Vísperas – Miércoles XXXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXXIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste.

que el agua del camino es amarga…, es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siento el alma triste hasta la muerte triste…

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansado labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,
Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22.25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
— guárdala de todo mal y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
— y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes,
— y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
— alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
— y dales posesión de tu reino.

Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios salvador nuestro, danos tu ayuda, para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así los que de ti hemos nacido como hijos de la luz seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXXIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial
Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 19,11-28
Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros.’ «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’ Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades. ‘ «Vino el otro y dijo: `Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’ Dícele: `Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’ Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.’
«`Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.’» Y dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae la Parábola de los Talentos, en la que Jesús nos habla de los dones que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene alguna cualidad, recibe algún don o sabe alguna cosa que puede enseñar a los otros. Nadie es sólo alumno, nadie es sólo profesor. Aprendemos unos de otros.
• Lucas 19,11: La llave para entender la historia de la parábola. Para introducir la parábola Lucas dice lo que sigue: “Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro”. En esta información inicial, Lucas destaca tres motivaciones que llevan a Jesús a contar la parábola: (a) La acogida que hay que dar a los excluidos, pues, diciendo “mientras la gente escuchaba estas cosas”, se refiere al episodio de Zaqueo, el excluido que fue acogido por Jesús (b) La proximidad de la pasión, de la muerte y de la resurrección, pues decía que Jesús estaba cerca de Jerusalén donde iba a morir en breve. (c) La llegada inminente del Reino de Dios, pues las personas que acompañaban a Jesús pensaban que el Reino de Dios llegaría luego.
• Lucas 19,12-14: El inicio de la Parábola. “Dijo, pues: Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros”. Algunos estudiosos piensan que en esta parábola Jesús se refiere a Herodes quien setenta años antes (40 aC), había ido a Roma con el fin de recibir el título y el poder de Rey de Palestina. A la gente no le gustaba Herodes y no quería que fuera rey, pues la experiencia que habían tenido con él como comandante para reprimir las rebeliones en la Galilea contra Roma fue una experiencia trágica y dolorosa. Por esto decían: “No queremos que ése reine sobre nosotros” A este mismo Herodes se aplicaría la frase final de la parábola: “Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.” De hecho, Herodes mató a mucha gente.
• Lucas 19,15-19: Rendimiento de cuentas de los primeros empleados que recibieron cien monedas de plata. La historia nos dice que Herodes recibió el título de rey y volvió a Palestina para asumir el poder. En la parábola, el rey llama a los empleados a los que había dado cien monedas de plata, para saber cuánto habían ganado. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades. Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades.’ Según la historia, tanto Herodes Magno como su hijo Herodes Antipas, ambos sabían tratar con el dinero y promover a las personas que los ayudaban. En la parábola, el rey da diez ciudades al empleado que multiplicó por diez las cien monedas que había recibido, y cinco ciudades al empleado que las multiplicó por cinco.
