Vísperas – Santa Isabel de Hungría

VÍSPERAS

SANTA ISABEL DE HUNGRÍA

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Finísimo fue el lino con que ella
fue tejiendo, a lo largo de su vida,
esa historia de amor que la hace bella
a los ojos de Dios y bendecida.

Supo trenzar con tino los amores
del cielo y de la tierra, y santamente
hizo altar del telar de sus labores,
oración desgranada lentamente.

Flor virgen, florecida en amor santo,
llenó el hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue su encanto,
la fuerza de su amor la fe vivida.

Una escuela de fe fue su regazo.
Todos fueron dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,
su vida será eterna primavera. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa.

CÁNTICO del EFESIOS

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo.
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le ha dado su fuerza; por ello será bendita eternamente.

LECTURA: Rm 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ Dios la eligió y la predestinó.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

R/ La hizo morar en su templo santo.
V/ Y la predestinó.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Dios la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor; mi corazón se ensancha, porque gozo con tu salvación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor; mi corazón se ensancha, porque gozo con tu salvación.

PRECES

Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia, por intercesión de las santas mujeres y digámosle:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Por intercesión de las mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo,
— concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.

Por intercesión de las esposas, que por medio del santo matrimonio crecieron en la gracia,
— concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.

Por intercesión de las viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron su soledad y se santificaron,
— concede, Señor, a tu Iglesia que muestre al mundo el misterio de tu caridad.

