El desconocido

A pesar de tanta facilidad como tenemos actualmente para acceder a la información en general, hay mucho desconocimiento incluso en lo que respecta a nuestra vida cotidiana y nuestro entorno. Los padres no conocen muchos aspectos de la vida de sus hijos cuando éstos llegan a la adolescencia, ni los hijos conocen las historias familiares. Tampoco es frecuente saber, al menos, los nombres de nuestros vecinos de escalera. Sobre todo en las ciudades, es muy común desconocer las calles de nuestro barrio excepto las dos o tres por las que nos movemos, y también es muy común desconocer monumentos, museos u otros lugares de nuestra ciudad. Por eso, cuando alguna circunstancia hace que tengamos conocimiento de estas personas y realidades, nos llevamos una sorpresa, porque las hemos tenido ahí, muy cerca, y no las conocíamos.

Ese desconocimiento también se produce, aún más agudizado, en lo referente a la fe cristiana. Como indica el material de Adviento preparado por ACG: “Jesucristo, aparentemente conocido por todos, es para muchos un perfecto desconocido. Incluso para muchos cristianos”. Incluso en España, donde las estadísticas indican que un 67% se declaran católicos, en realidad son mayoría las personas que desconocen casi totalmente los aspectos más básicos de nuestra fe. Un ejemplo: cuando en un concurso de televisión hacen alguna pregunta referente a la Biblia, a la Iglesia Católica o a la fe, es rarísimo que el concursante acierte la respuesta. Y esto es porque muchos simplemente aceptan las ideas preconcebidas y tópicos que transmiten programas de televisión, películas y series. Otros se han quedado en los pocos conceptos que recuerdan cuando, de pequeños, asistieron a catequesis, pero posteriormente no han vuelto a la parroquia ni han manifestado interés en cultivar su fe.

Por eso, en este tercer domingo de Adviento y en esta realidad nuestra, cobran especial importancia las palabras de Juan el Bautista que hemos escuchado en el Evangelio. En medio de vosotros hay uno que no conocéis. Siempre, pero especialmente en este tiempo de pandemia, muchos se preguntan dónde está Dios, porque Jesús, el Dios-con-nosotros, no es conocido por la mayoría. Lamentablemente, ni siquiera es conocido por muchos que se autocalifican como “católicos practicantes”, porque limitan esa “práctica” al “cumplimiento del precepto dominical” y a “rezar oraciones”, pero sin buscar un verdadero encuentro con Jesucristo ni profundizar en lo que la fe cristiana significa para la vida.

Aquí surge la primera llamada de este tercer domingo de Adviento: “Como cristianos no podemos contentarnos con afirmar con los labios una doctrina que la Iglesia enseña sobre Jesucristo. La adultez cristiana pasa por conocer mejor a Jesucristo y todo lo que él significa de interrogante, desafío, interpelación, promesa y buena noticia para nosotros y las personas de todos los tiempos. «Conocer» no sólo está relacionado con la cabeza, sino que es siempre algo íntimo y experiencial que tiene que ver con la vida, el seguimiento, la identidad, el compartir y la felicidad. Por eso es fundamental posibilitar un encuentro con Jesús”. Conoceremos a Jesús si dejamos de “oír Misa” y nos encontramos con Él participando activa y conscientemente en la Eucaristía, si dejamos de “rezar” y nuestra oración es “tratar de amistad con Aquél que sabemos nos ama”, si aprovechamos las oportunidades de retiros y formación en los Equipos de Vida que la parroquia nos ofrece.

Y la segunda llamada es a ser testigos de Su presencia en medio de nosotros, como Isaías en la 1ª lectura (me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren) y Juan Bautista en el Evangelio (éste venía como testigo de la luz), porque “todo creyente que toma en serio su fe se convierte en testigo de Jesucristo. No se puede escuchar, su buena noticia sin sentir la necesidad de comunicarla. Se trata de anunciar y hacer creíble a Jesucristo”. Y ser testigos no es algo opcional, es inseparable de una auténtica fe cristiana.

¿Qué personas y realidades de mi entorno desconozco? ¿Puedo afirmar que conozco a Jesucristo? ¿Mi vida de fe es de “cumplimiento” o busco el encuentro con el Señor a través de los medios que la parroquia me ofrece? ¿Cómo anuncio a Jesucristo, con obras y palabras, para que sea conocido?

