Meditación – Jueves II de Adviento

Hoy es jueves II de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 11, 11-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él (…). Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga».

Hoy aparece la figura de Juan enraizada profundamente en el Antiguo Testamento. Juan el Bautista era un sacerdote, descendiente de Zacarías —sacerdote de la clase de Abías— y de Isabel —proveniente de la familia sacerdotal de Aarón—. En Juan el sacerdocio de la Antigua Alianza se dirige hacia Jesús.

La misión de Juan es interpretada en base a la figura de Elías: él no es Elías, pero viene con el espíritu y la pujanza del gran profeta. Juan cumple en su misión también la expectativa de que Elías volvería, purificaría y aliviaría al pueblo de Dios; lo prepararía para la venida del Señor. Con esto se le incluye, por un lado, en la categoría de los profetas, aunque, por otro, simultáneamente se le ensalza por encima de ella porque el Elías que está por volver es el precursor de la llegada de Dios mismo.

—Así, en estos textos se pone tácitamente la figura de Jesús, su llegada, en el mismo plano que la llegada del propio Dios.

REDACCIÓN evangeli.net

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Liturgia – Jueves II de Adviento

JUEVES DE LA II SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Is 41, 13-20. Yo soy tu libertador, el Santo de Israel.
  • Sal 144.El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
  • Mt 11, 11-15.No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista.

Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152
Tú, Señor, estás cerca y todos tus caminos son verdaderos; hace tiempo comprendí tus preceptos, porque tú eres eterno.

Monición de entrada y acto penitencial
Hoy es un nuevo profeta, Juan el Bautista, quien prepara el camino al Señor, quien nos anuncia que la acción de Dios estará orientada a liberar al hombre de su esclavitud del pecado. Por ello ahora, al comenzar la celebración, pedimos humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

• Tú que nos llamas a la conversión. Señor, ten piedad.
• Tú que nos ofreces el perdón de los pecados. Cristo, ten piedad.
• Tú que eres nuestra salvación. Señor, ten piedad.

Oración colecta
SEÑOR, aviva nuestros corazones
para que preparemos los caminos a tu Unigénito,
y, por su venida,
merezcamos servirte con un corazón puro.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos ahora confiadamente al Señor, nuestro Dios, que es clemente y misericordioso, y no abandona nunca a los que confían en Él.

1.- Para que toda la Iglesia trabaje para hacer presente en nuestro mundo el reino de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Para que los hogares cristianos de nuestra diócesis fomenten la vocación cristiana, sacerdotal y religiosa de sus hijos. Roguemos al Señor.

3.- Para que en todo el mundo se trabaje por la paz, signo de la venida y de la presencia de Cristo entre nosotros. Roguemos al Señor.

4.- Para que los pobres y los enfermos no se sientan abandonado, sino que confíen en la providencia de Dios. Roguemos al Señor.

5.- Para que todos nosotros pongamos en Dios nuestra confianza, pues Él mismo nos auxilia. Roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro, que eres cariñoso con todas tus criaturas, escucha la oración del nuevo pueblo de tus promesas, para que estando abiertos a la voz de tu palabra y confiando en Ti, nos esforcemos por establecer en este mundo tu reino de justicia y amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
los dones que te ofrecemos,
escogidos de los bienes que hemos recibido de ti,
y lo que nos concedes celebrar con devoción
durante nuestra vida mortal,
sea para nosotros premio de tu redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Tit 2, 12-13
Llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios.

Oración después de la comunión
FRUCTIFIQUE en nosotros, Señor,
la celebración de estos sacramentos,
con los que tú nos enseñas, ya en este mundo que pasa,
a descubrir el valor de los bienes del cielo
y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 10 de diciembre

SANTA LEOCADIA, virgen y mártir († 304)

Corrió la triste noticia por las calles de la ciudad de Mérida como la pólvora: “¡Ha llegado Daciano, el gobernador del emperador y viene arrasando cuanto encuentra de camino que tenga sabor a cristianismo… Ya ha martirizado a muchos a su paso”.

Los cristianos de Mérida, que había muchos y fervorosos, temerosos se esconden en sus casas mientras el tirano sigue torturando y matando… Una niña de doce años -Eulalia- apostrofa a aquellos hombres diciendo: ¿A qué estáis aguardando? ¿Nadie es valiente de presentarse ante el gobernador y echarle en cara lo mal que hace persiguiendo a los que no hacen ningún mal? Demostrad que sois cristianos y que defendéis a este Cristo ultrajado”.

