Vísperas – 23 de diciembre

VÍSPERAS

23 de DICIEMBRE

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.

Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas tú. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.

SALMO 138

Ant. Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.

LECTURA: 2P 3, 8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Roguemos a nuestro Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.

Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen,
— para que también ellos vean tu salvación.

Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta los confines de la tierra,
— y que todos los hombres descubran el camino que conduce a ti.

Tú que viniste la vez primera para salvar al mundo,
— ven de nuevo para salvar a los que en ti creen.

Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos,
— consérvala y defiéndela siempre con tu poder.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al mundo,
— da en tu venida el premio eterno a los difuntos.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, al acercarnos a las fiestas de Navidad, te pedimos que tu Hijo, que se encarnó en las entrañas de la Virgen María y quiso vivir entre nosotros, nos haga partícipes de la abundancia de su misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 23 de diciembre

1.-Introducción.

Mi Dios y Señor, en vísperas de la Noche Buena quiero encontrarme contigo en la oración. Quiero meterme dentro de mí mismo y tratar de imitar a la Virgen en aquellos momentos. Su oración hecha de silencio, de devoción, de ternura, de fe, me animan a preparar mi alma para la venida de Jesús. Cierro mis oídos a los ruidos externos y mis ojos a las luces deslumbrantes. En silencio adoro, contemplo y amo.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 1, 57-66

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

3.-Qué dice la Palabra de Dios.

Meditación-reflexión

Lo importante para un judío es el nombre. No sólo significa designación de una persona sino su ser, su misión, su destino. En este caso, lo curioso es que a Juan no se le pone el nombre de su padre Zacarías para seguir su misión de sacerdote en el templo, sino que se va a llamar Juan, que significa: Yavé se ha compadecido.  Juan vivirá en el desierto y, desde allí, anunciará la Misericordia. Ya no es necesario ir al Templo para encontrarse con el Dios Misericordioso. De hecho, Dios ha tenido misericordia con Zacarías, fuera del TEMPLO. En el Templo apareció como un “incrédulo”. Y en su casa, en la soledad, en el silencio Dios se compadeció de Él y recuperó el habla. Juan anuncia un Mesías que nos va a tomar la delantera, nos va sorprender allá donde estemos, y va a practicar el amor y la misericordia con nosotros aunque no lo hayamos merecido. Y esta manera de obrar de DIOS el cristiano lo lleva en su nombre, es decir, en lo más íntimo de su ser. El cristiano siempre será una persona humilde y agradecida.  

Palabra autorizada del Papa

“Isabel y su hijo se regocija en el vientre al escuchar las palabras de María. Es todo alegría, la alegría que es fiesta. Los cristianos no estamos tan acostumbrados a hablar de la alegría, del gozo, creo que muchas veces nos gustan más las quejas. Él que nos da la alegría es el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que nos guía. Él es el autor de la alegría, el Creador de la alegría. Y esta alegría en el Espíritu Santo, nos da la verdadera libertad cristiana. Sin alegría, nosotros los cristianos no podemos ser libres, nos convertimos en esclavos de nuestras tristezas. El gran Pablo VI dijo que no se puede llevar adelante el evangelio con cristianos tristes, desesperanzados, desanimados. No se puede. Esta actitud un poco fúnebre, ¿no? Muchas veces los cristianos tienen un rostro que es más bien para ir a una procesión fúnebre, que para ir a alabar a Dios, ¿no? Y de esta alegría viene la alabanza, esta alabanza de María, esta alabanza que dice Sofonías, la alabanza de Simeón, de Ana: ¡la alabanza de Dios! El corazón alaba a Dios ¿Y cómo se alaba a Dios? Se alaba saliendo de sí mismos, gratuitamente, como es gratuita la gracia que Él nos da. Usted que está aquí en la misa, ¿alaba a Dios, o solo le pide a Dios y le agradece? ¿Acaso alaba a Dios? Aquello es una cosa nueva, nueva en nuestra vida espiritual. Alabar a Dios, salir de nosotros mismos para alabar; perder el tiempo alabando. (cf S.S. Francisco, 31 de mayo de 2013).

