Enderezad los senderos del Señor

Nadie puede volverse por el camino que ha recorrido (Heráclito)

Mc 1, 1-8 «Voz del que proclama en el desierto: “Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas”».

No forzar jamás a nadie para que los senderos se pongan rectos, pues en una ocasión se lo preguntaron al evangelista de forma indiscreta y les respondió de esta manera y en verso, pues era poeta:

“¿Quién os ha dicho que yo,
dije nada de senderos
que subieran o bajaran
desde la Tierra a los Cielos?”

Y cuantos se lo habían preguntado, que eran muchos, particularmente fariseos, se callaron como muertos, y el sendero se irritó de manera prepotente.

Luego Jesús, mientras escribía unas letras en el suelo, porque in illo tempore no existía el papel y los papiros de Egipto eran excesivamente caros, “terminó diciendo a los ya dichos fariseos, que se fueran a hacer puñetas cuanto antes”. Los hombres no dijeron nada, pero en cambio las mujeres alboradas por lo de hacer puñetas, regresaron a sus casas riendo, para contárselo a los maridos.

enderezad caminos

Mientras tanto los senderos, en lugar de su de subir, se bajaron y la gente pudo seguir escuchando el evangelio de Marcos, que decía cosas muy interesantes, como aquello de Juan Bautista, recordando lo que Isaías decía: “Mira bien, pues envío por delante a mi mensajero para que prepare el camino del Señor”.

Poema de mi libro De hombre y de dioses:

Trashumancia

Cuarenta años transitó el pueblo judío
por un inhóspito desierto
desde Egipto a la Tierra Prometida,
como siglos más tarde transitaban
los pastores nómadas de León a Extremadura.

Las ovejas merinas daban lana,
que luego las mujeres cardaban en sus casas,
haciéndose tejedoras hábiles
como Las Hilanderas, del cuadro de Velázquez.

Bolsos, bermudas, y rebecas
que dan calor al cuerpo, y quitan frío al alma.

Y los judíos pasaron hambre y frío,
y sin apenas beber agua
que aliviara su sed en el camino,
hasta que Moisés llegó Mará,
y con voz sedienta dijo:

“¡Aquí, si que vamos a beber!

Vicente Martínez

II Vísperas – Domingo II de Adviento

II VÍSPERAS

DOMINGO II DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Mirad: viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mirad: viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

SALMO 113B: HIMNO AL DIOS VERDADERO

Ant. Aparecerá el Señor no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y otro,
hechura de manos humanas:

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendita a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aparecerá el Señor no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

LECTURA: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

R/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R/ Danos tu salvación.
V/ Tu misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Dichosa tú, María, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Dichosa tú, María, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad,
— vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad,
— concédenos tu misericordia.

Tú que viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados,
— cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad, absuélvenos de todas las culpas.

Tú que lo gobiernas todo con tu poder,
— ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
— alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Preparar caminos inexplorados para la buena noticia

Marcos comienza su obra resumiendo en una sola frase la historia que nos va a narrar a continuación. Con brevedad, pero con mucha contundencia, afirma que hay una buena noticia en la vida y en el mensaje de Jesús, que es Mesías e hijo de Dios y, al hacerlo, está expresando una convicción profunda, una experiencia que ha cambiado su vida y a la que desea que accedan todas las personas que escuchen su relato (Mc 1,1).

Una Buena Noticia que consuela y sana…

Cualquier habitante del mundo mediterráneo antiguo al escuchar que algo era una buena noticia, un evangelio, entendía que se estaba produciendo un acontecimiento que podía cambiar el estado presente de las cosas, que podía traer alegría, paz o liberación para sus destinatarios. Por eso, decir que Jesús de Nazaret era una buena noticia para el mundo era algo más que escuchar un mensaje bonito, era una invitación a confiar en que algo nuevo estaba comenzando a suceder, algo capaz de suscitar esperanza y futuro.