“Hoy, igual que siempre, Jesús tiene que ser anunciado por alguien. Sin precursores, Jesús no tiene camino fácil para llegar al corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. Sintámonos enviados por el Señor, como Isaías y Juan el Bautista, para que Jesús deje de ser el gran Desconocido que está en medio de nosotros.

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Comentario al evangelio – Domingo III de Adviento

ESTAD ALEGRES,

PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CERCA


      Cuando nos dirigimos a Dios nos ponemos muy, pero que muy serios. ¿Por qué será? En nuestras iglesias no está bien visto saludar, hablar y reírse. En las homilías se riñe mucho. Nuestras celebraciones a menudo son distantes, serias, frías. A algunos les da pereza cantar, dar la mano, sonreír abiertamente. Hasta la palabra «celebración» resulta un poco rara si las comparamos con las «celebraciones» que tenemos por ahí fuera. Y a Dios le pintamos muy solemne, a Cristo paciente, a los ángeles con la cara estirada…¿Es que Dios no sabe reír? ¿Es que a Cristo sólo le tocó sufrir? ¿Es que sólo se puede ser santo a base de renuncias y sacrificios? ¿Es que el placer, el gozo, la alegría, son malos? ¿Es verdad aquello de que «todo lo que me gusta es pecado o engorda?»

      Hay bastantes cristianos que viven con intensidad la cuaresma, la Semana Santa, el Viernes Santo… pero luego se «apagan» cuando llega el momento cumbre de la Pascua. No es raro que aquel pensador llamado Nietzsche dijera que «no encontraba a Dios en nuestros templos porque le parecían tumbas gigantescas, y que teníamos muy poca cara de salvados. Que parecía que nuestro Dios estaba viejo, agonizante, decadente». De tanto asociar a Dios con el dolor y la seriedad, resulta que nos acordamos de él sobre todo cuando algo nos duele o nos va mal. En las alegrías, pocas veces le tenemos en cuenta, si acaso cruzamos los dedos para que no nos las quite demasiado pronto.

     Pero un Dios que es Amor no puede ser un Dios triste, enfadado, amargado… Es todo corazón, y un Corazón que ama y provoca amor… tiene que ser feliz. Cuando su Espíritu llega y nos invade, hace vibrar de gozo todo nuestro ser: «Alégrate, llena de gracia… porque el Espíritu descenderá sobre ti»…

¿No fueron invitados a la alegría los pastores de Belén al recibir la Buena Noticia? ¿No daba saltos de alegría el niño Bautista – aún el seno de Isabel- al recibir la visita de la Virgen?¿No estallaron en cánticos alegres los ángeles de Belén?

    El Adviento es un tiempo que nos invita a recuperar y profundizar la alegría. La profunda, la auténtica. Pero al vernos rodeados de tanto Papá Noel con su«jojojó», al recibir tantos deseos de felicidad, al escuchar tantos villancicos enlatados (cada vez más en inglés), al rodearnos de tantas lucecitas de colores, al consumir tantísimo champán y vinos… uno sospecha que andamos escasos de esa sincera y profunda alegría. Y que la confundimos con otras cosas.

     No recuerdo quién escribió que «el hombre actual no parece acertar con el camino que conduzca a una vida feliz; y el cristianismo, por su parte, no acierta a presentar a Dios como amigo de la felicidad humana y fuente de vida sana e integral». Y también que: «Todos los crímenes, todos los odios, todas las guerras, pueden reducirse a la infelicidad».

    Especialmente en este tiempo que vivimos parece que la tristeza y el desánimo lo envuelven todo. Pues podemos y debemos encontrar y aprovechar y provocar muchas PEQUEÑAS OCASIONES que nos alegren el corazón:

– La alegría de enamorarse. Si Dios es amor… está ahí en medio, acompañando la alegría de los que se aman

– Disfrutar de tu canción favorita

– Tumbarte en la cama a escuchar cómo llueve fuera, cómo golpea la lluvia los cristales…

– Salir de la ducha y dejarte acariciar y envolver por una toalla suave y olorosa…

– Conseguir aprobar un examen gordo, final, preparado durante tiempo

– Una llamada inesperada de alguien que se ha acordado de ti

– Encontrarte triste y que alguien se dé cuenta y te pregunte con interés qué te pasa