4.- Qué me dice a mí este texto ya meditado. (Guardo silencio)  

5.-Propósito: Haré mi trabajo de este día con alegría, teniendo como fondo musical la alabanza al Señor. 

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Zacarías pudo hablar sólo cuando dijo «sí» al plan de Dios y aceptó que el niño se llamaría Juan.  Señor, te pido que me convenza de una cosa: Sólo en la aceptación plena de tu voluntad yo puedo ser feliz de verdad. El hacer mi gusto, mi capricho, mi voluntad me deja el corazón vacío. Es mi experiencia de toda la vida. ¿Por qué soy tan testarudo?  ¿Cuándo espero cambiar de actitud?

ORACIÓN EN TIEMPO DE LA PANDEMIA.

Señor Resucitado: Mora en cada uno de nuestros corazones, en cada enfermo del hospital, en todo el personal médico, en los sacerdotes, religiosos y religiosas dedicados a la pastoral de la salud,  en los gobernantes de las naciones y líderes cívicos, en la familia que está en casa, en nuestros abuelos, en la gente encarcelada, afligida, oprimida y maltratada, en personas que hoy no tienen un pan para comer, en aquellos que han perdido un ser querido a causa del coronavirus u otra enfermedad. Que Cristo Resucitado nos traiga esperanza, nos fortalezca la fe, nos llene de amor y unidad, y nos conceda su paz. Amén

Hermanos de la mula y del buey

1.- Ante Dios hecho uno de nosotros, nadie puede quedarse indiferente. Todo el mundo tiene que definirse. De esto tenemos símbolos en los evangelios de estos días. Los pastores abandonan y van a Belén. La estrella se pone en camino y arrastra a los Magos de Oriente. Los posaderos cierran sus puertas a la Madre y al Niño. Herodes se inquieta y teme por su trono. Todos se definen.

Dios hecho hombre, hermanándonos por ser hermano común nuestro es el Misterio Central de nuestra Fe. O lo creemos o no. Si no lo creemos cerremos las puertas y ventanas como tantos vecinos de Belén. Pero si lo aceptamos no tenemos más remedio una postura congruente con nuestra Fe.

2.- Navidad para los que no creen puede ser motivo de borrachera y gamberrismo, para nosotros no. Navidad es Dios hecho carne de nuestra carne, como un hermano de sangre. Un hermano tan hermano de cada uno de nosotros que se toma libertad de sentarse en la butaca junto a la mía y decirme que es hermano mío, y que tiene otros hermanos que lo son también míos. Nos de su Padre, que lo es también mío. Poco más nos dice. Es machacón hasta hacerse molesto.

3.- Este Niño Dios es un niño bueno, no le oímos en lloreras ni en rabietas, porque no le entendemos o no queremos escucharle a la primera. Sabe esperar y se duerme en nuestros brazos porque confía en cada uno de nosotros. Confía que al fin va a triunfar su bondad y nuestra bondad, su generosidad y la nuestra.

Ignacio de Loyola, machacón como buen vasco tiene el mal gusto de poner en la meditación del Nacimiento estas frases: “Mirar como caminan para que el Señor sea ‘nascido’ en suma pobreza y a cabo de tantos trabajos para morir en cruz y todo esto por mi”.

Este nacimiento de Dios es algo personal mío. No tenemos derecho a descafeinarlo diluyéndolo como algo que es de todos, es de cada uno. Y el Niño Dios espera, y el vasco machacón, que “ese por mi”, que emerja todo el amor de que soy capaz. Y que ese amor se convierta en verdadera fraternidad entre el Señor y nosotros. Y entre nosotros… y nosotros.

