Vísperas – Miércoles XXXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor.

Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.

Tuyo me sé,
pues me miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

Por cuanto soy
gracias te doy:
por el milagro de vivir.
Y por el ver
la tarde arder,
por el encantamiento de existir.

Y para ir,
Padre, hacia ti,
dame tu mano suave y tu amistad.
Pues te diré:
solo no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer,
dame, Señor,
hondo soñar.
¡Hogar dentro de ti nos has de hacer! Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1P 5, 5b-7

Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, para dar su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Guárdanos, Señor como a las niñas de tus ojos.
V/ Guárdanos, Señor como a las niñas de tus ojos.

R/ A la sombra de tus alas escóndenos.
V/ Como a las niñas de tus ojos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Guárdanos, Señor como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:

Multiplica la gracia y la paz, Señor.

Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que pasó;
— ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como hierba que florece por la mañana, y por la tarde se seca.

Alimenta a tu pueblo con el maná, para que perezca de hambre,
— y dale el agua viva, para que nunca más tenga sed.

Que tus fieles busquen los bienes de arriba y aspiren a ellos,
— y te glorifiquen también con su trabajo y su descanso.

Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
— para que la tierra dé fruto abundante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Que los difuntos puedan contemplar tu faz,
— y que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, tu nombre es santo, y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles XXXIV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 21,12-19
«Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. Todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, que es la continuación del discurso iniciado ayer, Jesús enumera una señal más para ayudar las comunidades a situarse en los hechos y a no perder la fe en Dios, ni el valor para resistir contra los embates del imperio romano. Repetimos las cinco primeras señales del evangelio de ayer:
1a señal: los falsos mesías (Lc 21,8);
2a señal: guerras y revoluciones (Lc 21,9);
3a señal: nación contra otra nación, un reino contra otro reino, (Lc 21,10);
4a señal: terremotos en varios lugares (Lc 21,11);
5a señal: hambre, peste y señales en el cielo (Lc 21,11);
Hasta aquí el evangelio de ayer. Ahora, en el evangelio de hoy, hay una señal más:
6a señal: la persecución de los cristianos (Lc 21,12-19)
• Lucas 21,12. La sexta señal: la persecución Varias veces, en los pocos años que Jesús pasó entre nosotros, avisó a los discípulos de que iban a ser perseguidos. Aquí, en el último discurso, repite lo mismo y hace saber que hay que tener en cuenta la persecución a la hora de discernir los signos de los tiempos: “Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio”. Y de estos acontecimientos, aparentemente tan negativos, Jesús había dicho: “No os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato. ” (Lc 21,9). Y el evangelio de Marcos añade que todas estas señales son “¡apenas el comienzo de los dolores de parto!” (Mc 13,8) Ahora bien, los dolores de parto, aún siendo muy dolorosos para la madre, no son señal de muerte, sino de vida. ¡No son motivos de temor, sino de esperanza! Esta manera de leer los hechos daba mucha tranquilidad a las comunidades perseguidas. Así, leyendo u oyendo estas señales, profetizadas por Jesús en el año 33, los lectores de Lucas de los años ochenta podían concluir: “Todas estas cosas están aconteciendo según el plan previsto y anunciado por Jesús. por tanto, la historia no se escapó de las manos de Dios. ¡Dios está con nosotros!
• Lucas 21,13-15: La misión de los cristianos en la época de la persecución. La persecución no es una fatalidad, ni puede ser motivo de desaliento o de desesperación, sino que hay que considerarla como una oportunidad, ofrecida por Dios, para que las comunidades lleven a cabo la misión de testimoniar con valor la Buena Noticia de Dios. Jesús dice: “esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.”. Por medio de esta afirmación, Jesús anima a los cristianos perseguidos que vivían angustiados. Hace saber que, aunque perseguidos, ellos tenían que cumplir una misión, a saber: dar testimonio de la Buena Noticia de Dios y así, ser una señal del Reino (Hechos 1,8). El testimonio valiente llevaría a la gente a repetir lo que dijeron los magos de Egipto ante las señales y el valor de Moisés y Aarón: “¡Aquí está la mano de Dios!” (Ex 8,15). Conclusión: si las comunidades no deben preocuparse, si todo está en las manos de Dios, si todo estaba ya previsto por Dios, si todo no es que dolor de parto, entonces no hay motivo para quedarse preocupados.
• Lucas 21,16-17: Persecución dentro de la familia. “Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros.”. La persecución no viene de fuera, de parte del imperio, sino que viene de dentro, de la familia misma. En una misma familia, unos aceptaban la Buena Noticia, otros no. El anuncio de la Buena Noticia producía divisiones en la misma familia. Había personas que, basándose en la Ley de Dios, llegaban a denunciar y a matar a sus propios familiares que se declaraban seguidores de Jesús (Dt 13,7-12).
• Lucas 21,18-19: La fuente de esperanza y de resistencia. “Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Esta observación final de Jesús recuerda la otra palabra que Jesús había dicho: “¡ni un cabello de vuestra cabeza caerá!” (Lc 21,18). Esta comparación era una llamada fuerte a no perder la fe y a seguir firme en la comunidad. Confirma lo que Jesús había hecho en otras ocasiones: “Quien quiere salvar su vida, la pierde, pero aquel que pierde su vida por causa mía, la salvará” (Lc 9,24).

