Vísperas – Miércoles III de Adviento

VÍSPERAS

MIÉRCOLES III DE ADVIENTO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

 

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

 

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

 

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

 

LECTURA: 1Co 4, 5

No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Señor, tú eres el que esperamos, el que ha de venir para salvar a su pueblo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tú eres el que esperamos, el que ha de venir para salvar a su pueblo.

 

PRECES

Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Mira, Padre santo, a tu Iglesia
— y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.

Oh Señor, siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abrahán
— y cumple las promesas que hiciste a sus padres.

Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia,
— para que también ellos te alaben y glorifiquen.

Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño
— y reúnelas a todas en tus verdes praderas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate también de los que han salido de este mundo en paz
— y recíbelos en el reino de tu Hijo.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

 

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, que la fiesta ya cercana del nacimiento de tu Hijo nos reconforte en esta vida y nos obtenga la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles III de Adviento

1.- Oración introductoria.

Señor, yo sé que te caía muy bien tu primo Juan. Era sincero, auténtico, austero, comprometido. Tú le regalaste el mejor de los piropos: “Nadie de los nacidos de mujer es mayor que Juan”. Pero Juan pertenecía al Antiguo Testamento que era sólo preparación para el Nuevo. Por eso dijiste: “El último en el Reino es mayor que Juan”. (Mt. 11,11). Tú traías la novedad, la sorpresa, el regalo, la caricia de tu Padre Dios. Por eso iniciaste un camino nuevo. Y en este camino lo decisivo no es la soledad, la austeridad, el rigor, sino el amor. Gracias, Señor, por vivir en esta etapa final.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 7, 19-23

Juan envió a sus discípulos a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos. Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se halle defraudado en mí!»

3.-Qué dice la palabra de Dios.

Meditación-reflexión

Juan el Bautista está a caballo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En él todavía se albergan ideas del Mesías que no corresponden con la manera de obrar de Jesús. Según la mentalidad del A.T. el Mesías sería gracia y bondad para los buenos, pero venganza y desquite para los que no cumplen la ley. Las palabras de Juan, encaminadas a la conversión son duras: “Raza de víboras…ya toca el hacha la raíz de los árboles y todo árbol que no dé fruto será talado” (Mt. 3, 7-10). El Bautista está en la cárcel. Desde su calabozo ha oído de Jesús que habla de gracia, de perdón, de amor…y sufre una crisis de fe. Por eso Juan envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús: «¿Eres tú el que ha de venir?» Jesús se limita a contestar: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí!» Jesús dice que los pobres reciben Buenas Noticias. ¿Y hay alguien más pobre que él, que está en la cárcel? Es una invitación a la esperanza tan necesaria para él en esas circunstancias. Y Jesús invita a Juan a que no se sienta defraudado por un Mesías que es todo amor, ternura y misericordia.

Palabra autorizada del Papa

“Su vida [la de Juan el Bautista] comenzó a abajarse, a disminuir para que creciera el Señor, hasta anularse a sí mismo. Esta ha sido la etapa difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que él no había imaginado, hasta tal punto que en el cárcel -porque estaba en la cárcel en este momento- sufrió no solo la oscuridad de la celda, sino la oscuridad del corazón: ¿será Éste? ¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan a mano… No se entiende… Y como era hombre de Dios, pide a sus discípulos ir donde Él a preguntar: “¿eres Tú realmente o debemos esperar a otro?” La humillación de Juan es doble: la humillación de su muerte como precio de un capricho pero también la humillación de la oscuridad del alma. Juan ha sabido esperar a Jesús, que ha sabido discernir, ahora ve a Jesús lejos. Esa promesa se ha alejado. Y termina solo. En la oscuridad, en la humillación. Se queda solo porque se ha destruido mucho para que el Señor creciera. Juan ve que el Señor está lejos y él humillado, pero con el corazón en paz. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 24 de junio de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice ahora a mí este texto que acabo de meditar. Guardo silencio.

5.- Propósito:  No decepcionarme nunca de Jesús, aunque, como Juan, a veces no lo entienda.