Por intercesión de las madres, que engendraron sus hijos no solo para la vida del mundo, sino también para el reino de los cielos,
— concede, Señor, a tu Iglesia que transmita la vida del espíritu y la salvación a todo el género humano.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por intercesión de todas las santas mujeres, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro,
— concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también eternamente de tu presencia.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que concediste a santa Isabel de Hungría la gracia de reconocer y venerar en los pobres a tu Hijo Jesucristo, concédenos, por su intercesión, servir con amor infatigable a los humildes y a los atribulados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,1-10
Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, estamos llegando al final de la larga caminada que empezó en el capítulo 9 (Lc 9,51). Durante esa caminada, no se sabía bien por dónde Jesús iba. Lo único que se sabía era que iba hacia Jerusalén. Ahora, al final, la geografía queda clara y definida. Jesús lleva a Jericó, a la ciudad de las palmeras, en el valle del Jordán. Última parada de los peregrinos, antes de subir para Jerusalén. Allí en Jericó terminó la larga caminada del éxodo 40 años por el desierto. También el éxodo de Jesús está terminando. Al entrar a Jericó, Jesús encuentra a un ciego que quería verle (Lc 18,35-43). Ahora, al salir de la ciudad, encuentra a Zaqueo, un publicano, que también quiere verle. Un ciego y un publicano. Los dos eran excluidos. Los dos molestaban a la gente: el ciego con sus gritos, el publicano con sus impuestos. Los dos son acogidos por Jesús, cada cual a su manera.
• Lucas 19,1-2: La situación. Jesús entra en Jericó y atraviesa la ciudad. “Había un hombre llamado Zaqueo, muy rico, jefe de los publicanos”. Publicano era la persona que cobraba el impuesto público sobre la circulación de la mercancía. Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad. Sujeto rico y muy ligado al sistema de dominación de los romanos. Los judíos más religiosos argumentaban así: “El rey de nuestro pueblo es Dios. Por esto, la dominación romana sobre nosotros es contra Dios. ¡Quien colabora con los romanos peca contra Dios!” Así, los soldados que servían en el ejército romano y los cobradores de impuestos, como Zaqueo, eran excluidos y considerados como pecadores e impuros.
• Lucas 19,3-4: La actitud de Zaqueo. Zaqueo quiere ver a Jesús. Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús! Anteriormente, en la parábola del pobre Lázaro y del hombre rico, sin nombre, (Lc 16,19-31), Jesús mostraba lo difícil que es para que un rico se convierta y abra la puerta de separación para acoger al pobre Lázaro. Aquí aparece el caso de un rico que no encierra en si riqueza. Zaqueo quiere algo más. Cuando un adulto, persona de peso en la ciudad, sube a un árbol es porque no está de acuerdo con la opinión de los demás. Algo más importante lo mueve por dentro. Está queriendo abrir la puerta al pobre Lázaro.
• Lucas 19,5-7: La actitud de Jesús, reacción del pueblo y de Zaqueo. Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: “Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.” Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría. Todos murmuraban: “¡Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador!” ¡Lucas dice que todos murmuraban! Esto significa que Jesús estaba quedándose solo en su actitud de acoger a los excluidos, sobre todo a los colaboradores del sistema. Pero a Jesús no le importan las críticas. Va a casa de Zaqueo y lo defiende contra las críticas. En vez de pecador, le llama “hijo de Abrahán” (Lc 19,9).
• Lucas 19,8: Decisión de Zaqueo. “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3). Dar la mitad de los bienes a los pobres era una novedad que producía el contacto con Jesús. Era el compartir que tenía lugar de hecho.
• Lucas 19,9-10: Palabra final de Jesús. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán” La interpretación de la Ley por a Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos. Nadie podía ser excluido. La opción de Jesús es clara, su llamada también: no es posible ser amigo de Jesús y seguir apoyando el sistema que margina y excluye a tanta gente. Al denunciar las divisiones injustas, Jesús abre el espacio para una nueva convivencia, regida por los nuevos valores de verdad, justicia y amor.
• Hijo de Abrahán: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán!” A través de la descendencia de Abrahán, todas las naciones de la tierra serán bendecida (Gén 12,3; 22,18). Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judaica como de origen pagana, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles. Estos son también hijos de Abrahán y herederos de las promesas. Jesús acoge a los que no eran acogidos. Ofrece un sitio a los que no lo tienen. Recibe como hermano y hermana a las personas que la religión y el gobierno excluían y etiquetaban como:
– inmorales: prostitutas y pecadores (Mt 21,31-32; Mc 2,15; Lc 7,37-50; Jo 8,2-11),
– herejes: paganos y samaritanos (Lc 7,2-10; 17,16; Mc 7,24-30; Jn 4,7-42),
– impuras: leprosos e poseídos (Mt 8,2-4; Lc 17,12-14; Mc 1,25-26),
– marginados: mujeres, niños y enfermos (Mc 1,32; Mt 8,16;19,13-15; Lc 8,2-3),
– luchadores: publicanos y soldados (Lc 18,9-14;19,1-10);
– pobres: la gente de la tierra y los pobres sin poder (Mt 5,3; Lc 6,20; Mt 11,25-26).

4) Para la reflexión personal

• Nuestra comunidad, ¿cómo acoge a las personas despreciadas y marginadas? ¿Somos capaces de percibir los problemas de las personas y de prestarles atención, como lo hizo Jesús?
• ¿Cómo percibimos que la salvación entra hoy en nuestra casa y en nuestra comunidad? La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo. La ternura acogedora de nuestra comunidad ¿está provocando algún cambio en el barrio? ¿Cuál?

5) Oración final

Te busco de todo corazón,
no me desvíes de tus mandatos.
En el corazón guardo tu promesa,
para no pecar contra ti. (Sal 119,10-11)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- LOS ENVIADOS DEL BAUTISTA

Mt 11, 2-15; Lc 7, 12-28

El Bautista, mientras tanto, se encontraba encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el límite de la provincia de Perea, al otro lado del Mar Muerto[1]. Pocos meses más tarde sería degollado para complacer a Herodías.