Para ofrecer a sus oyentes una garantía de que lo que van a escuchar no era, como decimos hoy una fake news, les recuerda algunas palabras del II Isaías (Is 40, 3). Con estas palabras de la Escritura, los invita a recordar un acontecimiento donde Dios se hizo consuelo, liberación y esperanza (Is 40, 1-11). El profeta anuncia al pueblo exiliado en Babilonia que su situación va a cambiar, que el Dios de la misericordia y del perdón (Is 40, 1-2) va a actuar y los va a llevar de nuevo a casa. Pero para que esto ocurra hay que cuidar el corazón, hay que preparar el camino, recuperar los senderos por los que esa buena notica va a llegar (Is 40, 4-8). Hay que escuchar la voz del anuncio, hay que creer que es posible, hay que permanecer a la espera (Is 40, 9-11).

La memoria de aquel acontecimiento del pasado es aval para dar crédito a la buena noticia que acontece en Jesús de Nazaret. En él se hará de nuevo visible el encuentro entre Dios y el ser humano. De la mano de Jesús podremos ver en acción la compasión, la bondad y el consuelo de Dios. Una acción que necesita ser acogida, ante la que hay que preparar de nuevo el camino, sintonizar con las palabras del mensajero y confiar en el enviado. Solo así, como proclamaba Isaías, acontecerá lo que esperamos.

Juan, un testigo que sabe que está llegando la Buena Noticia de Dios

Para Marcos la historia de Jesús comienza a orillas del rio Jordán porque es allí donde su misión se discierne a la luz del anuncio de reconciliación que Juan el Bautista ofrece en su modo de actuar y enseñar (Mc 1, 4-8).
Juan desea un mundo diferente y, por eso, ofrece un camino de conversión. Como Isaías en el destierro, sabemos que Dios actúa siempre a favor del ser humano pero cuando el corazón se encoge por la culpa, el miedo, la ira o el sufrimiento, no es posible reconocer la mano amorosa de Dios. Por eso, con radicalidad e inmensa generosidad, ofrece una oportunidad a quienes se acercan de comenzar de nuevo. Su bautismo es un signo de liberación, de reencuentro con el Dios (a veces olvidado) de la misericordia y perdón.
El mensaje de Juan no es la buena noticia, pero sí camino hacia ella. Él es testigo de que la Buena Noticia está llegando, porque lo ve en los ojos de quienes lo escuchan, en sus gestos y acciones, y sabe que tarde o temprano alguien se acercará y encarnará el sueño de Dios (Mc 1,7-8).

Arriesgarse a hacer camino

Al llegar el adviento y recordar este comienzo del evangelio de Marcos sin duda nos podremos sentir llamadas/os a la conversión, al cambio, como proclamaba el bautista, pero para acoger y confiar en la Buena Noticia de Jesús, se necesita algo más. Se necesita una escucha atenta para que las ideas se conviertan en certezas, una mirada capaz de ver novedad donde todo parece agotado, unos pies dispuestos a dejar nuestra zona de confort y arriesgarse a abrir caminos de esperanza.

En adviento Marcos nos recuerda que hay que arriesgarse a confiar como lo hizo él, como lo hizo Juan el Bautista, como lo hicieron aquellos hombres y mujeres palestinos que cambiaron sus vidas al calor de la vida y el mensaje del nazareno. Comenzar a escuchar una vez más la Buena Noticia de Jesús, Mesías, hijo de Dios, es arriesgarse a ir a los desiertos existenciales propios y ajenos abriendo surcos que lleven el agua fresca que fecunde la vida. Es disponerse a cambiar el rito por la experiencia para no dejarse atrapar por lo de siempre, por lo aprendido. Es acoger con humildad y sencillez la grandeza y oportunidad que me ofrece la otra u el otro para no quedarme referenciado/a en mí mismo/a como si todo acabase a orillas de mi Jordán.

Escuchemos la Buena Noticia como si fuese la primera vez, como si Marcos nos la contase personalmente, como una primicia. Dejemos que nos sorprenda, que nos inquiete y que nos provoque…Hagamos el camino para que la esperanza germine y se enraíce en nuestras vidas y podamos ser portadoras/es de un mensaje de autentica liberación, sanación y consuelo en estos tiempos nada fáciles que nos toca vivir.

Carme Soto Varela

Juan construyó su propio camino, Jesús lo recorrió y continuó

El evangelio del domingo pasado nos hablaba de estar despierto. Hoy hablan los que han despertado, los centinelas, los profetas. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica de los profetas es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Su principal objetivo ha sido denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practican toda clase de atropellos e injusticias.

La primera palabra del evangelio de Mc es “arje”, que en griego designa el comienzo de un texto, pero también algo mucho más profundo. El evangelio de Jn comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo tradujo por “Initium” que también significa “origen”. El texto se debía traducir: “Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios”. 

Tampoco “euanggelion” debemos traducirlo por evangelio, que es un concepto muy elaborado, sino por buena noticia. Quiere decir que comienza el evangelio y que es todo él una buena noticia. Lo mismo tenemos que decir de “Jesous” y “Christos” que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido. Con el tiempo los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nosotros. Este texto es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lc y Mt, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas casi todas anteriores al cristianismo que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Mc pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo), donde empieza Jesús a manifestar lo que realmente era.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extra-bíblicas, es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan, que ya era famoso cuando él empezó su vida pública. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resume del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Mc habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo bautizo con agua, pero él bautizará con Espíritu Santo. Es la clave del relato y marca la diferencia abismal entre Jesús y Juan. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús frente a los personajes del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía. Isaías dice: “Aquí está vuestro Dios”. Pedro: “Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” El salmo: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”. Mc: “Él bautizará con Espíritu Santo”. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta puede ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse.

Hoy, la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurús a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Seres humanos que por su experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato o descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. El no tomar una decisión es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino que ni siquiera sé a donde me va a llevar, pero estoy convencido que me hará más humano.

 

Meditación

La experiencia del bautismo es la clave para entender a Jesús.
Después de esa experiencia personal, dice a Nicodemo:
“Hay que nacer del agua y del Espíritu”.
El único camino hacia lo humano es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.

 

Fray Marcos

Comentario – Domingo II de Adviento

(Mc 1, 1-8)

El evangelio de Marcos no se detiene en la infancia del Señor, sino que comienza directamente con el inicio de su vida pública. Pero Marcos no quiere que Jesús aparezca desligado de la historia anterior, como si fuera un ser caída de otros planetas. Por eso presenta en primer lugar la figura de Juan el Bautista, que representa en su persona a todos los profetas del Antiguo Testamento que anunciaron la llegada del Mesías.

Juan cumple los antiguos anuncios presentándose como el que “prepara” los caminos del Señor.

Podríamos decir que Dios no necesitaba esta preparación para hacer su obra, que con su poder podía hacer lo que quisiera. Pero toda la Biblia nos muestra este modo divino tan respetuoso de los procesos humanos, esta pedagogía paciente y delicada que Dios ha usado siempre con sus criaturas.

Y a Juan el Bautista se lo describe con las características típicas de los profetas del Antiguo Testamento: invitaba a la conversión, era un asceta (en oposición al consumismo de la sociedad), y evitaba que los demás se centrar en su propia persona: “Detrás de mí viene otro que es más fuerte que yo, yo no soy digno de inclinarme a desatar sus cordones”.

Podríamos preguntarnos si nosotros tenemos también esas característica de verdaderos profetas cuando queremos ayudar a otros, cuando intentamos acercar a otros a Dios, cuando hacemos el papel de Juan el Bautista y deseamos ser instrumentos del Señor para prepararle el camino.

Porque muchas veces sucede que nuestras palabras dicen una cosa, pero nuestra vida concreta y nuestras actitudes están gritando todo lo contrario.

Oración:

“Aquí estoy Señor, me ofrezco para ser tu humilde instrumento. Quisiera preparar tus caminos para que llegues a todos los corazones. Dame tu gracia para ser como Juan el Bautista en medio de mi gente”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

C) Normas derivadas del carácter didáctico y pastoral de la Liturgia.

33. Aunque la sagrada Liturgia sea principalmente culto de la divina Majestad, contiene también una gran instrucción para el pueblo fiel. En efecto, en la liturgia, Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración.