6.- Dios me ha hablado hoy a m í a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero darte gracias porque, a pesar de los lazos familiares, no te dejaste guiar por la doctrina de Juan: dura, ascética, condenatoria. Tú tuviste como Maestro al Padre celestial. Tu doctrina la aprendiste cerca de su corazón de Padre cariñoso. Todo lo que decían tus labios era expresión de las vivencias íntimas que tenías con Él. Tú eres su mejor “icono”, su “parábola viviente”. ¡Gracias, Señor!

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Lectura continuada del Evangelio de Mateo

Mateo 1, 18-25

«18La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19Pero José, el esposo de ella, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

20Pero apenas tomó esta resolución, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor diciendo: “José, Hijo de David, no tengas miedo en llevarte contigo a María, tu esposa, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.21Parirá un hijo y le llamarás ‘Jesús’, porque salvará a su pueblo de sus pecados”.

22Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: 23“He aquí que la virgen concebirá y parirá un hijo, y le llamarán Enmanuel”, que significa ‘Dios-con-nosotros’.

24Pero despertado José del sueño, hizo como le había dicho el ángel del Señor, y se llevó a su esposa consigo. 25Y no la conocía hasta que ella parió un hijo, y le llamó Jesús.

La frase inicial del v. 18a, que conecta con 1,1, da paso al presupuesto en 18b: el embarazo milagroso de María. Los participios sugieren que Mateo no narra aún, sino que señala algunos presupuestos. El v. 19 introduce la persona principal del relato: José el justo. Entonces se pone en marcha el relato. En el v. 20 aparece como personaje decisivo el ángel del Señor, que anuncia el nacimiento de Jesús e interpreta su nombre. El anuncio, bastante extenso, conduce a la cita de cumplimiento, cita extraña porque se trata de otro nombre. En el v. 24 parece resurgir, no sólo José, sino también el narrador Mateo, quien termina su relato describiendo la obediencia de José, que realiza el mandato del ángel, empleando casi los mismos términos que en la transmisión del mandato angélico (vv. 20-21 y 24-25).

El verdadero clímax del texto son las palabras del ángel, pero el texto se centra totalmente en la persona de José, al igual que en 2,13-23. Sugiere tres veces, con los términos “parir”, “hijo” y “llamar”, que lo principal es el anuncio del nacimiento de Jesús y la imposición e interpretación del nombre.

En el texto actual el nacimiento virginal no es el objetivo, sino un presupuesto relativamente poco subrayado del relato. Es improbable que el nacimiento virginal se insertara tardíamente en un relato anterior que sólo incluiría el anuncio del nacimiento del Mesías a su padre José, porque en tal caso el nacimiento virginal estaría más subrayado. El nacimiento sin intervención de un padre humano se encuentra a menudo en relatos helenísticos y egipcios que hablan de la generación divina de reyes, héroes, filósofos, etc. El nacimiento virginal sería entonces un recurso del testimonio de fe.

• José y María están desposados, es decir, ligados jurídicamente pero sin vivir aún juntos. «Llevarse consigo» significa, precisamente, el traslado de la esposa a casa del esposo después de la boda. Pero es José el elemento central del relato. ¿Por qué quiso abandonar a María? Si José no conocía el embarazo de María por obra del Espíritu Santo antes del aviso del ángel, podía sospechar un adulterio y quisiera por eso repudiar a María. Pero si conocía ya el carácter especial del embarazo de María, hay que suponer que no quisiera llevarla consigo por respeto al contacto con María, santificada por Dios. El v. 20 aporta el argumento más importante en favor de la segunda posibilidad: José temía ponerse en contacto con María, pues ella pertenecía a Dios. José, el judío justo, tiene que elegir entre el proceso de divorcio prescrito por ley (cf. Dt 22,23-27) y la entrega del acta de repudio. Esto último no se puede hacer «en secreto», porque el acta de repudio requiere dos testigos. La «justicia» de José consiste en cumplir la ley con una misericordia añadida. Aparece así un aspecto esencial del evangelio: la «justicia superior» (cf. 5,20) conlleva el cumplimiento de la ley con el plus de la misericordia.