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo sueles leer las etapas de la historia en tu vida y en la vida de tu país?
• Mirando la historia de la humanidad de los últimos 50 años, la esperanza ¿aumentó o disminuyó en ti?

5) Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a las naciones;
se ha acordado de su amor y su lealtad
para con la casa de Israel. (Sal 98,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 16, 5-8

5Y, tras entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, cubierto con una vestimenta blanca, y se asombraron.

6Pero él les dice: “No os asombréis. ¿Buscáis a Jesús el nazareno, el crucificado? Ha sido resucitado; no está aquí. Ved el lugar donde lo colocaron. 7Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro que va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, tal como os dijo”.

8Y, saliendo, huyeron del sepulcro, porque el temor y el asombro se habían apoderado de ellas. Y a nadie dijeron nada porque tenían miedo».

16,5-8: Este miedo comienza a penetrar en las mujeres cuando entran en la cámara funeraria. Aquí ven las mujeres a un joven con una vestimenta blanca, que se sienta en el lado derecho de la tumba (16,5), una posición tradicionalmente relacionada con el poder y la victoria. Aunque Marcos no llame a este joven «ángel», es probablemente lo que entiende que es, ya que los ángeles bíblicos tienen el aspecto de seres humanos. Que se llame joven al ángel (neaniskon) es también significativo; su juvenil aspecto sugiere la frescura y el vigor de la nueva era que acaba de amanecer. Es confuso, sin embargo, si las mujeres lo reconocen como un ser sobrenatural; cuando en la Biblia se llama «hombres» a ángeles o «jóvenes», es generalmente porque parecen humanos a la gente que tiene un encuentro con ellos. Es posible, pues, que el asombro inicial de las mujeres tenga que ver con el encuentro de un ser vivo en la tumba y no por haber reconocido inmediatamente en él a un ángel. Pero parece más probable que ellas lo hubiesen percibido realmente como un ángel, puesto que su reacción de miedo y las palabras de tranquilidad de aquel corresponden a un modelo típico en la angelofanías bíblicas (cf., por ejemplo, Jue 6,22-23; Dn 8,17; 10,7.12; Tob 12,16-17; Lc 2,9-10; Ap 1,17).

