Vísperas – San Josafat

VÍSPERAS

SAN JOSAFAT, obispo y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Aviva, Señor, en tu Iglesia, el Espíritu que impulsó a san Josafat, obispo y mártir, a dar la vida por su rebaño, y concédenos, por su intercesión, que ese mismo Espíritu nos dé fuerza a nosotros para entregar la vida por nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 17,20-25
Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros.»Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae una discusión entre Jesús y los fariseos sobre el momento de la venida del Reino. Los evangelios de hoy y de los próximos días tratan de la llegada del fin de los tiempos.
• Lucas 17,20-21: El Reino en medio de nosotros. “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros”. Los fariseos pensaban que el Reino podía llegar solamente si la gente llegaba a la perfecta observancia de la Ley de Dios. Para ellos, la venida del Reino sería la recompensa de Dios al buen comportamiento de la gente, y el mesías llegaría de forma solemne como un rey, recibido por su pueblo. Jesús dice lo contrario. La llegada del Reino no puede ser observada como se observa la llegada de los reyes de la tierra. Para Jesús, el Reino de Dios ¡ha llegado! Ya está en medio de nosotros, independientemente de nuestro esfuerzo o de nuestro mérito. Jesús tiene otro modo de ver las cosas. Tiene otra mirada para leer la vida. Prefiere al samaritano que vive en la gratitud a los nueve que piensan que merecen el bien que reciben de Dios (Lc 17,17-19).
• Lucas 17,22-24: Señales para reconocer la venida del Hijo del Hombre. “Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.”. En esta afirmación de Jesús existen elementos que vienen de la visión apocalíptica de la historia, muy común en los siglos antes y después de Jesús. La visión apocalíptica de la historia tiene la siguiente característica. En épocas de gran persecución y de opresión, los pobres tienen la impresión de que Dios perdió el control de la historia. Ellos se sienten perdidos, sin horizonte y sin esperanza de liberación. En estos momentos de aparente ausencia de Dios, la profecía asume la forma de apocalipsis. Los apocalípticos, tratan de iluminar a la situación desesperadora con la luz de la fe para ayudar a la gente a no perder la esperanza y para que siga con valor la caminada. Para mostrar que Dios no ha perdido el control de la historia, ellos describen las varias etapas de la realización del proyecto de Dios a través de la historia. Iniciado en un determinado momento significativo en el pasado, este proyecto de Dios avanza, etapa por etapa, a través de la situación actual vivida por los pobres, hasta la victoria final al final de la historia. De este modo, los apocalípticos sitúan el momento presente como una etapa ya prevista dentro del conjunto más amplio del proyecto de Dios. En general, la última etapa antes de la llegada del final se presenta como un momento de sufrimiento y de crisis, del que muchos quieren aprovechar para ilusionar a la gente diciendo: “Está aquí’ o: ‘Está allí’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.” Con la mirada de fe que Jesús comunica, los pobres van a poder percibir que el reino está ya en medio de ellos (Lc 17,21), como un relámpago, sin sombra de duda. La venida del Reino trae consigo su propia evidencia y no depende de los pronósticos de los demás.
• Lucas 17,25: Por la Cruz hasta la Gloria. “Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”. Siempre la misma advertencia: la Cruz, escándalo para los judíos y locura para los griegos, pero para nosotros es expresión de la sabiduría y del poder de Dios (1Cor 1,18.23). El camino para la Gloria pasa por la cruz. La vida de Jesús es nuestro canon, es la norma canónica para todos nosotros.
4) Para la reflexión personal
• Jesús dice: “¡El reino está en medio de vosotros!” ¿Has descubierto alguna señal de la presencia del Reino en tu vida, en la vida de tu gente o en la vida de tu comunidad?
• La cruz en la vida. El sufrimiento. ¿Cómo ves el sufrimiento y qué haces con él?
5) Oración final
Dios guarda por siempre su lealtad,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
Yahvé libera a los condenados. (Sal 146,6-7)

Dios nos ama infinitamente (amor de Dios a los hombres)

Hasta te serviré, porque vine a servir y no a ser servido. Yo soy amigo, y miembro y cabeza, y hermano y hermana y madre; todo lo soy, y solo quiero contigo intimidad. Yo, pobre por ti, bendito por ti, crucificado por ti, sepultado por ti; en el cielo, por ti ante Dios Padre; y en la tierra soy legado suyo ante ti. Todo lo eres para Mi, hermano y coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres? (San Juan Crisóstomo, Homilía sobre San Mateo, 76).

