Vísperas – Jueves XXXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 1, 22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis visto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:

Bendice a tu pueblo, Señor.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa y a nuestro obispo,
— a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
— y aleja de ellos todo mal.

Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
— siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
— para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
— y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves XXXIV de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 21, 20-28

«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy sigue el Discurso Apocalíptico con más señales, la 7ª y la 8a, que debían de acontecer antes de la llegada del fin de los tiempos o mejor antes de la llegada del fin de este mundo para dar lugar al nuevo mundo, al “cielo nuevo y a la tierra nueva” (Is 65,17). La séptima señal es la destrucción de Jerusalén y la octava es los cambios en la antigua creación.
• Lucas 21,20-24. La séptima señal: la destrucción de Jerusalén. Jerusalén era para ellos la Ciudad Eterna. Y ahora ¡estaba destruida! ¿Cómo explicar este hecho? ¿Dios no tiene en cuenta el mensaje? Es difícil para nosotros imaginarnos el trauma y la crisis de fe que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades de tantos judíos y cristianos. Cabe aquí una breve observación sobre la composición de los Evangelios de Lucas y de Marcos. Lucas escribe en el año 85. Se sirve del evangelio de Marcos para componer su narrativa sobre Jesús. Marcos escribe en el año 70, el mismo año en que Jerusalén estaba siendo cercada y destruida por los ejércitos romanos. Por esto, Marcos escribió dando una cita al lector: “Cuando vierais la abominable desolación instalada donde no debe – el que lee entienda – entonces los que estén en Judea huyan a los montes” (Mc 13,14). Cuando Lucas menciona la destrucción de Jerusalén, Jerusalén estaba en ruinas desde hace quince años. Por esto él omite el paréntesis de Marcos. Lucas dice: “Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento”. Al oír a Jesús que anunciaba la persecución (6ª señal) y la destrucción de Jerusalén (7ª señal), los lectores de las comunidades perseguidas del tiempo de Lucas concluían: “Este es nuestro hoy. ¡Estamos en la 6ª señal!”
• Lucas 21,25-26: La octava señal: mudanzas en el sol y en la luna. ¿Cuándo será el fin? Al final después de haber oído hablar de todas estas señales que ya habían acontecido, quedaba en pie la pregunta: “El proyecto de Dios avanza mucho y las etapas previstas por Jesús se realizaron ya. Ahora estamos en la sexta y en la séptima etapa. ¿Cuántas etapas o señales faltan hasta que llegue el fin? ¿Falta mucho?” La respuesta viene ahora en la 8ª señal: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán”. La 8ª señal es diferente de las otras señales. Las señales en el cielo y en la tierra son una muestra de lo que está llegando, al mismo tiempo, el fin del viejo mundo, de la antigua creación y el comienzo de la llegada del cielo nueva y de la tierra nueva. Cuando la cáscara del huevo empieza a rasgarse es señal de que lo nuevo está apareciendo. Es la llegada del Mundo Nuevo que está provocando la desintegración del mundo antiguo. Conclusión: ¡falta muy poco! El Reino de Dios está llegando.
• Lucas 21,27-28: La llegada del Reino de Dios y la aparición del Hijo del Hombre. “Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.” En este anuncio, Jesús describe la llegada del Reino con imágenes sacadas de la profecía de Daniel (Dan 7,1-14). Daniel dice que, después de las desgracias causadas por los reinos de este mundo, vendrá el Reino de Dios. Los reinos de este mundo, todos ellos, tienen figura de animal: león, oso, pantera y bestias salvajes (Dn 7,3-7). Son reinos animales, deshumanizan la vida, como acontece con ¡el reino neoliberal hasta hoy! El Reino de Dios, pues, aparece como un aspecto del Hijo del Hombre, esto es, con un aspecto humano de gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de la gente de las comunidades. Es la nueva historia que debemos realizar y que debe reunir a la gente de los cuatro lados del mundo. El título Hijo del Hombre es el nombre que a Jesús le gustaba usar. Solamente en los cuatro evangelios, este nombre aparece más de 80 (ochenta) veces. Todo dolor que soportamos desde ahora, toda la lucha a favor de la vida, toda la persecución por causa de la justicia, todo el dolor de parto, es semilla del Reino que va a llegar en la 8ª señal.