Un amor que vence todo recelo, rencor, intereses creados, todo aquello que impide que seamos un pueblo de hermanos, como la Iglesia que Jesús soñó, tal vez desde el pesebre de Belén.

En el portal de Belén hay ya tanto pastor y tanto rey que si cabremos, pero apretándonos todos vamos a entrar a pedir al Niño Dios que si no sabemos ser hermanos de esos hombres que nos apretujan, al menos nos haga hermanos del buey y de la mula, que, a su modo, saben convivir y servir a un mismo Señor.

José María Maruri, SJ

Comentario – 23 de diciembre

(Lc 1, 57-66)

La concepción y el nacimiento de Juan el Bautista rebosan de maravillas. Todo aparece como un acontecimiento extraordinario, como signo elocuente de una obra única de Dios que Juan tendrá que anunciar.

El anciano Zacarías muestra el valor de la palabra y la finalidad última de nuestras palabras, que es alabar a Dios. Porque cuando Zacarías dijo palabras de incredulidad: “¿Qué garantía me das?”, perdió la capacidad de hablar (Lc 1, 18-20); pero la recuperó cuando está en condiciones de usar esa capacidad para alabar a Dios (1, 64).

El canto de alabanza de Zacarías tiene dos grandes partes: en la primera glorifica a Dios por su permanente presencia salvadora en medio de su pueblo. Él, que muchas veces ha visitado a su pueblo liberándolo de sus enemigos, ahora lo visita enviando a su propio Hijo, que ya se ha hecho carne en el seno de María.

En la segunda parte del canto se refiere a la misión de su hijo Juan, de ser testigo de la luz verdadera, anunciando la salvación que está llegando. Así Zacarías muestra que su propio hijo, Juan, no es el sol verdadero; es sólo un simple reflejo que anuncia, como la alborada anuncia la llegada del sol.

Sólo Jesús trae la salvación, sólo él trae el perdón y la vida nueva que el hombre necesita.

Oración:

“Te pido Señor que toques mi boca para que aprenda a alabarte por tu obra en mi vida, para que en medio de las cosas que no comprendo, pueda adorar tu presencia que termina iluminando todo”.

 

VÍCTOR M. FERNÁNDEZ
El Evangelio de cada día

Comentario Natividad del Señor

Oración preparatoria

¡Gracias, Padre, por tu Hijo! Él se encarnó para decirnos que tú nos amas, que quieres que vivamos con talante de hijos tuyos y de hermanos entre nosotros. ¡Gracias por María, la Madre, que con su docilidad a tu Palabra fue la Madre y la discípula que hizo posible la encarnación de tu Verbo!

Hoy nosotros también cantamos con esperanza y alegría: ¡GLORIA a Dios en el cielo y en la tierra PAZ! Que el poder de tu Espíritu siga suscitando profetas valientes, hombres y mujeres entregados a construir un mundo conforme a tu Proyecto de amor.

AMEN.

Jn 1, 1-18

«1En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2La Palabra en el principio estaba junto a Dios. 3Por medio de la Palabra surgió todo, y sin ella no surgió nada de lo que ha surgido.

4En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

6Surgió un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan: 7éste venía para un testimonio, para que testimoniase acerca de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8No era él la luz, sino testimonio de la luz.

9La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, 10en el mundo estaba; el mundo surgió por medio de ella, y el mundo no la conoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a cuantos la recibieron, les dio autoridad para llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. 13Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

14Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15Juan testimonia acerca de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.