• José tiene un sueño y se le aparece un ángel: el sueño es siempre en la Biblia una forma de recibir revelaciones. El texto no describe la aparición del ángel sino que todo el peso recae en el mensaje. Mateo trata de aclarar en el v. 20 la inserción del hijo virginal en el linaje de David. El texto reitera la referencia al Espíritu Santo ya conocida por el v. 18. El anuncio del ángel culmina en la imposición del nombre en el v. 21, una exposición cristológico-mesiánica. Habla del significado de «Jesús», primero en el contexto de las expectativas judías: que el Mesías será salvador de su pueblo, era una esperanza judía muy difundida; pero es insólita la afirmación de que salvará al pueblo «de sus pecados»: aquí se reflejan las experiencias cristianas con Jesús. Mateo tiene especial interés en el perdón de los pecados, que se concede por medio de Jesús y se hace efectivo en la comunidad.

• Pero la verdadera cima de nuestro relato está en el comentario del narrador en los vv. 22-23, que interpreta todo el relato. La fórmula introductoria a la primera «cita de reflexión» (o «cita de cumplimiento») es especialmente solemne. El Señor mismo es, como más adelante en 2,15, portavoz de la palabra bíblica: Dios está detrás de la palabra de los profetas y, ahora, detrás de la palabra de su ángel. Como en 2,15, en ambas citas se habla del Hijo: el lector se prepara así a creer que el hijo virginal es el Hijo de Dios.

• Jesús recibe, sorprendentemente, otro nombre que «ellos» le darán. Como la tercera persona de plural no tiene ningún punto de referencia en el contexto, los lectores pensarán en sí mismos. Para ellos, Jesús será Enmanuel. Pero no siendo Enmanuel el nombre de Jesús ni un título corriente, tiene que chocar; por eso «Enmanuel» aparece traducido. Las alusiones al ser-con-nosotros de Dios recorren todo el evangelio, pero, sobre todo, Mateo creó una inclusión con este versículo y el último de su evangelio («Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», 28,20), inclusión que marca el tema fundamental de este evangelio: la presencia continua del Señor glorificado en su comunidad, Dios con nosotros.

• Los versículos finales (vv. 24-25) describen el cumplimiento del mandato celestial por José. En el v. 24 Mateo presenta a José como ejemplo de hombre justo. Que José no tuvo relación sexual con María hasta el nacimiento de Jesús está en consonancia con un tópico frecuente en el helenismo sobre el nacimiento de personalidades relacionadas estrechamente con Dios (es idea fundamental en el helenismo que el trato con una mujer favorecida por la unión sexual con seres superiores no es procedente). Pero Mateo resalta la idea de obediencia: el justo José cumple el vaticinio de Is 7, 4.

• Lo más importante para Mateo es que Jesús es el Enmanuel. Apunta desde el principio a la realidad vital que es la comunidad «con» la que Jesús estará cada día hasta el fin del mundo (28,20). Jesús no es alguien del pasado, sino el que acompaña y sostiene a su comunidad. El evangelio de Mateo incluye así desde el principio la gracia que actúa por medio de Jesucristo, y esto es muy significativo en un evangelio tan de la ley y de los preceptos.

• La narración persigue un fin ético complementario: la figura del justo José y su obediencia.

Comentario – Miércoles III de Adviento

Resulta extraño que Juan, el que se había presentado como testigo de la luz e introductor de ése a quien no era digno de desatar la correa de sus sandalias, el que había dicho de sí mismo que él no era el Mesías, sino simplemente la voz que clama en el desierto: Preparadle un camino al Señor, el que se había negado a bautizar a Jesús porque se sabía inferior a él, el que lo había señalado como Cordero de Dios venido a quitar el pecado del mundo, envíe ahora a Jesús a dos de sus discípulos con esta inquietante pregunta: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

La pregunta parece albergar dudas sobre la identidad de aquel a quien se dirige. Y aunque la formulan los discípulos de Juan, ellos se presentan como meros portavoces de su maestro. Quien en realidad dirige la pregunta a Jesús es el mismo Juan el Bautista. Lo remarca expresamente el texto evangélico: Juan el Bautista –le dicen aquellos emisarios- nos ha mandado a preguntarte. Por tanto, quien pregunta es Juan, y la pregunta, si es real y no un simple modo propedéutico de enfrentar a estos discípulos con la verdad de Jesús, muestra en el que la formula una incertidumbre impropia del Precursor del Mesías.