En cualquier caso el «joven» descubre la desazón de las mujeres y procede a tranquilizarlas (16,6a). Pero sus palabras solo aumentan su asombro, porque a continuación les informa que el Jesús que ellas buscan no está donde lo habían dejado hace dos días (16,6b); en vez de ser saludadas por el cuerpo de Jesús, las mujeres encuentran un espacio vacío, al que el ángel les invita a mirar (16,6c). La ausencia sugiere aquí la presencia, o más bien la acción divina; la razón del vacío de la tumba y de la inutilidad de la búsqueda de las mujeres es que Jesús de Nazaret, el crucificado, ha sido rescatado del reino de los muertos, «ha sido resucitado». Los sintagmas «el Nazareno» y «el Crucificado» suenan a puramente formales y superfluos en el contexto del pasaje, lo que sugiere que el ángel reproduce una confesión de fe cristiana primitiva que sigue la línea «Jesús nazareno, el crucificado, ha sido resucitado» (cf. Hch 2,22- 24; 3,15; 4,10; 5,30; 10,39-40; Rom 4,25; 1Cor 15,3-4). La versión marcana de esta confesión utiliza el participio perfecto pasivo, importante teológicamente, para la crucifixión de Jesús (estauromenon), como hace Pablo en 1Cor 1,23; 2,2; Gal 3,1; Jesús sigue siendo «el Crucificado» incluso después de su resurrección. Pero sigue también siendo el hombre de Nazaret, por lo que esta combinación revela a la vez una semejanza y diferencia con Pablo; como el Apóstol, Marcos se concentra en la importancia continuada de la muerte de Jesús, pero a diferencia de Pablo, escribe un evangelio que proporciona una introducción amplia a la pasión del Nazareno.

Las mujeres, sin embargo, no deben permanecer con los ojos fijos en el espacio vacío donde el cuerpo de Jesús había estado colocado; en cambio, el ángel les manda dejar el sepulcro para salir y proclamar el mensaje de la resurrección de Jesús a sus discípulos (16,7a). Esta orden es típica también de las angelofanías, cuyo objetivo es a menudo transmitir una orden divina (cf., por ejemplo, Jue 6,25-26; 13,13-14; Tob 12,20; Ap 1,19). En esta orden especial, la astuta adición «y a Pedro» es probablemente una expresión con doble sentido. Por un lado, las mujeres deben anunciar las noticias especialmente a Pedro, el primer discípulo en ser llamado (1,16-18), el primero en reconocer el mesianismo de Jesús (cf. 8,29) y el que, en un futuro próximo, tendrá la gracia de que le sea concedida la primera aparición del Resucitado (cf. «allí lo veréis» en 16,7c y 1Cor 15,5). Mas, por otra parte, las mujeres deben proclamar el mensaje incluso a Pedro, el discípulo que hizo seguir a su confesión del mesianismo de Jesús un arrebato que le ganó el epíteto de «Satanás» (8,33), y a su protesta de fidelidad eterna (14,29-31), tres negaciones de Jesús en las que juraba no conocerlo (14,66-72). Pero es imperioso del todo punto que se extienda más allá del sepulcro la mano de la reconciliación a este discípulo caprichoso que no había reconocido la necesidad del sufrimiento de Jesús, ni tampoco la maldad humana, incluida la propia.

El mensaje del ángel es que Jesús va por delante de los discípulos a Galilea, donde ellos lo verán como había ya prometido (16,7bc). Este anuncio evoca varios pasajes marcanos anteriores. El más obvio es 14,27-28, donde Jesús había ya pronosticado su muerte, la dispersión de sus seguidores, su resurrección y su marcha victoriosa hacia su patria después de la resurrección. La profecía anterior, sin embargo, no dice explícitamente que los discípulos verán a Jesús en Galilea. Pero nuestro pasaje recuerda también la escena galilea de la marcha sobre las aguas en 6,45-52, que por sí misma tenía una atmósfera resurreccional y que había ocurrido cerca del alba, y en la que Jesús parecía estar decidido a ir delante de los discípulos a la orilla de enfrente. Los discípulos vieron realmente a Jesús, y quedaron impresionados con la visión. De cualquier modo, la presente indicación de que verán a Jesús en Galilea proporciona una resonancia positiva a esa región especialmente relacionada con los inicios del ministerio de Jesús, en donde ahora han de comenzar de nuevo.

