Meditación – 17 de diciembre

Hoy celebramos la feria de 17 de diciembre.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 1, 1-17):

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos (…). Jesé engendró al rey David (…). Después de la deportación a Babilonia (…), Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Hoy la genealogía de Jesús según san Mateo (con una clara estructura teológico-simbólica) trata de perfilar una respuesta a la pregunta de Pilatos: «¿De dónde eres tú?» (Jn 19,8). Para Mateo hay dos nombres decisivos para entender el «de dónde» de Jesucristo: Abraham y David.

Con Abraham —tras la dispersión de la humanidad después de la torre de Babel— comienza la historia de la promesa. Abraham remite anticipadamente a lo que está por venir. Él es peregrino hacia la tierra prometida… Toda su vida apunta hacia adelante, es una dinámica del caminar la senda de lo que ha de venir. Para Abraham la promesa se refiere en primer término a su descendencia, pero va más allá: «Con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra» (Gn 18,18).

—En la singular historia que presenta la genealogía, está presente ya desde el principio la tensión hacia la totalidad: «Haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19). La universalidad de la misión de Jesús está incluida en su «de dónde».

REDACCIÓN evangeli.net

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Liturgia – 17 de diciembre

17 de DICIEMBRE, feria

Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad.

Misa de feria – 17 de diciembre (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio II o IV de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Gén 49, 1-2. 8-10. No se apartará de Judá el cetro.
  • Sal 71. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
  • Mt 1, 1-17. Genealogía de Jesucristo, hijo de David.

Antífona de entrada          Cf. Is 49, 13
Exulta, cielo; alégrate, tierra, porque viene nuestro Señor y tendrá misericordia de sus pobres.

Monición de entrada y acto penitencial
Estamos en la recta final del Adviento, es decir, que debemos estar a la expectativa, o, mejor dicho, en vigilante espera. La voz de los profetas, que mantuvo en vilo las esperanzas del pueblo de Israel castigado tantas veces en su historia, suena para nosotros, castigados o fustigados por un mundo que nos sofoca. La voz de los profetas es la voz de Dios que nos alerta. Algo grande está a punto de ocurrir. Por ello, nosotros pedimos ahora, al comenzar la celebración, que el Señor se compadezca de nosotros, y perdone nuestros pecados.

• Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo. Señor, ten piedad.
• Tú que abarcas del uno al otro confín y ordenas todo con firmeza y suavidad. Cristo, ten piedad.
• Ven, y muéstranos el camino de la salvación. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios, creador y redentor de la naturaleza humana,
que has querido que tu Verbo
se encarnase en el seno de María, siempre virgen,
escucha complacido nuestras súplicas,
para que tu Unigénito, hecho hombre,
nos haga partícipes de su divinidad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Levantemos, hermanos, nuestra alma a Dios y supliquémosle que disponga el corazón de los hombres para recibir al Salvador, que ya está cerca.

1.- Para que Dios se digne mirar y visitar a la Iglesia, viña que su derecha plantó. Roguemos al Señor.

2.- Para que como María, los jóvenes extiendan con la entrega radical de sus vidas el Reino que nos trae el Emmanuel. Roguemos al Señor.

3.- Para que conceda a todos los gobernantes trabajar por la paz y la justicia. Roguemos al Señor.

4.- Para que se acuerde de las promesas hechas a nuestros padres de Israel. Roguemos al Señor.

5-. Para que restaure en todos nosotros la imagen de su Hijo, y así contemplemos su salvación. Roguemos al Señor.

Oh Dios, origen de la sabiduría y principio de nuestra salvación, que por un designio de tu bondad, bendijiste a aquellas antiguas generaciones que fueron el camino por el que tu Hijo vino al mundo, escucha nuestras oraciones y bendice con tus dones a quienes nos preparamos para celebrar el misterio de la Navidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SANTIFICA, Señor, las ofrendas de tu Iglesia
y haz que, por estos sagrados misterios,
merezcamos recibir el pan del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Prefacio II o IV de Adviento

Antífona de comunión          Cf. Ag 2, 7
Vendrá el deseado de todos los pueblos y se llenará de gloria la casa del Señor.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso, que nos has alimentado con el don divino,
te pedimos que, inflamados por el fuego de tu Espíritu,
resplandezcamos delante de Cristo que se acerca,
como luminarias de su gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
— Dios todopoderoso y rico en misericordia,
por su Hijo Jesucristo,
cuya venida en carne creéis y cuyo retorno glorioso esperáis,
en la celebración de los misterios del Adviento,
os ilumine y os llene de sus bendiciones.

— Dios os mantenga durante esta vida firmes en la fe,
alegres por la esperanza
y diligentes en el amor.

— Y así,
los que ahora os alegráis por el próximo nacimiento de nuestro Redentor,
cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria
recibáis el premio de la vida eterna.

