Meditación – Miércoles II de Adviento

Hoy es miércoles II de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 11, 28-30):

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Hoy buscamos descanso en la «Palabra de Dios»: ¿es ésta un refugio cierto? En el lenguaje humano ocurre que una palabra de cierto peso suele encerrar en sí un relieve mayor del que el autor, en su momento, podía ser consciente. Este valor (y/o significado) añadido de la palabra —que va más allá de su instante histórico— resulta más remarcable para las palabras que han madurado en el proceso de la historia de la fe.

En el caso de la «Biblia», los redactores (inspirados por Dios) no hablan simplemente por y para sí mismos. La «inspiración sobrenatural» comporta que el autor no habla como un sujeto privado, encerrado en sí mismo. Habla en una comunidad viva y, por tanto, en un movimiento histórico vivo que ni él ni la colectividad han construido, sino en el que actúa una fuerza directriz superior.

—Señor-Dios, el largo camino de la «Biblia» hasta la venida de Jesús es un «gran adviento» que ha guiado al hombre hasta el refugio de la Verdad plena.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Miércoles II de Adviento

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Is 40, 25-31. El Señor todopoderoso fortalece a quien está cansado.
  • Sal 102.Bendice, alma mía, al Señor.
  • Mt 11, 28-30.Venid a mí todos los que estáis cansados.

Antífona de entrada Cfr Hab 2, 3; 1Cor 4, 5
El Señor llegará y no tardará, él iluminará lo que esconden las tinieblas y se manifestará a todos los pueblos.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, con la esperanza de que el Señor llegará y no tardará, que iluminará lo que esconden las tinieblas y se manifestará a todos los pueblos, comencemos ahora la celebración de la Eucaristía, pidiéndole perdón por nuestras debilidades, y pecados para así allanar el camino al Señor que viene a salvarnos.

  • Tú que no tardas en cumplir tus promesas. Señor, ten piedad.
    • Tú que no quieres que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Cristo, ten piedad.
    • Tú que no has venido a condenarnos, sino a salvarnos. Señor, ten piedad.

Oración colecta
DIOS todopoderoso, que nos mandas
preparar el camino a Cristo, el Señor,
concédenos, con bondad, no desfallecer por nuestra debilidad
a los que esperamos la consoladora presencia del médico celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Elevemos ahora nuestras oraciones a Dios todopoderoso, que está cerca de los débiles y nos colma siempre de su amistad y su ternura.

1.- Para que Dios renueve constantemente a su Iglesia y todos puedan hallar en ella la paz. Roguemos al Señor.

2.- Para que Cristo suscite en nuestros días y en nuestra diócesis sacerdotes santos servidores de su Evangelio. Roguemos al Señor.

3.- Para que los habitantes de todo el mundo reconozcan a Dios y procuren llevar una vida según su voluntad. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que se sienten fracasados en la vida pongan en Dios su confianza y se llenen de ilusión. Roguemos al Señor.

5.- Para que Cristo sea nuestro único Maestro y todos andemos, tras Él, por los caminos de la salvación. Roguemos al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que das fuerza a los cansados y alivio a los agobiados, atiende compasivo la oración que te dirigimos, y libra a tu pueblo del yugo del pecado que le esclaviza y le impide avanzar hacia ti. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio
como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste
y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5
Nuestro Señor llega con poder para iluminar los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión
IMPLORAMOS tu misericordia, Señor,
para que este divino alimento que hemos recibido,
nos purifique del pecado
y nos prepare a las fiestas que se acercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 9 de diciembre

SANTA LEOCADIA, virgen y mártir († 304)

En los santorales que se conservan en la catedral de Toledo se dice de ella: “A Santa Leocadia, virgen; nobilísima por su familia y nacimiento, más noble aún por su propósito de vivir consagrada a Dios… Leocadia, virgen consagrada a Dios, llena del Espíritu Santo…”.

Leocadia significa “virgen blanca” y de veras que lo fue esta ilustre toledana de nacimiento, hija de padre griego y de madre toledana. La educaron muy cristianamente. Era muy bella y llamaba la atención por donde pasaba aquella jovencita, pero aún más la llamaba por el esplendor de sus virtudes que se manifestaban en todo su comportamiento. Todos admiraban su gran caridad para con los pobres y su fervor en la oración. Sus padres la habían educado en el santo temor de Dios y siempre dio ejemplo de cuanto de ellos había heredado.