– Tener una profunda y sabrosa conversación que te aporta algo, de esas que merecen la pena (y no son frecuentes), donde se intercambia algo más que palabras

– Encontrarte dinero olvidado en un bolsillo o en un cajón

– Mirarte en el espejo y reírte de ti mismo y de lo en serio que te tomas algunas cosas

– Encontrarte a alguien que te dice que tienes buen aspecto, que estás guapo/a, que se alegra de verte

– Enterarte de que han hablado bien de ti

– Despertarte, mirar el reloj, y descubrir en que aún te queda un ratito para dormir 

– Tener con quien darte una vuelta y tomar algo

– Un abrazo o un beso, o una caricia, que no sea rutinario ni simple cortesía (cuando se pueda, claro)

– Hacer nuevos amigos y conservar y disfrutar de los de siempre 

– Disfrutar de una buena película, o de un concierto, o de un museo….

– Sentir cosquillas en el estómago esperando algo o a alguien 

– Ganar un juego, un premio, un sorteo…

– Sentir la satisfacción de un trabajo bien hecho…

– Contemplar felices a las personas que te importan, a las que quieres (de esto saben muchos los abuelos)

– Ir a visitar ese sitio tan especial al que hace tanto tiempo que no vas 

– La cara de alegría que ponen cuando has acertado con tu regalo

– Gozar de un bello paisaje, un cuadro, un mensaje que alguien te ha enviado 

– Contemplar a un niño que se lo está pasando en grande o que se ríe con ganas 

– Escuchar un «te quiero», un «gracias», un «me apetece verte»…

– Beberse un buen vaso de agua fresca cuando hace calor; o gozar del calorcito de casa cuando hace tanto frío en la calle…

       Son pequeñas grandes alegrías para disfrutar y para hacer disfrutar a otros. Son los mejores regalos para uno mismo y para otros en este tiempo. Y no hace falta gastarse dinero. Sólo una persona feliz puede hacer felices a otros.

          Pero ¿y cuando las cosas van mal? ¿Y si hay verdaderas razones para la tristeza? ¿Y si nos falta alguien importante en nuestra vida? ¿Y si perdemos para siempre la salud? ¿Y si me parece que mi vida es un desierto reseco, que no merece mucho la pena? ¿Y si compruebo que mis manos son débiles para seguir dando, trabajando, acariciando, esperando poder recibir? ¿Y si a mis rodillas vacilantes les cuesta caminar, y tiemblan ante el peso que tienen que soportar? ¿Y si mi corazón se ha vuelto cobarde, está encogido, reseco, desconfiado, herido, fastidiado, o incluso agresivo, celoso, enrabietado, atravesado por el dolor? ¿Y si mis ojos no ven salida, si no escucho palabras que acaricien mis oídos, si no me llegan gestos de comprensión, de cariño, de consuelo…?

Sólo la fe puede venir en nuestra ayuda. Se viste entonces de esperanza, de paciencia, de confianza…

«Por el camino empinado, arenoso y estrecho, arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores (la fe y la caridad), que la llevan de la mano, va la pequeña esperanza, y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación de dejarse arrastrar como un niño que no tuviera fuerza para caminar. Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos, y la que las arrastra, y la que hace andar al mundo entero y la que le arrastra.  Porque en verdad no se trabaja sino por los hijos y las dos mayores no avanzan sino gracias a la pequeña». (Charles Peguy)

     Es la promesa de Dios por boca de sus profetas: el propio Dios viene a vuestro encuentro.Viene a estar con nosotros (Emmanuel), a acompañar y vencer nuestras tristezas. A este Dios le van la misericordia y la ternura. Habéis oído sus palabras: «Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor«. Y me  viste un traje de gala y me envuelve en un manto de triunfo. Así que «estad siempre alegres», aunque ahora os toque sufrir. Buscad razones para la alegría y la esperanza. Porque las hay. Especialmente una: El Señor está cerca, en medio de vosotros, como nos ha señalado Juan. Porque ya acampó entre nosotros y viene para que tengamos vida en abundancia. Así es siempre la presencia del Señor. Y por eso la añoramos y la pedimos: Ven, Señor…

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

Imagen de José María Morillo

Meditación – Domingo III de Adviento

Hoy es Domingo III de Adviento.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 6-8.19-28):

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo Él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: ‘Rectificad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías».

