Vísperas – San Martín de Tours

VÍSPERAS

SAN MARTÍN DE TOURS, obispo

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida!

Señor, ¿quién puede hospedarse en su tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida!

SALMO 111

Ant. Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no regio el trabajo; hágase tu voluntad.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor.
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no regio el trabajo; hágase tu voluntad.

CÁNTICO del APOCALÍPSIS

Ant. El obispo San Martín partió de este mundo, y ahora vive glorioso con Cristo, como gloria de los sacerdotes.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El obispo San Martín partió de este mundo, y ahora vive glorioso con Cristo, como gloria de los sacerdotes.

toda la tierra.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Oh bienaventurado pontífice, que amaste con todo tu corazón a Cristo rey y no temiste los poderes de este mundo! ¡Oh alma santísima, que, sin haber sido separada de tu cuerpo por la espada del perseguidor, has merecido, sin embargo la palma de martirio!

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh bienaventurado pontífice, que amaste con todo tu corazón a Cristo rey y no temiste los poderes de este mundo! ¡Oh alma santísima, que, sin haber sido separada de tu cuerpo por la espada del perseguidor, has merecido, sin embargo la palma de martirio!

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que fuiste glorificado con la vida y la muerte de tu obispo san Martín de Tours, renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia, para que ni la vida ni la muerte puedan apartarnos de tu amor.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 17,11-19
De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
3) Reflexión
• En el Evangelio de hoy, Lucas cuenta como Jesús cura a diez leprosos, pero uno sólo le agradece. ¡Y era un samaritano! La gratitud es otro tema muy propio de Lucas: vivir con gratitud y alabar a Dios por todo aquello que recibimos de él. Por esto, Lucas habla muchas veces de que la gente quedaba admirada y alababa a Dios por las cosas que Jesús hacía (Lc 2,28.38; 5,25.26; 7,16; 13,13; 17,15.18; 18,43; 19,37; etc.). El evangelio de Lucas contiene varios cánticos e himnos que expresan esta experiencia de gratitud y de reconocimiento (Lc 1,46-55; 1,68-79; 2,29-32).
• Lucas 17,11: Jesús, camino hacia Jerusalén. Lucas recuerda que Jesús estaba de camino hacia Jerusalén, pasando por Samaría para ir a Galilea. Desde el comienzo del viaje (Lc 9,52) hasta ahora (Lc 17,11), Jesús va por Samaría. Sólo ahora está saliendo de Samaría, pasando por la Galilea para poder llegar a Jerusalén. Esto significa que las importantes enseñanzas, dadas en estos capítulos de 9 a 17, fueron dadas todas en un territorio que no ero judío. El oír esto tiene que haber sido motivo de mucha alegría para las comunidades, venidas del paganismo. Jesús, el peregrino, sigue su viaje hasta Jerusalén. Sigue eliminando las desigualdades que los hombres han creado. Sigua el largo y doloroso camino de la periferia hacia la capital, de una religión cerrada en sí misma, a una religión abierta que sabe acoger a los otros como hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre. Esta apertura se verá en la acogida dada a los diez leprosos.
• Lucas 17,12-13: El grito de los leprosos. Diez leprosos se acercan a Jesús, se paran a distancia y gritan: “Jesús, maestro, ¡ten piedad de nosotros!” El leproso era una persona excluida. Era marginado y despreciado, sin el derecho a vivir con su familia. Según la ley de la pureza, los leprosos debían de ir con ropa rota y el cabello suelto gritando: “¡Impuro! ¡Impuro!” (Lv 13,45-46). Para los leprosos, la busca de un tratamiento significaba lo mismo que buscar la pureza para poder ser reintegrados en la comunidad. No podían acercarse a los otros (Lv 13,45-46). Si un leproso tocaba a alguien le causaba impureza y creaba un impedimento para la que la persona pudiera dirigirse a Dios. A través de este grito, ellos expresaban la fe en que Jesús podía curarlos y devolverles la pureza. Obtener la pureza significaba sentirse, de nuevo, acogido por Dios y poderse dirigir a El para recibir la bendición prometida a Abrahán.
