Somos lo no-nacido

El texto del evangelio de Juan se enmarca con seguridad en el contexto de la polémica, que duró hasta el siglo II, entre los discípulos del Bautista y los de Jesús. Mientras los primeros proclamaban la superioridad de Juan, ya que el propio Jesús se había hecho bautizar por él, los segundos lo consideraban simplemente como un “precursor” o, como se lee en este mismo texto, un “testigo de la luz”.

En la misma línea, el autor del cuarto evangelio lo convierte en el primer y más importante “testigo” de Jesús, de quien le hace afirmar que “existía antes que yo”.

Tal afirmación encaja perfectamente en el llamado “Prólogo” de ese mismo evangelio, un himno litúrgico que celebra la preexistencia del Logos, encarnado en Jesús de Nazaret.

En términos religiosos teístas, la preexistencia se aplica únicamente a Dios, pensado como un ser separado que, sin embargo, transcendería el espacio y el tiempo, y sería el creador del universo. Dios, sencillamente, es, sin ninguna limitación. Fuera de Dios, todo “ex-iste” en el tiempo.

Más allá de la lectura teísta, entendida en su literalidad, cabe otra que, en cierto modo, queda también “apuntada” en ella, aunque realizada ahora en clave transpersonal y no-dual.

Parece claro que los humanos hemos hecho de Dios una “persona” a nuestra propia medida o, al menos, según nuestras referencias. Sin embargo, la realidad se revela como transpersonal –superando las categorías de lo personal y de lo impersonal– y la comprensión no-dual muestra la radical no-separación profunda de todo lo que es.

Con estas claves, la realidad es un abrazo –o incluso, si se prefiere, un “juego”– entre el “Fondo” único, común y compartido –que sencillamente, es– y las “Formas” que percibimos a través de los sentidos y de la mente –impermanentes y fugaces–, en las que aquel Fondo se despliega.

Lo que es, el Fondo de lo real, es no-nacido. Las formas aparecen en un tiempo y un espacio determinado.

¿Y nosotros? Compartimos esa misma “doble dimensión” de lo real: somos una persona –histórica e impermanente– y somos, a la vez –esa es nuestra paradoja–, la consciencia que la genera y en la que se expresa. Lo cual significa que, en nuestra identidad profunda, somos no-nacidos. Lo que somos, lo que es, preexiste al tiempo y lo transciende: nacimiento y muerte son solo formas que la vida atemporal e ilimitada adopta. Las forman nacen y mueren; la vida que somos permanece.

Una vez más, lo que se afirma de Jesús –tal como hace el Prólogo del cuarto evangelio– se aplica a todos nosotros. Esa es la gran revelación.

¿Vivo perdido en las formas o me abro a aquello que las sostiene?

 

Enrique Martínez Lozano

II Vísperas – Domingo III de Adviento

II VÍSPERAS

DOMINGO III DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Mirad, vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mirad, vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.

SALMO 110: GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR

Ant. Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó par siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que los practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, la venida del Señor.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, la venida del Señor.

LECTURA: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. el Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

R/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

R/ Danos tu salvación.
V/ Tu misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo: los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo: los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.» Aleluya.

PRECES

Oremos a Jesucristo, nuestro redentor, que es camino, verdad y vida de los hombres, y digámosle:

Ven, Señor, y quédate con nosotros.

Jesús, Hijo del Altísimo, anunciado por el ángel Gabriel y a María Virgen, 
— ven a reinar para siempre sobre tu pueblo.

Santo de Dios, ante cuya venida el Precursor saltó de gozo en el seno de Isabel,
— ven y alegra al mundo con la gracia de la salvación.

Jesús, Salvador, cuyo nombre el ángel reveló a José, 
— ven a salvar al pueblo de sus pecados.