Tan espléndida es la gracia de Dios y su amor a nosotros, que hizo El más por nosotros de lo que podemos comprender (Santo Tomás, Sobre el Credo, 1. c., 61).

¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto loco? (J. Escrivá de Balaguer, Camino, 425).

Hay que saberse amado singularmente, como alguien único, como “alguien delante de Dios”. Como una persona, como una excepción. Esa convicción metafísica constituye la fuerza más radical del hombre: “Pondus meum amor meus: eo feror, quocumque feror” (San Agustín, Conf. 13, 9). Esa gravitación es el resultado de que yo sea por amor, pero también expresa una íntima sed y una indigencia amorosa. De ahí la natural e irreprimible tendencia a ser feliz, a una plenitud que aún no se tiene y a la que se está destinado (…). Esa felicidad es sustancialmente la alegría o gozo del amor, y el amor es la plenitud misma del ser espiritual (C. Cardona, Metafísica del bien y del mal, pp. 130-131).

Ninguna lengua es suficiente para declarar la grandeza del amor que Jesús tiene a cualquier alma que está en gracia (San Alfonso Mª de Ligorio, Visitas al Stmo. Sacramento, 2).

El fuego de amor de Ti, que en nosotros quieres que arda hasta encendernos, abrasarnos y quemarnos lo que somos, y transformarnos en Ti, Tú lo soplas con las mercedes que en tu vida nos hiciste, y lo haces arder con la muerte que por nosotros pasaste (San Juan de Ávila, Audi filia, 69).

Comentario – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

El Reino de Dios fue tema central en la predicación de Jesús. El evangelio está sembrado de múltiples referencias a esta realidad que tanto tiene que ver con la presencia y la actividad de Jesucristo, porque con él llega el Reino y sus numerosas acciones destinadas a combatir el mal (enfermedad, pecado, posesión diabólica, muerte) presente en el mundo son signos de la cercanía del Reino.

A veces se refiere a él de manera metafórica: el Reino de Dios es como (=similar a) un grano de mostaza o como una medida de levadura; otras veces, lo describe en términos celebrativos (las bodas del hijo de un rey); en ocasiones habla de su presencia o implantación en el mundo o de sus diferentes estados: germinal o embrionario, en desarrollo, en plenitud; con frecuencia alude a su cercanía, pero también invita a pedir su venida como si fuera una realidad futura. Casi siempre lo presenta como una realidad viva y pequeña (grano, levadura), pero de un enorme potencial y con una inmensa capacidad transformante. El Reino de Dios es, pues, en boca de Jesús, una realidad multiforme, una realidad con múltiples dimensiones. Pero es tanta la insistencia de Jesús en el tema que acaba provocando numerosos interrogantes.

En esta ocasión, quienes le dirigen la pregunta no son sus discípulos, sino los fariseos. Se interesan por las circunstancias de lugar y tiempo. Quieren saber cuándo llegará ese Reino del que tanto habla Jesús. Y él les contesta: El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros.

El Reino de Dios, por ser de Dios, ha de tener un carácter celeste, al menos por lo que se refiere a su origen. Es muy probable, por tanto, que los fariseos se forjasen la idea de un reino protagonizado por un enviado de Dios de origen celeste, un reino que inauguraría tiempos mesiánicos, una nueva era, quizá un milenio, un reino hecho presente de manera repentina y espectacular. Jesús les dice que no será así como vendrá. No se anunciará como se anuncia la llegada de un circo a una localidad. No se hará presente entre sonidos y aires de fiesta.

En realidad el Reino de Dios está ya en el mundo de manera inadvertida, en el interior de las personas, dentro de nosotros, como están las semillas, en el interior de la tierra, como está la levadura, en el interior de la masa, como está la fuerza atómica, en el interior de los átomos, como está el mismo Dios en cuanto realidad fundante de toda realidad, sosteniendo el mundo. El Reino de Dios está donde está Dios actuando con la fuerza de su Espíritu, donde está germinando el amor y la esperanza. Y estando así, no resulta extraño que se le caracterice como algo muy pequeño, de carácter germinal, pero dotado de una potencia descomunal. ¿No es pequeño el átomo? El átomo es pequeño, pero qué grande es la potencia atómica.

