Comentario Natividad del Señor

Oración preparatoria

¡Gracias, Padre, por tu Hijo! Él se encarnó para decirnos que tú nos amas, que quieres que vivamos con talante de hijos tuyos y de hermanos entre nosotros. ¡Gracias por María, la Madre, que con su docilidad a tu Palabra fue la Madre y la discípula que hizo posible la encarnación de tu Verbo!

Hoy nosotros también cantamos con esperanza y alegría: ¡GLORIA a Dios en el cielo y en la tierra PAZ! Que el poder de tu Espíritu siga suscitando profetas valientes, hombres y mujeres entregados a construir un mundo conforme a tu Proyecto de amor.

AMEN.

Jn 1, 1-18

«1En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2La Palabra en el principio estaba junto a Dios. 3Por medio de la Palabra surgió todo, y sin ella no surgió nada de lo que ha surgido.

4En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

6Surgió un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan: 7éste venía para un testimonio, para que testimoniase acerca de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8No era él la luz, sino testimonio de la luz.

9La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, 10en el mundo estaba; el mundo surgió por medio de ella, y el mundo no la conoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a cuantos la recibieron, les dio autoridad para llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. 13Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

14Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15Juan testimonia acerca de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.

16Porque de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia tras gracia. 17Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único de Dios, que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer».

PALABRA DE DIOS

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy es el comienzo del evangelio de Juan, el llamado “Prólogo”. Se trata de un impresionante y solemne himno cristológico, convenientemente trabajado por el evangelista para conferirle su estilo y su teología. Otros himnos similares encontramos en Ef 1,1-14, Col 1,1-20, Flp 2,6-11. Juan nos sitúa “en el principio”, evocando el comienzo de la Historia, de la Historia de la salvación, de la Biblia (Gn 1,1), cuando la Palabra de Dios hizo salir del caos el cosmos, de la oscuridad la luz y la vida. En ese “principio” ya existía la Palabra, el Verbo de Dios ya estaba “hacia Dios” porque el Verbo, la Palabra “era Dios”. En este primer versículo del Prólogo de Juan se condensa la profunda teología del cuarto evangelio. Continúa presentando el testimonio de Juan y su ‘encuentro’ con Jesús (1,19-34).

TEXTO

Lo podemos estructurar en tres partes: a) una introducción para presentar la Palabra (vv. 1-3); b) la primera parte (formada por 3 pequeñas unidades) tiene como centro el testimonio de Juan (vv. 6-8), acompañado de unos versículos precedentes (vv. 4-5) y siguientes (vv. 9-13), en los que destacan la luz (vida), como cualidad de la Palabra y las reacciones ante ella; c) la segunda parte (también formada por 3 pequeñas unidades) tiene también como centro el testimonio de Juan (v. 15), acompañado de un versículo precedente (v. 14) y otros siguientes (vv. 16-18), en los que destaca la gracia que nos proporciona el Hijo Único del Padre. 8 veces se cita la Palabra y 8 veces se cita Dios; 2 veces se cita Hijo Único y 2 veces se cita Padre (identificación total); 6 veces se cita luz (+ 1 vez “alumbrar”, del mismo campo semántico); 4 veces, gracia y testimonio-testimoniar. Las repeticiones suelen indicar importancia. Texto denso, profundo, sugerente; central en la propuesta evangelizadora de Juan.

ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús es la Palabra y la Palabra es Dios: así lo afirma con solemnidad el comienzo de nuestro evangelio. La identificación es tal que coinciden “hasta en el número de menciones”. Jesús debe tener una autoridad esencial en la vida de los creyentes, mayor que la de cualquier otro tipo de persona, de idea, de plan.

• Jesús es la Palabra y la Palabra es luz y vida. “Dios” y “día” tienen el mismo origen etimológico, en el que se unen esencialmente la luz y la vida. Así, Jesús nos ilumina para que nuestra vida sea una vida plena y abundante (cf. Jn 10,10). Aceptar a Jesús supone entrar en un proceso de recreación para llegar a ser, plenamente, hijos de Dios. ¿Captamos bien todas las posibilidades que nos ofrece la fe en Jesús? ¿Las experimentamos?

• Jesús es la Palabra y la Palabra se hace carne. Jesús vivió como nosotros, fue uno de nosotros y, por eso, tenemos también la posibilidad, la oferta, el reto… de vivir como Él vivió, para lo que Él vivió. También nosotros podemos y debemos encarnarnos en la realidad, en la Historia, en la Iglesia y continuar la vida de Jesús, la obra de Jesús.

• Jesús es la Palabra y la Palabra está llena de gracia y verdad, que se nos ofrece generosa y gratuitamente. La gracia, el don, consiste en poder conocer y experimentar al Dios Padre, que crea la vida, la alimenta, la protege, la recrea. Nuestra actitud debe unir al compromiso la confianza (= fe); al momento presente, la esperanza.

• La figura de Juan Bautista está presente en el centro de las dos partes del prólogo. Tiene una consideración más bien “negativa”: él no es la luz // el que iba detrás de él, pasa delante de él. Más allá de referencias históricas (problemas reales entre los seguidores de Juan Bautista y de Jesús), el texto nos sugiere que Jesús tiene que “ir a más” y el precursor “a menos”: que en nuestra vida, Jesús tiene que crecer y nuestros intereses personales, que menguar. Pero el texto insiste en el testimonio y en el testimoniar: ése es el valor del Bautista. Y esa insistencia nos hace preguntarnos por nuestro testimonio, por nuestro ser testigos de Jesús hoy y aquí.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?