Jesús, pues, está en movimiento de nuevo, después de vencer la inmovilidad de su fijación a la cruz; ahora toma rumbo hacia el lugar donde la misión cristiana comenzará su andadura. Esta concepción de un ser divino en movimiento corresponde a un prototipo bíblico (cf., por ejemplo, Gn 18,1-16a; 24,7; Ex 23,20; 33,2). Además, en Gn 24,7 y Ex 23,20, ese «ir por delante» de los seres divinos garantiza el éxito de un proyecto que de otra manera no tendría esperanza alguna. La primera exigencia para incorporarse a esta victoriosa marcha divina es un encuentro con el Señor resucitado, y esto es lo que el ángel promete a los discípulos por medio del mensaje que confía a las mujeres en 16,7c.

Pero estas no lo transmiten; en cambio, huyen de la tumba llenas de terror y no dicen nada a nadie (16,8). Así pues, como en 5,14-15, los seres humanos temen y escapan en vez de agradecer a Dios el milagro que ha realizado. En nuestro pasaje se menciona dos veces el miedo en el versículo conclusivo; es la razón de la huida de las mujeres así como la motivación de su silencio. La huida es fácil de entender; las mujeres acaban de encontrarse con un ángel, y han visto que la piedra estaba apartada y la tumba vacía, allí donde esperaban un sepulcro sellado y con el cadáver dentro. La mera incertidumbre de estos acontecimientos y la impresión que causa el poder sobrenatural ayuda a explicar su temor y asombro. Su silencio es más difícil de aclarar, aunque parezca estar irónicamente relacionado con el que Jesús había impuesto anteriormente en el evangelio, cuando aún no había llegado el momento oportuno para la revelación. Entonces, la gente desobedecía la orden de guardar silencio y propalaba las noticias (1,44-45; 7,36); ahora, cuando ha pasado ya el tiempo del secreto, el ángel invita a la proclamación abierta, pero las mujeres huyen y no dicen estas nuevas a nadie. Al parecer, «el misterio del reino de Dios» (cf. 4,11-12), según el cual la nueva edad ha llegado sin borrar todos los rastros del miedo propio de la antigua, la poca comprensión y la oposición a la voluntad divina continúan después de la resurrección, y esta paradoja afecta no solo al mundo exterior, sino también a los seguidores de Jesús. Pero ¿qué es exactamente ese miedo del que se habla en la frase final («porque tenían miedo»), y cómo se explica el silencio de las mujeres? Como hemos observado anteriormente, el miedo es una reacción típica a una teofanía o a un angelofanía, y el mutismo puede ser también resultado de tales encuentros. Pero el mutismo de las mujeres en nuestra historia parece surgir no de la imposibilidad física de hablar, sino de la desgana de hacerlo. Puesto que no hay en el relato razón alguna clara de este silencio, ya que la frase en la que está parece ser redaccional y el secreto de las mujeres concierne al kerigma-anuncio de la resurrección, que Marcos cree ahora que debe ser proclamado al mundo entero (13,10), quizás deba buscarse la explicación del motivo en el nivel de la comunidad marcana, donde el miedo a la persecución generaba la tentación de silenciar el mensaje del evangelio (cf. 13,9.11-13). Así pues, el significado de 16,7-8 puede ser similar a la del pasaje de Q en Mt 10,26-33 // Lc 12,2-9, que combina una llamada a confesar abiertamente a Jesús con un exhortación a no temer a los que perseguirán hasta la muerte a los confesores de esta fe.

Sin embargo, a diferencia del pasaje de Q, el nuestro no finaliza con una nota de valiente proclamación sino con una de temeroso silencio y de huida, que muestra que las mujeres no eran esencialmente diferentes a los discípulos varones a quienes el ángel había intentado enviarlas. ¿Pudo ser esta reacción temerosa el final intencionado del evangelio de Marcos? ¿O se ha perdido la conclusión original? Exploraremos esta pregunta en la consideración del final largo del evangelio de Marcos.