Y luego, dirigiéndose a sus discípulos, Jesús completa su reflexión: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Aquí Jesús parece aludir a otro momento: no al momento interno (y escondido) del Reino de Dios, sino a su momento fulgurante, que hace coincidir con la venida del Hijo del hombre en su día, es decir, con su segunda venida. Antes de que llegue ese día, se vivirán tiempos de desolación, tiempos en los que se deseará dejar este mundo para vivir con el Hijo del hombre, tiempos de alarmas infundadas, en que se anunciará que está aquí o allí, pero que no hay que escuchar, porque serán falsas alarmas. Cuando llegue el Hijo del hombre no habrá tiempo para reaccionar, pues será tan fugaz como el fulgor del relámpago que brilla en el horizonte. No habrá, por tanto, escapatoria para los habitantes de la tierra. Pero antes sucederán otras cosas como el padecimiento y la reprobación de ese Hijo del hombre que vendrá en su día como Juez de vivos y muertos.

Los momentos del Reino vienen a coincidir con los momentos de su mensajero y protagonista, y sus fases con las fases de la semilla que es sembrada en la tierra, esto es, en el interior del corazón humano, que crece sin poder evitar su mezcla con la cizaña, y que, llegada a su madurez, es recogida y examinada en el día del juicio y finalmente depositada en los graneros del Reino. El mismo Reino está constituido por la cosecha de esa semilla sembrada por Cristo en el corazón del hombre. Es él quien deposita su amor en nosotros para que fructifique y pase –y nosotros con él- a formar parte de su Reino, un Reino en el que no impera otra ley que el amor. Por tanto, quienes se nieguen a vivir bajo este régimen (de amor) no podrán ser miembros de este Reino.

Conscientes del potente dinamismo que nos habita (el Reino de Dios está dentro de nosotros, porque el Espíritu de Dios está dentro de nosotros) sigamos pidiendo, como hacemos en el Padre nuestrovenga a nosotros tu Reino o, con otra expresión, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, pues no podrá haber Reino de Dios donde no se haga la voluntad de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

La Liturgia no es la única actividad de la Iglesia

9. La sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión: “¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán en El sin haber oído de El? ¿Y como oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?” (Rom., 10,14-15). Por eso, a los no creyentes la Iglesia proclama el mensaje de salvación para que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus caminos haciendo penitencia. Y a los creyentes les debe predicar continuamente la fe y la penitencia, y debe prepararlos, además, para los Sacramentos, enseñarles a cumplir todo cuanto mandó Cristo y estimularlos a toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado, para que se ponga de manifiesto que los fieles, sin ser de este mundo, son la luz del mundo y dan gloria al Padre delante de los hombres.

No enterremos el corazón

1.- Existen en Japón unos cuantos miles de cristianos descendientes de los mártires que se llaman Cristianos Escondidos (Kakure Christian). No abandonaron su Fe, sino que la escondieron, y enterraron y aún la siguen conservando enterrada y esa ha hecho que se pudra y sea una mera superstición. La Fe como los alimentan, no va bien con conservantes.

2.- Jesús nos viene a decir hoy lo mismo, que la Fe y el Corazón no admiten conservantes. El centro de atención de la parábola de hoy no son los dos siervos que produjeron 10 o 5 talentos, ni el premio que por eso se les da, sino que el tercero, el que por miedo conservó enterrado el talento.

Este sepulturero de talentos tiene una idea de un Dios duro, severo, justiciero hasta ser injusto, como tantas veces tenemos nosotros, temerosos ante un Dios con el palo en alto. Ante un Dios así lo mejor es no arriesgar nada, cumplir estrictamente la ley en aquello que estrictamente, ni más ni menos. Así nos buscamos un seguro CONTRA Dios, que es la actitud de los fariseos, que llevaban una religión de números y contabilidad.

Pero Jesús no parece haber aprendido cuentas en la escuela y todo lo confunde. Abandona 99 ovejas por buscar la perdida. No tiene en nada toda una herencia despilfarrada con tal de recobrar al hijo pródigo. Da la misma paga a todos los obreros con tal que el que llegó a última hora la reciba también.

Y es que el Señor no se mueve en una relación de paridad, tanto has hecho tanto recibes. Se mueve en el mundo del amor que no sabe de cuentas, sino de personas.

3.- Dice la parábola que el Señor confió a los tres siervos, y por tanto también al sepulturero de Talentos, su hacienda. La hacienda propia de Dios es aquello por que se define: su amor. El Señor nos confía su amor, su corazón.