• Lucas 17,14: La respuesta de Jesús y la sanación. Jesús responde:”¡Vete a mostrar a los sacerdotes!” (cf. Mc 1,44). Era el sacerdote que debía verificar la curación y dar el atestado de pureza (Lv 14,1-32). La respuesta de Jesús exigía mucha fe de parte de los leprosos. Deben ir donde el sacerdote como si ya estuvieran curados, cuando, en realidad, su cuerpo seguía cubierto de lepra. Pero ellos creen en la palabra de Jesús y van donde el sacerdote. Y ocurre que mientras van de camino, se manifiesta la curación. Quedan purificados. Esta curación evoca la historia de la purificación de Naamán de Siria (2Re 5,9-10). El profeta Eliseo mandó al hombre que se lavara en el Jordán. Naamán tenía que creer en la palabra del profeta. Jesús ordena a los diez leprosos que se presenten a los sacerdotes. Ellos tenían que creer en la palabra de Jesús.
• Lucas 17,15-16: Reacción del samaritano. “Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano”. ¿Por qué los otros no volvieron? ¿Por qué sólo el samaritano? En la opinión de los judíos de Jerusalén, el samaritano no observaba la ley como era debido. Entre los judíos había la tendencia a observar la ley para poder merecer o conquistar la justicia. Por la observancia, ellos iban acumulando créditos ante Dios. La gratitud y la gratuidad no forman parte del vocabulario de las personas que viven así su relación con Dios. Tal vez sea por esto que no agradecieron el beneficio recibido. En la parábola del evangelio de ayer, Jesús había formulado la pregunta sobre la gratitud: “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron?” (Lc 17,9) Y la respuesta era: ¡No! El samaritano representa a las personas que tienen la conciencia clara de que nosotros, los seres humanos, no tenemos mérito, ni crédito ante Dios. Todo es gracia, empezando por el don de la vida.
• Lucas 17,17-19: La observación final de Jesús. Jesús se extraña: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” Para Jesús, agradecer a los demás por el beneficio recibido es una manera de dar a Dios la alabanza que le es debida. En este punto, los samaritanos deban lecciones a los judíos. Hoy son los pobres los que desempeñan el papel del samaritano y nos ayudan a redescubrir esta dimensión de la gratuidad de la vida. Todo lo que recibimos tiene que ser visto como un don de Dios que viene hasta nosotros a través del hermano, de la hermana.
• La acogida dada a los samaritanos en el evangelio de Lucas. Para Lucas, el lugar que Jesús daba a los samaritanos es el mismo que el que las comunidades tenían que reservar a los paganos. Jesús presenta al samaritano como un modelo de gratitud (Lc 17,17-19) y de amor al prójimo (Lc 10,30-33). Esto debía ser muy chocante, pues para los judíos, samaritano o pagano, era la misma cosa. No podían tener acceso a los atrios interiores del Templo de Jerusalén, ni participar del culto. Eran considerados portadores de impureza, impuros desde la cuna. Para Lucas, pero, la Buena Nueva de Jesús se dirige, en primer lugar, a las personas y a los grupos considerados indignos de recibirla. La salvación de Dios que llega hasta nosotros en Jesús es puro don. No depende de los méritos de nadie.
4) Para la reflexión personal
• Y tú, ¿sueles agradecer a las personas? ¿Agradeces por mera costumbre o por convicción? Y en la oración: ¿agradeces u olvidas?
• Vivir en la gratitud es una señal de la presencia del Reino en medio de nosotros. ¿Cómo transmitir para los demás la importancia de vivir en la gratitud y en la gratuidad?
5) Oración final
Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas. (Sal 23,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 15, 46-47

46Y, tras comprar un paño de lino, bajándolo, lo envolvió en el paño y lo depositó en un sepulcro que había sido 47tallado en la roca, e hizo rodar una piedra sobre la puerta del sepulcro. Pero María Magdalena y María de Josetocontemplaban donde había sido puesto».