Más aún: las oraciones que dirige a Dios el sacerdote —que preside la asamblea representando a Cristo— se dicen en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. Los mismos signos visibles que usa la sagrada Liturgia han sido escogidos por Cristo o por la Iglesia para significar realidades divinas invisibles. Por tanto, no sólo cuando se lee «lo que se ha escrito para nuestra enseñanza» (Rom., 15,4), sino también cuando la Iglesia ora, canta o actúa, la fe de los participantes se alimenta y sus almas se elevan a Dios a fin de tributarle un culto racional y recibir su gracia con mayor abundancia.
Por eso, al realizar la reforma hay que observar las normas generales siguientes:

Lectio Divina – Domingo II de Adviento

INTRODUCCIÓN

“El Señor viene, viene a nuestra vida como Libertador, viene a librarnos de todas las esclavitudes exteriores e interiores. Es Él quien nos indica el camino de la fidelidad, de la paciencia y de la perseverancia, porque a su llegada, nuestra alegría será plena. Dios ha entrado en la historia para liberarnos de la esclavitud del pecado, ha puesto su tienda en medio de nosotros, para compartir nuestra existencia, curar nuestras llagas, vendar nuestras heridas y donarnos vida nueva. La alegría es el fruto de esta intervención de salvación y de amor de Dios” (Papa Francisco. Ángelus, 11-de diciembre de 2016) 

LECTURAS BÍBLICAS

1ª Lectura: Is 40,1-5.9-11.       2ª Lecturas: 2Ped. 3,8-14

EVANGELIO

San Marcos 1,1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

REFLEXIÓN

Hoy vamos a reflexionar sobre las tres primeras palabras de Marcos: COMIENZO, EVANGELIO, JESUCRISTO. 

1.– COMIENZO.

También el primer libro de la Biblia se abre con la misma expresión: “En el principio” (Gn. 1,1), Marcos nos lleva a un nuevo comienzo. El evangelio va a ser una recreación. El evangelio es siempre un principio, una posibilidad de comenzar de nuevo. Significa una ruptura con lo viejo para recibir un impacto de novedad. Se cierra un pasado y se inicia un presente con un futuro lleno de esperanza.  Ante Jesús llegaban todo tipo de personas, cada una con su problema, con su fardo a las espaldas. El fariseo, con la carga de las leyes; Zaqueo, con la carga de sus riquezas; la pecadora, con el peso de una vida rota e insatisfecha, cansada de hacer de su cuerpo una mercancía. En Jesús experimentaron que cada uno podía iniciar un nuevo porvenir. El fariseo quedaba aliviado al reducir todas las leyes a la ley del amor; Zaqueo se sintió amado por Jesús y tiró las riquezas por la ventana, y la pecadora, al ser totalmente perdonada por Jesús, experimentó cómo de los escombros de su vida, renacía una mujer, con su dignidad, su autoestima bien alta y su futuro lleno de esperanza. Jesús nos dice a todos nosotros: Hoy puede ser un gran día para ti; hoy puedes ser lo que antes has querido ser y no has podido. 

2.– EVANGELIO.

No tiene aquí el significado de libro. Nunca se usa así en el N.T. En el griego clásico originariamente significaba “la propina” que se daba al mensajero que traía buenas noticias. Después pasó a significar las “buenas noticias” que traía el mensajero, sobre todo, de victoria, de paz. En el griego bíblico se usó la palabra “evangelio” para hablar de la liberación de Babilonia. En Marcos se usa para hablar del acercamiento o venida del reino de Dios (1,14; 8,35; 10,29; 14,9; 16,15).  Marcos arranca de algo inaudito ocurrido en un grupo cristiano.  Ellos están experimentando un cambio profundo en su manera de vivir y esa experiencia constituye una fuente inagotable de alegría y de felicidad. Se sienten hijos de Dios y viven como hermanos. Entre ellos nadie pasa necesidad porque han renunciado a enriquecerse. Lo que tienen lo comparten. Nadie se siente solo porque todos son solidarios. El mundo se ha convertido en un mundo de hermanos. Pero esto no ha surgido de repente. Tiene un principio. Y ese principio es Jesús. Jesús es la alegre noticia. Se forma una comunidad cristiana cuando un grupo de personas acogen este anuncio gozoso, lo experimentan y se encargan de transmitirlo. Algo debería de decirnos hoy este Evangelio, a tantas comunidades cristianas tristes, cansinas, aburridas, sin creatividad, encerradas en sí mismas, con olor a rancio. Nuestras comunidades cristianas necesitan recuperar la novedad y la alegría de creer en Jesús como “Buena Noticia”.

