Vísperas – San León Magno

VÍSPERAS

SAN LEÓN MAGNO, papa y doctor

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Soy ministro del Evangelio por el don de la gracia de Dios.

SALMO 111

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor.
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre.

CÁNTICO del APOCALÍPSIS

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. En toda la Iglesia, Pedro afirma cada día: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En toda la Iglesia, Pedro afirma cada día: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú, que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, tú que no permites que el poder del infierno derrote a tu Iglesia, fundada sobre la firmeza de la roca apostólica, concédele, por los ruegos del papa san León Magno, permanecer siempre firme en la verdad, para que goce de una paz duradera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 17,7-10
¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’ Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de Lucas, sin paralelo en los otros evangelios. La parábola quiere enseñar que nuestra vida debe caracterizarse por la actitud de servicio. Empieza con tres preguntas y, al final, Jesús mismo da la respuesta.
• Lucas 17,7-9: Las tres preguntas de Jesús. Se trata de tres preguntas sacadas de la vida de cada día, para las cuales los oyentes adivinaban ya la respuesta. Las preguntas son formuladas de tal manera que invitan a cada oyente a que piense en su propia experiencia y, desde su experiencia, trate de dar una respuesta. La primera pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?” Todo el mundo responderá: “¡No!” Segunda pregunta: “¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?” Todo el mundo contestará: “¡Sí! ¡Claro!” Tercera pregunta: De igual modo “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? Todo el mundo contestará: “¡No!” Por la manera que Jesús tiene de plantear preguntas, la gente percibe hacia qué dirección quiere orientar nuestro pensamiento. Quiere que seamos servidores unos de otros.
• Lucas 17,10: La respuesta de Jesús. Al final, Jesús mismo saca la conclusión que ya estaba implícita en las preguntas: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Jesús mismo nos da el ejemplo cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). El servicio es un tema que gusta a Lucas. El servicio representa la forma como los pobres del tiempo de Jesús, los anawim, esperaban al Mesías: no como un Mesías glorioso, re, sumo sacerdote o juez, sino como el Siervo de Yavé, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). A María, la madre de Jesús, se le presenta el ángel: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!” (Lc 1,38). En Nazaret, Jesús se presenta como el Siervo, descrito por Isaías (Lc 4,18-19 e Is 61,1-2). En el bautismo y en la transfiguración, fue confirmado por el Padre que cita las palabras dirigidas por Dios al Siervo (Lc 3,22; 9,35 e Is 42,1). A sus seguidores Jesús pide “Quien quiere ser el primero, se haga siervo de todos” (Mt 20,27). ¡Siervos inútiles! Es la definición del cristiano. Pablo habla de esto a los miembros de la comunidad de Corinto cuando escribe: “Yo planté, Apolo regó; pero quien dio el crecimiento fue Dios. Ni el que planta, ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento” (1Cor 3,6-7). Pablo y Apolo no son que instrumentos, “servidores”. Lo que vale es Dios, ¡y sólo El! (1Cor 3,7).
Servir y ser servido. Aquí, en este texto, el siervo sirve al señor, y no el señor al siervo. Pero en otro texto de Jesús, se dice lo contrario: “Dichosos los siervos que el señor encuentra en vela cuando llega; en verdad os digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37). En este texto el señor sirve al siervo, y no el siervo a su señor. En el primer texto, Jesús habla del presente. En el segundo texto, Jesús habla del futuro. Este contraste es otra manera de decir: gana su vida aquel que está dispuesto a perderla por amor a Jesús y al Evangelio (Mt 10,39; 16,25. Quien sirve a Dios en esta vida, será servido por Dios en la vida futura.

4) Para una reflexión personal

• ¿Cómo defino mi vida?
• Ponte las mismas preguntas de Jesús. ¿Vivo como un siervo inútil?