4) Para la reflexión personal

• Persecución de las comunidades. Destrucción de Jerusalén. Desesperación. Ante los acontecimientos que hoy hacen sufrir a la gente ¿me desespero? ¿Cuál es la fuente de mi esperanza?
• Hijo de Hombre es el título que Jesús gustaba usar. El quería humanizar la vida. Cuanto más humano, más divino, decía el Papa León Magno. En mi relación con los demás, ¿soy humano?

5) Oración final

Bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

Dios nos busca a cada uno (amor de Dios a los hombres)

Considerad conmigo esta maravilla del amor de Dios: el Señor que sale al encuentro, que espera, que se coloca a la vera del camino, para que no tengamos más remedio que verle. Y nos llama personalmente, hablándonos de nuestras cosas, que son también las suyas, moviendo nuestra conciencia a la compunción, abriéndola a la generosidad, imprimiendo en nuestras almas la ilusión de ser fieles, de podernos llamar sus discípulos. (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 59).

¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si Él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Amalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna (San Agustín, Sermón 21).

El sol ilumina al mismo tiempo los cedros y cada florecita, como si estuvieran sola en la tierra; nuestro Señor se interesa también por cada alma en particular, como si no existieran otras iguales (Santa Teresa de Lisieux, Manuscritos autobiográficos).

Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracia, cuando les llama con una vocación específica, es como si les tendiera una mano, una mano paterna llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor, porque nos busca uno a uno, como a hijas e hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad. Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que Él nos acerca: Dios nos pide un esfuerzo, prueba de nuestra libertad (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 17).

Ningún pecador, en cuanto tal, es digno de amor; pero todo hombre, en cuanto tal, es amable por Dios. (San Agustín, Sobre la doctrina social, 1).

Comentario – Jueves XXXIV de Tiempo Ordinario

Las predicciones históricas de Jesús que aluden a la destrucción de Jerusalén parecen solaparse con las escatológicas, que presencian la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria. Decía él: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad, porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.

Jesús predice, pues, la destrucción de Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas que le son enviados. Serán días de angustia y terror, y los que quieran evitar la muerte tendrán que huir o alejarse de la ciudad. Muchos caerán a filo de espada y otros serán llevados como cautivos fuera de su tierra. Está describiendo lo que realmente sucedió cuando los ejércitos de Tito sitiaron y destruyeron la ciudad de Jerusalén en el año 70. Realmente Jerusalén sería pisoteada por los gentiles hasta que a los gentiles les llegase también su hora. Porque todos, judíos, gentiles y cristianos tendremos nuestra hora. Jesús califica estos acontecimientos como un castigo para este pueblo. No son, por tanto, fortuitos. No carecen de razón y de causa. Son un castigo merecido por su rechazo de Dios en sus enviados.

Y aquí es donde se prolonga la narración como si estos hechos calamitosos tuviesen continuidad y anticipasen la venida del Hijo del hombre con la cual se clausurarían los tiempos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Ahora no se trata de la ciudad de Jerusalén, sino del mundo, porque todo esto se le viene encima al mundo. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.

Es la epidemía gloriosa del Hijo del hombre tal como viene descrita por la profecía de Daniel. ¿Qué hacer ante semejante espectáculo si es que uno queda para verlo? Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Jesús presenta la venida del Hijo del hombre como un acontecimiento liberador para sus seguidores. Pero para sentirlo así, como liberador, es necesario que tengamos conciencia de las cadenas que nos sujetan y de los lazos que nos oprimen. Hemos de suponer que los que viven en situaciones tan trágicas como las descritas en estos acontecimientos, sobre todo si se prolongan en el tiempo, han de desear que llegue su liberación. Y ésta sólo llegará si cesan tales acontecimientos o si logran escapar definitivamente de ellos y de sus efectos devastadores. Sólo así cesará el miedo y la ansiedad de esas gentes que han quedado sin aliento o enloquecidos por el estruendo del mar y el oleaje.

Los cristianos vivieron situaciones en las que tuvieron que desear ardientemente la venida de su Libertador. Como tal recibirían al Hijo del hombre aunque viniese acompañado de signos tan terroríficos. Con él llegaba la liberación de todos los sufrimientos que estaban padeciendo en esta tierra regada con sus lágrimas.

