Vísperas – Miércoles I de Adviento

VÍSPERAS

MIÉRCOLES I DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Marana tha!
¡Ven, Señor Jesús!

Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.

El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven, Señor!»
Quien lo oiga, diga: «¡Ven, Señor!»

Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.

Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: 1Co 4, 5

No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor.

PRECES

Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Mira, Padre santo, a tu Iglesia
— y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.

Oh Señor, siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abrahán
— y cumple las promesas que hiciste a sus padres.

Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia,
— para que también ellos te alaben y glorifiquen.

Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño
— y reúnelas a todas en tus verdes praderas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate también de los que han salido de este mundo en tu paz
— y recíbelos en el reino de tus Hijos.

Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor y Dios nuestro, prepara nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu, para que cuando llegue Jesucristo, tu Hijo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y él mismo nos sirva en el festín eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles I de Adviento

1.- Introducción

Señor, hoy quiero que me des, como a Salomón, “un corazón que escuche”. No quiero escuchar sólo con mis oídos externos. Quiero que los gritos de todos los que sufren rompan mi corazón y se metan dentro. Hazme, como Tú, sensible a los problemas de la gente. Si yo no miro, si paso de largo ante las personas que sufren, no por eso esas personas dejarán de mirarme. Dame un corazón compasivo.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 15, 29-37

Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino». Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?» Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos». Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión

Normalmente, cuando el evangelio dice que Jesús sube al monte, lo que nos quiere decir es que Jesús se retira a orar, a estar con su Padre Dios, a descubrir su voluntad. Y cuando Jesús “se sienta en el monte”, se pone como Maestro a enseñar. Así en el sermón de la Bienaventuranzas (Mt. 5,1). En este evangelio de hoy Jesús se sienta, pero no dice ningún sermón, no pronuncia ningún discurso. Después de sentarse acude mucha gente con enfermos de todo tipo, y se pone a curar. ¿No nos querrá decir el Señor que el mejor sermón es ponerse a hacer el bien? ¿No nos insinúa que las palabras deben ir necesariamente acompañadas de las buenas obras?  En este evangelio aparece   una de las frases más bellas de Jesús: “Siento compasión de la gente”. Jesús miraba a la gente “con los ojos del corazón”. No podía ver sufrir y quedarse sin hacer nada. A la gente que veía sufrir la metía dentro de su piel, más aún, dentro de su propio corazón. Y quisiera terminar con otro pensamiento: “de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas”. Los que hemos vivido en países de Misión sabemos todo lo que allá se puede hacer “con lo que a nosotros nos sobra”. Con los alimentos que nos sobran, con los vestidos que nos sobran, con los zapatos que nos sobran, con el dinero que nos sobra, y con todo lo que derrochamos, podrían comer millones de niños en los países del Tercer Mundo.  

Palabra del Papa

         “Frente a la multitud que lo sigue y -por así decir- ‘no lo deja en paz’, Jesús no actúa con irritación, no dice ‘esta gente me molesta’. Jesús siente compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Estemos atentos, compasión es lo que siente Jesús. No es simplemente sentir piedad, es más, significa misericordia, es decir, identificarse con el sufrimiento del otro, al punto de cargarlo en sí mismo. Así es Jesús, sufre junto a nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. Y el signo de esta compasión son las numerosas curaciones que hace. Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, aún legítimas, no serán nunca tan urgentes como las de los pobres, que no tienen lo necesario para vivir. Nosotros hablamos a menudo de los pobres, pero cuando hablamos de los pobres ¿sentimos a ese hombre, esa mujer, ese niño que no tiene lo necesario para vivir? No tienen para comer, no tienen para vestirse, no tienen la posibilidad de medicinas, también los niños que no pueden ir al colegio. Es por esto que nuestras exigencias, aún legítimas, no serán nunca tan urgentes como la de los pobres que no tienen lo necesario para vivir. (Papa Francisco, 3 de agosto de 2014)

4.- Qué me dice hoy a mí este evangelio ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito. Me privo de algo que a mí me sobra y lo doy a Manos Unidas.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, yo quiero ser maestro; pero no de palabras, de conferencias, de discursos. No quiero dar estas lecciones a nadie. Como Tú, quiero ser maestro de vida, quiero enseñar con mis manos, con mis pies, con mis ojos, y, sobre todo, con mi corazón. Quiero estar atento a las necesidades de mis hermanos los más pobres, los más pequeños. Y quiero darles algo que a mí me sobra y a ellos les falta. Gracias, Señor.

