Comentario al evangelio – Sábado I de Adviento

Si las lecturas de ayer nos descubrían como ciegos deseosos de luz y de cambios en nuestra vida y en el mundo, hoy la Palabra nos devuelve ese mismo deseo en modo de envío y misión: Jesús en persona nos ruega que nos unamos a su proyecto, a su vida, y por eso nos regala poder para expulsar espíritus inmundos y curar toda dolencia. ¿Acaso podemos imaginar un encargo mejor y más provechoso?

Y eso no lo hacemos por nuestra propia fuerza, sino porque, realmente, el reino de Dios ya ha llegado. A nosotros sólo se nos pide que lo saquemos a la luz, que lo pongamos en valor, que lo convirtamos en salud y en vida para todos. Gratis lo hemos recibido, démoslo gratis. Porque el verdadero hacedor de Vida no descansa: venda los corazones destrozados, reconstruye, sostiene.

Nosotros nos equivocaremos muchas veces, no importa. La cuestión es qué hacemos y a quién acudimos cuando eso pasa: “Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a tus espaldas que te dice: Éste es el camino, camina por él. Te dará lluvia para la semilla que siembras”.

 Y si nos ayuda escucharlo con música y en un lenguaje distinto, no dejéis de conmoveros con esta bellísima canción de Laura Pausini como banda sonora de la película “La vida por delante”. Si podéis, merece la pena verla. Si no, al menos escuchad la canción en el italiano original o en la versión española.

Me permito copiar la letra. Cada uno sabrá ponerle voz y rostro y recibirlas como tal, como luz y lluvia y calor, como Palabra de vida para tantos momentos que nos sentimos como ovejas sin pastor:

Cuando más te faltan las palabras
Yo estoy, yo estoy.
Cuando no valoras lo que logras,
Yo estoy, yo estoy.
Cuando aprendes a permanecer al borde de tus límites
Si nadie te ve, yo sí.
¿Dónde irás tú si se apaga la luz?  No te irás, lograrás resistir. Si nadie te siente, yo sí.

Cuando tú no encuentras el camino
Yo estoy, yo estoy.
Desconfías o lanzas desafíos
Yo estoy, yo estoy.
Cuando quieres desaparecer, te rindes antes de perder
Si nadie te ve, yo sí.
¿Dónde irás tú si se apaga la luz? Lo verás, lograrás resistir. Si nadie lo ve, yo sí.

Quien se ama lo hará entre encanto y verdad
A veces basta solo sentir, aún queda la vida ante sí.
¿Dónde irás tú si se apaga la luz? Lo verás, lograrás resistir
Si nadie lo ve, yo sí.
Y nadie lo cree, mas yo sí.

Rosa Ruiz

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Meditación – Sábado I de Adviento

Hoy es sábado I de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 9, 35-10,1.6-8):

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia (…). Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia (…).

Hoy contemplamos en Cristo la llegada de un «vendaval de divinidad». Historia y fe: Jesús habló y, con fe, asumimos que es «Palabra de Dios» (no son palabras meramente humanas, como algo del pasado). De hecho, los redactores del Nuevo Testamento (y Cristo mismo) en sus explicaciones citan constantemente pasajes del Antiguo Testamento. Lo hacen porque las diversas partes de la «Biblia» están «inter-conectadas», formando un único libro: lo escrito antiguamente, con sucesivas profundizaciones, resulta actual.

La interpretación de la Sagrada Escritura exige ir más allá de una lectura meramente histórica y racional. Se necesita considerar los diversos textos de la «Biblia» en el conjunto de la única Escritura (evitando leerlos aisladamente). En esto consiste la interpretación o exegesis «canónica». El Concilio Vaticano II añade que se han de tener en cuenta también la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe (las correlaciones internas de la fe).

—Señor, ayúdame a interiorizar la Escritura en el mismo espíritu en que ha sido inspirada por ti.

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)

Liturgia – Sábado I de Adviento

SÁBADO DE LA I SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Is 30, 19-21. 23-26: Se apiadará de ti al oír tu gemido.
  • Sal 146.Dichosos los que esperan en el Señor.
  • Mt 9, 35 – 10, 1. 5a. 6-8.Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas.

Antífona de entrada Cf. Is 7, 14; 8, 10
Muy pronto vendrá el Señor que domina los pueblos y se llamará Enmanuel, porque Dios está con nosotros.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al comenzar la celebración de la Eucaristía, pidamos perdón por todos nuestros pecados al Señor que se sienta sobre querubines, suplicándole que nos muestre su rostro y nos salve.

• Tú que enseñas el camino a los pecadores. Señor, ten piedad.
• Tú que harás justicia en la tierra. Cristo, ten piedad.
• Tú que vendrás con poder y gloria a liberarnos. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que para librar a la humanidad
de la antigua esclavitud del pecado
enviaste a tu Unigénito a este mundo,
concede a los que esperamos con fe el don de tu amor,
alcanzar la recompensa de la libertad verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora, hermanos, nuestras plegarias a Dios Padre, que es grande y poderoso y cuya sabiduría no tiene medida.

1.- Para que la Iglesia, viña santa del Señor, llene con sus sarmientos el mundo entero. Roguemos al Señor.

2.- Para que las familias cristianas sean hogar donde nazcan vocaciones hacia la vida religiosa y el ministerio sacerdotal. Roguemos al Señor.