Algunos de sus discípulos, sin embargo, podían visitarle y le mantenían informado, en términos generales, de lo que Jesús hacía y decía. Un día, desde la cárcel, el Bautista envió un mensaje a Jesús a través de dos de sus discípulos. Se presentaron al Señor y le dijeron: ¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? (Mt). No era Juan el que dudaba; eran sus discípulos los que se encontraban llenos de dudas. El Bautista debió de enviarles al Maestro para que ellos mismos se convencieran. Esto parece lo más probable. Juan había proclamado su fe sin fisuras en Jesús y había procurado que sus mejores discípulos se acercaran a Él y le siguieran.

Sabemos además que algunos de los seguidores de Juan estaban inquietos por el creciente éxito de Jesús y porque le encontraban menos austero que su maestro.

Un día le dijeron a Juan que Jesús estaba bautizando, y añadieron con cierta desazón: todos se van con Él (Jn). El Bautista les respondió con una imagen bien conocida por todos: Jesús es el Esposo, y él solo el amigo, el que se alegra mucho con la voz del esposo. Y añadió: Por esto mi gozo se ha colmado. Es necesario que él crezca y que yo disminuya. Reconoce la infinita distancia entre su condición de heraldo y la de Cristo, el Señor que llega. Un poco de tiempo más tarde, con motivo del banquete en casa de Mateo, algunos discípulos de Juan se unieron a los fariseos con cierto ánimo de crítica porque les parecía que Jesús y sus discípulos no ayunaban en los días en que ellos lo hacían, o al menos no siempre. Estaban reacios a creer en Él.

Por otra parte, no sabían del todo a qué atenerse: Jesús había obrado milagros y dado profundas enseñanzas morales, pero hasta el momento nadie sabía con certeza sus intenciones. Juan había hablado de Él como de alguien que lleva el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja de Israel, pero hasta el momento la limpieza no había comenzado. Todos estaban a la expectativa.

¿Eres tú el Mesías?, ¿eres tú, realmente?, preguntaron de modo frontal los discípulos de Juan. Pero el Señor no les contestó enseguida, ni en directo. San Lucas nos indica que en aquella misma hora curó a muchos de sus enfermedades, de dolencias y de malos espíritus, y dio la vista a muchos ciegos. Entonces, Jesús se dirigió a los enviados del Bautista: Id y contad a Juan todo lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. Eran los signos que anunciaban la llegada del Mesías. Con obras, Jesús les ha dicho: el Mesías ya está aquí. Por eso, añade: y bienaventurado quien no se escandalice de mí.


[1] Maqueronte era una edificación construida por Herodes sobre una antigua fortaleza circular. Se encontraba a 1.100 m de altura por encima del Mar Muerto. Después de la destrucción de Jerusalén sirvió de refugio a uno de los últimos grupos de la resistencia. Fue arrasado por los romanos el año 72 (FLAVIO JOSEFO, Guerras de los judíos, 7, 190-209).

Comentario – Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

El evangelio nos presenta a Jesús en Jericó, ciudad de Judea próxima al Mar Muerto, cuyas ruinas se pueden visitar todavía hoy. Mientras atravesaba la ciudad en medio de una multitud de gente que se agolpaba a su alrededor, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente que le rodeaba se lo impedía, pues era bajo de estatura.

La escena nos permite suponer que Jesús había adquirido un alto grado de notoriedad. Su fama se había extendido realmente por toda la región de Judea. A Zaqueo también le habían llegado noticias de él: de las acciones milagrosas que salían de sus manos y que tanto asombro provocaban, de la autoridad magisterial con que hablaba, de su aureola de profeta, etc. Por eso, como tantos otros habitantes del lugar, deseaba conocerlo e intentaba distinguirlo en medio del gentío.