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

4.- LE SERVÍAN CON SUS BIENES

Lc 8, 1-4

Jesús recorría aldeas y ciudades en este viaje sin prisas hacia Jerusalén. Le acompañaban los Doce y algunas mujeres. San Lucas nos da los nombres de algunas de ellas: María Magdalena[1], Juana[2], mujer de Cusa, administrador de Herodes, Susana… y otras muchas que le asistían con sus bienes. La Virgen se unió en ocasiones a ellas, y las ayudaría a preparar el hospedaje y la comida de su Hijo y de los discípulos.

Este hecho, el tener mujeres como «discípulas» que le siguen, era del todo nuevo en las costumbres y usos de aquel tiempo[3]. Jesús adoptó desde el principio una postura de respeto y de valorar a la mujer, que llamó poderosamente la atención. Los evangelios reflejan el asombro y, a veces, el desconcierto entre los suyos, y con más frecuencia el escándalo de sus enemigos[4].

Las costumbres judías de la época prohibían hablar por la calle con una mujer (aunque fuera de la familia), hacerse acompañar por ellas, ser servido por manos femeninas. Hoy difícilmente nos podemos imaginar hasta qué extremo llegó en el mundo antiguo la situación de la mujer. Desde el punto de vista jurídico era equiparada a un menor dependiente. El marido o el padre era su amo y señor, y la contaba entre sus posesiones[5].

Jesús mostró siempre hacia la mujer una extrema delicadeza y consideración[6].

Nunca tuvo el menor reparo en conversar con ellas en público: con la madre de Santiago y Juan, con la samaritana, con la hemorroísa. Tampoco lo tuvo en dejarse servir por ellas, como dice aquí san Lucas (o en el caso de la suegra de Pedro). En sus palabras y en sus actitudes encontramos siempre una gran naturalidad. Su postura desconcertó incluso a los propios apóstoles, quienes se admiran cuando le ven hablar con la samaritana[7].

Precisamente a una mujer, la samaritana, revelará Jesús por vez primera que Él es el Mesías. Marta, hermana de María y de Lázaro, proclamará la divinidad de Jesús. Su hermana, con la unción de Betania, es la primera en darse cuenta del desenlace final de la vida de Jesús… El Señor restituyó a la mujer su dignidad, también dando valor definitivo e indisoluble a la unión conyugal.

Muchas de las protagonistas de las parábolas son mujeres, cosa del todo inusual en los rabinos de la época[8]; o bien habla con estima de mujeres del Antiguo Testamento y las pone como ejemplo. Jesús siempre habló de modo positivo de la mujer, con aprecio, con elogios; a veces, con admiración.

En otras ocasiones, al trato de Jesús con mujeres se añade el agravante –grande para los judíos– de hacerlo con extranjeras, consideradas como idólatras por sus contemporáneos: es el caso de la samaritana o el de la sirofenicia. Siempre se elogia su gran fe. En otras, pone a la mujer como modelo a imitar por los mismos discípulos y por los fariseos; así sucedió con la pobre viuda que echó en el cepillo todo lo que tenía.

En esta actitud positiva no le importó que algunos se escandalizaran fuertemente, Así sucedió, como hemos visto, con la pecadora en casa de Simón. Aceptar este gesto de una mujer de la calle era inaudito para cuantos le rodeaban. Jesús sabía además que este escándalo de los fariseos sería inevitable. Después de aquel suceso comenzaron a acusarle de mezclarse con publicanos y prostitutas. Y Jesús contestará que muchas de ellas y de ellos precederán a los demás en el Reino de los Cielos.

Es significativa la defensa por parte de Jesús de la mujer sorprendida en adulterio. El Señor reconoce que la mujer ha pecado y la trata como pecadora (por eso perdona sus pecados); pero no tolera, sin embargo, el ataque frontal a su dignidad de mujer, que conserva aun después de su falta, ni el castigo inhumano de la lapidación por parte de quienes se atribuían el poder de juzgar y sentenciar. Jesús la defiende contra todos, y la trata con suma dignidad, a pesar de su miseria moral.