16Porque de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia tras gracia. 17Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único de Dios, que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy es el comienzo del evangelio de Juan, el llamado “Prólogo”. Se trata de un impresionante y solemne himno cristológico, convenientemente trabajado por el evangelista para conferirle su estilo y su teología. Otros himnos similares encontramos en Ef 1,1-14, Col 1,1-20, Flp 2,6-11. Juan nos sitúa “en el principio”, evocando el comienzo de la Historia, de la Historia de la salvación, de la Biblia (Gn 1,1), cuando la Palabra de Dios hizo salir del caos el cosmos, de la oscuridad la luz y la vida. En ese “principio” ya existía la Palabra, el Verbo de Dios ya estaba “hacia Dios” porque el Verbo, la Palabra “era Dios”. En este primer versículo del Prólogo de Juan se condensa la profunda teología del cuarto evangelio. Continúa presentando el testimonio de Juan y su ‘encuentro’ con Jesús (1,19-34).

TEXTO

Lo podemos estructurar en tres partes: a) una introducción para presentar la Palabra (vv. 1-3); b) la primera parte (formada por 3 pequeñas unidades) tiene como centro el testimonio de Juan (vv. 6-8), acompañado de unos versículos precedentes (vv. 4-5) y siguientes (vv. 9-13), en los que destacan la luz (vida), como cualidad de la Palabra y las reacciones ante ella; c) la segunda parte (también formada por 3 pequeñas unidades) tiene también como centro el testimonio de Juan (v. 15), acompañado de un versículo precedente (v. 14) y otros siguientes (vv. 16-18), en los que destaca la gracia que nos proporciona el Hijo Único del Padre. 8 veces se cita la Palabra y 8 veces se cita Dios; 2 veces se cita Hijo Único y 2 veces se cita Padre (identificación total); 6 veces se cita luz (+ 1 vez “alumbrar”, del mismo campo semántico); 4 veces, gracia y testimonio-testimoniar. Las repeticiones suelen indicar importancia. Texto denso, profundo, sugerente; central en la propuesta evangelizadora de Juan.

ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús es la Palabra y la Palabra es Dios: así lo afirma con solemnidad el comienzo de nuestro evangelio. La identificación es tal que coinciden “hasta en el número de menciones”. Jesús debe tener una autoridad esencial en la vida de los creyentes, mayor que la de cualquier otro tipo de persona, de idea, de plan.

• Jesús es la Palabra y la Palabra es luz y vida. “Dios” y “día” tienen el mismo origen etimológico, en el que se unen esencialmente la luz y la vida. Así, Jesús nos ilumina para que nuestra vida sea una vida plena y abundante (cf. Jn 10,10). Aceptar a Jesús supone entrar en un proceso de recreación para llegar a ser, plenamente, hijos de Dios. ¿Captamos bien todas las posibilidades que nos ofrece la fe en Jesús? ¿Las experimentamos?

• Jesús es la Palabra y la Palabra se hace carne. Jesús vivió como nosotros, fue uno de nosotros y, por eso, tenemos también la posibilidad, la oferta, el reto… de vivir como Él vivió, para lo que Él vivió. También nosotros podemos y debemos encarnarnos en la realidad, en la Historia, en la Iglesia y continuar la vida de Jesús, la obra de Jesús.

• Jesús es la Palabra y la Palabra está llena de gracia y verdad, que se nos ofrece generosa y gratuitamente. La gracia, el don, consiste en poder conocer y experimentar al Dios Padre, que crea la vida, la alimenta, la protege, la recrea. Nuestra actitud debe unir al compromiso la confianza (= fe); al momento presente, la esperanza.

• La figura de Juan Bautista está presente en el centro de las dos partes del prólogo. Tiene una consideración más bien “negativa”: él no es la luz // el que iba detrás de él, pasa delante de él. Más allá de referencias históricas (problemas reales entre los seguidores de Juan Bautista y de Jesús), el texto nos sugiere que Jesús tiene que “ir a más” y el precursor “a menos”: que en nuestra vida, Jesús tiene que crecer y nuestros intereses personales, que menguar. Pero el texto insiste en el testimonio y en el testimoniar: ése es el valor del Bautista. Y esa insistencia nos hace preguntarnos por nuestro testimonio, por nuestro ser testigos de Jesús hoy y aquí.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis – La Sagrada Familia

