Comentario al evangelio – Sábado II de Adviento

Por segunda vez en esta semana se nos invita a contemplar la figura del Bautista. Su frecuente mención en los evangelios es señal de la importancia que tuvo para Jesús y para los primeros cristianos. Y también hoy es comparado con Elías, o, mejor, identificado con él. S. Agustín, en el lejano siglo IV, ya se admiraba de que al Bautista (único caso entre los santos) dedicase la Iglesia dos días de fiesta: la de su nacimiento, el 24 de junio, y la de su muerte, el 29 de agosto. Pero consideraba que no era sin motivo.

Elías, Juan el Bautista, Jesús: tres hombres de fuego. El evangelio apócrifo de Tomás, del siglo II, pone en boca de Jesús este dicho: “El que está cerca de mí está cerca del fuego; el que está lejos de mí está lejos del reino”; quizá sea una variante del que encontramos en Lc 12,49: “He venido a prender fuego a la tierra y ojalá estuviera ya ardiendo”. El Bautista, por su parte, anunciaba a Jesús en estos términos: “el que viene detrás de mí bautizará con Espíritu [Santo] y fuego” (Mt 3,11; quizá originariamente fuese “con una ráfaga de fuego”; espíritu y viento son en arameo la misma palabra). Y Eclo 48,1 nos dice: “surgió el profeta Elías como fuego, su palabra abrasaba como antorcha”.

Jesús y sus dos profetas precursores piensan en una humanidad que necesita ser purificada por el poder de Dios; Malaquías anunciaba el día del Señor, introducido por Él mismo o por un emisario suyo, como “fuego de fundidor, lejía de lavandero” (Mlq 3,2). Más allá de esta imaginería apocalíptica, para nosotros hay al menos dos mensajes claros:

a.- Una llamada a la conversión, personal y colectiva, que abrase cuanto hay en nosotros de ganga y libere el metal precioso, que se deje atrás la escoria y se dé paso a una humanidad tal como Dios la programó. Esto supone purificar, quemar, limpiar, desechando lo envejecido y deteriorado. La Escritura no pretende hablar de cataclismos cósmicos ni fenómenos siderales, sino de sacudidas internas y cambios en los corazones; hace tiempo aprendimos que el mensaje del mito no es cosmológico sino antropológico. Tales sacudidas implican dar de mano a apegos, costumbres, actitudes que no reflejan el evangelio, abriéndonos a que Dios nos trabaje y poniendo nosotros la carne en el asador.

b.- El recuerdo de que el ejercicio de la profecía, la exhortación a vivir incendios y cataclismo personales será molesta, causará rechazo y quizá persecución. La denuncia evangélica, la manifestación del desacuerdo, el distanciamiento crítico de “lo que se lleva”… (digamos trapicheos monetarios, eutanasia, aborto, lascivia sin control…) no suelen tener buen fin, al menos en un primer momento: Jesús y el Bautista murieron mártires del propio mensaje, sus oponentes “hicieron con ellos lo que quisieron”; y Elías, por haber combatido la idolatría, se jugó la vida ante las iras de la reina Jezabel y hasta se deseó la muerte, por encontrar muy pesado el encargo profético recibido (1Re 19,1-4).  

Adviento: tiempo gozoso, contemplación anticipada del plan de Dios plenamente realizado (el niño jugando tranquilamente con la víbora, arados y podaderas en vez de espadas y lanzas, ¡hermoso…!); pero también una llamada enérgica a captar la seriedad del momento, a la fortaleza y decisión: nos toca esperar de Dios y nos toca hacer…

Severiano Blanco cmf

Meditación – Sábado II de Adviento

Hoy es sábado II de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 17, 10-13):

Bajando Jesús del monte con ellos, sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo (…)».

Hoy respiramos un clima de expectación. La liturgia invita a la esperanza, señalando en el horizonte de la historia la luz del Salvador que viene. Esta luz ya se ha manifestado en la plenitud de los tiempos. Nuestra esperanza no carece de fundamento, sino que se apoya en un acontecimiento que se sitúa en la historia y, al mismo tiempo, la supera: Jesús de Nazaret, a quien san Juan aplica el título de «luz» (propio de Dios).

La esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús —el Hijo unigénito— nos reveló con su encarnación, muerte y resurrección. La esperanza verdadera y segura está fundamentada en la fe en Dios Amor, Padre misericordioso, que «tanto amó al mundo que le dio a su Hijo unigénito», para que los hombres puedan tener vida en abundancia.

—El Adviento es tiempo favorable para redescubrir una esperanza no vaga e ilusoria, sino cierta y fiable, por estar «anclada» en Cristo, Dios hecho hombre, roca de nuestra salvación.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – Sábado II de Adviento

SÁBADO DE LA II SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa de feria

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio I o III de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Eclo 48, 1-4. 9-11b. Elías volverá de nuevo.
  • Sal 79.Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
  • Mt 17, 10-13.Elías ya ha venido y no lo reconocieron.

Antífona de entrada          Cf. Sal 79, 2. 4
Ven, Señor, tú que te sientas sobre querubines, muéstranos tu rostro sálvanos.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al comenzar la celebración de la Eucaristía, pidamos al Señor que se sienta sobre querubines que nos ayude a recibirle como Salvador, y mientras esperamos la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, supliquémosle que nos muestre su rostro y nos salve.

• Enviado del Padre para anunciar la Buena Noticia a los pobres. Señor, ten piedad.
• Mensajero de la paz, Luz del mundo, Deseado de las naciones. Cristo, ten piedad.
• Hijo de David, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre. Señor, ten piedad.

Oración colecta
AMANEZCA en nuestros corazones, Dios todopoderoso,
el resplandor de tu gloria,
para que, disipadas las tinieblas de la noche,
la llegada de tu Unigénito manifieste que somos hijos de la luz.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Acudamos ahora a Dios Padre, que quiere manifestarnos su gloria, y presentémosle nuestra oración, pidiéndole que su salvación alcance pronto a todos los hombres.

1.- Para que Dios visite, renueve y fortalezca a la Iglesia con los dones de su gracia. Roguemos al Señor.

2.- Para que las familias acepten con valentía y gozo la llamada al sacerdocio de sus miembros. Roguemos al Señor.

3.- Para que la paz de Dios apague todos los odios y recelos, y todos vivan reconciliados entre sí. Roguemos al Señor.

4.- Para que la luz de Cristo disipe las tinieblas de los que están enfermos y sufren por cualquier motivo. Roguemos al Señor.

5.- Para que la gracia de Dios nos fortalezca en su servicio y no desfallezcamos en preparar la venida del Salvador. Roguemos al Señor.

Señor Dios, Pastor de Israel, que has plantado a la Iglesia como viña fecunda en medio de este mundo; escucha las oraciones que he hemos dirigido y otórganos bondadosamente la gracia de no volvernos nunca indiferentes al mensaje ardiente de tu Hijo ni hacer oídos sordos a su voz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio
como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste
y se lleve a cabo en nosotros eficazmente la obra de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión          Cf. Ap 22, 12
Mira, yo vengo pronto y traeré mi recompensa conmigo, dice el Señor, para dar a cada uno según sus obras.

Oración después de la comunión
IMPLORAMOS tu misericordia, Señor,
para que este divino alimento que hemos recibido,
nos purifique del pecado
y nos prepare a las fiestas que se acercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 12 de diciembre

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, REINA DE MÉXICO

En Diciembre de 1531, diez años después de tomada la ciudad de México por Cortés, caminando el indio Juan Diego, que procedía de Cuautitlán, hacia el cerrito del Tepeyac -colina que queda al norte de la metrópoli- oyó una música melodiosa y que le llamaban dulcemente. Era una hermosísima Señora, que le habló con palabras maternales. -Juan Diego, hijo mío ¿adónde vas?- El contestó que a Tlatelolco a oír Misa. -Y la Señora añadió: Yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios.