Jesús enviará a varias mujeres como primeros testigos del hecho fundamental de su vida, la Resurrección. No eran testigos ocasionales, sino personas elegidas, oficialmente encargadas por Él mismo de testimoniar. Habían ido ellas al sepulcro solo para embalsamar el cuerpo del Señor, y se encontraron con la misión de transmitir la gran noticia a los apóstoles y al propio Pedro. Este hecho es narrado por los cuatro evangelistas.

La mujer cristiana enriquecerá más tarde de una manera singular a la Iglesia y a la sociedad[9] Se puede afirmar que el cristianismo comenzó en Europa con una mujer, Lidia, que enseguida inició su misión de convertir desde dentro el nuevo continente, empezando por su hogar. La Iglesia tuvo siempre una profunda comprensión del papel que la mujer cristiana, como madre, esposa y hermana, debía desempeñar en la propagación del cristianismo. Los escritos apostólicos nos han dejado constancia de muchas de estas mujeres: Lidia en Filipo, Priscila y Cloe en Corinto, Febe en Cencreas, la madre de Rufo –que también para Pablo fue como una madre–, las hijas de Felipe el de Cesarea, Lidia y Eunice, madre y abuela respectivamente de Timoteo, etc.


[1] A María Magdalena se le aparecerá Cristo resucitado junto al sepulcro (cfr. Jn 20, 11-18; Mc 16, 9). Tenía un profundo amor al Maestro. Como hemos dicho, no se la debe confundir con la mujer pecadora del capítulo anterior ni con la hermana de Lázaro.

Desde san Gregorio Magno se le ha identificado con la pecadora de Lc 7, 36-50, y así se le ha identificado con la pecadora; y así entró en la liturgia en calidad de penitente. Pero María Magdalena fue libereda de siete demonios, es decir, fue curada de una enfermedad grave. Se le llama así por ser natural de Magdala, una ciudad situada junto al lago de Genesaret, a media hora de camino al norte de Tiberiades. El hecho de que se le mencione en primer lugar en la lista de las mujeres indica su puesto preferente, y su prestigio en las comunidades cristianas se debe al hecho de que ella, juntamente con otras mujeres, se mantuvo al pie de la cruz. Fue testigo especialmente importante de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús (cfr. J. SCHMID, El Evangelio según san Marcos, p. 365).

[2] Se encuentra también entre las que acuden al sepulcro en la mañana de la Resurrección (cfr. Lc 24, 10).

[3] Cfr. GNILKA, Jesús de Nazaret, pp. 22 ss.

[4] Jesús, al admitir mujeres como discípulas, hizo algo provocador para sus contemporáneos. Tener discípulas era inconcebible para los rabinos judíos. Hasta para el mismo servicio en las sinagogas se echaba mano de varones. La mujer no lee la Torá, no participa en el banquete pascual. Le estaba prohibido pronunciar la oración de la Sema`. El precepto del sábado no se aplicaba estrictamente a las mujeres. Tampoco se les impartía enseñanza religiosa. Al admitir discípulas, Jesús quiere elevar el puesto que la mujer ocupaba en la sociedad y contribuir a que se le restituya su dignidad humana. Cfr. GNILKA, O.C., P. 226.

[5] DEB, voz Mujer, pp. 1058-1059.

[6] Así lo enseñaba el Papa Juan Pablo II: «En las enseñanzas de Jesús, así como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer, propia del tiempo. Este modo de hablar sobre las mujeres y a las mujeres, y el modo de tratarlas, constituye una clara novedad respecto a las costumbres dominantes entonces» (Carta Apost. Mulieris dignitatem, 15-VIII-1988, n. 13).

[7] También hizo muchos milagros en su favor (Mt 9, 22; Lc 13, 10; Mc 1, 29; 5, 25). Tres de sus prodigios más llamativos –las tres resurrecciones– se hacen o por amistad hacia las hermanas de Lázaro (Jn 12, 1-44), o por compasión hacia la viuda de Naín (Lc 7, 14), o porque se trata de una muchacha, la hija de Jairo (Mc 5, 41; Lc 8, 54).

