Meditación – Jueves I de Adviento

Hoy es jueves I de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 7, 21.24-27):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial (…)».

Hoy reafirmamos nuestra fe en el acontecimiento histórico de que hace 2000 años el Hijo de Dios se encarnó, haciéndose «visible» —con hechos y palabras— en Jesús de Nazaret. Sin embargo, algunos investigadores —desde hace algunas décadas— comenzaron a abrir una grieta entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe».

Abusando del «método histórico-crítico», han afirmado que la imagen de Cristo que nos ha llegado por la fe (a través de la Iglesia) no se corresponde con el Jesús que existió históricamente. Pero las reconstrucciones de este Jesús, hechas dejando de lado la fe, han resultado cada vez más contrastantes: desde el revolucionario anti-romano hasta el moralista benigno… Estas reconstrucciones son más una fotografía de sus autores y de sus propios ideales que un poner al descubierto la imagen del verdadero Jesucristo.

—Jesús, sin prescindir de la historia, confieso tu divinidad y comunión con el Padre. Y desde esta fe —y sólo así— resultan también razonables históricamente tus actuaciones y tus palabras recogidas en los Evangelios.

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)

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Liturgia – San Francisco Javier

JUEVES. SAN FRANCISCO JAVIER, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento o de la memoria.

Leccionario: Vol. II

  • Is 26, 1-6. Que entre un pueblo justo, que observa la lealtad.
  • Sal 117. Bendito el que viene en nombre del Señor.
  • Mt 7, 21. 24-27. El que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos.

Antífona de entrada Sal 17, 50; 21. 23
Te alabaré entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos.

Monición de entrada y acto penitencial
Un día más, en este tiempo de adviento, nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía, recordando que Dios viene para los pobres. Hoy lo hacemos venerando la memoria de san Francisco Javier, el apóstol del lejano Oriente y patrono universal de las misiones. Sin embargo, es necesario que reconozcamos nuestra pobreza para que el Señor pueda saciarnos con sus bienes. Por eso, al comenzar la Eucaristía, le pedimos perdón por nuestros pecados.

• Tú que vienes con gran poder. Señor, ten piedad.
• Tú que purificas el mundo con el fuego de tu Espíritu. Cristo, ten piedad.
• Tú que vienes para crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
adquiriste para ti pueblos numerosos
por la predicación de san Francisco Javier,
haz que os fieles se apasionen con su mismo celo por la fe,
y que la santa Iglesia se alegre de ver crecer en todas partes
el número de sus hijos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Confiando plenamente en el Señor, la Roca perpetua que nos salva y da la prosperidad, pidámosle ahora confiadamente que nos conceda la salvación que nos trae Jesucristo.

1.- Para que la Iglesia, edificada sobre la roca, que es Cristo, reciba de Él firmeza y cohesión. Roguemos al Señor.

2.- Para que el Señor suscite en nuestra diócesis vocaciones sacerdotales y religiosas. Roguemos al Señor.

3.- Para que todos los pueblos descubran en quien merece la pena confiar absolutamente. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pobres y los humildes reciban la ayuda de todos los cristianos. Roguemos al Señor.

5.- Para que el ejemplo de San Francisco Javier avive el celo de los misioneros y acreciente nuestro interés en el anuncio del Evangelio. Roguemos al Señor.

Despierta tu poder, Señor, y ven a socorrernos con tu fuerza, para que la gracia de tu bondad apresure la salvación que retrasan nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, recibe los dones que te presentamos
en la memoria de San Francisco Javier,
y concédenos que, así como él llegó a tierras lejanas
impulsado por el deseo de la salvación de los hombres,
también nosotros, dando testimonio eficaz del Evangelio,
sintamos la urgencia de llegar a ti con todos los hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Mt 10, 27
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, dice el Señor; y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

Oración después de la comunión
OH, Dios, que tus sacramentos enciendan en nosotros aquella ardiente caridad
que inflamó a san Francisco Javier por la salvación de las almas,
concédenos que, viviendo más dignamente nuestra vocación,
consigamos con él la recompensa prometida a los buenos servidores.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 3 de diciembre

San Francisco Javier nació en el castillo de Javier en 1506, hijo de Juan de Jassu y de María Azpilicueta. Ese mismo año moría Colón, después de haber alumbrado un nuevo mundo, siguiendo la ruta del Sol. Y nacía Javier, que alumbraría un nuevo mundo de las almas, la India y Japón, siguiendo la ruta contraria. Y así España, con las carabelas de Colón y las sandalias peregrinas de Javier inundaba con destellos solares los dos hemisferios del planeta. Una hermosa conjunción de soles.

Desde 1525 estudia Javier en París con su amigo Pedro Fabro. Vida estudiantil en el Colegio de Santa Bárbara, junto a la Sorbona. Vida severa y a la vez movida y azarosa, en que no faltaban aventuras y fiestas. Javier era de los más alegres. La vida le sonreía. Sería un maestro famoso.

Hasta que entra en su vida «el peregrino», un estudiante mayor, Ignacio de Loyola. Javier recela de Ignacio, pero confiesa que le subyuga. El estratega Ignacio espera la oportunidad. Cuando Javier parece más satisfecho de sí mismo, Ignacio le espeta bruscamente: ¿que aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? Javier se resiste. Ignacio insiste y termina doblegando las altivas almenas de Javier. De aquí, con su nueva brújula, partirán las nuevas rutas que le llevarán a Oriente.

El año 1534, 15 de agosto, es una fecha clave. Javier, con Ignacio, Fabro, Laínez, Salmerón, Rodríguez y Bobadilla, en Montmartre, París, hacen votos de pobreza, castidad y obediencia y de peregrinar a Tierra Santa. Van a Venecia, son ordenados sacerdotes, pero no pueden ir a Tierra Santa.

Marchan a Roma y se ofrecen a las órdenes del Papa. El año 1540 se dispersan. El rey de Portugal pide a Ignacio dos misioneros para la India. Javier ansiaba ser elegido. Ignacio elige a Rodríguez y Bobadilla. Éste cae enfermo y le sustituye Javier. Tienen prisa en llegar a Lisboa para embarcar. Pasan por Roncesvalles. No puede despedirse de los suyos. Javier sabía que nunca les vería ya. Y daba prisa a la mula coja que montaba.

Desde ahora las fechas se precipitan. El 1541 sale para la India. Trece meses de arriesgada navegación, bordeando el continente africano. En mayo de 1542 llegan a Goa. «¡Qué momento de emoción, el gritarles: Escuchad, y romper con nuestro acento, la virginidad de un viento, que nunca oyó la Verdad!». (El Divino Impaciente, de Pemán).

Misiona Goa, Pesquería, Malaca, Macasar, Socotora, Célebes, Molucas, Singapur, Travancore… poblados, islas, regiones. Traduce a las lenguas indígenas los artículos de la fe y oraciones. Trabaja sin descanso. Tienen que sostenerle el brazo, se le cansa de tanto bautizar. «¡Mano de Javier, que sembró prodigios, bautizó un millón de paganos, calmó tempestades, sanó enfermos, resucitó muertos, prodigó bendiciones por todas partes!».

Mano de Javier, que escribía a Ignacio de rodillas, que escribió cartas inflamadas, que tanto bien hicieron en Occidente. A los universitarios de Sorbona les urgía a que se olviden de medros personales y ofrezcan sus personas y sus vidas para trabajar en la salvación de las almas.

Pasa dos años misionando en Japón. Vuelve a Goa. Organiza las misiones como legado del Papa para todo el Oriente. Planea el viaje a China desde la isla de Sanchón. La conversión de China influiría mucho en Japón…

Allí muere, consumido por su celo apostólico, aquel divino impaciente- el 3 de Diciembre de 1552, a los 46 años de edad. Mientras, vieron que sangraba el Cristo del castillo de Javier. Su cuerpo está en Goa, y un brazo en Roma, en la iglesia del Gesú.

 

Otros Santos de hoy: Sofonías, Lucio, Claudio, Casiano, Hilaria, Mauro, Juan, Esteban, Víctor, Julio, Crispín.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – San Francisco Javier

LAUDES

SAN FRANCISCO JAVIER, presbítero

(1506-1552). Perteneció al grupo de fundadores de los jesuitas. Misionero incansable por la India y Japón.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo.

LECTURA: Is 45, 8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.

PRECES

Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y digámosle:

Quédate junto a nosotros, Señor

Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz,
— haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.

Tú que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros,
— manifiesta tu rostro a todos los hombres.

Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos,
— fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que eres la fuente de toda santidad,
— consérvanos santos y sin tacha hasta el día de tu venida.

Fieles a la reconciliación del Salvador, digamos con filial confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor y Dios nuestro, tú has querido que numerosas naciones llegaran al conocimiento de tu nombre por la predicación de san Francisco Javier; infúndenos su celo generoso por la propagación de la fe, y haz que tu Iglesia encuentre su gozo en evangelizar a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.