5) Oración final

Conoce Yahvé la vida de los íntegros
su heredad durará para siempre;
en tiempo de escasez no se avergonzarán,
en días de penuria gozarán de hartura. (Sal 37,18-19)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

XVI. CAMINO DE JERUSALÉN

1.- LA VIUDA DE NAÍN

Lc 7, 11-17

Después del Sermón de la Montaña y de la curación del siervo del centurión, Jesús manifestó la firme intención de marchar a Jerusalén. Y envió por delante unos mensajeros. Decidió ir por el interior, a través de Samaria.

El Señor abandonó el lago y se dirigió primero a Nazaret, en el interior, para tomar la Vía maris. En el camino pasó por una pequeña ciudad, Naín[1], a 32 km de Cafarnaún, donde había curado al siervo del centurión. Le acompañaban sus discípulos y muchos otros que no se cansaban de verle y de oírle.

Al entrar en la ciudad, Jesús y quienes le acompañaban vieron una comitiva numerosa de gente que llevaba un muerto a enterrar. Los entierros normalmente tenían lugar la tarde del mismo día de la muerte. Cuando se producían estos encuentros, era costumbre esperar y dejar paso al cortejo fúnebre. El que llevaban a enterrar era hijo único, y su madre viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. El cementerio estaba situado, como era normal entre los hebreos, a cierta distancia de las viviendas, fuera de la población.

El Señor abandonó el lago y se dirigió a Nazaret, para tomar un ramal de la vía maris. Después pasó por Naín, a unos diez kilómetros al sureste de Nazaret. Al no ser bien acogido por un pueblo de samaritanos, tomó el camino del Jordán hasta Jericó. No tenemos detalles muy precisos de este viaje.

Jesús vio a la madre de cerca y se compadeció, le dio pena aquella mujer que lloraba a su hijo único. Se dirigió hacia ella y la consoló: No llores, le dijo. No fue un consuelo solo de palabras, como el de los demás. Se acercó y tocó el féretro. Este consistía en unas sencillas parihuelas en las que se llevaba el cadáver envuelto en una sábana. Los que lo llevaban se detuvieron. Todos estaban admirados de la majestad y la sencillez de Cristo ante el difunto.

Entonces, el Señor dijo: Muchacho, a ti te digo, levántate. Y, ante el estupor de todos, el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. A continuación, escribe san Lucas, Jesús se lo entregó a su madre. San Agustín comenta que aquella madre es imagen de la Iglesia, que se alegra cada día con sus hijos pecadores que vuelven a la vida de la gracia[2].

Al ver al hijo que hablaba como antes, se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. San Lucas añade que la fama de Jesús se extendió por todas partes. El milagro no era para menos. Aquel muchacho se convirtió en un signo vivo de la divinidad de Jesús.


[1] Actualmente Neus (DEB, p. 1076).

[2] Sermón 98, 2.

Comentario – Martes XXXII de Tiempo Ordinario

Jesús, recurriendo a un comportamiento propio de la vida social en la que él se desenvuelve, nos invita a mantener una actitud de humildad en el cumplimiento del deber (=lo que teníamos que hacer) que no es sino la respuesta adecuada a lo que Dios quiere de nosotros. Decía Jesús: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú»?

Jesús parte de un supuesto: el de un criado que trabaja para nosotros como labrador o pastor. Pero la obligación de este criado no se reduce a las tareas agrícolas o ganaderas; desempeña también tareas de servicio doméstico. Su jornada laboral se prolonga, pues, hasta completar estos servicios. No se concibe, por tanto, que a la vuelta del campo, el amo le diga: Siéntate a la mesa que voy a ponerte de cenar. Un amo nunca sirve al criado. Es el criado el que sirve al amo en todas las circunstancias. Así estaba socialmente establecido. Por eso lo usual es que se le diga: Prepárame de cenar, y luego comerás tú.