Comentario – Miércoles XXXIV de Tiempo Ordinario

Jesús anuncia a sus discípulos tiempos de persecución. Y ofrece algunos detalles: Os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Todas estas predicciones se cumplieron históricamente durante esos tres primeros siglos de cristianismo, hasta la llegada de la paz constantiniana y el edicto de Milán del año 313. Ya los apóstoles fueron llevados ante los tribunales judíos y encerrados en las cárceles judías. Pero también las generaciones sucesivas vivieron tiempos de persecución, a veces más cruenta y sistemática, a veces más mitigada. Y tuvieron que comparecer ante reyes, gobernadores y jueces, como el mismo Jesús ante el tribunal del Sanedrín y ante el gobernador Poncio Pilato. Todo, por el simple hecho de llevar el nombre de cristianos. Por eso los apologistas se quejan de ser juzgados simplemente por llevar un nombre, no porque se demuestre que su vida es delictiva. Se les condena por causa del nombre de Cristo, no porque se les haya sorprendido en un delito.

Pero Jesús ve en este hecho tan injusto la ocasión de dar testimonio de ese nombre y de esa condición. No hay ocasión más idónea para el testimonio cristiano que el momento del juicio y de la ejecución de la sentencia. Decía San Ignacio de Antioquía, ya condenado a muerte, que cuando silenciasen su vida con la muerte se convertiría en la voz más sonora del mundo. En el instante del martirio es cuando su voz resonaría con mayor claridad y sonoridad. Era la ocasión más propicia para dar testimonio de Cristo: la mejor predicación de su vida.

Por eso no había que perder mucho tiempo en preparar la defensa; primero, porque ya estaban condenados de antemano si no renegaban de la propia fe, y segundo, porque la palabra ardiente que latía en su corazón brotaría como del fondo de un volcán incontenible, sin que ninguna otra palabra o argumento pudiera hacerla frente. Cuando les dice: yo os daré palabras y sabiduría, les está informando de que le tendrán de aliado y defensor y con él su Espíritu, que hablará por su boca con una energía y con una convicción inusuales, con una fuerza y un vigor imposibles de enfrentar. Ello explica la actitud desafiante de que hacen gala muchas veces esos cristianos que son conducidos a los tribunales para ser condenados a muerte.

Jesús añade algo que pude provocar desazón, pero que da a sus palabras un tono de realismo descarnado, casi cruel: Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. También esta predicción tuvo refrendo histórico. Basta leer la Pasión de Perpetua y Felicidad para darse cuenta de esto, o el testimonio de los mártires de que da cuenta Eusebio de Cesarea.

Hubo más de una denuncia que procedía de algún familiar o pariente, que no toleraba que su hija, o su hermano o su amigo se hubiese hecho cristiano. El nombre de cristiano despertaba tal odio que el que lo portaba se convertía instantáneamente en una persona odiosa, aunque tal persona fuese la hija o la hermana, o el amigo. Los lazos familiares no impedían en muchos casos la traición (=denuncia), porque el odio injertado acababa destruyendo esos lazos, como a veces los destruye el diferente posicionamiento ideológico. Porque fueron odiados, los cristianos fueron denunciados por aquellos de quienes menos cabía esperarlo, parientes, vecinos, amigos, y finalmente ajusticiados.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá sin el consentimiento de vuestro Padre Dios; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. La perseverancia es muy importante para todo género de empresas. Gana el que persevera. Sin perseverancia difícilmente se puede alcanzar el premio o llegar a la meta. Para concluir algo hay que perseverar. También la salvación es una meta y exige perseverancia. Los mártires perseveraron en su testimonio de fe, desafiando todo tipo de dificultades, y alcanzaron lo que era objeto de su esperanza, la vida eterna. En nuestro camino por la vida no faltarán las dificultades, ni siquiera las persecuciones, pero si perseveramos hasta el final obtendremos la recompensa. No hay mejor pagador que Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

A) Normas generales

Sólo la Jerarquía puede introducir cambios en la Liturgia

22. §1. La reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; ésta reside en la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, en el Obispo.