El cuerpo de Jesús debe ser depositado en un sepulcro, y esta acción se describe concisamente en 15,46. José solicitó el cuerpo de Jesús, y Pilato le concedió el cadáver, pero ahora José lo baja, lo envuelve en un sudario y lo coloca en la tumba (los tres lo son en griego pronombre personal masculino, pero cadáver es neutro). Es posible que este cambio refleje una importancia más profunda: mientras José y Pilato consideran que Jesús ha sido reducido al estado de cadáver, el narrador lo ve aún como ser animado, en línea con el pensamiento común del AT «se reunió con su pueblo / con sus padres» (Gn 25,8.17; 49,29; Jue 2,10, etc.). Por tanto, el pronombre personal masculino repetido tres veces puede presagiar la resurrección de Jesús.

Marcos describe lo que podríamos denominar una sepultura «básica»: José compra un paño de lino que sirva de envoltorio, baja el cuerpo de Jesús de la cruz, lo envuelve en el paño y lo coloca en el sepulcro que cree que será su lugar de reposo final (15,46a). Los ritos acostumbrados de preparación del cadáver, lavado y unción con perfumes (cf. Hch 9,37), no se mencionan (contrástese con Jn 19,39-40), por lo que algunos han considerado esta omisión como un signo de la falta de respeto hacia Jesús por parte de José. Sin embargo, la necesidad de haber enterrado a Jesús antes del ocaso pudo haber impedido las exequias habituales. Por tanto y sencillamente, no hubo tiempo el viernes por la tarde para un lavado y unción apropiados del cuerpo de Jesús. En la historia marcana, sin embargo, este déficit se compensa de dos modos. Primero, el cuerpo de Jesús ha sido ya ungido por una mujer en Betania, que había vertido un ungüento precioso sobre su cabeza dos días antes de su muerte (cf. 14,8). Segundo, las mujeres que son testigos de las acciones de José intentarán compensar su omisión yendo al sepulcro para ungir el cadáver de Jesús cuando se termine el sábado, dos días después de su muerte (16,1).

Después de la concisa descripción de la preparación del cuerpo, la tumba en sí concentra la atención: Marcos nos informa de que había sido «tallada en la roca» (15,46b). Esta era la forma normal de la construcción de tumbas en la primitiva Palestina romana; las tumbas se tallaban en la blanda base de roca calcárea tan común en la zona. El enterramiento de Jesús en la tumba de un extraño es en parte resultado del hecho de que muere lejos de su casa familiar, pero también acentúa el aislamiento que lo ha caracterizado a lo largo de todo el relato marcano de la Pasión.

Debemos imaginarnos, pues, que José coloca el cuerpo de Jesús, envuelto en un sudario, dentro de un nicho funerario, y que luego hace rodar una piedra sobre la apertura de la tumba para sellarla (15,46c). El cuerpo de Jesús está encerrado triplemente, y al parecer de un modo seguro, por su sudario, el loculus y la tumba, ocluida por una piedra. Y la descripción de las acciones de José tiene un aire de final del personaje. Pero la conclusión del pasaje con la noticia de las dos Marías que ven donde ha sido depositado Jesús (15,47) insinúa que hay algo más que va a venir y mira hacia el pasaje final del evangelio. En tal pasaje, estas mismas mujeres volverán a la tumba el domingo por la mañana para completar la preparación del cadáver que José ha dejado inacabada, pero serán incapaces de hacerlo. En el camino, las mujeres se preocuparán de cómo entrarán en el sepulcro sellado, pero esto no será problema alguno. Y no será tampoco la última sorpresa que les espera en el sepulcro de Jesús.

Comentario – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

El evangelista refiere que Jesús iba camino de Jerusalén, entre las regiones de Galilea y Samaría. Y al entrar en un pueblo le salieron al encuentro diez leprosos que lo reconocen; por eso, manteniéndose a distancia, como era preceptivo, le gritan: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

La fama del maestro sanador se había extendido a muchos lugares. No es extraño, por tanto, que acudan a él de todas partes buscando el beneficio de la curación. Tratándose de enfermos, suplicarle compasión era solicitar el bien de la salud de que estaban tan faltos. Y Jesús responde a su solicitud porque es compasivo y misericordioso. Pero a veces lo hace, como en este caso, de una manera casi imperceptible. Jesús se limita a darles una consigna: Id a presentaros a los sacerdotes.

Eran los sacerdotes quienes tenían que confirmar la curación de los leprosos, declarándoles puros y permitiéndoles reintegrarse de nuevo en la vida social ordinaria, puesto que vivían apartados de los núcleos poblados, en el extrarradio de las ciudades y aldeas. Aquella consigna con tono de mandato tuvo que sonarles a buen augurio. Por eso se disponen de inmediato a ejecutarla. Y mientras van de camino, quedan limpios.

La explosión de alegría tuvo que ser extraordinaria. Pero de los diez leprosos, sólo uno, viéndose curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, se echó por tierra a los pies de Jesús y le dio gracias. Entiende que es Dios el que ha obrado en su favor por medio de Jesús. Por eso tiene alabanzas para Dios, reconociendo su grandeza y su poder, y gratitud para con Jesús, agradeciendo su compasión y acogiéndole como aliado de Dios, que realiza por su medio grandes obras. El leproso consciente del don y agradecido era un samaritano. De nuevo, el no judío, el cismático, el excluido, ganándose los elogios de Jesús, que repara en este hecho y lo pone de relieve: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Pues sí, resulta que el único que había vuelto para agradecer el beneficio de la curación y para dar gloria a Dios era un extranjero, más aún, un cismático, aquel del que menos cabía esperarlo. En realidad era un ser humano que tenía fe en Dios y en su enviado, Jesucristo. Y porque tenía fe, podía esperar de ellos la curación de su enfermedad y la liberación de su maldición. Y cuando la obtiene, después de haberla suplicado, la agradece glorificando a Dios y dando gracias a su inmediato sanador.

También aquel leproso había enfermado y había recuperado la salud para que se hiciera manifiesta en él la gloria de Dios. En cierta ocasión le preguntaron a Jesús los fariseos: ¿Por culpa de quién está este ciego? ¿Quién pecó: él o sus padres? Y Jesús respondió: Ni él ni sus padres. Éste está ciego para que se vea la gloria de Dios. Y la gloria de Dios se dejó ver en su curación. Aquí también sucede lo mismo: La gloria de Dios resplandece en la acción curativa de Jesús y en los labios de aquel leproso extranjero que, reconociendo el milagro, da gloria a Dios.

Jesús, aunque echa en falta la reacción agradecida de los otros nueve leprosos curados, se limita a despedir a aquel leproso que sí ha sabido valorar el don, con palabras portadoras de salvación: Tu fe te ha salvado. Porque ha sido la fe de esos leprosos que suplican a Jesús compasión, la que les ha curado. Sin esta fe, no hubiera actuado en su favor. La fe es requisito imprescindible para obtener el beneficio. Es la fe la que empuja a pedir, porque espera obtener lo que pide. Es la fe la que orienta la petición en la buena dirección. Aunque la salvación venga de Dios, y no pueda venir de otra parte que de Dios, es la fe que ponemos en Él la que nos salva, porque sólo la fe abre la compuerta de la actuación divina. Por eso es tan importante la fe, más que la “puerta” el “dispositivo” que abre la puerta de la humanidad a Dios.