¿Es que Juan no sabía a esas alturas que Jesús era el Ungido del Espíritu, el que tenía que venir a cumplir las profecías mesiánicas, el esperado? ¿Es que albergaba en su interior dudas acerca de la identidad de Jesús? ¿O la pregunta que pone en boca de sus discípulos no era sino el modo de disponerles a recibir de Jesús una respuesta tan convincente que hiciera de ellos discípulos del que habría de bautizar no sólo con agua –como él-, sino con Espíritu santo y fuego? No es fácil deshacer la extrañeza que despierta la pregunta del Bautista.

A la pregunta, Jesús responde primero con la acción, y después con una referencia profética que debía ser sumamente clarificadora para quienes estuvieran familiarizados con los textos de la Escritura sagrada. Jesús, sin darse por aludido, continua con la actividad que viene desarrollando hasta el momento: cura a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a algunos ciegos les devuelve la vista. Los discípulos de Juan se convertían así en testigos presenciales de estos extraordinarios hechos.

En ese preciso instante el interpelado responde a la pregunta que le han formulado, limitándose a subrayar lo que acababan de ver sus ojos: Id a anunciar a Juan –les dice- lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. En estas breves frases resumía toda su actividad. Bastaba con referirle a Juan lo que habían visto hacer a Jesús con los enfermos y desvalidos de este mundo para que aquel comprendiera que él era realmente el Mesías predicho por Isaías, el Ungido del Espíritu para anunciar la Buena Noticia a los pobres.

Con este relato desaparecerían todas sus dudas, si es que albergaba aún alguna en su corazón. Y Jesús añade: Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí, como esos pobres que acogen su palabra como Buena Noticia, recibiendo con ella salvación y vida; unos la vista, otros la movilidad, otros la limpieza, otros la audición, otros la vida, y todos la buena noticia de la salvación. Pero para recibir tales dones hay que sentirse indigentes y tenerle por capaz de proporcionarlos, es decir, no sentirse defraudados por él. Sólo el “pobre” que no se siente defraudado por él podrá obtener la dicha y disfrutar de la salvación aportada por su presencia vivificante.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Comentario – Miércoles III de Adviento

(Lc 7, 19-23)

“¿Eres tú el que tenía que venir?” Jesús se nos presenta aquí como el que tenía que venir, el esperado, el que necesitábamos. Él mismo quiso preparar a su pueblo para que su llegada fuera la respuesta a una larga espera.

Porque Dios no quiere responderle al hombre preguntas que el hombre no se hace, y por eso trata primero de entrar en la vida del hombre despertando en su corazón las preguntas más profundas, para poder así llegar a lo hondo de su corazón con la respuesta.

Eso nos explica por qué existió el largo Antiguo Testamento, tiempo de preparación para el pueblo que iba a recibir a Jesús, el Mesías.

Pero también en el corazón de los seres humanos de nuestra época hay una esperanza oculta, un sueño, una necesidad a la que sólo Jesús puede dar una respuesta. El futuro es una dimensión de nuestra vida a la que no podemos renunciar, y en todo ser humano hay una secreta esperanza de un futuro mejor y un cierto temor a lo que pueda pasar. Y también hoy el Mesías, Jesús, es nuestra mayor esperanza.

Pero si bien en aquella época se esperaba que el Mesías se manifestara con prodigios y curaciones, Jesús indica que esos no son más que signos de otra misión más importante: “llevar a los pobres la buena noticia”. Su misión es ante todo acercar el anuncio de la salvación a los que se sienten necesitados del Dios que puede salvarlos.