§ 2. En virtud del poder concedido por el derecho la reglamentación de las cuestiones litúrgicas corresponde también, dentro de los límites establecidos, a las competentes asambleas territoriales de Obispos de distintas clases, legítimamente constituidos.

§3. Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia.

Comentario Domingo I de Adviento

Oración preparatoria

Señor Jesús resucitado, envíanos tu Espíritu que nos lleve a la verdad completa acerca de Ti y acerca de nosotros mismos. Danos Tu luz para dar paso a Tu palabra, y Tu Sabiduría para, velando, ponerla por obra y que así se despliegue Tu Reino. AMEN.

 

Mc 13, 33-37

«33Mirad, vigilad, porque no sabéis cuándo es el momento (kairós).

34Es como una persona que se fue de viaje, dejó su casa y dio a sus siervos la autoridad (exousía), a cada uno su tarea (ergón, obra), y al portero encargó que velara.

35Así que velad, porque no sabéis cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; 36no sea que, viniendo de improviso, os encuentre dormidos.

37Pero lo que a vosotros digo, a todos digo: velad».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy es el final del discurso escatológico en el evangelio de Marcos, que abarca todo el capítulo 13. El discurso tiene la finalidad de responder a los interrogantes de los discípulos sobre el final de los tiempos. Si leemos todo el capítulo entero, nos daremos cuenta de que hay una gran inclusión (= repetición de un término clave al comienzo y al final de una unidad textual) que le da unidad literaria y temática. La inclusión está formada por el término “cuándo”(póte), que se repite tres veces: vv. 4.33.35. Estas repeticiones nos indican que ésa era una preocupación importante para la primera comunidad: cuándo sobrevendría el fin de los tiempos. Las primeras comunidades cristianas vivían con una gran expectativa escatológica, es decir, con el ardiente deseo por volver a encontrarse con Jesús resucitado y experimentar así la plenitud de Dios. Dicha característica, esencial en aquellas comunidades primeras, apenas se experimenta hoy en las comunidades cristianas. Es un gran “debe”.

TEXTO

Tiene una estructura ternaria: a) una breve introducción, con dos imperativos y la motivación de los mismos (v. 33); b) la parte central, dividida a su vez en dos fragmentos, unidos por el término velar: 1) la pequeña parábola del portero (v. 34) y 2) la aplicación a los oyentes del Jesús (vv. 35-36); c) una brevísima pero terminante conclusión, que termina con el imperativo “velad” (v. 37). Algunas incoherencias permiten pensar en dos textos originalmente diferentes que Marcos recompuso para poner final al discurso escatológico. Sobresalen en el texto dos claves: la abundancia de imperativos presentes (mirad, vigilad, velad, velad) y la repetición del término “velar” (3 veces) y sinónimos (“vigilar”). Ahí radica el mensaje principal.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La preparación continua es la actitud espiritual que debe determinar la vida de todo discípulo y toda la vida del discípulo. Aunque la idea primera de la parábola no es el de la vigilancia (sólo debe velar el portero), sino el de la responsabilidad (todos tienen una tarea que realizar), la composición realizada por Marcos aúna los dos aspectos, confiriendo al estado de vigilia un componente activo.

• La repetición de imperativos y el significado de “velar” están presentes en las tres partes del texto: la reiteración indica su importancia. ¿Qué significado entraña para nosotros, ahora que estamos al comienzo del Adviento? Por otra parte, también hay otra repetición importante: no sabéis cuándo: la insistencia en la ignorancia de los discípulos abre la puerta a la confianza y a la obediencia en/a Jesús. ¿Cómo lo podemos vivir en este tiempo de preparación?

• La venida sorpresiva del señor de la casa puede encontrarnos en vela o dormidos. El “velar” o el “dormir” están en relación con la parábola de los talentos de Mateo: velar equivaldría a hacer cada uno su tarea, según su capacidad y según la autoridad concedida (v. 34), mientras que dormir equivaldría a esconder el talento, a dejar de hacer aquello que está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad y nuestra tarea.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo I de Adviento

I Domingo de Adviento
29 de noviembre 2020

¡ESTEN ATENTOS!