Jesús devolvió a aquel leproso la limpieza de su carne y suscitó la respuesta agradecida y el deseo de glorificar a Dios que albergaba su corazón. Y la fe que lo había salvado le puso definitivamente en el camino de salvación, un camino que tenía que pasar también por Jerusalén, el lugar de la consumación. Que el Señor nos mantenga con fe para pedir, con atención para percibir sus beneficios, con sensibilidad para agradecer y con energías para alabarle y glorificarle.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

Liturgia terrena y Liturgia celeste

8. En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con El.

Comentario Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Queremos, Señor Jesús, escucharte en tu Palabra. Y escuchándola, sintonizar con tu corazón de Hijo confiado en el Padre del cielo, aprender a orar Contigo, a esperar con paciencia activa, a amar y a perdonar sin cansarnos. Saber una y otra vez cuánto te importa cada hombre y cada mujer, cuánto te interesa nuestra propia paz y felicidad. Enséñanos, Jesús, Señor y Hermano nuestro, a conocerte a través de tu evangelio. ASI SEA.

Mt 25, 14-30

«[El Reino de los cielos es] 14como un hombre que se marchaba fuera y llamó a sus siervos y los dejó encargados de sus bienes: 15a uno le dio cinco talentos; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Y luego se marchó fuera. 16Al instante, fue el que había recibido cinco talentos y negoció con ellos y ganó 17otros cinco. Igualmente, el que había recibido dos ganó otros dos.

18Pero el que había recibido uno fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.

19Después de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar cuentas con ellos.

20Y acercándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos”.

21Le dijo su señor: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra a la fiesta de tu señor”.

22Acercándose también el de los dos talentos, dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos”.

23Le dijo su señor: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra a la fiesta de tu señor”.

24Acercándose también el que había recibido un talento, dijo: “Señor, sabiendo que tú eres un hombre duro, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, 25atemorizado fui a esconder tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo tuyo”.

26Respondiendo su señor, le dijo: “¡Siervo malvado y holgazán! ¿Sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? 27Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. 28Así que quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. 29Porque al que todo tiene le será dado y le sobrará; pero al que no tiene, hasta lo que tiene le 30será quitado. Y a ese siervo inútil echadlo a la tiniebla de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Continúa el evangelio de Mateo y hoy leemos la perícopa siguiente a la que leíamos el domingo pasado: la famosa parábola de los talentos. A nuestra perícopa sigue la grandiosa escena del Juicio Final (25,31-46), con la que se pone punto final al Discurso Escatológico (“escatológico” viene de la palabra griega “eschatos”, que significa “último”, así que “escatológico” es lo que hace referencia a los últimos tiempos). Después, con el comienzo del capítulo 26, comienza el relato mateano de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (26-28). El texto de hoy continúa con el tema de la responsabilidad humana, que es central en este último discurso de Jesús, y una de las líneas de fuerza de todo el evangelio de Mateo. El texto nos pide reflexión sobre el modo como gestionamos los dones concedidos por Dios.

TEXTO

Esta nueva parábola nos hace recordar, con términos y expresiones, parábolas anteriores como la del siervo sin entrañas de 18,23-35, o la más cercana del mayordomo de 24,45-51. La parábola tiene tres partes: a) la entrega de los talentos del señor antes de irse de viaje (vv. 14-15); b) la reacción de los tres siervos (vv. 16-18); c) la larga escena final, que narra el encuentro del señor a la vuelta con sus tres siervos (vv. 19-30). En ella sorprende la gran desigualdad entre el tiempo dedicado a los siervos: tras el corto diálogo con los dos primeros siervos (vv. 20- 21 y 21-22), el diálogo mantenido con el tercer siervo ocupa un espacio enorme (vv. 23-30), aunque desde el v. 28 puede considerarse que comienza la conclusión de la parábola. El interés del texto reside, pues, en el tercer siervo y en lo que el señor le dice. La narración contiene numerosas repeticiones y correspondencias, entre las que destaca, por su hondura metafórica, la expresión “entra a la fiesta de tu señor”.

ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús, como todo judío de su tiempo, participa del pensamiento escatológico. Para él, la fecha del tiempo final no es conocida, es un secreto del Padre (cf. Mc 13,32). Por eso, Jesús sigue invitando a estar preparados, a vigilar.

• La llamada a velar, o vigilar, que recibíamos el domingo pasado recibe aquí una especificación: velar o vigilar es cooperar responsablemente con los dones recibidos. Hay que tener en cuenta que: a) el reparto de los talentos es desigual, pero en consonancia con la capacidad; b) no se exige a todos lo mismo ni se exige lo que uno no puede hacer; c) el “premio” es, sin embargo, el mismo (“entrar en la fiesta del señor”) y desproporcionado, de modo que negociar con los talentos nos sale rentable. ¿Qué haces para que llegue el Reino de Dios? ¿Cuáles son los “talentos” que el Señor te ha encargado? ¿Cómo los usas?

• Hay una doble llamada desde el texto: una mirada al interior de cada uno para conocer los talentos recibidos, para conocer la capacidad, la fuerza, el “poder” que tenemos; en este sentido es importante el discernimiento, el encuentro y diálogo con uno mismo y con Dios.

Una mirada, también, alrededor para saber dónde, cómo, con quién hay que ponerse a “negociar”, a trabajar con los dones recibidos; así que también es preciso un encuentro y diálogo con la realidad que nos toca vivir.

• El tercer siervo actúa movido por el miedo, así se justifica ante su señor: “me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento” (v. 26). Pero una de las palabras más repetidas de Jesús es “no tengáis miedo”, “no temáis”. El miedo es incompatible con Jesús.

Si somos personas miedosas impedimos que fructifiquen nuestros talentos. El miedo es el peor consejero, porque indica que Jesús no está dentro de nosotros. Pregúntate por tus miedos, por tus parálisis y reflexiona si se deben a que Jesús no ocupa en tu vida el lugar que merecería.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

XXXIII Domingo de Tiempo Ordinario
15 de noviembre 2020

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31; Salmo 127; 1 Tesalonicenses 5, 1-6; Mateo 25, 14-30 o 25, 14-15. 19-21

La Parábola de los Talentos

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que n o has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’. El señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’”.

Reflexión

Jesús les enseña a los discípulos sobre el Reino de los cielos con una parábola (un cuento con una enseñanza). ¿Quién representa el hombre que se fue de viaje? Dios. ¿Quiénes representan los servidores a quien les encarga sus bienes? Los seguidores de Jesús. ¿Qué significa el dinero que les dio a sus servidores para invertir? Los talentos y bendiciones que Dios le da a cada persona. ¿Cómo reacciona el hombre cuando los servidores duplican los talentos que le dieron? Los felicita llamándolos siervos buenos y fieles y los invita a entrar en la alegría del señor. ¿Qué significa la alegría de tu señor? El Cielo. ¿Qué le dice al que entierra el talento por miedo de perderlo? Siervo malo y perezoso. Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? Cada persona recibe talentos y bendiciones diferentes. Jesús quiere que usemos esos talentos para ayudar a construir el Reino de los Cielos. Si ayudamos, nos ganamos la Vida Eterna. Si desperdiciamos estos talentos y no ayudamos, no tendremos la alegría eterna del Señor. Los talentos se multiplican compartiéndolos, no escondiéndolos. ¿Cómo podemos ayudar a construir el Reino de los Cielos en la tierra? Orando por otros, obedeciendo a los mandamientos, yendo a misa, siendo amables con otros, ayudando a los necesitados, compartiendo nuestras cosas…

Actividad

En la siguiente página, ver bendiciones y pensar cómo se pueden usar para los demás. ¿Cuál otros?