El trabajo de este criado era en parte similar al servicio doméstico de una “interna” en nuestros días. ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado, es decir, porque ha cumplido su obligación? La respuesta a esta pregunta, aunque parezca adolecer de humanidad, es no. Es lo que le corresponde hacer como criado. Forma parte de su contrato. Y finalmente la aplicación: Lo mismo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Aquí hay sin duda una invitación a la humildad. No podemos vanagloriarnos en ningún caso de nuestras obras en la presencia de Dios, ni podemos presentarnos ante Él con exigencias. Ante Él no cabe la prepotencia ni la reivindicación salarial. Sólo cabe reconocer lo que somos: unos pobres siervos, que después de haber cumplido sus obligaciones, se limitan a decir: hemos hecho lo que teníamos que hacer.

Ésta tendría que ser nuestra actitud. Pero esto no significa que para Dios seamos unos simples siervos que no merecen siquiera una muestra de gratitud. Desde el momento en que Dios nos ha hecho hijos, nos reconoce y nos trata como a hijos. Basta que releamos la parábola del hijo pródigo para tomar conciencia de ello. Lo mismo hace Jesús con sus discípulos, a quienes eleva al rango de amigos, porque les ha dado a conocer su intimidad.

El hecho, sin embargo, de que Dios nos quiera y nos trate como a hijos no contradice la actitud de humildad que espera encontrar en nosotros tras haber cumplido todo lo mandado, similar a la de un criado dócil en relación con su amo. Creo que ambas cosas son compatibles: la conciencia de hijo y la actitud de siervo, que no se siente digno de recibir de su señor más que lo que éste considere oportuno. Al menos, estas dos conciencias confluyen en María: la de hija y la de esclava del Señor. Y la una no le quita el puesto a la otra. Que el Señor nos mantenga hijos “sin exigencias”, hijos con conciencia de siervos, es decir, hijos con conciencia de indignidad o hijos que lo son por pura gracia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

Presencia de Cristo en la Liturgia

7. Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt., 18,20). Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno.

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

Ofertorio – Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UN PUZZLE

(Puede hacer la presentación uno de los o una de las adolescentes)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Aquí tienes, Señor, este puzzle. Como bien sabes, es un juego de niños y de niñas que, para formar una imagen, necesita mil pequeñas piezas. Yo te lo ofrezco hoy como el símbolo de nuestra disponibilidad a la colaboración y la cooperación con todos los hombres y mujeres. Que allí donde haya un problema o una necesidad de una persona, estemos nosotros y nosotras siempre dispuestos a colaborar con todos los demás en la búsqueda de su solución y en la construcción de tu Reino.

PRESENTACIÓN DE UN RELOJ

(Lo presenta cualquier persona joven o adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco este reloj, símbolo del tiempo e instrumento para su medición. Pero hoy te lo traigo como imagen de tu señorío sobre la historia. Tú la diriges y, sentado a la derecha del Padre, la atraes hasta Ti como a su único sentido. Haznos colaboradores tuyos, para que en Ti todo logre su plenitud.

PRESENTACIÓN DE UNA BALANZA

(Lo presenta una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí tienes una balanza, que es un instrumento para pesar las cosas. Sin embargo, en la iconografía clásica era representación del juicio final, pues en ella Tú pesabas nuestras obras. Hoy te la ofrezco como símbolo de mi confianza y de mi empeño diario a tus dones. Mi vida y mi persona están en Ti y no descansarán hasta que gocen de Ti en tu Reino. Mi confianza no me hace temer tu juicio, pues bien sé que en Ti está mi salvación. Ayúdame a responder cada día a tus dones.