3.- Para que el Salvador sane los corazones destrozados por la guerra y la discordia, y cure sus heridas. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que sufren por cualquier motivo tengan a su lado a quien les dé fortaleza de ánimo. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros, siguiendo el camino que Dios nos marque, seamos instrumentos de salvación. Roguemos al Señor.

Dios de compasión y misericordia, que sanas los corazones destrozados y vendas sus heridas; escucha nuestras oraciones y vuelve nuestros ojos hacia ti; para que reconciliados contigo seamos mensajeros de la buena noticia de tu Reino, y así lleguemos a ser, todos juntos, el pueblo que vive en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio
como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste
y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio II o IV de Adviento

Antífona de comunión Cf. Lc 1, 45
Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Oración después de la comunión
IMPLORAMOS tu misericordia, Señor,
para que este divino alimento que hemos recibido,
nos purifique del pecado
y nos prepare a las fiestas que se acercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 5 de diciembre

Nació en Mantua —Italia— por el año 1443. Sus padres lo educaron cristianamente y frecuentó los colegios de su ciudad natal. Era, dicen sus biógrafos, sencillo, apacible, modesto y siempre despedía paz que contagiaba a cuantos trataban con él.

Sabemos muy pocas cosas ciertas de su niñez y juventud. Sabemos, eso sí, que desde muy joven abrazó la vida religiosa en la Orden del Carmen. Durante los años que la mayor parte de los jóvenes suelen pasar bastante disipados en cuanto a la vida de oración se refiere, él en cambio se dedicaba a la oración, al estudio y a hacer obras de caridad.

Descolló ya desde joven en su amor al silencio y a la oración. Pasaba largos ratos ante el sagrario de la Iglesia de su parroquia y ante el altar de la Virgen María. Con Ellos —Jesús y María— tenía amorosos coloquios que le ayudaban a mantenerse puro en medio de aquella ciudad bastante profana y corrompida en su tiempo.

Pronto se enteró que los Carmelitas de su ciudad habían organizado un convento que llamaba la atención por su observancia regular y por su tierna devoción a la Virgen María. De hecho el año 1442 el Papa había aprobado la así llamada Congregación Mantuana. Era una especie de Reforma dentro de la misma Orden del Carmen que sin desmembrase del tronco y teniendo un mismo Padre General, tenían no obstante otro hábito y unas Constituciones mucho más severas. Eso le encantó a nuestro joven Bartolomé, deseoso de que su entrega fuera generosa y para siempre.

Acudió al P. Prior de la Comunidad y le manifestó sus deseos: “Padre, le dijo, tengo ganas de entregarme del todo al Señor. Me han hablado maravillas del género de vida que lleváis en este convento y de que tributáis un culto del todo especial a la Virgen María. ¿Me admitís a formar parte de vuestra familia religiosa? He oído decir que os llamáis Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo y yo deseo con todas mis ansias pertenecer a una Orden que esté totalmente dedicada al amor y servicio de tan bondadosa Madre”. El P. Prior quedó hondamente impresionado ante estas palabras, que brotaban con paz, pero con entereza a la vez, de aquel corazón enamorado y deseoso de su entrega a Dios en la Orden de María. Sin más preámbulos lo admitió gozoso y así lo manifestó a los demás miembros de la Comunidad.

El 28 de febrero de 1452 ya consta que era sacerdote carmelita y que dio su nombre a la recién fundada Cofradía de la Virgen que estaba establecida en aquella Iglesia. El 1 de enero de 1460 consta por el Libro de Actas de esta Cofradía que era Director Espiritual de la misma. Después fue Rector y Prior y escribió las Reglas y Estatutos por los que debía regirse. Se dedicó de lleno a este ministerio hasta su muerte. En este campo trabajó con gran celo y aprovechamiento.

Desempeñó varios cargos: Prior, Maestro de novicios, etc… Suelen pintarle enseñando ante el Sagrario a varios jóvenes carmelitas y entre sus discípulos se encuentra el Beato Bautista Mantuano o Spagnoli que sobresalió en ciencia y virtud por aquellos días.

Dos fueron las virtudes que principalmente vivió a lo largo de toda su vida y que fueron como los polos donde ella giró: el amor a Jesús Eucaristía y su tierna y filial devoción hasta la Virgen María. Escribió unos sencillos Trataditos de vida espiritual. Murió el 5 de diciembre de 1495.

 

Otros Santos de hoy: Sabas, Dalmacio, Anastasio, Julio, Félix.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado I de Adviento

LAUDES

SÁBADO I de ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa.

¡Oh misterio que sólo la fe alcanza!,
María es el nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para nosotros
para darnos su Espíritu divino. Amén.

SALMO 118

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

CÁNTICO del ÉXODO: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Alabad al Señor todas las naciones. +

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor todas las naciones.

LECTURA: Is 11, 1-3a

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No temas, Sión; mira: viene tu Rey. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No temas, Sión; mira: viene tu Rey. Aleluya.

PRECES

Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:

Guarda a tu pueblo, Señor.

Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia,
— vela por la santidad de tu Iglesia.

Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra
— y afianza la santidad de tus fieles.

Por tu Espíritu consérvanos en el amor,
— para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia,
— hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo a este mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida alcanzar la gracia de la libertad verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.