Meditación – Viernes I de Adviento

Hoy es viernes I de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 9, 27-31):

Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!». Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos (…).

Hoy constatamos la profunda relación historia-fe típica del cristianismo: el milagro realizado con los dos ciegos es algo histórico, pero no es sólo historia. Por eso, el método histórico-crítico es indispensable, pero no agota el cometido de la interpretación para quien ve en los textos bíblicos una única Escritura inspirada por Dios.

Es importante que se reconozcan los límites del método histórico-crítico mismo. 1º) Por su naturaleza, debe dejar la palabra en el pasado (puede intentar encontrar aplicaciones para el presente, pero no puede hacerla actual) y en la precisión de la explicación de lo que pasó reside tanto su fuerza como también su limitación. 2º) Debe tratar las palabras ante las que se encuentra como palabras humanas. 3º) La unidad de todos estos escritos como «Biblia» no le resulta un dato histórico inmediato.

—Al leer la Biblia, en la palabra pasada percibo la pregunta sobre su hoy, y en la palabra humana resuena algo más grande: la voz de Dios que hoy también me llama a mí.

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)

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Liturgia – Viernes I de Adviento

VIERNES DE LA I SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento

Leccionario: Vol. II

  • Is 29, 17-24. Aquel día verán los ojos de los ciegos.
  • Sal 26.El Señor es mi luz y mi salvación.
  • Mt 9, 27-31.Jesús cura a dos ciegos que creen en él.

Antífona de entrada
El Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo con la paz y comunicarle la vida eterna.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, con la esperanza de que el Señor viene con esplendor a visitar a su pueblo con la paz y comunicarle la vida eterna, comencemos la celebración de la Eucaristía, pidiendo humildemente perdón por todos nuestros pecados.

• Jesús, luz de todos los pueblos. Señor, ten piedad.
• Jesús, paz y alegría en los corazones. Cristo, ten piedad.
• Jesús, Dios con nosotros. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DESPIERTA tu poder, Señor,
para que merezcamos ser protegidos por ti
y nos veamos libres de los peligros que nos acechan
a causa de nuestros pecados.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Imploremos a Dios, luz y salvación de su pueblo, y pidámosle que nos dé la luz de una fe viva, ardiente y luminosa.

1.- Para que la Iglesia sea luz de los pueblos y de todos los hombres que buscan la salvación. Roguemos al Señor.

2.- Para que el Señor suscite en nuestra diócesis abundantes vocaciones al ministerio sacerdotal. Roguemos al Señor.

3.- Para que todas las naciones de la tierra, especialmente las más pobres, avancen hacia el verdadero progreso. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pobres y los oprimidos gocen del consuelo de Dios y de la fraternidad de los cristianos. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros vivamos firmes ante las dificultades de la vida, con la esperanza puesta en Dios. Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que eres nuestra luz y nuestra salvación, y en quien tenemos puesta toda nuestra confianza; ten compasión de nosotros, atiende nuestras súplicas e ilumina nuestros corazones, para que no deseemos otra cosa que poder habitar en tu casa por todos los días de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
QUE los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan,
Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios,
acude, compasivo, en nuestra ayuda.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Oración después de la comunión
SACIADOS con el alimento espiritual te pedimos, Señor,
que, por la participación en este sacramento,
nos enseñes a sopesar con sabiduría los bienes de la tierra
y amar intensamente los del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 4 de diciembre

«Madre de la vida, haz morir en mí las pasiones de la carne que matan el espíritu. Protege a mi alma cuando salga de esta tienda mortal para ir a otro mundo ignorado. La tempestad de las pasiones ruge en cor mío, las olas de la iniquidad me empujan hacia el escollo de la desesperación. Estrella de los mares, haz renacer la calma entre las olas. El león ruge buscando a quién devorar. No me dejes entre sus garras, oh tú, Virgen Inmaculada, que diste al mundo un Niño Divino, dominador de furias y leones»…

Así escribía aquel enamorado de la Virgen María que extenderá su culto y devoción entre el pueblo y entre los más sabios. Era San Juan Damasceno, el gran defensor de las imágenes de Jesucristo, de la Señora y de los Santos.

San Juan es el último Padre de la Iglesia de Oriente. Es como un río abundante en dos vertientes que aprovecha al máximo y en sus maravillosa y abundantes obras dejará de ello un perenne testimonio: la tradición y fidelidad al pasado, a los Padres y Magisterio de la Iglesia, y su amor y profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras.

Se le dan dos nombres: «Damasceno» por haber nacido en Damasco y «Crisorroas» que significa «que fluye oro». Por la riqueza de su doctrina le llamaron así los antiguos.

El origen de su llamamiento, desde el hijo de cobrador de impuestos a los cristianos hasta llegar al retiro del Monasterio de San Sabas, es bello y aleccionador. Aprende las maravillas de nuestra fe, las vive, se convierte en un profundo conocedor de la doctrina de Jesucristo y empieza a predicarlo. Pero esto no le llena. No se ve maduro, y por lo mismo se retira al desierto, al famoso Monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Él en su juventud había disfrutado de todos los halagos que puede ofrecer el mundo, porque su padre, Sergio Mansur, es el que desempeña el papel de «logoceta», es decir, el de cobrador de impuestos que los cristianos deben entregar al califa. Sus padres son muy buenos cristianos y él crecía de día en día en la fe, pero aquella vida no le llenaba su gran corazón. Por ello, ahora, en la soledad del silencio y en las largas horas que pasa en oración, va madurando aquella alma que será un horno de fuego con su palabra y con su pluma en defensa de los valores de la fe cristiana cuando la vea atacada.

Los califas árabes atacan a los cristianos. Abundan los mártires por fidelidad a la fe. Ante Juan Mansur se abren dos caminos: o llegar a ser algo grande entre los musulmanes, porque le ofrecen cargos muy tentadores, o pasar por un anónimo cristiano viviendo y defendiendo su fe. Se decidió con valentía por lo segundo y a fe que no llegó a ser un desconocido cristiano, ya que con sus sermones arrebatadores y con sus abundantes y sólidos escritos llegará a ser una de las lumbreras más grandes de todos los tiempos.

El año 726 el emperador de Bizancio León el Isáurico proclama una Bula de prohibición de las imágenes. Juan se levanta, con fuerza, para defender su uso como medio para despertar la fe. Y dice: «Lo que es un libro para los que saben leer, eso son las imágenes para los analfabetos. Lo que la palabra obra por el oído, lo obra la imagen por la vista. Las santas imágenes son un memorial de las obras divinas». Aquel iconoclasta, León el Isáurico, tuvo un valiente opositor. Le cortaron la mano para que ya no escribiera más sobre esto, pero la Virgen María milagrosamente se la devolvió para que su fiel servidor continuara su obra defensora. Sus obras son profundas, elegantes, llenas de celo y de sólida doctrina que aún hoy conservan su frescura. El Damasceno fue para Oriente lo que Santo Tomás para Occidente. Moría el 749.

 

Otros Santos de hoy: Melecio, Mauricio, Félix, Bernardo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Viernes I de Adviento

LAUDES

VIERNES I DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.

R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que todo puede
en la Virgen su luz se ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos habita
se hizo carne en la Virgen María.

SALMO 50: MISERICORDIA, DIOS MÍO

Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mi toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor

CÁNTICO de ISAÍAS: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen nunca jamás.

Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló la tierra
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor, y no hay otro».

No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío».

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera
y rezan a un dios que no puede salvar.

Declarad, aducid, pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.

Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.

Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
Pues yo soy Dios, y no hay otro.

Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable.
«ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»;
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder».

A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

LECTURA: Jr 30, 21ab.22

Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí; vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti.
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mirad: viene el Dios y hombre de la casa de David, y se sienta en el trono. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ant. Mirad: viene el Dios y hombre de la casa de David, y se sienta en el trono. Aleluya.

PRECES

Por medio de su Hijo, Dios ha manifestado su gloria a los hombres; démosle gracias con gozo, diciendo:

Glorificado sea tu nombre, Señor.

Señor, haz que sepamos acogernos mutuamente,
— como Cristo nos acogió a nosotros para dar gloria a Dios.

Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe,
— para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.

Con tu bondad, y tu inmensa compasión, ven, Señor, en ayuda de todos
— y sal al encuentro de los que te desean aun sin saberlo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamas y santificas a los que eliges,
— llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino.

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Despierta tu poder y ven, Señor; que tu brazo liberador nos salve de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R/. Amén.