En realidad todo hombre es un trozo del corazón del Dios Bueno, que se desprende para venir a este mundo a traer a los demás la cercanía del calor y del amor Dios. Y acabado su cometido regresa a Dios a ocupar ese hueco que dejó en su corazón.

Pero hay hombres que para que esa chispita de amor no se consuma en el trato de los demás, la entierran –entierran el corazón—y esa llama que comunicada se hubiera hecho grande y luminosa se deshace en ceniza. Y cuando llega el momento de devolver a Dios lo suyo le devuelven un poco de ceniza apagada.

–porque si el hombre es rico, pero entierra el corazón devolverá cenizas al Señor

–y si es listo y emprendedor pero ha enterrado el corazón devolverá cenizas a Dios.

–y aunque sea puro como los ángeles pero ha puesto en conserva el corazón devolverá un corazón amojamado y sin calor.

4.- Muchos de nosotros podemos preguntarnos, ¿qué talentos tengo yo? ¿Estudios? ¿Riquezas? ¿Buena posición? ¿Trato humano? ¿Salud? ¿O nada de eso? Nadie puede decir que no tiene un Talento, el único talento necesario. Todos tenemos recibido de Dios un corazón, para llevar a los demás calar humano, comprensión, bondad y perdón… No enterremos el Talento, enterremos el corazón.

José Maria Maruri, SJ

Como has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor

«Porque es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. A uno dio cinco millones, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad; y se fue. El que había recibido cinco se puso en seguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno solo fue, cavó en la tierra y enterró allí el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, volvió el amo de aquellos criados y les tomó cuenta. Llegó el que había recibido cinco millones y presentó otros cinco, diciendo: Señor, me diste cinco millones; aquí tienes otros cinco que he ganado. El amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fi el!; has sido fi el en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se presentó también el de los dos millones, y dijo: Señor, me diste dos millones; mira, he ganado otros dos. Su amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fi el en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se acercó también el que había recibido un solo millón, y dijo: Señor, sé que eres duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo, fui y escondí tu millón en la tierra. Aquí tienes lo tuyo. Su amo le respondió: Siervo malo y holgazán, ¿sabías que quiero cosechar donde no he sembrado y recoger donde no he esparcido? Debías, por tanto, haber entregado mi dinero a los banqueros para que, al volver yo, retirase lo mío con intereses. Quitadle, pues, el millón y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese criado inútil echadlo a las tinieblas exteriores. Allí será el llanto y el crujir de dientes»

Mateo 25, 14-30

PARA MEDITAR

¿Qué es esto de ser fiel en lo poco? Pues, por ejemplo, hay veces que vemos una peli o una serie y pensamos: Si yo fuera el personaje de la peli, haría esto o lo otro… Es decir, tenemos la intención de hacer el bien cuando vemos una situación muy clara o algo que es muy grande. Pero, ¿cómo somos en el día a día? Podemos estar de acuerdo en que no nos gsuta la violencia, pero ¿somos personas que buscan la paz entre nuestros amigos? Podemos estar en contra del hambre en el mundo, pero ¿compartimos nuestras cosas, aunque sean pocas, con las personas que lo necesitan. Hay que ser así en lo pequeño, para poder serlo en cosas más grandes.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Eres una persona que intenta ser bueno con los demás en los pequeños detalles? Cuéntanos un ejemplo.
  • ¿Qué quiere decir Jesús con ser fi el en lo poco? ¿Qué podemos hacer los cristianos sobre esto?
  • Escribe un compromiso para poder tener un detalle con alguna persona que sabes que necesita de tu ayuda esta semana.

ORACIÓN

Sólo Tú sabes
lo que has regalado a cada uno,
las capacidades que hemos
de poner en marcha,
la tarea de ser único y original.
Nos invitas a negociar lo mejor de nosotros mismos,
nos impulsas a cumplirnos
en plenitud,
nos quieres activos
comprometidos con lo recibido.
Nos has creado irrepetibles,
has hecho maravillas en nosotros,
pero, inseguros y miedosos,
tiramos el proyecto que somos
o lo arrinconamos sin desarrollar.
Ayúdanos a multiplicar
nuestras capacidades.
Impúlsanos a ser en Ti,
a vivir una vida plena,
a llenar el mundo de tu Amor.