Luz del mundo, a quien esperaban Simeón y todos los justos,
— ven a consolar a tu pueblo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Sol naciente que nos visitará de lo alto, como profetizó Zacarías,
— ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Estás viniendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Ser la voz que anuncia la luz

El Evangelio de este domingo nos va acercando al centro neurálgico del cristianismo en la figura de Jesús de Nazaret. En un primer momento parece que el protagonista es el Bautista, pero, enseguida, la narración da un giro para expresar una discontinuidad con respecto al judaísmo para dar a conocer la verdadera LUZ. En medio de este profundo prólogo de Juan, asoman unos versículos en prosa, como si se hubieran colocado a posteriori. Juan es el símbolo de la dimensión profética, el último aliento del Antiguo testamento.

La escena comienza con los personajes bien definidos en cuanto a su función. Los sacerdotes y levitas, encargados de los ritos para el culto y los fariseos que son quienes dicen conocer el verdadero sentido de esos ritos. Parece que se ha montado todo un proceso judicial para investigar a Juan como testigo de Jesús a quien no entienden y considerarán un desestabilizador. Juan era ya un referente en el judaísmo, perteneciente quizá a la comunidad de los esenios, y ansioso por conocer la salvación definitiva, la liberación plena del pueblo elegido. El bautista, a través del rito, pretende preparar a las gentes para que, desde una profunda conversión, se dispongan a vivir la llegada de los tiempos mesiánicos.

Hay desconcierto entre los asistentes, no terminan de ubicar a Juan en las categorías judías porque realiza signos que salen del marco de sus costumbres. Y, claramente, es un predicador precristiano que facilita la nueva dirección de la esperanza de Israel. La respuesta de Juan argumenta y da coherencia al comienzo del texto: ES LA VOZ QUE ANUNCIA LA LUZ. Juan se define como voz, como palabra sonora que invita a allanar los caminos, recuperando las palabras de Isaías, para conectar con la LUZ. Ahora bien, ¿En qué consiste esa preparación?

Parece ser que el cambio que ofrece Juan es un cambio de significado del bautismo. El bautismo era un rito que tenía un sentido de “purificación”; de ahí que el agua ofreciera todas las posibilidades para ese fin. Pero ahora el bautismo cambia de significado: ya no se trata de purificar nada sino de ungir a la persona con el mismo ser de Dios. Este cambio de significado supone la exigencia de cambiar de coordenadas porque puede ocurrirnos como a los presentes en el texto: “en medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Desde el ritualismo, las ofrendas vacías de contenido, desde una visión del ser humano que tiene que estar purgando permanente los pecados cometidos, nos alejamos de la LUZ. Tampoco vivir en una superioridad soberbia, un anclaje en nuestras creencias y patrones mentales, un ego exaltado, no sólo nos separa, sino que nos convierte en rivales de la LUZ.

Necesitamos nuevas coordenadas para encontrar la posición que nos adentra hacia el foco de la LUZ. Y esas coordenadas pasan por una visión más positiva de la vida, de nuestra identidad como personas y como colectivo humano. Nos enrocamos en una percepción sesgada de lo que somos; nuestra vida creyente se convierte en una escalada hacia no sé qué cumbre para conseguir no sé qué premio. Olvidamos que ya estamos inmersos en la LUZy que la escalada es hacia adentro, hacia una nueva conciencia que nos permita ver lo esencial del Dios que se humaniza en cada ser.

Prepararse para la Navidad no es una especie de listado de promesas, una película hecha con un guion a nuestra medida porque, al final, lo que proyectamos es un mensaje de tomas falsas que pueden desenfocarnos de lo esencial. Se trata de vivir en una apertura a ese intercambio entre la humanidad y la Divinidad que proyecta una nueva LUZ en la historia. Ser voz, ser mensaje que anuncia la LUZ, no es proclamar un discurso más o menos coherente sino una vida que se va amasando en la honestidad de quien se sabe sostenido por la fuerza de la auténtica LUZ.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Rosario Ramos

Como Juan, solo somos un espejo pero que puede reflejar toda la luz

Las lecturas nos invitan a repensar nuestra condición de criaturas, limitadas, pero con posibilidades infinitas. El tono es de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que somos en Dios. No solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Puede ser interesante hablar de la alegría justo en este momento que estamos rodeados de pandemia. ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta?

El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos que la evolución ha desplegado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra biología. Si el contacto con el fuego no me produjera dolor, me abrasaría sin poner remedio alguno.