PRESENTACIÓN DE UNA CESTA DE LA COMPRA

(Una cesta de compra, de esas que existen en todas las casas, que puede ser presentada por un ama de casa de la comunidad. Bajo ella se esconde la tentación consumista de todo ser humano. Es una tentación de adormecimiento)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo un instrumento de mi trabajo, aunque a la vez es signo del afán consumista que nos invade a todos y a todas los que formamos la sociedad actual. Haz, Señor, que no caigamos en la trampa consumista, porque, de lo contrario, en nada nos distinguiríamos de este mundo y sus valores. Danos luz para discernir, para permanecer despiertos, despiertas y en vela, porque Tú nos prometiste tu Espíritu para poder vivir según el estilo de Jesús.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO RELIGIOSO DE OTRA RELIGIÓN

(Puede hacer esta ofrenda una de las mujeres de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, por mi parte, yo te ofrezco este libro de otra religión. Con él, te quiero hacer presente, en mi nombre y en el de toda la comunidad, que de la misma manera que Tú eres el Padre de todas las personas, pertenezcan a la religión que sea, nosotros y nosotras nos comprometemos a ser dialogantes, cercanos y cercanas, a colaborar con todos los hombres y mujeres con los y con las que nos encontremos en nuestro caminar, aunque su piel tenga otro color, o tengan una religión diferente.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE PASTORAL JUVENIL

(Sería bueno y deseable que hubiera una representación maja de los animadores y las animadoras de la pastoral juvenil de la Comunidad. Uno de ellos o una de ellas realiza la ofrenda del símbolo que ellos mismos y ellas mismas han preparado)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, nos presentamos un grupo de los animadores y de las animadoras de la pastoral con los y las jóvenes de nuestra Comunidad. Tú sabes bien que no es nada fácil la tarea que tenemos entre manos. Por eso mismo te la ofrecemos y ofrecemos también el PROYECTO que tenemos para este curso pastoral y las acciones que, con tu ayuda, nos proponemos llevar adelante. Ayúdanos en la tarea y haz que seamos TESTIGOS de Ti mismo en medio de nuestros y nuestras adolescentes y jóvenes.

Oración de los fieles – Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

Tu Señor de cielo y tierra; creador de todo, que confiaste al hombre su cuidado, hazte presente en nuestros corazones para que todos caminemos según tus designios:

MÁNDANOS TU LUZ, SEÑOR.

1. – Por el Papa Francisco, para que la luz de su altísima misión ilumine los corazones de todos los que tiene a su cuidado. OREMOS

2.- Por todos los obispos y por cada una de sus diócesis para que ellos sepan ser continuadores de los apóstoles y sus rebaños sigan a Cristo, el único Pastor. OREMOS

3.– Por todas las personas que se esfuerzan en cumplir con su trabajo para que el Señor sea la guía de sus desvelos haciendo más llevadera su labor. OREMOS

4.– Por las familias cristianas, para que el servicio al otro sea la fuente de inspiración a la hora de construir el hogar. OREMOS

5.– Por todos aquellos que no tienen trabajo o éste no es estable para que la sociedad les de una oportunidad para desarrollar los talentos que Dios les ha dejado. OREMOS

6.– Por todos los dirigentes políticos y todos los que tienen algún cargo público, para que su única meta sea el servicio para alcanzar el bienestar de su pueblo. OREMOS

7.- Por todos aquellos que tienen una especial sensibilidad hacia tus criaturas y hacia el cuidado de este mundo, para que trasmitan esa inquietud al resto de habitantes del planeta. OREMOS

8.- Por todos los que asistimos a esta eucaristía, para que al compartir el cuerpo de Cristo nazcan en nosotros los mismos sentimientos de amor y compasión hacia nuestros hermanos. OREMOS

Padre, acoge en tu infinita bondad todo aquello que tu pueblo con insistencia y confianza presenta ante tu altar. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


El Señor, Dios Padre, desde su gran misericordia, nos ha llenado de bienes y nos ha dicho: “pedid y recibiréis”. Con esta confianza ponemos en sus manos nuestras peticiones.

AYÚDANOS A RESPONDER CON GENEROSIDAD.