3.– JESUCRISTO.

Es una palabra compuesta y constituye la primera profesión de fe.  Jesús es el Cristo.  Cuando los evangelistas hablan de Jesús, es el Jesús histórico, el que paseaba por las calles de Galilea o Jerusalén. Sólo después de la Resurrección, la Comunidad le reconoce como KIRIOS, como Señor, título que daban a Dios en el A.T. En el evangelio de Marcos, se reconoce a Jesús como Dios al final, después de la muerte. Es el Centurión el que, al ver morir a Jesús, exclama: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios (Mc. 15,39). El Resucitado es el Crucificado. El grito de Jesús en la Cruz recoge el grito de los crucificados del mundo. También de tantos muertos a causa del “coronavirus”. Por otra parte, si Cristo es el Señor, es el que manda, a Él debemos darle las riendas de nuestra vida.  En Roma los cristianos morían por no dar incienso al Emperador. Para aquellos mártires, Jesús era su Señor, su único Señor, el que había muerto y resucitado por ellos.

PREGUNTAS

1.– En este adviento, ¿estoy dispuesto a comenzar de nuevo? ¿Qué cosas ya viejas y caducas debo dejar?

2.- ¿Es para mí hoy el Evangelio una BUENA NOTICIA? ¿En qué se nota?

3.- ¿Es realmente Jesús, el Señor de mi vida? ¿O tengo otros señores, otros ídolos en mi corazón? ¿Para cuándo pienso dejarlos?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Recibimos tus llamadas
a “preparar el camino”.
Esperamos celebrar
un “Gran Encuentro Contigo”.
Tú, Señor, caminarás
gran parte del recorrido,
pero quieres que nosotros
andemos “cuatro pasitos”.
Primero: Que nos fijemos
en tu “ternura de Niño”,
que veamos en tu rostro
la imagen de un Dios Amigo.
Segundo: Que te dejemos
“enderezar lo torcido”,
que puedas sembrar amor
donde crece el egoísmo.
Tercero: Que renovemos
las “promesas del Bautismo”,
que te elijamos a Ti,
olvidando a nuestros ídolos.
Señor, con fe te rezamos:
Somos pobres, Tú eres rico.
¡Ven a nacer en nosotros
y llena nuestro vacío!
Y cuarto: Que renunciemos
a un frustrante “consumismo”:
Llena el corazón de “cosas”
y a Ti no te deja sitio

(Compuso estos versos: José Pérez Benedí)

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Tres caminos hacia Jesús

El camino poético (Isaías 40,1-5.9-11)

Hacia el año 540 a.C., los judíos llevaban casi cincuenta años desterrados en Babilonia. Años duros, de grandes sufrimientos, de ansia de libertad y de vuelta a la patria. Esa buena noticia es la que anuncia el profeta. Pero el largo camino, a través de zonas a menudo inhóspitas, puede asustar a muchos y desanimarles de emprender el viaje. Entonces, una voz misteriosa, da la orden, no se sabe a quién, de preparar el camino al Señor. No se dirige a hombres, porque la labor que realizarán es sobrehumana: construir en el desierto una espléndida autopista, allanando montes y colina, rellenando valles. Por ella volverá el pueblo judío, acompañado de su Dios, como un pastor apacienta a su rebaño.

El camino ético (Qumrán)

Con el tiempo, la idea de preparar un camino al Señor en el desierto adquirió un sentido nuevo: a mediados del siglo II a.C., un grupo de sacerdotes y seglares judíos, descontentos con el comportamiento de los sumos sacerdotes de Jerusalén y de las costumbres paganas que se estaban introduciendo, recordando el texto del libro de Isaías, decide retirarse al desierto de Judá y allí, en Qumrán, fundar una especie de comunidad religiosa. En el desierto preparan el camino del Señor. Ya no se trata de un camino poético, sino de una conducta conforme a la Ley del Señor. (En hebreo, derek puede significar “camino” y “forma de conducta”, igual que way en inglés).