Por muy halagüeña que sea nuestra situación en el mundo, nunca nos faltará el sufrimiento ni el dolor. Son compañeros de camino inexcusables. Por eso la venida de Cristo, aunque nos cueste trabajo reconocerlo, no dejará de ser una venida liberadora de todo eso que nos esclaviza, que nos oprime, que nos hace sufrir y llorar, que nos deprime, que nos entristece, que nos va arrebatando la vida con sus goces y deleites. Aquí, la cercanía de la liberación no puede significar otra cosa que la salida de esa situación de muerte, y por tanto el acceso a una vida mejor aunque sea a través de la muerte. En cualquier caso la muerte es siempre un hecho insoslayable. La podremos retrasar, pero no evitar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso

23. Para conservar la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral, acerca de cada una de las partes que se han de revisar. Téngase en cuenta, además, no sólo las leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgicas, sino también la experiencia adquirida con la reforma litúrgica y con los indultos concedidos en diversos lugares. Por último, no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes. En cuanto sea posible evítense las diferencias notables de ritos entre territorios contiguos.

¡Atención! ¡Oremos vigilando!

1.- Que Dios sigue pasando a nuestro lado es una realidad, que hace felices a los que saben atender, acoger y entender los signos de su presencia. Pasa el Señor y, lo hace, sin excesivo ruido. Pasa el Señor, ciertamente, ¿por qué muchos “pasan” de El?

Comenzamos el Adviento. Nos sensibiliza ante la llegada inminente de la Navidad. Todos los años, y no está demás que lo repitamos, los próximos días serán santos si preparamos un buen terreno y un buen fondo para que Jesús nazca. Como preparamos el hogar para la llegada de un invitado, también –y mucho mejor- hemos de preparar la casa del corazón y el alma misma para el nacimiento de Cristo.

2.- ¿Atención? Si. Atentos al Señor que viene; si nos encuentra despistados, mirando en la dirección equivocada, distraídos en lo secundario, entonces, el Señor no centralizará la grandeza ni el núcleo de la Navidad. El adviento, por ser tiempo de esperanza, nos invita a esperar con el ritmo de Dios. ¿Qué tal si buscamos un espacio de silencio, una meditación diaria de la Palabra para atender y entender el sentido, y también el sinsentido, de las próximas fechas navideñas? ¿En qué vamos a poner el acento en estos próximos días previos a la navidad?

¿Oración? Es urgente y necesaria en una realidad donde los decibelios no nos dejan escuchar ni el latir de nuestro corazón, ni el gemir de la realidad sufriente de los demás. La oración nos pone delante de la presencia misteriosa del Señor. El Adviento, por ser tiempo de silencio, nos invita a no escondernos en esos pequeños paraísos que nos montamos y que nos alejan de un Dios que, ante todo y sobre todo, es salvación. La oración nos abre, nos esponja estas semanas para que, luego, sintamos de verdad que Dios se hace niño en Belén.

¿Vigilancia? Y, además, activa. No es quedarnos inmóviles o mirando en una única dirección. El vigilante sabe que, por cualquier abertura, puede colarse el ladrón. El amigo de Dios ha de estar vigilante porque, por muchas ventanas, entran las ansías de buscarle y de encontrarle y, por otras tantas, nos invade un río de contaminación en un intento de desorientarnos y de alejarnos de aquel horizonte por el cual, el Señor, viene hasta nosotros.

3.- Adviento. Lo necesitamos. ¡Qué déficit de esperanza el nuestro! Viene el Señor, porque nos ve vacíos. Cuántas estrellas que iluminan las calles y, los que las han puesto, las han levantado sin saber por qué ni por quién.

Adviento. ¡Bienvenido sea! ¡Qué ganas tenemos de un Niño que nos reúna en torno a la mesa y nos haga vislumbrar que, el mundo, aún tiene solución!

Adviento. Es el Señor, que llega.

Javier Leoz

Estad en vela para estar preparados

Estad alerta; velad, porque ignoráis el momento. Es como un hombre que marchó de viaje y, al dejar su casa, puso todo en manos de sus siervos, señalando a cada cual su tarea, y encargó al portero que vigilase. Estad en vela, porque no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si por la tarde, si a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; no sea que llegue de repente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, se lo digo a todos: ¡Estad en vela!».
Marcos 13, 33-37

VER

Vemos en el Evangelio lo que nos cuenta Jesús sobre un hombre que se va de viaje. Lee despacio y atento a lo que Jesús quiere hoy decirte. 