Fiesta de la Sagrada Familia
29 de diciembre 2019

Sirácides 3, 3-7. 14-17a; Salmo 127, 1-2. 3. 4-5; Colosenses 3, 12-21; Lucas 2, 22-40

La Presentación en el Templo

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones. Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Reflexión

¿Por qué fueron Maria y José al templo en Jerusalén? La ley de Moisés pedía que una madre que daba luz a un varón tenía que purificarse durante 40 días y después ofrecerle a Dios un par de tórtolas o pichones como sacrificio por el pecado. (Lev 12, 1-8) También pedía que todo primogénito varón sea consagrado a Él. (Ex 13,1-2) José y María siempre obedecían la Ley y además sabían que Jesús pertenencia totalmente a Dios y tenía una misión especial. ¿La Virgen Maria tenía que purificarse de pecado? (No, Maria nació sin pecado original y siempre fue obediente a Dios, pero era obediente a la Ley.) ¿Qué pasó cuando entraban en el templo? (Simeón, un hombre justo, lleno del Espíritu Santo, que esperaba la venida del Mesías del Señor, con la ayuda del Espíritu Santo, reconoció a Jesús el Salvador. Lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios.) ¿Cómo describe Simeón a Jesús? (Salvador de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones; gloria de Israel) ¿De qué nos salva Jesús? (Nos salva del pecado que nos separa de Dios así uniéndonos de nuevo con El) ¿Como es Jesús luz para las naciones? (Con sus palabras y con su vida, Jesús ilumina el camino al Cielo, enseñándonos cómo amar a Dios y a nuestros hermanos.) ¿Cómo podemos llevar esa luz a todos en nuestra vida? (Compartir)

Actividad

En la siguiente página, seguir las instrucciones para ver el mensaje. Escribir una oración a Jesús. En la otra página, hacer las velas de cartón de Navidad y pegarle la oración.

Oración

Jesús mi Salvador, luz del mundo y gloria de Israel, ayúdame a ser luz en este mundo. Quiero obedecer como José y María, quiero amar como me enseñas. Amen

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Presentación en el templo – Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor….. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba

Explicación

María y José llevaron a Jesús al templo de Jerusalén, ocho días después de su nacimiento, para ofrecerlo al Señor Dios según la costumbre los judíos. Dieron gracias por el niño y entregaron como regalo dos palomas. Estaba por allí un anciano llamado Simeón que al ver al niño en brazos de su madre dijo: «¡Gracias a Dios porque estoy viendo con mis propios ojos a quien será luz para iluminar a nuestro pueblo y a todas las naciones de la tierra! Ya puedo morir en paz».

 

Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

Comentario al evangelio – 23 de diciembre

En las vísperas de la Navidad, la Palabra nos cuenta el nacimiento de otro niño: Juan, quien será el Bautista. Su familia, reunida en torno a él, se hace una pregunta: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Como toda vida que surge, todo el futuro está abierto, todas las posibilidades están intactas, todos los horizontes son posibles…

Cada día, el Dios de la vida pone el mundo en nuestras manos. Como una nueva criatura. Y sería bueno que nos preguntásemos: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Es verdad que hay un pasado que condiciona y un presente con sus limitaciones. Pero Dios es capaz de hacer nuevas todas las cosas. Apoyados en él, estamos llamados a hacer crecer las semillas de vida, de fe, de comunidad, de misión, que él ha sembrado en nosotros.

Sería bueno también que nuestro mundo se preguntase con más responsabilidad “¿qué va a ser de estos niños que hoy están naciendo?”. Porque la vida de las futuras generaciones está, de alguna manera, en nuestras manos. Forjar un mundo donde la vida sea posible y se pueda desarrollar como Dios la sueña es un reto para el presente y para el futuro. El Dios “amigo de la vida” nos invita a preguntarnos… y a responder.