Vísperas – Jueves XXXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.

 

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso e hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 1, 6-9

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:

Mira a tus hijos, Señor.

Dios de amor, que has hecho alianza con tu pueblo,
— haz que recordemos siempre tus maravillas.

Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la caridad
— y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Haz que siempre edifiquemos la ciudad terrena unidos a ti,
— no sea que en vano se cansen los que la construyen.

Manda, Señor, trabajadores a tu mies,
— para que tu nombre sea conocido en el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre los santos
— y haz que nosotros un día nos encontremos con ellos en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora empieza, nos veamos exentos de toda culpa y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia, para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXXIII de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,41-44
Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos dice que Jesús, al llegar cerca de Jerusalén, viendo la ciudad, empieza a llorar y a pronunciar palabras que hacían vislumbrar un futuro muy sombrío para la ciudad, capital de su pueblo.
• Lucas 19,41-42 Jesús llora sobre Jerusalén. “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! ¡Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos!”. Jesús llora, pues ama su patria, a su pueblo, la capital de su tierra, el Templo. Llora porque sabe que todo va a ser destruido por culpa del pueblo mismo que no sabe percibir ni valorar la llamada de Dios dentro de los hechos. La gente no percibe el camino que podría llevarlo a la Paz, Shalóm. Pero ahora esto está oculto a tus ojos. Esta afirmación evoca la crítica de Isaías a la persona que adoraba los ídolos: “Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?” (Is 44,20). La mentira estaba en sus ojos y por esto se volvieron incapaces de percibir la verdad. Como dice San Pablo: “Ellos se rebelan a la verdad y obedecen a la injusticia” (Rom 2,8). La verdad se hace presa de la injusticia. En otra ocasión, Jesús lamenta que Jerusalén no sepa percibir ni acoger la visita de Dios: “¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa” (Lc 13,34-35).
• Lucas 19,43-44 Anuncio de la destrucción de Jerusalén. “Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra.”. Jesús describe el futuro que le va a tocar a Jerusalén. Usa las imágenes de guerra que eran comunes en aquel tiempo, cuando un ejército atacaba a una ciudad: trincheras, cerco cerrado alrededor, matanza de la gente y destrucción total de las murallas y de las casas. Así, en el pasado, Jerusalén fue destruida por Nabucodonosor. Así, las legiones romanas solían hacer con las ciudades rebeldes y así se hará nuevamente cuarenta años después, con la ciudad de Jerusalén. De hecho, en el año 70, Jerusalén fue cercada e invadida por los ejércitos romanos. Todo fue destruido. Ante este trasfondo histórico, el gesto de Jesús se convierte en una advertencia muy seria a todos los que pervierten el sentido de la Buena Nueva de Dios. Ellos tienen que escuchar la advertencia final: “Porque no has conocido el tiempo de tu visita”. En esta advertencia, toda la labor de Jesús está definida como una “visita”, la visita de Dios.

4) Para la reflexión personal

• ¿Lloras a veces viendo la situación del mundo? Mirando la situación del mundo, ¿Jesús lloraría ahora? La previsión es sombría. Desde el punto de vista de la ecología, pasamos ya el límite. La previsión es trágica.
• La labor de Jesús está visto como una visita de Dios. ¿Has recibido en tu vida alguna visita de Dios?

5) Oración final

¡Cantad a Yahvé un cántico nuevo:
su alabanza en la asamblea de sus fieles!
¡Regocíjese Israel en su Hacedor,
alégrense en su rey los de Sión. (Sal 149,1-2)

Dios no abandona nunca a los hombres (amor de Dios a los hombres)

El abismo de malicia, que el pecado lleva consigo, ha sido salvado por una Caridad infinita. Dios no abandona a los hombres (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo quien pasa, 95).

Oye cómo fuiste amado cuando no eras amable; oye cómo fuiste amado cuando eras torpe y feo; antes, en fin, de que hubiera en ti cosa digna de amor. Fuiste amado primero para que te hicieras digno de ser amado (San Agustín, Sermón 142).