• Lucas 19,20-23: Rendimiento de cuentas del empleado que no ganó nada. El tercer empleado llegó y dijo: ”Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste”. En esta frase aflora una idea equivocada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como a un dueño severo. Ante un Dios así, el ser humano siente miedo y se esconde detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, no será castigado por la severidad del legislador. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que cree solamente en si misma, en su propia observancia de la ley. Ella se cierra en sí misma, se aleja de Dios y no consigue ocuparse y preocuparse de los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida. “El rey responde: ‘`Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” El empleado no fue coherente con la imagen que tenía de Dios. Si imaginaba a un Dios tan severo, hubiera tenido que colocar, por lo menos, el dinero en el banco. Así que es condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que le vuelve temeroso e inmaduro. Una de las cosas que más influye en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos imaginaban a Dios como a un Juez severo que los trataba de acuerdo con el mérito conquistado por las observancias. Esto producía miedo e impedía a las personas el poder crecer. Sobretodo, impedía que las personas pudiesen abrir un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba.
• Lucas 19,24-27: Conclusión para todos. “Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. El señor manda quitarle las cien monedas y darlas a aquel que ya tenía mil, porque “a todo el que tiene, se le dará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. En esta frase final está la clave que aclara la parábola. En el simbolismo de la parábola, las monedas de plata del rey son los bienes del Reino de Dios, esto es, todo aquello que hace crecer a las persona y revela la presencia de Dios: amor, servicio, compartir. Aquel que se cierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, éste va a perder lo poco que ya tiene. La persona, pues, que no piensa en sí, sino que se entrega a los otros, ésta va a crecer y a recibir a su vez, de forma inesperada, todo lo que entregó y mucho más: “cien veces más, con persecuciones” (Mc 10,30). “Pierde la vida quien quiere salvarla, gana su vida quien tiene el valor de perderla” (Lc 9,24; 17,33; Mt 10,39;16,25;Mc 8,35). El tercer empleado tiene miedo y no hace nada. No quiere perder nada y, por esto, no gana nada. Pierde hasta lo poco que tiene. El Reino es riesgo. Aquel que no quiere correr riesgos, ¡pierde el Reino!
• Lucas 19,28: Volviendo a la triple llave inicial. Al final, Lucas concluye el asunto con esta información: “Y dicho esto marchaba por delante, subiendo a Jerusalén”. Esta información final evoca la triple llave dada al comienzo: acogida a los excluidos, proximidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en Jerusalén y la idea de la inminente llegada del Reino. A los que pensaban que el Reino de Dios estaba por llegar, la parábola manda mudar la mirada. El Reino de Dios llega, sí, pero a través de la muerte y de la resurrección de Jesús que acontece en breve en Jerusalén. Y el motivo de la muerte fue su acogida, la acogida que Jesús daba a los excluidos como Zaqueo y a tantos otros. Molestaba a los grandes y ellos lo eliminaron condenándolo a muerte y a una muerte de cruz.
4) Para la reflexión personal
• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? A veces los dones de unos generan envidia y competitividad en otros. ¿Cómo reaccionamos?
• Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden explayar sus dones?
5) Oración final
Alabad a Dios en su santuario,
alabadlo en su poderoso firmamento,
alabadlo por sus grandes hazañas,
alabadlo por su inmensa grandeza. (Sal 150,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