No sabemos por qué el emperador Diocleciano, que fue benévolo con los cristianos durante algo más de un decenio, cambió de actitud, quizá por insinuación de Galerio que aborrecía con furia satánica a los seguidores del Nazareno. Lo cierto es que pronto corrieron de nuevo ríos de sangre inocente por el único delito de ser caritativos, de ser seguidores de Jesucristo y de estar siempre dispuestos a obras de caridad y de perdón. El poeta Prudencio cantó estas gestas maravillosas que no tienen otras parecidas en ninguna época de la historia profana. A primeros del siglo IV penetró en España, procedente de las Galias, el gobernador imperial Daciano que traía fama de ser cruel y sanguinario. Por donde pasaba dejaba ríos de sangre inocente. Dice un autor antiguo: “La tierra, empapada de sangre, gritaría, si la lengua callase, la magnitud de los escarnios, azotes, tormentos y derramamientos de sangre por él perpetrados. Testimonio cruento de su paso feroz fueron los mártires Félix, Cucufate, Eulalia, los Innumerables de Zaragoza, los santos hermanos Justo y Pastor, los también hermanos Vicente, Sabina y Cristeta y la emeritense virgen Eulalia”…

Al llegar a Toledo desde Alcalá, lo primero que hizo el sanguinario Daciano fue mandar clavar en todas las calles su bando de persecución contra los cristianos y la obligación que todos tenían de delatar a quienes supieran que eran cristianos. Tenían pena de muerte quienes así lo hicieran. No sabemos cómo, pero lo cierto es que la joven Leocadia se presentó con gran valentía ante el gobernador Daciano. Al verla el gobernador dijo: “¿Cómo es posible que tú, de noble familia, te hayas dejado embaucar por estas idioteces de los cristianos olvidándote del culto a nuestros dioses?”

“Ya puedes intentar halagarme con tus diabólicas promesas o con tus amenazas. Jamás conseguirás apartarme de Cristo, al que le he entregado de mi persona y cuanto tengo, porque Él me redimió con su Sangre”.

Lleno de cólera Daciano, manda que la encierren en la cárcel más lóbrega de Toledo y, allí, cargada de cadenas, que sea torturada hasta nueva orden.

Cuentan las Crónicas de aquel tiempo que los verdugos martirizaban de mil formas a la gran santa toledana por ver si podían conseguir los intentos del Gobernador, que no eran otros que hacerle apostatar de su fe. Le herían con látigos, con cadenas de hierro, la golpeaban con cimitarras, haciéndola derramar borbotones de sangre. Ella, cada vez más valiente, gritaba llena de alegría: “No os canséis. Estoy en las manos de mi Esposo y Él me ayuda en mi tormento”. Llena de méritos, exhalaba su postrer suspiro el 9 de diciembre del año 304.

 

Otros Santos de hoy: Valeria, Restituto, Pedro, Cipriano, Julián.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Miércoles II de Adviento

LAUDES

MIÉRCOLES II DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

HIMNO

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado. Amén.

SALMO 76: RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?

Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?

CÁNTICO de SAMUEL: ALEGRÍA DE LOS HUMILDES DE DIOS

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.

No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó el orbe.

Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.

El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.

SALMO 96: GLORIA DEL SEÑOR, REY DE JUSTICIA

Ant. El Señor reina, la tierra goza. +

El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor reina, la tierra goza.

LECTURA: Is 7, 14b-15

Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, (que significa «Dios-con-nosotros»). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se sentará sobre el trono de David y sobre su reino por siempre. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se sentará sobre el trono de David y sobre su reino por siempre. Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, que en su misericordia nos visita, y digámosle con insistencia:

Ven, Señor Jesús.

Tú que viniste del seno del Padre para revestirte de nuestra carne mortal,
— libra de toda corrupción a nuestra naturaleza caída.

Tú que cuando vengas al final de los tiempos aparecerás glorioso ante tus elegidos,
— al venir ahora muéstrate clemente y compasivo con los pecadores.

Nuestra gloria, oh Cristo, es alabarte;
— visítanos, pues, con tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por la fe nos has llevado a la luz,
— haz que te agrademos también con nuestras obras.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, que nos mandas abrir camino a Cristo, el Señor, no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a sanarnos de todos nuestros males. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.