1.- Por la Iglesia, portadora del evangelio de Cristo, para que nos haga ver que por encima de las normas está la fidelidad y el amor, vividos como Jesús los vivió en cada momento de su vida. OREMOS

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, portadores del don de consagrar en la Eucaristía, para que nos ayuden a descubrir la grandeza que encierra poder recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que es fortaleza en nuestro camino. OREMOS

3.- Por todos los que viven alejados e insatisfechos; para que sientan nuestra cercanía y nuestra generosidad. OREMOS

4.- Por los que están solos, por los pobres, por los carentes de amor; para que compartamos con ellos esos dones que Dios ha puesto en nuestras manos. OREMOS

5.- Por las familias, los matrimonios con problemas, los hijos que se alejan, los hermanos que no se hablan; para que descubran que tienen en sus manos el don del arrepentimiento y del perdón. OREMOS

6.- Por todos los que celebramos esta Eucaristía; para que seamos conscientes de que los dones recibidos son regalo de Dios y nos esforcemos por mejorarlos y compartirlos. OREMOS

Señor, Dios Padre Nuestro, que no olvidemos la responsabilidad que hemos adquirido al recibir tantas gracias de Ti. Confiando en tu misericordia, nos ponemos en tus manos para que nos ayudes a dar una respuesta generosa.

Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Comentario al evangelio – Martes XXXII de Tiempo Ordinario

      Hay gente que tiene la suerte de trabajar en lo que les gusta. He conocido fontaneros y carpinteros que disfrutaban con su trabajo y con hacerlo bien. Hoy el Evangelio habla de los siervos. Dice que somos siervos y que lo único que tenemos que hacer es cumplir con nuestro deber. Y que más allá de eso no hay nada. 

      Así leído el Evangelio es un poco tirano. Parece que al seguidor de Jesús no le queda más que agachar la cabeza, cumplir con su deber, con lo que tiene que hacer, con las leyes que le imponen, y nada más. No hay derecho ni a una sonrisa. Como decía un formador mío en el seminario, la vida de los seminaristas se parecía a un paño de tela. Si hay en el paño una falta, una trama mal hecho, se ve, se señala y se corrige. Pero si el paño está bien tramado y sin faltas, no hay nada que decir. Es lo normal. Aplicado eso a la vida del seminarista, significaba que si había algo que corregir, se corregía, pero si el seminarista, era un buen tipo y hacía las cosas bien, no había nada que decir. Ni una buena palabra, ni de alabanza ni de ánimo. Porque lo normal es hacer las cosas bien. 

      Vamos a mirar este Evangelio desde otra perspectiva. Dice Jesús que el siervo no merece gratificación. Cierta. Pero es que el mismo trabajo que hace el siervo ya es su gratificación. Los que estamos en la Iglesia, los que nos sabemos hijos e hijas de Dios, los que trabajamos fomentando la concordia, la fraternidad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el perdón, tenemos nuestra gratificación en ese mismo trabajo. Porque ¿qué más compensación queremos que encontrar la mano del hermano y su rostro que nos mira con un gracias en sus ojos? ¿Qué más gratificación queremos que encontrarnos con la mano que nos ayuda y nos invita a levantarnos cuando estamos caídos?

      Nosotros, fieles cristianos, somos como esos carpinteros o fontaneros que de que hablaba al principio que están felices de trabajar en lo suyo, que les encanta hacer las cosas bien por pura satisfacción personal. Nosotros tenemos la inmensa suerte de haber sido invitados y llamados por Dios para participar en su reino. ¿Hay mejor destino que ese? ¿Podemos pedir alguna gratificación adicional más allá de sentirnos amados y queridos por Dios? 

      Ahora podemos entender a Jesús cuando, una vez cansados del trabajo diario, nos invita a reconocer que “somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.” No hay que decir más porque somos conscientes de que somos unos privilegiados. Y que nuestro trabajo no consiste más que en hacer, con nuestros actos y con nuestra vida, que el amor de Dios llegue a todos, que nuestros privilegio lo conozcan y lo compartan todos. ¡Qué gozada!

Fernando Torres, cmf