El camino del Señor Jesús (Mc 1,1-8)

Esta misma interpretación del texto de Isaías es la que aplica el evangelio a Juan Bautista. También él marcha al desierto a preparar un camino. A primera vista parece tratarse de un camino ético, como en Qumrán, ya que Juan exhorta a la conversión y al bautismo para el perdón de los pecados. Pero sus palabras dejan claro que prepara el camino a una persona más poderosa que él y que trae un bautismo superior al suyo: Jesús.

A propósito de la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús conviene recordar que el verbo “bautizar” significa en griego “lavar”. Los fariseos, por ejemplo, “bautizan” los platos, los lavan. Pero se puede lavar con agua sola, como hace Juan, que es un lavado superficial, incapaz de limpiar las manchas más profundas; y se puede lavar con “Espíritu Santo” (o “con Espíritu Santo y fuego”, como dice otro texto) limpiando totalmente a la persona.

[En el libro que acabo de publicar, El evangelio de Marcos. Comentario litúrgico al ciclo B y guía de lectura, Verbo Divino 2020, comento con más detalle este pasaje del evangelio en las páginas 46-50.]

Esperad y apresurad la venida del Señor (2 Pedro 3, 8-14)

A mediados y finales del siglo I, muchos cristianos empezaron a sentirse desconcertados. Les habían repetido que la vuelta del Señor y el fin del mundo eran inminentes. Sin embargo, pasaban los años y el Señor no volvía. El autor de la 2ª carta de Pedro (que no es san Pedro) sale al paso de esta inquietud, ofreciendo una respuesta que, después de veinte siglos, no convence demasiado: el Señor no se retrasa, sino que nos da un plazo para que podamos convertirnos. El autor mantiene la postura tradicional de que la llegada del Señor y el fin del mundo será algo repentino, inesperado. Y en vez de quejarnos de que el Señor se retrasa, debemos “esperar y apresurar la venida del Señor”. Además, el fin del mundo será el comienzo de un nuevo cielo y una nueva tierra, y hay que prepararse para recibirlos llevando una vida santa y piadosa, en paz con Dios, inmaculados e irreprochables.

Una ética basada en Jesús

La segunda lectura, igual que el evangelio, une el camino de la ética con el camino que lleva a Jesús: Juan Bautista lo relaciona con la primera venida; la carta de Pedro, con la segunda. La liturgia nos indica que el Adviento no es época de espera pasiva, como quien espera que empiece la película: hay que comprometerse activamente. Y ese compromiso debe basarse en el recuerdo de la venida del Señor y en la esperanza de su vuelta.

José Luis Sicre

Austeridad

1.- Con seguridad que habéis oído comentar la desigualdad que hay entre los hombres. Unos son ricos, muy pocos y muy ricos, otros muy pobres y son muchos. Acertadamente pensamos y decimos que esta diferencia es una injusticia. Ahora bien, si un día se lograse que la riqueza de este mundo se repartiera a partes iguales entre todos ¿podríamos los cristianos estar satisfechos? Pues, aunque parezca lo contrario, si hacemos caso de lo que dice el evangelio de la misa de esta domingo, debemos afirmar que no.

La pobreza es un mal y debemos luchar para que no exista, los que la sufren a menudo se olvidan de Dios, o creen que Él no se acuerda de ellos, o que no existe. La riqueza aparentemente es un bien, pueden disfrutar de muchas cosas, pero los que la poseen con frecuencia se alejan de Dios y, hasta muertos de miedo, se vuelven neuróticos y gastan su fortuna en médicos y medicinas. De esto ya se hablaba hace muchos años, en la Biblia (Proverbios 30,8).

2.- Cuando Dios determinó que había llegado el tiempo oportuno para enviar a su Hijo al mundo escogió un heraldo, un introductor, un pregonero. Sabemos que se llamaba Juan y que, por su proceder, cuando fue mayor, le llamaban el Bautista. Se hizo muy famoso en sus días, más que el mismo Jesucristo. Era de familia de casta sacerdotal, su nacimiento fue un prodigio, pues, sus padres eran ancianos cuando él vino al mundo y no habían sido capaces de engendrar antes ningún hijo. Este chiquillo prodigioso no quiso ser ni rico, ni pobre: escogió ser austero. La austeridad no es una cosa que se estile hoy en día. Voy a poner algunos ejemplos modernos para que se entienda lo que quiero decir.