 Marcos 16, 1-4

1«161Y, pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron especias para ir y ungirlo.

2Y muy temprano por la mañana, en el primer día de la semana, van al sepulcro después de salir el sol. 3Y se decían unas a otras: “¿Quién hará rodar para nosotras la piedra de la puerta del sepulcro?”. 4Y al levantar la vista, contemplan que la piedra había sido ya apartada (porque era muy grande).

• Al final del pasaje anterior, dos de las tres mujeres que habían visto morir a Jesús observaron el lugar donde José de Arimatea había depositado su cadáver. Ahora las tres vuelven al sepulcro para completar los ritos funerarios abreviados por la llegada del sábado. Pero sus propios ritos no pueden ni siquiera empezar a ejecutarse por una llamativa visión que las saluda.

El pasaje está dividido en dos partes principales: el desplazamiento de las mujeres al sepulcro (16,1-4) y su encuentro con el joven (16,5-8). Cada parte consiste en una conversación (16,3b, 6-7) incluida en el relato (16,1-3a + 4 y 16,5 + 8). La conversación de la segunda parte contesta implícitamente a la pregunta planteada por la primera: Dios, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, ha solucionado el problema de las mujeres quitando la piedra de la entrada del sepulcro.

• 16, 1-4: Transcurrido ya el sábado, es el momento de pasar a la acción para los que se preocupan por Jesús. Las tres mujeres mencionadas en 15,40, que vieron morir a Jesús, dos de las cuales fueron testigos también de su sepultura por José de Arimatea (15,47), compran especies aromáticas cuando el comercio vuelve a funcionar el sábado por la noche (16,1). Muy de mañana al día siguiente, poco después de la salida del sol, visitan la tumba (16,2). La posición final, por tanto enfática, del «antes de salir el sol» sugiere que la referencia al astro es también un detalle simbólico, una metáfora para la resurrección de Jesús. Temprano por la mañana, en el AT, es el tiempo del rescate de Dios cuando las fuerzas de la oscuridad pierden terreno ante el ataque «del reino de la luz»; como afirma el Sal 30,5: «El llanto puede durar toda la noche, pero la alegría viene con la mañana». En la Biblia griega de la LXX, es el tiempo en el que Dios se revela a sí mismo (cf. Ex 34,2) y rescata al elegido de las manos de sus enemigos (cf. Gn 19,27-29; Jue 6,28; 1Sm 5,4; Is 37,36). Es también el momento en el que libera a Daniel de la guarida del león, parecida a una tumba, sellada con una gran piedra, y cuando se ve que ese sabio judío, como Jesús, resulta que está vivo por increíble que parezca (Dn 6,17.19-20). Es incluso más relevante que las últimas palabras de David comparen al monarca que saldrá de su linaje con la luz de la mañana en la salida del sol (2Sm 23,1-41).

Las tres mujeres, sin embargo, a pesar de su devoción a Jesús, se olvidan de la promesa mesiánica implícita en la salida del sol que alumbra el sendero hacia el sepulcro. No piensan en Jesús como el mesías davídico a quien ha ungido Dios, sino como un cadáver que debe ser ungido por ellas, ignorando al parecer que un par de días antes de la muerte de Jesús una mujer anónima, al ungirlo, había hecho que su acción fuera redundante (cf. 14,8). De repente recuerdan, sin embargo, que hay un obstáculo práctico para que se realice el último servicio que tienen la intención de hacer a Jesús: «¿Quién hará rodar para nosotras la piedra de la puerta del sepulcro?» (16,3), expresión que es probablemente más un lamento que una pregunta.

Esta exclamación pone de relieve el problema al que se enfrentan las mujeres, y sirve también como complemento a la visión que tendrán en el versículo siguiente (16,4): la piedra ha sido ya apartada, a pesar de que era muy grande. La visión de las mujeres de la piedra ya desplazada va precedida por una mirada a lo alto, una palabra que suena a 6,41 y 7,34, donde Jesús había dirigido su mirada hacia el cielo antes de realizar un milagro; en los tres casos, la palabra prevé una revelación del poder divino a través de Jesús. Así pues, una acción de Dios ha logrado lo que estaba fuera de la capacidad de las mujeres.

Comentario – Miércoles XXXIII de Tiempo Ordinario

Nos encontramos de nuevo con una parábola. Y en el camino hacia Jerusalén, que es la meta. El evangelista precisa el motivo de la parábola: que había quienes pensaban que el Reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. La proximidad de Jerusalén despierta en ellos la idea asociada del Reino de Dios. Jerusalén era la capital del reino de Judá y estaba llamada a ser también la capital de ese Reino mesiánico que estaba tan presente en el imaginario del pueblo judío.

La parábola de Jesús también dice relación a un reino, o mejor, a un noble que marcha a un país lejano para conseguirse el título de rey y poder volver con semejante título. Ese noble llama a diez empleados suyos y les reparte unos bienes, diez onzas de oro, con el encargo de negociar con ellas durante su ausencia. Al parecer ese noble no gozaba de simpatías entre sus conciudadanos, porque estos deciden enviar tras él una embajada que informe a las autoridades pertinentes de que el nuevo rey no sería bien recibido. Pero el título de rey le fue concedido al solicitante y cuando volvió con su titulación regia fue llamando a sus empleados para pedirles cuentas de su gestión.

El primero le presenta el resultado de su negociado y es felicitado porque ha conseguido que la onza encomendada produzca diez más. Su fidelidad en esta minucia le hace merecedor de responsabilidades más altas; a partir de entonces pasará a regir diez ciudades. El segundo ha obtenido cinco onzas más y se hace merecedor del mando de cinco ciudades. El último, sin embargo, se presenta con la onza recibida. La he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Se ha limitado, pues, a custodiar lo que se le dio, pero sin cumplir el encargo de negociar con ello. Porque no se le dio la onza para que la guardara, sino para que negociara con ella; al menos para que la pusiera en el banco y pudiera rescatarla con los intereses agregados.