Oración:

“Señor, dame un corazón pobre, para que pueda reconocer mi necesidad de ti, para aceptar que con mis fuerzas no puedo salvarme a mí mismo, que necesito depender de tu presencia, de tu fuerza, de tu amistad, como un pobre mendigo de ti”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Sacrosanctum Concilium – Documentos Vaticano II

Comisión litúrgica nacional

44. Conviene que la competente autoridad eclesiástica territorial, de que se habla en el artículo 22, párrafo 2, instituya una comisión Litúrgica con la que colaborarán especialistas en la ciencia litúrgica, música, arte sagrado y pastoral. A esta Comisión ayudará en lo posible un instituto de Liturgia Pastoral compuesto por miembros eminentes en estas materias, sin excluir los seglares, según las circunstancias. La Comisión tendrá como tarea encauzar dentro de su territorio la acción pastoral litúrgica bajo la dirección de la autoridad territorial eclesiástica arriba mencionada, y promover los estudios y experiencias necesarias cuando se trate de adaptaciones que deben proponerse a la Sede Apostólica.

Comentario Domingo IV de Adviento

Oración preparatoria

Oh Dios Padre: “Tanto amaste a la humanidad que nos enviaste a tu Hijo hasta hacerse hombre como nosotros”. Nos preparamos a celebrar su venida, anunciado por tus profetas de Israel y gestado en el seno de María de Nazaret. Te pedimos que tu Espíritu nos haga comprender la gran Nueva de su nacimiento. Que penetre la oscuridad de nuestro corazón con su luz radiante y nos ensanche el corazón. Que llene de esperanza y amor a tantos hombres y mujeres que sufren y lloran a lo ancho del mundo. Que inspire un gran deseo de paz y justicia en los pueblos y nos haga trabajar para conseguirlos. AMEN.

Lc 1, 26-38

«26En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, de nombre Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen, María.

28Y entrando en su presencia dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. 29Pero ella se turbó por esas palabras, y se preguntaba qué sería aquel saludo.

30Y el ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia delante Dios. 31Mira, vas a concebir en el seno, y darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. 32Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, 33y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.

34Pero María dijo al ángel: “¿Cómo será eso? Porque no conozco varón”.

35Y, respondiendo, el ángel le dijo: “El Espíritu Santo bajará sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Y por eso el santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36Mira Isabel, tu prima: ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, 37porque no hay nada imposible para Dios”.

38Y María contestó: “He aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según tu palabra”.

Y el ángel se retiró».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

La primera indicación de nuestro texto (“en el mes sexto”, v. 26) lo vincula estrechamente con el anterior (el anuncio del ángel a Zacarías, padre de Juan, que se ve cumplido, ya que Isabel está “en el sexto mes” del embarazo, v. 36). Mientras Juan es anunciado a su padre, en un esquema paralelo pero con diferencias interesantes, Jesús es anunciado a su madre. A nuestro texto sigue el episodio de la visita de María a Isabel, su prima, de la que conoce su estado de buena esperanza (1,39-56). Después de la anunciación de Juan y de Jesús, el evangelio lucano nos volverá a narrar en paralelo también sus respectivos nacimientos: primero, el de Juan, el Precursor (1,57ss); luego el de Jesús (2,1ss). La etapa decisiva de la Historia de la Salvación se pone en marcha.

TEXTO

El evangelio de hoy cuenta con: a) una introducción, que es la presentación de los personajes y las circunstancias (vv. 26-27); b) una larga sección central (vv. 28- 38a), estructurada en tres anuncios del ángel y tres reacciones de María: b.1) el primer anuncio, más general, y la reacción más interior de María (vv. 28-29); b.2) el segundo anuncio, el central del ángel porque presenta quién será Jesús, y la objeción de María (vv. 30-34); b.3) el tercer anuncio, en el que el quién deja paso al cómo, con la respuesta final de María (vv. 35-38a); c) una brevísima conclusión que indica la partida del ángel (v. 38b). El texto sigue el clásico esquema de anuncio del AT (Mateo elige el ambiente veterotestamentario de los sueños), que sigue estos pasos: entrada en escena del mensajero – perplejidad del destinatario –anuncio del mensaje – objeción del destinatario – señal del mensajero.