Nos has dejado un tesoro a cada uno

Sólo Tú sabes
lo que has regalado a cada uno,
las capacidades que hemos
de poner en marcha,

la tarea de ser único y original.

Nos invitas a negociar lo mejor
de nosotros mismos,

nos impulsas a cumplirnos en plenitud,
nos quieres activos
comprometidos con lo recibido.

Nos has creado irrepetibles,
has hecho maravillas en nosotros,
pero, inseguros y miedosos,
tiramos el proyecto que somos
o lo arrinconamos sin desarrollar.

Terminamos la vida
sin estrenar páginas,
nos conformamos
con la mediocridad,
nos quedamos tranquilos
en una vida sin sentido.

Tú sigues esperando
que crezcamos del todo,
que logremos la Vida

en abundancia
que has soñado para cada uno.

Ayúdanos a multiplicar
nuestras capacidades.
Impúlsanos a ser en Ti,

a vivir una vida plena,
a llenar el mundo de tu Amor.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio

• Las tres situaciones que la parábola presenta (15) a pesar de ser diversas por lo que respecta a las cantidades confiadas a cada uno de los tres “empleados”, tienen en común que se trata de cantidades de dinero muy elevadas. Un talento equivalía aproximadamente a 21,7 kilos de plata. Se está hablando, pues, de mucho dinero.

• La respuesta (21. 23) del “Señor” (20.22) nos recuerda la que encontramos en Lc 16, 10: El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Aquí, en el contexto de la parábola que transmite Lucas (Lc 16, 1ss), ser de fiar significa utilizar el dinero de cara al mundo futuro, es decir, darlo ahora a los pobres.

• La recompensa de los empleados que hacen “trabajar” los bienes recibidos es compartir “el banquete del Señor” (21.23) en el Reino del Padre (34). El banquete del Señor, que puede tradu- cirse también como “su alegría”, es que todo el mundo viva, comenzando por los pobres. Una alegría que Dios vive cada vez que alguien es liberado de la injusticia. La dicha que noso- tros podemos sentir cuando esto se da es la misma que siente Dios. La compartimos con Él, por tanto, ya en esta vida.

• Las razones del tercer empleado (24-25) son muy claras: prefiere no arriesgar y mantener las cosas como están, antes de exponerse a perderlo todo; así el amo -piensa el empleado- no podrá reprocharle nada. Y se equivoca: en el Reino de Dios si uno quiere salvar la vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará (Mt 16,25). Sólo dando, arriesgándolo todo, por poco que sea, habrá frutos.

• La resolución de “quitarle el talento y dárselo al que tiene diez” (28-29) nos recuerda otro pasaje de Mateo: Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene (Mt 13,12). Esto es en el contexto de la parábola del sembrador, donde Jesús mismo habla del rechazo que sufre por parte de muchos de sus oyentes que se han cerrado voluntariamente a su mensaje. No hacer trabajar los talentos es lo mismo que cerrarse al don de Dios. Es no confiar en que es el Padre quien puede evitar que perdamos la vida: vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños (Mt 18,14). Acoger el don de Dios supone, siempre, una actitud activa.

• La imagen bíblica que expresa la indignación de los malvados ante la felicidad de los justos (30) es todo un mensaje para nosotros: negándonos a hacer fructificar los dones que cada uno ha recibido (20-22), nos quedamos “fuera” del Reino (30).

• La parábola viene a indicar lo mismo que la anterior, la de las diez doncellas, que acababa diciendo: velad, porque no sabéis el día ni la hora (Mt 25,13). Pero ésta pone el acento en los frutos -“intereses” (27)- que ha de dar quien vela durante el “largo viaje” (14), es decir, entre la resurrección del Señor y su retorno; en concreto, desde que se ha recibido el don de la fe -“llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes” (14)- hasta el fin de la vida.

• Estar en vela esperando el día y la hora no es una actitud pasiva. Tampoco es una actitud conservadora. Al contrario. Es la vida propia del discípulo de Cristo, siempre itinerante: actitud activa, lanzada hacia aquellos que no pueden dar nada – los pobres (Mt 25,31-46)-, con la creatividad que da la vida a la intemperie y con el riesgo de ser rechazado y crucificado. He aquí, pues, los frutos: el amor “desinteresado” -es decir, buscar los intereses por los demás- y la creatividad a favor del Reino- es decir, invertir a través del testimonio para que el Reino, que ya está en medio de nosotros (Mt 12,28), sea conocido-.