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo, ni Elías, ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Hoy, en medio del Adviento, recibimos una invitación a la alegría y a la esperanza: «Estad siempre alegres y orad sin cesar. Dad gracias por todo» (1Tes 5,16-17). El Señor está cerca: «Hija mía, tu corazón es el cielo para Mí», le dice Jesús a santa Faustina Kowalska (y, ciertamente, el Señor lo querría repetir a cada uno de sus hijos). Es un buen momento para pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros y darle gracias.

La alegría es una característica esencial de la fe. Sentirse amado y salvado por Dios es un gran gozo; sabernos hermanos de Jesucristo que ha dado su vida por nosotros es el motivo principal de la alegría cristiana. Un cristiano abandonado a la tristeza tendrá una vida espiritual raquítica, no llegará a ver todo lo que Dios ha hecho por él y, por tanto, será incapaz de comunicarlo. La alegría cristiana brota de la acción de gracias, sobre todo por el amor que el Señor nos manifiesta; cada domingo lo hacemos comunitariamente al celebrar la Eucaristía.

El Evangelio nos ha presentado la figura de Juan Bautista, el precursor. Juan gozaba de gran popularidad entre el pueblo sencillo; pero, cuando le preguntan, él responde con humildad: «Yo no soy el Mesías…» (cf. Jn 1,21); «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Jesucristo es Aquél a quien esperan; Él es la Luz que ilumina el mundo. El Evangelio no es un mensaje extraño, ni una doctrina entre tantas otras, sino la Buena Nueva que llena de sentido toda vida humana, porque nos ha sido comunicada por Dios mismo que se ha hecho hombre. Todo cristiano está llamado a confesar a Jesucristo y a ser testimonio de su fe. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a aportar el don de la luz. Más allá de esas palabras, el mejor testimonio, es y será el ejemplo de una vida fiel.

Rev. D. Joaquim MESEGUER García

Liturgia – Domingo III de Adviento

III DOMINGO DE ADVIENTO «GAUDETE»

Misa del Domingo (morado o rosa)

Misal: Antífonas y oraciones propias, sin Gloria, Credo, Prefacio I o III de Adviento. 

Leccionario: Vol. I (B)

  • Is 61, 1-2a. 10-11.Desbordo de gozo en el Señor.
  • Salmo: Lc 1, 46-50. 53-54.Me alegro con mi Dios.
  • 1Tes 5, 16-24.Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor.
  • Jn 1, 6-8. 19-28.En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

Antífona de entrada Flp 4, 4. 5
Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca.

Monición de entrada
Día a día, paso a paso, vamos caminando hacia la Navidad, un camino gozoso y esperanzado. Hoy, aunque la realidad del mundo que nos rodea nos empuje a ser pesimistas, toda la liturgia nos invita a acrecentar los sentimientos de alegría y de agradecimiento por ese misterio tan grande de nuestra fe, que es el nacimiento del Hijo de Dios, para el que nos estamos preparando. Hagamos, pues, nuestra esa invitación, y vivamos con alegría profunda la celebración de este tercer domingo de Adviento.

Que el tercer cirio que encenderemos ahora en la corona de Adviento sea expresión de la luz que el Señor Jesús quiere traer a nuestras vidas con su venida.

(Mientras se enciende el cirio):

Al encender esta tercera vela te pedimos, Señor Jesús, que con nuestras obras hagamos realidad en este mundo tu reino mientras esperamos tu regreso. Ven pronto, Señor. ¡Ven, Salvador!

Acto penitencial
Si se hace el encendido del tercer cirio, se omite el acto penitencial.

Sin embargo, la alegría solo es posible si en nuestros corazones reina la paz. Por eso, al comenzar la celebración, nos recogemos interiormente durante unos instantes, y pedimos perdón al Señor por nuestras faltas y pecados.