Ahora me da devoción ver cómo me daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa (Santa Teresa, Vida, 1, 4).

Comentario – Jueves XXXIII de Tiempo Ordinario

El evangelio de san Lucas nos sitúa a Jesús no ya camino de Jerusalén, sino ante las mismas murallas de la ciudad. Y teniendo a Jerusalén ante los ojos, nos dice el evangelista, rompió a llorar y, conmovido, dijo: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no; está escondido a tus ojos. ¡Qué palabras más sugerentes para nosotros en estos momentos en que ha vuelto a rebrotar de nuevo el conflicto entre árabes y palestinos! Jerusalén, la «casa (yeru) de la paz (shalem)», desconoce paradójicamente lo que conduce a la paz. Y rechazando a Jesús, expulsándolo de sus murallas y crucificándolo como un malhechor, seguirá ignorando lo que lleva a la paz.

Jesús, previendo este trágico final, lo anuncia con antelación, aunque entre enigmas e insinuaciones, y se deja llevar por la conmoción permitiendo que las lágrimas broten con espontaneidad. Jesús llora teniendo a la vista la ciudad que no le reconocerá como Mesías. Se trata de la ciudad santa, la ciudad que alberga a los dirigentes del pueblo judío, la ciudad que tendría que haber reconocido de inmediato al enviado de Dios. Pero no, la ciudad de la paz no será capaz de reconocer al que viene a ella, de parte de Dios, el Dios de la Alianza, como la Paz.

Así presenta san Pablo a Jesucristo, como el que ha venido a traer la paz, derribando con su muerte el muro que separaba a judíos y gentiles, el odio. Aquí paz significa reconciliación profunda en un suelo común, la Iglesia cristiana, que es el lugar en el que pueden comulgar judíos y gentiles, una vez creado el hombre nuevo (el hombre reconciliado en el amor) en el que ya no hay distinción entre judíos y gentiles, hombre y mujer, esclavos y libres, porque todos han pasado a ser uno sin perder su distintivo racial, sexual o social. Dando muerte al que venía a ella como la paz, ha propiciado el nacimiento de este hombre nuevo en el que se hace realidad la paz que vence al odio y la reconciliación con Dios y con los hombres. Y es que las resistencias humanas a los planes de Dios no pueden acabar con éstos.

Pero la ciudad que no reconoció el momento de la venida del Ungido de Dios será una ciudad repetidas veces asediada y destruida a lo largo de la historia, una ciudad que no encontrará la paz. Por eso las palabras pronunciadas por Jesús en aquel momento resultan proféticas o premonitorias: Llegará un día en que tus enemigos te rodearan de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedraPorque no reconociste el momento de mi venida.

Son palabras que se cumplieron en su literalidad cuando los ejércitos del emperador Tito invadieron Jerusalén en el año sesenta. No quedó piedra sobre piedra. Se produjo la diáspora del pueblo judío. Y sólo después pudo reconstruirse el templo de Jerusalén. Hoy, los judíos han vuelto a Jerusalén, pero ésta sigue sin ser lo que dice su nombre, la casa de la paz, quizá porque sigue sin reconocer la venida a ella del Mesías, la Paz venida de parte de Dios para derribar el muro del odio que separa a los hombres.

Esto que le ha sucedido (y le sucede) a Jerusalén, puede sucederle a todo el que se empeñe en no querer reconocer el momento de su venida. No reconocer a Jesucristo como enviado de Dios, como Mesías, como Hijo de Dios puede significar privarse de la Paz (bien mesiánico) que sólo con él llega, una paz que reconcilia con Dios y con los demás, una paz que nos reconcilia con nosotros mismos, una paz que derriba los muros invisibles –y por ello más difíciles de derribar- levantados por el odio, o la envidia, o la codicia, o la soberbia (incluida la nacionalista). ¡Ojalá seamos capaces de reconocer los momentos de la venida del Ungido del Espíritu y Sembrador de la paz!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