— Y la bendición de Dios todopoderoso…

Santoral 17 de diciembre

BEATOS ROQUE, ALFONSO Y JUAN, mártires († 1628)

Un historiador de Indias escribía que el descubrimiento de América, por obra de España, era el suceso mayor de la historia de la humanidad “sacando la creación del mundo y la posterior redención”. Toda obra humana tiene sus errores. Pero plumas imparciales afirman que fueron muchos más los aciertos. Y numerosas las heroicidades. Una inmensa epopeya.

Entre las heroicidades resaltan las de los misioneros. Es imposible describir los miles de kilómetros recorridos por tierras inhóspitas, montañas escarpadas, ríos peligrosos y paraje abruptos. Allá iban los misioneros, sin medios humanos, a cuerpo limpio, sin otras armas que el amor a Jesucristo y a los indios, buscando sólo la gloria de Dios. Y hasta ser conocidos, tenían también la hostilidad de los indios. Después, no. Se les preguntó por qué querían tanto a los franciscanos, y dijeron: “Porque son pobres y van descalzos como nosotros, porque comen lo mismo que nosotros, porque se establecen y viven con nosotros pacíficamente”.

Hay una constelación de figuras de primera magnitud: Los Santos Francisco Solano, Toribio Mogrovejo, Pedro Claver, Juan Macías y Luis Beltrán y los Beatos Junípero Serra y José de Anchieta. Y luego, Tata Vasco, Zumárraga, Motolinia, Bartolomé de las Casas, y una lista innumerable de héroes anónimos.

Un caso especial, por su importancia y por su historia, son las llamadas reducciones del Paraguay. Hubo en otras naciones, pero éstas fueron las principales. Las fundó el P. Diego de Torres, provincial de la Compañía de Jesús, al mandar allí en 1610 varios padres jesuitas.

Estos empezaron por reducir los indios dispersos, fundar con ellos pueblos o reducciones y dirigirlos en la vida social y religiosa. Consiguieron aislar estas reducciones del influjo perjudicial de los colones. Eran como unas comunas fraternales, al modo de aquellas de los primeros cristianos, cuando todos los bienes eran comunes. “Así en la tierra como en el cielo”, era el lema de los misioneros jesuitas.

La vida patriarcal de aquellas reducciones se vio perturbada por las incursiones de los paulistas o mestizos sin conciencia de la colonia de San Pablo del Brasil. Aniquilaron varias reducciones. Desaparecieron unos 200.000 indios entre muertos, cautivos y dispersos.

Los jesuitas redoblaron su celo y las reducciones comenzaron a revivir. Algunos indios se habían armado y rechazaron las incursiones. Algunos catálogos consignan hasta 143.000 indios reducidos, en la segunda etapa, después de las invasiones de los paulistas, pues antes hubo más. Con la expulsión de los jesuitas en 1768 acabó esta extraordinaria experiencia.

El P. Ruiz de Montoya fue uno de los que desplegó todo su ardoroso celo y actividad organizadora en las reducciones. Con su libro Conquista espiritual dio a conocer esta tan singular institución misionera. Allí brillaron el insigne P. Borca, el P. Díaz Taño y tantos y tantos otros.

Entre los mártires de aquella hermosa aventura misionera, han alcanzado ya el honor de los altares, el Beato Roque González, de Asunción (Paraguay), el Beato Alfonso Rodríguez, de Zamora y el Beato Juan de Castillo, de Belmonte (Cuenca). Son representantes de muchos otros hermanos.

Los tres recibieron el martirio del año 1628 a golpe de hacha y de maza. Creían los verdugos oír la voz del P. Roque, saliéndole del corazón, que decía: “Yo no me alejaré de vosotros”. Le arrancan el corazón, intentan quemarlo y sigue intacto. Era todo un símbolo del amor de los mártires.

 

Otros Santos de hoy: Lázaro, Florián, Vivina, Yolanda, Olimpiades.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – 17 de diciembre

LAUDES

17 DE DICIEMBRE

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en triste exilio vive ahora
y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor,
Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo ansía,
nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin
el cielo abriste al hombre ruin
que hoy puede andar libre su vía,
con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y, con tu luz, viva esperanza
el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder
al enemigo ha de vencer,
y, al ayudar nuestra flaqueza,
se manifiesta tu grandeza. Amén.

SALMO 86: HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

CÁNTICO de ISAÍAS: EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO

Ant. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

SALMO 98: ENSALZAD AL SEÑOR, DIOS NUESTRO, POSTRAOS ANTE EL ESTADO DE SUS PIES

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

LECTURA: Is 11, 1-3a

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sabed que está cerca el reino de Dios; os aseguro que no tardará.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sabed que está cerca el reino de Dios; os aseguro que no tardará.

PRECES

Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:

Guarda a tu pueblo, Señor.

Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia,
— vela por la santidad de tu Iglesia.

Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra
— y afianza la santidad de tus fieles.

Por tu espíritu consérvanos en el amor,
— para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia,
— hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:
Padre nuestro…

ORACION

Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre Virgen, escucha nuestras súplicas, y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.