba una pierna. Su popularidad crece. Sus homilías eran esperadísimas. Se llenan las iglesias. Sus palabras brotaban de una vida intensa de oración.

Hablaba con valentía apostólica, sin miedo a las consecuencias, defendiendo la fe, la Iglesia, los derechos de los fieles. El choque con el nacionalsocialismo era inevitable. La Gestapo le prohibió predicar.

Él siguió predicando y fue encarcelado. Salió de la cárcel y volvió a predicar, alentado por sus superiores y el cardenal Faulhaber. Fue de nuevo encarcelado y puesto en libertad. Detenido por tercera vez en 1939 fue deportado al campo de concentración de Orianenburg, cerca de Berlín. En 1940 fue confinado en la Abadía de Ettal, en el sur de Baviera.

Esta oración suya nos descubre su espíritu: “Señor, suceda lo que Tú quieras y como Tú quieras. Yo estoy pronto, hoy y siempre. Señor, lo que Tú quieras, lo acepto. Lo que Tú quieras para mí es un beneficio, basta que yo sea tuyo. Señor, porque Tú lo quieres, está bien, yo descanso en tus manos”.

Liberado en mayo de 1945, murió en Munich el 1 de noviembre del mismo año, mientras predicaba en la Misa. Todos lloraron su muerte, los pobres, los profesionales, los miembros de sus Congregaciones Marianas…

Desde entonces, la cripta de Bürgersaal, en Munich, donde reposan sus restos, es el sitio más concurrido de la ciudad. Hasta cinco o seis mil personas, de toda edad y condición, acuden diariamente a cubrir la cripta de flores y a orar ante él, para que les siga iluminando desde el cielo.

El 3 de mayo de 1987 fue un día grande para Munich. Ese día, Juan Pablo II, en su visita pastoral a la ciudad, celebró la solemne ceremonia de la Beatificación del P. Ruperto Mayer. Día de gozo y de esperanza para todos.

 

Otros Santos de hoy: Severo, Félix, Leoonardo, Cristina, Teobaldo.

Justo y Rafael Mª López-Melús