Aun en gente muy joven observa uno el interés por vestir ropa de marca, calzar deportivas de prestigio, tomar “colas” aunque resulten caras y para saciar la sed sea suficiente el agua, comer galletas de las que más se anuncian por la Tele, o chupar sólo caramelos de los que están de moda. Ve uno a veces a un niño que va con su madre al supermercado y que pide, grita y berrea, si no le dan aquello que está en un estante y que en aquel momento se le antoja.

3.- Austero es lo contrario de antojadizo. Pues bien, Juan, aquel del que Jesús dice que no se le puede comparar con ningún otro hijo de vecino (Mateo 11,11) cuando pudo ser independiente se fue de casa y habito en un lugar desértico, no muy lejos de donde vivían sus padres, en un pueblo que se llamaba Ain Karen y que ahora es un barrio de Jerusalén. Cuando se hizo mayor se trasladó a otro lugar, esta vez al lado del río Jordán y empezó a predicar a quien quería escucharle. Su hablar no era simpático, se atrevía a denunciar el proceder de quien no fuera fiel a la Ley de Dios, tratase de quien fuese, no tenía miedo ni respeto a nadie. ¿Cómo podía vivir comportándose así?

4.- El evangelio de hoy nos dice que vestía ropa áspera y barata, de la que hoy en día se podría encontrar en cualquier mercadillo. Molesta al cutis, pero es de la que no se rompe ni estropea nunca. Sus manjares eran sencillos y naturales, ahora les llamaríamos ecológicos. Eran elementos de subsistencia, que los aprovechaba para conservar la salud, sin necesidad de ningún gasto. Por aquellas comarcas, como por otros tantos sitios, hay muchos saltamontes de tamaño grande que, con un poco de destreza, se pueden cazar, sin emplear artilugio alguno. Los beduinos saben que tostados en el rescoldo y salados, resultan sabrosos y alimentan. En aquel país abundaba la miel. Todavía los hombres no habían inventado las colmenas y las abejas hacían sus enjambres en las rocas. La miel es un alimento excelente y hasta tiene propiedades medicinales. No necesitaba pues Juan, ninguna protección para vivir con libertad. Estaba en el lugar más bajo de la tierra, donde nunca hace frío, ni viento y llueve poco.

Además de austero era un hombre humilde. Las dos cosas: austeridad y humildad, acompañadas de sinceridad radical, conducirían a la ruina a cualquier propagandista de hoy en día. Pues a él se dirigió Jesucristo cuando decidió que debía dejar la vida modesta, de formación intelectual y profesional, un poco de incógnito, diríamos, y le pidió que hiciera en Él una ceremonia que en aquel tiempo se estilaba como gesto de inicio de nueva vida: le pidió que lo bautizara, que lo remojara solemnemente. Como preparación de la Navidad bueno será que aprendamos de Juan a ser austeros aunque no nos guste.

Pedrojosé Ynaraja

Hablar al corazón

Visto desde la óptica del “primer mundo”, hacía muchos años que no necesitábamos escuchar, como lo necesitamos ahora, palabras de consuelo, de ánimo y de esperanza. Desde el “primer mundo”, sabíamos que hay personas que padecen mucho, que hay hambre, guerras, pobreza… pero esos problemas no se sentían como propios; se consideraba erróneamente que “eso les pasaba a otros”. La pandemia del coronavirus nos ha hecho caer en la cuenta de que, más allá de nuestras diferencias, todos somos seres humanos y, por tanto, compartimos la misma fragilidad y, aunque en diferentes grados, todos estamos expuestos a cualquiera de esos males que azotan el mundo.