El placer que nos proporciona la biología no es malo. Pero las necesidades de placer no tienen límite y nunca quedan satisfechos. Debemos encontrar otro camino para desplegar una vida feliz. Esa alegría es la clave para alcanzar la felicidad que permanece en el tiempo. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro. Nacerá de un verdadero conocimiento de nuestro ser y de la estructura de nuestra psicología.

Una alegría que perdure tiene que estar fundamentada en nuestro ser profundo, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. No se puede apoyar en la riqueza, en la fama, en los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el culto al cuerpo, porque también esas realidades son efímeras y antes o después las perderemos.

Nuestra principal tarea como seres humanos es descubrir ese verdadero ser y vivir desde la perspectiva de su realidad inconmovible. Entonces nuestra alegría será completa y nuestra felicidad absoluta y duradera. El ser felices, o desgraciados, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno respondemos a esas influencias de lo externo y de lo interno.

Es probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio de JN. Muchos libros del AT comienzan así: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…” Los otros 10 versículos son la continuación del prólogo, y nos narran una misión de los “judíos”. Da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo.

La pregunta es simple: ¿Tú quién eres? Existían varias figuras mesiánicas. La principal era el Mesías, pero también la de un profeta escatológico (como Moisés). La de Elías que volvería. Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo. La pregunta quería decir: ¿Con cuál de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también sencilla: Con ninguna; No soy el Mesías ni Elías ni el Profeta. No quedan satisfechos y le exigen que defina su papel. La respuesta es también simple: Soy una voz.

Allanad el camino al Señor. Es el grito de todo profeta. Esto es lo que nos dice Jesús por activa y por pasiva. Lo que debemos tener en cuenta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera sino dejarle surgir desde dentro. Con esta salvedad, esta sugerencia sigue siendo la clave de toda religiosidad. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo.

Entonces, ¿por qué bautizas? No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios. La pregunta lleva en sí una acusación. Es un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran su bautismo como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad era un símbolo de liberación de las autoridades.

Yo bautizo con agua. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu es típicamente cristiana, se trae a colación para dejar, una vez más, bien clara la diferencia entre la propuesta de Juan y la del cristiano.

Entre vosotros hay uno que no conocéis. El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús. Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad externa.

Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús, es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros, esto no es nada fácil, porque lo que primero que hemos aprendido de Jesús es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús. Este prejuicio distorsiona todo lo que el evangelio narra. Lucas dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir dónde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró por ese camino de liberación. Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre es que no aceptamos la encarnación.

Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios, hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo, sino en virtud de la persona que anuncia. A pesar de ellos, tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús que podemos constatar en fuentes no bíblicas es el bautismo de Jesús por Juan.

Jesús acepta la propuesta de Juan, pero no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a distanciarse de él, yendo más allá de él en muchos puntos. Están de acuerdo en que no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria una actitud interior de apertura a Dios que se traduzca en obras. Juan insiste en una estrategia para escapar del castigo. En Jesús prevalece una propuesta definitiva de amor de Dios a todos y enseña la manera de participar del amor, no solo de escapar de la ira.

Meditación

“No era él la luz, sino testigo de la luz”.
La luz física no puede ser percibida directamente.
El ojo ve los objetos que reflejan la luz que los alcanza.
El ser humano Jesús, tampoco era la Luz,
pero dejaba ver con toda claridad la Luz que es Dios.
La Luz te está alcanzando siempre. ¡Refléjala!

Fray Marcos

Comentario – Domingo III de Adviento

(Jn 1, 6-8. 19-28)

Una vez más nos encontramos con Juan el Bautista, que se nos presenta como testigo de la luz. Él era como el centinela que espera la salida del sol para anunciarlo a los demás (Jer 31, 6). Pero así se nos indica quién es el importante, quién es la luz, quién es la verdaderas esperanza del hombre.

Por más que tengamos que acudir muchas veces a instrumentos humanos que Dios utiliza para ayudarnos, el sentido de nuestra vida no se encuentra en ellos, sino en el trato personal con Cristo. Alcanzamos el sentido de nuestra existencia cuando aceptamos que de él viene nuestra salvación, que él es el camino, que él es vida para nosotros.