Formación litúrgica del clero

16. La asignatura de sagrada Liturgia se debe considerar entre las materias necesarias y más importantes en los seminarios y casas de estudio de los religiosos, y entre las asignaturas principales en las facultades teológicas. Se explicará tanto bajo el aspecto teológico e histórico como bajo el aspecto espiritual, pastoral y jurídico. Además, los profesores de las otras asignaturas, sobre todo de Teología dogmática, Sagrada Escritura, Teología espiritual y pastoral, procurarán exponer el misterio de Cristo y la historia de la salvación, partiendo de las exigencias intrínsecas del objeto propio de cada asignatura, de modo que quede bien clara su conexión con la Liturgia y la unidad de la formación sacerdotal.

El viaje de incógnito de Jesús

1.- No sé la credibilidad de la anécdota sobre el Rey Alfonso XIII, el bisabuelo del actual Rey de España, que al despedirse de un fortuito compañero de copas en la noche madrileña de hace muchos años, se despidió diciendo, “Alfonso XIII, en el Palacio Real” y el amigo desconocido le contestó impertérrito: “Pío XI, en el Vaticano” Si doy fe de otro, también, ocurrida hace años, cuya protagonista fue la madre de un jesuita misionero, que al encontrarse en Roma con el Cardenal Tarancón y al decirle que era madrileño, el Cardenal se ofreció a llamar por teléfono y dar noticias recientes a la madre del hijo misionero. Llegó Monseñor Tarancón a Madrid, llamó y se presento: “Soy el Cardenal Tarancón”. Y con asombro oyó la respuesta: “Pues yo soy Sofía Loren”. En ambos casos conocidos pero no reconocidos.

2.- Y es el misterio encerrado en la parábola de hoy que no es más que la prolongación a través de los tiempos del Misterio del Dios hecho carne, que Dios viaja de incógnito de forma que no le reconocemos y le confundimos con otro.

** ¿Pudo alguien reconocer al Hijo de Dios, Rey de Reyes, en el niño envuelto en pañales, llorando de frío y de hambre en Belén? Parientes y amigos de María y José, se tropezaron con Dios en aquel niño pero no le reconocieron.

** ¿Y quién pudo pensar que el hijo del carpintero de Nazaret era el Rey de Majestad infinita ante la que tiemblan los ángeles? Primos y primas, tíos y tías y convecinos de Nazaret trataron con Dios en Jesús, pero no le reconocieron

** ¿Y en el condenado a muerte y colgado de patíbulo, abandonado, abandonado de Dios y de los hombres, llamado Rey de los judíos y en realidad, Rey del Universo, quien reconoció a Dios? Lo conocieron, hablaron de Él largos días, pero no le reconocieron como Señor de la Vida.

3.- Pues nos dice Jesús que él continúa en su viaje de incógnito y que los que le conocemos le buscamos lejos cuando esta a nuestro lado minuto a minuto en nuestra vida

–buscamos en las alturas su rostro de Dios y se revela en un rostro de hombre.

–con los ojos de la Fe, como prismáticos a larga distancia, tratamos de verlo en la lejanía divina y está sentado en el mismo banco junto a mí. Espera el paso del mismo semáforo. O me lo tropiezo esperándome en casa

Pero como sucedió con sus coetáneos al que conocemos tan bien no le sabemos reconocer. Nos parece otro o distraídos no caemos en la cuenta.

3.- Buscamos su rostro, que no es desconocido porque Jesús porque de Jesús no tenemos ningún documento gráfico y no sabemos reconocerlo en rostros para nosotros demasiado conocidos: el rostro del niño, del colega, de la cocinera, del marido, de la esposa, del forastero, de la mujer de la limpieza, del enfermo, del parado.

