Santoral 19 de noviembre

SAN RAFAEL KALINOWSKI, presbítero († 1907)

Nació en Vilna (Polonia) de familia noble el I de septiembre de 1835. Dedicó su niñez y juventud a la formación en la piedad y en el estudio y en ambas cosas hizo sorprendentes progresos. Mas adelante cursó siete años en un colegio para nobles, realizando también un curso en la escuela de agronomía de Horki. 

Con tan buena preparación abrazó la vida militar, entre los ingenieros de San Petersburgo el año 1853. De allí salió convertido en un flamante teniente encargándose de unas clases a sus propios compañeros. Subió ascendiendo por los diversos grados de la escala militar: capitán, comandante y así llegó hasta el Estado Mayor. En todo este tiempo—pasada una temporada un tanto rara en los primeros años de la vida militar— llamaba la atención por su honradez, por su acendrada piedad y por su generosidad para con los pobres. Su oración durante este tiempo ya era muy profunda y a ella dedicaba varias horas al día. También gozaba en la lectura de libros piadosos y de sólida formación teológica. 

Cayó un poco enfermo y pidió la excedencia de la carrera militar. En este tiempo acentuó mas aún su vida interior. Vinieron días difíciles a su nación, ya que Rusia tenía ocupada a la pobre y mártir Polonia, y había que hacer lo posible para liberarse de aquel yugo opresor. Fue uno de los valientes que se levantaron. Fue nombrado lugarteniente del ministro de la guerra en Lituania y el aceptó con la condición de que no condenaría a muerte a nadie. Cayó preso y aprovechó para llevar una vida de mayor oración y vida mortificada. Parecía ya un verdadero monje. El mismo manifestó la parte tan importante que había tenido en la insurrección contra el pueblo ruso. Fue condenado a muerte, pena que le fue conmutada por el destierro a la Siberia Oriental. Allí estuvo tres años—del 1865 al 1868—entregado a trabajos forzados y malos tratos, pero fortalecido con la Palabra de Dios que leía y meditaba cada día y con las largas horas de oración e intimidad con Dios y con María, a los que ya se había entregado del todo. Vinieron las amnistías y, gradualmente, se vio libre el año 1874. 

Sobre estos años de deportación y sufrimientos, todos sus compañeros de exilio depusieron la maravillosa vida que llevaba nuestro José—que así se llamaba hasta que cambiara su nombre al hacerse carmelita por el de Rafael—. Era la admiración de todos por su gran caridad y, sobre todo, por su enorme vida de penitencia y oración, a las que se entregaba todo el día. Lo tenían por santo y en las letanías añadían esta invocación sus compañeros: “Por las oraciones de Kalinowski ¡líbranos, Señor!”. 

Después de diez años de tanto tormento, pudo volver a su patria. En Varsovia pudo abrazar a sus seres queridos. Fue nombrado preceptor del príncipe Augusto, lo que le obligó a recorrer muchas naciones. En todas partes llamaba la atención aquel noble educador por la bondad y virtudes que brillaban en su persona. 

El Señor y la Virgen le llamaron a la vida religiosa en el Carmelo, y a sus 42 años, el 1877, vestía el habito carmelita, tomando el nombre de Rafael de San José. Ordenado sacerdote el 1882 se entregó de lleno a su ministerio sacerdotal. Le fueron encomendados diversos cargos en todos los cuales demostró una gran entrega y piedad. Sobre todo trabajo con las religiosas contemplativas de la Orden para que volvieran a tener los medios necesarios para vivir. Amó tiernamente a la Virgen María. Llevó una vida de gran intimidad con Dios y recibió gracias extraordinarias del cielo. Decía: “Nuestro principal quehacer en el Carmelo es conversar con Dios en todas nuestras acciones”. Expiró el 15 de noviembre de 1907.

 

Otros Santos de hoy: Crispín, Máximo, Fausto, Feliciano, Severino.

Justo y Rafael Mª López-Melús