JUZGAR

Antes no había móviles para avisar de cuándo vuelves, como ahora. Alguien tiene que quedarse despierto y atento en esa casa para que cuando el señor vuelva, no estén todos dormidos…

Eso mismo nos pide Jesús. Que estemos atentos.
• ¿Te has dado cuenta de lo que pasa a tu alrededor? Niños que necesitan ayuda, personas que lo están pasando mal, el medio ambiente que está deteriorado…

ACTUAR

Esta semana fíjate bien en las necesidades que hay a tu alrededor y apúntalas para poderlas compartir en la próxima reunión.

ORACIÓN

Jesús ayúdame a
estar atento a mi
alrededor, a darme
cuenta de las
personas que sufren
a mi alrededor.

¡Estad en vela!

¿Quién velará en la noche oh centinela?
¿Quién mantendrá a diario
la lámpara encendida?
¿Quién será portero
de puerta abierta?

Si sombras miedosas
cubren la tierra,
se despiden a los obreros
de sus empresas,
y si los agricultores dejan
sus tierras desiertas.

Si los gobernantes gritan
fofas promesas,
si los curas nos predican
frases bacías,
en tanto que los bancos
crecen sus rentas-ganancias.

Nadie da nada hecho,
pero Dios grita:
“Quien quiera otro futuro.
¡Manos a la tarea!”
Que largo es el camino,
muy larga la espera.

El mundo: esa casita
que Dios nos deja.
Las gentes que lo habitan:
su hacienda.
Jesús y nosotros haciendo
nuestra Tierra.

Una Tierra nueva,
de cruces hecha:
de cruces y amaneceres
que la hacen fresca;
de brazos que se sumergen
en hondos abrazos.

(M. Regal, Un caxato par o camiño, pp. 258-259)

Notas para fijarnos en el evangelio

El Adviento: cuatro semanas para que vivamos en la espera activa de la venida de Cristo

• Cristo ya ha venido. Y lo creemos presente -resucitado- en nuestras vidas, en el mundo. De todos modos, vivimos esperando. Porque vivimos en la limitación y entre contradicciones. Y es que Cristo vino y viene en la impotencia, en la pobreza… (recordemos el Evangelio del domingo pasado: Mt 25,31 -46). Él no escogió ni escoge las armas ni el poder basado en la sumisión -¡sería contradictorio!- para vencer al “eje del mal”.

• Los Evangelios no dicen cuándo se producirá la venida definitiva. Es decir, cuándo llegaremos a la plenitud que deseamos. Pero san Pablo intuye que no será pronto (¡y ya hace dos mil años que lo decía!). Experimenta, también, que no todo está hecho, y que antes del final habrá que trabajar, dar testimonio, hacer como Cristo que escogió el camino del tú a tú, de la responsabilidad personal. Y que quizá habrá que sufrir (1 Te 5,1-11; 2Te 2,1-12).

• Otro Apóstol, Santiago, nos ofrece una imagen muy expresiva del tiempo que vivimos:“Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía” (Sant 5,7).

• La actitud del creyente, mientras tanto, es de espera vigilante y activa. Vigilante, para descubrir en el mundo, en la vida, la presencia del Resucitado, del que ya ha venido. Activa, porque sólo el trabajo de todos y de cada uno de los hijos e hijas de Dios – continuando el trabajo y el estilo de Jesús- irá transformando este mundo -el entorno inmediato- según el plan del Padre. Pero el creyente también ora: expresa el deseo del Amor pleno para todos. La invocación, “¡Ven, Señor Jesús!” es característica de este tiempo de espera (1 Cor 16,22; Ap 22,20).

• Por otro lado, el anuncio de la venida de Jesucristo resucitado, que pertenece a la predicación apostólica de los primeros tiempos (Hch 3,19-21), es la misión de la Iglesia y de cada creyente mientras vive en este mundo. Un anuncio que es Buena Noticia y que está cargado de esperanza para toda la humanidad.

Pistas para contemplar a Jesús y el Evangelio

• Como los textos de Mateo de los últimos domingos del año litúrgico que terminamos la semana pasada, estas palabras de hoy, según Marcos, están situadas justamente antes de la pasión-muerte-resurrección de Jesús.

• En la parábola de Marcos del “hombre que se va a tierras lejanas” (34-36), se concentran los mensajes que Mateo aporta en la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30), en la de las diez vírgenes (Mt 25, 1-13) y en la de los sirvientes (Mt 24, 45-51). Jesús se refiere al futuro. Pero sobre todo a la actitud de los discípulos mientras no llega el fin. Habla, por tanto, del presente. De nuestro presente.

• Hallamos aquí indicadas las cuatro partes o vigilias (35), de tres horas cada una, en que los romanos dividían la noche, empezando a las seis de la tarde y terminando a las seis de la mañana. El día se dividía de manera similar.

• La interpretación alegórica de este texto nos dice que el “dueño” (35) que tiene que volver es Cristo y que el “portero” que tiene que velar mientras espera somos sus seguidores. Y la “casa” (34) es la Iglesia. Por otro lado la noche (35) en la que hay que velar, “no sea que os encuentre dormidos” (36), es, en la simbología bíblica, el dominio de las tinieblas, el ámbito del mal y la mentira; la interpretación alegórica, pues, nos dice que el Señor, cuando venga, quiere hallar su casa llena de luz -vida, justicia, paz, acción…-, aunque sea medianoche.

• Por tanto, los que seguimos a Jesús estamos llamados a hacer de este mundo, que es como es, un lugar donde se pueda vivir a plena luz. Estamos invitados a no dormirnos (36) en las noches del mundo, en las oscuridades que muchos padecen. Tenemos qué velar –actuar y orar- en la esperanza de que el Señor vendrá. Orar con el Padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino”. Y actuar con quienes creen que “otro mundo es posible”.

Comentario al evangelio – Jueves XXXIV de Tiempo Ordinario

Que te quede claro que el mal nunca tendrá la última palabra porque será vencido. Ninguno de sus imperios a lo largo de la historia ha prevalecido. El último libro del Nuevo Testamento nos habla hoy de la caída de Babilonia, el imperio del mal de entonces. Su autor escribe en tiempos del emperador Domiciano y anuncia la caída del poderoso imperio romano que estaba oprimiendo y persiguiendo cruelmente al pueblo de Dios. El anuncio de la caída de Roma y el final de las persecuciones está narrado en estilo épico, como se narraban las tragedias griegas en la antigüedad: distintos personajes importantes como príncipes y comerciantes cantan estrofas de lamentación. Este llanto contrasta con la alegría de santos, apóstoles y profetas que ven el final de esta crueldad, la victoria del bien. Esto es para que entendamos mejor el significado de la caída de Babilonia en este capítulo dieciocho del Apocalipsis. Aunque lo realmente importante es la frase con la que he comenzado: el mal nunca tendrá la última palabra.

Jesús hoy se lamenta por lo que le sucederá a la ciudad de Jerusalén. Está profetizando lo que luego sucedió en el año 70, la destrucción por parte del ejército romano comandado por Tito. A diferencia de la lamentación del Apocalipsis en la que los poderosos lloran porque se les acaba su privilegio, la lamentación de Jesús es porque el pueblo ha sido sordo a su voz.

Ciertamente la destrucción del Templo y de la ciudad fue un hecho histórico, pero el lamento de Jesús se extiende a todas aquellas situaciones en las que el mal con todos sus rostros, la terquedad de corazón, la injusticia y el sufrimiento de los inocentes producen un dolor inconcebible. Buena ocasión para orar hoy por todas las situaciones de tantos hombres, mujeres y niños que sufren el mal, la injusticia, la violencia, la pobreza y la exclusión principalmente en estos tiempos del Covid. Por todos aquellos que son destruidos de múltiples y viles formas. Volvemos a recordar que el mal no tendrá la última palabra. La última palabra la tiene Dios, su Reino; nos lo recuerda Jesús: “levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”.

El que se lamenta ya no tiene tiempo, llega tarde. Nosotros no queremos arrepentirnos porque no hicimos las cosas a su debido tiempo. Queremos tener la sensación del que llega a tiempo para tomar las riendas de su vida. El Adviento que vamos a comenzar dentro de dos días nos invita a ello. No debemos dormirnos, el tiempo pasa. ¡Que no nos sorprenda desprevenidos!

Juan Lozano, cmf.