[8] Se habla de la mujer que mezcla el fermento a la masa (Mt 13, 3); de la que ha perdido una moneda (Lc 15, 8); de diez doncellas que esperan al novio de la boda (Mt 25, 1-13); de la viuda y el juez inicuo (Lc 18, 1-5); o el Reino es comparado con una parturienta (Jn 16, 21)…

[9] Ella ha llevado «a la familia, a la sociedad civil, a la Iglesia, algo característico, que le es propio y que solo ella puede dar: su delicada ternura, su generosidad incansable, su amor por lo concreto, su agudeza de ingenio, su capacidad de intuición, su piedad profunda y sencilla, su tenacidad…» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, n. 87).

Comentario – Miércoles I de Adviento

(Mt 15, 29-37)

En este relato se destaca el corazón lleno de compasión de Jesús, que no podía dejar de apiadarse de las miserias humanas.

En realidad el relato de la multiplicación de los panes ya había aparecido en Mt 14, pero en esta versión del capítulo 15 se destaca la tenacidad de la gente que permanece tres días con Jesús, convencida de que ha encontrado en él la respuesta que necesitaba. La gente de la época de Jesús es un verdadero símbolo de la búsqueda permanente del ser humano, siempre atento para tratar de reconocer a los verdaderos profetas, a los que traen mensaje de vida, de justicia y de esperanza.

Y sobre todo el pueblo sencillo, cuando siente que ha encontrado a un verdadero profeta, abre su corazón lleno de confianza, y lo siguen espontáneamente. Esta docilidad contrasta con la actitud de los poderosos, que envidiaban a Jesús y por eso buscaron por todos los medios alejarlo del pueblo que lo amaba.

El detalle de la compasión aparece también en Mt 14, 14, y hace que estos textos, junto con Juan 11, 33-38 sean los que mejor destacan los sentimientos humanos de solidaridad y ternura de Jesús ante el drama del hombre.

Pero no hay que ignorar los detalles de los versículos 34-36 (los discípulos ofrecieron siete panes y luego, a través de ellos, se hace la distribución a la gente), porque nos demuestran que ordinariamente Jesús responde a las necesidades humanas a través de instrumentos humanos.

¿Nosotros estaremos aceptando y cumpliendo nuestra función de instrumentos para que Dios pueda liberar a los demás de sus males y angustias?

Oración:

“Te doy gracias Jesús, por tu corazón compasivo, capaz de comprender nuestro dolor y nuestras necesidades. Ayúdame a descubrir esos sentimientos tuyos en la hora de mi angustia. Pero te ruego también que toques mi corazón con tu gracia y lo hagas compasivo como el tuyo, para que pueda ser instrumento eficaz de tu misericordia”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Concilio Vaticano II

Auténtico ministerio litúrgico

29. Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la Schola Cantorum, desempeñan un auténtico ministerio litúrgico. Ejerzan, por tanto, su oficio con la sincera piedad y orden que convienen a tan gran ministerio y les exige con razón el Pueblo de Dios.

Con ese fin es preciso que cada uno, a su manera, esté profundamente penetrado del espíritu de la Liturgia y sea instruido para cumplir su función debida y ordenadamente.

Comentario Domingo II de Adviento

Oración preparatoria

Oh Dios Padre: “Tanto amaste a la humanidad que nos enviaste a tu Hijo hasta hacerse hombre como nosotros”. Nos preparamos a celebrar su venida, anunciado por tus profetas de Israel y gestado en el seno de María de Nazaret. Te pedimos que tu Espíritu nos haga comprender la gran Nueva de su nacimiento. Que penetre la oscuridad de nuestro corazón con su luz radiante y nos ensanche el corazón. Que llene de esperanza y amor a tantos hombres y mujeres que sufren y lloran a lo ancho del mundo. Que inspire un gran deseo de paz y justicia en los pueblos y nos haga trabajar para conseguirlos. AMEN.

 

Mc 1, 1-8

«1Comienzo del Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

2Como está escrito en el profeta Isaías: “Mira, envío a mi mensajero delante de ti, el que preparará tu camino; 3voz del que clama en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas’”, 4apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

5Y acudían a él de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán confesando sus pecados. 6Y Juan estaba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre.