Al parecer, lo que paraliza e inhabilita a aquel empleado es el miedo ante las exigencias de su señor, que reclama lo que no presta y siega lo que no siembra, es decir, que exige más de lo que da. Pero es esta misma declaración de pusilanimidad o indolencia lo que le condena. Si aquel empleado sabía de las exigencias de su señor, ¿por qué no se puso manos a la obra para sacar toda la productividad a la onza entregada? ¿No acaba por menospreciar a un señor tan exigente, dado que no reacciona ante el pensamiento de que finalmente le pedirá cuentas de su gestión?

El calificativo que recibe aquel empleado es el de holgazán. Por eso, por no haber puesto nada de su parte en la producción del capital encomendado, merecerá no sólo que no se le encomiende más, sino que se le quite hasta lo que se le dio, porque no ha sabido darle buen uso. Por eso, al que tiene (porque ha producido más de lo que se le dio) se le dará (para que siga produciendo), pero al que no tiene (porque se ha limitado a conservar lo que se le entregó), se le quitará hasta lo que tiene (lo que le había sido entregado para negociar con ello).

Jesús nos induce de nuevo a pensar en nuestra vida como un tiempo de duración limitada en el que se nos han encomendado unos bienes o capacidades (materiales, intelectuales, espirituales) en diversa proporción para hacerles producir o para multiplicarles. Nuestro trabajo consiste precisamente en eso, en desarrollar hasta donde sea posible esas capacidades que forman parte de nuestra dotación humana y cristiana. No se trata del desarrollo por el desarrollo o de la perfección por la perfección, sino del desarrollo personal que se pone al servicio del desarrollo de los demás en orden a alcanzar la plenitud para la que hemos sido hechos, para la que Dios nos ha creado. En semejante plenitud es donde se halla la felicidad completa. Y Dios nos ha creado para ser felices, cosa que no es posible en el estado de imperfección o de inconclusión.

Es, pues, una llamada a trabajar en los trabajos que Dios quiere. Y entre esos trabajos está el de la fe, un asunto que podemos tener muy descuidado. También la producción de la onza de la fe reclama laboriosidad y esfuerzo. Y no podemos presentarnos ante Dios, un Dios que no se permite segar lo que no sembró ni reclamar lo que no prestó (Dios siempre recoge de lo que él mismo ha sembrado previamente), con la fe que recibimos, como aquella onza de oro, en nuestro bautismo o con la fe que mantuvimos hasta la adolescencia; no, tenemos que presentarnos ante él con una fe desarrollada, propia de adultos, acrisolada en la prueba y en el contraste con las ciencias humanas, madurada en la experiencia de la oración y de la vida. De no ser así, podemos ser condenados por holgazanes y se nos puede acabar quitando aquella fe que se nos dio en su día y de la que pudimos disfrutar siendo niños o adolescentes.

La imagen del señor de la parábola, ese noble que aspira a conseguirse el título de rey para imperar incluso sobre los conciudadanos que no le aceptan como rey, ese rey inmisericorde que finalmente manda degollar a todos sus opositores en su presencia, puede que no concite nuestras simpatías, ni siquiera nuestra aprobación. Es una imagen en la que prevalecen los rasgos del rey exigente y despiadado que poco tienen que ver con el rostro clemente y misericordioso del Padre o del Pastor de otras parábolas como la del hijo pródigo o la oveja perdida. Pero no reparemos en ese personaje que parece tomado de cualquier capítulo de nuestra historia, sino en nuestra condición de empleados a quienes se les exige una tarea en la vida, no porque Dios sea exigente, sino porque nuestra vida de seres llamados a la perfección reclama desarrollo y exigencia, porque hemos sido creados para la madurez o para la santidad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Comentario Jesucristo, Rey del Universo

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús: Concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti.

Haz que nos sea: luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Mt 25, 31-46

«31Pero cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará en el trono de su gloria 32y serán congregadas delante de él todas las naciones. Y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa 33las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.

34Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre; heredad 35el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me 36hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

37Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber? 38¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? 39¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

40Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

41Y entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Con esta grandiosa escena del Juicio Final (25,31-46), se pone punto final al Discurso Escatológico, y con el comienzo del capítulo 26, se inicia el relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (26-28). El texto culmina la línea de responsabilidad humana, que venía apareciendo los domingos anteriores. Pero con una especificidad: el texto dice de forma impresionante que la relación con Jesús no puede disociarse de las relaciones con las personas concretas necesitadas, que lo representan esencialmente. Es la última instrucción extensa de Jesús a sus discípulos, por eso tiene gran importancia. Con la fiesta de Jesús, Rey y Señor de toda la historia, que celebramos hoy, termina el año litúrgico, especialmente centrado en Mateo, y comienza un nuevo año, un nuevo adviento, una nueva oportunidad para seguir creciendo como creyentes y discípulos.

TEXTO

Este evangelio tiene 2 partes principales, encuadradas por una introducción (vv. 31-33), que describe el escenario del juicio, y por la conclusión (v. 46), que señala el destino definitivo de los justos y de los que carecen de amor. Entre ambas, hay dos diálogos entre los examinados y el juez universal, ahora calificado de “rey”: vv. 34-40 y vv. 41-45. Los diálogos contienen la fundamentación del juicio y la autodefensa de los acusados. Ambos emplean un vocabulario similar: a la sentencia (vv. 34 y 41) sigue la fundamentación (vv. 35-36 y 42-43), la réplica al juez de los encausados (vv. 37-39 y 44), y la solemne respuesta del rey con dos “dichos-amén” (vv. 40 y 45). A medida que avanza el texto, es más clara la tendencia a condensar y abreviar.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La llamada a poner en juego los talentos, que recibíamos el domingo pasado, tiene aquí una especificación: la atención a personas en estado de necesidad, el amor solidario. Sobre la identidad de los “hermanos más pequeños”, que aparecen en el texto sin participar en él, hay muchas posiciones: la interpretación universal (= todas las personas necesitadas de la Tierra); la interpretación eclesial (= miembros necesitados de la comunidad cristiana); la interpretación reducida (= misioneros cristianos). En cualquiera que se tome, la importancia estriba en tomar muy en serio el precepto del amor, enseñado y vivido por Jesús: nos ofrece ojos nuevos para ver y sentir de modo nuevo al necesitado y a Dios.

• Hermoso juego de palabras entre el “entonces” (tóte) y el “cuándo” (póte): hacer memoria (¿cuándo?) y hacer historia (entonces): hacer concreta nuestra opción por la justicia, la solidaridad y el amor.

• Es impresionante la suprema autoridad de Jesús: gloria, ángeles, sentarse en el trono, pastor, rey. Por eso mismo resulta tan paradójica la identificación de un personaje tal, con las personas más necesitadas, más “pequeñas”. ¿Nuestra fe y seguimiento de Jesús nos llevan a acercarnos a los “insignificantes” de este mundo?

• El juicio resulta tener un final sin salida, porque todos podemos ser ovejas (¿quién no ha visitado un enfermo, por ejemplo?), pero todos podemos ser cabritos (¿quién ha visitado a todos los enfermos?).

Además, el reino está preparado para todos (en el “vosotros” pueden caber todos), pero el fuego eterno está preparado para el diablo y sus ángeles. La clave de interpretación no es, pues, la salvación o condenación eterna del lector.

• Lo realmente destacable son las palabras de autoridad de Jesús: “En verdad os digo”. La identificación de todo necesitado con el propio Jesús: Al margen del ‘sacramento del prójimo’ no hay camino hacia Dios (G. Gutiérrez). Estamos ante el ejemplo bíblico más impresionante de las “metamorfosis” de Dios: Él entra en la historia para poder encontrarle en el sufriente.

