Presumir

1.- Continúa el evangelio de este domingo hablando de Juan, llamado el bautista. El fragmento escogido es de otro escritor diferente al que escribió el domingo pasado. Se fija este más en su manera de ser que en su manera de vivir. ¿Os acordáis de que explicábamos que vivía y vestía con austeridad? ¿Os acordáis que, gracias a esta manera de obrar, podía ser imparcial y valiente, sin depender de nadie? Ser como él era le permitía ser libre y no temer a nadie. El que no posee nada, no teme ser robado. Pero hay más cosas sobre el precursor de Cristo.

La gente de hoy en día le gusta mucho presumir. Le gusta tener un coche que cause admiración, una moto que corra mucho, aunque esté prohibido hacerlo, que meta mucho ruido, aunque moleste a los vecinos. Los que son jóvenes y no pueden tener estas cosas lo que hacen es darse importancia de lo que son y tienen sus padres, o quieren ganar siempre para poder decir a todo el mundo que se es campeón de algo, o que lo que lleva puesto es de la mejor marca que hay, y le gusta lucir la etiqueta de marca, tanto si se trata del vestido, de una pelota, como de un reproductor de MP3. Cuantas veces se pasa rozando a la gente un montón de veces y se frena de golpe o se gira vertiginosamente para que se den cuenta de lo buena que es su bici. O, en cuanto asisten a la grabación de un programa de televisión, hacen signos ostentosos, o dan saltos, para que todos se den cuenta de que están allí. Hay gente que no para, hasta lograr salir en la Tele. Haciendo estas cosas se creen importantes y eso les satisface enormemente. Es lo que vulgarmente se llama fardar.

2.- Juan el bautista era todo lo contrario, no pretendía sobresalir, pero como predicaba al aire libre a poco más de 30 kilómetros de la capital y su manera de hablar, de denunciar y condenar, era muy radical y severa, las autoridades de Jerusalén se enteraron y se inquietaron. No les gustaba la gente de esta clase. Pero actuaron con precaución. Ni se acercaron ellos, ni enviaron a guardias que lo detuviesen. Prefirieron que fueran a él una especie de espías para que se enterasen de quien era, de por quien se tenía, de que proyectaba y que es lo que enseñaba. Se llevaron un chasco mayúsculo, en vez de darse importancia le oyeron decir que no, que debían buscar, esperar y fijarse en otro que estaba a las puertas, pues ya había nacido, que ese sí que haría cosas importantes. A los enviados esto no les dejaba satisfechos. Era preciso que pudieran contar quien era aquel personaje y como los informes eran contradictorios, se lo preguntaron de sopetón, pero él ni se inmutó. Para explicar quien creía ser y que hacía, puso un ejemplo de una cosa muy corriente en aquel tiempo. Como no había autopistas ni siquiera carreteras asfaltadas y el viento arrastraba la arena, levantando aquí dunas, excavando allí socavones, desfigurando el camino, él dijo que era uno de los que rellenaban los baches y rebajaban los montones de arena que el viento acumulaba. Un sencillo peón caminero, diríamos hoy en día. Dicho de otra manera él escogía ser un “telonero” del gran espectáculo que iba a protagonizar el Mesías, que él, les aseguraba con firmeza, no lo era.

3.- Hay que advertir que la gente de aquel tiempo esperaba saber quien sería el Mesías como ahora espera saber quien ganará el “Tour de France”, será campeón de Fórmula, será proclamada Mis Universo, o le concederán el balón de oro. Seamos sinceros y añadamos ¿a quien no le gustaría presumir de alguna de estas cosas? Pues él no, él diría, en el lenguaje de nuestro tiempo, que era un sencillo recoge pelotas, del campeón de una gran y trascendente “Copa Davis”.

Ser de esta manera es ser humilde ¿a quien le gusta serlo? ¿Vale la pena ser así? Hay que pensarlo seriamente pues a Dios parece que le gusta la gente de esta clase.

Pedrojosé Ynaraja

Anuncio publicitario