7Y proclamaba diciendo: “Viene detrás de mí el que es más fuerte que yo, ante quien 8no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

Estamos ante el texto inicial del evangelio de Marcos. El versículo 1 es el título de todo el evangelio y está lleno de términos muy significativos y elocuentes. Comienzo evoca la primera palabra de la Biblia (Gn 1,1): al recordarnos el acto de la Creación, el evangelio se postula como una “nueva creación”, inaugurada por Jesús. De Él no se nos ofrece toda su plenitud inagotable, sino un inicio, que tiene que continuar. Evangelio: la Buena Noticia que trae Jesús o la Buena Noticia que es Jesús; término que nos indica el rastro salvador de Dios en la historia. Jesús, nombre que significa “Dios salva”. Y sus dos títulos principales: Mesías e Hijo de Dios, que sirven para estructurar todo el evangelio; cómo Jesús es Mesías (1,2- 8,30); cómo Jesús es Hijo de Dios (8,31-16,8). El comienzo, pues, tiene una densi- dad extrema.

TEXTO

Tiene una estructura ternaria, además del título (v. 1): a) la introducción, con la presentación de Juan Bautista, en continuidad con la experiencia profética de Israel (vv. 2-4); b) la parte central, que narra el impacto producido por Juan y su estilo personal (vv. 5-6); c) como conclusión, el anuncio de Juan (vv. 7-8). En el primer versículo se condensa todo lo esencial del evangelio de Marcos. Sobresale la noción de bautismo (verbo y sustantivo), único término que se repite en las tres partes del texto y que es la “marca” de inicio, la “salida” del nuevo camino que inaugura Jesús.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El cambio de perspectiva: del “delante de ti” prometido al “detrás de mí” realizado en Juan. La centralidad de Jesús no evita la mediación de los enviados, de los mensajeros de las buenas noticias, de los evangelizadores. En el Evangelio de hoy es Juan, sus palabras y su estilo son los que abren camino a la llegada de Jesús, él es quien prepara a la gente para entrar en el ámbito de la Buena Noticia. ¿Cómo son nuestras palabras y nuestro estilo de vida? ¿Abrimos camino al Señor con nuestro mensaje alegre y esperanzador?

• En el texto se repiten algunas palabras: desierto y camino. Hay que preparar camino en un lugar difícil e inhóspito como es el desierto. No es difícil pensar que la realidad actual, por muchos motivos, tiene mucho de “desierto”; se precisa, pues, purificar la mirada del corazón para “ver de otra manera” la difícil realidad, poniendo esperanza y compromiso en lugar de quejas y abatimiento; y, después, hacer recto, hacer fácil el camino a los demás.

• Como el profeta Isaías pide, preparar el camino del Señor supone una inversión total de la realidad: lo hundido se levante, lo elevado se abaje; lo torcido se enderece; lo escabroso se iguale. Es un lenguaje muy evocador. Nos permite pensar en los “desiertos” en que nos movemos, en cómo construir caminos rectos para que puedan ser atravesados pronto. Nos invita a pensar en todo lo que está “hundido” en nosotros y a nuestro alrededor, y qué podemos hacer para “levantar” lo hundido. Y también, a conocer lo “elevado” que hay en nosotros y nuestro alrededor, para “abajarlo” hasta su lugar conveniente.

• Lo que más aparece en el texto es el bautismo, un bautismo presente y uno futuro, prometido. Es realmente llamativa esa insistencia. Es como un punto de arranque para algo totalmente nuevo: la cercanía del Reino de Dios. ¿Somos conscientes de que nuestro bautismo nos introduce en un “mundo nuevo”, el mundo de Dios? ¿Vivimos como personas nuevas?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo II de Adviento

II Domingo de Adviento
6 de diciembre 2020

Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84; 2 Pedro 3, 8-14; Marcos 1, 1-8

Preparen el camino del Señor

Éste es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:

He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto:“Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y sealimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.

Reflexión

¿Quién era San Juan El Bautista? (El primo de Jesús, hijo de Santa Isabel y San Zacarías; protagonista en la Visitación)

¿Por qué vestía con pelo de camello y se alimentaba de saltamontes y miel? (No le importaba las apariencias; dedicaba toda su vida a acercarse a Dios orando y haciendo sacrificio porque Dios le había dado una misión especial.)

¿Cuál era su misión? (Él fue profeta o mensajero de Dios anunciando a Su Pueblo que se preparen para la venida del Salvador.) ¿Cómo dice que se preparen? (Confiesen sus pecados y bautícense) Cuando confesamos sinceramente nuestros pecados a Dios, Él nos perdona y limpia nuestro corazón para recibir a Jesús nuestro Rey con amor. ¿Por qué dice que él bautiza con agua, pero vendrá otro que bautizará con el fuego del Espíritu Santo? (El bautizo de él es solo simbólico de la conversión, pero el bautizo del Salvador, de Dios mismo, tiene el poder de perdonar nuestros pecados y darnos Vida Eterna.) Adviento es un tiempo de preparación para recibir a Jesús espiritualmente en nuestro corazón el día de Navidad. En la misa el sacerdote usa el color morado representando el sacrificio que se hace en preparación. ¿Cómo podemos preparar nuestro corazón para que sea un lugar digno de Nuestro Rey? Orar más; ayudar más en la casa, en el colegio, o en la comunidad; dejar de pelear y reconciliarnos; dejar de pecar; hacer pequeños sacrificios como no comer dulce o jugar un juego.

Actividad

En la siguiente página colorear la corona de adviento y hablar de los símbolos. Cortar rectángulos abajo y pegar debajo de los símbolos que describen. En la otra página hacer una corona de ayudar escribiendo en el centro 3 cosas que prometen hacer diariamente para ayudar al prójimo durante Adviento. (oración, oficios, donaciones, sacrificios…)

Oración

Señor, dame la gracia del arrepentimiento de mis pecados y el deseo de querer solo agradarte y amarte. Ayúdame a preparar mi corazón este Adviento para que sea un lugar digno para el Niño Jesús. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Predicación de Juan el Bautista – Marcos 1, 1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: – Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Explicación

Juan Bautista fue un judío del tiempo de Jesús, primo suyo, que tenía muy buena fama por su sinceridad y sencillez. No hacía la pelota a nadie. Además realizó una misión muy importante, preparando los corazones de sus paisanos para que acogieran a Jesús diciéndoles que era, sin duda, el mejor y a quien debían conocer y querer.

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – Miércoles I de Adviento

Este adviento confinado que vivimos (en mayor o menor medida, en unos lugares u otros) nos impide organizar comidas y banquetes que siempre han sido tan habituales en estas fechas: cenas de trabajo, encuentros con amigos, comidas familiares… La pandemia nos obliga a repensar el modo de encontrarnos, de festejar, de querernos y recibir el cariño que todos necesitamos. La Palabra y la tradición bíblica tiene claro que de lo más parecido al Reino de Dios y al encuentro final con Él es un banquete. Y un banquete de ricos manjares significa muy poco si no hay gente con quien compartirlo.  Por eso conmueve saber que el Señor en persona sigue preparando la mesa para nosotros. Sigue cuidando todos los detalles. Hace sitio para todos y rebosan nuestras copas, nuestros platos de plan multiplicado. ¡Nada nos faltará!

También imagino hoy a Jesús mirándonos con compasión “porque llevamos muchos meses sin comer, sin poder abrazarnos, sin bailar juntos, sin visitar a los abuelos con calma, sin organizar encuentros familiares, sin viajar para estar con amigos… Y Jesús no quiere despedirnos en ayunas, no sea que desfallezcamos por el camino”.

-¿Cuántos panes tenéis?, ¿qué tienes que pueda servir para hacer más llevadero este tiempo de dolor en toda la humanidad?, ¿qué puedes aportar para que los que además del covid soportan la pobreza, las muertes en cayucos del mediterráneo, las inundaciones criminales en Centroamérica,…? ¿Cuántos panes tenéis?, ¡compartirlo, inventad modos nuevos de sentiros acompañados y alimentados unos por otros!

Quizá así comeremos hasta saciarnos y sobrarán canastos llenos. Levantaremos la mirada y diremos como Isaías: “Esperábamos en Dios y nos ha salvado. Celebremos y gocemos con su salvación”.

Rosa Ruiz