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”.

Reflexión

Cada persona somos un ser único. No hay ni habrá otro igual. Dios no tiene moldes, Cada uno es un modelo original. Pero a la vez que somos distintos unos de otros, a todos Dios nos da unos dones que debemos desarrollar. Nos hace: Inteligentes, capaces de pensar, de razonar, de recordar. Libres, capaces de elegir, tomar decisiones, de ejercer nuestras responsabilidades. Capaces de amar, de darnos y entregarnos a los demás. Capaces de distinguir el bien y el mal. Dios nos ha dado una conciencia para aprobar lo bueno y rechazar lo malo.

Por el Bautismo nos comprometemos a desarrollar todo esto, según el plan de Dios, que nos hizo a su imagen. Compartir.

Actividad

Explicar el significado de la Corona de Adviento y tratar de preparar una para que cada niño se lleve a su hogar.
En la siguiente página encontraras más información.

Oración

Gracias, Padre bueno, porque nos creas a tu imagen y semejanza. Gracias porque podemos pensar, amar, decidir. Ayúdanos a ser cada día mejores hombres y mujeres, a desarrollar todos los dones recibidos y a ponerlos al servicio de los demás. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: – Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cúando vendrá el dueño de la cas, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!

Explicación

Dice Jesús: Amigos míos, estad atentos y bien despiertos para que no os coja por sorpresa el momento de mi llegada. Que cada uno cumpla con su tarea lo mejor posible. Así estaréis siempre preparados para acoger a quien venga y os necesite.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles XXXIV de Tiempo Ordinario

Cuando leemos el número “siete” en la Biblia tenemos certeza de que se nos está hablando de algo perfecto, bien hecho. Es el número de la perfección, la suma de lo terreno –los cuatro puntos cardinales de la tierra-, más lo divino, -la Trinidad-. Podríamos decir que si bíblicamente quieres ser perfecto, elige el siete. Pues de esto nos habla hoy el Apocalipsis: siete ángeles con siete plagas. Un nuevo septenario que de alguna manera repite o renueva los siete sellos y las siete trompetas, sólo que este es el último septenario, las siete plagas, es decir, la última prueba que fortalece la fe de la comunidad.

Las siete plagas nos indican que llega el final del juicio, por eso los que están de pie en la orilla, están contentos cantando con arpas y salmos el Cántico de Moisés y del Cordero, porque vencieron y llegó el momento de hacer justicia, de recibir su recompensa, en la que nunca dejaron de creer a pesar de la tribulación: «grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos” –Salmo 97 que rezamos en la liturgia de hoy-. Estos sí que son creyentes espectaculares, “creyentes siete”, diríamos en lenguaje bíblico.

Los creyentes siete son aquellos hombres y mujeres que no dejaron de confiar, ni de esperar, ni de creer. Como nos dice hoy Jesús al final del evangelio: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Algunos de estos creyentes fueron canonizados y reconocidos oficialmente. Otros permanecen en el anonimato, alumbrando sólo a los que vivieron a su lado. Fueron perseguidos de muchas maneras y lo siguen siendo, pero el Señor los cuida y mima tanto que, efectivamente, “ningún cabello de su cabeza perecerá”.

Necesitamos creyentes siete que nos ayuden a creer y esperar contra corriente, que nos enseñen a cantar, que nos contagien entusiasmo y alegría, que nos muestren que el evangelio es posible, encarnable en ti y en mi, a pesar de las dificultades y persecuciones de las que nos advierte Jesús en el evangelio de hoy. Precisamente las persecuciones más dolorosas son las que provienen de tu propio entorno familiar y de amistad, ¿verdad?

En nuestra oración de hoy, lo más importante es recordar que no estamos solos: “os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. Jesús, con su amor incondicional por ti, siempre camina a tu lado, nunca lo olvides. Por eso hoy cantamos con los creyentes siete el Salmo 97: “Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas…” ¿o no las ves en tu vida?

Juan Lozano, cmf.