Oración

Gracias Señor por todos las bendiciones y talentos que me das. Ayúdame a ser generoso(a) y valiente para poner mis bendiciones y talentos al servicio de los demás. Te quiero mucho. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Parábola de los talentos – Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: – Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: – Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: – Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: – Señor, dos talentos me diste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: – Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: – Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: – Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dadselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Explicación

Jesús dijo esta parábola: Un rey salió de viaje y dio a un criado cinco talentos, a otro dos y a otro uno, y les dijo: negociad hasta que vuelva. Los que recibieron cinco y dos negociaron, pero el de uno tuvo miedo de perderlo y lo escondió. Luego vino el rey y echó cuentas. Y premio a los que habían negociado, pero castigó al que no había negociado. Pues así tenemos que hacer nosotros, tenemos que hacer producir a todos los dones que se nos han dado.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

      Tengo para mí que dar gracias es el secreto de la buena vida. Me explico. Somos capaces de dar las gracias cuando entendemos que se nos ha regalado algo. El regalo, por definición, es algo que no hemos merecido, que no lo hemos trabajado. El regalo es gratuidad. No se espera. No se calcula. El valor del regalo no está en lo que se regala, en su precio, en su tamaño. Ni siquiera en su belleza. El valor del regalo está en la actitud del que lo regala. Detrás de lo que se regala y llenándolo de valor y sentido, está la persona que regala, que me regala. En el regalo, en lo que se regala, el otro me está regalando su vida. 

      De ahí brota la acción de gracias, agradecer. También ese agradecimiento es gratuito. No se mide en relación con el valor del regalo. No es que, si me regalan un coche, agradezca mucho y, si me regalan una bicicleta, agradezco menos. La vida se me vuelve agradecimiento porque lo que me toca el corazón es la actitud del que regala. Porque en su regalo se regala él mismo. Y el regalo es apenas un símbolo de ese otro regalo más profundo, que es el don de la persona. 

      El Evangelio de hoy va de regalo y agradecimiento. Jesús regala la curación, la salud. Es un regalo de verdad. Es gratuidad que llega a la vida de esos leprosos. Son unos desconocidos para Jesús. Por eso su regalo está más lleno si cabe de gratuidad. El regalo les salva de la exclusión, de la marginalidad. El regalo de Jesús les reintegra a su pueblo, a su familia. De alguna manera, les devuelve a la vida. Porque en tiempos de Jesús, los leprosos eran prácticamente muertos en vida. 

      Todos los leprosos son curados. Pero sólo uno vuelve para dar las gracias. Sólo uno parece haber reconocido en el gesto de Jesús, el don de sí, de la persona, que hay siempre implícito en el regalo que se da. Y vuelve, contento y agradecido, a postrarse a los pies de Jesús. Vive agradecido. Reconoce la gratuidad y él se vuelve también gratuidad. 

      Quizá la última frase de Jesús nos puede llamar la atención: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” En realidad no es nada extraño. Jesús no hace más que certificar que ese hombre ha descubierto algo más que los otros no descubrieron. Todos los leprosos recuperaron la salud. Gracias a eso comenzaron una nueva vida. Se reintegraron a su familia y su comunidad. Muy bien. Pero éste que ha vuelto a dar gracias no solo ha dado ese paso, de la salud a la enfermedad. Ha dado un paso más allá a la buena vida. Ahora reconoce que todo lo que tenemos es gracia, es gratuidad, que todo es regalo. Y que la única manera de vivir bien es vivir agradecidos. 

      Cuando nos demos cuenta de que todo, absolutamente todo, lo que somos y tenemos, lo bueno y lo malo, es vida y es gracia, que todo es regalo inmerecido, entonces empezaremos no sólo a vivir sino a vivir bien, a vivir una buena vida. Y nos volveremos a Dios continuamente para dar gracias. Y compartiremos con los hermanos y hermanas sin medida. Porque todo es gracia y vida y regalo. Esa es la verdadera sabiduría. ¡Ojalá todos la alcancemos!  

Fernando Torres, cmf