• Tú, que vienes curar las heridas de nuestro corazón. Señor, ten piedad.
• Tú, que animas nuestra esperanza. Cristo, ten piedad.
• Tú, que cambias nuestra tristeza en alegría. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que contemplas cómo tu pueblo espera con fidelidad
la fiesta del nacimiento del Señor,
concédenos llegar a la alegría de tan gran acontecimiento de salvación
y celebrarlo siempre con solemnidad y júbilo desbordante.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Confesemos ahora todos juntos, con las palabras que nos transmitieron los apóstoles, nuestra fe en el Cristo que nació un día en la historia, y cuyo retorno esperamos gozosos.

Oración de los fieles
Acudamos ahora a Dios nuestro Padre, que sale a nuestro encuentro en el desierto de la historia humana, y sabiendo que es fiel y cumple sus promesas, presentémosle las súplicas y las esperanzas de toda la humanidad.

1.- Por la Iglesia; para que manteniéndose constante en la oración, anuncie sin cesar la buena noticia a los que sufren, vende los corazones desgarrados, y proclame por todas partes el amor de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Por los jóvenes; para que sean generosos en su seguimiento a Jesucristo y, si Dios les llama, sean valientes y dispongan sus vidas para su servicio en el sacerdocio ministerial. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes; para que conduzcan a sus pueblos por los caminos de la justicia, la libertad y la paz. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que sufren; para que puedan descubrir junto a ellos al que trae la Buena Noticia a los pobres, la alegría a los tristes, la salud a los enfermos, la libertad a los oprimidos. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, llamados a ser testigos de la luz; para que permanezcamos siempre alegres y no apaguemos el espíritu ni despreciemos las profecías, sino que nos quedemos siempre con lo bueno de los demás y evitemos toda forma de maldad. Roguemos al Señor.

Señor Dios, Padre de los pobres y desamparados, que derribas del trono a los poderosos y enalteces a los humildes, y llamas a todos los hombres a participar de la paz y bienestar de tu reino, escucha nuestra oración, danos un corazón puro y generoso para allanar el camino al Salvador, y santifícanos totalmente, para que todo nuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida del Mesías, que nos ha llamado y cumplirá sus promesas. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
HAZ, Señor,
que te ofrezcamos siempre este sacrificio
como expresión de nuestra propia entrega,
para que se realice el santo sacramento que tú instituiste
y se lleve a cabo en nosotros eficazmente
la obra de tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o III de Adviento

Antífona de comunión Cf. Is 35, 4
Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. He aquí nuestro Dios que viene y nos salvará.

Oración después de la comunión
IMPLORAMOS tu misericordia, Señor,
para que este divino alimento que hemos recibido
nos purifique del pecado
y nos prepare a las fiestas que se acercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
— Dios todopoderoso y rico en misericordia, 
por su Hijo Jesucristo, 
cuya venida en carne creéis y cuyo retorno glorioso esperáis, 
en la celebración de los misterios del Adviento, 
os ilumine y os llene de sus bendiciones.
R./ Amén.

— Dios os mantenga durante esta vida firmes en la fe, 
alegres por la esperanza y diligentes en el amor.
R./ Amén.

— Y así, los que ahora os alegráis por el próximo nacimiento de nuestro Redentor, 
cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria recibáis el premio de la vida eterna.
R./ Amén.

— Y la bendición de Dios todopoderoso
del Padre, del Hijo † y del Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
R./ Amén.

Santoral 13 de diciembre

SANTA LUCÍA, virgen y mártir († 300)

Lucía significa «luminosa», «llena de luz», y por ello en algunas partes se representa a nuestra Santa de hoy, con una lámpara encendida en la mano, como haciendo coro a esas vírgenes prudentes de las que habla el Evangelio. La pintan con una especie de plato llevando sus propios ojos en él. La jovencita había consagrado su virginidad a Jesucristo. Un joven le dijo que los tenía muy bellos los ojos y se los sacó para quedarse fiel a su divino Esposo. Nuestra Santa puede ser invocada como la abogada de la buena vista, ya que supo distinguir muy bien dónde estaba el oro y dónde el oropel. Es decir, la verdadera fe en Jesucristo la guió siempre por el verdadero camino hasta la meta, a pesar de las tinieblas de la noche del pecado que intentaron desviarla.

Dante en la Divina Comedia colocó a Santa Lucía al lado del Precursor, en uno de los puestos más avanzados del Paraíso. En el antiguo Canon de la Misa se la nombre junto con sus compañeras y famosas mártires: Inés, Cecilia, Anastasia, Perpetua, Felicidad y su compatriota Águeda.