Y ya que él es el único salvador, ninguna otra criatura es digna ni siquiera de reclinarse ante él, por más noble, santa y ejemplar que sea su vida.

Por eso es conveniente revisar cada tanto nuestra vida y nuestro corazón, para ver si no estamos endiosando personas o cosas, si no estamos colocando en el lugar de Dios a una criatura limitada, que no puede ser el sentido de nuestra vida ni nuestra salvación.

Sólo en Dios podemos apoyar nuestra existencia. Y afirmándonos en él se hace posible vivir con gozo y paz el amor a los demás, porque podemos amarlos con libertad, sin querer poseerlos, sin necesidad de perseguirlos constantemente o de aferrarnos enfermizamente a ellos.

Juan era un hombre santo y atractivo, pero era sólo el lucero que anuncia el nacimiento del día, la llegada del sol; y frente al sol desaparece. El mismo, precisamente porque era santo, tenía el deseo de desaparecer para que pudiera brillar Jesús. Él se alegraba de saber que su pequeña luz desaparecía ante la llegada del verdadero sol (Jn 3, 29-30).

Oración:

“Concédeme aceptarte como luz de mi vida, Señor Jesús, y reconocer que sólo en ti está mi salvación. Por eso quiero proclamar que tú eres el Señor de mi vida; y aunque no soy digno de tu presencia, te ruego que tomes posesión de todo mi ser con tu luz desbordante”.

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

IV. FOMENTO DE LA VIDA LITÚRGICA
EN LA DIÓCESIS Y EN LA PARROQUIA

Vida litúrgica diocesana

41. El Obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo de sus fieles.

Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Iglesia catedral; persuadidos de que la principal manifestación de la Iglesia se realiza en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único altar donde preside el Obispo, rodeado de su presbiterio y ministros.

Sacrasanctum Concilium – Documentos Vaticano II

40. Sin embargo, en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia, lo cual implica mayores dificultades. Por tanto: 

1). La competente autoridad eclesiástica territorial, de que se habla en el artículo 22, § 2, considerará con solicitud y prudencia los elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo para incorporarlos al culto divino. Las adaptaciones que se consideren útiles o necesarias se propondrán a la Sede Apostólica para introducirlas con su consentimiento.

2). Para que la adaptación se realice con la necesaria cautela, si es preciso, la Sede Apostólica concederá a la misma autoridad eclesiástica territorial la facultad de permitir y dirigir las experiencias previas necesarias en algunos grupos preparados para ello y por un tiempo determinado.

3). Como las leyes litúrgicas suelen presentar dificultades especiales en cuanto a la adaptación, sobre todo en las misiones, al elaborarlas se empleará la colaboración de hombres peritos en la cuestión de que se trata.

Lectio Divina – Domingo III de Adviento

INTRODUCCIÓN

La liturgia de este Domingo está marcada por la alegría. La alegría de saber que el Señor ya está cerca. «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» decía Isaías. «Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,” decía María. «Estad siempre alegres», decía Pablo. Dios está cerca en todos los sentidos. No sólo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,6-8.19-28):

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»  Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.»  «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»  Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.» Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

En este tercer Domingo de Adviento hay un personaje que destaca de una manera especial: JUAN BAUTISTA. El mayor elogio lo ha recibido de Jesús: “Entre los nacidos de mujer no ha nacido nadie mayor que él” (Mt. 11,11). ¿Qué podemos aprender de él para prepararnos en este tiempo a recibir al Mesías?

1.– Su humildad.  

Pensemos que cuando alguien pregunta por nosotros, le mostramos todos nuestros títulos: soy párroco, soy maestro, soy médico, soy licenciado…Y Juan contesta: Yo no soy. No soy el Mesías, no soy Elías, no soy profeta. Sólo soy la voz de Otro que viene detrás de mí. Ése es el importante. Juan Bautista descubrió que su vida tenía sentido señalando con el dedo: “He ahí el Cordero de Dios”. A Él debemos seguir todos: vosotros y yo. ¡Cómo nos cuesta dar paso a otro que viene detrás! Creemos que sólo nosotros podemos hacerlo bien y, por eso, nos creemos imprescindibles, insustituibles.

2.– Su testimonio.

Juan Bautista gozaba de gran prestigio y muchos acudían al desierto a escucharle. Incluso el mismo rey Herodes se interesaba por él. Pero era un hombre libre y cuando se entera que el rey ha abandonado a su legítima esposa y se ha casado con la esposa de su hermano Felipe, Juan le dice a Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano”. (Mc. 8,18). Como sabemos, esto le costó la cárcel. Juan estaba en la cárcel, pero la Palabra de Dios no estaba encadenada. La cosa no quedó ahí. Cuando Salomé, hija de Herodías, agrada con su baile a Herodes, éste le hace un juramento de darle lo que pida. Y Salomé, aconsejada por su madre, le pide la cabeza de Juan Bautista.  Herodes le cortó la cabeza a Juan, pero no le pudo cortar su palabra. La cabeza de Juan sobre aquella fría bandeja tiene más verdad que muchos púlpitos. Más aún, toda su persona se convirtió en palabra viva, en testimonio permanente.  Hoy Juan nos sigue hablando, y su voz nos conmueve. 

3.– La aceptación de la novedad de Jesús

El mensaje que nos trae Jesús es muy distinto de Juan. Juan vive en el desierto y es un asceta. Jesús vive en medio del pueblo, conecta con la gente, y es un místico. Lo dice el propio Jesús:” Vino Juan que ni comía ni bebía…Vino el Hijo del hombre que come y bebe”. (Mt. 11,18).  Juan no predicaba una buena noticia, sino una estrategia para escapar del castigo inminente. La salvación sería para unos pocos; los que aceptasen su predicación y su bautismo. Jesús predica una buena noticia para todos. No enseña la manera de escapar de la ira de Dios, sino la manera de entrar en la dinámica de su amor. Juan vive solo, pero Jesús vive en comunidad. Lo primero que hace Jesús al salir a la vida pública es llamar a sus discípulos y hacer con ellos una Comunidad. Juan acepta que Jesús sea más que Él. “Conviene que Él crezca y yo disminuya”. (Jn. 3,20).  Y ve con buenos ojos que algunos de sus discípulos se pasen al grupo de Jesús. (Jn. 1,37).  No podemos aferrarnos al pasado. No podemos decir: esto hay que hacerlo porque siempre se ha hecho así. El pasado nunca puede servir para frenarnos o paralizarnos.  Debemos estar abiertos a las sorpresas de Dios. Y de todo esto Juan Bautista nos dio un bello ejemplo.

PREGUNTAS

1.- ¿Me creo el importante, el imprescindible?  Cuando llega la ocasión, ¿Sé dar paso a otro? 

2.- ¿Caigo en la cuenta de que la Palabra de Dios sólo la entiende aquel que la cumple?

3.- ¿Estoy abierto a la novedad de Jesús?  ¿Voy descubriendo que Dios, al darnos a Jesús, nos dio con Él toda novedad?

ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ:

Un hombre llamado Juan
fue enviado desde el cielo
como heraldo de Jesús
para ser su “mensajero”.
Juan era solo una voz
que gritaba en el desierto:
“El Señor viene a nosotros
allanadle los senderos.
Yo soy un fiel “precursor”,
testigo de luz, su siervo.
Quien viene detrás de mí
es el Señor verdadero.
Recordamos sus palabras
En este tiempo de Adviento.
Hoy Jesús sigue viniendo.
Se acerca su Nacimiento.
Él es nuestro Salvador,
Ungido de Dios, Maestro,
Médico, Liberador,
Novio feliz, Jardinero.
¡Ven, Señor!, necesitamos
la caricia de tus dedos,
el gozo de tu Palabra,
el perfume de tus besos.

(Escribió estos versos José Javier Pérez Benedí)

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Preparación a la Navidad en tres actos

La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría. El protagonista de la primera lectura afirma: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”; san Pablo pide a los tesalonicenses “estad siempre alegres”. Juan Bautista es demasiado serio para hablar de alegría, pero da testimonio de la luz que inundará el mundo, y eso también es motivo de gozo. Aparte de este dato común, la mejor forma de entender las lecturas es imaginarnos espectadores de una obra de teatro en tres actos.