No sabemos reconocer la presencia real de Jesús en el sacramento del hermano, del pequeño, del pobre y necesitado

*Porque es el rostro de Jesús, el que se ilumina agradecido en el enfermo a que hemos visitado

*porque es la mano de Jesús la que estrecha la nuestra al dar el pésame a la viuda que acaba de perder el marido

*es Jesús el que nos da las gracias mientras recoge la ayuda que le prestamos para paliar un poco su hambre

*es Jesús el que se marcha de nuestro lado protegido del frío con el abrigo que le hemos dado

*es Jesús el que te interpela en castellano mascullado y vacilante del forastero, que busca un corazón amigo en su destierro.

4.- Es en el hermano donde Jesús Rey espera que vengamos a rendirle los honores reales que merece. Así oiremos aquel “a Mí me lo hicisteis”. Y jamás nos quedará la terrible duda de si alguna vez le cerramos nuestra puerta al mismo Jesús.

Pero para que seamos capaces de esto hay algo que tenemos que hacer, o mejor dicho: que el Señor tiene que hacer en nosotros.

El Señor nos dijo el “Reino de Dios está dentro de vosotros”, en nuestro corazón, en vuestro corazón, en mi corazón.

No se como tendréis vosotros vuestro corazón. El mío está en guerra civil desde hace muchos años. Me encuentro vacío como un botijo reseco y sucio tirado en un solar abandonado

Necesitamos que Cristo Rey entre en nuestro corazón y le dé vida, le llene de su verdad, lo caliente con su amor y haga las paces entre esas dos partes que llevamos dentro.

Y cuando reine en nosotros seremos capaces de rendirle el honor que se merece en el hermano que me necesita.

José María Maruri, SJ

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

«Porque es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. A uno dio cinco millones, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad; y se fue. El que había recibido cinco se puso en seguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno solo fue, cavó en la tierra y enterró allí el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, volvió el amo de aquellos criados y les tomó cuenta. Llegó el que había recibido cinco millones y presentó otros cinco, diciendo: Señor, me diste cinco millones; aquí tienes otros cinco que he ganado. El amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fi el!; has sido fi el en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se presentó también el de los dos millones, y dijo: Señor, me diste dos millones; mira, he ganado otros dos. Su amo le dijo: ¡Bien, criado bueno y fiel!; has sido fi el en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el gozo de tu señor. Se acercó también el que había recibido un solo millón, y dijo: Señor, sé que eres duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo, fui y escondí tu millón en la tierra. Aquí tienes lo tuyo. Su amo le respondió: Siervo malo y holgazán, ¿sabías que quiero cosechar donde no he sembrado y recoger donde no he esparcido? Debías, por tanto, haber entregado mi dinero a los banqueros para que, al volver yo, retirase lo mío con intereses. Quitadle, pues, el millón y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese criado inútil echadlo a las tinieblas exteriores. Allí será el llanto y el crujir de dientes» 

Mateo 25, 14-30

PARA MEDITAR

Hoy es la fi esta de Cristo Rey. Seguro que cuando éramos muy pequeños nos han dicho eso de que somos “los reyes de la casa”. Con eso nos querían decir que nos quieren mucho y que somos muy importantes para nuestros padres y abuelos.

Pues Jesús debe ser algo así para nosotros. Debe ser el rey de nuestra casa, el rey de nuestro corazón, el rey de lo que hacemos. Debe reinar en nuestra vida. Hay veces que nos olvidamos de lo importante que debe ser Jesús para cada uno de nosotros, por eso la fi esta de hoy puede servir para tener esto más presente y reforzar nuestra fe.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • ¿Es Jesús el rey de tu casa, el que reina en las cosas que haces? Escribe un ejemplo donde hayas hecho algo debido a que Jesús ha sido el impulso para hacerlo.
  • ¿Qué quiere decir que Jesús es el Rey del Universo? ¿Qué supone esto para los cristianos?
  • Escribe un compromiso para hacer esta semana para que Jesús esté presente de forma especial esta semana en todo lo que hagas.

ORACIÓN

Me dirás, Señor, ven, bendito,
a disfrutar de la Vida eterna:
porque vivía cerca de ti
y tenías palabras cálidas cada mañana,
porque comprabas en la tienda
y eras cercano y tierno,
porque cuando estando pachucho,
me cuidaste y me dedicaste tu tiempo,
porque cuando me sentí triste,
siempre intentaste levantarme el ánimo,
porque cuando estaba sólo, tenías un rato para mí
porque cuando hice mal un trabajo,
supiste disculparme,
porque cuando nadie me entendía,
encontré tu apoyo incondicional,
porque cuando barría tu calle,
con tu mirada mi dignificabas,
porque cuando te hice una obra, valorabas
mi trabajo y me hacías sentir importante,
porque cuando me rechazaron,
tú te molestaste en escucharme.

Venid, benditos de mi Padre

Me dirás, Señor, ven, bendito,
a disfrutar de la Vida eterna:
porque vivía cerca de ti
y tenías palabras cálidas cada mañana,
porque comprabas en la tienda
y eras cercano y tierno,
porque cuando estando pachucho,
me cuidaste y me dedicaste tu tiempo,
porque cuando me sentí triste,
siempre intentaste levantarme el ánimo,
porque cuando estaba sólo, tenías un rato para mí
porque cuando hice mal un trabajo,
supiste disculparme,
porque cuando nadie me entendía,
encontré tu apoyo incondicional,
porque cuando te hice una obra, valorabas
mi trabajo y me hacías sentir importante,
porque cuando me rechazaron;
tú te molestaste en escucharme,
porque cuando llamé a tu puerta,
me sentaste a tu meas, sin miedo ni ascos,
porque cuando te pedí un favor,
me hiciste sentir que te lo hacía yo a ti,
porque cada vez que me pedías algo,
me diste la oportunidad de ser solidario,
porque cuando tenía mal aspecto,
te acercaste sin reparos,
porque cuando tenía mal aspecto,
te acercaste sin reparos,
porque cuando otros me increpaban,
tú encontraste algo positivo en mí,
porque cuando estaba cansado,
adivinaste mi necesidad y me descansaste,
porque cuando me sentí incomprendido,
tú tenías la capacidad de entenderme,
porque cuando nadie creía en mí,
tú me defendiste y apostataste por mi persona,
porque cuando trabajamos juntos,
tú creaste clima de fiesta y alegría,
porque cuando subimos juntos en el ascensor,
tú me alegraste el día con tu sonrisa,
porque antes de que tuviera una ilusión,
tú ya estabas intentando satisfacérmela,
porque cuando viajamos juntos en el metro,
tu mirada me hizo sentir único,
porque llenaste mi vida de sorpresas,
porque no se te olvidó una fecha importante,
porque tus llamadas de teléfono
alegraron mis noches,
porque tus caricias sacaron música de mi cuerpo,
porque todo tú hiciste que la vida
de mucha gente fuera un poco más bonita,
porque te regalaste en gestos de ternura…
(se podría continuar)
Por haber sido un regalo en este mundo,
ven aquí, bendito de mi Padre.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio

• El juicio final es universal (32): afecta a todo el mundo, sin exclusión. No se “juzga” la pertenencia a un pueblo o a otro ni a un grupo determinado. De hecho no se juzga nada. Lo que ocurre es que la luz de Dios pone de manifiesto hacia dónde cada uno ha llevado su vida.

• La manera de ser del “juez” es la que se expresa en el v. 34, que también está recogida en Lucas: No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino (Lc 12,32). Quizás también hay que tener en cuenta la actitud del padre en la parábola de los dos hijos que nos presenta Lucas (Lc 15, 28ss). No es un Dios que castigue a unos y premie a otros, sino que trabaja siempre para que todo el mundo pueda vivir con él para siempre (Jn 3,16; 5,17).

• Pero lo más significativo de esta página no es este “juicio” que no es “juicio”, sino la preocupación por los pobres, por los que son marginados, por los explotados… Es la opción fundamental de Dios, la opción que le caracteriza. La opción que hizo ya “desde la creación del mundo” (34). Y Jesús muestra esta opción de Dios identificándose con todos ellos. Esta es una afirmación teológica muy importante. Y es un anuncio: el resultado de la vida de cada uno depende de la actitud que haya adoptado en relación con ellos.