Aquella niña era un encanto de criatura. El gran poeta Prudencia cantará maravillas de la inocencia angelical y ardoroso fuego de amor a Jesucristo que bulle en sus venas.

Sus padres, que conocían bien el arrojo y valentía de su hija, sabía que ella era capaz de presentarse ante el Gobernador y echarle en cara sus pecados. Por ello se la llevaron muy lejos de la ciudad, a una casita que tenían en el campo. Pero este pensamiento que ella había recordado a los mayores, seguía torturando su mente y encendiendo su corazón. No la dejaban dormir estos recuerdos de cuanto había oído y cuanto ella misma había visto. Por ello una noche, muy sigilosamente, se levantó, abandonó la casita de campo y se puso en camino para dirigirse a la ciudad. Un cortejo de ángeles iluminaban su camino en aquella anoche lóbrega. Al amanecer ya estaba ante el palacio del gobernador apostrofando a los allí presentes con gran energía en defensa de los cristianos y en contra de aquellas persecuciones sin razón. Pronto alguien lo comunicó a Daciano y éste tuvo curiosidad de conocer a aquella jovencilla con la seguridad de que sabría atraerla con sus halagos. Eulalia, al verse ante el gobernador le dijo, con gran valentía, impropia de una niña de su edad: “Decidme, malvado ¿qué furia es la que os empuja a perseguir las almas y los cuerpos de los que no hacen ningún mal y sólo porque adoran al verdadero Dios? Vosotros sois los que adoráis a ídolos que no existen o a hombres que sí existen pero que son pecadores como vosotros. Date cuenta gobernador, que nada podrás hacer contra nosotros. Es el Dios mismo quien nos defiende. Aunque me quites la vida, sé que resucitaré a otra vida mejor”.

Daciano no sabía cómo reaccionar. Quiso mandar que enseguida le dieran muerte, pero le pareció mejor intentar si conseguía hacerla apostatar. Le habló de sus padres, de su casa, de los favores que recibiría, cuanto oro y joyas quisiera. Bastaba una cosa: que reconociera a los dioses de los romanos y que abandonase la secta de los cristianos. Eulalia, llena de coraje, le dijo: “No pierdas tiempos, pretor, manda que me torturen y que me quiten la vida, porque no vas a conseguir nada conmigo”.

La llevaron a la cárcel. La cargaron de cadenas, y, poco después, por orden del pretor, era torturada bárbaramente: Rasgaron con unos garfios sus pechos, sus espaldas, todo su cuerpo virginal. Eulalia, con gran paz y alegría, decía: “Señor Jesús, he aquí que escriben tu nombre sobre mi cuerpo. ¡Cuán agradable es leer estas letras que sellan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre”.

Como último tormento le quemaron con hachas encendidas todo su cuerpo y vieron salir por su boca una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Era el 10 de diciembre del año 304.

 

Otros Santos de hoy: La Virgen de Loreto, Abundio, Hermógenes, Julia, Gemelo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Jueves II de Adviento

LAUDES

JUEVES II DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

SALMO 23: ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

HIMNO

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que todo puede
en la Virgen su luz se ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos habita
se hizo carne en la Virgen María.

SALMO 79: VEN, SEÑOR, A VISITAR TU VIÑA

Ant. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.

Oh Dios, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.

Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno, y echó raíces
hasta llenar el país;

su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.

La han talado y le han prendido fuego;
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.

CÁNTICO de ISAÍAS: ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO

Ant. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.

Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Aquel día diréis:
«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.»»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

SALMO 80: SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA

Ant. Aclamad a Dios, nuestra fuerza. +

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene.»

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.

LECTURA: Is 45, 8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, Amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Yo te auxilié —dice el Señor—, y soy tu redentor, el Santo de Israel.»

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Yo te auxilié —dice el Señor—, y soy tu redentor, el Santo de Israel.»

PRECES

Imploremos, hermanos, a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, y digámosle suplicantes:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado,
— pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.

Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres,
— aleja de nuestra nación y del mundo entero toda desgracia y todo dolor.

Que la tierra entera, que se alegra por la venida de tu Hijo,
— experimente más aún el júbilo de poseerte plenamente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria y religiosa,
— mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.

Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal:
Padre nuestro…

ORACION

Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo, para que por el misterio de su venida podamos servirte con pureza de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.