Acto primero

Cuando se descorre el telón se ve un personaje de pie en el centro del escenario, rodeado de una multitud sentada en el suelo, pobremente vestida. Son antiguos desterrados en Babilonia, actuales oprimidos por el imperio persa. La escena está en penumbra, transmitiendo al espectador una sensación de profunda tristeza; sólo un foco ilumina el rostro del protagonista. Mira en silencio, durante largo rato, a la multitud que le rodea. Finalmente, abre la boca y dice algo inaudito: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Suena a blasfemia. El Espíritu del Señor hace siglos que no se posa sobre nadie. Eso dicen algunos sabios: que el Espíritu se retiró después de la destrucción del templo de Jerusalén. Pero el personaje parece muy seguro de lo que dice. Y les habla de la misión que llevará a cabo movido por el Espíritu: “daros una buena noticia a vosotros que sufrís, vendar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, proclamar el año de gracia del Señor”.

Poco a poco, la luz que iluminaba solo el rostro aumenta de intensidad y permite ver que el protagonista, a diferencia de los demás, está vestido de gala, envuelto en un manto regio y espléndido, que refuerzan la alegría de su rostro. Pero no habla como un rey a su corte. Se dirige a campesinos, con el lenguaje que pueden entender: “Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los cantos de alegría ante todos los pueblos.”

Acto segundo

En el centro del escenario un muchacho de unos veinte años sentado a una mesa y escribiendo. Pablo camina por la habitación mientras dicta.

̶ “Guardaos de toda forma de maldad.”

̶ No sigas. (Lo interrumpe el muchacho cuando acaba de escribir la frase). Ya van siete consejos.

Pablo lo mira extrañado.

̶ ¿Los has ido contando?

̶ Claro. Los seis anteriores han sido: “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión. No apaguéis el espíritu. No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.” Ahora basta con que los encomiendes a Dios y les asegures su protección.

̶ ¿Cuál de esos consejos te viene mejor?

El muchacho se queda releyendo los consejos y pensando mientras cae el telón.

Acto tercero

Escena a orilla del río Jordán. En el centro Juan Bautista, rodeado de un grupo de sacerdotes y levitas. Las noticias que han llegado a Jerusalén son alarmantes. Cada vez más gente acude al río, y las autoridades temen que se produzca una revuelta. ¿Quién es ese Juan? ¿Es el Mesías, el rey que los liberará del poder romano? ¿Es cierto, como dicen unos, que es el profeta Elías, que ha vuelto a la tierra? ¿O es el profeta del que habló Moisés, el que otros esperan antes del fin del mundo? ¿Qué dice él de sí mismo?

Lo asedian a preguntas, pero no consiguen arrancarle más que negativas, cada vez más escuetas: “No soy el Mesías”. “No lo soy”. “No”. Al final, cansado de tanto interrogatorio, les da una clave que ellos probablemente no comprenden. “Yo sólo soy una voz que grita en el desierto. Al que deberías buscar es a uno que no conocéis, que viene detrás de mí, mucho más importante que yo.”

Los sacerdotes y levitas dan a Juan por imposible y se retiran.

Juan mira a sus discípulos y les comenta:

̶ Han venido desde Jerusalén queriendo saber quién soy yo, y no les interesa lo más mínimo saber quién es el que viene detrás de mí.

Crítica del periódico

Como preparación a la Navidad se representó ayer una extraña obra en tres actos que provocó bastante desconcierto entre el público presente. En opinión de este comentarista, la clave se encuentra en el contraste entre los actos primero y tercero: el primero habla de un personaje seguro de sí mismo y de su misión; el tercero de Juan, que se empequeñece a sí mismo para poner de relieve la grandeza del que lo sigue. Y el que lo sigue es precisamente el que lo ha precedido, el protagonista del primer acto. Alguien con un mensaje de esperanza y alegría para los que sufren. Quien no esté de acuerdo con estas sutilezas deberá contentarse con poner en práctica los buenos consejos de Pablo.

 

José Luis Sicre

Presumir

1.- Continúa el evangelio de este domingo hablando de Juan, llamado el bautista. El fragmento escogido es de otro escritor diferente al que escribió el domingo pasado. Se fija este más en su manera de ser que en su manera de vivir. ¿Os acordáis de que explicábamos que vivía y vestía con austeridad? ¿Os acordáis que, gracias a esta manera de obrar, podía ser imparcial y valiente, sin depender de nadie? Ser como él era le permitía ser libre y no temer a nadie. El que no posee nada, no teme ser robado. Pero hay más cosas sobre el precursor de Cristo.

La gente de hoy en día le gusta mucho presumir. Le gusta tener un coche que cause admiración, una moto que corra mucho, aunque esté prohibido hacerlo, que meta mucho ruido, aunque moleste a los vecinos. Los que son jóvenes y no pueden tener estas cosas lo que hacen es darse importancia de lo que son y tienen sus padres, o quieren ganar siempre para poder decir a todo el mundo que se es campeón de algo, o que lo que lleva puesto es de la mejor marca que hay, y le gusta lucir la etiqueta de marca, tanto si se trata del vestido, de una pelota, como de un reproductor de MP3. Cuantas veces se pasa rozando a la gente un montón de veces y se frena de golpe o se gira vertiginosamente para que se den cuenta de lo buena que es su bici. O, en cuanto asisten a la grabación de un programa de televisión, hacen signos ostentosos, o dan saltos, para que todos se den cuenta de que están allí. Hay gente que no para, hasta lograr salir en la Tele. Haciendo estas cosas se creen importantes y eso les satisface enormemente. Es lo que vulgarmente se llama fardar.

2.- Juan el bautista era todo lo contrario, no pretendía sobresalir, pero como predicaba al aire libre a poco más de 30 kilómetros de la capital y su manera de hablar, de denunciar y condenar, era muy radical y severa, las autoridades de Jerusalén se enteraron y se inquietaron. No les gustaba la gente de esta clase. Pero actuaron con precaución. Ni se acercaron ellos, ni enviaron a guardias que lo detuviesen. Prefirieron que fueran a él una especie de espías para que se enterasen de quien era, de por quien se tenía, de que proyectaba y que es lo que enseñaba. Se llevaron un chasco mayúsculo, en vez de darse importancia le oyeron decir que no, que debían buscar, esperar y fijarse en otro que estaba a las puertas, pues ya había nacido, que ese sí que haría cosas importantes. A los enviados esto no les dejaba satisfechos. Era preciso que pudieran contar quien era aquel personaje y como los informes eran contradictorios, se lo preguntaron de sopetón, pero él ni se inmutó. Para explicar quien creía ser y que hacía, puso un ejemplo de una cosa muy corriente en aquel tiempo. Como no había autopistas ni siquiera carreteras asfaltadas y el viento arrastraba la arena, levantando aquí dunas, excavando allí socavones, desfigurando el camino, él dijo que era uno de los que rellenaban los baches y rebajaban los montones de arena que el viento acumulaba. Un sencillo peón caminero, diríamos hoy en día. Dicho de otra manera él escogía ser un “telonero” del gran espectáculo que iba a protagonizar el Mesías, que él, les aseguraba con firmeza, no lo era.

3.- Hay que advertir que la gente de aquel tiempo esperaba saber quien sería el Mesías como ahora espera saber quien ganará el “Tour de France”, será campeón de Fórmula, será proclamada Mis Universo, o le concederán el balón de oro. Seamos sinceros y añadamos ¿a quien no le gustaría presumir de alguna de estas cosas? Pues él no, él diría, en el lenguaje de nuestro tiempo, que era un sencillo recoge pelotas, del campeón de una gran y trascendente “Copa Davis”.

Ser de esta manera es ser humilde ¿a quien le gusta serlo? ¿Vale la pena ser así? Hay que pensarlo seriamente pues a Dios parece que le gusta la gente de esta clase.

Pedrojosé Ynaraja