Por eso, en este segundo domingo de Adviento, las palabras de Isaías han de resonar fuerte en nosotros: Consolad, consolad a mi pueblo… Pero ¿qué clase de consuelo hay que ofrecer? Porque algo que también hemos experimentado, sobre todo a medida que la pandemia se extiende en el tiempo, es que los consuelos fáciles, en forma de frases e imágenes supuestamente optimistas y que tanto proliferaron en las primeras semanas, ahora ya no nos sirven, nos suenan vacíos y falsos.

Por eso el profeta continúa: hablad al corazón… El rompimiento que para todos ha supuesto la crisis del coronavirus requiere ir directos al grano, al corazón, en el que simbolizamos todo lo verdaderamente humano: sentimientos, afectos, anhelos… Y, hablando al corazón de la gente, ofreceremos el verdadero consuelo: el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, como escribió San Marcos, que “presenta una figura muy viva y «humana» de Jesús, muy cercano a todas las dolencias del pueblo, un Jesús que muestra afecto, que se cansa, que se enoja, que tiene miedo. Y, a la vez, presenta a un Jesús claramente identificado como Mesías e Hijo de Dios” (Acción Católica General, Adviento 2020). Lo único capaz de consolar de verdad a nuestro mundo es el Evangelio, la Buena Noticia que es el mismo Jesucristo, el Hijo de Dios, el Dios hecho hombre que compartió nuestra vida, que se sometió incluso a la muerte de Cruz para, con su resurrección, abrirnos el camino de la verdadera vida.

El Adviento, este Adviento, es una llamada a todos los que somos y formamos la Iglesia a identificarnos con Juan el Bautista, que bautizaba en el desierto y predicaba que se convirtieran. “Juan no se dedicó a tranquilizar, sino a provocar y urgir a la conversión. Un cambio de mentalidad, un cambio del corazón que no solo es para nosotros, sino para todo el mundo. Es tiempo de mirar al fondo del corazón y tocar lo que allí anida. Es tiempo de convertirse y a la vez ser voz que clama la conversión, porque hay cosas que hacen daño a los otros y a uno mismo”.

En Adviento, en este Adviento, como Juan el Bautista, debemos ir al grano, hablar al corazón de la gente, inmersos como estamos en este desierto personal, familiar, social, político, económico, institucional, eclesial… que tanto daño nos está haciendo y ofrecer la motivación que provoque nuestra conversión: “En medio de tiempos tan complicados como los que estamos viviendo, el hombre necesita de la esperanza, de la pequeña luz de la esperanza, que tire de su fe y de su amor”. Y nuestra esperanza es más que un deseo, tiene nombre propio, Jesús de Nazaret, por eso hay que preparar el camino al Señor, porque “sabemos que, más allá de cualquier acontecimiento favorable o contrario, el Señor no nos deja solos. Vino hace dos mil años y vendrá de nuevo al final de los tiempos, pero viene también hoy a nuestra vida. Esta vida nuestra, con todas sus problemas, sus ansiedades e incertidumbres, es visitada por el Señor. Jesús, el Hijo de Dios que viene al encuentro del ser humano, es la respuesta de Dios al mundo” (Cáritas Española, Adviento y Navidad 2020-2021). Por eso nuestra esperanza se tiene que transformar en acción, una acción que “tira” de la fe y se concreta en gestos de amor, acogiendo a Jesús que viene en el descartado, excluido, necesitado… construyendo así la fraternidad universal a la que nos llama el Papa Francisco en su encíclica “Fratelli tutti”.

¿Me siento necesitado de verdadero consuelo? ¿Siento que la Palabra de Dios me habla al corazón? ¿Cómo se me nota que Jesucristo es para mí “evangelio”, Buena Noticia, la verdadera esperanza? ¿Cómo estoy preparándole el camino en este Adviento? ¿Me identifico con Juan el Bautista y predico esta Buena Noticia, esta esperanza, a otros, aunque me sienta en medio del desierto?

Aprovechemos el Adviento: el Señor nos habla al corazón y nos pide que hagamos lo mismo, pero “no podemos ser mensajeros de la consolación de Dios si nosotros no experimentamos en primer lugar la alegría de ser consolados y amados por Él. Hoy se necesitan personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude a los resignados, reanima a los desanimados. Él enciende el fuego de la esperanza” (Ángelus 7 diciembre 2014).