Desde la antigüedad gozó de una gran fama en Roma y en todo el mundo cristiano. Sólo en la Ciudad Eterna llegó a haber veinte iglesias dedicadas a esta Santa. En Siracusa -célebre ciudad siciliana- gozó siempre de una gran popularidad y los poetas y santos cantaron sus gestas. En una inscripción del siglo IV, encontrada a finales del siglo pasado en una de las Catacumbas más célebres de Siracusa, la de San Juan, se puede leer esta lápida: » – Euskia, la irreprochable, vivió santa y pura alrededor de quince años; murió en la fiesta de mi Santa Lucía, la cual no puede ser alabada como se merece».

Lucía era huérfana de padre, y su madre tenía puestos los ojos en ella pensando en darle un buen porvenir con un ventajoso matrimonio. Lucía había hecho voto de virginidad. De momento Lucía no dijo nada a su madre, Eutiquia, pero pensó para sí: «Yo también seré como Águeda y otras mártires que se consagraron a Jesucristo para siempre. Si llega la hora, también seré mártir por Él». Pero vino a decir como el Profeta: «Mi secreto para mí». A nadie reveló su promesa o voto.

Sin saber cómo, su buena madre quedó presa de una enfermedad que parecía incurable. Lucía no la dejaba ni de noche ni de día. La trataba con filial afecto. Se enteró Lucía de que cerca de allí, en Catania, obraba muchos prodigios el sepulcro de la mártir Santa Águeda y convenció a su madre para que fueran allí a pedir su curación a la mártir catenense. La gracia fue doble: curación material de la enfermedad de su madre y curación espiritual de la ceguera que tenía Eutiquia sobre el matrimonio de su hija Lucía. Dijo la madre: «Perdóname, hija querida, veo ahora lo engañada que estaba con tu falso porvenir. Daremos todo cuanto tenemos y nos entregaremos al servicio del Señor».

Al enterarse de su negativa, su mismo prometido fue quien la acusó ante el pretor de que era cristiana. La llevaron ante él y quiso hacerla desistir pero no sabía con quién se las daba. A ello contestó intrépida Lucía: «No tenlo miedo a vuestras amenazas. Soy de Jesucristo y como le pertenezco, El sabrá defenderme y me dará fuerzas para poder resistir cuantos tormentos queráis descargar sobre mí. Soy templo vivo de Dios y no lo podréis profanar». Y así fue. La martirizaron cruelmente. La cubrieron con pez y resina. Pascasio intentó profanarla pero no lo pudo conseguir. Por fin, con una espada cortaron su cuello virginal. Era el 13 de Diciembre del año 300.

 

Otros Santos de hoy: Eugenio, Orestes, Otilia, Antioco, Eustracio.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – Domingo III de Adviento

LAUDES

DOMINGO III DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que todo puede
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría
el Señor que en los cielos habita
se hizo carne en la Virgen María.

SALMO 92: GLORIA DEL SEÑOR CREADOR

Ant. Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder:
así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.

Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan los ríos su fragor;

pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Los montes y las colinas se abajarán, lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará; ven, Señor, no tardes. Aleluya.

SALMO 148: ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Ant. Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.

Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos.

Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.

Alabadlo, espacios celestes
y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y existieron.

Les dio consistencia perpetua
y una ley que no pasará.

Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del mar,

rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus órdenes,

montes y todas las sierras,
árboles frutales y cedros,

fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,

los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños,

alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de su pueblo

Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.

LECTURA: Rm 13, 11b-12

Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas, y pertrechémonos con las armas de la luz.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

R/ Tú que has de venir al mundo.
V/ Ten piedad de nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Juan, habiendo oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»

PRECES

Oremos a Dios Padre, que nos concede la gracia de esperar la revelación de nuestro Señor Jesucristo, y digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia

Santifica Señor, todo nuestro espíritu, alma y cuerpo,
— y guárdanos sin reproche hasta el día de la venida de tu Hijo.

Haz que durante este día caminemos en santidad,
— y llevemos una vida sobria, honrada y religiosa.

Ayúdanos a vestirnos del Señor Jesucristo
— y a llenarnos del Espíritu Santo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz, Señor, que estemos preparados,
— para el día de la manifestación gloriosa de tu Hijo.

Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.