Pero no lo conseguía. Entonces ideó subirse a un lugar elevado. Corrió hacia delante y se encaramó en lo alto de un sicómoro o higuera propia del lugar, porque Jesús tenía que pasar por allí. Cuando el Maestro llegó a la altura de la higuera, alzó los ojos, vio a Zaqueo y, dirigiéndose a él como si le conociera, le habló por su nombre y le hizo una propuesta que alegró a Zaqueo, pero que provocó la crítica de todos sus paisanos: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en su casa. Jesús escoge como lugar de alojamiento la casa de un publicano. Esto genera una cadena de murmuraciones entre los oyentes que decían: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

En semejante murmuración se esconde una mentalidad farisaica. Hospedarse en casa de un pecador era como ingresar en casa de un pagano, algo que no se podía hacer sin contraer impureza. Por eso escandaliza tanto la iniciativa de Jesús de ir a alojarse en casa de Zaqueo. Sólo las casas de los paganos eran más indignas que la de este publicano. Pero Jesús hace caso omiso de las críticas y lleva a cabo sus propósitos, que no eran otros que los de salvar lo que estaba perdido. Sin embargo, para los fariseos y los copartícipes de la misma mentalidad lo perdido para la causa religiosa –así eran catalogados los publicanos- no era salvable.

Pero quienes resultan más difíciles de salvar por el Salvador del mundo eran precisamente los que se creían menos necesitados de esa salvación, esto es, los fariseos. A Zaqueo, sin embargo, el hecho de que Jesús escogiera su casa como lugar de alojamiento le llenó de alegría. Su propósito inicial era sólo distinguirle de entre la multitud, tener un conocimiento meramente visual del afamado Maestro y Sanador. Pero ahora se le ofrecía la oportunidad de mantener una larga conversación con él y de acogerle en su casa. Se sentía realmente honrado de tener por huésped en su propia casa al Maestro taumaturgo y al ilustre predicador de Nazaret. Y así lo recibe, con gratitud, como sintiéndose acogido por aquel a quien acoge.

Al parecer, el primer movimiento lo hace Zaqueo que, informado de la llegada de Jesús a su ciudad, sale no tanto a recibirlo, cuanto a conocerlo, quizá impulsado por la simple curiosidad que había despertado su fama. En realidad, es Jesús quien le sale al encuentro. Es Jesús quien llega a Jericó. Es él quien le busca con la mirada y le llama por su nombre. Es él quien concierta la entrevista y se autoinvita en su propia casa, la casa de un pecador. Zaqueo no hubiera imaginado nunca aquella situación.

Obviando los destalles del encuentro, el evangelista nos presenta el desenlace de la narración. Zaqueo, puesto en pie, es decir, solemnizando el momento, hace una declaración de intenciones: Mira –le dice a Jesús-, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

No es extraño que la tradición haya interpretado este encuentro como un acontecimiento penitencial en el que tiene lugar el arrepentimiento y la salvación consiguiente. Las palabras de Zaqueo son reveladoras de un cambio de actitud que pasa por el arrepentimiento y el deseo de reparar lo dañado o de resarcir lo injustamente substraído. Constituyen en la intención un verdadero acto de satisfacción.

El pecado de Zaqueo tiene que ver evidentemente con el dinero. Está dispuesto a desprenderse de la mitad de sus bienes para gratificar a los pobres. Y respecto de aquellos de quienes se ha aprovechado indebidamente, está dispuesto a restituirles lo substraído con una cantidad no doblada, sino cuadriplicada. No es que se quede en la miseria, porque aún podrá disfrutar de bienes, pero son muchos los bienes de los que se desprende. Con razón sentencia Jesús: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de AbrahánPorque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Zaqueo, el publicano, vivía perdido en medio de sus riquezas, bajo su servidumbre y envuelto en la opacidad de los injustos procedimientos empleados en su adquisición. La entrada de la salvación en su casa significaba el ingreso de una fuerza liberadora que le arrancaba de esta servidumbre, que le permitía liberarse de los bienes injustamente adquiridos y de los bienes innecesarios para él, pero muy necesarios para la supervivencia de los pobres. Y porque Zaqueo era también hijo de Abrahán no se le podía excluir de la salvación como hacían los fariseos. También era salvable. Y el que había venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido, había encontrado a uno de esos elementos perdidos o retenidos en las mazmorras de la avaricia, o de la lujuria, o de la soberbia, o de la codicia, o de la gula o del pecado que sea, y lo había salvado o liberado permitiéndose reencontrar su verdadera libertad.

Bastó la presencia misericordiosa de Jesús, acompañada de su palabra absolutoria, para provocar de inmediato la reacción igualmente misericordiosa y clemente del publicano Zaqueo. La acción de Jesús provoca una reacción equivalente en Zaqueo: el perdón de Dios llama al perdón de los hermanos; la misericordia de Dios despierta en el corazón del hombre verdaderos deseos de practicar la misericordia para con sus semejantes. Y esta misericordia efectivamente realizada tendrá su correspondencia en el día del juicio. Pues el que practicó la misericordia tendrá un juicio misericordioso: con la medida con que vosotros midiereis seréis medidos.

Quedémonos, pues, con esta lección: Cristo ha venido a salvar lo que estaba perdido y no hay nada perdido que no sea salvable. Basta dejarse tocar por la gracia liberadora de Dios para experimentar la salvación y la libertad que le viene asociada y que despierta necesariamente la necesidad de satisfacer o de hacer lo necesario para restituir lo injustamente adquirido o reparar los daños causados.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

II. NECESIDAD DE PROMOVER LA EDUCACIÓN
LITÚRGICA Y LA PARTICIPACIÓN ACTIVA.

14. La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, “linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (1 Pe., 2,9; cf. 2,4-5). Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano, y por lo mismo, los pastores de almas deben aspirar a ella con diligencia en toda su actuación pastoral, por medio de una educación adecuada. Y como no se puede esperar que esto ocurra, si antes los mismos pastores de almas no se impregnan totalmente del espíritu y de la fuerza de la Liturgia y llegan a ser maestros de la misma, es indispensable que se provea antes que nada a la educación litúrgica del clero. Por tanto, el sacrosanto Concilio ha decretado establecer lo que sigue:

Recursos – Ofertorio Jesucristo, Rey del Universo

PRESENTACIÓN DE LA PLANTA DE LA COMUNIDAD

(Esta ofrenda la puede hacer cualquiera de los miembros de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: En los inicios del curso pastoral (hace unos domingos), te presentamos, Señor y Padre nuestro, una hermosa PLANTA, como signo de la SEMILLA que Tú mismo habías sembrado en cada uno de nosotros y en cada una de nosotras. Por nuestra parte, nos comprometíamos a cuidarla también durante este año pastoral. Hoy, al terminar esta primera etapa y prepararnos a iniciar el nuevo Año Litúrgico, te volvemos a presentar la misma PLANTA: la hemos cuidado y la seguiremos cuidando, siguiendo los pasos del mismo Jesús. Ayúdanos, Padre bueno, para que cumplamos nuestro compromiso.

PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRAQUEO

(Esta ofrenda la puede hacer algún miembro de la comunidad que se dedique a la evangelización en sus diversas expresiones)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este globo terráqueo. Es el símbolo de nuestro mundo dividido en mil países, pueblos, culturas y lenguas. Sin embargo, nosotros y nosotras reconocemos tu único señorío, que aúna los intereses y los deseos de las personas. Te ofrecemos, así, la unidad de la humanidad, por la que nos comprometemos todos y todas a luchar.

PRESENTACIÓN DE UN DICCIONARIO

(Esta ofrenda la puede hacer algún miembro de la comunidad que tenga una profesión o dedicación de índole intelectual)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este diccionario. Es el símbolo de la sabiduría en el mundo occidental y es un instrumento habitual de mi trabajo. Sin embargo, tu pueblo y Tú mismo nos decís que la sabiduría es como el sabor de la vida, el buscar por debajo de sus apariencias tu presencia oculta y amorosa. A mí, Señor, y en nombre de toda la comunidad, me gustaría participar de esta sabiduría para saber vivir con sentido y profundidad, haciéndote SIEMPRE un hueco significativo en nuestro caminar de cada día.

PRESENTACIÓN DE UNA CESTA DE FRUTAS

(Debiera ser una cesta exuberante de todo tipo de frutas exquisitas. También, podría ser de las frutas que en este momento produce la naturaleza, como las castañas. La ofrenda la puede hacer cualquier miembro adulto de la comunidad. Al finalizar la celebración, podría ser llevada, como regalo, a una de las familias de la comunidad, que se sepa pasa necesidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy esta bella y suculenta cesta de frutos. Tú nos los regalas a través de la naturaleza para nuestro alimento y el gusto de nuestro paladar. Yo te la ofrezco hoy, en nombre de toda la comunidad, en reconocimiento de que eres el Señor y Rey de todo lo que Tú mismo has creado. Te agradecemos también el que nos hayas dado la responsabilidad de cuidarlo, conservarlo y multiplicarlo. Porque, no siempre lo hacemos de acuerdo a tus deseos y voluntad, te pedimos nos ayudes a comprender que nos lo encomiendas para que llegue a todos y a todas y no lo utilicemos tan sólo como fuente de beneficios económicos para unos pocos.

PRESENTACIÓN DE LOS DOS CALENDARIOS LITÚRGICOS

(Se trata de los calendarios litúrgicos del año que termina y del que se inicia el domingo próximo. Puede hacer la ofrenda uno de los o una de las del grupo de animación litúrgica de la comunidad, si es que lo hubiere. De lo contrario, lo puede hacer alguna de las personas que se ocupen de los preparativos o limpieza del lugar de la celebración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí, Señor, que me ocupo de algunas tareas litúrgicas de la comunidad, me han encargado ofrecerte, en nombre de todos y de todas, estos DOS CALENDARIOS LITÚRGICOS: el que nos ha acompañado y nos ha servido para preparar nuestras celebraciones durante el año que termina esta semana; y el que lo hará durante el año próximo, que comienza el domingo que viene. Con ellos, no sólo reconocemos tu señorío sobre la historia, sino también tu mano amorosa que nos lleva, a través del tiempo, a tu búsqueda y a tu encuentro. Señor, que no nos falte tu compañía mientras el tiempo pasa, porque el futuro, sin Ti, nos plantea un serio peligro de zozobra.

Oración de los fieles – Jesucristo, Rey del Universo

Celebrar la fiesta de Cristo, Rey del Universo, es reconocer a Jesús, como testigo de la verdad, como libertador, como Señor del mundo. Por eso encomendamos a El nuestras necesidades, para que interceda al Padre por nosotros. Y respondemos:

VENGA A NOSOTROS TU REINO SEÑOR.

1.- Por la Iglesia, portadora de la historia de salvación, para que ayude a los hombres a liberarse de tantas esclavitudes como pone el mundo de hoy y muy especialmente la sociedad de consumo. OREMOS

2.- Por el Papa, los obispos, los sacerdotes, para que nos ayuden a vivir en la verdad y en el desinterés por lo económico, siendo nosotros donación permanente para los hermanos. OREMOS

3.- Por todos los que pasan por la vida sin vivir los verdaderos valores que sacan de la esclavitud, para que descubran que el Reino de Dios es Vida aquí en la tierra y también el Cielo. OREMOS.

4. – Por todas las familias que atraviesan momentos difíciles, para que sean conscientes de que sólo el amor puede salvar esas carencias que poco a poco van minando la convivencia. OREMOS

5. – Por todas las naciones de la tierra, para que descubramos que el Reino de Dios es: vida, verdad, justicia, paz, gracia, amor y no nos cansemos de pedir para que nos llegue a todos ese Reino. OREMOS

6. – Por nosotros, los que asistimos a la Eucaristía –y por los que no pudieron o no quisieron venir– pues todos somos portadores de tantas gracias recibidas del Señor, para que seamos generosos al compartirlas y ofrecerlas a los demás. OREMOS

Escucha Señor, Dios Padre Nuestro, estas súplicas que te dirigimos con la confianza de que siempre nos escuchas.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.


Tu Señor que te preocupas por tus ovejas, que nos conoces y nos cuidas, que nos marcas el camino para ir seguros y nos buscas cuando andamos perdidos, atiende la llamada de tu pueblo con esa bondad y misericordia que brota de tu corazón:

CUIDA A TU PUEBLO, SEÑOR.

1.- Por el Papa Francisco, concédele Señor tu Luz y tu Sabiduría para que ilumine el camino de tu pueblo. OREMOS

2.- Por todos los obispos sacerdotes y diáconos, concédeles Señor tu paciencia y dulzura para conducir a todos los que hasta ellos se acercan. OREMOS

3.- Por nuestro planeta, concédele Señor tu Paz para que todos los hombres puedan trabajar y ser felices y desaparezca el odio entre los pueblos. OREMOS

4.- Por los enfermos y forasteros, por los que tienen hambre, o están en la cárcel, concédeles Señor tu Esperanza para que encuentren en los cristianos ese consuelo y esa ayuda que necesitan. OREMOS

5.- Por todos los que estamos aquí reunidos, concédenos Señor la Alegría de compartir nuestro tiempo y nuestro esfuerzo para lograr hacer crecer la semilla de tu Reino. OREMOS

6.- Por los periodistas y comunicadores, concédeles Señor la prudencia y sensibilidad necesaria para que sean portavoces de la verdad y la concordia. OREMOS

Padre, escucha estas plegarias y aquellas que llevamos en nuestros corazones, no dejes de atenderlas y concede a tu pueblo todo lo necesario para construir tu Reino.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

Del evangelio de hoy destaco las cuatro miradas en torno a Zaqueo que, veladamente, desarrolla Lucas en este magistral relato. Este jefe de publicanos, bajito de talla pero ágil trepando árboles, es figura central. ¡Atención a las miradas del texto!

  • La mirada de Zaqueo sobre sí mismo. Se siente “mal visto” por todos. Le desprecian por lo pequeño y ridículo de su estatura, pero sobretodo es doblemente odiado por ser ladrón manejando tributos y tasas y colaboracionista con el imperio romano.
  • La mirada de Zaqueo a Jesús. Es una mirada furtiva y cargada de expectativas. Mezcla la curiosidad con una incipiente ilusión: ¿Será Jesús la primera persona en mi vida que de veras me entienda? ¿Sabrá reconocer que bajo mis apariencias late un corazón que sufre y que es capaz de una inmensa generosidad? ¿Sabrá Jesús sacar de mí lo mejor de mí mismo?
  • La mirada de Jesús a Zaqueo. Rebosa humanidad y conocimiento. Le llama por su nombre. Y, en un exceso de confianza, se autoinvita a su casa. Allí dialoga con él. Jesús no le tiene miedo ni asco. Él amaba a los pobres y también a los pecadores, cosa ésta bien complicada. Tanto amor cambió la vida de Zaqueo, su carácter y su manera de manejar el dinero.
  • La mirada de la gente a Zaqueo. Solo saben criticar y pisotear. Es su oficio. Tal vez algo más que un desafortunado desahogo. La acusación ni libera ni salva a nadie, sino que hunde más en el abismo de las propias miserias. ¡Qué lejos está Jesús de esta manera puritana de tratar a los caídos!

Se repite mucho, pero lo solemos hacer muy poco: Colocarnos en el lugar de Zaqueo imaginativamente y reconstruir el relato de estos cruces de miradas… a ver qué sale de ahí.

Juan Carlos Martos cmf