Los hambrientos, sedientos, extranjeros, desnudos, enfermos y presos son iconos del mundo sufriente, pero también presencia de Dios; ellos posibilitan el encuentro con Dios.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Jesucristo, Rey del Universo

XXXIV Domingo de Tiempo Ordinario
22 de noviembre 2020

Ezequiel 34, 11-12. 15-17; Salmo 22; 1 Colonícense 15, 20-26. 28; Mateo 25, 31-46

Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’. Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Reflexión

Jesús habla a sus discípulos de la segunda venida de Jesús. El promete volver en gloria con sus ángeles y sentado en su trono para separar a los buenos de los malos. ¿Cómo escoge a los buenos? Dijo, “estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme.” ¿Qué quería decir Jesús con esto? Cuando estamos ayudando a los necesitados, estamos ayudándolo a Él. Dios creó a todos, ama a todos, y somos todos sus hijos(as). Si alguien ayuda a tu familia, te pones tan feliz como si te hubieran ayudado a ti. Así es Dios con sus hijos. Si lo ayudamos a ellos, es como ayudar a Dios. Igual el no ayudarlos, le duele como si no lo ayudaríamos a Él.

Actividad

En la siguiente página colorear y hablar de cómo ayudar a los más pequeños de la familia del Jesús.

Oración

Jesús, Rey de mi corazón, lléname de amor para poder ayudar al necesitado. Ayúdame a ser generoso(a) con mis cosas, mi tiempo, y mis talentos. Ayúdame a verte en todos los más pequeños. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Jesucristo, Rey del Universo – Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: – Venid vosotros, benditos de mi Padre: heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le contestarán: – Señor, ¿cuándo te vimos con habre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: – Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Y entonces dirá a los de su izquierda: – Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también estos contestarán: – Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Y él replicará: – Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna

Explicación

Celebramos hoy la fiesta de Jesús Rey del Universo. Por eso el evangelio de hoy nos dice como Jesús al final del mundo juzgará como Rey a todos los hombres y separará a los que le siguieron y cumplieron el mandamiento del amor de los que no lo cumplieron. Nosotros pues hemos de comprometernos a cumplir el mandamiento del amor. Así Jesús nos llevará a su lado.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXXIII de Tiempo Ordinario

La liturgia eucarística nos emplaza en el día de hoy ante la parábola de los talentos, o mejor “de la onza de oro” según la versión lucana. Estamos ante una parábola elocuente y clara, pero que contiene también su misterio escondido, porque no habla solo de laboriosidad y de pereza sino de otras cosas.

  • Dios nos regala a todos dones preciosos para que los usemos, no para que abusemos de ellos. Somos libres de usarlos y libres de tomar iniciativas, pero sólo con buen fin. Ya nadie está de acuerdo con lo que se decía en la Edad Media (= “el dinero está muerto, porque no puede tener hijos”). Nada está muerto. Todo don produce, forma parte de lo que crece y se desarrolla. No todos somos poetas o músicos, pero de alguna forma todos somos artistas. En nuestras manos tenemos talento, herramientas y materiales para crear la más bella obra de arte que es nuestra propia vida como don de Dios a los demás. Y no hay nada más plenificante en esta vida que la satisfacción que produce verla concluida como la obra más hermosa.
  • Cobra además protagonismo en la parábola el tercer personaje. La razón que aduce para no hacer fructificar su talento era el miedo a su señor. Curiosamente no le produce pavor confesárselo directamente al mismo señor que tanto pavor le causaba. En esta parábola se nos previene contra el miedo. El miedo es una emoción negativa y paralizante desde la que “frecuentamos el futuro” … Consigue congelar nuestras mejores resoluciones. Hay más decisiones que se toman por no tomarlas que por tomarlas. ¿Cómo se pasa del miedo a la decisión? Tal vez el secreto está en mandarlo callar, en no darle poder, en no dejar que domine nuestras ideas y nuestra voluntad… Quien remueve con el palito de su conciencia sus propios miedos se condena a verse atrapado en sus cadenas.

Haríamos mal si tras rezar esta parábola se nos queda en el alma la imagen de un Dios muy exigente e inflexible… Jesús está hablando aquí de Dios mismo que es amor, sino de la imagen de Dios que fabrica el miedoso. Y son cosas distintas y opuestas.

Juan Carlos Martos cmf