ELEMENTOS A DESTACAR

• Hay que considerar, por un lado, el conjunto del mensaje que trae el ángel del Señor y, por otro, el conjunto de la respuesta de María. En el anuncio del ángel hay una triple referencia: a María, a Jesús, a Isabel, todo ‘adobado’ por la frase final: “Para Dios nada hay imposible”. El punto central es Jesús, revestido de una impresionante corona de honor y poder (notad la acumulación de “títulos”). Además, ni la virginidad (María), ni la ancianidad (Isabel) son ahora obstáculo para que la vida sea generada, no hay obstáculos que impidan desarrollar la Historia de la Salvación: “Su reino no tendrá fin”. Por otra parte, en las respuestas de María se deja indicar una evolución (signo de nuestra experiencia creyente, que debe ir a más), un proceso espiritual fantástico: la recepción interior del primer anuncio (“se preguntaba”), da paso a una objeción (“¿cómo será eso?”) y, finalmente, a su completa conformidad (“hágase en mí”).

• Otras insistencias son elocuentes: la alegría, la gracia y el no temer; el misterio de la Trinidad; la habitación de Dios en medio o dentro de sus criaturas; la importancia del mensajero (= ángel) como mediación de Dios.

• La misma historia que María vivió en su momento puede acontecer hoy en nuestras vidas. ¿Encontramos mensajeros de Dios? ¿Escuchamos o intuimos lo que Dios quiere decirnos? ¿Cómo acogemos a Dios que viene a nosotros? Tras una evolución, María da la respuesta perfecta; también nosotros, con nuestros límites, podemos responder que somos esclavos del Señor y queremos que Él entre en nuestras vidas con su misericordia, para que su Palabra recree nuestra mente, nuestra voluntad, nuestro corazón.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – Domingo IV de Adviento

IV Domingo de Adviento
20 de diciembre 2020

2 Samuel 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29; Romanos 16, 25-27; Lucas 1, 26-38

La Anunciación

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la familia de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”. María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Reflexión

Dios mandó al arcángel Gabriel para anunciar a María su plan de salvación. Su saludo la preocupó porque no lo entendía. ¿Qué quería decir el ángel con ese saludo? La Virgen María nació sin pecado original. Por eso la llamamos la Inmaculada Concepción. Y nunca pecó después porque amaba mucho a Dios y no quería desagradarle. Dios la amaba mucho y llenaba su corazón de su Amor y de sus dones; por eso estaba llena de Gracia-la vida de Dios. El ángel le dijo que ella iba concebir y dar a luz al Hijo del Altísimo. ¿Qué más le dijo de su hijo? Dios le daría el trono de David, su padre, y reinaría sobre la casa de Jacob para siempre. Los profetas decían que el Salvador iba ser descendiente del rey David. La familia de María y José descendían del rey David. ¿Quién es Jacob que menciona el ángel? Jacob era el hijo de Isaac, y el nieto de Abraham. Dios le cambió el nombre a Israel y tuvo 12 hijos de donde descendieron las 12 tribus de Israel. El ángel anunciaba que Maria iba tener el Salvador del Pueblo de Dios. Pero María no se había casado todavía con José y no entendía como podía tener un hijo. ¿Qué le dijo el Ángel? El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísima te cubrirá con su sombra.” En otras palabras, el Espíritu Santo siembra la semilla de Jesús en el vientre de María y por eso “el que va a nacer…será llamado Hijo de Dios.” ¿Qué prueba le dio el ángel de que él decía la verdad? La prima de Maria, Isabel, nunca había podido tener hijos. Ya estaba avanzada en edad, había salido en cinta, un milagro de Dios.

Actividad

En la siguiente página, colocar las palabras del evangelio que faltan.

Oración

Virgen Maria, mi Madre en el Cielo, ayúdame a ser humilde como tu; ayúdame a confiar en Dios completamente como tu hiciste. Guíame y protégeme siempre. Te quiero mucho. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Anunciación – Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con hun hombre llamado Jossé, de la estirrpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo: – Alégrate, llena de gracia, el Señor esta contigo; bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó antes estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: – No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará elt rono de David su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: – ¿Cómo será eso, pues no conozco varón? El ángel le contestó – El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María contestó: – Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Explicación

María estaba prometida a José para casarse pronto con él. Vivía en un pueblecito llamado Nazaret. Y un día se vio sorprendida por una voz que en su corazón la saludó así: «¡Qué buena eres, María! ¿Quieres ser la madre de Dios? Tú le darás vida dentro de ti y le llamarás Jesús». Y ella dijo: «Sí, que se cumpla en mí lo que Dios, el Señor, desea».

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández