Comentario al evangelio – 19 de diciembre

Rumor de ángeles

El Adviento es el tiempo de la esperanza. Pero, ¿qué sucede cuando la esperanza ya no parece posible? ¿cuándo estamos, literalmente, desesperados, tal vez en alguna área concreta de nuestra existencia, o, puede ser, en relación con nuestra vida entera?

La esterilidad era en la antigüedad una situación de desesperanza, y no sólo para la mujer, sino también para su marido, que se sentía despojado de la descendencia que perpetuara su apellido. Por eso se consideraba un oprobio, una vergüenza, un castigo divino. Y si a la esterilidad se añade la vejez, entonces la desesperanza se refuerza con la perspectiva de una próxima muerte. Si en situaciones de crisis, dificultad y sufrimiento la esperanza nos fortalece, nos consuela, nos ayuda a seguir caminando, la desesperanza significa que al sufrimiento presente se añade la falta de perspectivas en el futuro.

La Palabra de Dios hoy quiere responder a todas las formas de desesperanza que afligen el corazón humano. Si la esperanza es proclamada por los profetas, responder a la desesperanza es cosa de la que se ocupa directamente Dios. Por eso son ángeles los heraldos de las buenas noticias que nos curan de la desesperación. Aquí Dios no sólo cumple las promesas (que generan nuestra esperanza), sino que actúa como creador de la nada (de la esterilidad y la vejez). La salvación que Dios nos ofrece en Cristo es una restauración, pero también una verdadera recreación, una creación nueva, que abre horizontes donde parecía haber callejones sin salida.

Pero Dios no quiere actuar sin contar con nosotros. Por eso, a su acción salvífica precede un diálogo en el que se anuncia lo que Dios se dispone a hacer, y se solicita la cooperación humana. Hoy nos encontramos con las dudas de Zacarías, tocadas por un deje de escepticismo. Este anciano sacerdote del Antiguo Testamento representa una alianza ya envejecida, que se ha cansado de esperar y ya no cree que nada pueda cambiar, que pueda acontecer algo nuevo. La falta de confianza, fe y esperanza nos vuelven mudos. Podemos como Zacarías ser creyentes y practicantes, pero estar cerrados a la novedad de Dios, escépticos de que las cosas puedan cambiar, de que las personas puedan convertirse, de que la vida venza a la esterilidad. Cuando esto sucede, podremos participar en los ritos, pero nuestra vida no hablará dando testimonio de la acción salvífica de Dios. Zacarías acabó aceptando la evidencia, y pudo cantar las maravillas de Dios. Es importante, cuando nos asalta la tentación de la duda y el escepticismo, saber rectificar a tiempo. Pero lo importante es que la figura de Zacarías, en el contexto del Adviento y en la cercanía del cumplimiento de las promesas, contrasta fuertemente con la de María. Que también sin entenderlo todo se fía totalmente de lo que Dios le comunica por boca del ángel.

En esta etapa final del Adviento la Palabra de Dios nos llama con fuerza sacudirnos toda vacilación, todo escepticismo, todo “estar de vuelta”, para creer que, por imposible que nos parezca, las promesas de Dios se cumplen, y nosotros estamos llamados a cooperar a convertir los corazones de los padres hacia los hijos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

José M. Vegas cmf

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Meditación – 19 de diciembre

Hoy celebramos la feria del 19 de diciembre.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 5-25):

Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios (…). Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan (…)». Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad» (…).

Hoy, san Lucas «prepara el terreno» para enmarcar históricamente la narración de la encarnación del Hijo de Dios. Además de una primera acotación cronológica («en los días de Herodes»), comienza su Evangelio relatando los orígenes del Bautista, el inmediato precursor de Jesucristo. Ambos son concebidos mediante intervención divina, después de un anuncio extraordinario cuyo portavoz es el Arcángel Gabriel.

Los paralelismos entre ambas «anunciaciones», por contraste, contribuirán a resaltar la plenitud de gracia en María y de divinidad en Jesús. Ante la magnitud del anuncio y de sus circunstancias, sorprende que Zacarías pida una prueba al Arcángel. María, seis meses más tarde, no lo hará. En consecuencia, durante la Visitación, Isabel —esposa de Zacarías y madre del Bautista todavía no nacido— dirigirá a María la primera bienaventuranza del Evangelio: «Bienaventurada tú, que has creído» (Lc 1,45). María es la creyente por excelencia, la fiel pura y perfecta.

—Aunque en mi «casa» el Ángel no entre de forma visible, Dios tiene para mí un proyecto. María, ayúdame a escucharle confiadamente.

REDACCIÓN evangeli.net

Liturgia – 19 de diciembre

19 de DICIEMBRE, feria

Misa de feria – 19 de diciembre (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio II o IV de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Jue 13, 2-7. 24-25a. El nacimiento de Sansón fue anunciado por el ángel.
  • Sal 70. Que se llene mi boca de tu alabanza, y así cantaré tu gloria.
  • Lc 1, 5-25. Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista.

Antífona de entrada Cf. Heb 10, 37
El que viene llegará sin retraso y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque él es nuestro Salvador.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, con la esperanza de que el que viene llegará sin retraso y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque él es nuestro Salvador, comencemos la celebración de la Eucaristía, pidiendo humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

• Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos. Señor, ten piedad.
• Tú, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones. Cristo, ten piedad.
• Ven a librarnos, no tardes más. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que has querido revelar al mundo
el resplandor de tu gloria por el parto de la Virgen santa,
concédenos proclamar con fe íntegra
y celebrar con piedad sincera
el gran misterio de la Encarnación.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Acudamos confianza al Señor, Dios del universo, fuente de la vida y de la salvación. de ahora, hermanos, llenos

1.- Por la Iglesia, para que alegre por la venida del Mesías, guíe y ayude a sus hijos a disponerse para acoger al Salvador con una vida santa e inmaculada. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que Dios suscite pastores al servicio de nuestra diócesis. Roguemos al Señor.

3.- Por todas las naciones; para que del corazón de todos los pueblos broten súplicas a quien viene a librarlos de todo mal. Roguemos al Señor.

4.- Por los que sufren a causa de las desavenencias humanas; para Dios tenga compasión de todos ellos. Roguemos al Señor

5.- Por todos nosotros, que nos preparamos para recibir a Cristo; para que Dios nos proteja y guarde todos los días de nuestra vida. Roguemos al Señor.

Señor y Dios nuestro, que con admirable providencia te preparaste un pueblo para acoger a tu Hijo como salvador y velaste por la santidad de vida de Juan Bautista, su precursor; escucha las oraciones de tu Iglesia y haz de ella un pueblo bien dispuesto para acoger la venida de Cristo en las fiestas de Navidad que se acercan. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, mira con bondad las ofrendas
que presentamos sobre tu altar
y consagra con tu poder lo que nuestra debilidad te presenta.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio II o IV de Adviento

Antífona de comunión Lc 1, 78-79
Nos visitará el Sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
sé propicio con nosotros
y, al darte gracias por los dones recibidos,
haz que de tal modo deseemos los que están por llegar,
que recibamos con el corazón purificado
el nacimiento admirable de nuestro Salvador.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición solemne
— Dios todopoderoso y rico en misericordia,
por su Hijo Jesucristo,
cuya venida en carne creéis y cuyo retorno glorioso esperáis,
en la celebración de los misterios del Adviento,
os ilumine y os llene de sus bendiciones.

— Dios os mantenga durante esta vida firmes en la fe,
alegres por la esperanza
y diligentes en el amor.

— Y así,
los que ahora os alegráis por el próximo nacimiento de nuestro Redentor,
cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria
recibáis el premio de la vida eterna.

— Y la bendición de Dios todopoderoso…

Santoral 19 de diciembre

SAN FRANCO DE SIENA, religioso († 1291)

Nació en Grotti, oscura ciudad de la Toscana italiana, cerca de Siena, allá por el año 1211. Sus padres se llamaron Mateo Lipi y Celedonia Daniel. No tenían hijos y los pedían con isistencia al Señor. Al nacer le pusieron por nombre Franco, que etimológicamente lo mismo puede significar “libre” que “libertino”.

Cuentan algunos historiadores que unos días antes de nacer, su madre tuvo una visión en la que apareció que en vez de un hombre daba a luz a un horrible monstruo, pero que poco después se convertía en manso cordero, en un mancebo maravilloso. Esta pesadilla la tenía siempre presente su buena madre que trató de educar lo mejor que pudo a su pequeño Franco.

Después de un tiempo que pasó estudiando, viendo sus padres que no aprovechaba para los estudios, lo dedicaron a curtidor de pieles. En este oficio progresó adecuadamente, siendo admirado por la destreza en su trabajo. Pero algo vino a enturbiar su vida: las compañías que pronto lo arrastraron por el camino del vicio. Reinaba mucha corrupción entonces en su tierra y el corazón juvenil de Franco no supo resistir y cayó en sus redes. Se entregó a toda clase de pecados, sobre todo al juego. Después abrazó la vida militar llevando también una vida bastante disoluta y escandalosa. Se veía cumplida la visión de la madre Celedonia al dar a luz a su hijo: Era un monstruo. ¿Cuándo le llegaría el ser hermoso mancebo?

Cierto día dicen que llegó su locura a tal grado que en un arrebato de ira, cuando ya había perdido todo, sólo le quedaba su cuerpo y dijo esta blasfemia: “Me juego los ojos porque no creo en el que me los ha dado”. Y en aquel momento quedó ciego. Sus padres ya habían muerto. Por lo menos bajaron al sepulcro sin la pena de ver a su hijo por aquellos malos caminos. Las malas compañías fueron la causa principal de tanta desgracia que a él le sobrevino por haberse dejado arrastrar de las malas compañías, y cómo deberán trabajar con todas sus fuerzas por seleccionar buenos amigos y estos guardarlos como el mejor tesoro, como dice la Palabra de Dios. Él hablaba por experiencia propia.

En cuanto pronunció la última palabra de su horrible blasfemia, quedó completamente ciego y exclamó: “No veo. Estoy ciego, Dios me ha castigado. Bien merecido lo tengo”. Aquella era la hora de la gracia. Allí le esperaba el Señor. La vida de Franco dará un giro de 180 grados y de ahora en adelante mortificará tan duramente su débil cuerpo que será llamado: “Franco el penitente”. “El Hijo de la Gracia”. “El Abogado de la vista”. “El gran taumaturgo”.

En estos años era muy común hacer largas y penosas peregrinaciones a lugares santos. Entre ellos se contaban como más venerados: Tierra Santa, Roma y Santiago de Compostela. A este último se dirigió nuestro convertido Franco, cargado de cadenas y pidiendo perdón a cuantos encontraba a su paso, y dando a conocer sus muchos pecados para ser despreciado de todo el mundo. estando en Santiago recibió la gracia de la curación de su ceguera y el deseo de retirarse a la soledad y penitencia. Vuelto a Siena, así lo hizo. Un día, estando en la más alta contemplación, se le apareció la Virgen María vestida de carmelita y le dijo: “Franco, hijo mío, quiero que cuanto antes vistas el hábito de la Orden de los carmelitas y vivas en adelante para mi servicio, pues te tengo preparada en el cielo una gran corona”. Así lo hizo. Llevó una vida de humildad, caridad, oración y mortificación. Obró muchos prodigios y expiró santamente, siendo admirado por toda la ciudad de Siena, a la que tanto había edificado con la santidad de su vida, por el año 1291.

 

Otros Santos de hoy: Nemesio, Dario, Urbano, Anastasio, Timoteo, Segundo.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Laudes – 19 de diciembre

LAUDES

19 de DICIEMBRE

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa.

¡Oh misterio que sólo la fe alcanza!,
María es el nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para nosotros
para darnos su Espíritu divino. Amén.

SALMO 118

Ant. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

LECTURA: Is 2, 3

Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Salvador del mundo aparecerá como el sol naciente, y como la lluvia que empapa la tierra descenderá al seno de la Virgen. Aleluya.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Salvador del mundo aparecerá como el sol naciente, y como la lluvia que empapa la tierra descenderá al seno de la Virgen. Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el redentor, que viene a librar del poder de la muerte a los que se convierten a él, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Que al anunciar tu venida, Señor,
— nuestro corazón se sienta libre de toda vanidad.

Que la Iglesia, que tú fundaste,
— glorifique, Señor, tu nombre por todo el mundo.

Que tu ley, Señor, sea luz para nuestros ojos,
— y sirva de protección a los pueblos que confiesan tu nombre.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu venida,
— concédenos también el deseo de recibirte.

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:
Padre nuestro…

ORACION

Dios y Señor nuestro, que en el parto de Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.