Espera y búsqueda

1.- El adviento es espera y búsqueda. Esperamos a un Gran Señor y buscamos la Salvación. Hemos de estar preparados en todo lo que ese Señor espera de nosotros. Y la necesaria adecuación de cuerpos y almas a lo que se nos pide nos va a traer, sin duda, la apertura de un tiempo de salvación. Jesús dijo una vez que si éramos capaces de adivinar los cambios en el clima, en el tiempo físico, también deberíamos intuir que llegaban otros cambios de gran importancia. La Iglesia prepara este tiempo de Adviento como camino de encuentro con Jesús y nos recomienda que nos convirtamos. La conversión no termina nunca. Siempre hemos de estar procurando completarla. Es posible que recordemos con emoción los primeros momentos de ella, cuando volvimos, como el Hijo Pródigo, a los brazos del Padre. O, cuando, también, pudimos ver por primera vez al Señor Jesús tras –casi– ser durante años ciegos de nacimiento curados por El mismo. El hilo argumental de las lecturas de este domingo se resume bien las siguientes palabras de Isaías: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos». Luego el Evangelio de Marcos se referirá a la profecía de Isaías igualmente y hará referencia al Precursor, a San Juan Bautista. Pero el hilo argumental es el mismo. Se trata de abrir un camino posible para que todos caminemos al encuentro del Señor.

2.- Este segundo domingo de Adviento y el siguiente –el Tercero– la figura del Bautista es eje central para nuestras meditaciones. Desde la austeridad, la justicia y la honradez, Juan se dirige a sus contemporáneos y les anuncia que la llegada de Dios está muy cercana. Les pide reordenar sus vidas, mejorar sus caminos y pedir perdón por sus pecados. Y ello es igual para nosotros hoy: no podremos cambiar si no somos capaces de entender y evaluar con honradez nuestras propias faltas. Podemos, tal vez, tener en el corazón un rescoldo de presencia del Señor, pero si nuestra vida cotidiana está marcada por el desorden, por la injusticia, por la insolidaridad, por el pecado en definitiva; no podremos ver a Jesús aunque El pase por delante de nosotros. Y lo primero de todo, por tanto, es nuestra disponibilidad, hacer el camino posible. Si no estamos dispuestos a recibir el Señor el tiempo de Adviento no sirve para nada.

3.- Otra reflexión que no podemos obviar es si, en nuestro tiempo, Juan el Bautista es solo una voz no escuchada, aunque clame en el desierto. Bien pudiera ser que el entorno festivo, luminoso y bullanguero de la próxima Navidad nos impidiera oír la voz de Juan. Es buena y muy útil la alegría navideña. Pero esas manifestaciones de júbilo son solo una parte de un todo. Lo esencial es que esperamos el Nacimiento del Niño Dios y ese Niño viene a salvarnos. Si no somos capaces de hacer caso a Juan y enmendar nuestras vidas estaremos muy alejados de lo que Dios nos pide. La tragedia sería que no oyéremos a Juan, que no hiciéramos nada para iniciar una nueva etapa de nuestra conversión y que el único cuidado que realizáramos de cara a la Navidad es vigilar nuestro peso para luego no engordar demasiado. ¿Es esto último una broma? No, desde luego. Porque hay gentes que solo piensan en cosas y efectos materiales.

Juan dice que «detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» El Nacimiento, el inicio de la vida de Jesús en la Tierra, es también el principio de su gran hazaña salvadora y redentora. No debemos olvidarlo.

4.- La frase siguiente de San Pedro en la segunda lectura es impresionante. Dice: «esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia». Habla de justicia y no de riqueza o de bienestar físico. Pedro narra en su Segunda Carta un tiempo final y a alguno si tiene inclinaciones milenaristas le agradaría dicho comentario, si no fuera porque lo que espera Pedro en la Segunda Venida del Señor es esencialmente muy parecido a la que se ha producido tras de la Primera es una tierra nueva o vieja «donde habite la justicia». Por tanto, lo más importante del mensaje que nos trae este Segundo Domingo de Adviento incide en la espera atenta a la llegada del Señor Jesús. Es tiempo pues de conversión. No lo olvidemos.

Ángel Gómez Escorial

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