• Esta página pretende ser directa y por esto no matiza, hace una distinción radical: cuando hayamos acabado el camino de la vida estaremos en un lado o en otro, no habrá término medio. La intención es provocar ahora, cuando todavía estamos en el camino, una reacción decidida, provocar ahora un cambio en la vida de los oyentes de Jesús y de su Evangelio. Un cambio para huir de la mediocridad y para hacer una opción clara por los hermanos más pobres. Un cambio para seguir a Jesús.

• La identificación de Jesús con los necesitados de toda clase tiene muchas consecuencias, ya que Jesús se ha hecho pobre y ahora está presente de manera real en todos y cada uno de los pobres del mundo: no puede haber separación entre la fe en Dios y el amor a los demás, concretamente a los necesitados. Y es más importante el amor a los pobres que reconocer en ellos la presencia de Jesús.

• Este Evangelio nos pregunta si los pequeños, los necesitados, los pobres, marcan nuestras prioridades, el estilo de vida, el modo de plantear la economía, el sistema social…

• Pero no olvidemos que Jesús nos dice su Palabra no para hacernos sentir frustrados sino para invitarnos a volver a empezar: nos cuestiona para que podamos aprender a partir de la propia experiencia, para que podamos retomar el camino desde el punto donde estemos. Y Él espera, pacientemente, que el camino escogido sea el suyo.

Comentario al evangelio – Jueves XXXIII de Tiempo Ordinario

El breve relato que nos trae el evangelio de hoy nos coloca ante un hecho de la vida de Jesús, que mantiene un posible fondo histórico. Existe actualmente una pequeña capilla, llamada “Dominus flevit”, que recuerda el hecho. Está situada en la ladera del monte de los Olivos, al otro lado del torrente Cedrón, y frente a la Puerta Hermosa de la ciudad Santa de Jerusalén. Cercana ya su muerte, Jesús llora contemplando desde allí la ciudad.

  • El sentido de las lágrimas. No fue la única vez que Jesús lloró en público. Sus lágrimas constituyen un mensaje. Son un lenguaje no verbal para comunicar lo que no pudo decir con palabras. El llanto surge cuando se ha alcanzado el límite de lo inexpresable. La persona que llora capta la atención de los otros. Nunca pasa desapercibida. Tampoco pasó desapercibido el llanto de Cristo para sus compañeros, del que dejaron noticia en esta página evangélica.
  • El dolor del fracaso. Las lágrimas de Jesús no fueron narcisistas como patentiza la profecía que añade. Sus funestos presagios sobre la ciudad no son de condena sino la triste constatación de que toda sociedad construida al margen de la Palabra de Dios y que rechaza a sus enviados ya está en vías de su destrucción. El presentimiento de Jesús sobre la suerte de la ciudad se cumplió en su sentido más hondo: El rechazo de Dios acaba siendo el mayor desastre para el ser humano.
  • La ceguera del corazón. Jesús lamenta profundamente la dureza del corazón de sus coetáneos. No reconocieron que les había llegado el momento decisivo, que era su gran oportunidad. No comprendieron lo que conduce a la paz. Rechazaron a su salvador. Esa fue su gran incongruencia: lo tenían delante y no lo veían. Les fue enviado y no lo reconocieron. Mantener los ojos cerrados es como si Dios ocultase la salvación cuando los hombres la rechazan.

Es impresionante ver llorar a Cristo… Sus lágrimas tienen el poder de estrechar un vínculo íntimo con cada uno de nosotros. Que esas lágrimas nos conmuevan y nos agiten para no ser el fracaso de Dios. Que nos sacudan el alma y nos muevan a enjugarlas, repitiendo con ardor la confesión de Tomas: ¡Señor mío y Dios mío! ¡Ten misericordia de mí!

Juan Carlos Martos cmf