Los diálogos entre la Virgen y Juan Diego son una delicia de dulzura. – Juan Dieguito, hijo mío el más pequeño, no se turbe tu corazón. ¿No estoy aquí yo que soy tu madre? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? – Y contesta Juan Diego: Señora mía, hija mía la más pequeña, jovencita mía, niña mía, mi muchachita ¿cómo amaneciste? ¿Sientes bien tu amado cuerpecito, niña mía?

La Virgen le pide que vaya al obispo Zumárraga para decirle que desea que le alcen allí un templo, donde mostrará su clemencia y consolará a todos los que acudan a ella. El Obispo le respondió que pidiera alguna prueba de su mensaje. Siguen luego varias apariciones. Juan Diego no se atrevía a ir al obispo. Un día se desvía para no encontrarse con la Virgen. Pero la Virgen le sale al encuentro. Juan Diego le dice que iba a ver a su tío Juan Bernardino, enfermo. La Virgen se le aparece y lo cura.

Juan Diego obtuvo la prueba: unas rosas como las de Castilla, que en pleno invierno y en la cumbre estéril cortó él por mandato de la Señora, y recogió en su tilma o ayate -especie de manto de tela burda que usaban los indios-. Vuelve al obispo, extiende la tilma y apareció pintada la Señora.

No se sabe cómo ni por qué medios ni con qué materiales pudo haber sido impresa en la tilma la hermosa imagen de Nuestra Señora. Llama también la atención la perfecta conservación de la tilma de Juan Diego, confeccionada con un hilado de no muy larga duración, y expuesto a toda clase de pruebas, a lo largo de los siglos.

La figura que representa la imagen de la Inmaculada Concepción, es muy bella, armoniosa y sencilla. Los científicos de la NASA, que la han estudiado recientemente, han señalado que las estrellas de su manto son tantas en número cuantas lo eran las constelaciones visibles en el cielo boreal, en el mismo lugar y tiempo de las apariciones.

Los ojos de la imagen han sido estudiados por diversos investigadores. En el iris de la Virgen aparece Juan Diego desdoblando la tilma y mostrando las flores al obispo. Se ven también dos figuras de hombre, uno indígena, sentado, y otro con barba, de rasgos europeos, de pie. También se asoma la cara de una mujer con características negroides, asombrada ante el hecho.

¿Por qué se llama de Guadalupe, y no del Tepeyac? Es verdad que existía una Virgen con este nombre en Extremadura, patria de Cortés. Allí acudió Colón antes de emprender la expedición del descubrimiento y puso el nombre de Guadalupe a una isla de las Antillas. Pero ambas imágenes son totalmente distintas. Lo único que se sabe es que la Virgen dijo al tío de Juan Diego, Juan Bernardino, su deseo de ser invocada con el nombre de Santa María de Guadalupe, nombre árabe que significa río de luz.

Y eso es la Guadalupana para todo mexicano: luz y consuelo, gozo y esperanza. Todo mexicano lleva en su corazón a la Guadalupana, y la Virgen les lleva a ellos. Es la Reina de México y Emperatriz de América.

 

Otros Santos de hoy: Sinesio, Dionisia, Alejandro, Hermógenes, Constancio, Justino, Crecencio.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Sábado II de Adviento

LAUDES

SÁBADO II de ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa.

¡Oh misterio que sólo la fe alcanza!,
María es el nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para nosotros
para darnos su Espíritu divino. Amén.

SALMO 91: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

CÁNTICO del DEUTERONOMIO: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destilo como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a Dios nuestro.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu pobre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dad gloria a nuestro Dios.

SALMO 8: MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

LECTURA: Is 11, 1-3a

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel.

PRECES

Oremos, hermanos, con todo nuestro espíritu a Cristo redentor, que vendrá con gran poder y gloria, y digámosle:

Ven, Señor Jesús

Señor Jesucristo, que vendrás con poder desde el cielo,
— mira nuestra pequeñez y haznos dignos de tus dones.

Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia a los hombres,
— danos fuerza para que también nosotros anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.

Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas,
— haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Consuela, Señor, con los dones de tu divinidad,
— a los que anhelamos la gracia de tu venida.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que amanezca en nuestros corazones el resplandor de tu gloria, Cristo, tu Hijo, para que su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos manifieste como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.