• Estamos ante una parábola que se presta a fijarnos en nosotros mismos, y a hacer exámenes inacabables de las virtudes que tenemos y que no ejercemos. Si caemos en esto, olvidamos quien es el centro del evangelio: Cristo. Se trata, en cambio, de poner la mirada en Jesucristo, el Hijo que ha invertido todos los talentos de su divinidad y de su humanidad para hacerse esclavo y dar la vida a todo el mundo, como canta san Pablo (Fl 2,5-11). Con la parábola se nos propone tenerla mirada fija en Jesús (Hb 12,2) para ser, así, discípulos de quien nos precede en el trabajo del Reino de Dios.

• Este Evangelio nos puede hacer recordar -y rezar por ellas- a todas las personas llamadas por el Señor a dar fruto. Cualquier bautizado, llamado a dar los frutos del testimonio en medio de la vida cotidiana; aquellos que han recibido determinados sacramentos, como el del orden o el del matrimonio, o aquellas que han hecho un compromiso en la vida religiosa, todas ellas llamadas a dar unos frutos específicos. También las personas que asumen compromisos en los movimientos apostólicos y en otros grupos o instituciones de la Iglesia… Rezar para que unos y otras seamos fieles a lo que el Espíritu ya ha puesto en nosotros y que hemos de activar con nuestra propia iniciativa.

Comentario al evangelio – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

      Cuando leo el Evangelio de hoy se me vienen a la mente las escenas de las películas de romanos en que el general de turno que ha vencido a sus enemigos entra en triunfo en Roma. Todo el pueblo está en la calle aclamándole. Los senadores, los patricios y hasta el mismo emperador le recibe entre trompetas y timbales que no logran apagar las voces de todos los que participan en la ceremonia. A veces nos hemos hecho una idea así del reino de Dios y de la venida de Jesús. Es el fin del mundo. La historia se detiene. Y todos estamos en la calle para recibirle mientras que los ángeles y los santos y los mártires ocupan los primeros puestos. Todos para acoger al señor de los señores, al que va a ocupar el primer puesto y para siempre. 

      Pero la realidad es que esa imagen no tiene nada que ver con el Evangelio. Cuando Dios se quiso hacer presente en medio de nosotros, no escogió el camino del poder, del espectáculo, de las maravillas. Lo suyo fue la sencillez, el ocultamiento, el disimulo. Se hizo como uno de nosotros. No pretendió privilegios ni los tuvo. No escogió los primeros puestos sino los últimos. Podía haber nacido en Roma, que era entonces el centro del mundo, y de una buena familia. Pero prefirió la sencillez de un pueblo escondido. Los evangelistas son muy cuidadosos al narrarnos esa simplicidad de su nacimiento y de su vida. ¡Hasta nos cuentan que nace en una cuadra y en medio de los animales! ¡Un lugar impuro e indigno, maloliente y sucio!

      Jesús nos da la clave. Para encontrar el reino de Dios, o lo que es lo mismo, a Dios, no hay que esperar grandes y milagrosos y espectaculares acontecimientos. “El reino de Dios está dentro de vosotros”. Dios alienta nuestros corazones y nos anima a amar y querer a nuestros hermanos y hermanas. Y en ese cariño está Dios mismo. Porque Dios es amor. ¿Qué más buscamos? 

      Si nos dicen que el Hijo del hombre está aquí o alla, no vayamos a esos sitios. Al Hijo del hombre le encontramos cada vez que abrimos nuestro corazón al hermano, cada vez que nos importan más sus derechos y su bienestar que el nuestro. Cada vez que compartimos el pan, como hacemos en la eucaristía de cada día. Y cada vez que compartimos la vida, como deberíamos hacer en todo momento. Ahí está presente el Hijo del hombre y el reino de Dios y Dios mismo. Sin alharacas, sin trompetas ni tambores, sin grandes ceremonias. Porque todo eso sobra y no hace más que distraer de lo verdaderamente importante: que Dios es amor y que allá donde un corazón ama y da la vida por los hermanos y hermanas –aunque eso implique sufrir–, es Dios mismo el que se hace presente y florece y se renueva la vida. 

      Recordemos: el reino de Dios está dentro de cada uno de nosotros. ¡Dejemos que florezca y crezca y alumbre la vida de los que nos rodean! 

Fernando Torres, cmf